Necrológica de George Martin

El pasado miércoles 1 de septiembre fallecía a los 84 años de edad en su hogar en Miami el actor español Francisco Martínez Celeiro, más conocido por el que fuera su nombre artístico, George Martin. El fatal desenlace se produjo a causa de un ataque al corazón provocado por fallo renal derivado de una constipación de estómago, después de que en los últimos meses su estado de salud se hubiera venido resintiendo desde que se infectara de COVID-19, según nos ha relatado muy amablemente su esposa, Mercedes Piedra. Perdemos así a uno de los nombres más emblemáticos de la edad dorada del cinema bis español y europeo, en cuya trayectoria destaca ser el único actor nacional que de forma continuada desempeñó papales protagonistas durante la fiebre del wéstern europeo.

Nacido en Barcelona en 1937, dos hechos en su juventud marcarían su futuro devenir profesional en el cine. De ascendencia gallega por parte materna, pasa los veranos en una finca familiar situada en la provincia de Lugo donde aprende a montar a caballo con gran soltura. Por otra parte, comienza a practicar gimnasia, llegando a formar parte del equipo que capitaneaba el legendario Joaquín Blume, por entonces campeón de Europa de la disciplina. Parecía que su porvenir estaba ligado con el deporte, pero un inesperado hecho se interpondría e n su camino. El 29 de abril de 1959 Joaquín Blume y el resto de la selección española de gimnasia fallecían en un accidente aéreo en la Serranía de Cuenca. Un destino del que Francisco pudo escapar al encontrarse cumpliendo en aquellos momentos el servicio militar en Ceuta.

Finalizada la mili, regresa a su Barcelona natal y reanuda su carrera deportiva. Es entonces cuando un amigo le hace una proposición que resultará fundamental en su devenir. Tal y como él mismo recordaba: «Un amigo del gimnasio me comentó que habían venido unos italianos para hacer una película del Oeste y que le habían hablado de mí al director de la película. Y fue como en una película de Burt Lancaster, que le llaman y hace una exhibición de gimnasia y deja a todo el mundo atónito. Fui a ver al italiano este, que era muy chulo, y me preguntó si era gimnasta. Le respondo que sí, y entonces me dijo que podía ser stuntman, es decir, especialista. No obstante, me comentó que en Roma tenía un especialista que sabía hacer saltos mortales. Así que, cuando le escuché eso, le hice cinco saltos mortales seguidos, caí encima de una mesa y le salté por encima. Él, asustado, me dijo: “Para, para. Vas a hacer cine para siempre conmigo”. Y ese fue el momento en el que cambió mi vida»[1].

Aunque sus primeros pasos en la profesión se producen como especialista de acción y caballista, su impresionante planta y apostura hacen que no pase mucho tiempo hasta que comience a desempeñar papeles con mayor entidad. Primero lo hace en roles secundarios, pero la eclosión vivida por el wéstern europeo a mediados de los sesenta propicia que en apenas un par de años interprete ya personajes protagonistas, gracias en gran parte a sus cualidades físicas, a tal punto de encargarse en muchos de estos trabajos de coordinar la acción debido a la falta de costumbre de los directores españoles a decir de su testimonio.

“El retorno de Clint el solitario”

Parapetado ya tras el seudónimo de George Martin, ya que, según sus propias palabras, «Paco Martínez no funcionaba», se convierte casi de inmediato en uno de los rostros más recurrentes de esta clase de films. A tal circunstancia resulta capital su asociación con los hermanos Balcázar, erigiéndose durante aquellos años en la principal estrella de la casa, para la que protagoniza títulos como Sonora/Sartana non perdona (1968) o Clint, el solitario/Clint il solitario (1967), quizás uno de los títulos más emblemáticos de su carrera, que propiciaría además una especie de secuela años más tarde bajo el inequívoco título de El retorno de Clint el solitario/Il ritorno di Clint il solitario (1972). Pero por encima de los films aludidos, dentro de su andadura con los Balcázar destaca su participación en funciones de apoyo en dos de los principales clásicos del wéstern europeo como son el díptico de Duccio Tessari formado por Una pistola para Ringo/Una pistola per Ringo (1965) y El retorno de Ringo/Il ritorno di Ringo (1965), en los que forja una estrecha amistad con su actor protagonista, el gran Giuliano Gemma.

Junto a Vivi Bach en una escena de “Con la muerte a la espalda”

Claro que no solo de wéstern vive el hombre, y la popularidad alcanzada por nuestro hombre durante aquellos años hace que incursione en otros géneros. Así, por ejemplo, protagoniza el thriller rodado en 3D Con la muerte a la espalda/Con la morte alle spale/Typhon sur Hambourg (1967), da vida al mítico arquero de Sherwood en Las nuevas aventuras de Robín de los bosques/Il magnifico Robin Hood (1970), o incursiona en el cine de ciencia ficción con La isla de la muerte/Das Geheimnis der Todesinsel (1967) o el de piratas con El Corsario Negro/Il Corsaro Nero (1971), donde comparte protagonismo con Bud Spencer y Terence Hill poco después de que la popular pareja saltara al estrellato gracias al inesperado y colosal éxito cosechado por Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinitá, 1970). No obstante, dentro de sus trabajos fuera del salvaje Oeste destaca su participación en la trotamundística saga de “Los tres Superhombres”, para la que protagoniza tres entregas en las que su personaje, significativamente, se llaman George como él, y que le permiten exprimir sus dotes como gimnasta.

George junto a Bud Spencer y Terence Hill en “El Corsario Negro”

Avanzada la década de los setenta, Francisco comienza a simultanear sus trabajos de actor con los de director, productor y guionista, si bien esta ampliación de funciones no fue algo buscado por su parte, según confesaba: «Me vi obligado a dirigir porque en dos ocasiones el director se puso enfermo y tuve que continuar yo el rodaje como director. Esa es la explicación de porqué empecé a hacer cine como director. Uno de estos casos fue una película que se llamaba Escalofrío diabólico (1972) con Patty Shepard, en la que el director era José María Elorrieta. Era una gran persona, un gran director e, incluso, a día de hoy sus hijos son amigos de mis hijos. Pero durante la primera semana de rodaje cayó enfermo y la tuve que dirigir yo. En otra de estas películas, en cambio, empezó con un director, pero el tipo no sabía nada, yo me cabreaba y tuve que decirle que continuaba yo».

Sea como fuere, coincidiendo con el declinar de la edad dorada del cine popular europeo, a mediados de esa misma década abandona finalmente la profesión tanto delante como detrás de las cámaras. Sobre los motivos que le llevaron a tomar esta decisión, Francisco explicaba: «En esa época me casé, tuve dos hijos y, claro, la vida cambia, aunque en un primer momento seguí haciendo cine y me llevaba a mis hijos conmigo. Por ejemplo, en Kiss Kiss… Bang Bang (Kiss Kiss… Bang Bang, 1966) rodamos muchas cosas en la isla de Mallorca y yo alquilé allí un apartamento para mi mujer y mis hijos. Pero cada vez era más difícil ir a los rodajes con los niños y demás, y llegó un momento en que decidí parar».

Mesa redonda celebrada por el cincuenta aniversario de la creación de “Espuglas City”. De izda. a drcha.: los historiadores cinematográficos Rafael de España, Esteve Riambau, Salvador Juan i Babot y George Martin.

Terminada su carrera cinematográfica, Francisco se instalaría en Miami, donde se convirtió en uno de los principales empresarios hoteleros de la ciudad. Sin embargo, su recuerdo continuó bien presente en la memoria de los aficionados. Así lo pudo comprobar en primera persona en varios de los homenajes que recibió en España durante los últimos años, como el que tuvo lugar en Esplugues de Llobregat en 2015 —en recuerdo de los 50 años de la creación de “Esplugas City”, escenario habitual de sus westerns más populares— y el que le dedicó el Almería Western Film Festival el pasado 2017, donde le hizo entrega de su honorífico premio “Tabernas de Cine”. En compañía de su antiguo compañero de correrías Salvatore Borgese, Francisco pudo recibir el cariño de los espectadores para los que su figura era ya las de una auténtica leyenda, algo que ni el transcurso del tiempo ni la propia muerte podrán cambiar.

Descanse en paz.

José Luis Salvador Estébenez


[1] Todas las declaraciones incluidas en el presente texto están extraídas de “Entrevista a George Martín” de un servidor, publicada en La Abadía de Berzano el 29 de mayo de 2020 (https://cerebrin.wordpress.com/2020/05/29/entrevista-a-george-martin/)

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