The Mad Bomber

 

Sinopsis: Un extraño individuo se dedica a colocar explosivos en diversos lugares. Detrás de estos actos hay un deseo de castigar a la sociedad a la que considera podrida y responsable de la muerte de su hija y del fracaso de su matrimonio. Paralelamente a estas acciones, un peligroso violador está provocando el terror en la misma ciudad de Los Ángeles. El detective Geronimo descubre inesperadamente que en uno de los actos terroristas del mad bomber hubo un testigo: el culpable de los actos de violación. La caza de ambos se desencadena.

 


Título original: The Mad Bomber
Año: 1973 (Estados Unidos)
Director: Bert I. Gordon
Productor: Bert I. Gordon
Guionista: Marc Behm, Bert I. Gordon
Fotografía: Bert I. Gordon
Música: Michel Mention
Intérpretes: Vince Edwards (detective Geronimo), Chuck Connors (William Dorn), Neville Brand (George Fromley), Hank Brandt (inspector Blake), Christina Hart (victima de Fromley), Faith Quabius (Martha), Ilona Wilson (Sra. Fromley), Nancy Honnold (Ann Dorne), Ted Gehring (Jefe de policia Forester), Jeff Burton (sargento Gribble), Dee Carroll (señora Roman), Paula Mitchell (Shelly), Cynthia McAdams (señora Dorn), Brett Hadley (oficial de antivicio)…

En este estimable y singular thriller setentero, ni excesivamente conocido ni tampoco  recordado, convergen dos nombres a priori antitéticos. Por un lado el escritor y guionista Marc Behm, novelista de culto responsable de títulos tan imprescindibles como La reina de la noche (1977),  La mirada del observador (1980) o La doncella de hielo (1983). Así mismo es responsable del argumento de la conocida Charada (Charade, Stanley Donen, 1963), o de los libretos entre otras de la delirante Socorro (Help!,Richard Lester, 1965) y la reivindicable Alguien detrás de la puerta (Quelqu’un derrière la porte, Nicholas Gessner, 1971). En el título que nos ocupa se aprecia claramente aspectos habituales de su narrativa: una propuesta francamente enrevesada, giros irónicos ocasionalmente crueles y una visión pesimista de la humanidad.

En el otro lado nos encontramos al sin par Bert I. Gordon, cineasta todo terreno, especialmente recordado por los seguidores del cine B de los años cincuenta por su variedad de títulos centrados en mutaciones desproporcionadas. No obstante, cuenta con una filmografía tan variopinta como pintoresca al servicio de un espectáculo abiertamente popular, muy juvenil y nada trascendente. Arrinconado cuando no obviado por los estudiosos del cine fantástico, suele aparecer en las negativas críticas de los que no reconocen o disfrutan de las variantes más exploiter del séptimo arte. Tengamos claro que no nos encontramos con un autor fundamental a la altura de cineastas como Tourneur, Lewis, Ulmer, de Toth, o Arnold. Gordon fue un cineasta hecho a sí mismo, independiente, que prácticamente lo hacía todo (desde el guion, pasando por la producción, los rudimentarios FX, el montaje…) y que tocó variedad de géneros aunque se especializó en el fantástico: ghost stories, satanismo, comedias eróticas, ciencia ficción, thrillers, grand guiñol, piratas….Sin duda alguna una de sus mejores obras es este  The Mad Bomber (1973), un curiosísimo y endiablado policíaco que muestra facetas desconocidas en su obra.

Gordon, que venía de rodar la tenebrosa Necromancy [vd/dvd: El hechicero, 1972], primera de sus  incursiones en el mundo de la brujería donde llegó a dirigir al gran Orson Welles y a la adorable Pamela Franklin, opta en esta ocasión por una realización correcta, medida, efectiva  y esquemática que tiende a lo esencial: muestra en paralelo las acciones de los tres protagonistas añadiendo la paranoia que se va desencadenando a medida que la narración avanza. Los mejores momentos del filme tienen lugar en las escenas en que se producen las detonaciones (una de ellas en un instituto), el cortante interrogatorio del policía con el violador y en el explosivo clímax de la película.

Tampoco se debe de olvidar la descripción del mundo cotidiano de ambos criminales, un aspecto que engrandece a esta obra y la separa de otras similares del periodo. La dualidad moral del vengativo William Dorn, que reprende las malas conductas sociales a los ciudadanos que se cruzan en su camino, contrasta con sus ataques terroristas que dejan sin vida a víctimas inocentes. En su delirio individualista, Dorn solo encuentra una vía de escape en su deriva homicida por limpiar la sociedad de los que supuestamente le han quitado lo que más quería, su hija y su matrimonio. El caso de George Fromley resulta distinto. Un hombre casado con hijos cuya desatada sexualidad le lleva a cometer violaciones que en ocasiones acaban en asesinato. Si bien en su matrimonio tiene predilección por filmar y fotografiar a su esposa en performances eróticas, sus instintos más perversos y detestables se desatan en las calles, parkings y rincones oscuros. Dos modelos de conducta humana que ofrecen una mirada poco complaciente de la sociedad moderna.

Otro punto destacable es el sorprendente giro por el cual el policía encuentra una clave para resolver el caso: mientras el violador estaba atacando a una joven en un centro médico, el vengador urbano colocaba uno de sus explosivos. Lo casual y  lo deductivo de la investigación  llevan al detective a encontrar una pista para desvelar la identidad real de los culpables. Por ello destaca especialmente ese retrato de los tres protagonistas, llegando a lograr que conozcamos los motivos reales de sus acciones. Gran mérito de ello recae en los tres excelentes actores que los encarnan: un memorable Chuck Connors (versión anticipada del popular y algo maniqueo D-Fens), el siempre inquietante Neville Brandt (memorable la escena en la que disfruta en privado de los videos caseros) y un efectivo Vince Edwards  sin cuya presencia la película sería muy distinta. En un extremo más distendido no falta algún momento hilarante que parece ideado por el finado Larry Cohen: la búsqueda del violador hace pensar que Los Ángeles sufre una invasión de maníacos sexuales.

En resumen, The Mad Bomber[i] es un policíaco urbano, setentero, abiertamente B con ocasionales destellos de talento que le diferencian de los modelos que se iban imponiendo en esos mismos años en el cine americano. Una pequeña joya a recuperar.

Fernando Rodríguez Tapia


[i] El filme cuenta con varios títulos que corresponden con montajes distintos del filme: The Mad Bomber es la versión más fiel a la estrenada en su momento, mostrando la violencia y las escenas de desnudos que las otras dos versiones, tituladas respectivamente Detective Geronimo y The Police Connection, suavizaron en exceso.

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