En los márgenes del sistema: En recuerdo de Melvin Van Peebles (1932-2021)

El pasado 21 de septiembre fallecía a los 89 años de edad en su casa de Manhattan Melvin Van Peebles, figura clave en la historia del cine afroamericano. Su inquieta trayectoria vital resulta tan peculiar como interesante. Nacido en Chicago en 1932, estudió en la Universidad de Ohio y se alistó en las fuerzas aéreas durante tres años. Vivió en México un breve periodo ganándose la vida como retratista. A su vuelta a Estados Unidos trabaja como conductor de tranvías, experiencia que llevó a un libro titulado The Big Heart (1957) que supone sus primeros pasos como escritor y fotógrafo. A finales de los cincuenta rueda sus primeros cortos pero, ante la imposibilidad de sacar adelante un largometraje. se marcha a Holanda y posteriormente a Paris donde escribe varias novelas y trabaja como periodista (llegando a aclarar un caso criminal que la policía francesa no había conseguido resolver). Conoce allí a otro gran expatriado afroamericano, el genial Chester Himes, con el que entabla amistad y gracias al cual consigue diversas colaboraciones en publicaciones francesas. Sus cortos llegan incluso a la Cinemateca Francesa y culmina su proceso como realizador dirigiendo su primera película, The Story of Three-Day Pass (1968), una historia de amor entre un soldado norteamericano y una chica francesa que fue seleccionada ese año por el San Francisco Film Festival. En 1969, graba su primer disco Brer Soul, en el que recitaba algunos textos apoyándose en sonidos jazz y que algunos consideran como un claro precursor del hip hop.

«Watermelon Man»

A finales de los sesenta Van Peebles regresa a Estados Unidos, donde recibe varias ofertas cinematográficas y acaba dirigiendo para Columbia Watermelon Man (1970), en la que un hombre blanco se convierte en negro, sufriendo así las evidentes lacras del racismo. Sin embargo, las constantes injerencias del estudio le llevan a plantearse su nueva película fuera de Hollywood. Nace así un hito del cine independiente: Sweet Sweetback´s Baadassss Song (1971). Debido al polémico contenido del guion el cineasta tuvo muchos problemas para encontrar financiación, si bien finalmente consiguió el medio millón de dólares con el que se presupuestó la película (50.000, por cierto, cedidos por el hoy denostado Bill Cosby). Su recaudación final ascendió a los 15 millones.

Escrita, producida, montada, protagoniza y dirigida por el propio Van Peebles Sweet Sweetback´s Baadassss Song (1971) removió los cimientos del sistema, convirtiéndose en uno de los títulos emblemáticos del periodo y todo un referente en la cultura negra norteamericana contemporánea. Dedicada a “todos los hermanos y hermanas que están hartos del Hombre”, el film presentaba a un personaje afroamericano nada habitual, diametralmente opuesto con la imagen benéfica y aséptica que hasta ese momento había representado en el cine mainstream Sidney Poitier. El nuevo héroe negro era un jovencito vagabundo acogido y criado en un burdel del cual una noche un par de policías blancos se le llevan del local. En su compañía asiste al maltrato que sufre un joven militante negro que ha sido arrestado por alteración del orden. Sweetback se enfrenta a ellos y deja en coma a los policías tras darles una brutal paliza iniciando una interminable huida. El mensaje antiautoritario contra el poder establecido fue rápidamente captado por algunos sectores y movimientos comprometidos de la sociedad. Los Panteras Negras la convirtieron en su película de referencia y auparon a Melvin Van Peebles como claro ejemplo de cineasta negro.

Otro de los aspectos reseñables de la película fue el lenguaje vanguardista empleado, con abundantes clichés experimentales de la época: imágenes en negativo, jump-cuts, split-screen, zooms, distorsiones focales. Un tanto envejecidos en la actualidad, en su momento supusieron un elemento claramente diferenciador. Y lógicamente hay que añadir su banda sonora, compuesta por el propio realizador con unos primerizos Earth, Wind & Fire: una fusión radical de sonidos funk, soul, blues y jazz que obtuvo resultados altamente gratificantes. Lanzada con anterioridad como vehículo de promoción, se convirtió desde entonces en una de las señas de identidad de la blaxploitation. Con los años, el cineasta publicó un libro sobre esta singular experiencia de rodaje que, curiosamente, fue llevada al cine por su propio hijo en la muy estimable Badasss! (Mario Van Peebles, 2003).

Mario y Melvin Van Peebles

Su siguiente propuesta fue el musical Don´t Play us Cheap (1973), adaptación de uno de sus libros escritos en París que pasó sin pena ni gloria. El escaso éxito de este filme llevó a Van Peebles a centrar su trayectoria como escritor, autor teatral y productor musical volviendo al cine esporádicamente como actor y finalmente como director ya en los noventa (respaldado por su hijo), beneficiándose del reconocimiento general de las nuevas generaciones de directores y artistas afroamericanos o la obtenida en países como Francia, donde se le ha venerado como figura de culto con retrospectivas dedicadas a su obra.

La Santa Trinidad del cine afroamericano de los setenta: Ossie Davis, Gordon Parks y Melvin Van Peebles

Presencia habitual en muchas de las películas de Mario, su última aparición en pantalla se produjo en la delirante Armado. La gran conspiración americana (Armed, Mario Van Peebles, 2018), obra convulsa, dislocada y efervescente donde parece que el legado combativo del padre resurge con sorprendente virulencia para sorpresa de degustadores de rarezas.

Descanse en paz.

Fernando Rodríguez Tapia

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