Incident at Oglala

 

Sinopsis: El 26 de junio de 1975 se produjo un tiroteo en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur, donde murieron dos agentes del FBI. Entre los acusados y detenidos de los asesinatos solo uno fue declarado culpable y condenado a dos cadenas perpetuas: Leonard Peltier. Sin embargo existen una serie de puntos oscuros en el procedimiento e investigación del caso que hacen dudar de la culpabilidad real del acusado.

 


Título original: Incident at Oglala
Año: 1992 (Estados Unidos)
Director: Michael Apted
Productores: Arthur Chobanian, Robert Redford
Guión: Michael Apted
Fotografía: Maryse Alberti
Montaje: Susanne Rostock
Intervinientes: Robert Redford (narrrador), Norman Zigros, Robert Sik, Darelle Butler, Bob Robideau, Norman Brown, Leonard Peltier, Duane Brewer, Calvin Jumping Bull, William Muldrow, Dennis Banks, James Abourezk, Sam Loud Hawk, Severt Young Bear Sr., John Trudell…

En julio de 1968 se fundó en Minneapolis el AIM, siglas del “American Indian Movement”, es decir, el Movimiento Indígena Estadounidense, a imagen de otras organizaciones similares surgidas a consecuencia de las luchas por los derechos civiles. El AIM se centró en defender la complicada situación de los nativos americanos enfrentados a situaciones de desempleo, marginación, brutalidad policial, pobreza y problemas de educación, tanto en las grandes ciudades como en los entornos rurales donde diversas comunidades vivían en reservas aisladas y controladas. Por otro lado, la organización intentó preservar las tradiciones de la cultura nativa y asumir las reclamaciones territoriales que el gobierno americano había traicionado con los diversos acuerdos establecidos. Sus miembros fundadores fueron George Mitchell, Dennis Banks, Eddie Benton Banai y Clyde Bellecour, a los que hay que añadir la figura de Russell Means, uno de sus líderes más conocidos.

En sus primeros años el AIM llevó a cabo una serie de acciones para llamar la atención que le llevaron a la primera plana de la opinión pública. Entre el 20 de noviembre de 1969 y el 11 de junio de 1971 se llevó a cabo la ocupación de la abandonada prisión de la isla de Alcatraz a cargo de diversos movimientos autodenominados “Indios de todas las tribus” que tuvo un gran impacto para el activismo nativo y cuya mayor consecuencia fue colocar al citado AIM en el objetivo del FBI. Su figura más reconocible fue el activista Richard Oakes, asesinado al año siguiente de acabar la ocupación en un oscuro suceso[i]. En 1972 se realizó una marcha reivindicativa denominada “Trail of Broken Treaties” que se dirigió hasta Washington y que acabó con la ocupación del edificio federal donde la Oficina de Asuntos Indios (BIA) tenía su sede ante la negativa del gobierno de Richard Nixon de reunirse con sus líderes. La situación se tensó hasta llegar a un acuerdo parcial entre ambas partes con una propuesta para establecer relaciones, siguiendo un documento redactado que constaba de una veintena de puntos. Lógicamente, este nuevo panorama incomodó a la administración Nixon[ii].

El incidente más grave se produjo el año siguiente. El 27 de febrero de 1973 un grupo de cerca de doscientos Lakotas Oglala, entre los que se encontraban miembros del AIM, ocuparon la ciudad de Wounded Knee, lugar donde se produjo la triste masacre del mismo nombre en el invierno de 1890 en la que el Séptimo de caballería extermino a unos 300 indios que habitaban en la reserva de Pine Ridge cuando acudieron a desarmarles, de los cuales unos doscientos eran mujeres y niños. En la refriega murieron 25 soldados, lo que no impidió que se entregaran 20 medallas de honor a varios de los militares participantes. La ocupación de Wounded Knee, si bien tenía un elemento simbólico, estaba motivada por una denuncia real: la acusación contra la corrupción y actuación del dirigente tribal Richard Wilson, así como criticar los incumplimientos del gobierno federal. El lugar fue sitiado durante más de dos meses por el FBI y otras fuerzas policiales, en cuyo desarrollo se produjeron diversas bajas. Este acontecimiento tuvo una amplia atención mediática y atrajo la atención de movimientos, personajes del mundo de la cultura, senadores y ciertas figuras de relevancia pública. El cordón policial tuvo su efecto y el asedio concluyó después de setenta días. En lo positivo llevó el problema de los nativos americanos a las portadas de la prensa nacional e internacional. En lo negativo endureció la postura del citado Richard Wilson, cuya consecuencia fue un incremento brutal de la violencia en la zona.

Incident at Oglala (Michael Apted, 1992) se centra en un suceso posterior acaecido a principios del verano de 1975: dos agentes del FBI perdieron la vida en un tiroteo que tuvo lugar en la reserva india de Pine Ridge (Dakota del Sur). El excelente documental del finado cineasta británico indaga en la difícil situación de la comunidad india americana a mediados de los setenta en el estado de Dakota del Sur, sumida en la pobreza y la violencia, y sometida a un régimen autoritario que fomentó una sangrienta división interna. Para ello emplea diversos testimonios a favor y en contra de los hechos acaecidos, relatando su paso por el aparato judicial norteamericano donde queda palpable lo resbaladizo del término “justicia para todos”. Este brillante trabajo complementa y aclara algunos aspectos del inmediatamente posterior thriller Corazón trueno (Thunderheart, Michael Apted, 1992), cuyo guion empleó algunos de los acontecimientos indicados dentro de una correcta ficción policial bienintencionada. Ambos trabajos sirven para comparar lo que la propia industria del cine permite y no permite expresar.

Estructurado en dos partes, el film indaga progresivamente en el caso, buscando respuestas e intentando aclarar las dudas suscitadas por un proceso judicial lastrado por pruebas incriminatorias demasiado claras para la fiscalía e inadmisibles para la defensa. En la balanza general cabe reseñar que como espectador no se llega a comprender la inquina demostrada en sus afirmaciones por los primeros frente a las argumentaciones propuestas por los segundos, si bien queda claro que todos los acusados estuvieron presentes en el fatal tiroteo.

Desde varios puntos de vista se ofrece una versión nada parcial de cómo se produjeron los hechos. En el relato de ambas partes queda claro que los dos agentes del FBI, Jack Coler y Ronald Williams, investigaban el paradero de un joven indio llamado Jimmy Eagle que había robado un par de botas de botas de cowboy cuando irrumpieron en dos coches sin ningún tipo de distintivo siguiendo a un jeep rojo en el rancho Jumping Bull, una propiedad perteneciente a la reserva india de Pine Ridge, y se vieron involucrados en un tiroteo que acabó con sus vidas. Se aportan varios datos al respecto que intentan dar algunas claves válidas. Los agentes no conocían la zona y no esperaban que les fueran a disparar. Aunque no queda claro quien empezó el tiroteo, parece ser que los primeros disparos vinieron de los ocupantes del vehículo perseguido. Los agentes respondieron con armas cortas. Los disparos alarmaron a los miembros del AIM que estaban viviendo en un campamento de dicha propiedad y, con la intención de proteger a mujeres y niños, algunos de ellos se involucraron en la balacera. Uno de los participantes señala que desconocían la identidad de los asaltantes e intentaron capturarlos, pero la acción tuvo fatales consecuencias. Desde la otra parte se da a entender que realmente fue una ejecución. Posteriormente, las fuerzas del orden rodearon el lugar y un joven indio de 21 años llamado Joe Stuntz fue abatido mortalmente en un tiroteo posterior de un disparo lejano. Ninguna persona fue acusada por la muerte de Stuntz. Varios involucrados en el suceso escaparon del lugar siendo posteriormente atrapados. Solo tres de ellos fueron juzgados por el crimen: Dino Butler, Bob Robideau y Leonard Peltier. Butler cuenta los hechos sereno, con cierta resignación y apesadumbrado por las consecuencias que tuvo. Robideau indica con certeza donde estaba situado cada uno y admite que hirió a los agentes. Peltier, por su parte, señala que la acción fue tomada para proteger a las personas que allí vivían.

Otro dato fundamental que se indica para comprender las causas del triste suceso, es que la reserva de Pine Ridge, aparte de ser la más pobre y problemática, tenía el índice más alto de homicidios per capita de los Estados Unidos. Un dato alarmante y revelador. William Muldrow, miembro de la comisión de derechos civiles del gobierno, admite que no debe extrañar que una situación así se generase, dado “el nivel del miedo, ansiedad y tensión que existía en la reserva”. Dennis Banks, cofundador del AIM, la define como una zona de guerra. Existían dos facciones en conflicto: indios de sangre pura (tradicionalistas) y mestizos enfrentados en una lucha de poder desigual liderada por el citado Richard Wilson (mestizo no tradicionalista), presidente del consejo tribal respaldado por el FBI y por la Oficina de Asuntos Indios. Entre sus contrarios estaban los miembros del AIM que habían ido llegando a la reserva en 1972 (muchos de ellos eran originarios de Dakota del Sur) para ayudar y organizar a los más débiles. John Trudell activista, músico, poeta y portavoz del AIM, señala que antes de la ocupación de Wounded Knee el FBI envió hombres a Pine Ridge para formar a los agentes del BIA y la policía tribal contra las operaciones de elementos subversivos. Considera que se había escogido la reserva como lugar idóneo para el enfrentamiento.

El reino del terror se instauró en la reserva entre mayo de 1973 y junio de 1975. Gran parte de esa violencia fue generada por partidarios de Wilson, los denominados goons,  escuadrones de la muerte que actuaron con total impunidad y a sangre fría en el territorio, mantenidos por el dinero federal enviado a la reserva. Distintas victimas de sus ataques relatan las escalofriantes actuaciones que sufrieron incluso en sus propias casas.[iii] En su acotada narración, Robert Redford resume que “en ese periodo hubo más de 60 asesinatos nunca resueltos de gente tradicionalista y simpatizantes del AIM en Pine Ridge”. Este clima enfervorecido e incontrolable fue el auténtico responsable del tiroteo y muerte de los dos agentes del FBI. El gobierno se puso en marcha y empleo todo el aparato legal para resolver el asunto en contraposición a la postura adoptada hasta ese momento del “dejar hacer, dejar pasar” que no había impedido el baño de sangre nativa.

La segunda parte del film describe y documenta la parte judicial del caso, evidenciando la ambivalencia del sistema judicial americano. En un primer juicio los encausados Dino Butler y Bob Robideau fueron declarados no culpables a pesar del esfuerzo puesto en impedir su inocencia. John Lowe, abogado defensor de Robideau, comenta que las expectativas eran muy bajas dado el nivel de investigación que el FBI puso en el caso: 4000 pruebas en veinte lugares de 13 estados distintos con cerca de 250 agentes involucrados en la investigación. Lo mismo indica Bruce Ellison, otro abogado de la defensa que indica las peculiaridades de celebrar un juicio contra dos miembros del AIM en Cedar Rapids, Iowa, una comunidad obrera ampliamente blanca y conservadora. No obstante, las argumentaciones dadas en el documental por la defensa resultan más sólidas que las aportadas por la fiscalía; dudas que debieron ser tenidas en cuenta por el jurado en su veredicto. Es cierto que el nivel de pruebas resultó apabullante, pero los testigos que aportó la fiscalía no se mostraron tan eficientes.

Detenido en Canadá durante su fuga,  Leonard Peltier tuvo que esperar a que se arreglase su extradición (se emplearon argucias no muy legales en la operación) para que su procesamiento se llevara a cabo. El precedente judicial era positivo, pero su causa llevó un camino completamente distinto. El FBI aprendió de sus errores y para esta ocasión se buscaron nuevas evidencias. Se cambió de juzgado y se aumentaron las medidas de seguridad para incrementar la presión ambiental. En esta ocasión la defensa no tuvo suerte y, aunque las pruebas presentadas contra Peltier ofrecen dudas razonables, fueron lo suficientemente convincentes para declararle culpable de ambos homicidios y condenarle a dos cadenas perpetuas. Sin duda, esta parte del documental es la más difícil de seguir al recurrir las partes, especialmente la defensa, a determinados tecnicismos para poner en solfa las principales evidencias que condenaron finalmente al acusado. Con todo se sigue con sumo interés, dado que las argumentaciones expresadas a la hora de rebatir determinadas pruebas (el fusil empleado, la bala, el tipo de vehículo rojo que se perseguía) fueron claves en la sentencia final del caso. La conclusión no es nada positiva. Leonard Peltier acabó siendo el rostro criminal que el gobierno americano necesitaba para señalar al AIM como organización peligrosa. No se puede negar que no participase en el tiroteo en el que perdieron la vida Jack Coler y Ronald Williams. Pero las pruebas que le condenaron como su ejecutor ofrecen demasiados interrogantes. Estas sospechas para la acusación, meras conjeturas, no han sido suficientes para cambiar el sentido de la balanza. Para la legalidad vigente, a falta de un mejor culpable, el sentenciado cumple los requisitos para estar condenado de por vida. Las posteriores revisiones del caso no han conseguido avances significativos y Peltier sigue a día de hoy en prisión. Su fecha de libertad es 2035.

Incident at Oglala es una obra admirable que sigue generando preguntas y aportando respuestas a un conflicto no enterrado. Sirve además para conocer una faceta menos conocida del finado Michael Apted, cineasta británico de amplia filmografía en cine y televisión con títulos comerciales bien conocidos, que tuvo una trayectoria paralela de documentalista muy recomendable y posiblemente superior a sus obras de ficción, como es el caso de este trabajo o la reivindicada Up Serie[iv].

Fernando Rodríguez Tapia


[i] Su asesino fue liberado en el juicio posterior al ser considerado un acto de autodefensa.

[ii] El activista John Trudell lo indica durante el documental como uno de los puntos de conflicto que llevaron al enfrentamiento con las fuerzas gubernamentales.

[iii] John Trudell, que perdió a su familia en un incendio provocado en 1979, señala que “durante todos esos años todo lo que hice fue hablar y pagué caro por ello”. Sobre él existe un documental donde se puede profundizar más en su figura: Trudell (Heather Rae, 2005).

[iv] Nueve documentales dirigidos por Apted salvo el primero, a cargo de Paul Almond, que siguen la vida de 14 personas de nacionalidad británica con una periodicidad de siete años. El último de ellos 63 Up (2019) supuso su último trabajo antes de su fallecimiento.

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