El peligro de amar

 

Sinopsis: Un campeón automovilístico viola una noche a una mujer que ha recogido en la carretera tras que ella tuviera un problema con su coche. Ésta decide vengarse proponiéndose enamorar a su agresor con el objetivo de poder hacerle sufrir después con su rechazo.

 


Título original: Les galets d’Étretat/Improvvisamente una será, un amore
Año: 1972 (Francia, Italia)
Director: Sergio Gobbi
Productor: Jean Kerchner
Guionistas: Sergio Gobbi, Vahé Katcha
Fotografía: Daniel Diot
Música: Georges Garvarentz
Intérpretes: Virna Lisi (Alny), Maurice Ronet (Kelvo), Annie Cordy (Brigitte), Juliette Mills (Florence), Grégorie Aslan (Timakoff), Christian Barbier (Jean-Pierre), Philippe Baronnet (François), Michel Robbe (Régis), Amarande (Mme Gran)…

Qué diferente trató el tema de la “violación y venganza” el cine francés allá en los setenta. Clásicos del celuloide de principios de aquella década, como Perros de paja (Straw Dogs, 1971) o La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971), se acercaron a la temática analizando la sociedad cambiante de su tiempo y la naturaleza violenta innata en el ser humano. Ambas, curiosamente, se trataban de producciones británicas realizadas por directores norteamericanos. Y el cine de explotación yanky dio en el blanco del box office con La última casa a la izquierda (Last House on the Left, 1972), un barato producto con producción de Sean S. Cunningham y dirección de Wes Craven, dos nombres que darían mucho que hablar en el posterior cine de terror. Un título que se cebaba recreándose como nunca antes en la vejación y la catártica vendetta, y que provocaría de paso el boom de este tipo de cintas durante la década y no sólo en los Estados Unidos. Los gabachos en cambio se preocuparon y pusieron el énfasis en otras cuestiones.

De violación y venganza trataban cintas del país vecino como La agresión (L’agression, 1975), de Gérard Pirès, o El peligro de amar (Les galets d’Étretat/Improvvisamente una será, un amore, 1972)[1], de Sergio Gobbi[2], pero en éstas el tratamiento, la psicología de los personajes y sus actos, así como el devenir de los acontecimientos y conclusión, poco guardan en común con los trabajos de Craven y compañía. Incluso en otros títulos franceses más similares en su esquema narrativo al marcado por la rape & vengeance made in USA, caso de La traque (1975), de Serge Leroy, su director aprovechaba para reflejar temas sociales como las diferencias de clase y los roles de género. La película con la que más relación guarda la de Gobbi, la que aquí nos interesa, es sin embargo otra de su mismo director estrenada el año anterior, El bello monstruo (Un beau monstre/Il bel mostro, 1971), producida por la Paris-Cannes Productions por parte de Francia, y Mega Film por parte de Italia, y protagonizada por el austriaco Helmut Berger y la rubia italiana Virna Lisi en los principales papeles.

El bello monstruo versa sobre los juegos sadomasoquitas de amor y muerte que un perverso burgués, Alain Revert (Berger), practica con las mujeres a las que seduce, hasta que un día se cruza en su camino Nathalie (Lisi), quien tras sufrir un auténtico infierno a manos de aquél, acaba por aprender las reglas del cruel juego y contraataca, ganándose la admiración y el amor de Alain. Un amor abocado, al igual que ellos, a un terrible pero congruente final. En El peligro de amar el realizador nos propone de nuevo una relación donde el poder, el dolor, el sexo y el amor se barajan y en el que los participantes han de saber muy bien manejar sus cartas.

Frente al ambiente de lumpen del film de Cunningham y Craven, Gobbi vuelve a desarrollar su cinta en un entorno burgués. Una empresaria de éxito, Alny (la Lisi de nuevo), tiene una avería en su automóvil una noche de lluvia. Un tipo, Kelvo (un maduro Maurice Ronet), se presta a llevarla a casa, y un rato después se presenta allí de nuevo y la fuerza a acostarse con él. La fémina decidirá vengarse, pero no acude a la policía, ni tiene intención (como ocurre en otras cintas de temática afín) de castrar físicamente y/o matar a su agresor, sino que tras estudiar los hábitos y costumbres de éste, un machista campeón de Formula uno acostumbrado a hacer y tener lo que quiera y a quien quiera, urdirá un plan para seducirlo, haciendo que se enamore de ella y poder así después reírse de él rechazándolo a su antojo. Derrotando a su agresor en su propio terreno, haciéndole perder la compostura y portarse como un adolescente, incapaz de centrarse ni siquiera en su trabajo, y todo a través del amor fou, tan propio del cine francés. Pero Alny acabará, al contrario que la heroína habitual de la rape & vengeance movie, cayendo como su contrario en las garras de la pasión amorosa, por lo que su rival/atacante acaba siendo un igual/amante.

Del mismo modo, la agresión sexual difiere mucho de las cintas de este (sub)género, como la citada La última casa a la izquierda o la aún más explícita La violencia del sexo (I Spit in Your Grave, 1978) de Meir Zarchi. En El peligro de amar la violación apenas tiene lugar frente a la cámara más de unos segundos, sin que el director se recree para nada en la vejación. Y tampoco hay una represalia física contra el agresor, sino psicológica. Aunque lo más llamativo es que todo desemboque en el enamoramiento entre ambos. Consecuentemente, la puesta en escena no guarda mucha relación con lo acostumbrado en estas cintas, pues frente al buscado feísmo y estilo de cinema verité con la cámara al hombro de Craven, Gobbi gusta de medir mucho sus planos y apuesta por ambientes de lujo recreados con mucho colorido por la fotografía de Daniel Diot. Y todo envuelto con la música de Georges Garvarentz, repleta de los “da-da-da” tan de la época, que hace hincapié en el aspecto romántico de la propuesta.

La rape & vengeance movie, como prácticamente (casi) todo género y subgénero, se ha venido reivindicando en el presente siglo. Y junto a la edición y redición en los nuevos formatos digitales de los clásicos de esta vertiente del cine de explotación, una serie de nuevas propuestas han ido llegado y no sólo al mercado doméstico, territorio donde se vio relegado durante muchos años destinado a un público especializado y reducido, sino que ahora se estrenan en salas comerciales, consiguiendo alguna de estas nuevas aportaciones alzarse con el aplauso de la platea general e incluso de la crítica, y logrando además ganar premios y colarse en la gala de los Oscar. Algo impensable en los setenta, cuando buena parte de los críticos y pensadores (o bienpensantes) de derecha e izquierda se rasgaban las vestiduras ante títulos como los mencionados de Peckinpah y Zarchi[3], tanto por la violencia (sexual, moral y física) mostrada, como por su mensaje de “quien a hierro mata, hierro muere”. Claro que, lamentablemente, al igual que en ciertas (y no pocas) de las aportaciones del último cine de terror, tras ese manto de respetabilidad de algunas de las nuevas películas de violación y venganza, aparece el panfleto más moralista y aleccionador. Muy lejos, confusa e incluso incómoda, queda hoy para el espectador más adocenado y necesitado de un asidero moral El peligro de amar.

Alfonso & Miguel Romero


[1] Rodada en términos de coproducción entre Francia e Italia, como en tantas ocasiones se impone la participación de nuestro país vecino, quedando la parte italiana supeditada.

[2] Nacido en Milán en 1938, Sergio Gobbi tenía unos veinte años cuando se trasladó a Francia. Allí aprendería francés y arte dramático, además de zambullirse en lo que ofrecía la vida de París a finales de la década de los cincuenta. En 1961 comenzaría su carrera como cineasta.

[3] En España, José María Caparrós Lera escribió sobre Perros de paja que su director había llegado demasiado lejos; mientras que en los Estados Unidos, el afamado Roger Ebert declaró al respecto de La violencia del sexo que dicho film había supuesto una de las peores experiencias de su vida.

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