El gran golpe de los 7 hombres de oro

 

Sinopsis: Los “Siete hombres de oro” intentan realizar de nuevo la hazaña de robar en una central del banco de Roma. Después de haber intentado utilizar los ingeniosos aparatos inventados por el Profesor, y cuando están a punto de terminar felizmente la misión, son apresados por siete hombres vestidos de negro y conducidos a la embajada de los EEUU en Roma. Bajo amenaza de denuncia a la policía italiana, los “Siete hombres de oro” se comprometen a llevar a cabo una misión secreta y costosísima por cuenta de los EEUU. La audaz operación consiste en raptar a un revolucionario general latinoamericano para que confiese si su simpatía hacia Rusia ha cristalizado en la implantación de bases para cohetes teledirigidos que amenazarían la paz en el continente americano.

 


Título original: El gran golpe de los 7 hombres de oro/Il grande colpo dei 7 uomini d’oro/La CIA mène la danse
Año: 1966 (Italia, España, Francia)
Director: Marco Vicario
Productor: Marco Vicario…
Guionistas: Marco Vicario, Mariano Ozores [acreditado únicamente en la versión española]
Fotografía: Ennio Guarnieri
Música: Armando Trovajoli
Intérpretes: Philippe Leroy (Albert, “el Profesor”), Rossana Podestà (Giorgia), Gastone Moschin (Adolf), Gabriele Tinti (Aldo), Maurice Poli (Alfred), Giampiero Albertini (August), Manuel Zarzo (Alfonso), Dario De Grassi (Anthony), Enrico Maria Salerno (general revolucionario), Luis Marín, Antonio Molino Rojo (comandante del submarino), Simón Arriaga, Jacques Herlin, Ignazio Spalla (oficial de marina), R. de Fonte Carrera, Ennio Balbo (jefe de policía), Riccardo Montalbano, Ignazio Leone, José Torres (oficial revolucionario), Renato Terra, Mario Lanfranchi, Lars Bloch, Alberto Bonucci, Sisto Brunetti, Nat Bush, Giovanni Di Benedetto, Renzo Palmer, Alfred Thomas, Walter Williams…

El éxito cosechado por 7 hombres de oro/7 uomini d’oro/7 hommes en or (1965) propició que no pasara mucho tiempo hasta que sus responsables pusieran en marcha la inevitable secuela con la que sacar partido al filón recién descubierto. Si el film original había sido estrenado comercialmente el 21 de octubre de 1965 en Italia, el 27 de mayo de 1966, es decir, poco más de siete meses más tarde, la entonces denominada La Vanguardia Española se hacía eco del anuncio del rodaje de una continuación de 7 hombres de oro que, bajo el título de El gran golpe de los 7 hombres de oro/Il grande colpo dei 7 uomini d’oro/La CIA mène la danse, que llegaría a las salas italianas el 25 de octubre de aquel mismo año –no así en España, donde desembarcaría exactamente tres meses más tarde, el 25 de enero de 1967[1]–. En ella repetirían los principales responsables de la previa, comenzando por su elenco principal, al que se incorporaría el siempre genial Enrico Maria Salerno en el papel de un dictador sudamericano, émulo de Fidel Castro, que de entrada revela el cambio de enfoque que la secuela mantiene con respecto a su predecesora.

A pesar de que el arranque de la cita parece indicar lo contrario, con la ejecución de un nuevo robo en unos términos muy similares a los vistos en la previa, El gran golpe de los 7 hombres de oro no se limita a ser más de lo mismo, como pudiera deducirse en un principio. Por el contrario, lejos de acomodarse, su director y principal ideólogo, Marco Vicario, añade a la fórmula ya conocida una acentuada carga de sátira política al aludir mediante su argumento a la aún fresca crisis provocada por la presencia de misiles soviéticos en Cuba. De este modo, los hombres de oro son reclutados en esta ocasión por las altas esferas de un país muy parecido a los Estados Unidos para secuestrar al gobernante de una isla con una geografía y clima sospechosamente similares a los de Cuba. Este punto de partida da pie para la inclusión de numerosos apuntes irónicos en torno a la Guerra Fría, como, por ejemplo, que el gobierno sosia de los Estados Unidos no tenga el mayor problema en recurrir a un grupo de delincuentes para secuestrar a un gobernante enemigo, pero en cambio pongan reparos a que estos lleven a cabo uno de sus golpes en paralelo a la acción encomendada, aprovechando la presencia en la isla de un carguero soviético repleto de oro, al considerarlo un  acto delictivo, toda vez que los ladrones expresen su negativa a cederles el objeto de su robo al tesoro de los Estados Unidos como les es sugerido.

El concurso de dicho componente propicia asimismo que el fruto resultante se enmarque de forma tangencial en uno de los subgéneros industrialmente más activos en la industria europea durante aquellos años. Hablamos, obvio es, de los films de euroespías surgidos a mediados de los sesenta a rebufo de las primeras encarnaciones cinematográficas del agente 007, popularmente conocidos como seudobonds o spionísticos. Tal consideración no solo se basa en su aludida referencia a la política de bloques tan propia de la época que le brinda su premisa argumental, o por su ambientación en escenarios exóticos, sino también por la proliferación de gadgets empleados por los protagonistas en sus acciones, a cada cual más delirante e increíble. Tanto es así que, a grandes rasgos, El gran golpe de los 7 hombres de oro puede ser vista como una suerte de parodia del estilo, sensación que es refrendada por la potenciación del tono de cómic que ya se daba en la anterior, y que aquí incluye detalles tales como la utilización por parte de la sofisticada banda de malhechores de un cañón que lanza gigantescos puños como método para dejar fuera de juego a sus enemigos, dentro de un nivel de violencia que, si bien superior al de la primera parte, no deja de ser totalmente blanco e inocuo.

Sea como fuere, esta serie de novedades no quita que la película haga buena aquella máxima por la que toda secuela debe repetir los ingredientes que propiciaron el éxito del original elevados al cuadrado. De ahí el aún mayor protagonismo del que goza una irresistible Podestá que domina la pantalla con sus insinuantes movimientos en un nuevo desfile de moda continuo, como atestigua el que uno de los aspectos más destacados por la prensa en su momento fueran las hasta diecisiete tonalidades de colores diferentes que adquieren los ojos de la actriz a lo largo del metraje, y que se corresponden con las diferentes etapas de enamoramiento que atraviesa su ninfomaníaco personaje, en una idea no carente de cierta gracia. Siguiendo por esta senda, la música de Armando Trovajoli –aquí con la colaboración del gran Alessandro Alessandroni al frente de sus “Cantori moderni”[2]– adquiere también mayor presencia, mientras que en esta ocasión no son uno, sino tres, los golpes que se desarrollan durante la historia, dos de ellos, además, desarrollados de forma paralela, como ya se ha mencionado. Incluso hay también un intento por profundizar algo más en la personalidad de los integrantes rasos del grupo, apenas esbozados hasta ahora, recurriendo para ello a incorporar el acento característico de su nacionalidad en alguno de ellos, contradiciendo de algún modo lo mostrado en la anterior, donde todos hablaban de una forma neutra, al menos en la versión española[3].

Sin embargo, a pesar de reiterar muchos de sus aciertos y estar llevada con buen ritmo, el cómputo global de El gran golpe de los 7 hombres de oro queda bastante por debajo del ofrecido por 7 hombres de oro. La premura llevada a cabo en su realización se deja sentir en el peor acabado formal de ciertos aspectos técnicos, además de verse penalizada por el uso de un sentido del humor de brocha gorda en según qué ocasiones, como puede ser el sonido en clave utilizado por los ladrones en su misión: un eructo. No obstante, quizás su principal problema resida en que, narrativamente, resulte mucho menos compacta que su predecesora. Antes al contrario, en su intento por emularla reitera sus esquemas argumentales, notándosele demasiado las costuras. Algo que queda patente en una parte final muy irregular y forzada a causa de su empeño por repetir el cúmulo de engaños y traiciones de la primera, si bien deba reconocerse que la última escena logra despertar una cómplice simpatía al proponer un regreso al escenario inicial de la saga. Por cierto que durante este último tercio vuelve a emerger la relectura en clave política europeísta como ya ocurriera en la primera, en este caso a causa de la división en dos facciones enfrentadas por el control del oro obtenido de los componentes de la banda, y que es escenificada como si de una secuencia de guerra se tratara, trincheras incluidas. Unas lealtades que, a modo de curiosidad, se reparten entre el representante alemán y el francés, por un lado, contra el español, el portugués, el irlandés y el italiano, en lo que supone una inesperada plasmación de la Europa de las dos velocidades, como puede comprobarse.

En lógica consecuencia a lo comentado, los inferiores resultados cualitativos conseguidos por El gran golpe de los 7 hombres de oro repercutirían en su rendimiento en taquilla, donde quedaría lejos de igualar las cifras obtenidas por su predecesora, al lograr menos de la mitad de la recaudación de aquélla. A buen seguro que este menor rendimiento económico influiría de forma decisiva a que con esta cinta se pusiera fin a las andanzas de los siete hombres de oro. De forma oficial por lo menos, ya que un par de años más tarde la saga conocería una suerte de entrega apócrifa con Siete veces siete (7 volte 7, 1968), película que pretendía ser el inicio de una nueva franquicia, como demuestra un final en suspenso que emplazaba a una nueva historia,  dejando así la puerta abierta a una hipotética secuela finalmente jamás realizada. Dirigida por el reivindicable artesano Michele Lupo, quien venía de firmar un film de similares características con Gran golpe al servicio secreto de su majestad/Colpo maestro al servicio di sua maestà britannica (1967), además de por su similitud conceptual y sus reminiscencias argumentales, tonales y estéticas, dicha afirmación responde a la participación de varios viejos conocidos, comenzando por el propio Vicario, a la sazón productor de la cinta, siguiendo por la labor de Armando Trovajoli al frente de la banda sonora (de nuevo con la colaboración de Alessandroni), y terminando por la comparecencia en el reparto de Gastone Moschin, a partir de entonces presencia habitual en el cine de Lupo, y que de haber interpretado en el díptico al integrante germano pasa aquí a convertirse en el líder de los siete reclusos que, coincidiendo con la celebración de la final de copa de Inglaterra, se evadirán temporalmente del presidio con el fin de acceder a la Real Casa de la Moneda Británica y poder así imprimir varios cientos de miles de libras.

José Luis Salvador Estébenez


[1] Dicha fecha es la que recoge la popular base de datos online imdb. En cambio, la poco fiable web del Ministerio de Cultura de España retrasa tal efeméride al 1 de diciembre. Quede constancia. Y para confundir aún más las cosas, el periódico ABC incluía el 26 de enero de 1968 reseña crítica del film, coetánea a su estreno en Madrid.

[2] Al parecer, en la banda sonora también intervendría el músico Sergio Nilo, quien se habría ocupado de la composición de los temas de sonoridades brasileñas.

[3] Como curiosidad, cabe mencionar que en la versión italiana del film el personaje interpretado por Manolo Zarzo es doblado por el propio actor madrileño.

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