«Katarsis» (Nello Vegezzi, 1963): la película maldita de un director maldito

Vida de artista

Giuseppe Vegezzi, Nello para los amigos (1929-1993), fue un poeta, pintor y escultor poco conocido fuera de Italia, pero que tuvo un gran papel como animador cultural en su Piacenza natal. Participó activamente en la contestazione del ’68 y su primer libro, Dal dissenso alla esteterotica, publicado en 1969 bajo la clara influencia de aquellos dos iconos de la intelectualidad de la época, Marcuse y Wilhelm Reich, provocó cierto escándalo no solo por su tono anticapitalista sino también por su apología de la «revolución sexual», llegando a ser retirado de las librerías. En 1971 se estrenó como pintor y escultor, sorprendiendo a los críticos con sus accattoplastiche, esculturas realizadas básicamente con desechos y chatarra. Siguió escribiendo (especialmente poesía), pintando y montando instalaciones y performances dentro de una línea provocadora y extravagante bajo la cual, lamentablemente, latía un trastorno mental compatible con esquizofrenia. La noche del 6 de junio de 1993 acudió a un servicio de urgencias buscando un tratamiento de choque para un cuadro agudo de alucinaciones auditivas (no era la primera vez); a la mañana siguiente lo encontraron muerto en una carretera secundaria junto a su bicicleta destrozada: al parecer había sido embestido por otro vehículo.

El libro polémico de Vegezzi vuelve a las librerías tras su secuestro

Esto sería el resumen de su trayectoria vital y artística. Pero, antes de que el lector se pregunte porqué lo sacamos para hablar de una película, debemos explicar cuáles fueron sus primeras inquietudes. Empezó a estudiar medicina en Parma, pero pronto vio que su auténtica vocación era el cine y se matriculó en el mítico IDHEC de París, donde se graduó como director en 1958. Con el aval de su título, se instaló en Roma para probar fortuna en la bien establecida industria cinematográfica local.

El artista con la bicicleta que le acompañaría en su último viaje

Tras varios intentos infructuosos, a finales de 1961 consigue colocar un guion a una empresa de nuevo cuño denominada I Films della Mangusta[1]. Vegezzi quiere ser también el director y hasta se inventa una experiencia previa en España como ayudante aprovechando que su cuñado era el hijo de Gonzalo Delgrás, cineasta barcelonés que había tenido su momento en la década de 1940 y estaba casado con una de las «grandes damas» del teatro español, Margarita Robles. Incluso intenta que su película se plantee como coproducción con España e incluya algún actor ibérico, aunque eso nunca se llegó a concretar.

Fausto ’63, o un pacto con el Diablo

¿De qué iba el guion de Vegezzi? Teóricamente, era una reinterpretación del mito de Fausto con clichés del horror film tradicional y un planteamiento visual vanguardista ajeno a la narrativa convencional, con planos largos, escaso diálogo y muchos momentos muertos que (se supone) querían mostrar algún tipo de «angustia existencial»: el bueno de Vegezzi, supongo que exaltado por su formación parisina, declaraba que el film iba a tener estética tan Nouvelle Vague (sic) como Nouveau Roman (resic)[2].

«The Hateful Six»: Mario Zagarti, Lilli Parker, Bella Cortez, Anita Dreyver, Giorgio Ardisson, Piero Vida

Tres parejas de gamberros de buena familia se divierten conduciendo sus deportivos por carreteras secundarias con una mano en el volante y otra en la botella de whisky. Tiran a la cuneta a un infortunado conductor que ha tenido la desgraciada ocurrencia de ir en dirección contraria y, no contentos con eso, le propinan una paliza dejándolo medio muerto y se largan «en busca de nuevas aventuras»: la siguiente tiene lugar en un lóbrego castillo donde pretenden refugiarse a pasar la noche. El castellano, un anciano vestido a la moda del siglo XVI (…por decir algo), es nada menos que Christopher Lee, que aprovechó que tenía una semanita libre entre dos rodajes para sacarse unas liras (me temo que no muchas) componiendo un personaje del que no debió entender gran cosa. Con la voz de un doppiatore que parece un poco más al tanto de las intenciones del director[3], explica a sus visitantes el pacto que firmó con el Diablo: mantener viva a su amada esposa a cambio de lo que es habitual en estos negocios, o sea, su alma.

Aunque no queda muy claro (como muchos otros aspectos de la trama), se supone que él también está disfrutando de la eterna juventud… pero da a entender que empieza a estar cansado tanto de su eternidad como la de su mujer y quiere solucionarlo por la única vía posible: acabar de una vez con su duradera cónyuge. Pero para conseguir este fin tiene un problema: no sabe muy bien en qué rincón del edificio puede encontrarse la amada criatura, por lo que pide a los seis desustanciados que le hagan el favor de buscarla y enterrarla bien hondo …después de matarla, se supone, aunque por lo que veremos después es algo así como un fantasma o un zombi más que un ser vivo estándar. Dicho y hecho: los alegres juerguistas se recorren todo el castillo abriendo botellas a golpes y celebrando unas pretendidas orgías en las que no paran de beber, poner caras raras, farfullar frases sin sentido (el entonces poco conocido Giorgio/George Ardisson hace de «poeta maldito») y bailar…, bueno, la única que hace algo parecido a bailar es la entrañable cubanita Bella Cortez (el coreógrafo titular era su amigo Leo Coleman), que incluso esboza un modesto striptease. De vez en cuando, se les aparece el Diablo (que es el mismo castellano transformado, no me preguntéis porqué) y les pega unos sustos en el mejor estilo Scooby-Doo.

La muerta en vida: ¿Adriana Ambesi? ¿Eva Gioia?

El clímax tiene lugar en un salón de espejos que trae a la mente el final de La dama de Shanghai de Welles, donde encuentran a una elegante dama rubia en actitud cataléptica que deducen que es la esposa del castellano fáustico[4] y cumplen con su misión después de una fatigosa caminata por pasillos y escaleras hasta salir al exterior. El noble muere en paz (espero que saldando su deuda, aunque el hecho de que el mismo personaje sea a la vez Fausto y Mefistófeles me lo pone un poco difícil, la verdad) y su casa se desploma siguiendo el Modelo Usher. La peripecia ha tenido un efecto colateral salvífico: los degenerados antisociales del principio han sido redimidos por el trance y, como primera muestra de que ya son seres nuevos, recogen al automovilista al que dejaron malherido la tarde anterior (y al que ningún buen samaritano ha prestado hasta el momento la menor atención) y se lo llevan al hospital más cercano, realmente preocupados por su salud. En un plano fugaz vemos por primera vez el rostro del agredido y nos damos cuenta de que es el de… ¡Christopher Lee!

Si en este momento, querido lector, te das cuenta de que no has entendido gran cosa de lo que he intentado resumir, es porque quien esto escribe no ha conseguido descifrar plenamente los mecanismos mentales del director-guionista… y tampoco ha podido acceder a lo que podríamos llamar el directors cut de Katarsis. Ahora viene la segunda parte, que para consuelo del esforzado lector que ha llegado hasta aquí (¡los dioses le bendigan!) va a ser más fácil de entender.

Cuando las circunstancias de producción son más interesantes que el producto resultante

Fotobusta original de Sfida al diavolo, la versión «definitiva» de Katarsis. De izquierda a derecha y de arriba abajo: Christopher Lee como el noble maldito; la simpática pero anónima pareja de baile retro; Lilli Parker y Mario Zagarti; Piero Vida, reconvertido en Fray Remigio, redimiendo a Alma del Río; Bella Cortez

El rodaje tiene lugar en la primavera de 1963, en escenarios naturales[5] y unos decorados bastante primarios levantados en unos ignotos estudios llamados Olimpia Films. Como cualquiera menos Vegezzi podría suponer, cuando todavía faltaba una buena cantidad de material por filmar se acaba el dinero y los… directivos (…por decir algo) de I Films della Mangusta le proponen al director que aporte alguna cantidad pues, de no ser así, la película no se acaba. De esta manera, le sacan al pobre Vegezzi casi 4 millones de liras que le presta su familia y se consigue cumplir (más o menos) con el plan previsto. Pero en este preciso momento sobreviene un hecho inesperado: Vegezzi se cae por una ventana de su apartamento y no se mata gracias a un providencial toldo de bar. Aunque la propia víctima lo presenta como accidente, algunos medios difunden que ha sido un intento de suicidio porque una de las actrices de su film, Vittoria Centroni, in arte Lilly Parker[6], le había dado calabazas.

Fuera una cosa u otra, lo realmente cierto es que mientras nuestro infortunado cineasta se recupera en un hospital, los mangantes de la Mangusta montan la película con lo que tienen, la presentan a censura en agosto[7] y se la colocan a una distribuidora muy menor que, constatando que aquello no tiene la menor redención, la estrenan «a ver qué pasa» en una pequeña localidad del sur (por si a alguien le interesa: Canosa di Puglia, cerca de Bari) con el título reconvertido en Sfida al diavolo. La reacción de los espectadores (no precisamente favorable) obliga a retirarla prestamente de cartel.

A todas estas, Vegezzi sale del hospital y consigue ver su obra y por poco lo tienen que llevar nuevamente a urgencias del patatús que le da al ver lo que han hecho con ella. El hombre pide que le dejen rodar escenas que para él eran fundamentales y que darían un poco más de sentido al conjunto, pero lo único que saca es que le vuelvan a pedir dinero, algo que en este momento no puede satisfacer. A partir de aquí se suceden una serie de intentos por comercializar el producto (remontajes, añadidos de escenas sexy, búsqueda de colaboración con empresas francesas…) cuyo relato ahorro al lector por excesivamente prolijo. Al final, Vegezzi «tira la toalla» y se vuelve a su pueblo.

Operación rescate

Mientras tanto, I Films della Mangusta se ha convertido en Eco Film. El factótum original de la productora, Fernando Cerqua, ha desaparecido (algunas fuentes lo dan por fallecido en estas fechas) y la nueva empresa la dirige unos de sus antiguos subalternos, Ulderico Sciarretta, cuyo currículum es tan esperpéntico como todo en este asunto: de experiencia cinematográfica, nada; pero, a cambio, su historial político tiene cierto morbo[8]. Cuando la caída de Mussolini en 1943 fue de los pocos que emigraron al norte para mantener la llamada Repubblica di Salò y no precisamente a hacer cine, sino a integrarse en las brigadas negras que sembraban el terror entre los desafectos al régimen. Al acabar la guerra fue declarado culpable de torturas a resistentes antifascistas y condenado a muerte, aunque pasado el primer calentón se la conmutaron (como a muchos otros) y al poco quedó en libertad.

Pues bien: el tal Sciarretta se propone amortizar el material rodado por Vegezzi, entre otras cosas porque ha conseguido unos socios capitalistas que van a hacer una pequeña inversión. En colaboración con uno de los actores originales, el gordito Piero Vida, Sciarretta compone un nuevo guion en el que la trama original, convenientemente abreviada, se convierte en un flashback. La «nueva» película, titulada ya definitivamente Sfida al diavolo, empieza con aires de thriller en el aeropuerto de Roma, donde llegan dos sicarios para matar a otro personaje, del que no sabemos nada de momento; lo único que averiguamos es que como sicarios son tan de baratillo como la propia película, pues disparan a discreción sobre su víctima y se les escapa con una heridita de nada, refugiándose en un convento a la manera medieval. Pero es que no es un convento cualquiera: el hermano portero es el propio Sciarretta anunciando una marca de brandy triestino (Stock 84, por si a alguien le interesa) y el superior es Piero Vida, uno de los crápulas de la historia original reconvertido en el hermano Remigio, con su barbita y hábito frailunos. Además, es un antiguo amigo del herido, un tal Carlo al que está buscando un gangster libanés (sic) para que le devuelva unos documentos comprometedores. Pero los documentos en cuestión los conserva bajo siete llaves (por motivos que se explican tan mal como lo que se contiene en ellos) una rumbera latinoamericana que actúa en un night club de la capital y a la que Fray Remigio también conoce de sus años de libertinaje. Para ayudar a su apurado amigo, el fraile se encomienda a la Madonna y se dirige decidido hacia el cabaret en cuestión, para intentar que su antigua compañera de desenfrenos devuelva al perseguido los famosos papeles.

En este momento, Sciarretta y Vida dedican unos cuantos minutos a mostrarnos algunas de las atracciones internacionales de gran nivel que distraen a los clientes de tan selecto local… básicamente dos parejas que se dedican más a comer y cotillear que a ver el espectáculo. Probablemente es el momento más risible del film, aunque solo sea por los metros que se le dedican. Empieza con una pareja de baile que, a pesar de no hacerlo demasiado mal, no merecen crédito ni por parte del presentador ni en la portada del film, supongo por su condición de teloneros. Lo siguiente ya es de primera: la stella argentina della canzone Sonia, que nos deleita con una especie de twist en que le afea a su novio que «le han visto con otra» (vaya, vaya…)[9]. La presentación de la tal «estrella argentina» tiene su intríngulis, pues en realidad era una italiana llamada Sonia Scotti que, más que cantando, se ganaba la vida con el doblaje y solo había vivido una temporada en la Argentina. El número fuerte, eso sí, es el que viene después, anunciado por el maestro de ceremonias con el mismo nombre y categoría que se le ha dado en la portada del film [straordinaria partecipazione di…]: ¡Alma del Río! Como quien esto escribe se considera un caballero, no espere el lector comentarios sobre el físico de esta dama, pero debo decir que no es precisamente el de las rumberas históricas como Lupe Vélez, María Antonieta Pons o Ninón Sevilla. Y solo nos falta verla «en acción» para comprobar que sus artes terpsicóreas están en total sintonía con su figura…; en fin…, dejo al eventual espectador que puntúe su actuación sin prejuicios.

Mientras tienen lugar tan excitantes actuaciones, Fray Remigio se ha colado en el camerino de la rumbera, que al entrar no puede disimular su cachondeo viendo en qué se ha convertido alguien al que conocía como libertino sin redención. Cuando le explica la misión que ahí le ha llevado, la primera reacción de Alma es negarse a entregar los documentos, y entonces el fraile saca su «arma secreta»: explicarle a esa descreída la escalofriante experiencia que convirtió, a él y otros cinco compañeros de parranda, en personas temerosas de Dios.

Y aquí entra el material rodado por Vegezzi, por supuesto sometido a un drástico remontaje del que han desaparecido los planos largos, el decentísimo striptease… y la casi ausencia de diálogos ha sido sustituida por la voz en off de Fray Remigio[10], que comenta las imágenes con el mismo dudoso humor de aquellas cómicas mudas de Larry Semon o Chaplin que se sonorizaron en la España de posguerra con castizos chascarrillos del siniestro Ramos de Castro. El momento más inspirado es cuando describe lo que fue «una orgía de los sentidos, del sexo… una orgía histérica y animalística, que encontró en Gugo, el poeta maldito, su guía…» y lo que realmente vemos es al poeta maledetto revocándose por el suelo tocando el bongó y el resto de la tropa simulando (sin mucha convicción) que siguen su ritmo.

Rematando ese tono global de inverosimilitud que inunda el film, la historia de Fray Remigio hace romper en lágrimas a la rumbera pecadora, que le entrega sumisamente los papeles comprometedores. Acompañado de una música de órgano que suena a milagro, el clérigo se encamina hacia su convento con la satisfacción de haber salvado no solo una vida en peligro, sino también el alma de una descarriada.

La nueva versión del proyecto de Vegezzi pasó censura en septiembre[11] y se supone que tuvo cierta distribución, aunque no he conseguido localizar en ninguna de las fuentes habituales la recaudación que hizo …si es que recaudó algo, porque la fantasmal Eco Film (esta vez el nombrecito, a diferencia de la mangosta de antes, no quedaba exento de cierto simbolismo…) no tardó mucho en quebrar. En los materiales promocionales se destacó a los tres actores que tenían en aquel momento algo de repercusión en taquilla: Lee, Ardisson (que empezaba a destacar como superagente genuinamente italiano[12]) y la Cortez. Haciendo gala de una cierta cara dura, se mantuvo el crédito de dirección a Vegezzi pese a que el producto presentado no tenía nada que ver con su idea original; eso sí, le añadieron una «g» al apellido por motivos que nadie ha conseguido desentrañar (en la portada, a Lee le escriben el nombre Cristopher, quizá para demostrar que lo de «Veggezzi» no era nada… «personal»).

La cólera de Nello

Vegezzi promocionando una de sus performances

Aunque su espantá sugiriera lo contrario, la verdad es que nuestro maltratado cineasta seguía desde su Piacenza natal los devenires de su obra. En un benemérito intento de ayuda, Piero Vida le iba informando de los movimientos de los productores y también de las posibles formas de reconducir el proyecto, pero él se cerró en banda reclamando el control absoluto de la producción. El lector no se va a sorprender de su reacción cuando pudo ver el montaje definitivo: amenazó con una demanda millonaria al traicionero Sciarretta, exigiendo que se retiraran de la copia en distribución todas las escenas no filmadas ni planeadas por él[13]. Pero, como hemos dicho antes, la Eco Film quebró bien pronto, y su abogado le recomendó que no insistiera pues acabaría arruinado él también. En ese momento, la situación económica de Vegezzi hacía ya inviable la única posibilidad de resolver satisfactoriamente la cuestión, a saber: rescatar por dos millones de liras el film requisado a la empresa insolvente por el fisco.

Nota de Il Tempo donde se comenta la reacción de Vegezzi ante la desvirtuación de su proyecto

Y aquí acaba la malaventura de esa Katarsis, culminada de la forma más aberrante como una más convencional Sfida al diavolo. Aunque para Vegezzi si fue, como para los héroes de su historia, una auténtica catarsis que le llevó a orientar su vida por otros derroteros en los que consiguió un indudable reconocimiento, por lo menos en su localidad natal, donde todavía se le recuerda con cariño[14].

De lo escrito a lo filmado

La mejor versión de Sfida al diavolo se encuentra en este espectacular cofre dedicado a rarezas continentales de Christopher Lee

Si tras leer todo esto alguien siente cierta motivación por conocer lo que quedó del proyecto fílmico de Vegezzi, le recomiendo encarecidamente The Eurocrypt of Christopher Lee, un cofre editado en Estados Unidos por Severin Films[15] que recoge en ocho blu-rays (y un CD) varias de las películas rodadas por Christopher Lee en la Europa continental entre las cuales, como no, la versión manipulada de Katarsis… la única que se conserva, valga la aclaración. Es un poco caro, pero se trata de ediciones restauradas en HD (Sfida al diavolo escaneada en 2k a partir del negativo original) y con una buena cantidad de extras… ¡y para los completistas del añorado actor es un must!

Rafael de España


[1] Mangosta en italiano…; ¿pensaban comerse alguna serpiente…?

[2] La principal fuente de información sobre la vida y obra (cinematográfica) de Vegezzi es el documentado capítulo que le dedica Roberto Curti en su Mavericks of Italian Cinema. Eight Unorthodox Filmmakers, 1940s-1990s (Jefferson, NC: McFarland, 2018), pp.170-183, que corrige algunos errores de su anterior Italian Gothic Horror Films, 1957-1969 (Jefferson, NC: McFarland, 2015), pp.92-94.

[3] Concretamente Sergio Rossi, voz italiana de Leslie Nielsen en muchas de sus comedias locas de los 80s.

[4] Hay un poco de confusión sobre quien encarna a este personaje que, por otra parte, se limita a unos primeros planos en los que no hace el menor rictus. Varias fuentes dan por hecho que se trata de Adriana Ambesi [aka Audrey Amber], pero esta actriz hizo algún papel protagónico por aquellas fechas (sin ir más lejos en Oeste Nevada Joe de Iquino, 1964) y no identifico sus rasgos faciales —morena, mediterránea— con la rubia nórdica que aparece en Katarsis. ¿Podría ser Eva Gioia, que hizo algunas apariciones secundarias en films comerciales de la época? Lo digo por si alguien se anima a descifrar el enigma…; «hay gente pa’ tó», que decía aquel torero.

[5] Entre ellos el castillo Odescalchi, cerca de Roma, uno de los lugares comunes del cine de género italiano.

[6] Todo indica que era una espontánea sin experiencia previa en el cine …bueno, ni posterior, al menos que yo sepa.

[7] http://www.italiataglia.it/files/visti21000_wm_pdf/40989.pdf

[8] Información sobre Sciarretta hallada en la red:

http://www.atlanteditorino.it/documenti/rsi.html

http://www.metarchivi.it/dett_FASCICOLI.asp?id=10789&tipo=FASCICOLI

[9] La banda sonora está firmada por Berto Pisano, pero en el disco publicado en 1966 por Philips con la cancioncita de Sonia quien consta como autor es Andrea Lo Vecchio, compositor, letrista y productor musical de larga carrera, fallecido de COVID-19 en febrero de este año.

[10] La voz de Piero Vida es de Stefano Satta Flores, que también haría una aceptable carrera como actor (por ejemplo, Ceravamo tanto amati / Una mujer y 3 hombres de Ettore Scola, 1974).

[11] http://www.italiataglia.it/files/visti21000_wm_pdf/45739.pdf

http://cinecensura.com/violenza/sfida-al-diavolo-gia-katarsis/

http://www.italiataglia.it/files/visti21000_wm_pdf/40989.pdf

[12] Estaba bastante resultón, todo hay que decirlo, en el díptico sobre el «agente 3S3» bajo la dirección de Sergio Sollima. Vid. Santiago Aguilar: Operación Torremolinos. El cine español de superagentes, 1965-1967 (Madrid: La Biblioteca de la Abadía, 2021).

[13] Il Tempo, 25 de noviembre 1965.

[14] Los materiales que dejó en el momento de su muerte están custodiados por su sobrino Camillo en el Archivio Nello Vegezzi.

https://es-es.facebook.com/nellovegezzi/

[15] Ver reseña en: https://thedigitalbits.com/item/eurocrypt-box-severin-2021-bd

FICHAS TÉCNICAS:

Katarsis (1963)

Producción: Fernando Cerqua — I Films della Mangusta. Dirección y guion: Giuseppe Vegezzi. Fotografía: Mario Parapetti. Música: Stefano Torossi. Decorados: Andrea Crisanti, Giuseppe Ranieri. Montaje: Enzo Alfonsi. Duración: 87 min (2390m).

Intérpretes: Christopher Lee (el señor del castillo/Mefistófeles/el herido en la carretera), Giorgio Ardisson (Gugo), Bella Cortez [Alicia Paneque] (Frie), Piero Vida [Pietro Vidali] (Peo), Lilli Parker [Vittoria Centroni] (Jenny), Anita Dreyver [Anita Cacciolati] (Maga), Mario Zagarti [Mario Polletin] (Gianni).

Sfida al diavolo (1965)

Producción: Ulderico Sciarretta — Eco Film. Dirección: Giuseppe Veggezzi (sic) [sin crédito: Ulderico Sciarretta, Piero Vida]. Guion: no consta. Fotografía: Angelo Baistrocchi. Música: Berto Pisano. Decorados: Giuseppe Ranieri. Montaje: Piera Bruni. Duración: 79 min (2149m).

Intérpretes: los mismos de la primera versión con Sergio Gibello (Carlo), Ettore Ribotti, Pasquale Basile (los sicarios) y, en su propio papel, Alma del Río y Sandra.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s