Mark Forest (1933-2022): Un Maciste con voz de tenor

El pasado 7 de enero moría en Los Angeles Lou Degni, in arte «Mark Forest». Acababa de cumplir 89 años. Tras la desaparición de Steve Reeves, Gordon Scott, Gordon Mitchell, Brad Harris, Dan Vadis… Lou era uno de los «últimos del péplum», recordado especialmente por haber «resucitado» a Maciste, popular personaje de los tiempos del cine mudo. Creo que merece una breve evocación su vida profesional, que no se limita a su primera formación como culturista o sus aportaciones al péplum sino que abarca una última (y muy provechosa) fase como artista lírico.

Situémonos en Italia a primeros de 1959. Se acaba de estrenar Hércules y la reina de Lidia (Ercole e la regina di Lidia, Pietro Francisci), secuela del que fuera el gran éxito de taquilla de la temporada anterior, Hércules (Le fatiche di Ercole) y que daría fama internacional a su protagonista, el culturista americano Steve Reeves. Aunque esta segunda parte consigue todavía más beneficios que la primera en el mercado nacional (que se multiplicarán en su explotación mundial, sobre todo cuando las dos se distribuyan en Estados Unidos) y se empieza a hablar de una tercera que se titularía algo así como Ercole contro gli dei, «Hércules contra los dioses», la serie queda, por el momento, interrumpida.

Una de las explicaciones que se han dado a esta circunstancia es que Reeves, aconsejado por su manager y futura esposa Aline Czartjarwicz, no quiere que le encasillen en el personaje que le ha llevado al estrellato. Y al supuesto rechazo por parte del protagonista se añadiría, curiosamente, el de la todopoderosa Lux Film, financiera de las dos aventuras hercúleas, que no ve claro que el filón tenga futuro.

«La venganza de Hércules»

Pero este criterio no es compartido por un tal Achille Piazzi, productor improvisado que acaba de encontrar un nuevo culturista venido de ultramar pero con raíces italianas (hasta chapurrea algo de la lengua de sus ancestros): se llama Lorenzo Luis (Lou) Degni, pero enseguida se le (re)americaniza como Mark Forest. Su físico quizá no es tan impecablemente olímpico como el de su predecesor, pero tiene una buena estatura y una musculatura lo suficientemente aparatosa para personificar al hijo de Zeus: solo falta añadirle una bien recortada barbita y ya podemos empezar con La venganza de Hércules (La vendetta di Ercole, 1960). 

Según testimonio propio, Lou Degni empezó a los 15 años como culturista, pero no tenía mucha suerte en los concursos a los que se presentaba (según dicen expertos en la materia, los jueces le ponían mala nota en la musculatura de las pantorrillas), por lo que se orientó hacia el mundo del espectáculo, tomando clases de arte dramático y aprovechando cierto talento canoro para incorporarse al grupo de boys que acompañaba a Mae West en su show itinerante. Llega a presentarse a una prueba en Hollywood para hacer de Tarzán; no lo eligen, pero parece que alguien le recomendó mirar cómo estaban las cosas por Italia, donde el cine de aventuras más o menos históricas era una actividad rentable y siempre venía bien un protagonista americano con buen físico.

Con su hermano Savino de representante, Lou desembarca en Roma con una especie de pre-contrato para tres películas. La primera es la ya citada La venganza de Hércules, que obtiene unos fantásticos resultados en la taquilla italiana; y en Francia… ¡hasta recoge muy buenas críticas!, pues no en vano su director, Vittorio Cottafavi, era entonces uno de los mimados de Cahiers du Cinéma.

«El gigante del valle de los reyes»

El segundo trabajo de Forest es importante por varias razones. La producción corre a cargo del tándem Ermanno Donati-Luigi Carpentieri que, sin ser precisamente ni Ponti ni De Laurentiis, tenían una cierta experiencia empresarial y para este film deciden tirar «la casa por la ventana» rodando en Yugoslavia (Zagreb, concretamente), lo que les permite contratar un buen número de extras y montar unos espléndidos decorados del Antiguo Egipto en los que desarrollar las nuevas aventuras del forzudo héroe… que no es Hércules, valga la aclaración.

Y aquí el otro punto clave de esta segunda aparición de Forest ante las cámaras. ¿Título del film? Maciste nella Valle dei Re, diluido en España (y en Francia) como El gigante del Valle de los Reyes; evidentemente, ya nadie se acordaba más allá de los Alpes del buen gigante Maciste que, siempre dispuesto a poner su fuerza sobrehumana a combatir la prepotencia y la injusticia, había asombrado al mundo en 1914 con la presencia física de un anónimo estibador de Génova, Bartolomeo Pagano, en la hoy clásica Cabiria de Giovanni Pastrone.

Aunque los datos de que dispongo son inciertos, parece que en la tercera película prevista no llegó a participar porque cuando debía comenzar su rodaje se vio obligado por contrato a volver a Zagreb para repetir (o añadir) unas escenas del Maciste. El film en cuestión sería Goliath contra los gigantes (Goliath contro i giganti, 1961, Guido Malatesta), que supuso el debut de Brad Harris en el péplum.  

Mark Forest, pues, tuvo el honor de devolver a las pantallas a Maciste durante un breve, pero intenso, periodo. Y aunque fueron varios los actores que encarnaron al «nuevo» Maciste, creo no equivocarme afirmando que él no solo fue el primero, sino el que se integró más en el personaje. Su filmografía, que abarca un lustro escaso, cuenta con siete Macistes. Ninguna de las películas que rodó iguala el nivel de las dos primeras, eso es innegable, pero todas conservan ese aroma de entretenimiento popular que llenaba las salas y rendía beneficios en una época en que la televisión no era una auténtica competencia y nadie conocía la existencia del vídeo doméstico.

«Maciste gladiador de Esparta»

En 1964, el peplum estaba dando sus últimas boqueadas con productos de muy bajo vuelo confeccionados con retales de viejas «superproducciones» de la buena época (especialmente solicitados los de Los últimos días de Pompeya / Gli ultimi giorni di Pompei, 1959, Aníbal / Annibale, 1960, y Constantino el Grande / Costantino il Grande, 1961) y tirando de decorados «estables» como el mini-anfiteatro para combates de gladiadores tan frecuentado por varios galanes del género, entre ellos nuestro amigo Lou. Su última aparición en pantalla fue en Kindar el león del desierto / Kindar l’invulnerabile, una aventura oriental rodada en Egipto que se estrenaría a primeros de 1965, cuando los géneros de moda en Italia eran ya el western y los seudo-007.

En este momento, Lou tiene el suficiente criterio para reconocer que su etapa de estrella cinematográfica ha pasado y hay que reciclarse, pero no cambiando de género como algunos de sus compañeros para mantener su estatus a la desesperada, sino tomando otros caminos. No obstante, hay que recordar que aquel Achille Piazzi que le dio su primera oportunidad intentó introducirlo en el western (hay algunas muestras iconográficas que dan prueba de ello), pero ni Piazzi tenía liquidez para afrontar la prueba ni Lou interés en intentarlo. Antes hemos hablado de su afición al canto (y dotes para ello): pues bien, todo lo que había ganado en Roma lo invirtió en estudiar canto a nivel profesional.

Prueba de Mark Forest para un wéstern a producir por Achille Piazzi finalmente no rodado

Por supuesto, no le sirvió para hacer carrera en los escenarios líricos pero pudo desarrollar cierta actividad en recitales (frecuentemente haciendo dúo con Sally Swanson) y, lo más importante, convertirse en un maestro de canto muy solicitado no solo por estudiantes, sino también por actores de Hollywood que querían perfeccionar sus habilidades recitativas.

En YouTube circulan muestras de su estilo vocal que adjunto por si alguien quiere valorarlas. Eso sí, que nadie me diga «Pavarotti o Carreras lo hacían mejor», ¡eh!, pues ni uno ni otro empezaron a cantar después de más de veinte años reforzando músculos. Y esto lo dice un operófilo compulsivo.

«Donna non vidi mai» (Manon Lescaut, Puccini)

https://kzclip.net/video/p61Ju6PAxuo/mark-forest-donna-non-vidi-mai.html

«Addio fiorito asil» (Madama Butterfly, Puccini)

«Core ‘ngrato» (canción napolitana, Cardillo)

Para acabar, quiero reconocer la gran información que sobre la vida de Mark Forest me ha ofrecido la entrevista de Gérard Dessere que se publicó en 1992, en el número 61-62 de Ciné-Zine-Zone, aquel documentadísimo fanzine que con tanto entusiasmo dirigía el prematuramente fallecido Pierre Charles.

Y si alguien quiere ampliar datos sobre la filmografía peplumita de Mark Forest, le remito a mi libro La pantalla épica. Los héroes de la Antigüedad a través del cine (Madrid: T&B Editores, 2009).

Rafael de España

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s