Right of Way [tv: Derecho a elegir vd/dvd: Decisión final]

 

Sinopsis: Mini y Teddy Dwyer son un matrimonio de ancianos. Ella tiene una enfermedad en la sangre y le queda poco tiempo de vida, por lo que la pareja ha decidido hacer un pacto y suicidarse juntos. Pero cuando le comunican la noticia a su hija, ésta no puede dar crédito a sus palabras, oponiéndose por completo. Sin embargo, ellos están convencidos de cumplir su propósito.

 


Título original: Right of Way
Año: 1983 (Estados Unidos)
Director: George Schaefer
Productores: George Schaefer, Richard Lees, Philip L. Parslow
Guionista: Richard Lees, según su propia obra
Fotografía: Howard Schwartz
Música: Brad Fiedel
Intérpretes: Bette Davis (Mini Dwyer), James Stewart (Teddy Dwyer), Melinda Dillon (Ruda Dwyer), Priscilla Morrill (Sra. Finter), John Harkins (G. Clayburn), Jacque Lynn Colton (Sra. Belkin), Louis Schaefer (Kahn), Ismael “East” Carlo (jardinero), Charles Walker (asistente de Kahn), Jane Kaczmarek (reportera de TV), Mark L. Taylor (paramédico), John Ratzenberger (policía)…

En 1980 la Academia de Hollywood otorgaba a Henry Fonda un Oscar honorífico por su larga trayectoria frente a las cámaras. Un año después, el veterano intérprete por fin conseguiría la ansiada estatuilla en la categoría al mejor actor principal que tantos años se le había resistido por su papel protagonista de En el estanque dorado (On Golden Pond, 1981), film dirigido por Mark Rydell con guion de Ernest Thompson según su propia y aplaudida obra teatral. Dejando a un lado, como se ha dicho tantas veces, que los objetivos de dicha película eran que Henry Fonda se reuniera con sus hijos en la gran pantalla –aunque, finalmente, no hubo papel para Peter en una historia con tan pocos personajes-, y sobre todo buscar el merecido y tantas veces negado Oscar, la película supuso un tremendo éxito de crítica y público. No es de extrañar, por tanto, que la HBO tomara buena nota y no tardara en tener preparada Right of Way [tv: Derecho a elegir; vd/dvd: Decisión final], filmada en 1982 pero cuyo estreno (catódico) no tendría lugar hasta finales del año siguiente[1].

Como en la cinta de Rydell, también una pareja de estrellas del Hollywood de los grandes estudios encabezó el reparto[2]. En esta ocasión se trató de la diva Bette Davis y el bueno de James Stewart, quien precisamente había mostrado su interés por protagonizar En el estanque dorado, algo que no pudo ser ya que Jane Fonda había adquirido los derechos de la obra adaptada. Jimmy Stewart contaría en sus memorias sobre el telefilm que nos atañe que la Davis pasaba mucho tiempo en su camerino durante el rodaje y que se mostró la mayor parte del tiempo como una persona fría. Algo esto último que, por un lado, no sorprende lo más mínimo –esa fama la arrastraba ya de lejos- y que, por otro, le venía de perlas a su personaje, el cual sobra decir que borda, al igual que ocurre con su compañero.

George Schaefer, todo un veterano de las 365 líneas, sería el director de esta TV movie[3]. Poco antes ya había dirigido a Bette Davis en otra cinta para televisión, A Piano for Mrs. Cimino [tv/vd: Un piano para Mrs. Cimino, 1982]. En la que aquí nos interesa, Schaefer, contando con un guion escrito por el propio autor de la obra adaptada, Richard Lees, sabe salirse de los encorsetados condicionantes escénicos para reconvertir el material en una película con muchos escenarios y exteriores, amén de múltiples secundarios y extras.

El derecho a una muerte digna, un tema aún hoy espinoso, fue tratado en no pocas ocasiones por la televisión e incluso el cine en aquellos años. Lo habíamos visto poco antes en Act of Love [tv: Un acto de amor, 1980], con Ron Howard –antes de pasarse a director de blockbusters– cumpliendo los deseos de su hermano –un joven Mickey Rourke-, quien ha quedado paralítico tras un accidente de moto, de acabar con la vida de éste para luego entregarse a la justicia. O no mucho después en Buenas noches, madre (‘night Mother, 1986), de Tom Moore, sobre la premiada obra teatral de Marsha Norma contando también con libreto de ésta. En ella, Ann Bancroft intenta convencer durante toda una noche a su hija, Sissy Spaceck, de que cambie de opinión tras que con toda la tranquilidad del mundo le haya confesado que, debido a sus muchos problemas físicos y familiares, va a poner fin de una vez por todas a sus sufrimientos antes de que amanezca.

En Right of Way tenemos un matrimonio en el que ella, por una enfermedad, tiene los días contados. Él, por su parte, no se ve viviendo solo, así que ambos han dictaminado suicidarse juntos e irse a la vez de este mundo. Es un último acto de amor y compañerismo para una pareja que han vivido el uno con el otro durante muchas décadas. Pero no sólo con esta determinación se sale el matrimonio de los límites de la legislación. Además, han decidido dejar de pagar las facturas y los impuestos; y del mismo modo no atienden a sus deberes cívicos, y tienen la casa completamente sucia y desordenada, tanto el interior de ésta que en definitiva sólo les atañe a ellos, como el jardín del porche, que se presenta totalmente descuidado, alterando las normativas civiles y ganándose la enemistad de los vecinos. Los Dwyer han resuelto vivir a su manera, fuera de toda norma, sus últimos días.

Para más inri, aunque por otro lado nada extraño en tantas personas mayores, han ido adoptando muchos gatos a los que alimentan y dejan actuar a su aire que, para el malestar del vecindario, tienden a colarse en las casas colindantes. Los felinos tienen todos nombres de populares actores de Hollywood –Bobby DeNiro, Pacino, Bobby Redford, Jimmy Caan, etc). Schaefer, al contrario de lo que cabría esperar, y más tratándose de una producción para televisión, no juzga la actitud de los protagonistas; es más, se pone de su parte, presentando por contraste y echando una mirada negativa sobre otros personajes como bien nos viene nombrar a una vecina -que siempre se queja de ellos- cargada de una numerosa piara de niños muy mal criados y, al igual que ella, sin la menor educación. Nunca vemos al marido –ni se le nombra siquiera- y la mujer siempre cuenta las cosas desde su interesado punto de vista; pura white trash sin cultura ni aspiración ninguna.

No obstante, junto a lo ya expuesto la película es también una historia de reencuentro, comprensión, respeto y amor familiar en relación a la hija del matrimonio protagonista con sus padres, a quienes hace tiempo que no ve. Ruda, que así se llama, incluso vive en otra ciudad, apartada de ellos; se fue lejos buscando esa separación a propósito, principalmente porque no comulgaba con la filosofía -anticuada- de su madre. Y aunque en un principio se alarma con la decisión tomada por sus progenitores e intentará convencerlos -inútilmente-, llegando ha alertar a las autoridades competentes -una idea lógica pero que a la postre resultará negativa- con el fin de impedir que se salgan con la suya, finalmente, comprenderá y respetará tan determinante medida.

La pareja de ancianos es presentada como un anacronismo en los tiempos que narra el film: Teddy es un gran amante de la poesía, con la casa llena de libros, y se horroriza de que alguien -joven- no sepa siquiera quién fue Pablo Neruda. Mini por su parte hacía muñecas de manera artesanal; siguiendo la tradición familiar, pues su madre había llevado un negocio de miniaturas -de ahí su nombre- que también manufacturaba; y del mismo modo la hija de ellos -por más que quiera separarse y diferenciarse de sus progenitores- se dedica a llevar un taller de alfarería en unos tiempos donde ya dominan las grandes superficies con productos fabricados en serie. El matrimonio aún conserva el coche que compraron cuando eran novios, un viejo modelo que llama la atención en relación a todos los demás automóviles que circulan a su alrededor, acordes con su época. El vehículo, que está tan desfasado y fuera de lugar como ellos, les servirá según sus planes como arma de ejecución y cámara mortuoria.

¿Y cómo acaba todo? ¿Permitirían Schaefer y la HBO que Mini y Teddy lleguen a suicidarse? Pues lo cierto es que se rodaron hasta tres finales distintos. En su momento se emitió el más crudo, en el que la pareja alcanzaba a cumplir su objetivo. Mas los otros dos, menos fatídicos pero igual de dramáticos, se usarían en las distintos montajes vistos en vídeo y DVD. Por ejemplo, la edición videográfica española terminaba con el anciano matrimonio siendo rescatado en el último momento por un equipo de televisión que había ido a cubrir la noticia. Cuando Ruda llega a la casa sus padres están siendo atendidos por los paramédicos y un policía le dice que el Estado se hará cargo de ellos y que los tienen que separar. Los Dwyer vivirán solos el tiempo que les quede, todo lo contrario a lo que tenían ideado.

No fue la aquí comentada el único trasvase de las tablas a la pantalla en el que viéramos a la veterana rival de Joan Crawford. Por citar sólo un par de ejemplos más, valdría bien citar una de sus películas para la Hammer, la usualmente vilipendiada The Anniversary [tv/vd/dvd: El aniversario, 1968], de Roy Ward Baker, o la posterior y mucho mejor valorada Las ballenas de agosto, de Lindsay Anderson, donde formaba parte de un entrañable trío de ancianos junto a Vincent Price y Lillian Gish.

Curiosamente la última película que dirigió Schaefer, datada de 1996 -moriría un año después-, fue otra adaptación televisiva de una obra de Broadway, El invisible Harvey, que había conocido en 1950 traslación al cine a cargo de Henry Coster y protagonizada justamente por James Stewart.

Alfonso & Miguel Romero

[1] 1983 fue un año movido para la Davis. Participó en un episodio de Hotel (Hotel, 1983-1988), y a punto estuvo de quedarse como personaje fijo en la serie, pero no fue posible. En mayo, a la edad de 75 años, la actriz salió de la ducha y al secarse con la toalla notó que tenía un bulto en el pecho. Ingresó en el New York Hospital, inscribiéndose con un nombre falso, y el 9 de junio se sometió a una mastectomía. Nueve días después sufrió una apoplejía que la dejó muy debilitada. Los médicos le dijeron que no volvería a trabajar. Sin embargo, ella se reestableció y antes de su óbito en 1989 actuó en tres películas y media más: Murder with Mirrors [tv: Reflejo en la noche, 1985], As Summers Die [tv/vd: Testigo sorpresa, 1986], Las ballenas de agosto (The Whales of August, 1987), y Wicked Stepmother [tv/vd/dvd: La bruja de mi madre, 1989] que abandonó durante el rodaje porque pensaba que tal desaguisado podría perjudicar su carrera.

[2] En el estanque dorado contó en su reparto con dos grandes nombres del viejo Hollywood: el mencionado Henry Fonda y Katherine Hepburn. La inolvidable Susan Vance de La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, 1938) intervino igualmente en otras traslaciones a la pantalla de célebres obras teatrales. Podríamos nombrar, entre otras, El león en invierno (The Lion in Winter, 1968), que Anthony Harvey dirigiera sobre un guion de James Goldman basado en su propia obra; o A Delicate Balance [tv: Un delicado equilibrio; dvd: Un equilibrio delicado, 1973], realizada por el inglés Tony Richardson para la hoy tan rememorada American Film Theatre, contando con libreto firmado por Edward Albee, dramaturgo de la pieza teatral.

[3] Cecic Smith, crítico de Los Angeles Times dijo sobre él y su etapa en Hallmark: “George Schaefer es a la televisión lo que gigantes como Ford, Huston y Wyler al cine. Sus producciones son notorias islas en el mar de la mediocridad televisiva”.

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