Messiah of Evil

 

Sinopsis: Arletty acude a ver a su padre a Point Dunne, una localidad de la costa de California donde está pasando el invierno dedicado a la pintura. Su visita se debe al contenido alarmante y misterioso de las últimas cartas que le ha enviado. Cuando llega el pueblo encontrará la casa de su padre vacía. En el pueblo nadie conoce su paradero y averigua que otras personas han preguntado por él: un curioso playboy acompañado de dos chicas. Junto a ellos descubrirá el triste destino del lugar que se oculta tras una oscura leyenda local…

 


Título original: Messiah of Evil
Año: 1973 (Estados Unidos)
Director: Willard Huick, Gloria Katz
Productores: Alan Riche, Gloria Katz, Alan R. Howard
Guionistas:Willard Huick, Gloria Katz
Fotografía: Stephen Katz
Música: Phillan Bishop
Intérpretes: Michael Greer (Thom), Marianna Hill (Arletty), Joy Bang (Toni), Anitra Ford (Laura), Royal Dano (Joseph Long), Elisha Cook Jr. (Charlie), Walter Hill (primera víctima), Charles Dierkop, Bennie Robinson, Morgan Fisher, Emma Truckman, Dyanne Asimow [acreditada como Dyanne Simon], Herb Margolis, Alex Michaels, Laurie Charlap-Hyman, Bill Norton, Willard Huyck, Gloria Katz, Billy Weber…

Messiah of Evil (1973) es una de las películas más insólitas e innovadoras del cine norteamericano de los años setenta. Su consideración como obra de vampiros es relativa debido a su mayor cercanía con el fenómeno zombi. Sin embargo, el film deja completamente abierto la verdadera naturaleza de esta “gente muerta”[i] que habita el aislado pueblo californiano donde se desarrolla la narración. Es uno de los misterios que planea a lo largo de la ficción. ¿Qué son realmente estas criaturas? ¿Son muertos vivientes, vampiros o algo distinto? ¿Sufren una enfermedad o una maldición? Seres humanos que forman parte de una especie de culto aquejados de un tenebroso mal que se apodera de sus cuerpos vaciándoles el fluido vital. Mientras esperan su destino final, contaminan y extienden la enigmática enfermedad que les obliga a actuar como autómatas sin alma controlados por una entidad superior. Los síntomas son evidentes: sangran por los ojos, oídos y boca; atacan violentamente a los visitantes que merodean nocturnamente por la ciudad para saciar su sed de sangre y carne fresca; pierden las emociones y el control de sus sentidos; y se agrupan en la playa esperando la llegada del “oscuro forastero” que les condenó un siglo atrás. Una versión abstracta de la figura del reviniente.

Willard Huick y Gloria Katz escribieron el guion de la película[ii]  a lo largo de seis semanas una vez que concluido el tratamiento de lo que sería American Graffiti (American Graffiti,1973), segundo trabajo de George Lucas (compañero de Huick en la USC), con el que mantuvieron una relación laboral y de amistad a lo largo de su carrera[iii]. El presupuesto para el film fue conseguido por su entonces agente reconvertido en productor, quien había reunido unos cien mil dólares de un grupo de inversores texanos. Esta aparente buena noticia que ayudó a poner en marcha la producción se convirtió con el tiempo en un problema. De la cantidad indicada desaparecieron quince mil dólares en manos de intermediarios, lo que afectó al film especialmente en su problemática postproducción. En los créditos finales aparece el nombre de dos compañías, Internacional Cinefilm Corp y V/M Productions, completamente desconocidas para los responsables de la película[iv].

La película se rodó con el título provisional de The Second Coming[v] en el verano de 1971. Al final del mismo los ajustes presupuestarios fueron palpables. La secuencia final no se pudo realizar de la manera en que estaba prevista. Tampoco se pudieron rodar las escenas que formaban parte de una ficticia película que se proyectaba en la inolvidable secuencia que transcurre en el cine de Point Dunne. Además, temiendo que el metraje rodado pudiera ser embargado, tuvieron que montarlo a escondidas en 1972 con la ayuda de Morgan Fisher y William Weber, lo que no impidió que finalmente perdieran el control de la película al no poder venderla: el responsable del montaje final fue Scott Conrad, se añadió una banda sonora electrónica a cargo de Phillan Bishop completamente ajena a los deseos de Huick y Katz, se decidió el título definitivo (en este caso fue del gusto de la pareja) y se incluyó un tema musical a sugerencia de los productores, afortunadamente desaparecido en las copias actuales. La película llegó a las salas a finales del verano de 1973, siendo reestrenada posteriormente con otros títulos, lo que acarreó algún que otro problema legal[vi].

Sin embargo, todos estos condicionantes no han ensombrecido la calidad intrínseca de esta propuesta. Messiah of Evil es una obra fascinante donde la narración y su puesta en escena se integran perfectamente. Como sucedía en Let’s Scare Jessica to Death (John Hancock, 1971), la protagonista narra lo sucedido desde los angostos pasillos de una institución mental[vii]. Ese sentido ominoso y enigmático precedido en los títulos de crédito por un expeditivo asesinato[viii] establece el tono atemperado e inquietante que va a desarrollar la película. El suspense y la inquietud se irán mostrando con la aparición de extraños personajes (la brillante escena de la gasolinera donde Arletty coincide con un conductor albino),  las peculiares situaciones que irán apareciendo con nuevos forasteros (el encuentro que tiene con Thom y sus amigas Laura y Toni a la par de su díscolo comportamiento), las revelaciones que descubre en el diario de su desaparecido padre (contados en una voz en off que funciona en paralelo mientras su hija va sufriendo los síntomas del misterioso lugar), las advertencias que va conociendo Arletty por algún lugareño (Charlie, el vagabundo la avisa que debe matar y quemar a su padre pero nunca enterrarle[ix]) y su progresiva inmersión en la enfermedad que asola el lugar (con sus palpables efectos en su físico y su salud mental).

Las cuestiones van surgiendo sin obtener una respuesta clara. La desaparición en off de Charlie tras haber desvelado las claves de la leyenda local de la luna de sangre supone un primer aviso no tenido en cuenta por nuestra protagonista, y las extrañas afirmaciones que se escuchan en voz en off del pintor Joseph Long sugieren una realidad alternativa, abominable e irreal. La reconocida influencia por parte de los autores de la obra de H.P. Lovecraft resulta palpable sin recurrir a innecesarias citas textuales[x]. Uno de los elementos que ayudan plenamente a construir esta sensación de angustia es la fascinante atmósfera conseguida, a la que no es ajena la cuidada fotografía en tecnicolor de Stephen Katz ni el diseño de producción a cargo de Jack Fisk y Joan Mocine. Esta última es la responsable de las pinturas que decoran los muros de la casa junto al mar del padre de Arletty, poblado de figuras humanas que parecen cobrar vida y vigilar a los recién llegados al lugar. La presencia de lo invisible en este lugar adquiere un sentido de horror cósmico.

Aparte del creativo empleo del sonido (el constante sonido del mar, los silencios y los fríos acordes minimalistas de la banda sonora), destaca la utilización de los espacios vacíos sin apenas vida en los que sucede la acción que otorgan una sensación onírica e incómoda al espectador. En este aspecto es destacable el aislamiento que sufren los personajes principales en las secuencias que detallan  irremediablemente su funesta desaparición. Laura perece en un supermercado aparentemente vacío al que es llevada involuntariamente para sucumbir a manos de una turba de habitantes a los que descubre alimentándose de carne fresca. Una aburrida Toni acude al cine en una aparentemente despoblada sesión nocturna que se va llenando alrededor de ella en un claro homenaje al maestro del suspense. Thom acude a la búsqueda de Toni y asiste al caos que se va adueñando de las solitarias calles de Point Dunne. La alienada Arletty recibe la visita final de su padre, quien le relata el oscuro secreto de la luna sangrienta[xi] antes de atacarla y perecer en un arrebato de color, sangre y fuego. Son secuencias implementadas por un montaje perfectamente estructurado que cuestiona los problemas de producción anteriormente indicados.

A pesar de ciertas redundancias en su desenlace, el desasosiego que genera Messiah of Evil permanece una vez concluido su visionado. Film inaudito, oculto para la gran mayoría y recuperado felizmente en las últimas décadas, su huella se aprecia en obras posteriores más conocidas como La niebla (The Fog, John Carpenter, 1980), Muertos y enterrados (Dead and Buried, Gary Sherman, 1981) y, en menor medida, El príncipe de las tinieblas (Prince of Darkness, John Carpenter, 1987).

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Uno de las denominaciones que ha tenido en su errática trayectoria de distribución/exhibición es, precisamente, Dead People.

[ii] Cuyo primer título fue Blood Virgin.

[iii] Son los guionistas de Indiana Jones y el templo maldito (Indiana Jones and the Temple of Doom,Steven Spielberg, 1984), Asesinatos en la radio (Radioland Murders, Mel Smith, 1994) y responsables de Howard, un nuevo héroe (Howard the Duck, Willard Huick,1986). Aparte, participaron de manera no acreditada en el libreto de La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1976) y, posiblemente, como doctores de guion en alguna producción más de la factoría Lucas.

[iv] Thrower Stephen “Nightmare Usa: The Untold Story of the Exploitation Independents”. Fab Press, Julio 2007. El capítulo 11 de esta estupenda publicación, titulado “The Living Dead At the All-Night Mall”, está dedicado íntegramente a esta película y lo hemos utilizado como referencia principal en esta reseña. Págs. 237-246.

[v] El nombre original de Point Dunne según se indica fue New Bethlehem. El titulo explicitaba la segunda venida del oscuro forastero al lugar después de su misteriosa aparición cien años atrás.

[vi] Entre ellos una demanda interpuesta por los abogados de George A. Romero por el uso indebido en uno de los títulos.

[vii] Aunque su admonición esté más emparentada con la de Kevin McCarthy en la excelente La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956): “¡Nadie oirá vuestros gritos! ¡Os atraparán uno a uno!”.

[viii] La victima es el gran Walter Hill en uno de sus escasos y breves cometidos como actor.

[ix] Advertencia que vale tanto para eliminar a un vampiro como a un muerto viviente.

[x] Willard Huick y Gloria Katz se aficionaron a la literatura del escritor de Providence gracias a Curtis Hanson, compañero de habitación de Huick y quienes solían visitar librerías de segunda mano. No olvidemos que Hanson participó en el guion de Terror en Dunwich (The Dunwich Horror, Daniel Haller, 1970).

[xi] En la historia no falta una curiosa conexión con un hecho histórico: el oscuro forastero era un predicador que formó parte de la trágica “Expedición Donner”.

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