Los cuervos

 

Sinopsis: Don Carlos, un importante empresario, sufre una grave enfermedad coronaria por la que los médicos le diagnostican tres meses de vida. A partir de ese momento los bancos le comienzan a negar los créditos y sus más cercanos colaboradores inician una codiciosa estrategia para hacerse con el control de todas sus empresas. Al tanto de estos propósitos, César, el brazo derecho de don Carlos, le propone a su jefe un procedimiento para sanarle. Existe un médico alemán llamado Dr. Kranich que ha experimentado el trasplante de corazón en seres humanos y don Carlos se dispone a gastar toda su fortuna en curarse.

 


Título original: Los cuervos
Año: 1961 (España)
Director: Julio Coll
Productor: Julio Coll
Guionistas: Julio Coll, José Germán Huici, Gabriel Moreno Burgos
Fotografía: Francisco Marín
Música: José Solà
Intérpretes: Arturo Fernández (César), George Rigaud (Don Carlos), Ana María Noé (Berta), Rosenda Monteros (Laura), Rafael Durán (Don Andrés), Santiago Rivero (miembro del consejo), Beni Deus (miembro del consejo), José María Caffarel (miembro del consejo), Vicente Soler (miembro del consejo), Paco Morán (doctor Kranich), María Amparo Soto (secretaria de Don Carlos), Rafael Navarro (Gil), Víctor Bayo (mecánico)…

Julio Coll sobresale por derecho propio como uno de los más destacados exponentes en el policiaco catalán de las décadas de los cincuenta y primeros sesenta. Junto a su contribución al género en tareas de guionista[1], donde destaca su aportación en, entre otras, la fundacional Apartado de correos 1.001 (1950) de Julio Salvador para Emisora Films[2], coescrito con el montador habitual de la casa, Antonio Isasi Isasmendi, hay que sumarle sus aportaciones como realizador, tanto por cantidad[3] como por lo notorio de éstas. Tras hacerse un hueco como director, Coll fundó su propia productora, Juro Films, para la que rodaría algunos de sus más rememorados trabajos, caso de Distrito quinto (1958) o la que aquí nos ocupa, Los cuervos (1961).

Como muchos otros títulos afines, la película arranca con una frase de corte moralista y aleccionadora[4], y a lo largo de su metraje la huella de su responsable queda bien impresa en la temática y en lo formal. La originalidad de la propuesta reside en situar la trama dentro del mundo empresarial de la Barcelona del desarrollismo[5], hablándonos de un momento histórico de nuestro país, y suponiendo un claro fresco de la Ciudad Condal en aquellos días. Escapando una vez más de los clichés y los márgenes marcados por los ejemplos más canónicos del policiaco, nuestro hombre vuelve a fusionar elementos del mismo con otros de géneros diversos, en este caso el drama social e incluso algo de ciencia ficción -con esa rocambolesca operación que supuestamente un científico nazi puede realizar para salvar a Don Carlos-. Nuevamente Coll prescinde de la presencia de las fuerzas del orden, siendo los “malos” quienes se hacen con la función. Aunque en la presente ya no son miembros del lumpen ni gente de los bajos fondos, sino que apunta más alto, y se atreve a señalar acusatoriamente de forma temprana a las altas esferas, como después harían León Klimovsky en Todos eran culpables (1962) y José Antonio Nieves Conde en El Diablo también llora (1963), y que en el caso de Coll se sitúa en las grandes empresas. El mundo de la bolsa y sus tejemanejes que vemos en Los cuervos sería más desarrollado en La barca sin pescador (1964), de Alejandro Casona. Una vez más el director se empeña en introducir una crítica social, en esta oportunidad sobre las malas artes de la burguesía industrial, más interesada en el dinero y el poder que en las relaciones humanas.

Julio Coll volvería a ejercer en esta ocasión como guionista, realizador y productor, siendo la sexta película que dirigió, y contaría otra vez con la presencia de Arturo Fernández en la que supuso su cuarta colaboración juntos y tercera ocupando un personaje principal[6], aquí ejerciendo de César, el brazo derecho y fiel escudero de Don Carlos, el presidente de la compañía, papel este que recae con acierto en George Rigaud. También en un destacado rol tenemos a la mexicana Rosenda Monteros (doblada), como la díscola hija del alto empresario y motivo amoroso de César. Se presenta a la muchacha junto a sus amigos, todos niños ricos y consentidos, en una de esas fiestas tan habituales en el cine español de los sesenta, donde los protagonistas no parecen nunca pertenecer ni encajar. Los chicos, entre bromas, representan la primera escena del tercer acto de Julio Cesar de William Shakespeare[7]. Ella, pese a llevar una vida de continuas fiestas y derroche, como muchos otros jóvenes sin ambiciones ni prejuicios de tantos títulos del periodo, resulta a la postre mejor persona que todos los demás, incluidos su progenitor y su enamorado, a quienes también mueven sentimientos egoístas y han aprendido las reglas de estar en lo alto a costa de pisar a los demás. El primero no duda en sacrificar la vida de un empleado –de cuello azul- por salvar la suya, ni de arruinar a los demás accionistas si con ello puede reflotar su empresa; y el segundo ha urdido un maquiavélico y minucioso plan de venganza, donde todos pierden y él es el único ganador, que le equipara con su jefe y el resto de los ejecutivos.

Al igual que otros realizadores catalanes de su época, también Coll se dejó influenciar por los nuevos aires que llegaban del país vecino con la Nouvelle Vague. Formalmente, el director muestra planos propios de dicho movimiento, como esos constantes contrapicados que dejan ver tantas veces parte de los techos, causando aún más claustrofobia, y remarcando la predilección del realizador por los rodajes en interiores. Por otro lado, Coll demuestra, como es habitual en él, una muy cuidada puesta en escena llena de simbolismos, algunos más sutiles y otros bien claros y evidentes, como todos esos ejecutivos vestidos de negro -e incluso levemente inclinados- que conforman los cuervos a los que alude el mismo título de la cinta, y entre los que se encuentran los rostros del veterano profesional del teatro Rafael Durán o de un joven José María Caffarel.

El jazz, así como el swing, desde muy pronto hizo buenas migas con el policial y el noir. En el caso de Julio Coll, reconocido amante y gran conocedor de este estilo musical, al igual que Jesús Franco, sería miel sobre hojuelas. El reputado Xavier Montsalvatge colaboró en el apartado musical de Distrito quinto y Un vaso de whisky (1958). En la segunda de éstas además compartía créditos con José Solà – donde el propio músico llegaba a salir ante las cámaras y tener alguna frase de diálogo con el personaje interpretado por Arturo Fernández-, quien asimismo repetiría en la banda sonora de Los cuervos[8].

Aunque con el tiempo el presente film se ha revalorizado así como la filmografía de Coll en general –sus películas están editadas en DVD y se pasan regularmente por distintas televisiones y plataformas-, en el momento de su estreno la acogida fue bastante tibia. En Barcelona llegaría a las salas en septiembre de 1961, permaneciendo sólo diez días en cartel; y en Madrid se estrenaría en junio de 1962, proyectándose sólo durante siete días.

Alfonso & Miguel Romero


[1] Antes de su entrada en el cine, Coll trabajó como crítico (colaboró con la revista Destino durante dieciséis años y en otras publicaciones, caso de Cine en siete días y Discóbolo) y en el teatro.

[2] Formando parte del equipo estable de guionistas de la compañía junto a Juan Lladó o Ramón Quadreny, a los que más tarde se añadirían José Antonio de la Loma o Manuel Bengoa.

[3] Hasta siete títulos de corte policiaco dirigió Coll. No obstante, fue superado por los ocho de Antonio Santillán y los nueve de José María Forqué, atendiendo a lo recogido por Francesc Sánchez Barna en Brumas del franquismo. El auge del cine negro español (1950-1965) (Libros Film-historia, Nº 7, 2007).

[4] “Dedicamos esta película a todos los hombres honrados que aún quedan en el mundo. A todos aquellos que trabajan, aman y sufren en las grandes ciudades, y creen en la honestidad de sus semejantes”.

[5] En las escenas de exteriores, el realizador nos muestra esos grandes edificios en construcción de una Barcelona en pleno crecimiento.

[6] Arturo Fernández, descubierto para el cine por Rafael Gil, fue uno de los rostros más comunes en el policiaco catalán del periodo en general, y en los aportados por Julio Coll en particular, quien fue el primero que contó con él para el género.

[7] Obra que serviría de base para las adaptaciones cinematográficas de Joseph L. Mankiewicz en 1953 y Stuart Burge en 1970. Recordemos que el personaje que interpreta Arturo Fernández en Los cuervos se llama precisamente -y no de forma arbitraria- César.

[8] Solà, por entonces en la Columbia, musicó otros títulos del policiaco catalán, como bien podríamos nombrar A sangre fría (1959) y Regresa un desconocido (1963), dirigidas ambas por Joan Bosch.

2 comentarios en “Los cuervos

  1. Hola a todo/as,

    Muchas gracias por este trabajo tan bien documentado y explicado sobre esta película.
    A mi me pareció cuando la vi estimable, competentemente realizado por Julio Coll y con una gran interpretación de Arturo Fernández, mucho antes de escorarse hacia la comedia más o menos chusca.
    No es una obra maestra pero sí un buen ejemplo de cine alejado de la comedia chabacana que se hacía en España por aquellos años.

    Un abrazo y gracias por vuestro trabajo.

    Iñaki

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