Ganja and Hess

 

Sinopsis: El Doctor Hess es un arqueólogo que es apuñalado por un extraño mientras estudia la antigua civilización africana de Myrthia. A partir de entonces tendrá que afrontar las consecuencias de una enfermedad milenaria.

 


Título original: Ganja and Hess
Año: 1973 (Estados Unidos)
Director: William Gunn
Productor: Chiz Schultz
Guionista: William Gunn
Fotografía: James E. Hinton
Música: Sam Waymon
Intérpretes:Marlene Clark (Ganja Meda) , Duane Jones (Dr. Hess Green), William Gunn (George Meda), Sam Waymon (reverendo Luther Williams), Leonard Jackson (Archie) , Candece Tarpley (la chica del bar), Richard Harrow (invitado), John Hoffmeister (Jack Sargent), Mabel King (reina de Myrthia)…

Dentro de las películas que el cine afroamericano desarrolló en la década de los setenta, Ganja and Hess (1973) es una de sus obras más enigmáticas. Su difícil acceso en una copia digna hasta hace una década, el haber sufrido un estreno problemático, la incomprensión general con que fue recibida en contraste con su cálida acogida cuando fue presentada en el festival de Cannes o los posteriores reestrenos en ediciones remontadas con variedad de títulos (que ocultaban y mancillaban la propuesta inicial), la acabaron convirtiendo en una auténtica cult movie para los degustadores de los márgenes fílmicos. Sin embargo, esta condición varió recientemente cuando fue encontrada una copia íntegra que restituía cerca de media hora cercenada en su versión original, devolviendo la integridad a una de las películas más buscadas por los aficionados al “Black cinema”. Demasiado tarde para su principal responsable: el actor, escritor y dramaturgo Bill Gunn, fallecido prematuramente en 1989.

Figura clave de la cultura afroamericana desde finales de los sesenta y durante los años setenta especialmente por su dedicación al mundo teatral, Gunn había participado como actor con pequeños papeles en diversas series de televisión. Su debut como director de cine se produjo con una obra no estrenada y actualmente perdida en los archivos de la Warner: Stop! (1970)[i]. Este drama erótico de contenido controvertido fue calificado “X”, lo que hizo que la major no afrontara su salida en salas ni en circuitos regionales o minoritarios a pesar de que fue remontada para ello. Mejor suerte corrieron  sus labores como guionista en sendas películas del mismo año: El casero (The Landlord, Hal Ashby, 1970) y The Angel Levine (Jan Kadar, 1970). La cara y la cruz en la historia del cine.

Por esas mismas fechas, la aparición de varias películas de temática afroamericana muy rentables en taquilla hizo que recibiera un encargo en esa línea. La productora Kelly-Jordan se acercó para proponerle una película de vampiros negros con un presupuesto aceptable[ii] y total libertad en su ejecución. Gunn no estaba muy interesado en el cine de terror, pero las posibilidades que le ofrecía el vampirismo para profundizar en determinados elementos que le interesaban ayudaron a que finalmente escribiese y dirigiera el film. El resultado fue una película inclasificable y ajena a cualquier vertiente genérica que caracterizaran a la blaxploitation durante ese periodo.

Es innegable que la película advierte de ello desde sus créditos iniciales: un texto indica que el Doctor Hess durante sus investigaciones sobre la civilización africana de Myrthya recibió tres cuchilladas: una por Dios Padre, otra por su Hijo y una tercera por el Espíritu Santo. Suena pretencioso y la película lo desarrolla de esa manera. El film escenifica la tragedia personal de su protagonista al no poder controlar las reacciones impulsivas de su adicción y su envenenada historia de amor fou con la viuda de unos de sus colegas (de intenciones suicidas y responsable de su enfermedad). El desconcertante desarrollo nos acaba llevando a su inesperada reconversión a la luz en forma de cruz desnuda. Un hastío vital que concluye con su óbito y su sustitución por una especie femenina suprema (una viuda negra asqueada inicialmente de su condición, pero cautivada por los placeres de la nueva sangre). 

Ganja and Hess es una obra experimental que se aleja de los modos habituales del cine de género. Se acerca a lo introspectivo antes que a las formas expresivas del horror. Busca el sentido emocional por encima del estímulo terrorífico. Usa la temática vampírica como pretexto para tratar el pecado, la traición, el adulterio, el sentimiento de culpa, la adicción, el sexo y la religión. No hay figuras mórbidas con capas negras, ni ataúdes que les resguarden, ni legiones de revinientes a su mando, ni moradas de ultratumba y ni siquiera tienen efecto los aspectos elementales que suelen destruir a las criaturas de la noche. Apuesta por  vertebrar otras ideas como la vinculación con el legado de nuestros ancestros a todas luces maldito y en última instancia mortal. Para ello Bill Gunn utiliza rebuscadas soluciones visuales, momentos oníricos dispersos, curiosos bloques precognoscitivos, reflexiones en off, arriesgados trucos de montaje y determinadas soluciones de impacto. Un lenguaje cinematográfico tan caprichoso como hermético, poblado de imágenes sugerentes y extraños diálogos que contentan antes al espectador erudito que al público habitual, si bien tiene la suficiente personalidad para acabar regresando una vez finalizada la proyección.

El resultado desagradó a los productores que no supieron que hacer con semejante celuloide. Ellos esperaban una pieza convencional de terror afroamericano en la línea de Drácula negro (Blacula, William Crain, 1972) y se encontraron con una obra de tesis, confusa y compleja, con incidencia final en la religión y en la liberación sexual a través del sacrificio. Como hemos indicado  la película remontada se estrenó en algunas salas poco aptas para ella y editada posteriormente en video con variedad de denominaciones: Black Evil, Black Vampire, Blood Couple, Double Possession, Vampires of Harlem y Blackout: The Moment of Terror. Esto dio lugar a confusiones e incluso a considerar la existencia de varias películas cuando la realidad era bien distinta.

En su valoración actual no impide que, como sucede con Sweet Sweetback Baadasssss Song (Melvin Van Peebles, 1971), este extraño filme vampírico es una pieza trufada de experimentaciones a las que el tiempo no ha tratado excesivamente bien. Cabe destacar por encima de todo a su dúo protagonista, formada por el recordado Duane Jones (doctor Hess) y la magnética Marlene Clark (Ganja), acompañados del propio Bill Gunn en un papel relevante (George Meda). Tampoco podemos olvidar la curiosa banda sonora de Sam Laymon, editada y reverenciada en algunos ámbitos, quien además interpreta con evidente entusiasmo a uno de los personajes de la ficción (el reverendo Luther Williams). A pesar de que, como decimos, sus formas narrativas no han envejecido precisamente bien, debemos resaltar el deseo del film por alejarse de lo habitual (el provocativo empleo del sexo se sigue manteniendo) y su innata capacidad de sugerencia como se aprecia en algunas secuencias: las escenas oníricas africanas; la decoración panteísta de la casa del adinerado doctor Hess; las incursiones de éste en las zonas suburbiales a la captura de presas; la secuencia de Ganja[iii] con una de sus víctimas donde se contrasta los destellos brillantes del sudor en los cuerpos desnudos con la sangre que los acabará bañando; la elevada secuencia de redención del doctor Hess en la iglesia Baptista y la evidente carnalidad que muestra su epílogo.

Un último detalle para comprender su condición de venerada rareza.  Spike Lee realizó un reciente remake titulado The Sweet Blood of Jesus (2014) que seguía con bastante fidelidad la película original salvo ligeros cambios y un estilo más asequible para el espectador actual, manteniendo la extrañeza de la historia vampírica, aunque algo menor en su fogosidad erótica, que no esconde. Quizás Bill Gunn[iv] se adelantó a su tiempo con Ganja and Hess,una obra que sigue encontrando adeptos y defensores especialmente en el mundo universitario.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Lo que le sitúa después de Gordon Parks como el segundo realizador afroamericano en dirigir una película dentro del sistema de Hollywood.

[ii] El presupuesto fue de 350.000 dólares.

[iii] Un personaje mostrado de forma muy ambigua y no siempre positivamente.

[iv] La filmografía de Bill Gunn se completa con la aún más desconocida Personal Problems (1980), recuperada también en los últimos años.

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