Prisioners of the Lost Universe [vd/dvd/bd: Prisioneros del universo perdido]

 

Sinopsis: Carrie, una presentadora de televisión, acude a entrevistar al Dr. Hartmann, un científico que dice haber descubierto algo impresionante. Durante el trayecto tiene un accidente de coche y colisiona contra la camioneta de Dan, quien la acompaña a la casa del Hartmann con la esperanza de llamar a un taxi que le lleve a casa. No obstante, por mediación del invento de Hartmann, ambos irán a parar accidentalmente a un universo perdido que vive bajo la opresión y tiranía de Kleel…

 


Título original: Prisioners of the Lost Universe
Año: 1983 (Reino Unido)
Director: Terry Marcel
Productores: Harry Robertson, John Hardy, Denis Johnson Jr.
Guionistas: Terry Marcel, Harry Robertson
Fotografía: Derek V. Browne
Música: Harry Robertson
Intérpretes: Richard Hatch (Dan), Kay Lenz (Carrie), John Saxon (Kleel), Peter O’Farrell (Malachi), Ray Charleson (El hombre verde), Kenneth Hendel (Dr. Hartmann), Philip van der Byl (el hombre bestia), Larry Taylor (Vosk)…

El inglés Terry Marcel se iniciaba en el cine ejerciendo de asistente de director en la producción de Disney The Three Lives of Thomasina [vd: Las tres vidas de Thomasina, Don Chaffey, 1963], a la que seguirían, también en labores de asistente, películas de la talla de El estrangulador de Rillington Place (10 Rillington Place, 1971) y Terror ciego (See No Evil, 1971), ambas de Richard Fleischer, Perros de paja (Straw Dogs, Sam Peckinpah, 1971), Los duelistas (The Duellists, Ridley Scott, 1977) o varias secuelas de La pantera rosa dirigidas por Black Edwards entre finales de los setenta y principios de los ochenta. Estas colaboraciones permitieron a Terry conseguir un bagaje profesional del que haría uso una vez se puso detrás de las cámaras para llevar a cabo sus propias películas.

Aunque en un principio se decidió por la comedia adaptando y dirigiendo dos obras de teatro de Ray Cooney, Why Not Stay for Breakfast? [vd: Desayuna conmigo, 1979] y Ahí va la novia (There Goes the Bride, 1980), su filme más recordado sería Hawk the Slayer [vd/dvd: La espada invencible, 1980], film afincado en el género de la espada y brujería aunque con alguna reminiscencia a Star Wars para aprovechar el tirón de la saga galáctica creada por George Lucas. Así que dos años más tarde, cuando el estreno de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Millius, 1982) propició una fiebre por este género, Marcel y Harry Robertson (guionista, productor y compositor de La espada invencible) no se lo pensaron dos veces. No obstante, lejos de realizar una secuela de su anterior película[1] o una que estuviese en la línea de la cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger, se decidieron por llevarla a terrenos más cercanos a la ciencia ficción, pero sin perder de vista el sabor añejo de las viejas producciones del cine de aventuras y adoptando un tono más frugal y desenfadado que su filme previo.

El resultado es un tanto dispar, pues si bien es verdad que Prisioneros del universo perdido tiene un buen ritmo y está cargada de buenas intenciones -prueba de ello es que en su elenco encontremos a Richard Hatch [protagonista de Galáctica (Battlestar Galactica, Richard A. Colla, 1978)] o John Saxon -, su bajo presupuesto y la torpe recreación del universo paralelo al que van a para los protagonistas juegan en su contra. Véase que aprovechen los mismos (cuatro) arboles “alienígenas” a lo largo del metraje, colocándolos sin demasiada pericia entre la vegetación autóctona de Cape Town, Sudáfrica, lugar en el que se rodó la cinta; o la pobre caracterización que luce el actor Philip van der Byl, encargado de encarna a un bondadoso y forzudo hombre prehistórico al que cualquier cavernícola de una producción de los años sesenta le sacaría los colores.

Por otro lado, si su argumento no debe ser tomado demasiado en serio para poder ser disfrutado sin complejos, sus efectos especiales y visuales, obra de Ray Hanson y Ray Caple, lo ponen muy difícil. Pese a que ambos técnicos habían trabajado previamente en En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, Steven Spielberg, 1981) y Alien, el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), respectivamente, su trabajo en Prisioneros del universo perdido brilla, precisamente, por haberse quedado totalmente desfasado y resultar un tanto ridículo ya en el mismo momento del estreno en salas de la película.

No obstante, si dejamos de lado su estética kitsch nos encontramos con una película la mar de entretenida y en la que hay cabida para todo. Y cuando decimos todo, es todo. Desde un científico loco que se pasa al lado oscuro a extrañas tribus primitivas que lanzan rugidos de leopardo, encapuchados leprosos al más puro estilo de The Last Man on Earth/L’ultimo uomo della Terra [dvd: El último hombre sobre la tierra; Soy leyenda, Ubaldo Ragona y Sidney Salkow, 1964] que viven ocultos en cuevas, o, incluso, alguna que otra criatura acuática que asusta a la bella Kay Lenz mientras se baña en un lago.

En lo que respecta a John Saxon, interpreta aquí a Kleel, el malvado de turno que compra al Dr. Hartmann con comodidades, comida y bellas esclavas, a cambio de que este le proporcione nitroglicerina. Seguramente, hasta el propio Saxon se dio cuenta de lo estúpido que resultaba que un científico capaz de crear una máquina que teletransporta otros mundos se vendiera tan barato, pero es evidente que se divirtió de lo lindo mientras rodaba, ya sea por su profesionalidad ante las cámaras, siendo capaz de realizar un buen trabajo hasta en las producciones más modestas, o bien porque, además, se estaba dando unas pequeñas vacaciones pagadas en el país africano.

Terry Marcel y Harry Robertson, por su parte, volvieron a probar suerte en el terreno del cine de aventuras (aunque esta vez más cercano al boom de Indiana Jones) con Jane en busca de la ciudad perdida (Jane and the Lost City, 1987) y, aunque el bueno de Harry murió en 1996, Terry continúa luchando hasta hoy por llevar a cabo (esta vez sí) una secuela de La espada invencible titulada Hawk the Hunter. Se trataría de una especie de versión de Por un puñado de dólares ambientada en un mundo medieval y su presupuesto asciende a cinco millones de dólares, de los cuales tan solo les faltan quinientos mil. De momento cuentan con el respaldo de Rick Wakeman, que se encargaría de la banda sonora y de una legión de fans que esperan la vuelta de Marcel a la dirección. Estaremos atentos.

Juan Pedro Rodríguez Lazo


[1] Habría que señalar que, pese a no ser una secuela, tanto Peter O’Farrell como Ray Charleson, dos actores que ya aparecían en La espada invencible, repiten aquí en roles muy similares.

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