Nostalgia del retrofuturo pasado. Pequeño paseo informativo y didáctico sobre el mundo cinematográfico de “Dune”

1. Breve repaso a un libro singular:

Dune (1965), uno de los pilares de la ciencia ficción de todos los tiempos, libro apasionante escrito por Frank Herbert (1920–1986) es un monumento literario que aglutina en su interior muchos temas de gran actualidad: ecología, transhumanismo (la tecnología de mejora de capacidades humanas), terraformación (la transformación de un planeta para que pueda albergar vida terrestre), ingeniería genética precursora a la que William Gibson describe de manera tan contundente en su libro Neuromante (1984)… Y con muchas aventuras, sentido de la maravilla y una arrebatadora ambientación bajo forma de eslabón perdido entre la tecnología protecno descrita en El Incal (1980-88) de Moebius (1938–2012) y Jodorowsky (1929) y un neo-steampunk único, diríase específico al universo que tan bien describe.

Es un libro denso y complejo, pero con un muy alto poder adictivo capaz de suscitar lecturas compulsivas. Su huella es enorme tanto en el cine como en la literatura de ciencia ficción, y su eco seguirá resonando largamente a lo largo del tiempo. Inauguró una saga de seis libros que se extiende desde el año 1969 hasta 1985. No exenta de altibajos, y sin igualar la primera obra,  resulta interesante para los lectores de Herbert, quien forzosamente la tuvo que dejar inconclusa al fallecer súbitamente cuando se recuperaba de una operación de cáncer.

Cabe señalar a título informativo que la saga es retomada en 2006, y prosigue actualmente a manos del hijo de Frank Herbert, Brian Herbert (1947) y Kevin J. Anderson (1962): quince libros más se añaden al canon de Dune bajo forma de dos libros que cierran la saga troncal, tres trilogías de precuelas y cuatro libros más (uno de ellos el primero de otra trilogía de precuelas). El árbol de Dune cuya semilla se plantó en 1965 se ramifica sobremanera: esperemos que la enorme sombra que arroja no termine por oscurecer su legado.

Frank Herbert, creador de “Dune”

2. Dune en el cine – Primer asalto:

Introducción – 1973 Jacobs vs. la fatalidad

La primera adaptación del libro de Herbert iba a recaer en el productor de la saga completa de “El planeta de los simios” (cinco películas que se extienden desde 1968 hasta 1973), Arthur P. Jacobs (1922 – 1973), quien adquirió los derechos de Dune en 1971. Por desgracia falleció antes de que se llegara a desarrollar nada concreto.

Primera parte – 197X Jodorowsky vs. la realidad

Un grupo de productores en Francia (país donde la ciencia ficción ha obtenido tradicionalmente un gran respeto y prestigio como género, a diferencia de España) se hace en 1974 con los derechos que Jacobs liberó forzosamente. Y decide que sea Alejandro Jodorowsky quien dirija Dune.

El plantel de artistas gráficos que quiere incorporar a la película quita el hipo: Jean “Moebius” Giraud, H.R. Giger (1940–2014), y Chris Foss (1946) [Permítaseme la digresión: ¡Qué doloroso resulta anotar el fallecimiento de dos gigantes del arte como Moebius y Giger!]. La mezcla de la ciencia ficción de trazo limpio y ultraevocador de Moebius, junto a los maravillosos mundos biomecánicos de Giger y las apasionantes naves espaciales de Chris Foss: solo falta el grandísimo Syd Mead (1933–2019) para completar un elenco estético perfecto.

Para la música son tanteados grupos como Gong, Magma o Tangerine Dream, incluso el compositor Mike Oldfield. Al final el grupo elegido para encargarse de la banda sonora sería Pink Floyd, en la época en pleno cénit de su éxito con el álbum “The Dark Side Of The Moon” (1973).

El plantel de actores es ya más variopinto pero no exento de interés: Amanda Lear, Gloria Swanson, Orson Welles, Mick Jagger, Udo Kier, David Carradine… y Salvador Dalí (quien, haciendo honor al anagrama que el surrealista André Breton le descubrió, “avida dollars” [“codicioso de dólares”], quiso ser el actor mejor pagado de Hollywood por participar en Dune en el papel de emperador: cien mil dólares por hora).

Alejandro Jodorowsky y Moebius flanqueado por uno de sus diseños para uno de los personajes de “Dune”

Moebius creó junto con Jodorowsky el storyboard completo de la película, y parte de los escasos ejemplares impresos fueron entregados a los estudios de cine con el objetivo de buscar la financiación adecuada para el proyecto. El polifacético artista chileno busca con su película alterar la conciencia del espectador, llevarlo a visionar la experiencia audiovisual definitiva. Cambiar la historia del cine, en suma. Y para ello consideró que serían necesarias catorce horas de metraje; puestos a ser ambiciosos, Jodorowsky ambiciona lo máximo.

Sin embargo su proyecto no fue ni entendido, ni alentado, ni sostenido porque los estudios buscaban rentabilidad inmediata. Apoyarían una película que podría ser muy cara de producir siempre y cuando devolviera con creces la inversión inicial. Así, Jodorowsky se encontró con toda clase de obstáculos aparte de este, siendo el más comprensible de todos el rechazo que obtuvo por empecinarse en mantener la mastodóntica duración de la película (que forzosamente tendría que proyectarse en cines en el transcurso de varias sesiones, un concepto demasiado estrambótico para la década de los 70, pero no para nuestros días donde las series han experimentado un auge enorme).

Finiquitado el proyecto ¿Habría sido el Dune de Jodorowsky una película tan trascendental y resonante como 2001: Una odisea del espacio (1968) de Stanley Kubrick (1928 – 1999)? ¿Habría cambiado el curso de la historia del cine de género? Solo se puede conjeturar un tremendo “lo que pudo haber sido y no fue”.

Pero el esfuerzo de Jodorowsky no fue en vano, la importancia de esta fallida visión dejó huella en el cine posterior que estaba ya muy cerca de escorar el rumbo al blockbuster escapista, siendo La guerra de las galaxias (1977) de George Lucas (1944) su primer ejemplo dentro de la fantasía con estética de ciencia ficción (indico bien “fantasía”, ya que la mera existencia de la Fuerza y los Jedi invalida del todo la pertenencia al género donde está inscrito Dune con letras indelebles. Y sin mencionar todos los atentados a la Física que tiene la película…). Otra de las películas que se benefició de la creación de tan prodigioso equipo creativo de esta versión de Dune fue Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott, en especial por la esencial aportación de H.R. Giger, el creador por antonomasia del xenomorfo que tantos beneficios deparó a los estudios Fox en su día.

Fue, además, el germen para que pocos años después Moebius y Jodorowsky crearan El Incal, obra maestra del cómic que a su manera supone una puesta al día de ese Dune que nunca existió. Aventura de aventuras, un viaje deslumbrante en la primera lectura que te atrapa en la segunda, y ya a partir de la tercera se convierte en un compañero de viaje para toda la vida. El que aún no haya sido adaptada al cine o a serie no hace más que incrementar su magia. Y suerte para quien decida adaptarlo fielmente: las probabilidades de fracasar son muy grandes, tal es su maravillosa e hipnotizante complejidad estética y conceptual. El Incal dio lugar a varios spin off, entre los cuales destaca por méritos propios La casta de los Metabarones (1993–2003), magistralmente dibujada por el gran Juan Giménez (1943–2020), otro gigante del cómic. Leerla junto a El Incal depara horas de superlativo placer.

Segunda parte – 2013 Jodorowsky vs. la reivindicación: El documental Jodorowsky’s Dune

Lo anteriormente expuesto se explica perfectamente en el documental dirigido en 2013 por Frank Pavich (1973) cuyo visionado resulta imprescindible para cualquiera que quiera adentrarse en la cronología de Dune. En él, Alejandro Jodorowsky despliega todo su armamento dialéctico tras el cual podemos detectar sin problemas a un auténtico apasionado por un proyecto que, pese a ser fallido, dio lugar a varios e insospechados frutos.

Se trata de un documental de visionado compulsivo con un momento cumbre francamente arrebatador: cuando Jodorowsky muestra un ejemplar del storyboard que creó junto a Moebius el espectador asiste a un momento único como pocos. Grial incontestable, artefacto que permanece incomprensiblemente inédito en el mundo editorial (Editorial Taschen, ¿A qué esperas?) y un sueño salvaje para quienes nos sumergimos una y otra vez en los arrebatadores mundos de Moebius, Dune y El Incal. Pocas veces un documental ha sido tan pertinente y esclarecedor como este. Aporta una luz equilibrada y muy bien contrastada donde antes solo había penumbra e información fragmentaria, sesgada y, por encima, de todo sobredimensionada. Su visionado es más que recomendado.

El momento en el que Alejandro Jodorowsky muestra en el documental el storyboard de su versión de “Dune”

Una de las sensaciones que su visionado deja es muy similar a leer el libro Un valor imaginario (1973) del gran Stanislav Lem (1921–2006): una antología de prólogos de libros que no existen. Están tan bien escritos y son tan sugerentes que cuando el lector termina de leer uno de estos prólogos casi espera encontrarse con la obra prologada. La frustración posterior es la misma que se experimenta en este caso, agravada por el hecho de que a diferencia de Lem, Jodorowsky no pretendía establecer nada imaginario: para él su Dune era un proyecto muy real.

Quizás el único efecto secundario negativo (y también frustrante) de este documental sea exagerar la sensación de pérdida por el Dune de Jodorowsky que jamás existirá (“la mejor obra de ciencia ficción nunca rodada”, que dijeron algunos críticos de la época). El error que considero que no hay que cometer es pensar que su inexistencia sea una omisión irreparable y de fatales consecuencias. No podemos saber cuál habría sido el impacto real de la película, solo intuirlo de manera indirecta y difícilmente objetiva. Por ello lo más sensato sea quizás tomar una sana distancia y adoptar una postura práctica: “es una pena que no exista, pero al menos dio sus frutos, entre ellos un documental entretenidísimo que otorga a Jodorowsky un carácter visionario y precursor que no fue apreciado en su tiempo”.

3. Dune en el cine – Segundo asalto: 1984 Lynch vs. la expectativa

Fue el productor Dino De Laurentiis (1919–2010) quien se hizo con los derechos de Dune en 1976. Tres años más tarde contrató a Ridley Scott (1937) para que procediera a adaptar la obra en dos películas (en curioso, pero lógico, paralelismo con la adaptación actual del director Denis Villeneuve). Pero Scott, que ya había deslumbrado con sus dos primeras obras, Los duelistas (1977) y, sobre todo, Alien, el octavo pasajero, no pudo hacerse cargo del proyecto, encauzando sus esfuerzos a su quintaesencial Blade Runner (1982). Fue la hija del productor italiano, Raffaella De Laurentiis, quien escogió a David Lynch (1946), que al igual que Scott en la época contaba con dos películas en su haber: la inclasificable y mitificada Cabeza borradora (1977) y la maravillosa y siempre reivindicable El hombre elefante (1980). Otra película que se le ofreció dirigir fue, curiosamente, la tercera de la saga de “Star Wars”, El retorno del jedi, finalmente dirigida por Richard Marquand en 1983.

Dos películas son aún pocas para establecer por donde van a ir los derroteros filmográficos de un director. Pueden establecerse hilos conductores (como, por ejemplo, el empleo de la luz en el caso de Scott, muy fogueado en el campo publicitario donde la iluminación cobra gran relevancia), pero serán vagos o poco determinantes. En consecuencia, viendo las dos primeras películas de Lynch no hay muchas pistas que indiquen cuáles iban a ser los derroteros de “su” Dune (entrecomillado justificado porque la película fue dirigida por él, pero recortada/reensamblada por otros).

Protagonizada por un Kyle MacLachlan que alcanzaría la fama en la cuarta película de Lynch, Terciopelo azul (1986) y, sobre todo, en la inolvidable serie Twin Peaks (1989–1991 y 2017, una tercera temporada impecable, de lo mejor que se ha rodado nunca para televisión), el resto de actores es menos variopinto que en la versión de Jodorowsky: Linda Hunt, Silvana Mangano, Virginia Madsen, Sean Young, Brad Dourif, Patrick Stewart, Dean Stockwell, Max Von Sydow, Sting (en lejana réplica al Mick Jagger escogido por Jodorowsky)… Respecto al diseño de producción, una de las cosas que más llama la atención del Dune de Lynch es que presenta un despliegue de efectos muy encomiables: por ejemplo, llama la atención los campos de fuerza que cubren a algunos personajes, ya que estamos ante una de las primeras manifestaciones infográficas en el cine, con permiso de la ultrapionera Tron (1982) de Steven Lisberger (1951). Recogería el testigo la película El secreto de la pirámide (1985) de Barry Levinson (1942), con una escena infográfica animada por una aún primeriza Pixar.

Mención especial merecen las fantásticas miniaturas del español Emilio Ruíz del Río (1923–2007), tan realmente asombrosas y cautivadoras que Lynch se decantó por una secuencia rodada con las maquetas de este gran técnico en detrimento de la misma escena rodada en escenario y con figurantes reales. En 2008 se creó un documental titulado “El último truco” que reivindica el  legado de un artista que a día de hoy no ha recibido aún el reconocimiento que se merece. Estas líneas son un minúsculo grano de arena en esa dirección: Ruíz del Río se merece océanos de dunas de agradecimiento y aprecio.

La banda sonora del film sería, quizás, uno de sus aspectos menos brillantes. No desde luego por incompetencia técnica del grupo contratado, Toto, sino más bien por la extraña decisión de acudir a una banda cuya paleta sonora se mueve entre el pop-rock y el jazz fusion (más de un aficionado diría “rock guitarrero”). Pese al encomiable esfuerzo demostrado por crear una banda sonora épica y vibrante, que lo es, casa mal con el universo cósmico de Dune, lo que hace que la película vaya por un lado y la música por otro. El contrapunto a esta música estaría en el único (por desgracia) tema que compuso el gran Brian Eno para el film, “Prophecy Theme”. En sus cuatro minutos y medio de duración consigue encapsular a la perfección la esencia sonora idónea de ese mundo antiquísimo, arcano y evocador, lleno de arquitectura funcional retrofuturista. El “valor imaginario” de Lem aplicado a este campo sería imaginar lo que habría mejorado Dune de haber tenido una banda sonora con solo la fantástica música de Eno.

La cuestión no es baladí: una rica banda sonora que sabe acompañar a las imágenes sin resultar invasiva puede realzar la película de manera tremendamente eficaz. Hay muchos ejemplos al respecto, mencionaré solo dos: Blade Runner sin la música de Vangelis (1943) no sería la misma película. Lo mismo sucede con otra banda sonora del mismo año, 1982, la que creó el gran Basil Poledouris (1945–2006) para Conan el bárbaro de John Milius: en esta película la música se entrelaza con la imagen de manera indivisible, en constante y apasionante diálogo.

Pese a sus aciertos, la película de Lynch recibió varapalos tanto de críticos de cine como de lectores de la obra de Herbert que constataron que quedaba por debajo de sus expectativas. Años después, con la perspectiva que otorga el tiempo, fue adquiriendo un status de culto, quedando como una anomalía fallida dentro de la filmografía de Lynch (la única, conviene aclarar).

Lynch necesitaba tiempo, y sobre todo el control total de su obra, que se le negó de manera rotunda al término del rodaje de Dune. Así surgió la versión extendida del film, donde David Lynch consta en créditos como el director Alan Smithee y el guionista Judas Booth (seudónimo inventado por Lynch donde alude a la traición de Judas y a John Wilkes Booth, asesino de Abraham Lincoln). Versión que tiene su interés para el aficionado, pero que queda más lastrada que la versión estrenada en cines, la cual a su vez es una versión extractada de las tres horas rodadas por Lynch.

Las posibilidades de ver algún día la versión del director definitiva del Dune de David Lynch son francamente remotas, ya que el realizador no quiere saber nada de volver a trabajar con un estudio de cine que le coarte tanto su obra. El tiempo le ha dado la razón, habiéndose comprobado posteriormente su valía como realizador dueño de un fascinante universo particular que obtuvo el respaldo de público y crítica.

4. Dune en el cine – Tercer asalto: 2021 Villeneuve vs. ¿el éxito?

Recién estrenada en el momento de escribir estas líneas (mediados de septiembre de 2021), a ti, lector/a, corresponde la tarea de establecer si Denis Villeneuve ha acertado con su visión de Dune. La respuesta definitiva solo la dará el tiempo, materia prima de la perspectiva. De momento, uno de los resultados más tangibles y positivos de esta nueva era de Dune que se nos cierne es que uno de los libros más importantes de la historia de la literatura (y no solo de la ciencia ficción) vuelve a cobrar importancia y relevancia. Ojalá su llama no se extinga nunca, es cuestión de no tener miedo:

“No debo tener miedo. El miedo mata la mente. Es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mí y a través de mí. Y cuando haya pasado giraré mi ojo interior para ver su camino. Allá por donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo.” (Letanía contra el miedo del ritual Bene Gesserit, y el mantra que Paul Atreides pronuncia varias veces a lo largo del libro Dune. Si los ejecutivos de los estudios de cine se la hubiesen aprendido la  historia de esta saga habría sido muy diferente)

David Cortabarria Arregui

Un comentario en “Nostalgia del retrofuturo pasado. Pequeño paseo informativo y didáctico sobre el mundo cinematográfico de “Dune”

  1. Buen articulo, la O.S.T. tampoco es tan mala , poner a un grupo como Toto ya lo habia hecho el señor Laurentis en Flash Gordon con Queen. por cierto la cantidad de recuerdos de las partidas que me ha traido la ilustracion de la cabecera del juego de Avalon Hill, no ha llovio ni na…………

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s