Rasputín

 

Sinopsis: Comienzos del siglo XX, en la Rusia zarista. Un monje de origen campesino llamado Rasputín demuestra un misterioso poder sanador al salvar la vida de una mujer desahuciada por la medicina. Pronto, Rasputín usará su encanto y sus poderes para transformarse en un ser manipulador y violento. Cada vez más feroz, más sensual y más tortuoso, el monje de modales rudos se adentrará en la sofisticada clase alta de la sociedad rusa hasta tratar a la misma zarina.

 


Título original: Rasputin: The Mad Monk
Año: 1966 (Reino Unido)
Director: Don Sharp
Productor: Anthony Nelson Keys
Guionista: John Elder [Anthony Hinds]
Fotografía: Michael Reed
Música: Don Banks
Intérpretes: Christopher Lee (Grigori Rasputin), Barbara Shelley (Sonia), Richard Pasco (Dr. Boris Zargo), Francis Matthews (Ivan Kesnikoff), Suzan Farmer (Vanessa), Dinsdale Landen (Peter), Renée Asherson (zarina Alexandra), Derek Francis (posadero), Joss Ackland (obispo), Robert Duncan (zarévich Alexei), Alan Tilvern (patrón), John Welsh (abad), John Bailey (Dr. Zieglov), Mary Barclay, Michael Cadman (Michael), Helen Christie, Maxwell Craig, Marusa Elias, Lucy Fleming, Michael Godfrey, Fiona Hartford (Tania), Prudence Hyman, Eric Kent, Bryan Marshall, Bridget McConnell, Jay McGrath, Robert McLennan, Bartlett Mullins, Veronica Nicholson, Jim O’Brady, Mary Quinn (Ann, la esposa del posadero), Ernie Rice, Robert Rowland, Celia Ryder, Cyril Shaps, Les White, Brian Wilde, Maggie Wright, Jeremy Young (mensajero real)…

Sobre el papel, Rasputín (Rasputin: The Mad Monk, 1966) se antoja una anomalía dentro de la filmografía de la Hammer, donde no abundan, precisamente, las películas dedicadas a personajes históricos. En primera instancia, cabe conjeturar con la posibilidad de que la propuesta opte por decantarse por la vertiente terrorífica por la que es recordada la productora, aprovechando para ello el aura sobrenatural que ha acompañado tradicionalmente en el inconsciente colectivo a la figura del que fuera consejero de los Románov, como ocurre en otros films de la casa basados en hechos reales, caso de la previa The Mistery of Mary Celeste (1935) o de la posterior La condesa Drácula (Countess Dracula, 1971), traslación de las sangrientas andanzas de la condesa Bathory. Una sospecha que parece ser confirmada por la identidad de los principales implicados en el proyecto, ya sea su director, el australiano Don Sharp, su guionista, el también productor Anthony Hinds parapetado bajo su habitual seudónimo de John Elder, o su pareja protagonista, formada por Christopher Lee y Barbara Shelley, todos ellos asociados a los films de terror de la Casa del Martillo.

Sin embargo, a la hora de la verdad no es ni una cosa ni la otra. A pesar de que a grandes rasgos sea bastante fiel a la historia, a tal punto de incluir en sus diálogos varias frases atribuidas al verdadero Rasputín, como biografía deja que desear al adaptar, alterar y, en ocasiones, ficcionar de forma premeditada ciertos detalles y capítulos de la vida del místico ruso, mientras que la pertenencia al género fantástico de la propuesta nunca llega a concretarse. Por ejemplo, aunque la primera aparición de Rasputín se produce justo cuando un hombre comienza a rezar por la cura de su desahuciada esposa, haciendo que su llegada al lugar pueda ser interpretada como una respuesta divina a las plegarias, o que, poco después, uno de sus superiores religiosos manifieste que su don para la sanación puede que no sea cosa de Dios, sino del diablo, estas insinuaciones no van en ningún momento más allá, dejando al albur del espectador si los extraordinarios poderes del protagonista responden a causas naturales o no.

El porqué de este tratamiento que bascula con calculada ambigüedad entre los dos enfoques convocados está directamente relacionado con los condicionantes que rodearon a la gestación del film. Ante el temor de que su recreación de los sucesos históricos pudiera acabar en costosísimas demandas para la Hammer, tal y como había ocurrido años antes con Rasputín y la zarina (Rasputin and the Empress, 1932), producción de la Metro que tuvo que indemnizar con una fuerte suma a uno de los participantes en el asesinato del monje, el príncipe Yusúpov, al considerar este que varios pasajes de la película no se ajustaban a la realidad de lo sucedido, Hinds reescribió el guion inicialmente previsto, “eliminando el caparazón real y biográfico, y puliéndolo con un tratamiento que dejara claro que el largometraje era un encadenado de secuencias de ficción”[1], en palabras de Juan Manuel Corral. Por otra parte, para dar forma al libreto, el alter ego de John Elder tomó como base el de un proyecto anterior de la productora sobre idéntico personaje llamado “The Sins of the Rasputin”, de orientación abiertamente fantástica. No obstante, Christopher Lee, encargado de dar vida a Rasputín, manifestó desde un primer momento su negativa a que el futuro film adoptara semejante óptica.

En contraste con su oposición, la elección para el rol principal de un Lee que, dicho sea de paso, realiza una de las mejores performances de su carrera, basada en el poder de su mirada y la gesticulación con las manos, no por casualidad los principales atributos de su personaje, potencia las reminiscencias fantastiques ya de por sí presentes en el conjunto. Tanto es así que no es descabellado ver en su Rasputín una suerte de sosías del Drácula que le diera fama, y no solo por compartir un atuendo (en ocasiones) enlutado. A la análoga identidad de su intérprete, hay que añadirle, además, las semejanzas existentes entre ciertas características de uno y otro. Al igual que la más célebre creación de Bram Stoker, también Rasputín vampiriza a sus víctimas gracias a su magnetismo, adueñándose de su voluntad por medio de la hipnosis y creando con estos un vínculo de sumisión y dependencia. Pero la cosa no queda aquí y las sincronías alcanzan hasta a la forma de acabar con el villano. Como si fuera indestructible, los asesinos del monje lo envenenarán primero con bombones para paralizarlo, igual que se haría mediante el símbolo de la cruz si fuera un vampiro, para después clavarle una jeringuilla en el cuello como si de una estaca se tratara[2].

Tras esto, los verdugos lo arrojarán por la ventana de la estancia en la que se encuentra, yendo su cuerpo a caer sobre el helado suelo de las inmediaciones del castillo, en una estampa que retrotrae a la memoria la muerte del propio Lee en Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula, Prince of Darkness, 1966). Nada raro, por otra parte, teniendo en cuenta que las dos películas fueron realizadas dentro del mismo plan de rodaje con el fin de abaratar costes, motivo por el que ambas comparten reparto, escenarios y buena parte del equipo técnico. Resulta bastante significativo a este respecto que el punto de inflexión de los dos relatos se encuentre en la dominación por parte del villano de la historia del papel encarnado por Barbara Shelley, aquí en una escena donde la mujer, de nombre Sonia, es víctima de mil y una humillaciones.

Siguiendo el modelo del film de Fisher, Sonia solo será un paso intermedio para los verdaderos objetivos del personaje de Lee, siendo el someti- miento de esta el medio que permita inocular al entorno social de la mujer el mal que él representa, en este caso propiciándole su entrada en la corte, ya que ella es una de las dama de compañía del zarévich. Pero aunque el acto despertará la libido de la vampirizada despojándola de las constricciones morales imperantes, al menos en la intimidad, al contrario que en Drácula, príncipe de las tinieblas esta transformación no estará acompañada de una promiscuidad, sino que agudizará la supeditación emocional de la mujer con respecto a su captor, como ejemplifica la escena de celos que le monta cuando le descubra en compañía de otra y que funciona como contrapunto a la comentada secuencia de su sometimiento, permitiendo ambos momentos demostrar a Barbara Shelley todo su potencial interpretativo.

Junto a lo ya dicho, en la película subyace también cierto retrato del clasismo de la Rusia zarista que no tardaría mucho en propiciar la Revolución de 1917 que instaurara el régimen comunista en el país. Véase el momento en que Sonia acude a preguntar por el paradero del protagonista a la taberna en el que le ha conocido la anterior noche. Al oír la voz de la mujer de espaldas, el dueño del ahora cerrado local la reciba con cajas destempladas, actitud que variará radicalmente una vez se gire y se percate de que se trata de un miembro de la nobleza. Con todo, resulta mucho más ilustrativa la siguiente escena. Sonia localiza a Rasputín en la casa del doctor Zargo, también presente. Pues bien, tras una pequeña discusión, el místico abofetea a la visita y conmina a su anfitrión a que salga a comprar comida. “Ella nos cocinará”, le dirá con aires de superioridad, a lo que esta le responde: “¿Me tomas por una campesina?” “No, no eres una campesina”, le replica el místico no sin cierto desprecio, dejando entrever que en sus actos anida también una venganza de clase.

En este sentido, no puede pasarse por alto la escena de la pelea entre Rasputín y Sonia que acabará con la inducción al suicidio de esta. En ella, significativamente, el monje luce una vistosa blusa roja, algo que en un primer momento puede interpretarse como un simbolismo de la maldad del hombre dada la habitual asociación de este color con lo satánico, tal y como sugiere Sonia durante la discusión al decirle que parece el diablo. Sin embargo, a tenor de lo expuesto, no hay que descartar que de este modo se pretendiera representar al personaje como una alegoría del comunismo que poco tiempo después acabaría con la nobleza rusa ejecutando a muchos de sus miembros, por más equivocada que sea esta interpretación históricamente hablando, dado que los excesos en todos los sentidos cometidos por el monje fueron uno de los principales acicates que alimentaron el descontento popular que precipitó la caída de los Romanov.

Por lo demás, en términos cualitativos Rasputín pone de relieve el alto nivel medio alcanzado por la Hammer durante sus años de esplendor. Aparte del trabajo de su elenco interpretativo, entre sus atributos se encuentran el atractivo look visual que le otorga la espectacular fotografía en formato cinemascope de Michael Reed en conjunción con un vistoso diseño de producción muy por encima del exiguo presupuesto con el que contó la película, el cual, según parece, acabó menguando de la cantidad inicialmente prevista a causa de las necesidades de su compañera de rodaje. Mención aparte merece la inspirada dirección de Don Sharp en el que posiblemente sea su mejor trabajo junto a la también hammeriana The Kiss of the Vampire [tv/dvd/bd: El beso del vampiro, 1963]. Sirva como muestra una de las soluciones visuales que plantea a lo largo del film. Tras ser sometida, Sonia se tumba desnuda cubriéndose pudorosamente con una manta. Sin cambiar de plano, encuadrado frontalmente, Rasputín entonces se acerca desde el fondo de la habitación y comienza a desarroparla con lentitud en un primer momento. Sin embargo, cuando parece que vamos a ver a Barbara Shelley como Dios la trajo al mundo, Lee en un rápido movimiento levanta la manta y la arroja hacia el objetivo de la cámara, provocando así un fundido a negro a modo de elipsis del encuentro sexual.

José Luis Salvador Estébenez


[1] Corral, Juan Manuel: Hammer films: El sabor del miedo (Editorial Líneas Paralelas, Madrid, 2015), pág. 260

[2] Lo cierto es que, pese a su aparatosidad, lo reflejado en pantalla se asemeja a las circunstancias en que fue asesinado el verdadero Rasputín, el cual primero fue envenenado con pasteles y, al ver que la pócima no hacía su efecto ―el azúcar anuló el poder del veneno―, fue disparado varias veces. Como el hombre seguía sin morir, sus verdugos lo arrojaron encadenado al rio Nevá tras golpearle en la cabeza, donde murió finalmente ahogado.

Un comentario en “Rasputín

  1. Con esta reseña concluimos el dossier sobre Barbara Shelley que he venido desarrollando los últimos viernes y que espero haya sido de vuestro interés.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s