Entrevista a Maximiliano Contenti, director de “Al morir la matinée”

Tras su paso por el último Sitges y alzarse con el premio a la mejor película iberoamericana en el Curtas, Festival do Imaxinario, la producción uruguaya de terror coproducida con Argentina Al morir la matinée (2020) pudo verse en la pasada edición del FANT bilbaíno dentro de la sección Panorama, donde estuvo acompañada de su director, Maximiliano Contenti. Ambientada en Montevideo en 1993, su trama se desarrolla en una despoblada sala de cine durante la proyección de una película de terror donde un misterioso asesino irá eliminando uno a uno a los espectadores que se encuentran en el recinto. Sobre tan sucinta base, Contenti desarrolla un trabajo de metacine que homenajea y reivindica al cine mismo y que tiene en el giallo y el slasher sus principales referentes.

Aunque previamente has rodado varios largos, Al morir la matinée es, en puridad, tu primera película profesional…

Podríamos decir que sí. Antes hice un largo documental y una película independiente con presupuesto mínimo a base de humor. También participé en otra que ahora está en Filmin y que se llama Neptunia (2017). Es una película de capítulos de la que fui uno de los directores. Aparte, trabajé mucho como montador en otras producciones. Pero sí, Al morir la matinée se puede considerar mi carta de presentación más profesional y también más autoral.

Teniendo en cuenta que en la vecina Argentina existe ahora mismo una especie de eclosión del género, ¿cuál es la situación del cine fantástico en Uruguay? ¿Existe cierta producción más o menos normalizada o eres una especie de francotirador?

En Uruguay parece que ahora está acompañando la situación. Ha habido otros casos recientes que podrían contemplarse como género, aunque sean un poquito rosas y tirando al drama, como En el pozo (2019), que también ha estado en Europa recorriendo festivales. Y también hay varios colegas que actualmente se encuentran intentando sacar adelante proyectos de la temática. Pero son casos puntuales. No es algo tan notorio como en Argentina, pero sí que ha habido un crecimiento evidente en el interés y el apoyo en lo referente a la producción. Falta mucho todavía, pero no es lo mismo que hace diez años. Hace diez años era algo literalmente inviable, a no ser que fuera como en las películas y cortos que hice antes, valiéndote de tus propios medios y como buenamente pudieras. Ir a los fondos con proyectos fantásticos, fueran de terror o de cualquier otro estilo del género, era ser rechazado. Al morir la matinée debe de ser uno de los primeros casos que tuvo apoyos de los fondos. Por todo ello pienso que es una situación que se está revertiendo y ya están apareciendo otros casos y hasta se están apoyando películas animadas. La situación está mejorando, en definitiva.

Momento de la rueda de prensa de “Al morir la matinée” con Maximiliano Contenti y Vanesa Fernández, directora del certamen

Al morir la matinée es, ante todo, un canto de amor al cine en general y al de terror en particular. ¿Qué te llevó a enfocar tu primera película profesional como un homenaje a tus referentes?

Es algo que tiene que ver con que yo sea un cinéfilo empedernido. No tengo esa cuestión de querer hacer un tipo de cine determinado. Por eso mismo, he estado saltando del documental a la ficción y de un género a otro, porque no considero que tenga un estilo ni nada parecido. Y esta película surgió por una necesidad. Yo venía de estar mucho tiempo con un proyecto que no era de género. Era un drama basado en la historia real sobre la que hice el documental al que me refería antes, Hélices: revelando una tragedia (2013), pero que no pude hacer en ficción como era mi propósito. Era un proyecto que no lograba levantar por la falta de apoyos, ya que era medio caro. Y un poquito en esa necesidad de hacer algo fui a lo que me era más natural y a las raíces de las que, de algún modo, había brotado mi amor por el cine. El proyecto nació, precisamente, por la inspiración en la sala de cine de la Cinemateca Uruguaya, mientras que el terror se me daba como un campo más fértil para mí para poder hacer este proyecto. También consideré que podía ser viable. Podía hacer una película de género competente en Uruguay, local pero con proyección internacional, y que fuera producible en estos términos con una historia contenida en el interior de una sala.

En cuanto a todo el componente de metacine que tiene la película, tampoco fue tan pensado. Se potenció solamente porque yo soy muy cinéfilo. Hay realizadores a los que no les gusta el cine aunque usen el medio, y otros que sí son amantes del cine y tienen esa conexión. Y ese es mi caso. El cine es mi ocio; estoy demasiado metido en él, es verdad. Siempre que me dice alguien de quedar le propongo que vayamos a ver una película, si quiero trabajar tengo que hacer una película… Siempre estoy dando vueltas sobre lo mismo. Tengo que variar un poco, o al menos eso me dice mi pareja. Pero bueno, vamos de a poco (risas).

Los dos principales espejos en los que se mira la película son el giallo y el slasher. ¿Por qué escogiste, precisamente, estos dos subgéneros?

Lo del giallo es más como una esencia. A mi el giallo no fue el cine que fascinó de chico; eso fue más adelante. Sin embargo, me parece que el giallo es el que tiene el estilo más creativo y traumático, porque las imágenes que genera son las que más se quedan. Pero era el slasher, que es el hijo del giallo, el que yo consumía siendo un adolescente y el género del terror que conocía más. Así que estaba la cuestión de capturar esa esencia, combinar ambos estilos haciendo una especie de experimento y traerlos al entorno local. Como quería hacer un personaje de terror local, una especie de Jason o Michael Mayers uruguayo, surgió la idea de que lo encarnara Ricardo Islas, el pionero del cine de terror en Uruguay. Ricardo es de la escuela de la Hammer, que es un cine que conozco pero que nunca me ha cautivado. Y con la presencia de Ricardo está también de algún modo representado en la película. Y está bueno tener todas esas conexiones en la película. En cualquier caso, quiero dejar claro que Al morir la matinée no es un giallo. Puede quizás que sea un neogiallo, pero no un giallo.

¿Cómo surgió la idea de escoger a Ricardo Islas para dar vida al serial killer de la película y como se lo tomó cuando le ofreciste el papel, teniendo en cuenta que él principalmente es director, no actor?

Leyendo el primer borrador le dije a Manuel [Facal], el guionista, que el personaje del asesino era Ricardo. Para entonces ya le conocía en alguna de las ocasiones que había regresado a Uruguay, ya que él vive en los Estados Unidos, en Chicago. Así que se lo planteé, le pasé todo el proyecto y el mismo día me respondió. “Este es el rol de mi vida”, me dijo (risas).Sin embargo, a medida que iba hablando con productoras me preguntaban que porqué iban a traer a Ricardo para interpretar un papel que podía hacer cualquiera. Pero no era lo mismo, ya que eran cosas que estaban conectadas. Así que finalmente vino de Chicago y, la verdad, es que no teníamos mucho tiempo de ensayo. Tanto es así que a las doce horas de su llegada ya estábamos rodando una de sus tomas.

Yo aposté porque él encarnara el personaje, porque realmente no tuvo ensayo de nada. Pero fue maravilloso por el compromiso que me demostró, y tanto yo como el resto del equipo quedó copado con la experiencia. Es más, tengo mucho interés de continuar con esta historia más allá de la sala. Hay muchos misterios y muchos porqués de su personaje que hay que resolver. Aparte de que el mal nunca muere, siempre va a volver. Así que con un poco de suerte todo eso lo veremos en una segunda parte (risas).

Lo cierto es que el hecho de que Islas interprete al asesino da una lectura muy potente a la película, teniendo en cuenta que la película que se proyecta en el cine en el que discurre la ficción está dirigida en la realidad por él. Es decir, el director que va asesinando a los espectadores que no prestan atención a su película, arrancándoles además los ojos con todo el simbolismo que ello encierra…

Todas esas observaciones comenzaron a aparecer a través del público. Yo no las había tenido en cuenta nunca. Hay que tener en cuenta que, originalmente, la película que se proyectaba en la sala no era de Ricardo, sino un giallo que se llamaba “La muerte jamás vista”. De hecho, hay tres versiones de montajes con diferentes películas. Al principio estuvimos a punto de llegar a un arreglo para incluir una película de Dario Argento, y es por ese motivo por el que se puede ver el afiche de Ópera (Opera, 1987) en el cine. Después contactamos con un distribuidor italiano que tenía un amplio catálogo de giallos y estuve por utilizar Aquarius (Deliria, 1987), Witchcraft [vd/dvd: Encuentro con la maldad, 1988] con Linda Blair, y La casa 5 (1990). Pero al final tampoco se dio y después vino la pandemia que complicó mucho la comunicación con los italianos. Así que, como Ricardo fue tan amoroso, puso a mi disposición todo su catálogo. Como yo sabía que la película que había hecho sobre Frankenstein muy a la Hammer funcionaría, la escogí y vi que tenía esa conexión extra. Pero el racionamiento de que la gente iba a hacer ese análisis con ese simbolismo nunca lo había pensado y me encantó. Nunca había pensado que el código en este slasher es que mueren los personajes que no respetan al cine…

Y, encima, les arrancan los ojos por no prestar atención…

Es cierto, porque el único que no muere es el niño que está fascinado con la película. Es más, es el único que realmente está viendo la película.

Sobre eso mismo te quería preguntar. Ese niño eres tú, ¿verdad?

¿El niño soy yo? Sí, seguro. Soy yo con ocho años mirando Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993). Por eso es la referencia en uno de los afiches a En busca del valle encantado (The Land Before Time, 1988), una animada producida por Steven Spielberg, que es la película que salen de ver los niños de la sesión anterior al principio de la cinta. Hay una conexión ahí evidente.

También fue un hallazgo bastante bueno Franco Durán, quien interpreta al chico. No hay buenos niños actores, por lo que no es fácil hacer castings. Busqué en Uruguay y Argentina y tuve la suerte de encontrarle, porque la verdad es que no tenía muchas opciones. Si no iba a caer con alguien que iba a quedar más o menos. Sin embargo, Franco tenía mucha naturalidad y ahora está nominado a los premios Platinos como actor revelación, lo cual es algo muy merecido.

Las películas de terror que transcurren dentro de un cine es casi un subgénero en sí mismo. Se me ocurren los casos, por ejemplo, de Demons (Démoni, 1985) de Lamberto Bava o Angustia (1987) de Bigas Luna. ¿Tenías en mente alguna de estas películas a la hora de desarrollar el proyecto?

Sí, había muchas referencias. Este tipo de películas es todo un subgénero, no solo del terror, sino del cine en general. Cuando le propuse a Manuel Facal que me ayudara con la escritura del guion vimos referencias. Nuestra referencia con el giallo era, precisamente, Demons. Lo fabuloso y lo fantástico que me sucedió es que una vez que teníamos un segundo borrador, como un año antes de comenzar la producción, descubrí Angustia de Bigas Luna. Conocía gran parte de su filmografía, pero no Angustia, y cuando la vi no lo podía creer. Quedé fascinado y sorprendido con las conexiones que tenía con la película que estaba preparando, así que le hice un homenaje y si la gente se fija verá que aparece el afiche de Angustia por algún lado. Por supuesto, hay también otros ejemplos, como pueden ser Gremlins (Gremlins, 1984) y, en general, todas las películas que tengan algo de metacine. Al morir la matinée no solo habla mucho del cine de género, sino del cine en general. Es una especie de Cinema Paradiso (Nuovo Cinema Paradiso, 1988) terrorífico que conecta con todo lo que abarcan las salas.

Como has mencionado, el metraje de Al morir la matinée está lleno de homenajes, no solo de afiches, sino también de escenas concretas, como puede ser aquella en la que dos amantes son atravesados por el asesino que diríase inspirado en uno de los asesinatos de Bahía de sangre (L’ecologia del delitto/Reazione a catena, 1971) que a su vez fuera empleado también en Viernes 13 2ª parte (Friday the 13th, Part 2, 1981). ¿Cómo fue la construcción de la película a la hora de incorporar todas estas referencias?

Fue una conjunción. Algunas cosas son conscientes, claramente, pero otras supongo que son inconscientes y surgen del bagaje de uno, de las cosas que le han cautivado e inspirado. Hubo cosas que tuve que cambiar por cuestiones de producción, como puede ser el caso de la película que se proyecta, que creo que dieron más rienda a mi creatividad. Para mí lo de Angustia es el ejemplo de una referencia que estaba ahí, pero yo no la conocía hasta después de tener ya el proyecto cerrado y no podía crearlo. Creo que estas conexiones están más allá de si uno las plantea o no. Se generan solas.

A nivel formal, Al morir la matinée puede presumir de tener una factura muy lograda, sobre todo teniendo en cuenta que es una película con un presupuesto no muy grande…

Gracias. Hay que considerar que mi idea al enfrentarme a esta película era que no fuera un film de terror a medias tintas. Para eso prefería encaminarme con los otros proyectos en los que estaba. Si iba a hacer una película de género en Uruguay, con toda esa cuestión localista, quería que fuera competente y que se pudiese mostrar por el mundo. Entonces era muy importante la estilización y era muy importante la puesta en escena, el arte y la fotografía. Eran primordiales, por decirlo de algún modo. Y los efectos eran como la estrella. Como toda esta búsqueda muy clásica, casi que excesivamente en ese planteamiento, tenían que ser prácticos.

La verdad es que el presupuesto fue justo. Cuando filmamos la película creo que teníamos ciento veinte mil dólares. Ya después empezó a entrar el resto para cerrar y hacer frente a los pagos hasta llegar a un poco más del doble de con lo que rodamos. Acabamos con trescientos y algo. Algunos dicen que fue un poco más, sobre unos cuatrocientos mil. Yo quería que luciera como si contáramos con un millón y busqué todas las artimañas. En muchos aspectos estábamos muy justos. También de tiempo. Fueron veinticuatro días de rodaje. Pero lograr una buena factura era uno de los objetivos principales. Era esencial para mí.

La película fue estrenada en Uruguay hace casi un año. Teniendo en cuenta la falta de tradición de films de este tipo, ¿cómo ha sido acogida su propuesta por parte del público local?

Fue bien recibida y también por la crítica, cosa que me sorprendió. Pensé que la crítica la iba a matar, pero entendió los códigos. Algunos la vieron un poco grotesca y paródica, y está muy bien que la vean por ese lado del humor negro. Otros la vieron desde el prisma del homenaje y a otros les sorprendió la factura. En cuanto al público, la fue a ver. Es más, fue la película que reabrió las salas en septiembre del año pasado y tuvo más espectadores que ¡Scooby! (Scoob!, 2020). Fue algo asombroso, porque no es el público uruguayo muy fanático del cine nacional, y hay ya toda una tradición de rechazo, en parte porque el cine uruguayo es mayoritariamente costumbrista y de festivales. Entonces, una película de promedio no pasa de los mil quinientos espectadores. Y nosotros, en cambio, hicimos en pandemia casi cuatro mil. Y eso con un aforo del treinta por ciento de sala, que es muy poco. Así que ha ido muy bien.

Mirando ya al futuro, creo que entre los próximos proyectos en los que te encuentras trabajando hay uno de temática fantástica. ¿En qué estado se encuentra ahora mismo?

En realidad estoy con varios proyectos y hay un par de temática fantástica que están en fase de guion. Uno, que se llama Tomte, es de corte familiar y cuenta la historia entre un portero de un edificio antiguo y un gnomo. Tomte es gnomo en sueco. Es un guion viejo que en origen era el primero que quería hacer como mi primera película pero para el que no encontré los apoyos. Ahora lo he reenganchado y parece que hay más posibilidades.

Después, junto a otros proyectos que no tienen nada que ver con el género, tengo otro que es medio fantástico y medio biográfico sobre Horacio Quiroga, que es como el Edgar Allan Poe latinoamericano. Trata sobre una parte de su vida fascinante, de una aventura que vivió en la selva de la que surgió su vocación. Es una película también muy estilizada, cuyo referente podría ser El faro (The Lighthouse, 2019), aunque no sean del mismo tipo. La estoy moviendo también por España, ya que ahora mismo estoy viviendo acá, en Canarias.  

José Luis Salvador Estébenez

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