Entrevista a Emilio Gutiérrez Caba

Durante la pasada edición del Festival de Sitges la sección Brigadoon hacía entrega de su honorífico Premi Nosferatu a Emilio Gutiérrez Caba, sin lugar a dudas uno de nuestros intérpretes más reputados. Con este galardón, el especializado certamen quiso reconocer la trayectoria dentro del fantástico de un actor que, si bien no ha frecuentado demasiado el género dentro de su longeva carrera, cuenta en su haber con dos destacados exponentes dentro de la filmografía del estilo en nuestro país. Por un lado, La llamada (1965) de Javier Setó, historia de amor de ultratumba cuya singularidad en el contexto del cine español la ha convertido con todo merecimiento en un título de culto, y Memorias del ángel caído (1997) de Fernando Cámara & David Alonso, uno de los títulos más sugestivos surgidos en el renacer del género en nuestra industria en los albores del nuevo milenio y, en cierto modo, la otra cara de la moneda de la exitosa y fundamental El día de la bestia (1995) de Álex de la Iglesia. Todo ello sin olvidar, claro está, su participación en las míticas Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador.

Escasos días después de que fuera homenajeado en el Festival de Sitges, pudimos hablar vía telefónica con Emilio. Amable, cercano y carente de egos, el veterano intérprete repasó con nosotros sus trabajos para la gran pantalla de temática fantástica, con especial atención a la realización de La llamada. He aquí el resultado de nuestra conversación.

Recientemente el Festival de Sitges le hacía entrega del honorífico Premi Nosferatu como  reconocimiento a su labor dentro del cine fantástico. ¿Qué representa este género dentro de su trayectoria?

Es un género como otro cualquiera respecto a su importancia. Varía según la calidad de la película que he interpretado. Dentro del género fantástico he interpretado dos o tres títulos que para mi gusto son mejores y que forman junto al resto de mi filmografía alguno de mis trabajos más destacados. Es una rama muy interesante del cine y, sobre todo, es una rama que en su momento tocó unos asuntos muy determinados y que luego, al cabo del tiempo, se ha visto que han calado en los espectadores, en especial entre las nuevas generaciones.

Aunque no se ha prodigado mucho dentro del género, lo cierto es que su vinculación con el fantástico se produce de forma temprana en su carrera. Tanto es así que, si no me equivoco, su primer papel de protagonista absoluto para la gran pantalla lo desempeña en La llamada, película en la que se narra una historia de amor más allá de la tumba…

Es correcto. El primer papel protagonista lo hago en 1965 con La llamada, la película de Javier Setó. Años después haría otros títulos dentro del género como Estigma (1980), Viaje al más allá (1980) y Memorias del ángel caído, que son ya mucho más posteriores.

¿Cómo se produjo su entrada en el proyecto de La llamada para interpretar nada menos que el papel protagonista?

La llamada era una película de lo que hoy llamaríamos bajo coste. El representante que yo tenía entonces, que se llamaba Lorenzo Iglesias, me comentó que había la posibilidad de hacer una película en la que pagaban poco, pero que era un papel protagonista, aunque el argumento era un tanto extraño. Claro, en aquel momento los argumentos de ciencia ficción eran extraños en España. No obstante, me dijo que el papel era muy interesante, a mí me pareció que estaba bien y, como en ese momento no estaba haciendo más que esperar, encontré muy correcto hacer esa película. El rodaje fue en enero de 1965, después de las fiestas de Navidad.

Comenta que la propuesta de La llamada era muy inusual dentro del contexto del cine español de la época. ¿Tuvo que ver en este aspecto la participación en el film del productor estadounidense por entonces afincado en nuestro país Sidney W. Pink?

No, no. Sidney Pink compró La llamada para llevarla luego a los Estados Unidos, pero no tuvo nada que ver. No puso un céntimo en esa película. La llamada se rodó en realidad con muy escaso dinero. Incluso la última semana de rodaje tuve que pagarla yo, con lo cual entré a formar parte de la producción de la película en un diez por ciento. Les dejé una cantidad que sería el equivalente actual a seiscientos euros, más o menos; cien mil pesetas que en aquella época era un relativo dinero. Y, como digo, esto me permitió entrar en la producción y por eso yo asistí a todas las negociaciones de venta de la película al extranjero e, incluso, a toda la contabilidad del film en la postproducción. Así supe los costes que había habido de laboratorio, de material fotográfico, de material eléctrico y también a las negociaciones que Sidney Pink estaba haciendo para vender la película a los Estados Unidos. En realidad, Sidney Pink era como un distribuidor de películas para el extranjero. Pero vamos, ya digo, no puso un céntimo. La verdad es que lo pusieron entre todos. Javier Setó también puso dinero y un productor que se llamaba Ángel González, creo que era el apellido. Y con ese dinero se hizo La llamada, aparte de pagos aplazados a los proveedores.

Fue una especie de cooperativa, como quien dice…   

Sí, una especie de cooperativa. No llegaba al régimen de cooperativa, porque cobraba la gente el resto de salarios, pero, por ejemplo, yo no cobré hasta que la película se vendió y se distribuyó en los Estados Unidos. Lo que pasa es que al final, curiosamente, todas estas ventas me dieron más dinero que lo que tenía que haber percibido en realidad por la película si hubiese cobrado un sueldo fijo.  

Fue entonces un buen negocio entrar como productor…

Sí, bueno, al menos fue un pequeño negocio. No digo que grande, pero cuando se vendió a Televisión Española y luego, creo, al repertorio de Enrique Cerezo, supuso que en pesetas fuese una cantidad mayor a la que hubiera cobrado si hubiera ido contratado.

Emilio junto a Dianik Zurakowska en una escena de «La llamada»

Siendo una película tan atípica por su temática, ¿cómo fue recibido el proyecto dentro de la industria?

En aquella época no había mucha información al respecto. Había revistas como Fotogramas o Pantallas y escenarios que publicaban cosas específicas de cine, pero que tampoco tenían una red de información muy grande como para hacer seguimiento de este tipo de películas que era, digamos, de Serie B. Así que La llamada se estrenó de una forma vamos a llamar subterránea, en cines de poca categoría de Madrid y Barcelona, e inmediatamente pasó a los circuitos comerciales. Y pasó sin pena ni gloria. Esta película se ha recobrado después con gran sorpresa por parte de todos, el primero yo, porque no pensábamos que esta película tuviese esa, entre comillas, importancia que podía tener. Pero, sin embargo, la temática de la película sí que le da ese valor añadido que le ha servido para salvarse de la quema de los títulos olvidados, entre los que hay muchísimos no solo de ciencia ficción, sino de toda las ramas de la cinematografía, que merecían estar en otro lugar y, sobre todo, ser conocidos por el público.

En Sitges también se ha pasado El extraño viaje (1964) de Fernando Fernán Gómez, que en su momento fue una película polémica, y gustó mucho a la gente de las nuevas generaciones, porque realmente es un film muy bien rodado, con unos encuadres muy lógicos y, lo más importante, el argumento, el guion, se cuenta con una continuidad absolutamente coherente y eso sorprende en un momento en el que en el cine actual las imágenes se transgreden y se hacen flashbacks o forwards sin tener en cuenta nada. Sin embargo, en El extraño viaje todo está perfectamente cuadrado. Y en el caso de La llamada creo que también tiene esa línea argumental contada de manera coherente y muy clara para cualquier espectador.

Como ya se ha mencionado, el director de La llamada era Javier Setó. ¿Qué recuerdo guarda de su trabajo con el cineasta catalán? Personalmente me parece uno de los directores más interesantes de aquellos años, aunque hoy su obra parezca haber caído un tanto en el olvido, quizás a causa de su prematura muerte

Javier Setó pertenece a una generación de directores muy interesantes que en su momento hacían todos los géneros. En el caso de Javier, trabajó con Marujita Díaz, hizo musicales, comedias… Era una persona muy afable y era muy fácil trabajar con él. Tenía muy claro rodar de una manera convencional la planificación que había hecho de La llamada, pero como se sabía rodear de intérpretes más o menos de una cierta valía y, además, explicaba muy bien lo que quería y ensayaba con detenimiento las escenas cuando las rodaba, el resultado era una atmósfera muy relajada a pesar del bajo coste de la película.

Dada la singularidad de la película, ¿le comentó si tenía algún referente que usara como modelo para llevarla a cabo?

No, en aquella época era difícil, porque la llegada de material extranjero a España, ya fuera de cine norteamericano o cine europeo, era muy contada y, sobre todo, era muy seleccionada en cuanto a la rentabilidad o comercialidad del producto. Aquí habíamos visto películas como El enigma de otro mundo (The Thing from Another World, 1951), que es una película magnífica, o Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956), pero la ciencia ficción no estaba bien vista, entre comillas, en especial por la Iglesia, porque, claro, hablaba siempre de otros mundos, de otros seres, negaba la divinidad del ser humano y hablaba de espíritus. Y los espíritus que solo se podían ver en aquel cine eran los espíritus santos, como, por ejemplo, en Marcelino, pan y vino (1955) o las películas sobre vidas de santos que se hacían, porque esos sí que se podían, digamos, extrapolar del otro mundo. Pero los, llamémosles, espíritus vulgares no podían volver a la vida, volver a tener un cuerpo distinto o reencarnarse en un objeto. Aquello estaba mal visto por el Régimen.

En ese sentido, y aparte de lo que está comentando, en La llamada se muestra también cómo su personaje y el de su novia en la ficción tienen experiencias prematrimoniales, algo que también era muy mal visto por parte de la mentalidad oficial. ¿Tuvo por estos motivos la película problemas con la censura?

No, no los tuvo, al menos que yo sepa, porque la película al venderse a los Estados Unidos fundamentalmente se conservó lo poco que podía tener de erótica. Creo que tenía una escena de cama solo, que fue la primera que rodamos, además, el primer día entre Dianik [Zurakowska] y yo, pero  luego no tenía más. El resto eran paseos por El Retiro hasta que ella se montaba en aquel avión en que se accidentaba. Entonces la censura no puso ningún problema en cuanto a esto. Y si lo puso, desde luego la versión extranjera, la versión que mandaron a Estados Unidos, no tuvo ningún problema.

¿Cómo fue la preparación de su personaje? Porque la verdad es que a lo largo del metraje tiene una evolución muy clara. Comienza enamorado, después intranquilo por la suerte de su novia y al final directamente asustado ante la realidad de lo que se va encontrando cuando acude en busca de su amada a su hogar familiar en Francia…

Bueno, en realidad la película se rodó con cierta continuidad, con lo cual fue más fácil para mí. Creo que el día más duro fue el primero, porque, como ya he dicho, rodamos una escena de cama y Dianik y yo no nos conocíamos. En aquella época los rodajes de cine no tenían nada que ver con los de hoy en día, que hay una preparación previa para luego ir muy rápido en el rodaje. En aquella época se hacía al revés. Ibas muy lento al principio y cuando llegabas al rodaje era cuando ensayabas intensamente las cosas y conocías a los intérpretes. Y en este caso concreto yo llegué al lugar de rodaje, que era en una especie de residencia de apartamentos en el Paseo de la Castellana, cerca de María de Molina. Me presentaron a Dianik y los dos nos metimos dentro de la cama con nuestra respectiva ropa interior, ella con sus braguitas y yo con mis calzoncillos, y realmente fue un primer día de shock (risas). En primer plano, y sin conocerse, rodar esto, abrazos y besos, pues era un poco complicado. Pero luego no hubo más escenas de ese tipo y la película, digamos, transitaba por unos caminos más bien castos.

Es cierto que no tuve mucho tiempo para preparar este papel, pero al rodar casi en continuidad, pues eso creaba una atmósfera en el personaje, en la que iba entrando en el asombro, hasta que llegaba al punto de darse cuenta de que estaba rodeado de muertos más que de vivos con el comportamiento de ella con él en la casa y todo lo demás.

Uno de los aspectos que le dan su propia personalidad a la película es que, desde su propio arranque, tiene una atmósfera muy melancólica. Son varias las escenas que transcurren durante o después de la lluvia, la historia se ambienta en otoño… ¿De algún modo tuvo que trasladar también este particular tono a su interpretación?

Sí, es probable que sí. No lo recuerdo bien, pero es probable que lo que me marcase Javier fuera aquel tipo de actuación. Pero ya digo que, en cualquier caso, era muy sencillo trabajar con Javier por cómo daba las órdenes de rodaje. Pero sí que ese tono melancólico y romántico del chico aportaba al visual de la película una atmósfera muy diferente y muy interesante.

En relación con esto, son varias las escenas a lo largo del metraje en la que se puede ver cómo sale vaho de la boca de los actores cuando dialogan. ¿Fue un rodaje duro, climatológicamente hablando?

(Risas) No, ese año pasamos del frío al calor. Quiero decir que en el año en el que yo rodé La llamada,en ese mismo verano hice La caza (1966), donde fue enorme el calor que pasamos. Pero no. Sí que rodamos en Alcalá de Henares y en la casa donde filmábamos sí que hacía realmente frío. Creo recordar que cuando dejábamos de actuar nos teníamos que pegar a una estufa eléctrica que había y nos daban café o caldo dependiendo del momento o de la madrugada, porque sí que hacía rasca (risas).  

En la película está acompañado por Carlos Lemos y la ya mencionada Dianik Zurakowska, en el que en los créditos se anuncia que era su primera película. ¿Cómo fue su trabajo con ellos?

Eran muy diferentes. Dianik Zurakowska creo recordar que era una chica de origen polaco, pero se había criado en África. Hablaba muy bien español, con acento, pero lo hablaba muy bien. Carlos Lemos era toda una figura en el teatro en aquel momento; lo había sido y lo era. Y era distinto, naturalmente, trabajar con los dos. Con Dianik las escenas tenían un tono totalmente amoroso, mientras que con el personaje que interpretaba Carlos, que era un profesor, el tono era respetuoso. Eran distintos tratamientos pero igualmente válidos. Hombre, era más difícil rodar con Dianik por los problemas que tenía de bisoñez, digamos, dentro de la profesión, y, sin embargo, Carlos tenía bastante control de lo que hacía, dentro de que estuviera uno o no de acuerdo con su línea interpretativa. Era un actor sólido y, por lo tanto, no había ningún problema con él.

Una curiosidad. En los encuentros que tiene su personaje con el de Dianik Zurakowska aparece un muchacho tocando una armónica, a pesar de encontrarse en lugares situados a una relativa distancia. Dado el evidente simbolismo que adquiere esta presencia, ¿le llegó a explicar Javier Setó qué representaba, exactamente?

Era como una especie de hilo conductor de los dos. Creo que, además, fue el hijo de Setó el que lo hizo.  Como una especie de ángel o de espíritu intermedio que estaba entre la realidad y el más allá. En mi opinión, esa era la labor del niño. Pero recuerdo poco de esas historias porque el niño salía en un momento en el que yo estaba haciendo otra cosa y no le prestaba mucha atención, la verdad (risas).

Aunque de un tiempo a esta parte es reivindicada desde ciertos sectores, durante muchos años La llamada ha permanecido enterrada en el olvido, entre otras cosas a causa de la dificultad para visionarla. Incluso, a día de hoy nunca ha sido editada en DVD o en Blu-ray en nuestro país. Dado que, como ha comentado, usted es uno de sus productores, ¿a qué se ha debido esta escasa difusión de la película?

Hubo un intento de editarla en Bilbao. Hace unos cinco años o seis me llamó un señor de Bilbao muy interesado en sacar en DVD La llamada. Yo me puse de acuerdo con el hijo de Javier Setó, con ese niño que seguramente salía en la película, y convenimos en que se hiciera. Le dimos la autorización, pero no volvimos a tener noticias de él.

Esta película, como se vendió a Televisión Española en su momento, fue TVE la que tuvo todos los derechos sobre ella y la que la malvendió como siempre y seguramente en lote a Enrique Cerezo, que no ha considerado oportuno hacer una copia nueva y por eso es difícil encontrarla.

Dejando ya La llamada, en 1980 trabaja a las órdenes de dos de los nombres más representativos del cine fantástico español de la época dentro de otras tantas películas pertenecientes al género. Me refiero a su participación en Estigma de José Ramón Larraz y Viaje al más allá, película que supuso la ópera prima en el formato largo de Sebastián D’Arbó. Comenzando con Estigma, lo cierto es que José Ramón Larraz tenía fama de ser un director un poco peculiar…

Peculiar porque tenía ataques de cólera y de rabia. ¿Te refieres a eso? Con nosotros no se portó muy mal, pero se le veía que tenía su genio. Además, la que mandaba allí era su mujer, que era una señora inglesa que tenía mucho carácter. Entonces, Larraz y ella tenían como una especie de complot, por llamarlo de algún modo, cuando querían meterse con alguien. En cualquier caso, Larraz era una persona poco tratable. Era mucho más tratable el caso de Javier Setó o de Sebastián D’Arbó.

Estigma se rodó en Barcelona, en un piso del Eixample, y se hizo en inglés. Es una película que no he visto y no sé exactamente cuál es su resultado final. No puedo hablar de ella porque no la he visto.

En cuanto a Viaje al más allá, al tratarse de una película segmentada en capítulos, ¿variaba mucho la forma de trabajar?

No. Desde mi punto de vista, D’Arbó en ese momento tenía poca experiencia como director de cine y rodaba de una forma bastante primitiva. Lo que le interesaba sobre todo era contar aquellos casos de parapsicología que están en la película. A él le interesaba mucho más ese aspecto científico o seudocientífico de la parapsicología y, por lo tanto, rodaba en función a eso, no en función del argumento o de la credibilidad de la interpretación. Rodaba para mostrar más o menos esos casos. También se puede decir que Viaje al más allá era una película de bajo coste. Tuvimos bastantes anécdotas que demostraban ese bajo coste (risas).

Su último trabajo hasta la fecha estrictamente hablando dentro del género se produce ya en los albores del nuevo milenio con Memorias del ángel caído, una película que, en mi opinión, aún no ha sido reconocida como se merece…

Yo creo que esa película se va a recuperar de un momento a otro como una especie de hito dentro del cine fantástico español. Los dos directores eran excelentes directores, una gente educadísima y fue estupendo trabajar con ellos. Y, aparte, tiene un reparto muy notable. Tiene gente como puede ser el propio Echanove, López Vázquez, Héctor Alterio, Santiago Ramos, Tristán Ulloa, Asunción Balaguer… Tiene un reparto fantástico.

Y la verdad es que la historia a mí me gusta, me gusta mucho. Yo que en un momento determinado he sido un lector empedernido de ciencia ficción y que descubrí a través de Narciso Ibáñez Serrador a Ray Bradbury, a Asimov, a Arthur Clarke y a todos los grandes del género, me parece que el argumento de Memorias del ángel caído, queentra dentro del cine, no de ciencia ficción, sino de terror, es muy inquietante. Es una muy inquietante aproximación a la doctrina católica y, sobre todo, a cómo puede derivar en secta. Y tiene también ese tono policíaco que a mí me resulta muy interesante.  

Es una película que se rodó con un coste normal, afortunadamente, y no escatimaron ningún medio. Se filmó en una iglesia preciosa que es una joya por dentro en la zona de Plaza de España, al lado del Edificio España, enfrente justo en una callecita que hay lateral. Nos la dejaban de noche para rodar, porque de día había culto. Como digo, creo que es una película que se va a reivindicar en cualquier momento, aunque tampoco lo necesita, porque está ahí.

José Luis Salvador Estébenez

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