El wéstern en la provincia de Granada (1961-1984) (I)

De un tiempo a esta parte, el interés por el turismo cinematográfico y la búsqueda de localizaciones de rodaje no ha hecho más que crecer exponencialmente. Y esa fijación atrapa por igual tanto a aficionados como a estudiosos de la materia. En el caso del wéstern rodado en España durante los años sesenta y setenta del pasado siglo destaca especialmente dicho interés, bien sea por los atractivos escenarios naturales utilizados o porque siempre fue un género eminentemente popular, para (casi) todos los públicos. Un ejemplo palpable lo podemos encontrar en el documental Desenterrando Sad Hill (Guillermo de Oliveira, 2018), que asombró a medio mundo con la historia de unos fans venidos desde muy distintos puntos del globo, dispuestos a pasar largas horas trabajando a pico y pala para descubrir la era empedrada, oculta tras décadas de crecimiento incontrolado de la vegetación, donde Sergio Leone rodó la secuencia final de El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), situada en un recóndito lugar de la sierra burgalesa, cerca de la localidad de Contreras. El director español Álex de la Iglesia, autor de una cinta de homenaje al género como es 800 balas (2002), revela en el citado documental una de las claves que explica tan desmesurada pasión por parte de estos aficionados: “El cine te da la oportunidad de estar en lugares imposibles, donde parece que jamás llegarás a estar en la vida real. Encontrarte de pronto con que esos lugares, que en la pantalla parecían extraños, existen, es más o menos sentir que tus sueños se hacen realidad. Y eso es una sensación fantástica”.

Esta especie de mitomanía derivada de la pasión por el cine y, concretamente, por ciertas escenas y localizaciones grabadas a fuego en la retina de los espectadores, conjuga una provechosa manera de elegir los destinos vacacionales que une contacto con la naturaleza, senderismo y cultura a partes iguales. Para algunos, puede parecer un rebuscado hobbie reservado exclusivamente a los más frikies, dispuestos a viajar donde haga falta con tal de pisar el mismo terreno que sus ídolos, pero lo cierto es que dicha práctica se empezó a poner de moda de una manera netamente amateur, mucho antes de que toda esa información trascendiera ordenada y documentada, aunque no siempre completa, al mercado bibliográfico y los medios especializados. ¿Cómo si no se puede explicar que uno de los pioneros en la caza de localizaciones wéstern españolas, el japonés Yoshi Yasuda, descubriera muchos lugares de rodaje ignotos para los espectadores autóctonos? Visitar su web personal[1], activa desde 1998, supone adentrarse en un auténtico tour por ese “Oeste español” digno de conocer y recorrer. Almería se llevó la palma en cuanto a rodajes de este tipo de films, y nadie mejor que la asociación sin ánimo de lucro Almeríacine[2] ha sabido documentar los sitios exactos de esas abundantes filmaciones almerienses. Madrid fue otro “punto caliente” para el eurowestern de aquellos años, y ahí tenemos a Javier Ramos dejando constancia de ello, primero en su blog[3] y después en su excelente libro El cine del Oeste en la Comunidad de Madrid (2019)[4], donde ubica con precisas coordenadas geográficas todas esas localizaciones[5]

La provincia de Granada es otra de esas grandes desconocidas del wéstern español por parte del aficionado medio, aun habiendo sido el escenario de treinta y siete películas del género durante el periodo comprendido entre 1961 y 1985 -más una tardía producción para televisión realizada en los años noventa[6]-, destacando de entre ellos los usados por Sergio Leone en casi todas sus obras maestras del género. Sería de recibo volver a mencionar a Yoshi Yasuda como uno de los pioneros en reconocer y catalogar estos parajes granadinos para su anteriormente mencionada página web de localizaciones. Ya en el nuevo siglo, surgieron varios libros[7] que daban buena cuenta del rastro que dejaron los wésterns en la provincia, así como cazadores de localizaciones más jóvenes como el italiano Alberto Gamba, quien, en su página de Facebook[8], se dedica exclusivamente a fotografiar todos y cada uno de los lugares que filmó Leone en sus películas. Tampoco pudieron dejar fuera estos mismos enclaves dos de los responsables de Almeríacine, Juanen Pérez Miranda y Juan Gabriel García, para su libro/guía La Almería de Sergio Leone (2016)[9], dedicando un inevitable capítulo a las localizaciones que el director romano frecuentó por tierras granadinas, pese a la exacta acotación geográfica del título de la obra.

La estación de Tucumcari en La muerte tenía un precio

Y es que, precisamente, a Sergio Leone le debemos el descubrimiento y la popularización de la provincia de Granada como escenario idóneo para el eurowestern desde que ubicara el comienzo de La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) en unos áridos llanos del municipio de La Calahorra, enclavados estratégicamente entre Sierra Nevada y la sierra de Baza. ¿Quién no recuerda a Lee Van Cleef deteniendo forzosamente un tren que, en principio, no paraba en Tucumcari, denominación perteneciente a una ciudad del estado norteamericano de Nuevo México, y saliendo con su caballo del vagón en una pequeña estación ante el asombro de los demás pasajeros? En ese preciso lugar, en realidad una casilla ferroviaria para vigilar un paso a nivel cercano, se rodarían en los años venideros un buen puñado de wésterns que incluían, emulando a Leone, su respectiva parada en la misma ficticia estación, engalanada para cada ocasión con su debido atrezo. La locomotora de vapor usada en esta película fue la 040-2169, más conocida como “la Verraco”, vista infinidad de veces en posteriores películas filmadas en Granada.

La mítica escena protagonizada por Lee Van Cleef al comienzo de La muerte tenía un precio

La cercanía de La Calahorra con el almeriense desierto de Tabernas, donde se rodaban la mayoría de estas películas, fue un factor decisivo para que recalaran en la provincia de Granada todas estas producciones. Pero no lo fue menos la existencia y disponibilidad en esta zona de un tramo de vía férrea, inaugurado en 1899 y por entonces casi en desuso, propiedad de la compañía que explotaba las cercanas minas de hierro de Alquife, que vio en el alquiler de la misma para los rodajes una lucrativa fuente de ingresos. Ninguna película del Oeste de presupuesto medio podía quedarse sin un elemento tan importante para el género como es el ferrocarril, y, aunque existen otras localizaciones españolas del wéstern donde se han rodado escenas ferroviarias, este antiguo tramo que unía las minas de Alquife con la cercana estación de La Calahorra-Ferreira es, sin duda, el que más veces se ha visto en pantalla. Por esta disponibilidad del ferrocarril, unido a la adecuación del paisaje y los badlands de estas tierras para el cine del Oeste, Sergio Leone volvería puntualmente a Granada en todos los wésterns que rodó después de La muerte tenía un precio.

La ermita Nuestra Señora de las Nieves de Las Gabias en El demonio, la carne y el perdón

Pero, unos años antes que Leone, existe un peculiar precedente británico rodado en Granada que apunta casi todas las maneras del wéstern. Nos referimos a El demonio, la carne y el perdón (The Singer Not the Song, Roy Ward Baker, 1961), producción de la Rank en la que aparece durante gran parte del metraje una pequeña iglesia del municipio de Las Gabias, dirigida en la ficción por el cura que interpreta el actor John Mills. La temática religiosa que vertebra el relato, el automóvil y los vestuarios más bien sixties que vemos en ciertas escenas son elementos bastante anacrónicos dentro del género, pero, por otro lado, la ambientación mexicana del pueblo y ese despiadado cowboy encarnado por Dirk Bogarde no dejan lugar a dudas de su adscripción al wéstern, aunque sea atípicamente. En cualquier caso, nos encontramos ante un título pionero dentro de las películas del Oeste realizadas en nuestro país unos años antes de la inminente eclosión spaghetti.

Dirk Bogarde y uno de sus compinches cabalgando por las cercanías de esta ermita de Las Gabias
La rambla de los Bancos de Fonelas en Siete pistolas para los MacGregor

Después de La muerte tenía un precio, la siguiente cinta hispano-italiana que recalaría en estas tierras sería Siete pistolas para los MacGregor (Sette pistole per i Mac Gregor, 1965), dirigida por Franco Giraldi, quien fuera asistente de Sergio Leone en su primer wéstern, Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964). Se trata de un film que anticipa los elementos cómicos que unos años después explotarían con gran éxito títulos como Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità…, Enzo Barboni, 1970). En cuanto a las localizaciones granadinas, Giraldi no sigue la estela iniciada por Leone, al elegir por primera vez algunos de los enclaves que luego se utilizarían en multitud de wésterns posteriores rodados en esta zona. Nos referimos a la fotogénica rambla de los Bancos, cercana a la localidad de Fonelas, cuyas características geológicas no difieren mucho de los clásicos escenarios por excelencia del Oeste, como pueden ser los estadounidenses de Monument Valley, en el estado de Arizona. Del mismo modo, esta película sería la primera en utilizar el antiguo tramo de ferrocarril que discurría entre la localidad de Hernán-Valle y la ciudad de Guadix, la segunda vía férrea de la provincia más utilizada en estos rodajes después de la ya comentada de La Calahorra -con la principal diferencia de que este nuevo tramo sí tenía tráfico regular de trenes y la compañía Renfe solo podía alquilarlo para filmaciones a ciertas horas que sus vías quedaban libres-, cuyos paisajes contaban también con un innegable aspecto desértico y salvaje. Giraldi es asimismo el primer director de un spaghetti que rueda en la pintoresca zona de casas cueva de Guadix, constituida por peculiares cárcavas y promontorios rocosos de tierra arcillosa y rojiza que ofrecen unas sugerentes vistas muy difíciles de encontrar en wésterns rodados en otras localizaciones españolas. Por último, fugazmente, también podemos ver en esta película un plano de situación de la fachada de la iglesia de Santiago de Guadix.

Fotocromo francés de Siete pistolas para los MacGregor, en la vía de Hernán-Valle. A la izquierda, se puede distinguir el puente metálico del Grao, protagonista de una recordada escena de esta película, aquella en la que Fernando Sancho se sube en el techo de un vagón justamente al pasar el tren por el puente.
Documento de Renfe que acredita el permiso de rodaje en sus vías para muchos de estos wésterns rodados en Granada
Las casas cueva de Guadix en Siete pistolas para los MacGregor

Precisamente, la zona de casas cueva de Guadix sería el lugar elegido para localizar el cementerio indio que habita Burt Reynolds en Joe, el implacable (Navajo Joe, Sergio Corbucci, 1966). Este notable wéstern, con banda sonora de Ennio Morricone[10], supone un gran ejemplo de aprovechamiento de los escenarios naturales granadinos. Al igual que en estas casas cueva, Corbucci filma en otros lugares ya usados por Giraldi y su equipo, como la rambla de los Bancos (añadiendo, no obstante, un muy cercano enclave, exclusivo de este film: el cauce del río Fardes que aparece en los títulos de crédito) o la vía férrea de Hernán-Valle hasta Guadix -aunque, en Joe, el implacable, el recorrido del tren llega hasta una pequeña estación situada un poco más al norte, la del municipio de Gor-, también filma secuencias en la misma vía férrea de La Calahorra que popularizara Leone; empero, el destacable trabajo de dirección de fotografía de la película le otorga en general a estas localizaciones una dimensión mucho más vistosa respecto al film previo de Giraldi.

El cementerio indio de Joe, el implacable en las cuevas de Guadix
Impresionante vista de la rambla de los Bancos de Fonelas en Joe, el implacable

Y si hablamos de Joe, el implacable, no podemos dejar de citar el misterio que rodeó, durante mucho tiempo, a una de sus localizaciones; concretamente aquella que transcurre en la estación de tren denominada como “Esperanza”. Resultaba extraño, y de ahí el misterio, que ninguno de los expertos y cazadores de localizaciones citados unos párrafos más arriba hubieran podido encontrar todavía la ubicación de dicha estación. La lógica de estos rodajes, nada boyantes en cuanto a presupuesto, hace presuponer que el lugar en cuestión debiera pertenecer a algún punto de las anteriormente mencionadas vías férreas granadinas, las únicas usadas en teoría en esta película; por no hablar del consiguiente gasto que supondría trasladar la locomotora que vemos en el film, de nuevo “la Verraco”, a otro punto más alejado de la geografía española. Pero después de arduas investigaciones, ampliamente comentadas en foros y sitios de Internet, nadie había podido situar una estación parecida en la provincia de Granada. Del mismo modo, los expertos localizadores de la provincia de Almería, otro de los lugares de rodaje de la película, descartaban esta posibilidad. Todo un enigma, sin duda, que finalmente resolvió en octubre de 2021 un investigador granadino de la historia del ferrocarril, Carlos Peña, quien tras descartar un buen número de estaciones españolas, identificó el paisaje de “Esperanza” en el municipio de Ontígola (Toledo) -dentro de la actual línea férrea Aranjuez-Cuenca-Valencia-, cercano a la Comunidad de Madrid (otro de los escenarios de Joe, el implacable), con el inconveniente de que el edificio de la estación se encontraba totalmente demolido desde 1973, de ahí la dificultad de hallar esta localización durante todo este tiempo.

La misteriosa estación “Esperanza” de Joe, el implacable
La locomotora de vapor “Verraco” 040-2169 en Joe, el implacable

Un año después de La muerte tenía un precio, Sergio Leone vuelve a Granada para rodar un par de breves secuencias, aunque muy recordadas, de El bueno, el feo y el malo. No repite en su particular Tucumcari, pero de nuevo muestra el camino a seguir para futuros spaghetti westerns que visitarían la zona al mostrar por primera vez en el cine la próxima estación de La Calahorra-Ferreira, devenida a partir de entonces en un auténtico santuario para los amantes del wéstern europeo. Aparte de la secuencia en esta estación, perfectamente ambientada en plena guerra de Secesión estadounidense, más popular aún es la escena inmediatamente siguiente, que tiene por protagonista al ladrón Tuco (Eli Wallach) noqueando violentamente a su captor, un orondo oficial de la Unión interpretado por Mario Brega, saltando ambos de un tren en marcha para, acto seguido, con el militar ya inconsciente, valerse Tuco del paso de otro tren por la vía para cortar las esposas que les unen. Dicha escena se rodó en un punto intermedio entre la citada estación y la ubicación de Tucumcari del anterior wéstern de Leone.

La estación de La Calahorra-Ferreira en El bueno, el feo y el malo
En la misma película, la recordada escena de Tuco librándose de sus esposas

Se podría decir que la vertiente más política del género que nos ocupa, el conocido como Zapata western o spaghetti revolucionario, comenzó también en Granada. La escena de apertura del título fundacional del subgénero, Yo soy la revolución (Quién sabe?, 1967), así lo atestigua. En ella, se improvisó un pelotón de fusilamiento contrarrevolucionario en el paredón de las cocheras de la estación de ferrocarril de Guadix, y no sería ni mucho menos la última vez que esta ciudad pasaría por ser mexicana. La película supone todo un clásico del recién creado filón, contando entre su quipo técnico y artístico con destacados miembros del Partido Comunista Italiano, empezando por su director, Damiano Damiani, su protagonista, Gian Maria Volonté, y, sobre todo, uno de sus guionistas, Franco Solinas, autor de los libretos de films tan combativos como La batalla de Argel (La battaglia di Algeri, 1966) o Queimada (Queimada!, 1969), ambas dirigidas por Gillo Pontecorvo. Las instalaciones de la estación de Guadix se muestran con detalle en el arranque del relato -con la presencia en el lugar del otro actor protagonista, Lou Castel, así como del actor infantil Antonio Ruiz Escaño, más conocido como el “niño Leone” de La muerte tenía un precio-, pero una vez el tren parte a su destino las tierras granadinas no vuelven a aparecer en todo el metraje, siendo el ferrocarril almeriense el que toma el relevo. En esta película aparece por primera otra popular locomotora, muy solicitada desde ese momento para multitud de rodajes granadinos a lo largo de las siguientes décadas, la Babwil 140-2054, llamada así por estar fabricada en 1928 por la empresa norteamericana Babcok & Wilcox en su delegación española de Bilbao, pero también conocida coloquialmente como “la Baldwin” o “la Guadix”.

Las cocheras de la estación de tren de Guadix en Yo soy la revolución
Material promocional en inglés de Yo soy la revolución con Lou Castel y la fachada de la estación de Guadix como protagonistas

Después de que Leone filmara por primera vez en la estación de La Calahorra-Ferreira para El bueno, el feo y el malo, no pasó mucho tiempo hasta que siguieran su ejemplo otros exponentes del eurowestern. Tal es el caso de la excelente De hombre a hombre (Da uomo a uomo, 1967), de Giulio Petroni, un director que volvería de nuevo por la provincia para realizar otros dos wésterns. En el caso de esta película, la llegada de Lee Van Cleef en tren a la estación de una ciudad bautizada para la ocasión como Lyndon City ocupa muy pocos minutos en la cinta.

La estación de La Calahorra-Ferreira en De hombre a hombre.

Algo similar lleva a cabo otro gran maestro del wéstern italiano, Sergio Sollima, en su magnífica y comprometida políticamente Cara a cara (Faccia a faccia, 1967), volviendo a la estación de Tucumcari soñada por Leone, esta vez bajo el sugerente nombre de Purgatory City, donde Gian María Volonté y su séquito de colaboradores toman un tren. Más adelante, el mismo lugar, pero desde un ángulo diferente, será el escenario del robo a los pasajeros de otro tren por parte de unos bandidos, con el fondo inconfundible de la sierra de Gor-Baza, tantas veces retratada en películas del género.

Tucumcari se convierte en Purgatory City para el rodaje de Cara a cara
Otra escena de Cara a cara en los llanos y vía de La Calahorra, con la sierra de Gor-Baza al fondo

Siete mujeres para los MacGregor (Sette donne per i Mac Gregor, Franco Giraldi, 1967), especie de secuela -superior a su predecesora- de Siete pistolas para los MacGregor, estrena una localización granadina inédita, concretamente en los espectaculares badlands del desierto del municipio de Gorafe, donde se construye un pequeño decorado con una rudimentaria cabaña, en una ubicación un tanto alejada de las comentadas hasta el momento. La fotografía del operador español Alejandro Ulloa saca un estupendo partido a todos los lugares de filmación, algunos de ellos reconocibles de anteriores producciones, como las casas cueva de Guadix, donde tiene lugar una insólita procesión religiosa, o la rambla de los Bancos de Fonelas. Sin embargo, Giraldi avanza en esta ocasión un poco más allá que sus predecesores cuando viaja por la vía férrea de La Calahorra, localizando una secuencia en un cortijo (aún en pie y en el mismo estado que en la película) cercano a las minas de Alquife, desde donde se divisa perfectamente el muy próximo castillo renacentista de La Calahorra. La escena en cuestión incluye tiroteos y espectaculares explosiones muy cerca de este cortijo donde solo Giraldi ha colocado la cámara.

Decorado situado en el desierto de Gorafe, construido expresamente para Siete mujeres para los MacGregor
La procesión por las cuevas de Guadix en Siete mujeres para los MacGregor
Cortijo cercano a Alquife en Siete mujeres para los MacGregor

Esa misma cabaña en el desierto de Gorafe se ve que les vino de perlas al equipo de Voy, le mato y vuelvo (Vado… l’ammazzo e torno, 1967), wéstern que discurre por muy diferentes zonas granadinas. No se trata ni por asomo de uno de los mejores films del Oeste de su director, Enzo G. Castellari (quien también volvería a ubicaciones de la provincia para dos wésterns más); de nuevo, unos en demasía burdos apuntes cómicos lastran el resultado final de la cinta. Pero ello no es óbice para que Castellari demuestre ambición y buen oficio en general, sobre todo en lo que atañe a la elección de escenarios variopintos y fotogénicos. Se arriesga a rodar en un emplazamiento aún más alejado de lo habitual, muy cerca de la capital granadina, como es la frondosa sierra de Huétor, escenario que visitaría posteriormente otro wéstern norteamericano, 100 rifles (100 Rifles, Tom Gries, 1969). En la cada vez más familiar vía de La Calahorra-minas de Alquife, le presta atención antes que nadie a un pequeño puente metálico del ferrocarril muy visto en posteriores películas[11], para dejar constancia en la pantalla del asalto a un tren cargado de oro.

El desierto de Gorafe en Voy, le mato y vuelvo
Gilbert Roland en Voy, le mato y vuelvo: primer pistolero en cabalgar por la sierra de Huétor
El puente metálico de la rambla de Fiñana de La Calahorra en Voy, le mato y vuelvo

No se sabe bien si fruto de la casualidad, o porque era la tendencia de moda en ese momento dentro del subgénero, los tres siguientes wésterns italianos en rodar por la provincia basaron sus argumentos en sendos clásicos de la literatura universal.

John, el bastardo (John il bastardo, Armando Crispino, 1967) propone en su narración una simpar -aunque fallida- mezcolanza de elementos dispares, que incluye tanto a pioneros mormones en el Oeste como al mito español de Don Juan, creado por Tirso de Molina y popularizado por José Zorrilla, éste último con su personal visión del personaje de Don Juan Tenorio. En el tramo de vía que une Guadix con Hernán-Valle se rueda el asalto a un tren perpetrado por unos encapuchados a caballo cuyo aspecto no dista mucho del de los fanáticos miembros del Ku-Klux-Klan.

Un momento de John, el bastardo en el antiguo tramo de ferrocarril que unía Guadix con Hernán-Valle

Otro mito muy hispano es el de Carmen, bien reflejado en la popular ópera de Georges Bizet y en la inmortal novela de  Prosper Mérimée. En su primera incursión en el wéstern, El hombre, el orgullo y la venganza (L’uomo, l’orgoglio, la vendetta, 1968), el siempre interesante director Luigi Bazzoni crea, al igual que en sus atípicos giallos, una obra muy personal que tiene pocos puntos en común con las directrices del spaghetti del momento. Contar para ello con una guionista como Suso Cecchi d’Amico, habitual del cine de Luchino Visconti, seguramente influyó en el acabado final de este original film de marcado acento andaluz, con las habituales localizaciones de Tabernas junto a otras más inusuales en Sevilla capital o la localidad de Ronda (Málaga); razón por la cual, precisamente, muchos especialistas no la consideran exactamente como una cinta del Oeste al estar situada su acción en territorio europeo, por mucho que la intención de sus autores fuera claramente venderla como un spaghetti western. En la provincia de Granada, se decantan por el tipismo de las casas cueva de Guadix y la contigua localidad de Purullena, confundiéndose ambas debido a su idéntica orografía. En una cueva de Purullena tiene lugar la convalecencia por herida de arma blanca de su protagonista, Franco Nero, bajo los atentos cuidados de la imprevisible Carmen que interpreta Tina Aumont.

Los badlands de Purullena en El hombre, el orgullo y la venganza
Otra escena de El hombre, el orgullo y la venganza por la zona de cuevas de Guadix. Al fondo del encuadre, se pueden distinguir perfectamente las torres de la catedral (izquierda) y la alcazaba o castillo árabe (derecha) de esta ciudad

Enzo G.Castellari vuelve a la provincia tan solo un año después de Voy, le mato y vuelvo y rueda también únicamente en las cuevas de Guadix. Escoge en este caso una nueva zona de las mismas no mostrada aún en otros filmes, más árida y despoblada, que le va como anillo al dedo a la oscura atmósfera de su reivindicable cinta Johnny el vengador (Quella sporca storia nel west, 1968), también conocida como Johnny Hamlet, pues su trama está levemente inspirada por el estilo de las obras de William Shakespeare.

Localización de Johnny el vengador por la zona de cuevas de Camino de Lugros, en la ciudad de Guadix
Otro momento de Johnny el vengador por la misma zona

Giulio Petroni, el director de la ya comentada De hombre a hombre, realiza otra breve parada de un tren en el “Tucumcari” de La Calahorra para Y por techo un cielo de estrellas (…e per tetto un cielo di stelle, 1968). Tan solo podemos ver unos planos del clan de malhechores momentáneamente comandado por Federico Boido aguardando la llegada del verdadero cabecilla de la banda, interpretado por un otoñal Anthony Dawson. Esta desigual película, con el gran Guiliano Gemma como estrella absoluta, comparte momentos memorables con otros de la misma catadura que el posterior spaghetti cómico y bufo de los setenta. Y, aunque la escena descrita no cuenta con la presencia de Gemma, todo parece apuntar que el astro italiano estuvo en La Calahorra rodando una secuencia no incluida en el montaje final[12].

Anthony Dawson en Y por techo un cielo de estrellas, bajando de un tren en La Calahorra

Gianni Garko fue sin duda otra de las estrellas más populares de la edad de oro del eurowestern. Poco después de haberse metido por primera vez en la piel del mítico personaje/icono Sartana, llega a Granada para protagonizar El vengador del sur (I vigliacchi non pregano, 1968), un wéstern irregular con un tono crepuscular muy diferente de los pertenecientes a su larga saga del jugador cazarrecompensas, más orientados hacia el pulp. El director, Mario Siciliano, no es capaz de otorgarle ritmo a la película pese a la correcta factura que demuestra, ni en su versión original italiana ni en la muy recortada copia española. La mejor baza del film la encontramos en el reparto, con buenas interpretaciones del propio Garko, Ivan Rassimov o la actriz española Elisa Montés. Una vez más, la rambla de los Bancos de Fonelas, las cuevas de Guadix, los llanos de Hernán-Valle y un plano de situación en el desierto de Gorafe quedaron grabados en el celuloide de esta cinta del Oeste.

El vengador del sur. Gianni Garko y Elisa Montés en una larga caminata por los desérticos llanos de la rambla del Grado, en Hernán-Valle. Al fondo, el omnipresente cerro Mencal, reconocible en multitud de wésterns rodados por esta zona

Es este un buen punto para llevar a cabo un reponedor descanso en nuestro particular tour de localizaciones wéstern granadinas, que ha comprendido el inicio y la mayor parte del esplendor del género en la provincia durante los años sesenta. En siguientes entregas comentaremos las posteriores e imborrables huellas que Sergio Leone imprimió en estas tierras, con la construcción de un poblado del Oeste estable en La Calahorra para Hasta que llegó su hora (C’era una volta il west, 1968) como punto álgido. De igual modo, analizaremos las ubicaciones y los pormenores del resto de rodajes granadinos de la corriente durante las décadas de los setenta y ochenta del pasado siglo.

                                                                                  Francisco Arco


[1] http://y-yasuda.net/. Tampoco podemos dejar de recomendar otra estupenda web de localizaciones (muchas de ellas granadinas) aparecida poco después de la de Yoshi, cuyo contenido firma el especialista alemán en la materia Carsten Thiemann: http://www.western-locations-spain.com/

[2] http://almeriacine.blogspot.com/

[3] https://swmadrid.blogspot.com/

[4] https://www.amazon.es/Cine-del-Oeste-Comunidad-Madrid/dp/8498734150

[5] . Y, en la actualidad, se encuentra preparando otro libro sobre el wéstern rodado entre Aragón y Cataluña, enclaves muy usados en la época, aunque necesitados del preceptivo estudio que, por fortuna, Javier ya está llevando a cabo.

[6] Se trata de la miniserie alemana Winnetous Rückkehr (Marijan David Vajda, 1996), también conocida en España como El regreso de Winnetou, basada en el mítico personaje indio creado por el novelista Karl May, que incluye partes rodadas en la sierra de Huétor y La Calahorra.

[7] Primero, el muy necesario Guadix y el Cine. Historia de los rodajes cinematográficos en la comarca accitana (1924-2002); Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de Guadix-Ayuntamiento; 2003; de los historiadores Fernando Ventajas Dote y Miguel Ángel Sánchez Gómez. Después, Il vicino West: set e location del cinema western in Spagna; Ribis; 2007; del gran experto a nivel mundial en localizaciones wéstern Carlo Gaberscek. Más adelante, Granada y el cine. Su historia; Editorial Almuzara; 2012; del periodista Juan José Carrasco Soto, quien cubrió muchos de esos rodajes, incluidos los de Leone -por desgracia, estas tres obras mentadas se encuentran descatalogadas actualmente-. Y, más recientemente, Granada en el Cine; Spink Publicaciones; 2015; (https://www.babellibros.com/libro/granada-en-el-cine_458524), libro/guía de viaje firmado por los hermanos Said e Iván Zoido Salazar. Volúmenes todos ellos imprescindibles, aunque, no obstante, necesitados a día de hoy de una actualización para ampliar filmografías e información.

[8] https://www.facebook.com/albertogambaricercatore

[9] https://www.facebook.com/laalmeriadesergioleone/

[10] De la cual, Quentin Tarantino incluiría, en 2004, dos temas para la banda sonora de su segundo volumen de Kill Bill.

[11] https://www.youtube.com/watch?v=gkUoe4EeP_I

[12] En una entrevista incluida en el magnífico libro Giuliano Gemma. Una tierra, una espada y una pistola; Dilatando Mentes Editorial; 2019; pág. 224, de Belén Mateos Járrega, el director de producción de esta película, José Salcedo, cuenta que en La Calahorra se rodó una escena con la presencia de los dos protagonistas de la cinta, Giuliano Gemma y Mario Adorf, junto al actor secundario español Víctor Israel. Al parecer, Mario Adorf se negó a realizar dicha escena por ser profundamente antisemita, aludiendo que Víctor Israel era judío, simplemente por su apellido y sin ninguna prueba convincente más. Finalmente, ante la insistencia de Adorf, escogieron a otro actor que figuró de espaldas a la cámara para no perder la continuidad con anteriores escenas en las que Víctor Israel intervino. No es de extrañar, pues, que esta accidentada secuencia fuera descartada finalmente en el montaje definitivo de la cinta.

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