Scream Blacula Scream [tv: Vuelve Drácula negro; dvd: Grita Blácula grita]

 

Sinopsis: Willis, un aspirante a recoger el báculo de un culto vudú tras la muerte de su sacerdotisa, resucita al vampiro negro con el fin de eliminar a su rival Lisa. El regreso de la criatura de la noche desencadenará acontecimientos inesperados.

 


Título original: Scream Blacula Scream
Año: 1973 (Estados Unidos)
Director: Robert Kelljan
Productor: Joseph T. Naar
Guionistas: Joan Torres, Raymond Koenig, Maurice Jules
Fotografía: Isidore Mankofsky
Música: Bill Marx
Intérpretes: William Marshall (Mamuwalde/Blacula), Don Mitchell (Justin Carter), Pam Grier (Lisa Fortier), Michael Conrad (Sheriff Harley Dunlop), Richard Lawson (Willis), Lynne Moody (Denny), Janee Michelle (Gloria), Barbara Rhoades (Elaine), Bernie Hamilton (Ragman), Arnold Williams (Louis), Van Kirksey (Profesor Walston), Bob Minor (chulo)…

Para esta única continuación de las desventuras del príncipe africano Mamuwalde  se contó con Bob Kelljan detrás de las cámaras, un director que había logrado modernizar la figura del vampiro con sus dos films sobre el conde Yorga[i]. La apuesta de la AIP era  dotar de un aura terrorífica y seria a la figura de Blácula, alejándola del componente romántico que ensombrecía la popular Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972). Un aspecto que se resalta en esta secuela es la intrusión de elementos vinculados al folclore popular afroamericano, concretamente del vudú, lo que ayuda a contextualizar uno de los vértices más reseñables de la historia: el vampiro quiere utilizar un ritual iniciático para deshacerse de su maldición eterna. En sus anteriores incursiones terroríficas el realizador y guionista ya había introducido guiños ocultistas que enriquecieron tanto la trama como a sus respectivos protagonistas.

Un segundo aspecto que se puede destacar de la presencia de Kelljan, es la limitación del territorio en la acciones del vampiro organizando su nuevo asalto desde una solitaria mansión. Esto ya se había desarrollado en sus dos films del citado conde Yorga, obteniendo estimables resultados especialmente en The Return of Count Yorga, título con la que esta secuela del vampiro negro guarda algunos puntos comunes.[ii] Kelljan prolonga también su interés por modernizar la figura del vampiro en la sociedad del momento, utilizando para ello un enfoque realista donde lo fantástico no está reñido con las consecuencias que suele traer la plaga (aparición de cadáveres, incredulidad generalizada de la población, negación de la realidad de las autoridades policiales…), añadiendo en ocasiones un enfoque irónico mediante apuntes ciertamente simpáticos y reseñables (el vampiro asesinando a un par de delincuentes, el enfrentamiento con las fuerzas policiales y su demostración de superioridad intelectual ante petulantes profesores universitarios supuestamente expertos en artes africanas).

Esta ruptura con los modelos clásicos del upiro es lo más reseñable del acercamiento de Kelljan en todos sus films de horror. En esencia y centrándonos en Scream Blacula Scream [tv: Vuelve Drácula negro; dvd: Grita Blácula grita, 1973] hay una cercanía muy directa con el personaje protagonista convirtiendo al vampiro negro de nuevo en antihéroe de la aventura narrada, mucho antes que la propia postmodernidad neogótica situase a los chupasangre en tal condición. A diferencia de Blacula, el protagonista mantiene su condición esencial sin debilitar su naturaleza, algo que se logra con su imagen envilecida y con la lograda atmósfera terrorífica en sus mejores escenas.

Sin embargo no todo son buenas noticias. El filme se ve lastrado por un guion algo farragoso que no logra dinamizar las ideas apuntadas y donde los mejores momentos tienen que ver con las presencia de William Marshall en pantalla. Buena prueba de ello es el larguísimo prólogo que precede a la resurrección del vampiro y más adelante las no siempre afortunadas apariciones policiales. Tampoco el citado elemento vudú es desarrollado satisfactoriamente en la trama, quedando más como un aditivo lustroso si bien eventualmente vacuo. De hecho, la subtrama con que arranca la película y que muestra el enfrentamiento entre Willis y Lisa por el poder del culto al que pertenecen se acaba desdibujando a medida que la narración avanza. Lo mismo sucede con el vínculo que se establece entre Blacula y Lisa, el cual no queda suficientemente bien integrado al no profundizar la película en ello[iii]. Tampoco destacan precisamente por su calidad las trasparencias del murciélago en su vuelo nocturno urbano. En cambio, si salimos ganando con la reducción drástica de las escenas románticas y la casi desaparición de momentos humorísticos. Frente a su predecesora se logra eliminar lo que en ella no funcionaba aunque no consigue repetir algunos de sus logros. Pros y contras que quedan perfectamente evidenciados en el irregular ritmo de la película.

Los fans de la serie pueden disfrutar con unos títulos de crédito animados firmados de nuevo por Sandy Dvore, la presencia de la espectacular Pam Grier (no obstante, desaprovechada en su papel), apariciones tan gratas como Michael Conrad (el sargento Esterhaus de Hill Street Blues), Bernie Hamilton (el capitán Harold Dobey de Starsky y Hutch)[iv] y, en un papel episódico, Craig T. Nelson (que ya había aparecido en un rol similar en la anterior película de Kelljan).

En retrospectiva  debemos indicar que un actor con la capacidad actoral de William Marshall mereció mejor suerte en sus dos encarnaciones fílmicas del vampiro negro. El grito final con el que cerró la secuela apenas tuvo consecuencias. Sin embargo, este díptico dedicado a  Blacula ha permanecido como uno de los más representativos de la etapa dorada de la blaxploitation obteniendo un cierto culto a su alrededor[v]. Curiosamente Eddie Murphy se acordó de estas producciones y en los años noventa perpetró la película  Un vampiro suelto en Brooklyn (Vampire in Brooklyn, Wes Craven, 1995), una variación en clave cómica que ni provocaba risa ni daba miedo, si bien respetó las coordenadas básicas del cine de vampiros.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Count Yorga, Vampire! [tv: Yorga, el vampiro; dvd/bd: Conde Yorga, vampiro, 1970] y The Return of Count Yorga [tv/dvd/bd: El regreso del Conde Yorga, 1971].

[ii] El guion volvió a correr cargo de Joan Torres y Raymond Koenig, a los que se sumó Maurice Jules, responsable de otro libreto de la misma temática: The Velvet Vampire (Stephanie Rothman, 1971). Recordemos que parte de la narración de esta última se desarrollaba en la aislada mansión de su fascinante protagonista, Diane Le Fanu (Celeste Yarnall).

[iii] Recordemos una estimable escena de reminiscencias stokerianas que acontece mientras Lisa vela el cadáver de Gloria y esta resucita como nosferatu. Su ataque es detenido de inmediato por la intervención de Blacula, constituyendo uno de los momentos más logrados del film.

[iv] No es la única conexión entre esta película y la serie. El productor Joseph T. Naar ejerció idénticas labores en Starsky y Hutch y Bob Kelljan dirigió ocho episodios de la misma, entre ellos “Vampire”, capítulo de la segunda temporada emitido en vísperas de Halloween que con el tiempo ha adquirido un reconocimiento merecido entre los seguidores del programa.

[v] Incluso en los últimos años ha aparecido una figura de acción en edición limitada.

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