Starsky y Hutch: El vampiro

 

Sinopsis: Starsky y Hutch investigan el asesinato de una mujer en plena calle cuyo cadáver aparece con extrañas heridas en el cuello. El caso tiene similitudes con otra muerte sin resolver acaecida un mes antes. Las pistas parecen indicar a que el asesino se apropió de sangre de las víctimas.

 


Título original: Starsky And Hutch: The Vampire
Año: 1976 (Estados Unidos)
Director: Bob Kelljan
Productores: Joseph T. Naar, Aaron Spelling, Leonard Goldberg
Guionistas:Michael Grais, Mark Victor
Fotografía: Travers Hill
Música: Tom Scott
Intérpretes: David Soul (Ken ‘Hutch’ Hutchinson) , Paul Michael Glaser (Dave Starsky), Antonio Fargas (Huggy Bear), Bernie Hamilton (capitán Harold Dobey), John Saxon (Rene Nadasy), Slade (G.W. Bailey) , Phil Leeds (Guybo), Suzanne Somers (Linda Offenbecker), Colleen Camp (Bobette), Lindsay Bloom (Jane), Paula Sills (Suzette Clark), Frank Corsentino (Supergnat)…

Emitido originalmente el 30 de Octubre de 1976, este episodio de la popular serie de televisión Starsky y Hutch (Starsky and Hutch, 1975-1979) supone una autentica curiosidad. Entra dentro de la tradición catódica norteamericana de los especiales emitidos en Halloween nutrida por centenares de ejemplos independientemente del género a tratar: comedia, drama, ciencia ficción, terror, misterio, intriga o animación. Hay para todos los gustos, aunque, lógicamente, abundan en aquellos espacios dirigidos al público infantil y juvenil. Casi podríamos indicar que integran un auténtico subgénero con entidad propia en paralelo a los enfocados en las fechas navideñas. Digno de un trabajo de tesis dado el alcance y popularidad que con el tiempo han ido alcanzando.

El vampiro fue el único capítulo de estas características de la serie creada por William Blinn, quintaesencia del policiaco setentero y bien recordada por los teleadictos de la época. Durante cuatro años la simpática pareja formada por David Soul y Paul Michael Glaser, siempre respaldada por una curtida galería de secundarios, se enfrentó a todo tipo de casos violentos con su lograda mezcla de humor, acción, mucho estilo y guiños aparte de las bromas siempre celebradas por los espectadores que no tuvieron problemas de surtirse con zamarras de lana, chaquetas deportivas, moda vaquera o tunear el coche propio de rojo y franjas blancas en los laterales (lo de conseguir el Ford GranTorino estaba más complicado) para imitar a sus ídolos. Aunque no inventaron la buddy movie, sus responsables lograron expandirla hasta límites insospechados, logrando convertirse en referente para títulos similares en pantalla grande y pequeña. Basta ver su magnífico episodio piloto a cargo de Barry Shear para ver las virtudes que comentamos, aparte de las evidentes conexiones que se pueden trazar con el vibrante género policiaco de la época. Además, traspasaron las barreras raciales gracias al inimitable personaje de Huggy Bear (un genial Antonio Fargas), estrafalario confidente dedicado a todo tipo de menesteres cuyas apariciones hacían subir la atención del serial.

El episodio The Vampire pertenece a su segunda temporada y cuenta con aspectos llamativos que le han convertido en pieza recordada no solo por los seguidores de la serie. La estructura es similar al resto de capítulos de la misma: una presentación del acto criminal (para no desviar mucho la atención de los espectadores, el sospechoso suele ser mostrado), la aparición del dúo justiciero en actividades lúdicas, el  inicio de la investigación marcada previa charla con el capitán Dobey,  aparición de algún secundario de lujo, el imprescindible numerito a cargo de Huggy Bear, sendas idas y venidas con persecución motorizada (hay que lucir el coche), alguna escena en la comisaria para mostrar el entorno laboral poblado de anónimos compañeros, situaciones florero en localizaciones chic, alguna metedura de pata del delincuente buscado o de sus compinches o de la pareja de turno si la hay, un combate final bastante movido donde los protagonistas se lucen atrapando a los malhechores, y un epilogo cómico donde todo vuelve a la normalidad entre chicas y bebida para terminar con una sonrisa.

En esta extraña ocasión  la aparición de la luna llena anticipa la presentación del exótico villano encarnado por John Saxon (mas tarde averiguaremos que se llama  René Nadasy, de pasado danzarín) recitando un misterioso juramento en una habitación iluminada por velas.  Esta lúgubre morada está presidida por un retrato femenino que aporta un inesperado toque gótico reforzado por los colmillos que porta Saxon y que le asemejan a una criatura de la noche. A continuación, en plena noche tormentosa, ataca y asesina a una joven rubia de buen ver como si de un reviniente encapado se tratara. La parafernalia tenebrista se muestra acertadamente. El acto violento pilla a nuestra pareja protagonista de día libre en un local nocturno regentado temporalmente por Huggy Bear[i]  a punto de ligar con un par de chicas (Colleen Camp y Lindsay Bloom, dos actrices habituales de la pequeña pantalla). Un gag curioso: Hutch se fija en ellas directamente y Starsky las ve en el espejo; humor ante todo. Ese contraste de situaciones va a definir el desarrollo del capítulo. Las pesquisas les llevan a averiguar que la víctima era bailarina de un local poco frecuentable llamado “La cueva de Slade” (donde aparecen más rostros conocidos como G.W. Bailey  y Suzanne Somers) y que tomaba clases de danza en una academia regentada por el citado Rene Nadasy, recientemente enviudado y quien se ayuda de un bastón para hacer más llevadera su cojera. Los sospechosos saltan al redil manteniendo siempre las distancias.

Mostrar un vampiro real en una serie policiaca más o menos realista no es precisamente la mejor de las ideas. Se había hecho con anterioridad en títulos como Kolchak (Kolchak, 1974), pero allí no sorprendía tanto dado que los fenómenos extraños abundaban y crecían de manera periódica. En contraste, la fauna habitual con que se topaba nuestra pareja canalla de detectives eran asesinos, ladrones, traficantes, chulos, estafadores, violadores, mafiosos y facinerosos reconocibles del lumpen urbano. Por lo tanto, a los guionistas Michael Grais y Mark Victor[ii] no les quedó más remedio que mantener el patrón tradicional vertebrando todo el capítulo desde la ironía respecto a la presencia real de un chupasangre, sin olvidar algún detalle significativo como la vinculación del vampirismo con los cultos satánicos o la aparición de un vidente para ampliar las bromas sobre el aspecto esotérico del caso. Curiosamente, la mezcla funciona especialmente porque nunca llegamos a conocer el motivo real de los ataques de Nadasy, ni tampoco a que se debe su personificación vampírica ni, mucho menos, la verdadera naturaleza del rito de devoción a su desaparecida esposa que le impulsa a matar y a morder a las victimas una vez muertas para ¿succionar la sangre?

Las dudas sobre el vampiro permiten desarrollar variados matices en los protagonistas acordes con su personalidad: el acomplejado Starsky cree algo de la naturaleza vampírica del asesino investigando en libros de la temática, portando dientes de ajo en el cuello y desarrollando teorías ufanas. Hutch, siempre altivo, ironiza con tal idea y se chotea de la actitud de su compañero. El que mejor rentabiliza la situación es Huggy Bear, quien, ante la ineficacia de las fuerzas del orden, presenta en una impagable escena un kit antivampiros al módico precio de siete con cincuenta dólares. Por otro lado, los contados asaltos del asesino son mostrados con acertada inquietud y esmerada pulcritud, consiguiendo un resultado plenamente satisfactorio consumado en una curiosa secuencia final entre bastidores de un teatro donde finalizará abruptamente el baile del vampiro.

Parte del mérito de este capítulo recae en la labor del director Bob Kelljan. creador del díptico sobre el conde Yorga y realizador de la secuela de Blacula donde coincidió con el productor Joseph T. Naar. Si se escribió este episodio pensando en él o a sugerencia suya es un dato que desconocemos pero que nos permite especular. Kelljan fue responsable de ocho capítulos durante la andadura de Starsky y Hutch, algunos francamente interesantes como Pariah o el episodio doble The Plague. Sin embargo, es The Vampire su contribución más recordada, cuyos modestos logros se adecuan perfectamente a tal reconocimiento.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Su primo ha tenido problemas con hacienda y ha huido a Venezuela dejando el rentable negocio en “buenas manos”…

[ii] Entre sus guiones se encuentran películas como Caza salvaje (Death Hunt, Peter Hunt, 1981), Poltergeist (Poltergeist, Tobe Hooper [y Steven Spielberg], 1982), Poltergeist II (Poltergeist II, Brian Gibson, 1985), Señalado por la muerte (Marked for Death, Dwight H. Little, 1990) y Cool World (Cool World, Ralph Bakshi, 1992). Como productores caben destacar Gran bola de fuego (Great Balls of Fire, Jim McBride, 1989) y Sonámbulos (Sleepwalkers, Mick Garris, 1982).

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