Vampire [tv: Vampiro; vd: Siniestra cacería]

 

Sinopsis: Las obras de construcción de una nueva iglesia despiertan de su letargo a un peligroso vampiro que empieza a aterrorizar la ciudad de San Francisco. Un policía retirado y un arquitecto inician una implacable cacería para destruirle.

 


Título original: Vampire
Año: 1979 (Estados Unidos)
Director: E.W. Swackhamer
Productores: Gregory Hoblit, David Anspaugh, Steven Bochco
Guionistas: Steven Bochco, Michael Kozoll
Fotografía: Dennis Dalzell
Música: Fred Karlin
Intérpretes: Jason Miller (John Rawlins), Richard Lynch (Anton Voytek), E.G. Marshall (Harry Kilcoyne), Kathryn Harrold (Leslie Rawlins), Barrie Youngfellow (Andrea Parker), Michael Tucker (Christopher Bell), Jonelle Allen (Brandy), Jessica Walter (Nicole DeCamp), Joe Spinell (Capitán Desher)…

A medida que la década de los años setenta fue avanzando se observa un repunte e interés en la temática vampírica. En ello ayudaron determinados factores en diversos ámbitos. En el literario aparecen en esos años dos novelas fundamentales que renovaron la perspectiva del mito desde lecturas innovadoras y elocuentes. La primera fue La hora del vampiro/El misterio de Salem´s Lot (de Stephen King, donde se actualizaba inteligentemente el Drácula de Bram Stoker en la sociedad moderna. La segunda en aparecer, aunque elaborada tres años antes, será Confesiones de un vampiro/Entrevista con un vampiro,escrita por Anne Rice e inicio de una popular saga posteriormente adaptada al cine donde el vampirismo es retratado con angustias existenciales y desde preocupaciones psicológicas muy humanas apenas tratadas con anterioridad.

En 1977 se estrenó en Broadway con enorme éxito una nueva versión teatral  de Drácula con diseños de Edward Gorey y protagonizada por Frank Langella (posteriormente sustituido por Raul Julia, Jean LeClerc y Jeremy Brett). Un año después, la BBC estrenó El conde Dracula (Count Dracula, Philip Saville, 1978), una excelente miniserie protagonizada por Louis Jourdan y Frank Frinlay que es, sin lugar, a dudas la mejor y más fiel adaptación que ha tenido hasta la fecha el icónico personaje.

Sin embargo fue 1979 el año del vampiro. Universal, aprovechando el éxito teatral del príncipe de las tinieblas, estrenó el estimable Drácula (Dracula, John Badham, 1979), protagonizada por el citado Langella, si bien se trate de una versión ajena a la obra representada en Broadway. El imprevisible y genial Werner Herzog aportaba su lectura personal e intransferible del tema en Nosferatu, vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht, 1979), aparente remake del mítico film de Murnau encabezado por Klaus Kinski, Isabel Adjani y Bruno Ganz que parecen transitar un mundo paralelo y ajeno a la realidad. En Amor al primer mordisco (Love at First Bite, Stan Dragoti, 1979)se pretendió con poca fortuna una versión cómica del mito a pesar de los esfuerzos de George Hamilton. Los placeres de la carne más que de la sangre aparecieron en Drácula chupa (Dracula Sucks, Philip Marshak, 1979), versión pornográfica del personaje en doble versión (soft y hard según los paladares) y que contó en su reparto con los nombres más importantes del cine X del momento[i] y alguna insólita presencia como el siempre inquietante Reggie Nalder encarnando al profesor Van Helsing.

La pequeña pantalla no fue ajena a esta nueva ola de chupasangres. La serie de televisión de la NBC Cliffhangers creada por Kenneth Johnson con el fin de recuperar el espíritu de los viejos seriales presentó The Curse of Dracula, actualización del personaje a cargo del televisivo Michael Nouri siguiendo la estela romántica planteada con anterioridad por Dan Curtis y Richard Matheson[ii]. Una mayor y merecida repercusión alcanzó la conocida miniserie El misterio de Salem´s Lot (Salem’ s Lot, Tobe Hooper, 1979), estimable adaptación de la citada novela de King que generó todo tipo de pesadillas en los infantes de la época que osaron a verla con o sin consentimiento paterno. En esta ocasión un irreconocible Reggie Nalder se pasó a las filas de los no muertos.

Más desconocida, pero no menos relevante en calidad, es Siniestra cacería (Vampire, E.W. Swackhamer, 1979)[iii], un estimable telefilme de terror creado como episodio piloto de una abortada serie que desafortunadamente, y por razones incomprensibles, no obtuvo la esperada luz verde. La película fue estrenada por la ABC el 7 de octubre de ese año y posteriormente explotada en el formato doméstico alcanzando con los años el reconocimiento de cult movie.[iv]. Nada extraño observando los nombres de algunos de los implicados: el productor y guionista Steven Bochco a punto de revolucionar el medio catódico con sus series policiacas y judiciales, entre otras, la mítica Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues, 1981-1987), donde tuvo como compañeros de fatigas al guionista Michael Kozoll y a los productores y directores Gregory Hoblit y David Anspaugh, todos ellos aquí reunidos. Tampoco debemos de obviar al realizador E.W. Swackhamer, un sólido profesional del medio televisivo responsable de títulos interesantes como El sepulcro de Lorna Love (Death at Love House, 1976), el simpático Spiderman (1977)[v]o la miniserie La maldición de los Dain (The Dain Curse, 1978), adaptación de la popular novela de Dashiel Hammett. Y, en última instancia, un reparto francamente sólido encabezado por Jason Miller, E.G. Marshall, Michael Tucker, Jessica Walter y el recordado Richard Lynch en uno de sus más queridas y logradas interpretaciones.

Vampire tipifica perfectamente los aspectos más reconocibles por los que se mueve la temática vampírica de la época. Presenta a Anton Voytek, un personaje seductor y atractivo (en la línea de las personificaciones de Langella o Jourdan) que provoca un efecto seductor en mujeres y hombres a los que somete implacablemente con sibilina maldad. Un tipo elegante y esquivo de modales depurados cuyas terribles acciones son puntualmente mostradas eludiendo los colmillos y determinados aspectos sobrenaturales que repercuten en otras caracterizaciones similares. Un tratamiento realista que se realza por su poderosa invisibilidad y la aparente inocencia de sus calculados ataques (responsabilizados por las fuerzas del orden a la acción de un psicópata). No obstante, las señales son palpables: la inmensa cruz con la que se abre la película deja un rastro carbonizado en el solar baldío donde se va a reconstruir una antigua iglesia. El reviniente surgirá de la misma tierra expulsado ante la amenazante y venidera presencia sacra. Un renacimiento con ligeras similitudes al que utilizará posteriormente John Carpenter en su excelente Vampiros (Vampires, 1998).

El libreto desarrolla los patrones habituales en este tipo de historias con un tono serio, compacto y adulto, incidiendo en el misterio y en un logrado suspense. La irrupción del Voytek en el San Francisco de finales de los setenta es debida a unas obras de remodelación en un área que sacan a la luz un oscuro asunto criminal con raíces en el pasado (una serie de extrañas muertes acaecida en la zona en los años cuarenta). Un policía retirado le sigue la pista y establecerá una alianza con el arquitecto encargado de la citada obra, cuyo enfrentamiento inicial con el vampiro le traerá consecuencias funestas. El film desarrolla inteligentemente sus ideas sin recurrir a innecesarios subrayados: la vida pretérita de Voytek desvelando un detalle inadvertido en una pintura de Delacroix en la casa de Rawlins que sirve para captar la atención de su esposa; el hallazgo del tesoro familiar (robado) del misterioso y acaudalado mecenas en el citado solar de curiosas resonancias góticas (una antigua mansión que le perteneció en el pasado derruida en un posible enfrentamiento con un ex policía reciclado en sacerdote que descubrió su auténtica naturaleza); la vampirización de Leslie resuelta a base de planos encadenados omitiendo su desenlace; la caída en desgracia de Rawlins al descubrir la realidad de los hechos que ha sufrido a consecuencia de oponerse a su némesis; la estimable secuencia del manicomio de ecos stokerianos donde Voytek intenta vampirizar y eliminar a Rawlins; lo mismo se puede indicar de la posterior búsqueda y acoso de nuestros cazavampiros en las diversas moradas del reviniente que vertebra el último tramo de la narración empleando la utilería propia en este tipo de acciones (cruces, estacas, agua bendita).

La realización de Swackhamer resulta acertada y vigorosa, siempre atenta en los encuadres elegidos y acorde a su adusta iluminación, la cual refuerza la  puesta en escena con las consabidas limitaciones que ofrece el medio. Una planificación tan constructiva como sugerente que emplea los detalles que genera el guion con un sentido visual creativo eludiendo molestas fugas anecdóticas o humorísticas que habrían sido irrelevantes. Su final abierto provoca a la larga la extensión de la amenaza añadiendo al film una inesperada inquietud nunca aplacada al no haber una continuación. Sin duda, un logro para un telefilme que mantiene cuatro décadas después toda su fuerza y encanto.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Jamie Gillis, Annette Haven, John Leslie, Serena, Kay Parker, John Holmes, Paul Thomas, Mike Ranger, Seka. La versión alternativa recibió el título de Lust at First Bite. La película tuvo una especie de continuación al año siguiente: Aberraciones sexuales del conde Drácula (Dracula Exotica, Shaun Costello, 1980), con Gillis repitiendo su rol.

[ii] Posteriormente remontada en dos telefilms: Dracula ‘79 y World of Dracula.

[iii] El título en castellano corresponde al de su edición videográfica. Según indica el compañero y especialista Pepe Torres, el telefilm no se emitió en España hasta el año 1995 con el título Vampiro.

[iv] Que sin embargo no ha permitido su reedición restaurada en formatos digitales.

[v] Piloto de la serie The Amazing Spider-man (1977-79). emitido por la CBS que tuvo estreno en salas en algunos países como el nuestro con el título de Spiderman: el hombre araña (The Amazing Spider-Man, E.W. Swackhamer, 1977). Hubo dos secuelas generadas de episodios dobles: Spiderman 2: El hombre araña en acción (Spider-Man Strikes Back,Ron Satlof, 1978) y Spiderman 3: El desafío del dragón (Spider-Man: The Dragon’s Challenge, Don McDougall, 1979).

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