El wéstern en la provincia de Granada (1961-1984) (y III)

Después de Hasta que llegó su hora (C’era una volta il west, Sergio Leone, 1968) y La muerte de un presidente (Il prezzo del potere, Tonino Valerii, 1969), la tercera película realizada en el poblado del Oeste de La Calahorra fue Mi nombre es Ninguno (Il mio nome è Nessuno, Tonino Valerii, 1973), financiada mayoritariamente por la compañía Rafran Cinematografica de Leone, al igual que la primera de las mencionadas. El film estaba ideado en principio para que el genial director italiano llevara a cabo tan solo tareas de producción, aunque, como veremos a continuación, este aspecto no quedaría finalmente del todo claro.

Fotocromo alemán de Mi nombre es Ninguno, con el escenario del poblado del Oeste de La Calahorra en todo su esplendor

El irremediable éxito en aquel momento de los wésterns cómicos protagonizados por el actor italiano Mario Girotti, más conocido como Terence Hill, hizo necesario contar con su presencia al frente de Mi nombre es Ninguno, acompañado para la ocasión por una eterna estrella del wéstern clásico estadounidense como Henry Fonda. De ese modo, Leone, en su lógica búsqueda de rentabilidad financiera como productor del filme, mezclaba más o menos equitativamente los cantos de cisne del filón humorístico del Oeste en boga con un claro guiño a su último gran wéstern como director, el ya citado Hasta que llegó su hora, también con Fonda al frente del reparto.

Terence Hill frente a Henry Fonda (de espaldas a la cámara) en un momento de Mi nombre es Ninguno en el poblado del Oeste de La Calahorra

En medio de todo este embrollo mercadotécnico nos encontramos a Tonino Valerii, quien figura en los créditos como director de la cinta. Pese a su previa amistad y relación laboral con Leone, parece ser que ambos directores tuvieron disputas en cuanto a la autoría del montaje final tal y como llegó a las pantallas. Valerii recuerda al respecto: “Por un lado, Leone pensaba que yo estaba privilegiando el protagonismo de Fonda respecto al de Hill, lo cual era cierto, y eso no le parecía comercial, y por otro, se produjeron retrasos en el rodaje que ponían en peligro los compromisos de Fonda. Por lo cual Leone, para ganar tiempo, dirigió varias escenas, todas con Hill, y a raíz de eso comenzó a exagerar su cometido en la película, menospreciando mi trabajo…”[1].

Además de en el poblado del Oeste de La Calahorra, Mi nombre es Ninguno cuenta con una popular secuencia cómica localizada en la contigua estación de tren La Calahorra-Ferreira, protagonizada, como no podía ser de otro modo, por Terence Hill. Sobre dicha secuencia, Valerii argumentaba: “La escena de los urinarios en la estación de tren no estaba en el guion original, fue una de las creaciones espontáneas de Leone, y yo la dejé para que todo el mundo pudiera juzgar su excesiva vulgaridad[2].

La mencionada escena de Mi nombre es Ninguno en la estación La Calahorra-Ferreira

Sea como fuere, nos encontramos ante el último gran wéstern rodado en tierras granadinas, sin que todos estos problemas de producción afectaran en demasía al convincente acabado que revela su visionado. En cuanto a la polémica de si la autoría de la película pertenece a Valerii o a Leone, sigue sin estar esclarecida a día de hoy. Incluso existen pruebas fehacientes de que el segundo estuvo al frente de la dirección de secuencias tan decisivas como aquella protagonizada por Henry Fonda y “el grupo salvaje” hacia el final de la cinta, rodada en los llanos y vías de La Calahorra.

Una de las escenas finales de Mi nombre es Ninguno: Henry Fonda se enfrenta al “grupo salvaje” en la vía de La Calahorra
Fotografía extraída del artículo La tierra de Guadix como escenario cinematográfico: los rodajes de películas del Oeste, firmado por Fernando Ventajas Dote, Miguel Ángel Sánchez Gómez y José Enrique Martínez Moya. Disponible on-line: http://www.cepedrosuarez.es/docs/boletines/B16_2003_10_VENTAJAS.pdf
Fotografía, de autor desconocido, en la que podemos ver a Sergio Leone en los llanos de La Calahorra realizando la toma de cámara con grúa del tramo final de Mi nombre es Ninguno

Antonio Margheriti, autor de algunos efectivos spaghetti westerns como Joko, invoca a Dios… y muere (Joko invoca Dio… e muori, 1968) o …Y Dios dijo a Caín (E Dio disse a Caino, 1970), también tuvo que lidiar con esa pujante moda del wéstern cómico aceptando la dirección de Fantasma en el Oeste (1974). La película figura con nacionalidad exclusivamente española en la web del Ministerio de Cultura, pero, además de su director, nos encontramos con los nombres de varios actores y técnicos italianos en los créditos. Fernando Bilbao y Alberto Terracina serían en esta ocasión una especie de émulos de Bud Spencer y Terence Hill; no en vano, el primero de ellos contaba con experiencias previas en otras imitaciones de este tipo de films. Aunque se trata de un disparate de escaso interés, por otro lado, demuestra un aceptable nivel de ambientación y realización, como casi siempre ocurría con los proyectos en los que se involucraba Margheriti. De nuevo, el apartado ferroviario es lo que destaca dentro de los escenarios granadinos escogidos, con el tren recorriendo largos trayectos por las vías de Hernán Valle hasta Guadix y las de La Calahorra, incluida la estación real de este último tramo.

El cerro Mencal al fondo de esta instantánea de Fantasma en el Oeste, en las cercanías de la vía férrea Guadix-Baza a su paso por Hernán-Valle
Vía Guadix-Baza en Fantasma en el Oeste, por una zona próxima a la estación de Guadix. En esas mismas trincheras se rodó una secuencia de Sol rojo (Soleil rouge, Terence Young, 1971), concretamente aquella en la que el tren debe parar al estar la vía ocupada por un rebaño de ovejas
La estación de tren de La Calahorra-Ferreira en Fantasma en el Oeste
Los mismos vagones -junto a la popular locomotora Babwil 140-2054- que veíamos en la anterior fotografía de Fantasma en el Oeste, aparcados en el depósito de la estación de Guadix. Fotografía: https://www.facebook.com/ferrocarrilenandalucia/photos/a.953694854703251/2833764243362960

Precisamente este mismo director italiano rodaría pocos meses después unas breves escenas ferroviarias en los llanos de La Calahorra -también conocidos como llanos del Marquesado del Zenete, en alusión a la mancomunidad a la que pertenecen- para su film El karate, el Colt y el impostor (1974), otra coproducción con Italia, además de Hong Kong y Estados Unidos, aunque mayoritariamente española. Al igual que la mencionada Sol rojo, la película se podría encuadrar dentro de aquella corriente de interés surgida en los setenta por la cultura oriental, y, al mismo tiempo, pertenece a ese efímero filón en el que algunos wésterns intentaban una complicada fusión con las artes marciales. Para tal fin, el reparto está encabezado por Lee Van Cleef, en su tercer rodaje granadino tras La muerte tenía un precio y De hombre a hombre (Da uomo a uomo, Giulio Petroni, 1967), y el actor y karateka de origen indonesio Lo Lieh. La peculiar mezcla no salió del todo bien pese al indudable oficio que exhibe de nuevo Antonio Margheriti.

Una escena de El karate, el Colt y el impostor rodada en los llanos de la antigua vía férrea La Calahorra-Minas de Alquife
Pelea en el interior de la conocida locomotora de vapor Babwil 140-2054 en El karate, el Colt y el impostor, rodada en las vías de La Calahorra

Tal y como se advirtió en la segunda parte de este artículo, las cintas cómicas del Oeste son las que van a predominar entre el primer lustro de los años setenta hasta el previsible y posterior parón productivo del género. Incluso los directores más punteros del wéstern hispano-italiano tuvieron que plegarse sin condiciones a esta nueva exigencia de la industria.

Es el caso de Sergio Corbucci, que se despide no muy a lo grande del filón con El blanco, el amarillo y el negro (Il bianco, il giallo, il nero, 1975), un film en el que actores tan destacados del wéstern como Eli Wallach, Giuliano Gemma -en su cuarto y último rodaje granadino- o Tomás Milián (con una caracterización tan ridícula y sobreactuada como la de sus películas de la saga “Providencia”) protagonizan este despropósito que atesora muy pocos momentos que valgan la pena.

Uno de ellos es la secuencia de apertura con la actriz española María Isbert recitando a toda velocidad un diálogo compuesto a base de títulos de películas western mientras discute con Wallach, su marido en la ficción. El otro es una escena rodada en el puente ferroviario de la rambla Fiñana de La Calahorra con Gemma escalando dicho puente, ayudándose únicamente de su caballo y su envidiable forma física; una pirueta que tiene toda la pinta de estar realizada por el actor sin ayuda de un doble de acción, como por otro lado casi siempre hacía. Ironías de la vida: las dos secuencias mentadas se encuentran ausentes del reciente montaje español que puede verse en algunas plataformas digitales[3].

La locomotora Babwil 140-2054 a punto de cruzar el puente rambla Fiñana de La Calahorra en El blanco, el amarillo y el negro
El gran Giuliano Gemma encaramado a las vigas metálicas del citado puente en El blanco, el amarillo y el negro
Otra escena de El blanco, el amarillo y el negro con Tomás Milián caracterizado de embajador oriental (a la derecha de la imagen), rodada en los llanos y vías de La Calahorra

El genio (Un genio, due compari, un pollo, 1975) es la última película rodada en el poblado del Oeste de La Calahorra, de nuevo con producción de la Rafran de Sergio Leone y Terence Hill de protagonista, prácticamente el mismo equipo de base que Mi nombre es Ninguno, aunque muy por debajo cualitativamente en todos los sentidos. Sin apenas rasgos del wéstern clásico, apuesta plenamente por el ya casi agonizante filón humorístico.

El director elegido sería Damiano Damiani, autor de aquella película fundacional del spaghetti revolucionario cuyos títulos de crédito estaban localizados en la estación de tren de Guadix: Yo soy la revolución (Quién sabe?, 1967). Ni siquiera las lujosas escenas realizadas en Monument Valley consiguen remontar un film del todo ajeno a los intereses políticos e intelectuales de su director. Uno de estos segmentos rodados en el mítico escenario del wéstern estadounidense comparte secuencia con otro ubicado en la vía férrea de La Calahorra: el recorrido en una vagoneta que llevan a cabo por este tramo granadino los protagonistas de la película, Terence Hill, la actriz francesa Miou-Miou y Robert Charlebois, en el que al rebasar el puente de la rambla Fiñana de La Calahorra se advierte un rápido corte de montaje y aparecen en pantalla los áridos paisajes del desierto de Arizona.

El saloon del poblado del Oeste de La Calahorra en El genio
Klaus Kinski en una secuencia de El genio rodada en el poblado de La Calahorra, con los reconocibles cerros de la sierra de Gor-Baza al fondo
Un momento de El genio con los protagonistas cruzando el puente ferroviario de la rambla Fiñana de La Calahorra. Unos segundos después, será el escenario natural del desierto de Arizona el que aparezca en pantalla dentro de este mismo recorrido en vagoneta

Tras el rodaje de El genio, el poblado del Oeste de La Calahorra no volvió a utilizarse para ninguna película[4], por lo que quedó tristemente condenado al abandono. Aún quedaban algunos años para la expiración del contrato de arrendamiento que la productora Rafran de Sergio Leone firmó con los propietarios de los terrenos, pero el wéstern europeo ya no era tan rentable en taquilla y habría que esperar a la siguiente década para que estas tierras de La Calahorra acogieran en su mítica vía férrea una nueva producción del género.

A finales de los setenta, otra zona de la provincia de Granada, bastante alejada de las comentadas hasta el momento, sirvió como escenario para una nueva cinta del Oeste de producción cien por cien española. Nos referimos a la ignota 7 cabalgan hacia la muerte (José Luis Merino, 1979), filmada en los alrededores de la pequeña localidad de Olivares. Este wéstern de bajísimo presupuesto, protagonizado por Assumpta Serna, secundada por una pléyade de desconocidos actores de reparto españoles, propone un argumento en el que los personajes principales representan en espíritu a cada uno de los siete pecados capitales. Con estos mimbres, parecía que todo apuntaba hacia un desastre mayúsculo, pero la película resulta medianamente entretenida y luce una factura aceptable por parte de ese artesano todoterreno que era su director, el madrileño José Luis Merino.

Fotograma de 7 cabalgan hacia la muerte, película rodada en escenarios naturales cercanos a la localidad granadina de Olivares, una pedanía perteneciente al municipio de Moclín
Vista de Sierra Elvira, cercana también a la localidad de Olivares, en la película 7 cabalgan hacia la muerte

Coincidiendo con el inicio de la década de los ochenta, el eurowestern prácticamente había pasado a mejor vida. Por esas mismas fechas, el poblado del Oeste de La Calahorra estaba ya seriamente deteriorado e inservible para rodar en sus decorados. Sin embargo, el ramal ferroviario La Calahorra-Minas de Alquife se conservaba en buen estado y aún le quedaban unos años de existencia. Por tal motivo recalaron en esa década por la zona los dos últimos wésterns de cierta envergadura realizados en la provincia de Granada.

Dos granujas en el Oeste (Occhio alla penna, 1981) supone la segunda incursión en La Calahorra de su director, Michele Lupo, para llevar a cabo otro film cómico ambientado en el Oeste tras una muy similar experiencia en Les llamaban y les llaman dos sinvergüenzas (Amico, stammi lontano almeno un palmo, 1972). Asimismo, el protagonista, Bud Spencer, repetía en la provincia después de su visita para rodar aquella breve escena de Una razón para vivir y una para morir (Una ragione per vivere e una per morire, Tonino Valerii, 1972) que comentábamos en la segunda entrega de este artículo (localizada en un túnel ferroviario cercano al municipio de Fonelas).

Bud Spencer se despide definitivamente del género en Dos granujas en el Oeste, cambiando en esta ocasión a su eterno compañero Terence Hill por el actor franco-marroquí Amidou. Ni siquiera el filón cómico de vaqueros tenía tirón por entonces en las carteleras, y esta insulsa película no hacía más que confirmar su realización a destiempo. Pese a todo, la ambientación de la ficticia estación “Tucumcari” de La Calahorra inaugurada por Sergio Leone tiene bastante presencia en el film, el último en el que se utilizó este decorado tan recurrente en la época de esplendor del wéstern europeo.

Aspecto de este popular decorado de La Calahorra, que simulaba ser una pequeña estación de ferrocarril, en Dos granujas en el Oeste
Fotocromo francés de Dos granujas en el Oeste, con Bud Spencer caminando por los llanos y vías de La Calahorra

El último wéstern localizado en este referido enclave venía financiado con capital estadounidense, aportado por la Paramount, y se arrima igualmente al tan explotado filón humorístico.

Esos locos cuatreros (Rustlers’ Rhapsody, Hugh Wilson, 1984) contaba con una pequeña participación española en la coproducción, tal y como demuestra la inclusión de Fernando Rey en el reparto y de José Luis Alcaine al cargo de la fotografía. Funcionó malamente en taquilla y hoy en día casi nadie se acuerda de esta película que no resulta del todo desdeñable. Su director, Hugh Wilson, había obtenido poco antes un enorme éxito con la comedia Loca academia de policía (Police Academy, 1984), aunque aquí se atreve a firmar una especie de weird western cómico que incluye como héroe de la función al cowboy cantante que incorpora Tom Berenger. Incluso incorpora apuntes del “cine dentro del cine”, al comenzar la película en blanco y negro y sin diálogos hablados, a la manera del wéstern silente hollywoodiense. Más adelante, cuando un tren circula por los reconocibles parajes de la vía férrea de La Calahorra, una voz en off nos cuenta que en ese preciso lugar se rodaron hace algún tiempo unas películas a las que llamaban spaghetti

Vista del ramal ferroviario La Calahorra-Minas de Alquife, cuando aparece por primera vez en la película Esos locos cuatreros
Tom Berenger, muy cerca del puente ferroviario de la rambla Fiñana de La Calahorra, en otro momento de Esos locos cuatreros

En la actualidad, todas estas localizaciones de La Calahorra, tan frecuentadas previamente por todo tipo de producciones wéstern, han sufrido una notable transformación que hace imposible pensar en un resurgimiento de los rodajes del género. Aparte del estado ruinoso de su poblado del Oeste, los raíles del tramo de vía que unía la estación de La Calahorra-Ferreira con las minas de Alquife se encuentran totalmente desmantelados, por no hablar de la instalación masiva de aerogeneradores que adorna casi por completo el paisaje de sus amplios llanos.

En la cercana ciudad de Guadix, otra de las importantes ubicaciones del wéstern realizado en Granada, parece que sus mandatarios al menos se esfuerzan en conservar el recuerdo de muchos de aquellos rodajes. Buena muestra de ello es la exposición permanente “Guadix de Cine”, instalada en las cocheras de la estación de tren de Guadix, con la popular locomotora de vapor Babwil 140-2054 como estrella absoluta de la muestra. Tampoco reparan en gastos a la hora de colocar carteles explicativos con los fotogramas de las películas en muchas de las localizaciones de la ciudad que hemos citado a lo largo de este artículo.

Puerta de entrada a la exposición permanente “Guadix de Cine”, instalada en el antiguo depósito de la estación de Guadix. Fotografía: Francisco Arco
La popular locomotora de vapor Babwil 140-2054 en la exposición “Guadix de Cine”. Fotografía: Francisco Arco
Uno de los carteles explicativos sobre los rodajes que nos podemos encontrar por las calles de Guadix. En esta ocasión concreta, recordando la escena de ¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, Sergio Leone, 1971) localizada en la azucarera de San Torcuato. Fotografía: Francisco Arco

Aquí concluye nuestro recorrido por los escenarios granadinos del cine del Oeste, realizado con la única finalidad de rememorar, reivindicar y difundir el importante pasado cinematográfico que tuvieron los diferentes enclaves que hemos ido analizando. Esperamos que, aparte de algún rodaje aislado y más reciente[5], la atractiva variedad paisajística que ofrece la provincia de Granada pueda recuperar algún día la presencia que sin duda ha tenido en al menos una pequeña parte de la Historia del Cine.

  Francisco Arco


[1] Entrevista de Carlos Aguilar a Tonino Valerii en “Cine-Bis”, núm. 8, junio 2018, pág. 64.

[2] Declaraciones de Tonino Valerii extraídas del libro de Christopher Frayling Sergio Leone: Something to Do with Death, University of Minnesota Press, 2012, pág. 361.

[3] Como ocurre con la copia disponible en la plataforma española Flixolé.

[4] Aunque existe una película, muy alejada del género que nos ocupa, con una escena rodada en las ruinas del poblado de La Calahorra: Fuego cruzado/Fuoco incrociato (Tonino Ricci, 1984), barata imitación italiana de la saga Mad Max en la que podemos ver claramente lo que quedaba por esa época del poblado del Oeste anteriormente conocido como Flagstone:

[5] Wéstern también es, no obstante, una película como la disparatada comedia francesa Los Dalton contra Lucky Luke (Les Daltons, Philippe Haim, 2003), que incluye una breve escena nocturna rodada en la ermita de San Torcuato de la localidad de Benalúa de Guadix:

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