Entrevista a Fabrizio Laurenti

Hasta ahora, muchos considerábamos a Piero Vivarelli como uno más de los muchos cineastas artesanales que desarrollaron su carrera durante la etapa de esplendor del populoso cine bis europeo, cuyo principal hito se encontraba en ser el director de la adaptación a la gran pantalla del fumetto Satanik en 1968. Sin embargo, no podíamos estar más equivocados en semejante consideración, como se encarga de demostrar Life as a B-Movie: Piero Vivarelli (Niccolò Vivarelli & Fabrizio Laurenti, 2019), documental que aborda la vida y obra del también músico y periodista, revelando una de esas singulares personalidades tan habituales dentro del ecléctico panorama del cine de género europeo.

Tras vivir su premier mundial en el Festival de Venecia del pasado año, Life as a B-Movie: Piero Vivarelli pudo verse en la pasada quincuagésimo tercera edición de SITGES-Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, dentro  de la sección Brigadoon, donde estuvo acompañada de la presencia de uno de sus directores, Fabrizio Laurenti, nombre que posiblemente les resultará familiar a los aficionados al cine de terror italiano de los ochenta, al ser el responsable, entre otras, de dos clásicos videocluberos de la época producidos por la Filmirage de Joe D’Amato como Witchery [vd/dvd: Encuentro con la maldad, 1988] y Contamination.7/The Crawlers [tv/vd: Contaminación 7, 1991], y al que tuvimos la oportunidad de realizar la siguiente entrevista.

¿Cómo nace la idea de hacer un documental sobre Piero Vivarelli?

Conocí a Piero Vivarelli haciendo otro documental sobre Benito Mussolini. Le entrevisté porque había tratado a Mussolini en persona. Y cuando le conocí me pareció que era mucho más interesante Piero Vivarelli que Mussolini, y que tenía muchas cosas que contar. Después, conocí a Nick Vivarelli, el sobrino de Piero, que es periodista de cine, y le propuse hacer una película sobre su tío. Sin embargo, tardamos mucho en empezar y cuando comenzamos Piero estaba ya muerto.

¿Cómo ha sido rodar un documental sobre alguien que tenía tantas facetas profesionales y una personalidad tan singular?

Ha sido un proceso muy largo, porque según íbamos rodando el documental descubríamos nuevas cosas. Por ejemplo, en el último momento supimos que una de las actrices de sus películas[1], en realidad no era solo su pareja, sino que también era la madre de su segundo hijo, que era algo desconocido. Así que era un continuo descubrimiento de nuevas caras de Piero.

Como has dicho, Life as a B-Movie: Piero Vivarelli lo has codirigido junto a Niccolò Vivarelli. ¿Cómo fue trabajar junto a alguien tan cercano a vuestro objeto de estudio?

Fue una sorpresa para mí, porque Nick conocía a Piero, pero no en profundidad. Así que fue genial indagar y escarbar junto a él y que descubriera que su tío era una persona tan interesante.

Piero Vivarelli junto a su entonces pareja, la actriz jamaicana Beryl Cunningham

El documental cuenta con el testimonio de gente como Umberto Lenzi o el propio Piero Vivarelli, que ya murieron hace años. ¿Cómo ha sido el proceso de realización del documental?

Como decía antes, ha sido un proceso muy largo que ha durado cinco años. Por ejemplo, con el productor telefoneábamos a Lenzi para quedar con él para entrevistarle y, cuando tenía un hueco en su agenda, íbamos a su casa, le hacíamos la entrevista y la montábamos. Después llamábamos a Pupi Avati y lo mismo. Le hacíamos la entrevista y la montábamos. Así que cuando empezamos a hacer el montaje del film era una carrera contra el tiempo, porque Umberto Lenzi estaba para entonces muerto, David Zard también y, por ejemplo, queríamos entrevistar a Ettore Scola, que era muy amigo de Piero, pero falleció antes de que pudiéramos hablar con él. Era una continua carrera contra la muerte.

Por cierto, tengo una anécdota sobre la participación de Umberto Lenzi. Cuando la hija de Umberto, que es amiga mía, vio el documental, me preguntó que cuándo le había hecho la entrevista a su padre, si llevaba muerto tres años. Claro, se la había hecho hacía cinco años, dos años antes de que muriera.

En España la figura de Piero Vivarelli está principalmente asociada a sus dos adaptaciones de fumetti, Mister X (1967) y, sobre todo, Satanik. En Italia, ¿cuál es la consideración que se da a Vivarelli y cuál piensas que es la relevancia que tiene su obra dentro del contexto del cine italiano?

En Italia Piero Vivarelli es conocido, principalmente, por ser el autor de la canción “24 Mila Baci”, que es muy famosa[2], y después también por ser el director de Il dio serpente (1970), Satanik y otras películas, pero principalmente por Il dio serpente y por ser el guionista de una película reivindicada y homenajeada por Quentin Tarantino como Django (Sergio Corbucci, 1966). Cuando le digo a la gente que Piero es el hombre que ha escrito Django se sorprende, pero creo que no saben si hablo del film de Tarantino o el original de Corbucci. Pero esta es su fama.

La cosa extraña que hemos descubierto de Piero es que siempre ha estado considerado como un director de películas menores, de Serie B, pero, en cambio, todos los directores de la época eran muy amigos suyos y le consideraban un buen interlocutor, porque era una persona muy vivaz intelectualmente. Sabía navegar en el cine, en la cultura y en la política, y eso les fascinaba.

Fotograma de “Satanik”

Y al haber simultaneado durante su vida el cine con la música y la política, ¿en qué campo piensas que se encontraba más cómodo?

Creo que a él lo que realmente le gustaba sobre todas las cosas era la música. Él escuchaba jazz durante el fascismo, y después se metió en el mundo del rock en una Italia muy retrógrada, donde se cantaba al amor y esas cosas, mientras que él hablaba del rock, de besos y de sexo. Y pienso que esa es la verdadera esencia de Piero. Ese afán de transgredir lo reflejó en todos los ámbitos en los que estuvo involucrado, ya fuera la música, el cine o la política. Peleó contra todos. Peleó con los fascistas, con los comunistas, con los extracomunistas… Siempre fue a la contra.

Dentro del recorrido que Life as a B-Movie: Piero Vivarelli establece por la vida del director de Satanik, otorgáis una especial atención a su relación con su hijo Alessandro y la prematura muerte de éste. ¿Por qué quisisteis remarcar este aspecto?

Porque el documental sobre la vida de Piero era una película sobre un director de Serie B que también tenía una vida B. Tenía dos hijos, pero uno de ellos no sabía quién era su verdadera madre y el otro no sabía quién era su verdadero padre. Y eso nos interesó mucho. En el caso de Alessandro, era muy querido dentro del mundo del cine italiano. No solo por Gabriele Salvatores, que fue su director predilecto, sino que todos los que le conocían le amaban. Y nos pareció fascinante mezclar este cine de su hijo con el de su padre.

Presentación de Fabrizio Laurenti de la proyección de “Life as a B-Movie: Piero Vivarelli” en el Festival de Sitges, dentro de la sección Brigadoon

Lo cierto es que esta no es la primera ocasión a lo largo de tu carrera que has estado relacionado con un nombre propio del cine de género italiano. Por ejemplo, en los noventa dirigiste dos títulos de terror escritos y producidos por Pupi Avati. ¿Cómo surgió esta asociación con el prestigioso cineasta boloñés?

Fue algo muy interesante. Llegué a Pupi a través de Aurelio De Laurentiis, que es un productor italiano que había visto mi primer film. Era una película sobre vampiros en Nueva York titulada The Immigrant (1986), que estaba rodada en Super 8 y blanco y negro y logró el premio Gabbiano d’oro del Festival de Bellaria de hace treinta y tres años.

Aunque después de este primer film comencé a rodar películas de terror con Joe D’Amato, Aurelio de Laurentiis estaba buscando un director, y como le había gustado tanto mi primera película, me pidió que rodara para él un film. Yo no sabía de qué se trataba. Entonces me dijo: “Vas a hacer una película con Pupi Avati”. Se tituló La stanza accanto (1994) y la verdad es que me entendí muy bien con Pupi mientras la rodábamos. Tanto es así que Pupi me ofreció después hacer una serie televisiva con él, que fue un gran éxito en Italia, aunque no se hable mucho de ella, y que se llama Voci notturne (1995).

Trabajando con él descubrí que Pupi tenía dos caras. Por un lado, su aspecto externo de persona que ama a los niños, la historia y la vida. Y, por otro, una faceta subterránea muy oscura.

Ya que lo has comentado, previamente habías trabajado con Joe D’Amato en su Filmirage…

A Joe D’Amato le quiero muchísimo. Gracias a él pude hacer mi primer film de verdad, Encuentro con la maldad, aunque en Italia se estrenó como La casa 4 (Witchcraft)[3].Es una película un poco así así, pero era mi primera película. Y tuve la fortuna de poder hacerla con Aristide Massaccesi, Joe D’Amato, que era una persona con la que me fue muy fácil trabajar, porque siempre estaba a mi lado en el set para ver cómo me comportaba, ya que en el reparto había actores importantes como Linda Blair o David Hasselhoff, y era mi primer film. Me dolió muchísimo su muerte, porque para mí era un personaje muy, muy interesante.

David Hasselhoff en una escena de “Encuentro con la maldad”

¿Y cómo fue tener a tus órdenes en tu primera película a dos actores internacionales como los mencionados Linda Blair y David Hasselhoff, que venían de hacer dos trabajos de la popularidad de El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973) y El coche fantástico (Knight Rider, 1982-1986), respectivamente?

Hubo muchas historias en el set, pero la más importante es la que me ocurrió con David Hasselhoff. La primera vez que nos vimos fue en el aeropuerto de Boston e, imagínate, yo soy pequeñito y él en cambio mide dos metros y tiene aspecto de un cowboy gigante. Cuando nos encontramos me dijo: “Me gusta mucho la historia, pero hay una cosa que quiero cambiar”. “¿Cuál es?”, le pregunté. “El final. No puedo morir porque yo soy el héroe y el héroe no puede morir”. Esto cambiaba toda la historia. No obstante, yo le dije que estaba bien, que iba a estudiar la historia para ver cómo lo hacíamos. Sin embargo, Aristide me dijo: “No, no, Fabrizio. No podemos cambiar la historia. Le tienes que explicar a David Hasselhoff que su personaje tiene que morir al final”. Entonces estudié la psicología de David y le expliqué que su personaje no moría, porque no era el héroe que moría, sino que era el héroe que se sacrifica para salvar a un niño, que es diferente, y eso es una muerte bella. Entonces me dijo: “Ok. Así sí me gusta”. Y así lo hicimos, como estaba inicialmente previsto.

Por cierto, he leído que Encuentro con la maldad la iba a dirigir originalmente Luigi Cozzi. ¿Cómo entraste en el proyecto?

Me llamó Aristide, porque conocía a mi mujer, Mary Sellers, ya que estaba produciendo el film de Michele Soavi Aquarius (Deliria, 1987) donde mi esposa era una de las actrices. Y ella hablaba cada día con Aristide, ya que él era muy amigable. Mi mujer le dijo que yo era director y que había hecho un film de vampiros con ella en Nueva York. Entonces Aristide me llamó y me dijo que Luigi Cozzi tenía un film preparado con él, con el reparto y el presupuesto ya cerrado, pero que había preferido hacer Paganini Horror [vd: Paganini Horror,1989] porque pensaba que era mejor proyecto. Así que me preguntó si estaba interesado en dirigir ese film y, obviamente, yo le respondí que sí.  

¿La película fue planteada inicialmente como una entrega de la serie La casa o fue cosa de los distribuidores?

De los distribuidores. Sabían que el nombre de La casa tenía tirón entre el público. Pero la película fue rodada con el título de Witchery. Antes de mi película, ya había pasado lo mismo con una de Lenzi que tenía otro título pero que se vendió como La casa 3. Pero he de reconocer que fue una buena estrategia, ya que la película fue un éxito, siendo número 1 en Italia en su estreno. Pero, claro, era porque la gente creía que era una película de un director norteamericano. Nadie me dijo: “Felicidades, Fabrizio”, porque firmé la película con un seudónimo anglosajón, Martin Newlin.

¿De dónde venía ese seudónimo?

La distribuidora me dijo que tenía que inventarme un nombre americano, y yo utilicé como apellido el de la madre de mi mujer, porque no podía usar el nombre de mi esposa, ya que no sabía si íbamos a hacer en el futuro un film juntos. Y el nombre de Martin fue en homenaje a Martin Scorsese, que era mi ídolo.

Jason Saucier y Mary Sellers, esposa de Fabrizio, en una im ágen de “Contaminación 7”

Ya que la has citado, tu esposa Mary Sellers fue la protagonista de la otra película que hiciste producida por Joe D’Amato, Contaminación 7, y con la que has colaborado posteriormente en otros trabajos. ¿Cómo fue la experiencia?

Fue buena, pero al mismo tiempo difícil. No obstante, en el primer film que hice, aquél en Super 8 de vampiros, ya estaba ella. Fue en esta película en la que nos conocimos y comenzamos a estar juntos. Y después en La casa 4 estaba previsto que también participara, pero había una actriz decidida por el productor que hizo su papel, Leslie Cumming, que, por cierto, no sé qué será de ella ahora, ya que la he buscado por Facebook y no la encuentro.

Pero trabajar con mi mujer es bueno, porque ella es una buena actriz. Cuando ya no me parece tan bueno es como esposo en la vida real, porque no sé si está interpretando o no. Tengo una hija, Rosabell Laurenti Sellers, que también es actriz y que ha aparecido, por ejemplo, en Juego de tronos (Game of Thrones, 2011-2019). Y me acuerdo que una vez tenía un problema, y yo, como su padre, fui a hablar con ella, y no paraba de llorar. Pensé que no podía ser que por un pequeño problema tuviera ese berrinche. Entonces me di cuenta de que era una actriz y que lo exageran todo. Es muy difícil ser el padre y el marido de una actriz (risas).

En algunas bases de datos figura que Contaminación 7 fue también dirigida por Joe D’Amato de forma no acreditada. ¿Es cierto?

No, no, el director soy yo. El problema con Contaminación 7 es que el montaje no lo hice yo, sino que lo hizo una montadora con Joe D’Amato. Y lo que ocurrió es que la montadora no hablaba inglés y no comprendía los diálogos. Yo estaba haciendo otra cosa y cuando vi la película en Roma me di cuenta de que hablaban de un personaje que había muerto en el rollo anterior. “Aristide, no es posible. Este personaje murió antes y ahora hablan de él”. En cualquier caso, no es una película de la que esté muy orgulloso, porque era muy pretenciosa, con muchos efectos especiales, lo que no se correspondía con el bajo presupuesto del que disponía.

Ya para terminar, en los últimos años has abandonado el cine de ficción por el formato documental. ¿A qué se ha debido?

Por un accidente en el camino. Me considero principalmente un director de cine de ficción, pero cuando estaba documentándome para hacer una película sobre el hijo de Mussolini, que murió en un manicomio, comencé a entrevistar a personas con la cámara y llegué a un punto en el que decidí que aquel material era más interesante que la ficción, que tenía que documentar esa realidad. Y eso me llevó a hacer mi primer documental, que fue Il segretto di Mussolini (2005), que fue muy famoso en Italia, porque por primera vez se decía que Mussolini tuvo un hijo y que murió en un sanatorio mental. Después de eso me consideraron un experto en Mussolini y me ofrecieron nuevos trabajos relacionados con él, y así encontré a Piero Vivarelli, como te decía antes. Aparte de esto, el director Marco Bellocchio hizo una película llamada Vincere (2009), que está basada en mi documental sobre el hijo de Mussolini. Así que el film de ficción que iba a hacer no lo hice, porque ya lo había hecho Bellocchio.                 

José Luis Salvador Estébenez   


[1] Se refiere a Beryl Cunningham.

[2] Considerada la primera canción de rock and roll en participar en el famoso Festival de San Remo, quedó en segundo lugar en la edición de 1961, siendo interpretada por Adriano Celentano.

[3] La casa es el título con el que se estrenó en Italia Posesión infernal (Evil Dead, Sam Raimi, 1981). Debido a su éxito y al de su secuela, Terroríficamente muertos (Evil Dead II, Sam Raimi, 1987), los distribuidores italianos se inventaron nuevas entregas apócrifas de la serie. Es el caso de Ghost House (La casa fantasma) (La casa 3, Umberto Lenzi, 1988), la mencionada Encuentro con la maldad o La casa 5 (Claudio Fragasso, 1990), entre otras.

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