Operación Dragón

 

Sinopsis: Lee es un respetado y reconocido luchador de artes marciales del templo de Shaolin. Por esta razón es contactado por la inteligencia británica para que participe en un importante torneo de lucha, en una isla propiedad de un malvado y sádico traficante de drogas internacional, Han, para que desde dentro les ayude a desenmascarar sus oscuras actividades ilegales. Tras hablar con su padre, Lee se entera de que Han fue, tiempo ha, un miembro del templo de Shaolin, del que fue expulsado por su conducta indecorosa. Por otro lado, Han suele ir acompañado de un guardaespaldas, O´Hara, quien tiempo atrás intentó atacar sexualmente a la hermana de Lee, la cual, antes de ser ultrajada, prefirió quitarse la vida. Convertido el asunto en algo personal, Lee se traslada a la isla de Han, donde conoce a otros luchadores, como Roper o Williams, dos estadounidenses que pretenden hacerse con el sustancioso premio económico que ofrece el propietario de la isla.

 


Título original: Enter the Dragon
Año: 1973 (Estados Unidos, Hong Kong)
Director: Robert Clouse
Productores: Fred Weintraub, Paul Heller, Raymond Chow
Guionista: Michael Allin
Fotografía: Gilbert Hubbs
Música: Lalo Schiffrin
Intérpretes: Bruce Lee (Lee), John Saxon (Roper), Jim Kelly (Williams), Ahna Capri (Tania), Kien Shih (Han), Bob Wall (O’Hara), Angela Mao (Su Lin), Geoffrey Weeks (Braithwaite), Bolo Yeung (Bolo), Peter Archer (Parsons), Betty Chung (Mei Ling)…

A principios de los años setenta se empieza a producir un cambio de paradigma en el seno de los estudios de Hollywood quienes, en un proceso de globalización comercial de sus sistemas de producción, empiezan a mirar con otros ojos a mercados que no mucho antes consideraban secundarios cuando no directamente los despreciaban. Es en este contexto que el mandamás de Warner por aquellos años, Ted Ashley, decide poner su atención en el mercado asiático y, en concreto, en un intérprete que, en su paso por la Meca del Cine, había sido ninguneado las más de las veces. Su nombre era Bruce Lee.

Lee había realizado una trayectoria más bien irregular en Hollywood, básicamente como secundario o simple figura exótica que podía impresionar a la audiencia con sus habilidades con las artes marciales, habiendo incluso creado su propio estilo, el Jeet Kune Do, que le había reportado mayores satisfacciones personales y financieras que una carrera como actor que no terminaba de despegar. Harto de esta situación, Lee regresó a su tierra natal, donde se asoció a la productora Golden Harvest, dirigida por Raymond Chow, interviniendo en varias películas que fueron todo un éxito en las taquillas del Lejano Oriente, algo que simultaneó con alguna que otra intervención en series televisivas estadounidenses.

Fue en una de estas visitas a Estados Unidos que Ashley contactó de nuevo con Lee para proponerle una película. El actor pronto se mostró interesado en el asunto, ofreciéndole un primer tratamiento de “La flauta silenciosa”, un proyecto que nunca llegó a buen puerto aunque, tras sucesivas reescrituras, acabaría por convertirse en El círculo de hierro (Circle of Iron, Richard Moore, 1978) con David Carradine como protagonista, actor que, ironías de la vida, años antes había arrebatado a Lee otro personaje por el que luchó con ahínco por conseguir, el de Caine en la teleserie Kung Fu.

Tras la caída del proyecto de “La flauta silenciosa” y con la Warner ansiosa por tener un filme de Bruce Lee sobre la mesa, costara lo que costara, Ted Ashley se reunió con el productor Fred Weintraub, a la sazón productor del proyecto no filmado, para que tratara de asegurarse una alianza provechosa con la Golden Harvest que permitiera empezar a rodar tan pronto se contara con un guion que satisficiera a todas las partes implicadas. De este modo nace la compañía Sequoia Pictures, por parte americana, y la Concord por parte de Hong Kong, de la que eran titulares y propietarios Raymond Chow y Bruce Lee.

Lee deseaba con todas sus fuerzas hacer una película que, a nivel internacional, presentara la esencia de lo que eran las artes marciales, con grandes peleas filmadas de la mejor forma posible. De hecho, llegó a escribir varias cartas a su amigo Roman Polanski con la idea de que fuera él el posible director de ese futuro proyecto, pues estaba muy desencantado con la falta de profesionalidad y pericia técnica que, según él, imperaba en el cine de en Hong Kong. Él buscaba algo con nivel, con personalidad propia. Ni que decir tiene que Polanski nunca llegó a rodar una película con Bruce Lee y que éste último tuvo que conformarse con la labor del realizador norteamericano Robert Clouse, labor que de hecho se prolongó más allá de la muerte del malogrado astro del cine hongkonés. Clouse fue una apuesta personal del propio Bruce Lee, quien, al parecer, quedó muy impresionado tras ver su último filme, Más oscuro que el ámbar (Darker than Amber, 1970).

Lo que costó vencer fueron las continuas suspicacias del productor Raymond Chow que estuvieron a punto de arruinar el inicio del rodaje del filme, con Fred Weintraub llegando a Hong Kong para supervisar los preparativos. Su miedo era que tenía la impresión de que se estaba dotando de demasiado poder de decisión a Bruce Lee, quien era la estrella indiscutible de la Golden Harvest, y que eso podía influir en el devenir del actor dentro de la productora. Chow no quería en ningún caso que Lee pudiera, llegado el momento, exigirle esa misma libertad de decisión en los productos que pudiera hacer en la compañía, con el consiguiente aumento de sus emolumentos, a los que no podría hacer frente y que podían culminar con su marcha a la principal rival de la Golden Harvest, la Shaw Brothers. La situación se solucionó merced a una cena de los tres socios en un restaurante de Hong Kong, donde se limaron asperezas y se recondujo la situación a un buen término.

A la hora de configurar el reparto se decidió que, ya que el personaje principal era asiático, fuera acompañado por dos actores, uno caucásico y otro de raza negra. Antes de que el papel de Roper llegara a manos de John Saxon el rol estuvo en manos de uno de los protagonistas de Más oscuro que el ámbar, Bill Smith, pero al hacer las pruebas de cámara junto a Lee se consideró que resultaba demasiado corpulento a su lado, por lo que se optó por Saxon quien, además, también era un experto en artes marciales, aunque durante el rodaje contó con la supervisión y entrenamiento de Tony Liu, actor en películas de Bruce Lee y que aquí también realiza una pequeña intervención. Para encarnar a Williams primero se pensó en Rokne Tarkington, el cual inicialmente se mostró dispuesto pero un día antes de partir hacia Hong Kong se descolgó con unas exigencias económicas exageradas y, además, echó pestes sobre la calidad y posible éxito del filme, por lo cual fue sustituido por Jim Kelly.

A la hora de elegir al temible O´Hara, guardaespaldas de Han y responsable de la muerte de la hermana del personaje encarnado por Lee, se sabe que Chuck Norris estuvo a muy poco de hacerse con el papel. De hecho se lo ofrecieron, pero Norris declinó la oferta por considerar que ya había muerto a manos de Bruce Lee en una película y no quería repetir de nuevo el papel. De este modo O´Hara quedó en manos de Bob Wall, personaje con el rostro enmarcado por una enorme cicatriz y que inspiraría al dibujante de Disney Greg Mainwaring al malvado Scar (cicatriz en inglés) de la película El Rey León (The Lion King, Roger Allers & Rob Minkoff, 1994), lo que da una pista de lo icónico de este personaje.

La película no tuvo lo que se dice un rodaje placentero, principalmente por las ansias de Bruce Lee por hacer una película que diera otra imagen de lo oriental en Occidente. El guion original, escrito por Michael Allin, no gustaba demasiado al astro, quien efectuó numerosos cambios para quitar cuanto tópico y lugar común encontrara. El libreto de Allin resultaba demasiado contemplativo, y Lee escribío nuevas escenas que mostraban más acción y movimiento. Otro aspecto que Lee controlaba eran las secuencias de lucha, donde el director poco o nada podía decir o hacer, más que seguir las indicaciones precisas del actor. Clouse solía comentar en las entrevistas que lo que más recordaba del rodaje era el montón de extras que solían acabar la jornada con alguna lesión, principalmente cojeando. Por otro lado, Lee empezó a desconfiar cada vez más de Raymond Chow, una desconfianza mutua, que llevó a que en diversas ocasiones Lee no apareciera por el set de rodaje, creando problemas sobre lo que debía rodarse aquel día y filmándose en ocasiones material que luego no sería usado en la copia definitiva. Lee se sentía frustrado porque consideraba que todos sus esfuerzos por hacer la mejor película posible recaían sobre su persona y esto no era tenido en cuenta y, de paso, Raymond Chow parecía maniobrar entre bambalinas, ejerciendo de único productor por parte china, cuando oficialmente eran socios.

Otro de los aspectos que hicieron del rodaje algo complicado fue el trabajo de los especialistas. Ya he comentado que fueron habituales las heridas y lesiones más o menos graves, pero lo peor venía de oportunistas que, sabiendo que estaban en una película de Bruce Lee, acudían al rodaje con ganas de lucirse y retar al actor, extralimitándose en su trabajo ante la cámara. Para Lee era una auténtica pesadez tener que encontrarse una y otra vez con personajes de semejante calibre, que dificultaban las tareas de rodaje y en ocasiones podían provocar situaciones graves y de auténtico peligro.

Pero todos estos problemas, estas tensiones, que podrían haber arruinado la película y hacerla naufragar en algún momento, no afectaron en última instancia a su estreno en salas, convirtiéndola en todo un acontecimiento. Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973) es una cinta que representa, sin ninguna duda, la cima del cine de artes marciales. El carisma de Lee, que trasciende sus escasas dotes dramáticas, hace que cada una de sus intervenciones en pantalla supongan la base sobre la que pivotan el resto de personajes, que sirven de simples comparsas para que la trama principal avance del modo adecuado. John Saxon, en su papel de Roper, sabe muy bien amoldarse a lo que se le pide, pero su personaje queda algo cojo con respecto al de Lee, quien desde el minuto uno es el protagonista y es quien tiene la última palabra, el último momento donde marcar el paso y dejar huella ante el espectador. Algo similar puede decirse del personaje de Williams, de quien sabemos que es un veterano del Vietnam que, por su condición racial, padece doble desprecio. En este punto hay que mencionar su escena de presentación, cuando dos policías blancos pretenden usarlo de saco de boxeo para acabar siendo ellos los atacados por un Williams que deja claro que él no va a dejarse humillar. Es una escena interesante por lo que aporta del personaje, pero tampoco es que luego se le aproveche mucho en el transcurso del relato.

Operación Dragón significó la consagración de su protagonista en Hollywood. La película recaudó dinero a espuertas para la Warner y la Golden Harvest, pero el destino tenía reservada una última carta, pésima, para el joven Bruce Lee, quien moriría una semana antes del estreno del film en Hong Kong y a dos del de Estados Unidos, impidiéndole ver de este modo cómo sus deseos de hacer una película de acción oriental que lograba interesar a Oriente y Occidente se hacían realidad.

Josep Manel Rosell  Subirats

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