Una di troppo [vd: Psicosis criminal]

 

Sinopsis: Andrea, una elegante y sofisticada treintañera residente en Zurich, acaba de heredar una villa en Orvieto, una ciudad italiana de provincias. Con el objetivo de visitar y evaluar la propiedad, viaja hasta la localidad tras citarse con Sergio, el notario encargado de supervisar la transmisión. Por una inadvertencia, ambos quedan encerrados en el interior de la mansión, y tras el estupor y malestar inicial no les queda más remedio que aceptar la situación mientras esperan que alguien les ayude a salir de allí. Con el transcurrir de las horas comienzan a relajarse, bajando la guardia y abandonándose a confidencias mientras la tensión sexual entre ambos va acrecentándose…

 


Título original: Una di troppo
Año: 1982 (Italia)
Director: Pino Tosini
Productora: Neco Cinematografica
Guionistas: Leros Pittoni, Pino Tosini
Fotografía: Giancarlo Ferrando
Música: Gianni Marchetti
Intérpretes: Dalila di Lazzaro (Andrea), John Saxon (Sergio),Clarita Gatto (Milena), Valerio Isidori (taxista), Angela Minopoli, Martino Satriano, Cristina Cavestri…

El cine erótico all’italiana se fue convirtiendo a lo largo de los años en un auténtico género, sub-género e, incluso, podría decirse en un cajón de sastre en el que había cabida a cualquier película que aborde, acaricie o se sumerja de lleno en el terreno del erotismo. Así se  incluyen en él desde la obra de erotómanos declarados como Tinto Brass y Joe D’Amato, a intelectuales como Pier Paolo Pasolini y Brunello Rondi, pasando por las propuestas de francotiradores como Renato Polselli o Alberto Cavallone que utilizaban el sexo como vehículo de su inquieta psique, además de todo tipo de productos que, al hilo de las modas y la permisividad de la época, plasmaban el sexo en celuloide con voluntad más o menos explícita. Dentro de este contexto resulta interesante analizar una obra como Una di troppo [vd: Psicosis criminal, 1982], dirigida por Pino Tosini, un director discreto y misterioso que merece una reevaluación de su corta pero interesante filmografía.

No sé hasta qué punto podría incluirse esta película suya dentro de la mencionada etiqueta, ya que, a fin de cuentas, se trata de un drama claustrofóbico en el que el elemento erótico es en gran medida latente y sugestivo. De hecho, tan solo cuenta con una escena relativamente caldeada hacia el final de metraje, pero quizá por este motivo se constituye en una obra interesante al tratar abiertamente el tema de la tensión sexual entre dos personajes sin abandonarse a una sucesión de escenas de sexo y de desnudos, como sería el caso de tantos y tantos productos de la época. Es por ello una variante curiosa que trabaja a fuego lento, alimentando el deseo, el morbo y la pasión a través de fantasías sexuales, con la transgresión como motor erótico y la diferencia de clases y universos como atracción polarizante.

Basada en un relato de Leros Pittoni, La zona d’ombra,  la película muestra una clara influencia del por aquel entonces todavía reciente Último tango en Paris (Ultimo tango a Parigi/Le dernier Tango à Paris, 1972) de Bernardo Bertolucci, con el que comparte muchas similitudes en su planteamiento: dos personajes, un hombre y una mujer, a priori totalmente inconexos, que por determinadas circunstancias se encuentran abocados a una convivencia  momentánea en un lugar totalmente aislado del mundo exterior, donde irán dejándose arrastrar por una apasionada relación sexual y emocional. Huelga decir que la película de Tosini se mantiene a años luz de la emblemática obra de Bertolucci, pero no obstante alberga ciertos puntos de interés.

En una obra de estas características es imperativo contar con dos intérpretes de peso; actores que por su carisma y talento sean capaces de modular el desarrollo y los matices de sus personajes de manera brillante e inusual, afín de mantener el interés del espectador a lo largo del metraje. Pensemos en Marcello Mastroianni y Sophia Loren en Una jornada particular (Una giornata particolare, 1977) o Sergi López y Nathalie Baye en Una relación privada (Une liaison pornographique, 1999), dos óptimos ejemplos de películas con el mismo planteamiento: el encuentro decisivo entre dos seres aislados del resto del mundo. Aún sin ser un desastre completo, no queda más remedio que constatar que la elección de los actores protagonistas es uno de los puntos débiles de esta Psicosis criminal.

Dalila di Lazzaro es una mujer espectacular cuya belleza estaba en su apogeo durante el rodaje de la cinta de Tosini. De entrada cumple a la perfección la silueta de esta treintañera snob y altiva, demasiado ocupada con su ajetreada vida social para dejarse llevar por una relación pasional en la que tenga de mostrar sus sentimientos al desnudo. Su interpretación es correcta y se beneficia mucho de su indudable fotogenia. Podemos decir sin equivocarnos  que la Di Lazzaro es un animal cinematográfico y la cámara se enamora de ella. No obstante, su labor se resiente mucho al tener que llevar todo el peso de la película sobre sus espaldas en una trama que es densa pero, al mismo tiempo, minimalista, y que requiere de una actriz con grandes recursos expresivos para mantener el interés en todo momento. Para empeorar el asunto, su compañero de reparto, el norteamericano John Saxon, se desvela muy poco apropiado para el complicado personaje del notario. Actor muy curtido en todo tipo de géneros del cine comercial, Saxon parece un poco perdido e incómodo en este drama que combina varios tonos de manera ambigua y sutil; parece como si a lo largo del rodaje estuviese perdiendo el tiempo tratando de entender qué película estaba filmando, y al no encontrar la etiqueta permanece inseguro y torpe en su desarrollo, perdiendo constantemente toda oportunidad de conferir misterio, angustia o lubricidad a su personaje, un hombre que se blinda bajo una imagen de normalidad y simplicidad pero que alberga varias carencias y problemas personales, entre ellos una crisis de impotencia sexual muy mal asumida.

A pesar de estos defectos, la película avanza y se deja ver con cierto interés, gracias a un guion relativamente bien elaborado que juega mucho con las falsas apariencias, la tensión sexual y las fantasías oníricas que van punteando la ficción. Nunca estamos seguros de si lo que estamos viendo es la realidad o una elucubración de la mente febril de Andrea, en una estructura narrativa que funciona como un juego de espejos o, mejor dicho, espejismos narrativos. Pino Tosini consigue uno de sus mejores aciertos con la villa en la que se desarrolla la intriga, un lugar suntuoso y elegante pero al mismo tiempo decadente y misterioso, que aporta entidad y un aroma turbio e inequívocamente italiano a la historia. El aspecto claustrofóbico de la película se despliega de manera sobresaliente entre las sombras y  los terciopelos, entre el silencio y ese mobiliario añejo y señorial que parece convertirse en un testigo morboso y perverso de la relación que se va creando entre los dos personajes.

Ese tinte claustrofóbico tan bien conseguido decae desgraciadamente de manera brutal en el momento en el que, durante el último tramo de la película, Tosini decide liberar a sus personajes e introducirnos momentáneamente en el contexto personal y familiar del notario. Las breves escenas domésticas con su esposa no solo aportan muy poco al desarrollo de la historia, sino que, y esto es peor, debilitan mucho la atmósfera onírica y enrarecida del resto, al banalizar un relato que funciona eminentemente como una perversa fantasía literaria.

No obstante, a pesar de lo dicho Psicosis criminal (título, por cierto, muy poco apropiado al evocar un universo de thriller sangriento que no corresponde en absoluto con la personalidad de la película) es un producto por encima de la media que despierta curiosidad y nos incita a descubrir el resto de la obra de Tosini, un director particularmente ignoto en España donde solo se le conoce Una mujer de segunda mano (Una donna di seconda mano), realizada en 1977 y protagonizada por la alemana Senta Berger. Oriundo de la región de Reggio Emilia, Tosini acabará instalándose precisamente en Orvieto, la ciudad de provincias en la que se desarrolla Psicosis criminal

Berto Naldo

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