Let’s Scare Jessica to Death [tv: La maldición de los Bishop]

 

Sinopsis: Jessica, acompañada de su marido Duncan y su amigo Woody, abandona Nueva York tras un periodo de convalecencia para ir a vivir en una zona rural de Connecticut. A su llegada al nuevo hogar encontraran a Emily, una intrusa que alterará el discurrir de los acontecimientos.

 


Título original: Let’s Scare Jessica to Death
Año: 1971 (Estados Unidos)
Director: John D. Hancock
Productores: Charles B. Moss Jr., William Badalato
Guionistas: Lee Kalcheim, John D. Hancock
Fotografía: Robert M. Baldwin
Música: Orville Stoeber
Intérpretes: Zohra Lampert (Jessica), Barton Heyman (Duncan), Kevin O’Connor (Woody), Gretchen Corbett (la chica), Alan Manson (Sam Dorker), Mariclare Costello (Emily)…

De camino a su nuevo hogar en una zona rural de Connecticut, Jessica entra en un cementerio buscando entre las sepulturas alguna lápida que pueda calcar en una de las hojas que lleva. Un juego infantil de connotaciones necrófilas envuelto por el sonido del viento que sirve de fondo sonoro al solitario lugar. En mitad de su acción percibe una presencia femenina que la observa desde lo alto de un montículo. Ella mira atrás por si sus compañeros lo han percibido, pero se quedaron en el coche esperándola. Cuando vuelve a mirar, la joven ha desaparecido. Jessica ha estado internada en un sanatorio durante seis meses. Para ella es un nuevo comienzo. Se ha considerado que está curada y ella así lo piensa. Sin embargo este incidente supone una alerta. La película establece aquí una idea que mantendrá durante todo su metraje: los momentos fantasmagóricos van a suceder en soledad y la duda no siempre estará acompañada por una certeza real. Con anterioridad se ha indicado que la narración será un largo flashback vertebrado por la eterna duda de lo sucedido; realidad o sueño, cordura o locura (…), la protagonista lo desconoce y nos da su versión. Conoce lo sucedido y las consecuencias que ha tenido. El espectador tiene que esperar a conocer los hechos con la incertidumbre que supone el punto de vista de la protagonista. Un comienzo magnífico embellecido por las tonalidades otoñales y melancólicas de sus imágenes.

Let’s Scare Jessica to Death [tv: La maldición de los Bishop,1971] nació a finales de los sesenta como una monster movie netamente exploiter siguiendo determinadas modas de la época (moteros, hippies, un monstruo oculto), compaginando horror y humor[i]. Sin embargo, la llegada de John D. Hancock, aparte de la inexperiencia en el género de terror de todos los partícipes, hizo virar el proyecto hacia territorios distintos y complejos. La perspectiva del director en su primer trabajo para la gran pantalla era acercar la narración a la novela Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw, Henry James, 1898), incidiendo en la incertidumbre que generan una serie de hechos en una mente frágil quizás fracturada. Esta decisión incorporó una mirada innovadora que la alejaba del horror al uso para sumergirse en el drama psicológico. Lejos de cualquier efectismo, el film mantiene ese elemento a lo largo del relato, incorporando personajes y situaciones que amplifican la idea sin desvirtuarla ni corromperla. Para ello es determinante la lograda atmosfera que envuelve de misterio la obra desde sus primeros compases. Una cotidianeidad reconocible, aunque ominosa, que muestra el perverso sosiego del ambiente campestre sin esconder las punzantes aristas que el urbanita encuentra en tierra extraña. La petulante modernidad debe lidiar infructuosamente con las costumbres y los usos populares ancestrales[ii]. En esta línea se resalta la fría relación que tienen nuestros visitantes con los habitantes del pueblo, cuyo extraño comportamiento es visto con ironía (su medio de transporte es un coche fúnebre con la palabra love a un lado para regocijo del obtuso humor rural). Este choque introduce una obvia lectura político-social del contexto de la América de la época (la desintegración social que vivía el país y el fin de la era de acuario), subrayado por algunos críticos[iii] con acierto y no negado por su realizador, si bien debemos indicar que la misma historia podría haber acontecido de forma idéntica veinte años atrás o en el futuro.

A diferencia de otras propuestas de la época, el vampirismo es empleado como un recurso alegórico englobado en la idea abstracta del reviniente. En esta ocasión no habrá colmillos, ni cruces, ni ataúdes, y las contadas succiones tendrán un valor ambiguo. Surgen dos elementos relacionados: el nuevo hogar aislado del pueblo como espacio vital de connotaciones simbólicas (un santuario maldito) para la comunidad cercana[iv], y el personaje femenino de Emily que distorsiona el relato desde su aparición (aparentemente se ocultaba en la casa pensando que estaba abandonada). Emily como intrusa es aceptada rápidamente gracias a su indudable poder de seducción sobre las figuras masculinas (Duncan y, especialmente, Woody están encantados de contar con un atractiva joven en el grupo), y con ciertas suspicacias por la protagonista, cuyo mayor interés es buscar algo de compañía para los momentos de soledad. Se establece así un triángulo de indudable tensión emocional dado el estado mental de Jessica, la cual juzga las acciones de sus compañeros según sus sentimientos y sus dudas. Actúa de una manera, si bien piensa de otra muy distinta. A medida que los acontecimientos evolucionan, su mente se va resquebrajando con lo que supuestamente ve u oye, motivada por los celos y por una falta de pulsión sexual[v]. La citada necrofilia insinúa una velada referencia a un intento de suicidio pretérito. La huida al campo no solo es un intento de comenzar de nuevo, sino la última oportunidad para salvar un matrimonio que ha invertido todo lo que tenía en su nueva morada.

Sorprende en un cineasta debutante ajeno al género los detalles de puesta en escena empleados para expresar lo extraño y lo espectral: el plano desde una habitación a oscuras mientras nuestros protagonistas investigan la presencia del intruso en la casa; la figura sumergida que atemoriza a Jessica mientras se baña, en un evidente guiño a los relatos de fantasmas clásicos; el aparente juego espiritista para invocar a los ancestros que tendrá consecuencias; la inquietante fotografía encontrada en el desván que oculta el enigma de los Bishop (relatado posteriormente por un vendedor de antigüedades cuya delación le costará la vida); las intermitentes apariciones de una joven como preludio a acontecimientos peligrosos; las marcas físicas en el cuello atisbadas por Jessica en los habitantes del pueblo que desentrañan el misterio oculto del lugar; y la excelente secuencia de seducción de Emily sobre Jessica[vi], concluida con la emersión icónica de la primera ataviada con el traje blanco visto en la comentada foto familiar y que confirma las sospechas de la segunda sobre la verdadera identidad de la intrusa. La pesadilla estalla en el clímax escenificando todos los miedos y ansiedades que la protagonista ha ido relatando a lo largo del relato. Acabará como empezó: sola y aislada en una barca sobre una especie de laguna estigia abandonada a su oscuro destino[vii]

Let´s scare Jessica to Death[viii] permanece como una de las piezas más enigmáticas y fascinantes del cine de terror norteamericano de los años setenta. Repleta de miedos primordiales y sugerencias mórbidas, supone un nuevo peldaño en la vía abierta unos años antes por La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968)[ix], alumbramiento de un nuevo mundo donde los vivos están condenados a cohabitar con los revinientes. Un auténtico y, tememos que, desaparecido cine de culto.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Konow David “Let´s scare audiences to death”. Fangoria nº 241. Marzo 2005. págs. 50-54.

[ii] Como sucede por ejemplo en la levemente posterior El hombre de mimbre (The Wicker Man, Robin Hardy, 1973).

[iii] VV.AA. American Gothic: El cine de terror USA 1968-1980. Coordinado por Antonio José Navarro. Semana de Cine Fantastico y de Terror de San Sebastian. 2007. – “Let´s scare Jessica to death”. Navarro, Antonio José. Pgs 285-289.

[iv] Los exteriores fueron rodados en la Piontkowski House (1880), situada en el 220 de Middlesex Turnpike en Old Saybrook. Llama la atención en este edificio su destacada torre que se añadió a principios del siglo XX. Los interiores se filmaron en la E.E. Dickinson House (1842) en Essex (Connecticut), situada a una milla.

[v] Jessica decora las paredes de la habitación marital con las hojas calcadas de las lapidas del cementerio, contrapunto esclarecedor de su verdadera situación personal.

[vi] Sin duda una de las escenas donde mejor se evidencia la conexión con la Carmilla de Sheridan Le Fanu.

[vii] Un final no muy lejano al de otra película memorable de la época: Messiah of Evil (Willard Huick y Gloria Katz, 1973). Añadamos la sospecha de que los responsables de Viernes 13 (Friday the 13th, Sean S. Cunninghan, 1980) tomaron buena nota de ello para su celebrado susto final.

[viii] Se rodó a lo largo de veinticuatro días con un presupuesto cercano al millón de dólares sin tener acuerdo de distribución con el título original  de “Jessica”. La película fue adquirida por Paramount.

[ix] Visitar un cementerio ha cobrado otros sentido, como bien han mantenido ficciones cinematográficas posteriores.

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