Pesadilla en Elm Street 3

 

Sinopsis: Kristen está sufriendo pesadillas en las que es acosada por Freddy Krueger, por lo que se niega a dormir. Tras un aparente intento de suicidio, es internada en un hospital psiquiátrico en el que encuentra a otros adolescentes con el mismo problema. Ante la incomprensión de los adultos, los chicos se sienten indefensos, conscientes de que Freddy puede llegar a matarlos. La llegada de una nueva doctora, la recién licenciada Nancy Thompson, supone una esperanza, ya que años atrás pasó por lo mismo que ellos y fue la única superviviente de su grupo de amigos. Antes de que acabe con los jóvenes, Nancy intentará enseñarles cómo defenderse de Freddy en su propio territorio, los sueños.

 


Título original: A Nightmare on Elm Street 3: Dream Warriors
Año: 1987 (Estados Unidos)
Director: Chuck Russell
Productores: Robert Shaye, Sara Risher
Guionistas: Frank Darabont, Chuck Russell, Wes Craven, Bruce Wagner según una historia de Wes Craven, Bruce Wagner
Fotografía: Roy H. Wagner
Música: Angelo Badalamenti
Intérpretes: Heather Langenkamp (Nancy Thompson), Craig Wasson (Neil Gordon), Patricia Arquette (Kristen Parker), Robert Englund (Freddy Krueger), Ken Sagoes (Kinkaid), Rodney Eastman (Joey), Jennifer Rubin (Taryn), Bradley Gregg (Phillip), Ira Heiden (Will), Laurence Fishburne (Max), Penelope Sudrow (Jennifer), John Saxon (Thompson), Priscilla Pointer (Elizabeth Simms), Nan Martin (monja)…

Tras superar el fenomenal éxito de Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), con su primera secuela, Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (A Nightmare on Elm Street Part 2: Freddy’s Revenge, Jack Sholder, 1985), Robert Shaye y Sara Risher, cofundadores de New Line, productora independiente propietaria de los derechos, llegaron a un acuerdo con Wes Craven para que se encargara del guion de la tercera parte. Craven, que no había quedado satisfecho con el resultado de la segunda, escribió un libreto junto con Bruce Wagner. Finalmente se encargó una reescritura al tándem formado por Frank Darabont (que años más tarde alcanzaría gran éxito como director) y Chuck Russell, que también debutaría en la dirección con esta película, y que hasta entonces había trabajado sobre todo como ayudante de dirección y productor. En 1984, el mismo año en que se estrenó la película original de Craven, Russell había producido, además de colaborar en el guion, La gran huida (Dreamscape, Joseph Ruben1984), lo que seguro le resultó muy útil a la hora de afrontar la dirección de Pesadilla en Elm Street 3, ya que si La gran huida tuvo muchos puntos en común con Pesadilla en Elm Street, más aún iba a tener con la nueva entrega[1].

Pesadilla en Elm Street 3 ha pasado con total justicia a ser considerada la mejor secuela de la saga, y la que definió y sentó de las bases para las siguientes películas. La segunda parte, con la loable intención de no repetir la fórmula, había contado una historia de posesión: los asesinatos no se producían cuando las víctimas dormían, sino que Freddy utilizaba los sueños del protagonista para materializarse y matar. Ignorando por completo todo ello[2], Pesadilla en Elm Street 3 es una secuela directa de la primera parte, respetando su planteamiento y recuperando a su carismática protagonista y al padre de esta, además de tener, como aquella, cierta atmósfera de irrealidad, como si todo se desarrollara en un mismo universo onírico. El siguiente acierto es que tampoco se limita a copiar el esquema de la original, sino que explora nuevos derroteros tomando como base teorías de la interpretación de los sueños de la tribu Malaya de los Senoi, ya presentes en el origen de Pesadilla en Elm Street. El resultado es más un film de aventuras fantásticas con un deje siniestro, que de terror, lo que funciona a las mil maravillas. Es precisamente en el tono donde la influencia de La gran huida resulta notable, aunque ambas películas también comparten elementos de la trama (varias personas introduciéndose en un mismo sueño para luchar contra un asesino que opera en ellos), diseños de producción (similares decorados e iluminación de algunas escenas oníricas) y hasta el estilo de algunos efectos especiales (stop-motion, trasparencias, etc.).

La brillante primera pesadilla que sufre Kristen es un compendio de algunos de los momentos más aterradores de primera película, incluyendo la sorpresa final en el baño, una vez que Kristen creía haber despertado. Esto viene a indicarnos que Pesadilla en Elm Street es el punto de partida de Pesadilla en Elm Street 3. De hecho, la película apenas se detiene en explicar las reglas que rigen su universo, dando por hecho que el espectador las conoce.

Pesadilla en Elm Street 3 es una película coral. No hay un claro protagonista, y la trama va saltando entre los tres personajes principales; Kristen, en el lado de los más jóvenes, y Nancy y el doctor Neil Gordon en el de los adultos. El amplio abanico de secundarios también tiene una gran importancia, lo que provoca inevitablemente el peligro de caer en un defecto muy común del cine de terror dirigido al público juvenil de la época, que los personajes se vean reducidos a meros clichés cuya única función es proporcionar un nutrido número de potenciales víctimas[3]. Pesadilla en Elm Street 3 lo evita, o por lo menos lo disimula, cuidando el guion y el casting para que el arquetípico grupo de adolescentes resulte creíble y su supervivencia, o no, poco predecible. Como ejemplo de que la película no se doblega a las modas, sino que trata de sacar el mejor partido posible a su historia, se puede poner su poco convencional estructura, con un largo clímax en el que se intercalan varias acciones paralelas, que casi ocupa un tercio de la duración total. También podemos olvidarnos aquí de la manida (a esas alturas) figura de la final girl.

Para interpretar a Kristen, una nueva heroína que pudiera estar a la altura de la carismática protagonista de la primera entrega, se eligió a Patricia Arquette, hermana de la famosa Rosanna, que hizo aquí su debut en el cine. Kristen resulta un personaje a la vez poderoso (posee capacidades que desconoce, como el poder de introducir a otras personas en sus sueños) y vulnerable, con sus propios traumas, que incluyen a una egoísta y superficial madre, totalmente ajena a sus problemas. Se recupera, como hemos visto, a Heather Langenkamp encarnando a Nancy, sin duda uno de los aciertos de Pesadilla en Elm Street. Si entonces la actriz con veinte años interpretó a una adolescente de dieciséis, aquí la edad de personaje y actriz coincide; Nancy es ahora una joven psicóloga, pero su primer enfrentamiento con Freddy Krueger ha marcado su vida (como indica el mechón canoso que conserva), se ha especializado en el estudio de las pesadillas e inhibe las suyas con Hypnocil, un medicamento experimental, mientras trata de ayudar a los últimos chicos de Springwood que quedan con vida. Una de las sorpresas que nos depara Pesadilla en Elm Street 3 en su tramo final es el regreso de John Saxon como el padre de Nancy, conocido simplemente por su apellido, Thompson. Su intervención es corta, pero cuidada como el resto de la película; tiene una función lógica y relevante y su personaje mantiene una evolución coherente. El padre de Nancy sigue sin creer que sea posible el regreso de Freddy Krueger desde el más allá, y no ha sabido gestionar la muerte de su mujer y los amigos de Nancy en extrañas circunstancias: bebe demasiado y ha perdido su puesto de teniente, ahora es vigilante privado. Todas las interpretaciones mantienen un buen nivel, salvo escasas estridencias puntuales por parte de alguno de los intérpretes más jóvenes.

Robert Englund retoma por tercera vez el papel de Freddy elevando su histrionismo. Aunque ya había ganado protagonismo en Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy (durante gran parte de la primera permanecía oculto como un enigma que la trama iba desvelando), el personaje llega aquí al punto álgido de su evolución, agudizando sus características. Con más tiempo en pantalla y diálogos, el sadismo que mostraba en Pesadilla en Elm Street se ha ido tornando en una ironía cada vez más evidente; las pocas frases que tenía entonces cumplían la función de aterrorizar a sus víctimas, ahora se mofa de ellas buscando descaradamente el jolgorio de los espectadores. Aumenta así considerablemente el número de expresiones socarronas con voluntad de eslogan, especialmente cada vez que acaba con alguien. Por supuesto en la película original ya tenía unas cuantas[4], pero esta vez se fuerza el límite antes de convertirse, en entregas posteriores, en una parodia. Aún existe la precaución de no sobreexponerle para que siga resultando una figura amenazante, pero en sus dosificadas intervenciones se le muestra sin tapujos (incluso son bastante numerosos sus primeros planos) y siempre suponen un momento estelar. Conscientes de la importancia del personaje, se crean nuevas características en torno a sus orígenes que hagan crecer su leyenda (“el hijo bastardo de cien maniacos”, según la hermana Mary Helena), y a la forma de destruirlo, desarrollando su aversión a elementos propios del catolicismo (ya insinuada en la película original), como crucifijos, agua bendita y su destrucción por la consagración de sus restos. Se emparenta así al personaje con el vampirismo y otros folclores.

La capacidad de Freddy de transformar su cuerpo, tímidamente apuntada en los films anteriores, se lleva aquí mucho más allá. Además es la primera vez que utiliza los miedos y anhelos de sus víctimas para acabar con ellas, lo que resulta lógico teniendo en cuenta que opera en el subconsciente. Ambas características marcarán precedente para las futuras secuelas. El personaje ha devenido en un mito, una leyenda urbana como se ve en la escena inicial en la que Kristen pasa de una caldera en la que encuentra los cráneos carbonizados de varios niños, a una fantasmagórica sala con decenas (quizá cientos) de jóvenes colgados como si fueran reses en un matadero. Freddy ha ido acumulando víctimas a lo largo de estos años (que han pasado desapercibidas al considerarse suicidios o muertes naturales) y ganando poder con cada una de ellas. Se alimenta de almas, al contrario que en la película original, en la que era el miedo que provocaba la fuente de su fuerza. Eso explica por qué ahora es capaz de transformarse en una descomunal serpiente (explotando el miedo a ser devorado vivo), en una televisión asesina, cambiar de tamaño, convertir sus dedos-cuchilla en jeringuillas, multiplicarse, e incluso, in extremis, materializarse en el mundo real animando a su propio esqueleto, en un entrañable guiño a Ray Harryhausen. Por otro lado, el complejo maquillaje aplicado para simular el aspecto de la carne quemada de Freddy sufre pequeñas variaciones en todas las películas en las que interviene, pero es aquí donde Kevin Yagher consigue el aspecto definitivo que supondrá el canon a partir del cual se realizarán futuras modificaciones.

El film ahonda en la distancia generacional entre adolescentes atormentados y adultos pragmáticos (“solo quiere llamar la atención”, dice la madre de Kristen al internarla en el hospital), siendo Nancy el puente entre ambos. No solo está la brillante idea de utilizar el suicidio juvenil como coartada para el anonimato de Freddy, sino que este también supone la explicación sobrenatural a otros problemas juveniles, tales como la provocación de autolesiones, la incomunicación, la irritabilidad o la drogodependencia. Esto ayuda a reforzar además la cualidad de leyenda urbana del personaje. Los adolescentes aún no se han desprendido del todo de la inocencia y fantasía característicos de la niñez (Kristen comenta que “tras un tiempo pensé que lo había imaginado todo”, en referencia a su recién retomada capacidad de compartir sus sueños), lo que les hace vulnerables a Freddy. Los adultos han olvidado completamente esa faceta, por lo que son incapaces de creer a los chicos, lo que hace imposible la comunicación entre ambos. Otra novedad introducida en Pesadilla en Elm Street 3, quizá la más importante, es que esta capacidad imaginativa de los jóvenes también puede ser la clave para enfrentarse a Freddy en su propio territorio. Así utilizan sus fantasías y anhelos para adquirir poderes especiales que les ayuden a combatir al espectro y convertirse así en los “guerreros del sueño” del título. Algunas cualidades son más realistas (poseer gran agilidad o fuerza, ligarse a una enfermera con cuerpo de playmate) y otras, las de los personajes más infantiles, más fantasiosas (ser un maestro en magia salido de un mundo de espada y brujería), aunque quizá estos últimos, por ello mismo, sean los más vulnerables a Freddy.

Ante la creciente popularidad de la saga, los responsables de Pesadilla en Elm Street 3 fueron lo suficientemente visionarios para aumentar la inversión en el presupuesto, pero, sobre todo, para aprovecharla en crear una inusitada cantidad (para la época y modesta producción) de animatronics, maquillajes protésicos, stop-motion, trasparencias, maquetas y otros efectos especiales, así como muchas sencillas pero eficaces soluciones de cámara[5], y poner todo ello al servicio de una extraordinaria aventura sobrenatural, cargada de imaginación e ideas, como no se había visto hasta entonces (ni se vería posteriormente) en la franquicia. Rebajando, como hemos visto, notablemente el elemento terrorífico, se dosifican con cuidado los momentos más sangrientos, siendo estos la escena en la que Freddy emplea las venas y tendones de un sonámbulo para manejarle como a una marioneta, en la que decapita a la madre de Kristen y su cabeza parlante aún le echa la bronca, o cuando escribe un mensaje rajando el torso de Joey (“ven a por él, zorra”).

A todas las ideas que ya hemos visto que son desarrolladas o aparecen aquí por primera vez y que se convertirán en patrón para las posteriores entregas de la franquicia, cabe añadir el comienzo de la película con una cita célebre en relación a los sueños (Edgar Allan Poe en este caso) y la secuencia inicial de créditos constituida por los planos detalle que muestran el proceso de fabricación de algo que tiene que ver con la trama, aunque esto, en realidad, recrea la de Pesadilla en Elm Street, en la que Freddy confeccionaba el guante con dedos de cuchillas.

De la banda sonora, que versiona la original de Charles Berstein, se encargó Angelo Badalamenti, otro nombre que posteriormente alcanzaría gran popularidad, gracias principalmente a sus trabajos con David Lynch. Viendo las posibilidades comerciales, se encargó la canción principal, titulada “Dream Warriors”, a la banda de heavy Dokken, y se realizó un videoclip con objeto de promocionar tanto el tema como la película. El personaje de Freddy Krueger se estaba convirtiendo paulatinamente en un icono popular, cuya imagen pronto acapararía todo tipo de productos, portadas, anuncios publicitarios y hasta una serie de televisión.

La labor de Chuck Russell acabó resultando de lo más adecuada, funcional y sin florituras, pero ágil y efectiva. Todos los elementos están puestos al servicio de una trepidante peripecia, sabiamente dosificados para proporcionar un macabro entretenimiento que marcó época. Pesadilla en Elm Street 3 se convirtió en el film independiente de mayor recaudación hasta la fecha. Ninguna de las posteriores secuelas lograría alcanzar su calidad.

Nacho Carrero


[1] Un año más tarde de Pesadilla en Elm Street 3, Chuck Russell firmaría el excelente remake de La masa devoradora (The Blob, Irvin S. Yeaworth Jr., 1958), El terror no tiene forma (The Blob, 1988). Con su tercera película, La máscara (The Mask, 1994), ayudó a dar un paso más en el empleo de los gráficos por ordenador como efectos especiales y obtuvo su mayor éxito comercial. Mucho más tibia fue la acogida de Eraser (Eliminador) (Eraser, 1996), superproducción al servicio de Schwarzenegger, tras la que su carrera como director cayó en declive.

[2] Sólo hay lo que podría ser una sutil referencia en forma de puya, cuando la doctora Simms dice en una terapia de grupo a los chicos que sus sueños son “cicatrices psicológicas descendientes de conflictos morales y abierta sexualidad”, a lo que Kincaid responde “ahora es mi polla la que me está matando”. Recordemos que en Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy había una trama, no explicitada pero principal, de homosexualidad reprimida.

[3] Defecto que con la progresiva caricaturización de los personajes, siendo bastante significativo a este respecto el empujón dado por Viernes 13, 3ª parte (Friday, the 13th Part 3, Steve Miner, 1982), fue adquiriendo la complicidad del público, lo que derivó en la creación de personajes conscientemente formularios a la espera de su creativa (y muchas veces merecida) ejecución por parte del matarife de turno para regocijo del respetable.

[4] Resulta curiosa la coincidencia entre el “esto es Dios” que decía Freddy (refiriéndose a sí mismo) en la película de Craven, y el “en este mundo yo soy Dios” del villano de La gran huida.

[5] Las escenas oníricas pueden estar marcadas por el empleo de la cámara lenta, filtros e iluminación de color, o simplemente un trávelin que abre plano para descubrir que Kristen está rodeada de sus amigos en la sala de aislamiento. Otro ejemplo es que, para aportar una cualidad de extrañeza a las apariciones de la hermana Mary Helena, estas siempre se producen a última hora de la tarde, la llamada hora mágica, con su característica luz difusa; extraña y bella.

Un comentario en “Pesadilla en Elm Street 3

  1. Faltó hablar más del Dream Warriors de DokkeN , y el otro tema Into the Fire. Por cierto , fué el salto definitivo y mucho se debe al video, de la banda , junto al álbum Back for the Attack, que los sacó de ser teloneros , a banda principal. Pero después hicieron un doble en vivo y se separaron. Hay un demo del tema Dream Warriors que canta el bajista Jeff Pilson que suena mucho mejor que la canción original.

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