Directos al infierno

 

Sinopsis: Tres delincuentes bastante torpes acompañados de la mujer embarazada de uno de ellos, asaltan un banco durante su huida después de chafarla en su anterior trabajo. El cuarteto huye por una zona desértica y acaban con sus huesos en un poblacho habitado por una galería bastante excéntrica. El lugar lo controlan los MacMahon, un clan descerebrado de brutales facinerosos adictos al café. Para salir vivos del lugar tendrán que soportar las embestidas de los lugareños en su constante clima de sangre, sexo y violencia gratuita.

 


Título original: Straigh to Hell
Año: 1987 (Reino Unido)
Director: Alex Cox
Productor: Eric Fellner
Guionistas: Alex Cox, Dick Rude
Fotografía: Tom Richmond
Música: Pray for Rain, The Pogues
Intérpretes: Dick Rude (Willy), Sy Richardson (Norwood), Courtney Love (Velma), Joe Strummer (Simms), Miguel Sandoval (George), Jennifer Balgobin (Fabienne), Biff Yeager (Frank McMahon), Xander Berkeley (el predicador), Kathy Burke (Sabrina), Elvis Costello (Hives el mayordomo), Del Zamora (Poncho), Edward Tudor-Pole (Rusty Zimmerman), Dennis Hopper (I.G. Farben), Jim Jarmusch (Amos Dade), Grace Jones (Sonya), Graham Fletcher-Cook (Whitey), Zander Schloss (Karl), Fox Harris (Kim Blousson), Sue Kiel (Leticia), The Pogues (Los McMahon)…

Todo comenzó de manera accidental. Organizado por Commies from Mars, el 7 de agosto de 1985 se celebró en el Fridge de Brixton un concierto en favor de la causa sandinista en el que participaron los Pogues, Elvis Costello o Joe Strummer. El éxito de la propuesta llevó a Eric Fellner y Alex Cox a orquestar una gira por Nicaragua de estos grupos y otros que simpatizaran con la causa durante un mes. Para ello era necesario llegar a algún acuerdo videográfico para costear el evento. Se emplazó a los músicos para el mes de agosto de 1986 y se intentó atar la parte económica del asunto. Sin embargo, ninguna compañía quiso respaldar la pintoresca aventura musical posiblemente por la presión del gobierno Thatcher y otros sectores políticos británicos contra el movimiento sandinista. Este bloqueo puso a la citada Commies from Mars en una situación difícil, dado que se había acordado con un grupo de músicos parar sus agendas durante un periodo de tiempo. De aquí surgió un insólito Plan B: ante la imposibilidad de conseguir una suma inferior a cien mil dólares para respaldar el tour nicaragüense, se decidió en su lugar hace un film de bajo presupuesto de alrededor de un millón de dólares donde participaran los músicos contratados. Lo que pareció en principio una broma finalmente prosperó.

Alex Cox y Dick Rude escribieron un guion en apenas cuatro jornadas al que titularon “The Legend of Paddy García”[i], un alocado y enfebrecido homenaje al spaguetti western con Oro maldito/Se sei vivo spara (Giulio Questi, 1967) como principal referente, añadiendo experiencias personales y bromas privadas de cara a la galería. La película se rodaría en Almería, un lugar que Cox conocía perfectamente, ya que lo había visitado por primera vez a los 17 años, y al que había vuelto en diversas ocasiones desde entonces. Cox había escrito una tesis sobre el tema en su época universitaria titulada “10000 ways to die”, posteriormente reelaborada y editada en la primera década del nuevo milenio[ii]. El libreto original fue mutando constantemente hasta su traslación en imágenes tal y como la llegamos a conocer. El presupuesto necesario para el film lo soltó Island Pictures convencida de las posibilidades del proyecto dada la nómina de músicos que aparecían. Algún directivo seguramente cayó por el camino dados los resultados reales que obtuvo. 

Directos al infierno (Straigh to Hell, 1987) es una mezcla de comedia, thriller, neo-western, humor díscolo y situaciones surrealistas que puede poner en aprietos al espectador no iniciado. Sin embargo, supone toda una rareza para la época y lo sigue siendo. Cox aprovechó el escenario almeriense[iii] para dar rienda suelta a un buen puñado de secuencias que ironizan en todo momento sobre el propio cine que pretende homenajear. Este distanciamiento es habitual a lo largo de su filmografía. En su ópera prima, El recuperador (Repo-Man, 1984), puso en marcha las señas más reconocibles de su estilo integrándolas en el contexto cinematográfico de la década: la comedia adolescente, la ciencia ficción de los cincuenta, el movimiento punk y el sugerente formato de road movie al que volverá con asiduidad. Un aspecto preferente en su cine es la querencia por mezclar elementos contrapuestos en un mismo relato, obteniendo resultados tan gratificantes como en ocasiones discutibles. Por eso puede dar la sensación de que nos encontramos ante un corto alargado donde se intenta plasmar el ambiente festivo en que fue realizado por encima de  una historia coherente de evidente raigambre cinéfila. Las apariencias engañan. Cox comentaba al respecto que el rodaje estuvo en todo momento controlado y las improvisaciones fueron siempre pactadas. Fue un rodaje apurado de cuatro semanas donde el orden fue la pieza necesaria para llevar la película a buen puerto. Su tono ligero fue completamente buscado por el director después de un film más relevante como había sido Sid y Nancy (Sid and Nancy,1985) y sin la complejidad que tendría la inminente Walker. Una historia verdadera (Walker, 1988) en la que ya estaba trabajando antes del rodaje almeriense.

Straight to Hell es un agradecido dislate. Recreación constante en los aspectos feístas del relato, abundan los tiroteos sin venir a cuento, las muertes para enredar las situaciones más delirantes, una galería de personajes enloquecidos sin razón vital alguna, inesperados aullidos nocturnos y armónicas desafinadas como sonidos estridentes del lugar, inesperados cantantes decadentes con la virtud del ridículo, vendedores de salchichas de vocación masoquista y sacerdotes tan amantes del crucifijo como de la pistola. Este desvergonzado mejunje acaba en un “baño de sangre al salir el solcuando las alimañas del terruño desatan sus instintos más primarios en busca de venganza y del vil metal. Por el camino hay tiempo para los festejos nocturnos, las procesiones funerarias, las pasiones adulteras, los amoríos a primera vista y las frases lapidarias. Más que una ficción, sus protagonistas parecen estar escenificando un estruendoso happening en un mugriento y olvidado poblado como invocación de ultratumba de una forma desaparecida del arte fílmico. Como bien resume la pintada que aparece en el toro de Osborne: La vida no vale nada.

Uno de los puntos destacables es, sin duda, el atractivo reparto. Desde su cuarteto protagonista encarnado por el afroamericano Sy Richardson, el finado Joe Strummer, el citado Dick Rude y la mismísima Courney Love, pasando por la genial banda irlandesa The Pogues, los más reconocibles Miguel Sandoval y Xander Berkeley, y terminando por lustrosas apariciones para dar cierto empaque contracultural al conjunto y disfrutar de la fiesta montada, entre los que figuran Dennis Hopper, Jim Jarmush, Elvis Costello o Grace Jones. Se echa en falta un making of de la película que habría sido más interesante que este singular viaje al infierno almeriense.

La película tuvo un accidentado paseo por las pantallas y fue inencontrable durante mucho tiempo a pesar de su perfecta condición de midnight movie. Algo parecido sucedió con su entonada banda sonora. En el 2010, la obra fue rescatada y restaurada con alguna escena recuperada bajo el título Straight to Hell Returns,apareciendo finalmente en formato digital además de ser exhibida de nuevo en algunos festivales. De la secuela planeada y anunciada en los créditos bajo el título Back To Hell nunca más se puso y del supuesto filme que iba a cerrar la trilogía Let´em Burn! solo tenemos testimonio de su existencia en alguna entrevista con el director.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] En el disco “Rum, Sodomy and the Lash” (1985) de The Pogues hay una canción titulada “A Pistol for Paddy García”.

[ii] Excelente ensayo sobre el eurowestern publicado en Argentina: “10000 formas de morir” (2011) Alex Cox, Fan Ediciones para el Festival Internacional de cine de Mar de la Plata. Entre otras cosas da rienda suelta a su pasión por Sergio Corbucci.

[iii] Magníficamente fotografiado por Tom Richmond.

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