Entrevista a Cruz Delgado

Cruz Delgado es leyenda viva del cine español en general y del de animación en particular. Solo así puede calificarse al responsable de series del calibre de Don Quijote de la Mancha (1979-1981) y Los trotamúsicos (1989-1990), o películas como Mágica aventura (1973), Los viajes de Gulliver (1983) o El desván de la fantasía (1978), auténticos hitos de nuestros dibujos animados que marcaron a varias generaciones de jóvenes. Por si no fuera bastante, a todo este bagaje hay que añadirle, además, el carácter pionero que posee su trayectoria, como corrobora el hecho de que sea el creador de la primera serie de dibujos animados de la historia de Televisión Española con Molécula (1968) o que su film Los 4 músicos de Bremen (1989) inaugurara el palmarés a la mejor película de animación de los Goya.

Aunque nunca ha caído en el olvido, como demuestra la realización en los últimos años de un documental y un libro sobre su trayectoria, o los diferentes homenajes de los que viene siendo objeto en los últimos tiempos, Cruz Delgado volvía a ponerse en el primer plano de la actualidad a mediados del pasado mes de marzo a causa de la adquisición por parte de Filmoteca Española de parte de los materiales gráficos de su filmografía, con los que la institución ha reunido la obra completa del madrileño. Dicho logro ha sido acompañado por Filmoteca con la programación en su sede del cine Doré de un ciclo retrospectivo sobre el realizador, que ha dado la oportunidad de (volver a) disfrutar en pantalla grande de sus trabajos, al tiempo que acercarlos y descubrirlos a las nuevas generaciones.

Gracias a una de estas sesiones que contó con la presentación del propio Cruz Delgado tuvimos la oportunidad de contactar con él con la intención de realizarle una entrevista. Una solicitud a la que accedió de forma muy amable, demostrando una lucidez en sus respuestas impropia de una persona que ha cumplido ya los 91 años, pero muy en sintonía con la vitalidad de alguien que, en contraste con su edad, «volvería a hacer algo otra vez», aunque sea «entre comillas», tal y como nos confiesa.

¿Cuándo nace su vocación por hacer cine de animación y cómo se producen sus primeros pasos dentro de la profesión?

Nace como la de muchas personas cuando han visto dibujos animados. A mí de pequeño me gustaba mucho el dibujo y un día tuve la suerte de que mis padres me llevaran al cine a ver Los tres cerditos (Three Little Pigs, 1933) de Walt Disney. Aquella película me gustó y me impactó. No obstante, después los años y por diversas circunstancias no intenté nada hasta que ya en mi juventud volví a la carga. Primero con el dibujo, donde empecé con las historietas e ilustraciones para cuentos. Pero como el dibujo animado me gustaba, tuve la oportunidad de poder entrar en Estudios Moro, con José Luis Moro, que fue una gran figura de la animación en España. En los cuatro años que estuve, y prácticamente en toda la etapa de José Luis Moro, se dedicaron prácticamente en exclusiva a la publicidad. Hacían tanta que eran el número 1 dentro de los estudios de animación para publicidad de Europa. Pero ese no era el camino que yo quería, que era hacer cortos y largos en un futuro, aunque lo viera muy lejos y muy difícil. Así que me salió una oportunidad para ir a un estudio de Bruselas, Belvision, lo cual me brindaba la ocasión de conocer otras técnicas y métodos de trabajo. Hice unas pruebas y parece que gustaron porque me contrataron.

Estuve casi un año trabajando allí, y después, ya a la vuelta a España, yo quería seguir dentro del mundo del dibujo animado. Entonces, le conté a un gran amigo la idea de montar un pequeño estudio, y junto a otra persona que nos ayudó económicamente lo montamos en la calle Infantas de Madrid. Lo primero que hicimos fue un cuento muy famoso que yo ya había hecho en historieta, que es El gato con botas. Hicimos un corto de unos ocho o nueve minutos y lo presentamos en el Festival de Cine Infantil y Juvenil de Gijón, que era un certamen especializado que había nacido el año anterior y que tuvo muchas ediciones. Fue un gran éxito y tuvo varios reconocimientos en distintos países. Así que había que seguir una vez ya habíamos abierto el camino y comenzamos a hacer otras cosas como publicidad, dibujos animados para cabeceras y presentaciones de Televisión Española, además de otros cortos como los de El canguro Boxy y mi personaje estrella, que es Molécula. Había nacido en la historieta, donde había hecho cerca de treinta páginas para la revista Ama, y para mí era un personaje muy especial al que tenía mucho cariño.

No obstante, para aquel entonces yo ya tenía la obsesión de hacer un largometraje. Empecé a prepararlo basándome en una serie de cuentos que me gustaban e interesaban mucho, y con un gran guionista, Gustavo Alcalde, con el que estuve prácticamente toda la vida trabajando juntos y al que conocía de los Estudios Moro, e hicimos la película Mágica aventura con gran éxito. La distribuyó Warner en España y estuvo más de mes y medio en cartel en el cine Imperial de Madrid, que era el más importante de dibujos animados en el sentido que era el exclusivo para los estrenos de las películas de Walt Disney. 

¿Cómo era el panorama del cine de animación de ficción en España cuando decidió dedicarse a él profesionalmente? ¿Existía una industria o no había nada?

Sí, sí que había. Además, existía algo muy importante, que era que en las programaciones de todos los cines de España había la costumbre de poner antes del largometraje un noticiario y un cortometraje de dibujos animados. Yo he visto así montones de cortos de Tom y Jerry, del pato Donald, de Mickey… Así que cuando terminé El gato con botas (1964) y entramos en la fase comercial, en la que no había más remedio que entrar porque, claro, teníamos que sacar producto a ese trabajo, lo presenté a una distribuidora que les interesó y estuvo en distribución durante bastante tiempo por diferentes cines tanto de Madrid como de España. Y los sucesivos cortos que hice luego de Molécula y Boxy, lo mismo. Entonces había esa gran suerte de que era prácticamente obligado que en las programaciones antes de la película, fuese de lo que fuese, poner este tipo de complementos. Gracias a ello los cortos tenían comercialización en el sentido de su distribución en un circuito.

Pero cuando esto se termina, porque un director general de cinematografía decide suprimirlo, el corto ya no servía, por lo que había que pensar en la televisión. Así que presenté el proyecto de Molécula en Televisión Española e hicimos una serie de trece episodios. Fue la primera serie nacional que se emitió en Televisión Española de dibujos animados. Tengo ese honor. Lo único malo es que, como la televisión en España en ese momento era en blanco y negro, no la quise hacer en color. Es algo de lo que me arrepiento muchísimo, porque esa serie podría hoy seguir viéndose si fueran en color y no en blanco y negro.

Molécula, el personaje estrella de entre los creados por Cruz Delgado

Como dice, Molécula fue la primera serie nacional de animación de la historia de Televisión Española y también usted fue el ganador del primer Goya para una película animada. Puede decirse que lo ha iniciado todo. ¿Se siente un pionero?

Es cierto que Los 4 músicos de Bremen fue la primera película que tuvo el Goya, pero en ese momento tampoco había mucha competición. Eso no quita para que fuera un gran éxito y, además de en los Goya, fuera premiada en el exterior también. En cualquier caso, no creo que sea yo la persona indicada para decir si soy un pionero, ni mucho menos. Yo lo he hecho todo con mucho entusiasmo y con mucha dedicación, y mi trabajo me sigue gustando igual, aunque, claro, los años no pasan en balde y, aunque mi cerebro sigue activo, las fuerzas no son las mismas que cuando tenía treinta o cuarenta años. En cierto modo, entre comillas, volvería a hacer algo otra vez, pero solamente entre comillas (risas).

En buena parte de su obra, desde Mágica aventura a Los trotamúsicos, se ha inspirado en clásicos de la literatura. ¿De dónde viene esta atracción?

Tiene una explicación. Como te he dicho antes, estuve durante muchos años dibujando historietas y una de las cosas que me gustaban era ilustrar y adaptar al formato las historias de grandes autores como son Andersen, Grimm o Perrault. Y luego también las fábulas de Samaniego, de Esopo, las de La Fontaine… Te puedo decir que de fábulas unas cuarenta o cincuenta habré hecho. Todo ese mundo idílico y fantástico de las fábulas y los cuentos es algo muy bonito, sobre todo si lo acompañas con música, como ha sido mi caso. Ya Mágica aventura lleva mucha música y para la serie de Los trotamúsicos, por ejemplo, se hicieron diez canciones diferentes. La película llevaba seis canciones y después se hicieron más para repartirlas por la serie.

¿Y por qué ese interés por la música?

Porque creo que ayuda mucho a la fantasía. La música ha sido algo muy importante tanto en mis películas como en general. Te contaré que tuve el proyecto, aunque no pudo realizarse, de trasladar a animación El concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo. Con esa música te imaginas muchas cosas a la hora de dibujarla. A Disney le pasó lo mismo en Fantasía (Fantasia, 1940). El trasladar a dibujos animados la sexta sinfonía de Beethoven u otras piezas de grandes autores clásicos, casi, casi te lo pide la música. Cuando la estás oyendo te está pidiendo trasladarla a imágenes. Y las imágenes no solo tienen que ser de imagen real, sino que también pueden ser imágenes dibujadas.

“Mágica aventura”

Tanto su cine en particular como el cine de dibujos animados en general parecen estar asociados al género fantástico. ¿A qué cree que se debe esa asociación?

No sé. Para hacer cosas realistas, muy realistas, como se han hecho últimamente, la verdad es que para eso está la imagen real. Si lo haces muy realista, el factor fantástico, el factor imaginativo, no es lo mismo. También va unido al gusto del realizador. Si al creador le gusta ese tipo de animación realista y seria… Hay películas dramáticas de animación que son muy buenas. Las hay incluso de terror. Pero a mí nunca se me ha ocurrido hacer una película de terror. Bastante terror pasaba ya para poder sacar adelante mis películas (risas). Pero, bueno, todo va en relación a los gustos del autor, lógicamente.

En el mismo sentido, toda su obra está enfocada hacia el público infantil. ¿Fue una decisión personal o se debió a que era lo que dictaba el mercado de la época?

Casi, casi, te puedo decir lo mismo que en la anterior respuesta. Se trata de los gustos que tiene el autor para hacer las cosas. Hay gente a la que le gusta hacer cine de terror, vuelvo a decirte, y hay gente a la que le gusta hacer cosas fantásticas e imaginativas. Algo que no se puede hacer con la imagen real, aunque hoy día se puede hacer todo porque hay unos medios tremendos y se pueden hacer cosas increíbles. Pero si retrocedes treinta años atrás en el tiempo esos medios no los había, y para hacer este tipo de cosas había que dibujarlas, pintarlas y darles vida. Porque en el dibujo animado se puede hacer lo que quieras. No hay límites. Y hoy día menos todavía, porque hay cosas que hacerlas en mi época eran muy complicadas ya que no existían los medios que ahora conocemos.

Al hilo de lo que comenta, ¿qué valoración hace los avances técnicos que se han producido de un tiempo a esta parte en el campo del cine de animación?

Los dibujos animados son una cosa, y el cine de animación por ordenador es otra. Son dos cosas diferentes. Ninguna de las dos disciplinas se puede eliminar. Son buenas las dos y en la animación por ordenador se hacen cosas maravillosas, muy buenas, en España inclusive. Y el dibujo animado es distinto. Ya lo dice su nombre, es dibujo animado. En él toma vida un personaje a través de la imaginación de un dibujante que la plasma tan solo con un lápiz en un papel, nada más. En cambio, el cine de animación por ordenador siempre tiene el complemento y el respaldo de los medios que tiene la computadora para que eso tú lo puedas hacer de una manera fantástica y rápida.

En la etapa en la que a mí me tocó vivir, hasta los años noventa y algo que empieza el tema de los ordenadores, todo era artesanal completamente. Para mí y para todo el mundo, hasta para Walt Disney. El procedimiento era el mismo para Walt Disney que para los Estudios Cruz Delgado. Había que hacer los dibujos a lápiz, pasarlos al acetato, después darles color a mano, luego rodarlos fotograma a fotograma… En fin, todo. Dicho así muy rápido, como te lo estoy contando, eso equivale a muchos años de trabajo.

Pero yo creo que todo es bueno. La moda ahora es hacerlo todo en animación por ordenador y el dibujo animado ha quedado más abandonado. La prueba es que en los estudios Disney desde hace ya varios años el departamento de animación, que yo tuve la suerte y el honor de poderlo conocer en persona, ha desaparecido, ya no existe. O sea que imagínate. Aunque siempre estarán obras tan importantes como puede ser Blancanieves y los siete enanitos (Snow White and the Seven Dwarfs, 1937), Pinocho (Pinocchio, 1940) o Fantasía. Además, se pueden hacer diferentes estilos de dibujo. Por ejemplo, en 101 dálmatas (101 dalmatians, 1961) es el dibujo directo del animador, y en El libro de la selva (The Jungle Book, 1967) lo mismo. El trazo directo del dibujante trasladado directamente a la pantalla, no como ocurría en la etapa anterior de Blancanieves, Pinocho y demás, en la que los dibujos se calcaban y perdían un poco de espontaneidad. Y, claro, tiene un valor artístico mucho mayor todavía. En la animación por ordenador hay unos medios mecánicos y electrónicos que hay que conocer y los que lo dominan lo hacen muy bien, pero ya no es lo mismo, es otra cosa. Es otro mundo distinto. 

¿Y qué le parecen películas de animación actuales como las que hace Pixar, por ejemplo, que no están dirigidas al público infantil en concreto, sino que tienen un planteamiento más dirigido a una audiencia adulta?

Yo, de todas formas, cuando he hecho una película no he pensado solamente en los niños. Mi pretensión ha sido que les gustara a los niños y a los padres. La idea es que la pudiera ver toda la gente posible. ¿Crees que cuando Walt Disney hizo Fantasía pensó en los niños? Ni mucho menos. Es un error pensar eso. Y la cultura española ha sido muy inclinada a ello. La cultura norteamericana es diferente. El público entra a ver estas películas y se lo pasan bomba gente de cincuenta o sesenta años.

“Don Quijote de la Mancha”

De todas sus películas y series, quizás el trabajo más ambicioso y a la vez el más emblemático es la adaptación de El Quijote. ¿Cómo nació este proyecto?

Sin duda. Era un proyecto que yo tenía desde hacía muchos años. Me parece que El Quijote tiene cosas verdaderamente maravillosas de cara, no a las personas mayores, sino a los niños. Y acercar El Quijote a los niños y a la gente que lo rechaza de entrada porque es un libro muy denso a mí me gustaba mucho. Entonces hice unos dibujos y unos proyectos, se los enseñé al productor Romagosa, y le gustó muchísimo. Mi idea era hacer originalmente un largometraje, pero él me dijo que no, que ese material para lo que valía era para una serie de televisión. Me pareció bien y entonces hicimos un piloto que le gustó muchísimo a Televisión Española. No obstante, las negociaciones con Televisión Españolas fueron muy largas, porque trabajar con un ente público siempre es complicado. Pero, bueno, finalmente se hizo la serie y fueron 39 episodios de media hora cada uno, que recorren prácticamente de forma completa la obra de Cervantes. Estuvimos trabajando durante tres años. Si los fotogramas de dibujos animados que he hecho fueran dinero, ahora mismo yo sería multimillonario (risas). Un minuto tiene 1400 fotogramas, así que imagínate…

Además, he de decir que coincidiendo con la serie hubo un aumento en la venta de ejemplares de El Quijote. Sería por algo… Luego también se hicieron ediciones ilustradas con dibujos de la serie con la que los niños, la gente de doce o trece años, empezaron a leer El Quijote. Así que fue una aportación a la cultura española con una de las obras más importantes de la literatura universal. Por otra parte, es una serie que aún está ahí, vigente. La prueba está que todavía nadie le ha hincado el diente para hacer una segunda versión, digamos, más moderna con los medios que hay hoy.

En este sentido, ¿cómo fue el proceso de adaptación de El Quijote a la pantalla, con la particularidad de hacerlo para una serie de dibujos animados orientada al público juvenil, con todo lo que conlleva?

De eso se encargó el guionista, Gustavo Alcalde, que fue quien hizo la adaptación, aunque supervisada. Nos reuníamos todo el equipo e íbamos supervisando. Había que hacer una adaptación del Quijote que no se había hecho nunca: una adaptación al dibujo animado. Pero claro, hay partes del libro en las que el Quijote empieza a hablar y es un texto que a lo mejor en el libro dura página y media. Meter eso así de golpe no se puede, hay que adaptarlo, porque eso en dibujos animados o en imagen real pesa mucho. Entonces había que hacer una adaptación para aligerar ese texto. Así que era una labor complicada, aunque quedó muy bien.

Uno de los detalles más recordados de la serie es que las voces de Quijote y Sancho Panza estuvieran dobladas por nada menos que Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis. ¿Estaban desde el principio del proyecto?

Sí, estaban desde el principio. Fue una imposición mía que la voz del Quijote tenía que ser la de Fernando Fernán Gómez. Aunque, bueno, al principio también pensé que a lo mejor no lo quería aceptar. Así que me prepararon una entrevista con él, le enseñé los dibujos para poder convencerle y contestó que sí, ya que decía que era una oportunidad para hacer algo que no había hecho nunca, porque es distinto a la imagen real; primero había que grabar las voces y después sobre eso se hacían los dibujos. Y con Ferrandis pasó lo mismo. Luego está la voz en off de Cervantes que la hizo Rafael de Penagos, que era además un poeta extraordinario. Es decir, se cogió, además, a lo mejor. Además, los diálogos fueron supervisados por cervantistas muy importantes de la época como [Fernando] Díaz-Plaja o Manuel Criado de Val. Se procuró hacerlo con el respeto adecuado, pero siempre de cara a un mundo más infantil o juvenil.

El hecho de que Fernando Fernán Gómez fuera el que iba a poner la voz del Quijote, ¿le influenció a la hora de diseñar el personaje? Lo digo porque, por ejemplo, su Quijote es pelirrojo, al igual que lo era el actor…

 Sí, sí, sí, como él. Ya en los dibujos que le enseñé tenía el pelo pelirrojo como él. Me dijo: «Ya veo que te has basado un poco en mí». «Pues sí». No se lo negué. Es más, yo dije que si no se hacía con Fernando Fernán Gómez no hacía El Quijote, porque era la voz que se necesitaba en ese momento. Y Ferrandis la verdad es que daba muy bien la imagen de un hombre de pueblo como es Sancho.

Aparte de la serie, de Don Quijote de la Mancha circulan también como una versión resumida dividida en dos partes en formato largometraje. ¿Se hizo a posteriori o estaba planeada desde un principio?

Eso fue un montaje que hizo mi hijo Cruz junto al productor. Romagosa le dijo: «Quiero que los 39 episodios sean adaptados a un largometraje de hora y media, más o menos». Pero eso era muy difícil. Hubo que suprimir muchas cosas de las menos importantes porque, claro, si la serie está compuesta por 39 episodios de media hora había que quitar material para dejarlo en la hora y media o algo más de la película. La adaptación quedó muy bien, pero fue complicada y muy difícil.

Los cuatro músicos de Bremen según la adaptación de Cruz Delgado

Curiosamente, volvería a vivir un caso parecido años después aunque en el sentido inverso, cuando el largo Los 4 músicos de Bremen dio lugar a la serie Los trotamúsicos

Es un cuento que tenía mucha ilusión y, sobre todo, le gustaba mucho a mi mujer, porque se lo habían contado de niña y es muy bonito. Lo que pasa es que este cuento de Grimm es pero que muy corto. Tú coges un libro de los cuentos de Grimm y el de «Los cuatro músicos de Bremen» ocupa como dos hojas y media, nada más. Entonces hubo que hacer una adaptación a partir de lo más importante; ya lo dice el título del cuento, «Los cuatro músicos de Bremen», por tanto, música, música, música y música. Así que la película tenía que tener mucha música y muchas canciones, además de una serie de situaciones divertidas y contar la historia. Hablamos con Televisión Española y de ahí surgió la oportunidad de hacer una serie con esos personajes. Hubo que inventar 26 historias para cada uno de los 26 episodios de los que constaba la serie, en lo que intervino Gustavo Alcalde junto a mi hijo Cruz, que hizo bastantes guiones. Es una serie que Televisión Española pasó dieciocho veces y fue muy comentada. Yo estoy muy contento de ella, porque es muy simpática y muy divertida.

El cine de animación español ha vivido unos últimos años muy buenos con éxitos como el díptico de Tadeo Jones o la nominación al Oscar de Klaus (2019). ¿Qué le parece el cine de animación que se hace hoy en España?

Muy bueno. Gracias a su calidad puede competir con producciones extranjeras perfectamente, porque hay muy buenos autores y muy buenos creadores. Iba a decir dibujantes, pero no son dibujantes, son creadores que trasladan esas creaciones al ordenador y del ordenador a la pantalla. Se han hecho cosas muy interesantes que me gustan, aunque yo no lo haría nunca, porque yo no me movería nunca del cine de dibujos animados (risas). Las cosas que se pueden hacer en dibujos animados con ordenador en el sentido de su expresión… La expresión es diferente del dibujo animado a la animación realizada por ordenador. Es una cosa que comprende cualquiera, creo. También se puede hacer música por ordenador, pero no es lo mismo que la que un músico compone en un piano, la traslada a unas partituras y la interpreta una gran orquesta, como la Sinfónica de Londres. No es lo mismo. Y la gente lo confunde y ese es el error. Siempre machaco mucho en este sentido.

Cruz Delgado trabajando en su escritorio durante la producción de “Los viajes de Gulliver”

Y valorando toda su obra, ¿cuál es el título del que se siente más orgulloso? ¿Quizás Don Quijote de la Mancha por el trabajo que supuso y la repercusión que obtuvo?

Hombre, El Quijote es El Quijote. Ya de por sí es una obra conocidísima y en el momento en que la haces te abre muchas puertas y es algo muy importante. Pero si a mí me dan a escoger me quedo a lo mejor con Mágica aventura u otro, porque son más míos. En Don Quijote en cambio he tenido que adaptarme a la obra. Es algo que no me pasó en Los viajes de Gulliver, por ejemplo, donde lo que hice fue, como de los cuatro viajes que escribió el autor el primero se había hecho ya varias veces, escoger el segundo, que es al país de los gigantes. Tenía la idea de hacer después el tercero de los viajes, aunque después, llegado el momento, no convenía ya. Pero aunque es también la adaptación a una obra muy conocida de un autor muy conocido, no es El Quijote.

Del Quijote no se puede hacer cualquier cosa, porque te están mirando desde todas partes, los cervantistas y todo el mundo. Tengo una anécdota a este respecto. Nosotros le sacamos personalidad al galgo que el autor solo le menciona al principio y nada más, y en cambio en la serie le hicimos aparecer más veces. Y luego también había un cuervo que salía y que quedaba muy bien. Pero hubo protestas que preguntaban de dónde habíamos sacado a ese cuervo. Así que hubo que buscarle una novia, una cuerva, y hacerle desaparecer (risas).

Ya por último, y mirando en perspectiva, ¿qué valoración hace de su carrera?

No todo es Jauja. Hacer las películas cuesta, no es solo dibujar una idea y que se traslade a la pantalla. La producción de una película de dibujos animados es tan compleja como puede ser la de una película de imagen real. Ten en cuenta que hay que hacer la película, pero luego hay que añadir la música y los efectos especiales, el montaje, la edición, la comercialización… Hay muchas cosas. Y, claro, es muy duro. Y luego, además, como te comprometes a entregarlo en unas fechas tienes que tenerlo para esas fechas. Yo me alegro de haberlo hecho, pero es difícil volverlo hacer, porque, además, los tiempos han cambiado de tal manera que no es lo mismo ahora que hace treinta años. Es más complicado ahora, mucho más. Pero bueno, se ha hecho lo que se ha podido y lo mejor que se ha podido.

José Luis Salvador Estébenez

2 comentarios en “Entrevista a Cruz Delgado

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