Il cinico, l´infame, il violento [vd: El cínico, el infame, el violento]

 

Sinopsis: Leonardo Tanzi se encuentra retirado de la policía, pero un incidente le hace regresar a las calles: El Chino, uno de sus enemigos, ha salido de prisión en busca de venganza.

 


Título original: Il cinico, l´infame, il violento
Año: 1977 (Italia)
Director: Umberto Lenzi
Productor: Luciano Martino
Guionistas: Ernesto Gastaldi, Dardano Sacchetti, Umberto Lenzi
Fotografía: Federico Zanni
Música: Franco Micalizzi
Intérpretes: Maurizio Merli (Tanzi), John Saxon (Frank Di Maggio), Tomas Milian (Luigi Maietto, El Chino), Renzo Palmer (Astalli), Gabriela Lepori (Nadia), Robert Hundar [Claudio Undari] (Dario), Gabriela Giorgelli (Maria Balzano)…

Si hay algo que Umberto Lenzi trató de dejar claro en diferentes declaraciones (convenciones, libros, revistas, documentales, extras de ediciones de sus filmes, etc.) es que no acababa de entender, e incluso le enfadaba, como habiendo filmado interesantes películas en numerosos géneros siempre se le recordaba por sus filmes de caníbales (Comidos vivos [Mangiati vivi, 1980] y Caníbal feroz [Cannibal Ferox, 1981]) o por insustanciales (aunque divertidas) cintas de terror como La invasión de los zombies atómicos/Incubo sulla città contaminata (1980). “Por desgracia”, decía Lenzi, “la gente quiere ver barbaridades, si no, no se explica por qué después tantos años mi mayor éxito en el cine sea Comidos vivos, en comparación a otras películas que rodé antes, como Roma a mano armada (Roma a mano armata, 1976) o Napoli violenta [vd: Nápoles violenta, 1976], que son obras maestras, modestia aparte”[1].

Tal vez esa afirmación sobre su propia obra sea un tanto exagerada, pero no cabe duda de que, aunque sus aportaciones al circuito más trash puedan ser propuestas divertidas que invitan al entretenimiento inocente, son inferiores si se comparan con sus filmes pertenecientes a otros géneros como puedan ser el bélicoo, como bien indicaba Lenzi en la anterior cita, el poliziesco. Precisamente a esa vertiente pertenece Il cinico, l´infame, il violento [vd: El cínico, el infame, el violento, 1977], largometraje estrenado durante lo que podríamos decir eran los últimos años de apogeo del subgénero[2].

Según indicaba el propio Lenzi en otra entrevista, “la película se gestó debido al tremendo éxito de mi cinta anterior Roma a mano armada () La idea era volver a hacer otro filme con los mismos protagonistas, Maurizio Merli y Tomas Milian”[3]. En efecto, al igual que ocurriera en la previa, en El cínico, el infame, el violento Merli da vida al inspector Leonardo Tanzi, un duro agente de la ley al que le molesta que los criminales puedan andar a sus anchas, siempre libres debido a un endeble sistema judicial. En esta ocasión Tanzi se encuentra en un periodo de descanso personal, matando el tiempo escribiendo y corrigiendo novelas de misterio (unos gialli, ya se sabe, en un guiño a la otra corriente en la que también incursionó Lenzi, un recurso tan evidente como eficaz). Su sosiego se verá interrumpido cuando Luigi Maietto, alias El Chino (Milian en un rol distinto al de Roma a mano armada, entre otras razones debido a que su personaje moría en aquella), salga de prisión en busca de venganza. A la trama se suma Frank Di Maggio, encarnado por John Saxon, un gánster italoamericano que pretende controlar sus negocios en el país trasalpino, lo que le obliga a llegar a ciertos acuerdos con El Chino, dando lugar a una espiral de traiciones, dobles juegos, torturas, persecuciones y asesinatos.

Realizada de tal manera que se pueda entender sin haber visto la película previa (imagino que sabiendo que perfectamente podía darse la situación que en un país se estrenase una cinta, pero no la otra, o incluso la segunda parte antes de la primera), y con un título en clara referencia a Sergio Leone, El cínico, el infame y el violento es, sin duda, una de las mejores muestras del cine policiaco italiano de los años setenta. Cierto es que no posee un guion demasiado elaborado en cuanto a trama, el conflicto es predecible en todo momento y apenas aparecen giros en la narración que conviden al espectador a la duda o al engaño, pero no son pocas las virtudes que atesora el filme de Lenzi. La puesta en escena, sin ir más lejos, con esa Roma ultraviolenta perfectamente retratada a lo largo de la película y que es mostrada desde los mismísimos títulos de crédito -robos a bancos, tirones de bolsos, asaltos a locales-, aderezada con estupendas escenas de acción y una música sobresaliente por parte de Franco Micalizzi, convierten a la película en una verdadera montaña rusa, trepidante e intensa, cuyo su visionado es un auténtico deleite para los aficionados al género.

Mención especial merecen las interpretaciones de sus tres protagonistas, esplendidos los tres, destacando un magnífico Tomas Milian en su rol de Maietti, un tipo al que no te gustaría caerle mal, capaz de bromear antes de pegarte un tiro en la cara. Para el recuerdo queda la escena en que ordena a uno de sus esbirros que le rompa la pierna derecha a un traidor, no si antes preguntarle si su coche es automático y decirle que, de así serlo, en el fondo le hace un favor, pues no requiere de ambas extremidades. Por su parte, John Saxon, en una nueva colaboración con Lenzi tras la citada Nápoles violenta, defiende sin problema alguno a su personaje Di Maggio, un mafioso veterano que se las sabe todas, y que también disfruta torturando a los que le engañan; prueba de ello es el brutal momento en el que le vemos lanzar pelotas de golf a un miembro de la banda adversaria; “¡buen golpe!”, dice tras encajarle un pelotazo en los dientes. “Recuerdo bien a Saxon”, rememoraba Lenzi, “era una persona con la que se trabajaba muy bien”[4].

Sin ninguna duda, las actuaciones de ambos villanos son el plato fuerte del menú que propone Lenzi para la ocasión. Los dos actores, como decimos, están perfectos en su cometido. No por casualidad era común encontrarse tanto a Milian como a Saxon en otros títulos de temática delictiva –El consejero (Il consigliori, 1973) o La polizia accusa: il servicio segreto uccide [vd: Yo acuso, 1975], en el caso del primero, Escándalo en la residencia (Una magnum special per Tony Saitta,1976) o Italia a mano armata [vd: Italia a mano armada, 1976] en el del segundo-. Lo mismo exactamente puede decirse de Merli, pues encarna con certeza al héroe de la historia, al igual que hizo en otros muchísimos poliziotteschi a las órdenes de Marino Girolami, Giuseppe Rosati o Stelvio Massi. Umberto Lenzi contó con Merli en cuatro ocasiones, y cuando le preguntaban por él le evocaba con cariño: “era un actor versátil con formación teatral(…)Se desenvolvía perfectamente en las escenas de acción. Era capaz de interpretar su papel mientras conducía un coche a 130 km por hora(…)Si te fijas en El cínico, el infame, el violento cuando Milian o Saxon disparan con sus pistolas, y acto seguido hacían una pequeña mueca o cerraban inconscientemente los ojos durante un segundo. Pero Merli no; él disparaba con absoluta naturalidad, sin mostrar ni una mínima reacción(…) Fue una verdadera lástima que muriera tan joven, jugando al tenis, con 49 años”[5].

El producto resultante es una estupenda cinta de acción que transita por los cauces habituales que prometen este tipo de propuestas, con la pólvora, los puñetazos y las persecuciones a toda velocidad como ingredientes principales, así como ciertas notas de sexo gratuito, tan habitual en aquellos años -durante el transcurso de una secuencia, Merli y su compañero entran en una casa para saltar por una ventana y en la misma hay una pareja haciendo el amor; podrían haber estado durmiendo o leyendo un libro, pero es evidente que cualquier excusa era válida para mostrar unos desnudos-. Umberto Lenzi opta, eso sí, por estructurar los acontecimientos de un modo un tanto peculiar, narrando en paralelo las acciones de los villanos y las del policía que les persigue. De este modo, héroe y malvado(s) jamás comparten plano a lo largo de la cinta, a excepción, claro, del esperadísimo clímax, en el que todo confronta en una espiral de violencia, creando así cierta expectación en el espectador, que está deseando desde los primeros crímenes que los personajes se encuentren y salden sus deudas. Ni que decir tiene que la formula funciona de maravilla, una razón más para alabar el filme. En este sentido, a modo de curiosidad cinéfila y despedida, el propio Lenzi comentaba en relación a este último hecho: “Años después Michael Mann hizo la famosa Heat (Heat, 1995), con Al Pacino y Robert De Niro, y usó el mismo sistema que emplee yo: contar dos historias en paralelo con dos personajes que se odian, que están enfrentados pero que no se encuentran nunca, a excepción del final, en el que uno de los dos personajes muere…”[6].

Javier Pueyo


[1] Cita extraída de la entrevista incluida como extra en la edición española en Dvd comercializada por Manga Films del filme Comidos vivos, realizada por Gian Luca Castoldi y dirigida por Pier Paolo Dainelli.

[2] Aunque todavía quedarían por filmarse unos cuantos filmes dignos de mención, como Poliziotto solitudine e rabia (1980), protagonizado por Maurizio Merli y Francisco Rabal, bajo la dirección de Stelvio Massi, o la brutal a la vez que excelente Luca el contrabandista (Luca il contrabbandiere, 1980) de Lucio Fulci, con Fabio Testi en el rol principal.

[3] Cita extraída de la entrevista incluida como extra en la edición italiana en Dvd comercializada por Federal Video de El cínico, el infame, el violento, realizada por Paolo Toccafondi y Tommaso Santi.

[4] Op. cit 3

[5] Op. cit 3

[6] Op. cit 3

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