Entrevista a Julien Maury, (co)director de “Kandisha”

Desde que se dieran a conocer en el 2007 con su ópera prima, la celebrada a Al interior (À l’intérieur), el tándem de realizadores galos formado por Julien Maury y Alexandre Bustillo han sido presencias habituales del Festival de Sitges, donde desde entonces han acudido a presentar todas sus películas sin excepción. Su última visita al certamen catalán hasta la fecha había ocurrido hace ahora tres años con motivo de la presentación fuera de competición de Leatherface [tv: Leatherface, 2017], película con la que daban el salto a la todopoderosa industria hollywoodiense tras varios proyectos fallidos. Tres años más tarde, los galos regresaban a Sitges con Kandisha (2020), film basado en una leyenda marroquí y realizado bajo pabellón francés, definido no sin razón como una suerte de cruce entre Candyman: El domino de la mente (Candyman, 1992) y El odio (La haine, 1995), en el que Maury y Bustillo reafirman su querencia por el protagonismo de personajes juveniles, constante esta que se repite a lo largo de su cine, a excepción hecha de la mencionada À l’intérieur.

Si en su anterior visita fuimos muchos los aficionados los que manifestamos nuestra extrañeza porque su precuela de la franquicia iniciada por Tobe Hooper con la fundamental La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974) fuera relegada a dos únicas proyecciones encuadrada dentro de maratones programados de madrugada, esta su nueva película gozaría un tratamiento muy distinto. No en vano, además de vivir su premier mundial en el Festival, la organización le reservó la siempre mediática labor de ser el plato fuerte de la gala de entrega de los premios Méliès d’Or otorgados por la red de la Federación Internacional de Festivales de Méliès, en las que se premió a Pelican Blood (2019) de Katrin Gebbe en el formato largo y a Best Friend (2018) de David Feliu, Juliana de Lucca, Nicholas Olivieri, Varun Nair y Yi Shen en el corto, mientras que el galardón honorífico Méliès Career era destinado a Paco Plaza como reconocimiento a su trayectoria dentro del género.

Aunque en un principio estaba anunciada la presencia de los dos cineastas, posiblemente debido a imponderables relacionados con la post-producción de su próxima película, The Deep House, ambientada en una mansión sumergida bajo el agua que alberga un oscuro pasado, Kandisha finalmente estaría acompañada en su puesta de largo por Julien Maury, con quien tuvimos la oportunidad de conversar sobre diferentes aspectos relacionados con su nuevo film.

Después de dar el salto a la industria hollywoodiense con Leatherface, volvéis al cine francés con Kandisha. ¿Ha sido algo fortuito o lo teníais decidido de antemano?

Siempre hemos querido hacer cine francés, porque en nuestro país es un género que ha tenido muy pocas manifestaciones y deseábamos reactivarlo. Leatherface supuso una excepción para nosotros. Era la posibilidad de hacer una película que nos interesaba y nosotros lo que queremos es contar muchas historias. Digamos que nuestra estrategia es ir buscando productores para dar luz verde a los proyectos que nosotros proponemos, y esto lo hacemos de manera natural en Francia, ya que es el país en el que vivimos.

¿Cómo llegasteis a la leyenda de Kandisha  y por qué la escogisteis como base sobre la que construir la historia de la película?

La primera vez que oímos hablar de esa leyenda nos llamó mucho la atención. Esa mujer  mitad demonio-mitad animal tiene algo que la hace universal. Podemos encontrar una figura equivalente en casi todas las culturas. Por ejemplo, en Francia tenemos a la Dama Blanca. Luego se nos ocurrió elaborar la imagen del personaje tan solo con un velo y con unas pezuñas de cabra que asoman por debajo, una imagen que nosotros encontrábamos terrorífica, ya que hace disparar nuestra imaginación tratando de adivinar lo que se esconde debajo del velo.

La periodista y crítica Desirée de Fez y Julien Maury en un momento de la rueda de prensa de “Kandisha” en el Festival de Sitges

A la película se le puede buscar un subtexto feminista: todas las protagonistas son mujeres, la villana es un espíritu que solo mata a los hombres… ¿Es algo buscado?

La leyenda, que es originaria de Marruecos, es así. Es la historia de una mujer que se venga de los hombres asesinándolos. Los atrae con su belleza sublime y seguidamente los mata. Ellos son soldados que forman parte del ejército portugués que estaban ocupando Marruecos, y este grupo había asesinado a la familia de Kandisha, por lo que ella decide ir seduciéndolos a todos noche tras noche para eliminarlos. A nosotros nos gustaba mucho la resonancia que esta historia tiene con lo que pasa en la actualidad: vemos a una chica agredida por un hombre y las consecuencias de este acto van degenerando de manera incontrolada arrasando con toda la población masculina, incluida su propia familia.

Las protagonistas son hijas de inmigrantes que viven en barrios de la periferia y en la película está muy presente la cultura urbana. ¿Queríais hacer un retrato generacional de la juventud que vive en los suburbios franceses hoy?

Nosotros queríamos tan solo hacer una película moderna, inscrita en su época. Nos gusta el mestizaje de las comunidades y, aunque pueda parecer un cliché al mezclar una chica árabe, una blanca y una negra, que casi parece una publicidad de Benetton, para nosotros refleja una realidad que conocemos. Alexandre vive en un suburbio de París, y esto es una realidad: los inmigrantes se mezclan y se relacionan entre ellos. A nosotros nos gusta esta idea de las nuevas generaciones que no se preocupan de los diferentes orígenes y culturas y aprenden a convivir de manera tranquila.

Kandisha aborda una serie de temas que se repiten a lo largo de todos vuestros trabajos: los personajes protagonistas juveniles, femeninos y la sombra que sobre ellos proyecta la célula familiar. ¿Son elementos que incorporáis de una manera consciente?

No, no es para nada algo consciente. Son los periodistas al ver nuestras películas los que nos señalan esos elementos recurrentes, aunque cuando escribimos nuestros guiones no nos lo planteamos. Son simplemente temas que nos interesan y los tratamos de manera intuitiva: los personajes femeninos fuertes, la adolescencia y el pasaje a la madurez, las relaciones que se establecen con la familia… Pero no son las razones que nos motivan a la escritura. El punto de partida es siempre una historia que es la que queremos contar.

Siguiendo con vuestro cine, al igual que otros de vuestros trabajos previos, Kandisha guarda un gran paralelismo con la estructura del cine de terror juvenil estadounidense, aunque trasladado a la realidad francesa, como hemos dicho… 

Son estructuras de guion muy clásicas. Nosotros no pretendemos inventar algo nuevo; nuestra única ambición es hacer una buena película de terror. Al escribir utilizamos estructuras que vienen de los clásicos de género, tratando luego de sorprender un poco al espectador. Sabemos perfectamente que trabajamos en un género que está muy codificado y los fans lo conocen todo al dedillo, así que intentamos siempre buscar giros sorprendentes que mantengan el interés del espectador para que no pueda adivinar lo que va a suceder. Utilizamos los códigos del cine de terror pero dándoles la vuelta.

Hace tres años en la entrevista que os realicé con motivo de la proyección de Leatherface  en Sitges me comentabais que vuestra intención era traer de vuelta el cine de terror a la cinematografía francesa, algo que hace un momento me has vuelto a refirmar. ¿Se está produciendo realmente un resurgir del género en vuestro país?

¡Eso espero! Se percibe la aparición de películas de género, pero orientado hacia el cine de autor. Digamos que son obras que pueden gustar a un público que en principio no es aficionado al cine de terror. Esto ha surgido a partir de la Crudo (Grave, 2016) de Julia Ducorneau, y es un fenómeno interesante, ya que funciona con dos públicos distintos, permitiendo al cine de terror salir de su capilla y conseguir más visibilidad. En Francia prevalece siempre el cine  de autor. En la ceremonia de los Cesar, por ejemplo, no hay premio para los efectos especiales ni se seleccionan nunca películas de temática fantástica.

En nuestro país hay un organismo llamado CNC que otorga ayudas al sector a través de un impuesto recuperado en la taquilla y que se inyecta a la producción de nuevas películas. El problema es que hasta hace poco tiempo las ayudas iban siempre al mismo tipo de películas, aunque desde el año pasado se ha creado un subsidio específico para el cine de género fantástico. Estamos muy contentos con la noticia. De hecho, pedimos una ayuda para la producción de Kandisha  que no nos han concedido, aunque estamos de todas formas contentos, ya que es algo que puede ayudar mucho al desarrollo de nuestro sector. Por no hablar de las nuevas plataformas de distribución que han cambiado totalmente el panorama, ya que han comenzado a producir obras creadas directamente en Francia.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Naldo

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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