Cosmética del enemigo

 

Sinopsis: El arquitecto Jeremiasz Angust va de camino al aeropuerto dispuesto a abandonar París cuando una misteriosa joven, Texel Textor, lo aborda repentinamente. Angust se ofrece a acercarla en su taxi, pues ella también está a punto de tomar un avión, pero con las precipitaciones ambos acaban perdiendo sus vuelos. Forzados a esperar en el aeropuerto un nuevo pasaje, iniciarán una extraña conversación que irá enrareciéndose hasta convertirse en algo siniestro y criminal…

 


Título original: Cosmética del enemigo/A perfect Enemy
Año: 2020 (España, Francia, Alemania)
Director: Kike Maíllo
Productores: Kike Maíllo, Benito Mueller, Wolfgang Mueller, Justin Nappi, Alex Tosstorff
Guionistas: Cristina Clemente, Kike Maíllo, Fernando Navarro, a partir de la novela de Amélie Nothomb
Fotografía: Rita Noriega
Música: Alex Baranowski
Intérpretes: Tomasz Kot (Jeremiasz Angust), Athena Strates (Texel Textor),Marta Nieto (mujer de Jeremiasz), Dominique Pinon (amigo de Jeremiasz), Götz Vogel von Vogelstein (padrastro de Texel)…

Visionar la adaptación cinematográfica de una novela, especialmente si se trata de una obra que ha gozado de reconocimiento y repercusión, es un ejercicio delicado. El espectador acude siempre con expectativas respecto al material original y éstas casi siempre se saldan con una decepción: el lector se crea su propia imagen mental a partir de material literario y es muy difícil que la resolución visual corresponda a esa imagen previa. Siempre resulta más saludable, por tanto, abordar el camino inverso: descubrir una obra o un autor literario a partir de su adaptación cinematográfica. Si la película nos satisface lo suficiente, puede provocar un interés por indagar en el universo de dicho autor.

Amélie Nothomb es, no solo una escritora enormemente popular en los países francófonos, sino también todo un personaje habitual y constante en el circuito televisivo, donde siempre resulta una presencia original y excéntrica, ideal para animar cualquier debate con riesgo de adormecer al espectador. Su obra literaria no me ha interesado particularmente, pero tras el visionado de esta Cosmética del enemigo se me ha despertado una curiosidad que probablemente me anime a leer el original de Nothomb. Hay que puntualizar que la novela original, editada en 2001, fue todo un éxito de ventas, habiendo sido adaptada al teatro en un par de ocasiones en Bélgica, país de origen de la escritora.

El film de Kike Maíllo narra el encuentro (¿casual o premeditado?) de los dos personajes principales, el arquitecto Jeremiasz Angust y una misteriosa joven llamada Texel Textor que le aborda de camino al aeropuerto Charles de Gaulle en Paris, desde donde ambos se disponen a tomar un vuelo. A partir de ese momento todo se va a ir torciendo para Angust, que, tras perder su avión y entablar una conversación con la Textor, va a ir adentrándose en una especie de pesadilla. Tratándose de un thriller asumido y centrándose toda la peripecia en estos dos roles, uno tiene desde el inicio una leve sensación de déja-vu ante el discurrir de este jeu de massacre particular entre la pareja de personajes. Esta sensación afortunadamente se va disipando de forma progresiva gracias a la solidez del guion y a la brillantez de la dirección. Los elaborados diálogos y la estructura en círculos narrativos van haciendo su trabajo de manera insidiosa, en un planteamiento de manipulaciones mentales y juego psicológico que va llevando de la mano a personajes y espectadores de principio a fin de la película.

Las dos diferencias más notables en la adaptación cinematográfica con respecto a la novela son, por un lado, la ruptura espacio-temporal (la historia original consiste en un diálogo continuado entre los protagonistas en el hall del aeropuerto) y, especialmente, en haber convertido los dos personajes masculinos del original en un hombre y una mujer, lo cual establece de manera obvia una dinámica muy diferente a la ideada por la autora en su libro.

Kike Maíllo levantó grandes expectativas tras ganar un Goya al mejor director novel en 2011 por su primer largometraje, Eva, y desde entonces ha espaciado sus trabajos en la gran pantalla, presentando tan solo otro film en 2017, Toro. Una de las primeras cualidades que saltan a la vista es la capacidad de Maíllo para manejar un guion eminentemente literario que basa su fuerza en un diálogo constante entre los dos protagonistas, esquivando con pericia el riesgo de arrastrar el film hacia una obra en exceso verbal, y caracterizando la dialéctica perversa de sus personajes como una partida de ajedrez en la que cada movimiento trae una consecuencia y en la que es Texel la primera a hacer avanzar una pieza abalanzándose sobre el taxi que lleva a Jeremiasz al aeropuerto. A partir de ese momento, la historia se desarrolla admirablemente a nivel espacial en ese terreno inhóspito, impersonal y transitorio del viaje y, más concretamente, del aeropuerto. Uno acepta de entrada las reglas de este juego perverso, agradeciendo las salidas y entradas, distanciamientos y reencuentros de estos personajes con un placer maquiavélico. Todo ello, repito, gracias a la fluidez y pericia de Maíllo, que nos va delineando ese espacio frío y concreto por un lado, pero también introspectivo y psicoanalítico por otro; no en vano Angust es arquitecto y creador, precisamente, de dicho aeropuerto. Sobre este aspecto, el recurso visual de la maqueta, aunque ya algo manido, resulta efectivo y ligeramente inquietante.

Pero si hay un aspecto sobre el que un film de estas características se debe apoyar ese es ciertamente el interpretativo. Y, afortunadamente, Kike Maíllo ha conseguido un pleno absoluto con su casting: tanto Tomasz Kot como Athena Strates se desvelan  dos actores con entidad propia y sobresalientes en sus respectivos personajes, combinando admirablemente sus personalidades y particularidades para crear dos siluetas que funcionan a la perfección juntas o por separado, desvelando paulatinamente las aristas de sus personajes de manera certera y manteniendo constantemente nuestro interés. Esto resulta especialmente de agradecer en un thriller, género en el que la tendencia habitual es la de presentar a personajes bidimensionales sin gran desarrollo ni espesor. Siguiendo con el capítulo interpretativo, quizá el único bemol sea el desperdicio de un actor de la talla de Dominique Pinon en un papel meramente funcional y que nos hace añorar su presencia en un rol que haga justicia a su capacidad y a su talento.

Si bien el trabajo de Maíllo y su equipo resulta notable y el desarrollo de esta Cosmética del enemigo como thriller es óptimo, uno no puede evitar al final del metraje una sensación de frialdad, como si hubiésemos asistido a un brillante ejercicio de estilo en el que, a fin de cuentas, nos acaba faltando algo. En este aspecto, resulta irónico que Maíllo acote su película con la siguiente cita de Antoine Saint-Exupery: “La perfección se consigue, no cuando no haya nada más que añadir, sino cuando no hay nada más por quitar”. En particular (y sin ahondar en la trama para no dar un spoiler), resulta decepcionante su final por excesivamente forzado, efectista y apresurado, en absoluto a la altura de todo el desarrollo precedente que se desmarcaba precisamente por su maquiavélico y cuidado desarrollo. Sea como fuere, Cosmética del enemigo es un producto sólido, hábil y estimulante que no defraudará a los amantes del thriller psicológico.

Naldo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s