Lemora: A Child’s Tale of the Supernatural [dvd: Lemora, un cuento sobrenatural]

 

Sinopsis: Tras recibir una carta escrita por la misteriosa Lemora, la adolescente Lila Lee abandona la iglesia donde reside para ir en busca de su padre, un gánster a la fuga que asesinó a su madre y que se encuentra en su lecho de muerte. Comienza así una extraña travesía hacia un secreto de la América profunda…

 


Título original: Lemora: A Child’s Tale of the Supernatural
Año: 1973 (Estados Unidos)
Director: Richard Blackburn
Productor: Robert Fern
Guionistas:Richard Blackburn, Robert Fern
Fotografía: Robert Caramico
Música: Dan Neufeld
Intérpretes: Lesley Gilb (Lemora), Cheryl Smith (Lila Lee), William Whitton (Alvin Lee), Hy Pyke (conductor), Maxine Ballantyne (la vieja), Steve Johnson (el cajero), Richard Blackburn (el reverendo)…

Al igual que otras películas oscuras de la década de los setenta, Lemora: A Child’s Tale of the Supernatural [dvd: Lemora, un cuento sobrenatural,1973] permaneció en un extraño letargo durante un par de décadas con escasa información al respecto. Nos referimos a un título independiente de producción pequeña[i] que tuvo un estreno circunstancial y que se perdió en la telaraña de obtusos acuerdos entre diversos distribuidores. El formato doméstico no le otorgó segunda vida, dado que en muchos países no fue editada. Si algún cronista había tenido la oportunidad de verla desarrollaba unas pocas líneas laudatorias que provocaban en el lector más avispado un cierto recelo entre la envidia y la duda, convirtiendo a la cinta en verdadero objeto de culto. Comparte por ello un territorio cuasi mítico y recóndito, formado por otras obras similares entonces inalcanzables que el aficionado atesoraba como dato, enigma o tesoro a encontrar. Hablamos de películas inexistentes en las revistas más prestigiosas de la época, invisibles en las publicaciones que se acercaban a fenómenos similares como los estimables Cult Movies de Danny Peary[ii] y en el radar de los fanzines guerrilleros sin complejos  por rescatar cualquier pieza extraña que se opusiera a la elite intelectual dominante. En estas obras se demostró posteriormente que hubo de todo, desde delirios y desperdicios fílmicos variados pasando por todo tipo de estrafalarias producciones, pero también películas muy recuperables y ocasionales obras maestras cuya ocultación al público hace levantar todo tipo de sospechas. Con las nuevas tecnologías el muro de misterio fue derruido y muchas de estas obras salieron a la luz para demostrar su auténtica valía.

Opera prima y único largometraje del director Richard Blackburn, Lemora fue concebida en colaboración de su amigo Robert Fern poco después de graduarse en la UCLA[iii]. Originalmente querían realizar una comedia, dado que era el género que habían transitado en sus trabajos estudiantiles. Sin embargo, el impacto que había alcanzado en esos años las películas del conde Yorga dentro del cine de bajo presupuesto les hizo cambiar de opinión[iv]. Se decidieron  entonces por elaborar una película de vampiros desde una perspectiva novedosa, alejada tanto del cine de autor como del cine de explotación y opuesta a producciones coetáneas avaladas por algún gran estudio. Para ello, Blackburn y Fern tuvieron en cuenta algunos referentes literarios como El pueblo blanco de Arthur Machen y La sombra sobre Innsmouth de H.P. Lovecraft, o títulos cinematográficos tan sugerentes como las magistrales La noche del cazador (Night of the Hunter, Charles Laughton, 1955) y Los contrabandistas de Moonfleet (Moonfleet, Fritz Lang, 1955). En mayor o menor medida estas alusiones aparecen sutilmente consignadas en el relato, sin que por ello el resultado carezca de entidad propia.

Un elemento fundamental indicado en el propio título es que la narración se plantea como un cuento perverso de iniciación a la madurez poblado de criaturas y situaciones que recuerdan a las fábulas clásicas con la salvedad de la atmosfera ponzoñosa que lo inunda. El camino de nuestra protagonista no es muy diferente al que experimentan  Caperucita roja, Blancanieves o Hansel y Gretel. La inocente protagonista Lila Lee acaba encerrada en una casa de piedra vigilada por una bruja que la alimenta y atormentada por extraños engendros de los que intenta huir inútilmente. El viaje funciona como una alegoría del cambio que se produce en ella, si bien el despertar sexual y el velado erotismo apenas se explicitan, por más que no se pueda negar su presencia a medida que el personaje se adentra en el mundo de Lemora. Una idea que nos conecta con la recordada obra literaria de la desaparecida escritora Angela Carter, uno de cuyos relatos fue llevado al cine en la estimable En compañía de lobos (The Company of Wolves, Neil Jordan, 1984), pero, también, con títulos tan particulares como la producción checa Valerie y la semana de los milagros (Valerie a týden divu, Jaromil Jires, 1970) o la mexicana Veneno para las hadas (Carlos Enrique Taboada, 1984).

La oscuridad que va adoptando el relato se adorna de tonalidades azuladas que crean ese ambiente de irrealidad propio de los cuentos de hadas (estupendo trabajo del director de fotografía Robert Caramico). No obstante, esa inmersión en lo tenebroso no llega a alcanzar la plenitud deseada, bien porque el juego perverso nunca llega al clímax esperado, o bien por la presencia de algún personaje como el reverendo (encarnado por el propio Blackburn), cuyas indefinidas apariciones no tienen el efecto buscado. Esta subtrama es la que presenta mayores debilidades, quizás afectada por el corte drástico que sufrió el metraje original de la película[v]. En contraste, encontramos uno de los puntos fuertes del film en la interpretación y química de sus dos actrices principales por las evidentes sugerencias que plantean: la malograda Cheryl Smith, de ingenua apariencia angelical, y la fascinante Lesley Gilb, cuya interpretación debería haber tenido efecto  a nivel profesional en una trayectoria más amplia en las pantallas. En relación a su personaje, la vampira Lemora, rodeada de siniestros infantes y extrañas criaturas en un lugar remoto de la América profunda, muestra una presencia magnética y evocadora[vi]. Líder de un enigmático culto, acaba revelando un sentido abiertamente pagano que se desprende de su acción maligna hacia una sociedad retraída y conservadora apegada al cristianismo más puritano. Una lectura que se enriquece por su ambientación temporal, situada en los años de la depresión del pasado siglo XX.

La dirección de Richard Blackburn se muestra efectiva en su sencillez narrativa, sugerente en sus decisiones más arriesgadas, aunque lastrada por las precariedades de la producción, especialmente en lo referente a la labor en los efectos de maquillaje y, en menor medida, en su ambientación. Comentaba el realizador que en su debut cayó en tres errores que no se deben de cometer en una producción de estas características: no hacer una película de época, no abusar de los maquillajes y evitar las escenas nocturnas[vii]. Desafortunadamente, su trayectoria en el largometraje se quedó aquí cortada. Posteriormente dirigió un episodio titulado Miss May Dusa(1987)para la serie de televisión Tales from the Darkside (1983-1988) y obtuvo su mayor logro coescribiendo la muy estimable ¿Y si nos comemos a Raoul? (Eating Raoul, Paul Bartel, 1982)[viii], hito de la comedia negra independiente de los ochenta. Queda Lemora, un cuento sobrenatural como su legado en el cine de terror: una obra rupturista y avanzada que no se resiente a pesar del paso del tiempo.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] El presupuesto fue de 200.000 dólares.

[ii] Peary Danny. Cult Movies. Delta Books. 1981/ Peary Danny. Cult Movies 2. Delta Books. 1983/ Peary Danny. Cult Movies 3. Delta Books. 1988.

[iii] Crawford Travis: “Lemora. A Grim Scary Tale”. Fangoria nº 228. Pgs 56-62. Noviembre 2003.

[iv] “Richard Blackburn on Lemora: A Child’s Tale of the Supernatural”: https://www.youtube.com/watch?v=0o1fBXLxBmU

[v] La versión original era de 113 minutos. La actual es de 81 minutos. Quizás algún contenido de la película podía traer problemas a la hora de su calificación por edades y exhibición.

[vi] Es indudable que no referirnos a la influencia de Carmilla de LeFanu, perfectamente reflejada en la escena del baño de Lila en su dormitorio.

[vii] Op. Cit. nota IV.

[viii] En la que interpretó un pequeño papel y tuvo algunas tareas de dirección no acreditada. Escribió también una secuela que el fallecimiento de Paul Bartel impidió llevar a buen puerto. En otro campo debemos destacar que puso voz al personaje del Dr. Zaius en la serie de animación Retorno al planeta de los simios (Return to the Planet of the Apes, 1975).

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