Hobo with a Shotgun [tv: Hobo with a Shotgun]

 

Sinopsis: Un viejo sintecho llega a una ciudad donde reina el caos, la corrupción y el crimen sin que nadie haga nada por evitarlo. Incluso la policía está comprada por un rico empresario que, junto con sus dos hijos, compiten por ser los más crueles del lugar. Aunque al principio el mendigo pretende ignorar la situación, cuando al fin consigue algo de dinero para ver cumplido su sueño de comprar una cortadora de césped, la irrupción de unos atracadores en una tienda de empeños que amenazan a una madre y a su bebé le hará comprender que es hora de tomar cartas en el asunto. En lugar de su anhelada máquina para el jardín comprará una escopeta con el fin de imponer el orden.

 


Título original: Hobo with a Shotgun
Año: 2011 (Canadá)
Director: Jason Eisener
Productores: Rob Cotterill, Niv Fichman, Frank Siracusa
Guionista: John Davies
Fotografía: Karim Hussain
Música: Adam Burke, Darius Holbert, Russ Howard III
Intérpretes: Rutger Hauer (mendigo), Molly Dunsworth (Abby), Brian Downey (Drake), Robb Wells (Logan), Gregory Smith (Slick), Nick Bateman (Ivan/Rick), Drew O’Hara (Otis), Jeremy Akerman (jefe de policía), Agnes M. Laan (prostituta)…

Cuando en 2007 el canadiense Jason Eisener leyó en Ain’tItCool News[1] un anuncio donde Robert Rodriguez organizaba junto al SXSW Film Festival un concurso de fake trailers[2] de dos minutos de duración para acompañar la proyección nacional del programa doble de Grindhouse[3], no se lo pensó dos veces y con una brevísima filmografía a sus espaldas se animó a probar suerte. Si Planet Terror (Planet Terror, 2007) de Rodriguez era un homenaje a las películas de muertos vivientes –con cierto aire al spaghetti-zombie con Lucio Fulci a la cabeza-, y Deathproof (Deathproof, 2007) de Quentin Tarantino rendía por su parte tributo a los slashers -pasado por el tamiz de las car movies– y al cine de Russ Meyer, la idea del tráiler de Eisener -que sólo costó 150 dólares, la mayoría invertidos en tabaco y pizzas para su actor principal- centraba sus miras en las películas de justicieros urbanos que tan de moda se pusieran en los setenta y ochenta gracias a las exitosas sagas comenzadas con Harry el Sucio (Dirty Harry, 1972), de Don Siegel, o El justiciero de la ciudad (Death Wish, 1974), de Michael Winner. Pero en esta ocasión, el vigilante en cuestión era un sintecho armado con una Remington 870.

Ganador del concurso, su fake trailer llegó a ser incluido en el estreno canadiense de Grindhouse, y consiguió un masivo seguimiento por internet, llegando a estar en el top-ten más visitado de YouTube en su país. Lo que Eisener y sus compañeros no se podían imaginar era que una productora como Magnolia/Magnet les propusiera, como hiciera antes con Robert Rodriguez y su Machete (Machete, 2010), convertir el falso tráiler en un verdadero largo, otorgando total libertad a sus creadores; es decir, al director Jason Eisener, al guionista John Davies y al productor Rob Cotterill, a quienes se uniría otro gran amante y habitual del cine de terror, el director de fotografía Karim Hussain.

Mientras Davis desarrollaba el libreto, el equipo rodó su autofinanciado y aclamado cortometraje Treevenge (2008) –sí, el del árbol de navidad asesino-. Precisamente, una de las actrices de dicho corto, Molly Dunsworth, encarnaría uno de los principales personajes de Hobo with a Shotgun, el de la joven prostituta Abby. Para interpretar al malvado Drake, el sádico empresario que impone su voluntad en la comunidad, el director pensó en el wrestler Jake “the Snake” Roberts, aunque finalmente el papel recaería en el no tan conocido Brian Downey. El mítico luchador, que sacaba una enorme serpiente de un saco para colocar sobre su oponente vencido, ya había hecho sus pinitos en la serie B en una secuela de la saga Trancers de la Full Moon, y volvería a intervenir en producciones de serie Z junto a habituales del cine de muy bajo presupuesto como Joe Stevez, Dustin Diamond o Robert Z’Dar. Por aquel entonces “el Serpiente” no estaba pasando un buen momento debido a los enormes problemas derivados de sus adicciones al alcohol y las drogas[4], como se puede ver en el recomendable documental The Resurrection of Jake the Snake (2015), de Steve Yu. Tanto es así que se ha comentado en más de una ocasión los paralelismos entre su vida y el ficticio Randy “the Ram” Robinson, al que diera vida Mickey Rourke en la premiada El luchador (The Wrestler, 2008) de Darren Aronofsky.

David Brunt, quien interpretara al indigente en el tráiler, no se vio capaz de llevar todo el peso de un largometraje sobre sus hombros, y aunque el realizador pensó para dicho papel en un muy apropiado -además de canadiense- Stephen McHattie, la productora le pidió a aquél y a Davis que redactaran un listado con los actores que ellos quisieran para dicho rol. Encabezando la lista se encontraba uno de sus ídolos de siempre, Rutger Hauer, con la mera intención de que la compañía se hiciera una idea del tipo de intérprete que querían, pero para su sorpresa el holandés mostró interés en el proyecto por suerte para todos. Éste sólo puso una condición: charlar con el director para conocerlo, ya que era un realizador novel que se enfrentaba a su primer largo. La entrevista se hizo vía Skype desde el sótano de Cotterill, puesto que Hauer se encontraba en Sudáfrica rodando otra película. Sólo dos días después de haber escrito su nombre en un papel, Eisener se encontraba hablando con él, mientras el productor y el director de fotografía escuchaban desde la escalera cómo el holandés aceptaba encabezar el reparto. Blunt, por su parte, pasaría todo el rodaje al lado de Hauer asesorándole sobre el personaje, y además se le puede ver como uno de los policías corruptos de la localidad.

Rutger Hauer era bien conocido en su Holanda natal cuando, gracias a sus participaciones en títulos de Paul Verhoeven, dio el salto a Hollywood. En sus primeros tiempos en la meca del cine, por aquello de ser europeo, le dieron sobre todo roles de villano, los cuales hizo míticos; como Wulfgar, el cruel terrorista al que persigue Stallone en Halcones de la noche (Nighthawks, 1981), de Bruce Malmuth, el replicante Roy Batty de Blade Runner (Blade Runner, 1982), de Ridley Scott, o el autoestopista John Ryder, la misma esencia del mal, en Carretera al infierno (The Hitcher, 1986), de Robert Harmon. En Hobo with a Shotgun borda un memorable pordiosero tan entrañable como letal, por el que es imposible no sentir empatía. En sus últimos años el actor intervino en producciones más o menos ambiciosas, tanto en el viejo como en el nuevo mundo, generalmente con papeles muy secundarios o meros cameos, como esa brevísima participación en Valerian y la ciudad de los mil planetas (Valerian and the City of a Thousand Planets, 2017) de Luc Besson, quien veinte años antes en su anterior epopeya de ciencia ficción de bande dessinée, El quinto elemento (The Fifth Element, 1997), ya le había dado un personaje secundario a Brion James, otro de los replicantes del mencionado film de Scott.

Hussain se entendió a las mil maravillas con los creadores del tráiler, cuyas instrucciones fueron de lo más básicas: querían un cruce entre Street Trash [tv/vd/dvd/bd: Street Trash. Violencia en Manhattan, 1987], de Jim Muro, y Suspiria (Suspiria, 1977), de Dario Argento. El resultado fue una fotografía saturada, con unos exagerados e irreales colores chillones que brindan al producto una estética de cómic que le sienta como un guante. Ya que la cinta podríamos definirla como una mezcla entre el primer Peter Jackson -hay algo de Mal gusto (Bad Taste, 1987), pero sobre todo de Braindead. Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992), como el uso que hacen de la cortadora de césped[5]– y las desvergonzadas y alocadas producciones Troma de los ochenta -esa violencia hiperbólica y sus villanos esperpénticos y desquiciados que diríanse sacados de un espídico cartoon de Tex Avery o Chuck Jones-, aunque con mejor factura y solidez narrativa que la mayoría de las películas surgidas de la factoría y cabeza de Lloyd Kauffman. Un espíritu y una estética también buscados con una banda sonora a base de sintetizadores, unos FX tradicionales y una dirección artística que se fija en constantes de la cultura pop de la época, recreando aquellos años ochenta en los que excesivos y descerebrados jóvenes punks -que tan pocas veces se parecían a los que poblaban las calles de cualquier ciudad- resultaron villanos perfectos para multitud de películas y videojuegos arcade. Eisener realiza además una analogía sobre las similitudes entre los filmes exploit y los videojuegos de aquellos años -en cuya progresión mandaba la máxima del “más es más”- cuando muestra en los recreativos donde pasan el rato los adolescentes un juego con los mismos villanos a los que recurre en la última parte del film el malvado empresario para que traten de acabar con el extranjero. Unos tipos denominados “la Plaga”, ataviados con armaduras, que viven en una especie de fortaleza y tienen encerrado a un pulpo gigante. Ciertamente, la verosimilitud no era algo pretendido por sus responsables.

Al igual que en tantas y tantas películas de la Troma y/o de otras productoras similares dedicadas al cine de explotación, Eisener y compañía denuncian en Hobo with a Shotgun la violencia -que el corrupto Drake y los suyos ejercen sobre los ciudadanos- a la par que se regodean en ella. De hecho, parte del equipo veía la película demasiado agresiva y sangrienta, pero el director no dio su brazo a torcer, y les ponía como ejemplo lo bien que había funcionado ese humor agresivo y salpicado de hemoglobina en los distintos pases de Treevenge. La cinta que nos ocupa es gamberra, divertida, trepidante, brutal y tremendamente gore, pero también puede resultar en ocasiones emotiva: así, el vagabundo se ve como un protector de la joven prostituta Abby, convirtiéndose en un héroe del pueblo y por último en mártir en el abrupto final. El anciano resulta ser como el oso de la fábula que él mismo cuenta a la chica, que al probar la sangre ya no puede parar.

El cortacésped que el viejo quiere comprar -aunque finalmente se decante por la significativa escopeta del título- funciona como algo más que un mero mcguffin. Representa para él un modo de cambiar de vida, de progresar, de salir de su pobreza, pues pretende dedicarse profesionalmente a arreglar el jardín de todo aquel que requiera sus servicios. Llama la atención el anuncio televisivo donde ve el producto que le da la idea, un spot en blanco y negro -que contrasta fuertemente con la fotografía colorista de la película- al estilo de los conservadores años cincuenta, en los que la familia estadounidense feliz y -supuestamente-perfecta contaba con todas las comodidades del hogar, y los electrodomésticos se convirtieron en un símbolo de prosperidad, con todas las connotaciones machistas que se quieran. No obstante, nuestro hombre es un desheredado, y no puede permitirse comprar su anhelada máquina en un establecimiento ad hoc, sino en una tienda de empeños. El sueño americano no está al alcance de todos.

La cinta arranca con el desharrapado protagonista llegando en tren a la ciudad[6], el mismo comienzo de, por ejemplo, Están vivos (They Live, 1988), con otro vagabundo, John Nada –al que da vida el también wrestler Roddy Piper- bajando del ferrocarril. Es decir, el punto de partida de tantos viejos westerns, por cierto el género padre de las películas de justicieros. Hobo with a Shotgun, como muchas otras cintas de vigilantes, no deja de ser un western urbano[7], con el rico empresario -sosias moderno del terrateniente- que tiene a una pequeña ciudad bajo su yugo y a las fuerzas de la ley compradas. Por otro lado, el citado comienzo nos remite a un título imprescindible del cine de los setenta, El emperador del norte (Emperor of the North Pole, 1973), de Robert Aldrich, con ese tren lleno de mendigos que funciona como microcosmos, diríamos steinbeckiano, de los Estados Unidos de la Gran Depresión -y por ende del país en crisis de su década-.

De la misma forma que hicieran con el díptico Grindhouse de Rodriguez y Tarantino y otras producciones que surgieron bajo la sombra de aquél, no sólo la película de Eisener estaba rodada emulando las cintas de explotación de décadas pasadas. De igual modo, la carátula de Hobo with a Shotgun se diseñó con un estilo vintage, avejentada y con pliegues; así como el trabajo de titulación, que recuerda fuertemente los de finales de los setenta y comienzos de la década siguiente.

El estreno en Estados Unidos del film que aquí tratamos fue muy discreto, proyectándose en muy pocas salas, pero en su paso por festivales de distintos países -incluido el nuestro, entre otros en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián 2011 y el Festival de Cine Fantástico de la Universidad de Málaga 2011- siempre obtuvo una muy buena acogida, haciéndose con el favor del público y convirtiéndose desde muy pronto en una película de culto. Pero mientras en los USA cuentan con ediciones en Blu-ray y doble DVD cargaditos de extras, por estos lares se mantiene aún inédita en formato doméstico -sólo se pudo ver por el canal Movistar Acción-, y ello a pesar de tener ese humor gamberro y descarado que también encontramos en la mucho más conocida y aclamada Turbo Kid (Turbo Kid, 2015) de Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell[8], con la que aquélla guarda algunos puntos en común y en la cual, no casualmente, Eisener ejerció de productor.

Alfonso & Miguel Romero


[1] Ain’tItCool News -también conocido por su acrónimo AICN- es un sitio web fundado en 1996 por el estadounidense Harry Knowles que ofrece noticias y rumores sobre películas y proyectos de televisión, con énfasis en los géneros de ciencia ficción, fantasía, horror, acción y cómics -información extraída de la Wikipedia-.

[2] Tráileres falsos de películas que no existen.

[3] Tras el tibio recibimiento en Estados Unidos del double feature de Tarantino y Rodriguez, en la mayoría de países -como el caso de España, sin ir más lejos- ambos filmes se estrenaron por separado, y sólo se conservó el fake trailer de Machete, que aparecía antes del film del director chicano. Los otros tres –a saber: Werewolf Women of the SS de Rob Zombie, Thanksgiving de Eli Roth, y Don’t de Edgar Wright- que se proyectaban entre una película y otra se perdieron, y ni siquiera se rescataron para los extras de las ediciones en DVD o Blu-ray.

[4] Sobre las leyendas negras que ensombrecen la lucha libre Eisener rodó Dark Side of the Ring (2019-), serie documental de diecisiete episodios presentada por la estrella de la WWE Chris Jericho, y en la que participaron, entre muchos otros, Mick Foley, Chavo Guerrero Jr. o el propio Jake Roberts. A través de entrevistas y recreaciones se habló de conocidos casos como el suicidio del canadiense Chris Benoit después de asesinar a su familia, o el óbito de Eddie Guerrero tras una vida marcada por los excesos.

[5] La cortadora de césped como máquina mortal había hecho estragos en otros títulos del cine exploitation, caso de Frankenhooker [tv/dvd: Frankenputa. Vicios diabólicos, 1990], de Frank Hennenlotter. Pero igualmente ha servido para producciones de gran presupuesto; véase el uso que hace de ella Madre Rusia (Olga Kurkulina) en Kick-Ass 2: Con un par (Kick Ass 2, 2013), dirigida por Jeff Wadlow según el cómic de Mark Millar y John Romita Jr.

[6] Escena que se filmó el último día del rodaje. Al terminarla, su realizador exclamó: “¡Tenemos una película de Rutger Hauer!”.

[7] Tomemos por ejemplo Out on Bail [tv/vd: El exterminador 4, 1990], vehículo para Robert Ginty dirigido Gordon Hessler, que toma como modelo a imitar el clásico del western Raíces profundas (Shane, 1953), de George Stevens.

[8] Quienes volverían a mostrar pleitesía al cine de género de los ochenta con Verano del 84 (Summer of 84, 2018), aunque de un modo más oscuro y menos complaciente al que estamos acostumbrados en estos últimos años de revival ochentero.

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