Too Scared to Scream [vd: Demasiado asustada para gritar]

 

Sinopsis: En el Royal Arms, un lujoso complejo de edificios de Manhattan, comienzan a sucederse una serie de asesinatos. Algunas pruebas apuntan a Vincent, el portero del turno de noche. El teniente Dinardo, un tipo duro, es el encargado de investigar el caso.

 


Título original: Too Scared to Scream
Año: 1984 (Estados Unidos)
Director: Tony Lo Bianco
Productor: Mike Connors
Guionistas: Neal Barbera, Glenn Leopold
Fotografía: Larry Pizer
Música: George Garvarentz
Intérpretes: Mike Connors (teniente Alex Dinardo), Anne Archer (Kate Bridges), Leon Isaac Kennedy (Frank), Ian McShane (Vincent Hardwirk), Ruth Ford (Irma), John Heard (Steve), Carrie Nye (Graziella), Maureen O’Sullivan (Inez Hardwirk), Murray Hamilton (Jack Oberman), Ken Norris (Mike), Val Avery (doctor Richards), Chet Doherty (Edward), Sully Boyar (Sydney Blume), Karen Rushmore (Nadine), Rony Clanton (Barker), Beeson Carroll (Barry Mover), Victoria Bass (Cynthia Oberman), Dick Boccelli (Benny)…

Eran los primeros ochenta y la fiebre del slasher arrasaba en las pantallas. La noche de Halloween (Hallowen, 1978), de John Carpenter, y Viernes 13 (Friday the 13th, 1980), de Sean S. Cunninghman, marcaron las pautas a seguir al tiempo que daban el pistoletazo de salida. Tras ellos fueron muchos los realizadores que se lanzaron a por su parte del pastel, facturando casi en serie una larga ristra de títulos sin intención de aportar nada nuevo las mayoría de las veces, empleando la cantidad de asesinatos -principalmente de estúpidos adolescentes- y la creatividad y brutalidad de estos como el mejor reclamo de cara a una audiencia formada más que nada por los mismos teenagers[1]. Pero, y esto es más curioso, también varios actores se apuntaron a dirigir su propia aportación al subgénero; podríamos nombrar los casos de David Hess con To All a Goodnight [tv/vd/dvd: Feliz nochebuena, 1980], Edmund Purdom con Don’t Open Till Christmas [tv/vd/dvd/bd: No abrir hasta navidad, 1984], o Tony Lo Bianco con Too Scared to Scream [vd: Demasiado asustada para gritar, 1984]. Tres títulos que conformarían el único largometraje acometido por cada uno de ellos.

Tony Lo Bianco había llamado la atención con su interpretación del psychokiller Ray Fernandez en Los asesinos de la luna de miel (The Honeymoon Killers, 1970)[2], la merecidamente cult movie dirigida por Leonard Kastle. Sin embargo, más le marcaría su intervención en el género policiaco poco después en la aplaudida -por crítica y público- French Connection. Contra el imperio de la droga (French Connection, 1971). En el género repetiría a lo largo de la década en múltiples ocasiones, tanto en algún otro clásico usamericano de la época, caso de Los implacables, patrulla especial (The Seven Ups, 1973), como en diversos poliziescos italianos o en series televisivas como viene bien citar Historia policial (Police Story, 1973-1976).

Al igual que hicieran otros intérpretes en su paso tras las cámaras, Tony Lo Bianco llenó el reparto del film que nos ocupa de caras conocidas para el gran público. De este modo tenemos en el cast a Leon Isaac Kennedy, por entonces en su mejor momento gracias a la saga de Penitenciaría; Murray Hamilton, de Tiburón (Jaws, 1975); o Val Avery, un habitual de la cuadrilla de John Cassavetes, y por entonces recién salido de Las pandillas del Bronx (The Wanderers, 1979).

Respecto a la concepción de Too Scared to Scream y atendiendo al testimonio de Lo Bianco, corría el año 1980 y, mientras se encontraba en conversaciones con Universal para una serie de televisión, llegó a su despacho el libreto de la futura película. Empezó a trabajar con la pareja de guionistas[3] con la intención de dirigirla y protagonizarla. Sin embargo, entró en el proyecto el actor Mike Connors -Krekor Ohanian en su DNI, de ascendencia armenia-, quien se mostró interesado. Fue él quien consiguió la financiación que faltaba haciendo partícipe a su amigo Ken Norris. Norris ejercería de productor ejecutivo con la condición de interpretar un papel secundario. Connors, el mítico Mannix de la serie homónima de la CBS, consiguió de este modo el papel protagonista a la vez que haría las funciones de productor[4], interpretando aquí de nuevo a un agente de la ley, un tipo de la vieja escuela que, aprendiendo del Harry Callaham de Eastwood, nos deja algunas perlas en las frases que suelta a los tipos que encañona con su pistola.

El británico Ian McShane -que había coincidido con Lo Bianco en la miniserie Jesús de Nazaret (Jesus of Nazareth/Gesù di Nazareth, 1977)[5] – encarna al principal sospechoso: Vincent, el portero del turno de noche, un tipo con un comportamiento muy extraño, un completo caballero para las damas, aficionado a Shakespeare -eso de ser de las Islas condiciona lo suyo-, que vive con -y cuida de- su madre, una anciana muda y postrada en una silla de ruedas que da muy mal rollo, rol este que recae en la mítica Maureen O’Sullivan, a la que no se la había vuelto a ver en la gran pantalla desde The Phynx (1970), más volcada durante los setenta en el medio catódico[6].

La producción de la película comenzó en octubre de 1982, y por entonces el proyecto llevaba el título de The Doorman, apuntando directamente al personaje que interpreta McShane. El Nueva York de aquellos primeros ochenta que nos muestra el film es aún por el que paseaba Travis Bikle en Taxi Driver (Taxi Driver, 1976), aquella ciudad sucia y deprimente donde era atacada Thana (Zoë Lund) en Ángel de venganza (Ms .45, 1981), con la calle 42 previa al lavado de cara que sufriría no mucho después verbigracia de Rudy Guliani en tiempos de la muy conservadora Administración Reagan, y aún la podemos ver plagada de chulos, salas X y de espectáculos sexuales que se anuncian orgullosos y a todo lujo desde las marquesinas. Sin embargo, el film no se estrenó hasta 1984; en la mayoría de los países llegó directamente en formato videográfico, no así en los Estados Unidos donde sí pudo verse en cines de la mano de la 21st Century Film Corporation, aunque su mayor aceptación sería en el mercado doméstico. No tardó, como el resto de las producciones de la compañía de corta vida The Movie Store, en pasar a formar parte del catálogo de la MGM.

La película parece en muchas ocasiones un telefilm de la época, tanto por la tipografía de los créditos, por su banda sonora, o por la ausencia de sangre y la ejecución de los asesinatos, donde estos suceden mayormente fuera de cámara, sin regodearse en ellos ni que salpiquen la hemoglobina como era la norma y lo normal en el slasher de la época. Sin embargo, sí encontramos otro de los elementos habituales -o forzosos- en las películas de terror de aquellos años, tal como requería el público: los desnudos femeninos, donde ahí sí la cámara se recrea a gusto enfocando pechos y traseros. La primera chica en cueros aparece al comienzo de la cinta, y se trata de Cynthia (la televisiva Victoria Bass en una de sus primeras interpretaciones), una prostituta de lujo que será la inaugural víctima del psicópata de turno; ella nos regala también la inevitable escena de ducha[7], mas no encontrará la muerte bajo el chorro de agua, sino poco después cuando abra un armario. El cadáver lo hallará a la mañana siguiente la asistenta negra, quien tiene en su breve intervención las mejores líneas de la cinta. El segundo desnudo -todo lo gratuito que se quiera- corre a cargo de Nadine (Karen Rushmore), una modelo de alta costura a la que gustan mucho los regalos caros. La muestra de epidermis tiene lugar en una sauna, y su apuñalamiento, tratando de escapar, sucederá en el ascensor, donde descubrirán el cuerpo en un momento deudor de las correrías del primer Michael Myers.

El libreto es altamente moralista y conservador, y presenta una mirada muy negativa hacia los ricos y poderosos, a los que retrata en todo momento como un puñado de amorales pervertidos que abusan de su posición para complacer sus -extravagantes- caprichos sexuales; las chicas liberadas acaban todas convertidas en prostitutas, sólo volcadas en los placeres terrenales que les proporciona el dinero y los lujos; y los gays tampoco salen bien parados en el film. Esto comentado, junto a que -pese a que sobre el papel el guion se decanta hacia el slasher, como también la promocionó la distribuidora- Lo Bianco dirige como si se tratara de un thriller policial más tradicional, emparenta esta producción con el tan moralista giallo italiano de los setenta.

El score musical corrió a cargo de Georges Garvarentz, sin embargo lo que más se queda en la memoria del espectador es el tema “Ca passe” de Charles Aznavour, cantado en inglés y retitulado como “I’ll Be There” que suena por el cantante francés al comienzo durante los créditos, y lo volvemos a oír al final en una versión más pop, en la voz de Phyllis Hyman.

Lo Bianco no parece el más adecuado para llevar a imágenes esta historia de asesinatos que pide a gritos -de pánico- una mayor inventiva visual en la puesta en escena. Olvidada durante años, la incursión en la realización del intérprete del inolvidable Salvatore “Sal” Boca del citado título de Friedkin, ha venido reivindicándose en los últimos años gracias a sus ediciones en formato digital. Una película que, además de machista, algo carca y moralista, es tramposa y caprichosa en su desarrollo, y desemboca, afortunadamente, en una resolución desquiciada y bizarra que resulta muy de agradecer. Un final abrupto que diríase propio de algún episodio de cualquier teleserie policiaca de la época.

Alfonso & Miguel Romero


[1] En la película que aquí nos ocupa incluso puede verse la marquesina de un cine donde proyectan La quema (The Burning, 1981) de Tony Maylam, temprana muestra de slasher ambientada en un campamento de verano, al igual que Viernes 13.

[2] La historia de Martha Beck y Ray Fernandez sería llevada al cine nuevamente en el presente siglo de la mano de Todd Robinson con la menos conseguida Corazones solitarios (Lonely Hearts, 2006), contando con Salma Hayek y Jared Leto en los respectivos roles de la pareja homicida. En el 2014 el cineasta belga Fabrice Du Welz también se inspiraría en ella de forma no acreditada para dar forma a su film Alléluia, esta vez con nuestra Lola Dueñas y Laurent Lucas en los papeles principales.

[3] Neal Barbera y Glenn Leopold, quienes por aquellas fechas escribirían también El asesino de Rosemary (The Prowler, 1981), otro slasher que acabó dirigiendo Joseph Zito.

[4] Unos años después, Connors trabajaría en algunas cintas realizadas en nuestro país o con este metido de por medio en régimen de coproducción, caso de A puño limpio/Fist Fighter (1989) de Frank Zuniga, o Ciudad baja (Downtown Heat) (1994) de Jesús Franco.

[5] Con un amplio currículum ya a sus espaldas, aún le quedaba mucho para conseguir sus mejores papeles y el reconocimiento merecido.

[6] Otra veterana (bastante menos célebre) del viejo Hollywood, Ruth Ford, interviene como una de las vecinas del edificio en el que sería su último papel.

[7] No será lo único que copie de Psicosis (Psycho, 1960). Prácticamente todos los asesinatos, con la mano levantada blandiendo un enorme cuchillo carnicero, así como buena parte de la resolución del film, beben (o plagian) directamente el seminal film del tito Hitch.

Un comentario en “Too Scared to Scream [vd: Demasiado asustada para gritar]

  1. Hola, amigo/as,

    Muchas gracias por el aporte sobre este film.
    Había visto esta película pero desconocía prácticamente el cien por cien de los datos que aportáis sobre ella. Esto ha hecho que varíe un tanto mi consideración sobre ella.
    En su día me pareció que los mimbres eran más bien escasos pero los intérpretes lo hacían bien y estaba convenientemente dosificada la tensión y el suspense.
    Además de ello valoraba su final, que no es de los que me ponen del hígado, muy propios de las películas con psycho killer de los ochenta.

    En fin, repito, muchas gracias por los abundantes datos que aportáis.

    Ignacio Bilbao

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