Entrevista a Judy Matheson

Judy Matheson es, a día de hoy, uno de los principales iconos supervivientes de la edad de oro del cine de terror británico. Una consideración que está íntimamente ligada a su condición de Hammer Girl a comienzos de los setenta y que, en los últimos años, ha motivado que sea una habitual en convenciones y otro tipo de reuniones relacionadas con aquella irrepetible etapa, donde ha podido comprobar de primera mano el cariño con el que es recordada por los fans. Y ello, a pesar de que, a decir verdad, su vinculación con el género se limitó a únicamente cinco títulos realizados en un lapso de apenas tres años; de ellos, a sus dos colaboraciones con la Hammer hay que añadir su trabajo a las órdenes de dos directores tan singulares y alejados de las coordenadas características de la denominada Casa del Martillo como Pete Walker y José Ramón Larraz.

El mérito es mayor si tenemos en cuenta que su participación en estos films en la mayoría de los casos fue desempeñando roles secundarios. Sin embargo, ello no ha sido óbice para que su inconfundible presencia, caracterizada por su flequillo moreno y sus ojos azul turquesa, pasara desapercibida. Más bien al contrario. Buena prueba de ello se encuentra en Drácula y las mellizas (Twins of Evil, 1971), en la que su interpretación en el prólogo de la joven apresada y quemada viva en la hoguera por las huestes puritanas comandadas por Peter Cushing a buen seguro que permanece en la retina de muchos espectadores. Claro que esta es solo una parte de una trayectoria desarrollada a caballo entre la televisión y el cine, cuyo debut propiamente dicho en la gran pantalla se produjo, curiosamente, en nuestro país, dando vida a uno de los personajes principales de Las crueles (1969) de Vicente Aranda.

Estudiaste arte dramático antes de enrolarte en una compañía teatral con apenas veinte años. ¿Cuándo nace tu vocación interpretativa?

No estoy del todo segura. Hice mucho teatro durante mis años de estudiante, pero no tuve la certeza de que pudiese convertirse en una carrera profesional hasta bastante más adelante.

Tras algunos trabajos televisivos y una pequeña aparición en La sombra del zar amarillo (The Chairman, 1969), tu debut propiamente dicho en el cine se produce en la producción española Las crueles dirigida por Vicente Aranda, donde incluso en los créditos se anuncia tu presentación. ¿Cómo llegaste a este film?

Vicente Aranda vino a Londres con su brillante director de fotografía, el difunto Fernando Arribas, con la intención de hacer pruebas de cámara a chicas para el papel de Esther Casino. Hicieron un montón de audiciones y tuve la suerte de ser finalmente la elegida.

En la película compartes protagonismo con Carlos Estrada, Teresa Gimpera y la estrella francesa Capucine. Creo que el trabajar con esta última te dejo una profunda huella, ¿es cierto?

Disfruté mucho rodando el film. El reparto estaba muy compenetrado. Me fascinaba la belleza de Capucine y era maravilloso trabajar a su lado. Tenía un fabuloso sentido del humor y compartía conmigo muchos cotilleos de Hollywood. Era fascinante poder simplemente pasar tiempo con ella.

Judy y Capucine en una escena de “Las crueles”

En varias entrevistas que he podido leer siempre dices que tu película preferida de cuantas hiciste es Las crueles. ¿Por qué?

Bueno, probablemente fue el mejor papel que tuve a lo largo de mi carrera. Me encantó el feminismo implícito de la historia, que, además, y era algo bastante infrecuente, incluye tres formidables personajes femeninos. Me encantó toda la experiencia de rodar en España: el equipo, el reparto, ¡la comida!

El título inicial de Las crueles era El cadáver exquisito. Teniendo en cuenta que este título hacía referencia a tu personaje en la película, ¿está relacionado con ello el apodo de “The Exquisite Miss M” con el que se te nombra en algunos lugares?

El título original del film era ‘The Exquisite Cadaver’. Estaba así escrito y lo rodamos en inglés. Tenía productores estadounidenses y estaba dirigido al mercado norteamericano. No estoy segura de si el apodo tiene su origen ahí, pero me imagino que así es.

Tras Las crueles ¿tuviste ofertas para continuar desarrollando tu carrera en España?

Por desgracia no recibí ninguna oferta, pero me habría encantado poder volver a trabajar en vuestro país.

“Las crueles”

Ya en el Reino Unido te conviertes en una presencia habitual dentro del cine de terror de las Islas durante los años siguientes. ¿A qué se debió esta especialización?

No fue una decisión premeditada. Simplemente, iba allá donde había trabajo. Por aquel entonces no tenía ni idea de que acabaría convirtiéndose en cine de culto.

¿Cómo eran vistas las películas de terror dentro de la industria cinematográfica británica de la época? ¿Eran valoradas o, por el contrario, se las consideraba como productos menores?

No sé decirte cómo eran vistas esas películas en aquel momento. Aunque sí que Hammer Films tenía una cierta reputación vinculada al glamour y a unos elevados valores de producción.

Mike Raven y Judy en “La prueba del terror”

Una de las primeras películas de terror en la que intervienes es Crucible of Terror [vd: La prueba del terror, 1971]. ¿Qué recuerdas de este film y qué me puedes contar de su director y guionista, Ted Hooker, en el que fue su único crédito en ambas vertientes?

Fue muy divertido poder trabajar en Crucible of Terror. Los intérpretes eran increíbles, las localizaciones impresionantes y durante el rodaje entablé amistades para toda la vida. Ted Hooker era una presencia benigna, todo un caballero que dirigía con muy pocos aspavientos y que claramente controlaba cada aspecto técnico de lo que pretendía conseguir. En buena medida nos permitía a los actores trabajar libremente sobre nuestras propias interpretaciones. Disfruté mucho rodando mi papel en el film.

Gran parte de tu popularidad entre los aficionados al cine de terror se debe a tu participación en la trilogía de los Karnstein de la Hammer. ¿Cómo se produjo tu fichaje por la productora?

De nuevo, todo surgió de una prueba de cámara que me llevó a encarnar a Amanda en Lust for a Vampire [vd/dvd/bd: Lujuria para un vampiro, 1971], un rol que disfruté enormemente interpretando. Buena climatología, preciosas localizaciones y vestuario, y un excelente reparto con el que trabajar. Me encantó.

¿Cómo era valorado en aquel momento dentro de la industria ser una Hammer Girl?

No creo que la industria prestase excesiva atención a las chicas Hammer en aquel momento. Aunque es cierto que recibíamos invitaciones para acudir a numerosas galas benéficas y solían anunciarnos como tales.

Judy tras ser vampirizada por Yutte Stensgaard en “Lujuria para un vampiro”

Como has mencionado, tu debut con la Hammer se produce en Lust for a Vampire. Posiblemente el momento más recordado de tu participación en el film es la escena en la que Carmilla vampiriza a tu personaje. Da la sensación por fotos existentes que la secuencia era más larga y explícita originalmente. ¿Fue quizás cortada por la censura?

En esa época, el rodaje de una escena ‘explícita’ era muy divertido. Hacíamos tomas diferentes según cada región geográfica, como los Estados Unidos (¡mucho más conservadoras y nada explícitas!) y Europa (¡mucho más explícitas!). Pero, por lo que recuerdo, tampoco es que fuese muy diferente en las distintas versiones. ¡Quizá un pecho descubierto en el montaje más picante!

Según parece, el rodaje de Lust for a Vampire estuvo marcado por las tensiones entre su director, Jimmy Sangster, y los productores Harry Fine y Michael Style. ¿Fue así?

Eso tengo entendido. Sin embargo, durante el rodaje no fui consciente de esas tiranteces. Solo lo he sabido en fechas más recientes. A nosotras las chicas únicamente nos llegaba la sensación de un ambiente muy animado y alegre en el set.

¿Y cómo era dirigiendo Sangster?

Jimmy era realmente encantador; muy relajado y divertido. Por lo que recuerdo, hacía que nuestro trabajo fuese muy fácil y distendido.

Uno de los protagonistas de la película es el desaparecido Ralph Bates. ¿Qué recuerdos guardas de él?

Ralph Bates era maravilloso. También tenía un enorme sentido del humor y nos hacía reír constantemente con sus chistes mordaces y a menudo sarcásticos. Era claramente una persona muy inteligente.

Una suplicante Judy en “Drácula y las mellizas”

Tu otra participación dentro del seno de la Hammer se produce poco después en Drácula y las mellizas, donde protagonizas el prólogo dando vida a una joven que es quemada viva en una escena en la que reflejas muy bien el miedo, la desesperación y el dolor que siente la muchacha cuando las llamas comienzan a llegar a su cuerpo. El mérito es mayor teniendo en cuenta que, al parecer, la escena se rodó sin ningún tipo de trucaje, por lo que tuviste que exponerte al fuego mientras interpretabas. ¿Es cierto?

No me pareció aterrador en absoluto. Tenía completa confianza en el equipo y en las medidas de seguridad empleadas. Al concluir la secuencia, ¡fue muy gratificante recibir una gran ovación del equipo!

En Drácula y las mellizas apareces junto al gran Peter Cushing, quien acababa de enviudar poco antes, lo cual le sumió en una gran depresión. ¿Cómo fue trabajar con él?

Fue sensacional poder trabajar con Peter Cushing. Era una persona extremadamente amable, atenta y gentil detrás de las cámaras, cuando no estábamos rodando, lo que hacía que su interpretación fuese mucho más aterradora. Su actuación me parece asombrosa, entonces y ahora. Fue un verdadero privilegio poder compartir con él esa escena.

Lo cierto es que Peter Cushing no es el único mito del cine de terror con el que has trabajado. Años después compartirías reparto con el no menos mítico Vincent Price en la comedia Percy’s Progress [vd: Percy’s Progress, 1974], donde también aparecían otras Hammer Girls como Julie Ege, Jenny Hanley, Judy Geeson o Madeleine Smith. ¿Llegaste a coincidir con el actor norteamericano?

Desafortunadamente, no coincidí en ningún momento con el gran Vincent Price. Mis escenas en el film eran totalmente autónomas. Pero sí, ¡qué icono!

Judy y Robin Askwith en “The Flesh and Blood Show”

Volviendo a tu carrera dentro del cine de terror, en 1972 trabajaste en The Flesh and Blood Show. El director era Pete Walker, conocido por su estilo directo, basado en la potenciación de los elementos violentos y los desnudos femeninos en sus películas. ¿Cambiaba mucho la forma de trabajar con Walker a la que te habías encontrado, por ejemplo, en tus películas en la Hammer?

Entonces no era consciente de la reputación de Pete Walker. La principal diferencia era que contábamos con un presupuesto notablemente menor que en la Hammer y ¡claramente nos mimaban menos! Pete era un director increíblemente eficiente y profesional. Me facilitó mucho las cosas en mis breves escenas de desnudo. No dejaba de ser otro trabajo más, aunque contábamos con un estupendo reparto.

Tu último trabajo dentro del cine de terror británico de los setenta se produce en Violación y…? (Scream and Die, 1973) del español José Ramón Larraz, un director que tenía fama de no ser nada fácil en los rodajes. ¿Cómo fue tu experiencia con él?

Mi experiencia laboral con Larraz fue muy incómoda. No era precisamente respetuoso con su reparto femenino y siempre parecía trabajar desde la mirada de un voyeur. No era un director al que pareciese preocuparle demasiado tu interpretación. La considero mi experiencia menos favorita para la gran pantalla.

Al igual que en Lujuria para un vampiro o Drácula y las mellizas, en Violación y…? protagonizas uno de los momentos más icónicos del film, cuando tu personaje es estrangulado por el asesino al mismo tiempo que la desnuda y viola. Imagino que no sería nada fácil interpretar una escena así…

Tienes toda la razón, no me resultó nada fácil, y Larraz siempre quería llevar las cosas un poco más allá del límite. Pero estoy agradecida de que tuve la suerte de contar con el apoyo del estupendo director de fotografía, Trevor Wrenn.

Peter Forbes-Robertson, Judy y Andrea Allan en un momento de “Violanción y…?”

Durante la década de los setenta alternaste tu trabajo en el cine y la televisión. ¿Era muy diferente el trabajo en ambos medios?

Sí que era diferente. Normalmente disponíamos de un extenso período de tiempo para los ensayos, por lo general fuera de los estudios o localizaciones. Pero, no obstante, menos tiempo para la grabación o filmación en sí.

En años recientes, la antología Dead of Night (1972) ha sido objeto de un cierto culto en redes. Tuviste ocasión de encarnar un papel en el episodio “Two in the Morning”. ¿Qué recuerdos guardas de la experiencia?

Desgraciadamente ese episodio concreto está perdido. Recuerdo los ensayos al norte de Londres y luego viajar hasta Glasgow para grabarlo en los estudios escoceses de BBC. Mi mejor recuerdo es haber podido trabajar con un impresionante elenco de actores a los que siempre había admirado, como Peter Jeffrey, Donald Douglas y John Nettleton. Y, por supuesto, trabajar para Paul Annett, el director del episodio.

Val Guest es otro nombre icónico con el pudiste trabajar en la pequeña y la gran pantalla. ¿Puedes comentar cómo era trabajar para él?

Val Guest tenía cierta reputación de “mujeriego”, pero conmigo siempre fue completamente respetuoso, alentador y profesional. Sus conocimientos y su experiencia convirtieron la experiencia en todo un placer.

Judy en primer término durante su aparición en la serie de ciencia ficción “Los 7 de Blake”

Tu último rol televisivo fue en el capítulo “Volcano” de la última temporada de Los 7 de Blake (Blake’s 7, 1978-1981), una serie que fue tremendamente popular también aquí, en España, a raíz de su emisión por TVE en los primeros años ochenta. ¿Cómo acabaste formando parte del reparto de ese episodio?

¡No sabía que Los 7 de Blake también tuviesen seguidores en España! El director Desmond McCarthy me invitó a participar en la serie, puesto que ya había trabajado con él anteriormente en el culebrón Crossroads (1964-1988). No era un papel especialmente gratificante, pero me permitió disfrutar trabajando con dos intérpretes a los que siempre había admirado como Jacqueline Pearce y Michael Gough.

Con la llegada de la década de los ochenta abandonaste la interpretación. ¿A qué fue debido?

A finales de los setenta emprendí un largo viaje a través de África, de Londres hasta Kenia. Al regresar, transcurrido un año, sentí la necesidad de un cambio en mi vida profesional y ese momento además coincidió con que me invitasen a formarme como presentadora de continuidad en TVS, la nueva franquicia televisiva de ITV.

No obstante, en los últimos años has vuelto a ponerte de nuevo delante de las cámaras en varias ocasiones, como puede ser The Haunting of Margam Castle (2020), donde también comparecen otras actrices asociadas a su trabajo con la Hammer como Caroline Munro o Jane Merrow. ¿Se trata de algo puntual o tienes intención de retomar tu carrera como actriz?

Nunca he tenido demasiado planificada mi vida o mi carrera. Lo cierto es que, en los noventa, me mudé a Sudáfrica con mi joven familia. Al regresar, varios años más tarde, me habría resultado demasiado difícil, logísticamente, retomar las riendas de mi carrera como actriz.

Pero una de las cosas de las que no he hablado aún es del poder de internet. Lo ha cambiado todo, pero sobre todo para mí y la consideración de culto de mi trayectoria. He tenido la enorme fortuna de que me hayan invitado a asistir a numerosos eventos de cine y televisión, e incluso, de vez en cuando, he podido añadir nuevos títulos a mi filmografía como consecuencia de mi exposición (¡y no es un juego de palabras!) en redes. ¡Qué afortunada he sido!

Pepe Torres & José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Pepe Torres

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