X

 

Sinopsis: Es 1979 y un grupo de jóvenes cineastas pretenden hacerse un hueco en el negocio de las producciones para adultos. Han alquilado una casa en la zona rural de Texas, con la intención de rodar una película. Pero todo se complica: sus ancianos anfitriones esconden un oscuro secreto que pronto va a salir a la luz. Al poco de llegar, los chicos se ven forzados a luchar por sus vidas.

 


Título original: X
Año: 2022 (Estados Unidos, Canadá)
Director: Ti West
Productores: Harrison Kreiss, Kevin Turen
Guionista: Ti West
Fotografía: Eliot Rockett
Música: Tyler Bates, Chelsea Wolfe
Intérpretes: Mia Goth (Maxime/Pearl), Jenna Ortega (Lorraine), Brittany Snow (Bobby Lynne), Kid Cudi (Jackson), Martin Henderson (Wayne), Owen Campbell (RJ), Stephen Ure (Howard), James Gaylyn (sheriff Dentler), Simon Prast (telepredicador), Geoff Dolan (ayudante del sheriff), Matthew J. Saville (official Mitchell), Bryony Skillington (dependiente)…

Mia Goth no es nueva en el cine fantástico. Hace unos años la pudimos ver en la cinta de ciencia ficción The Survivalist (2015), de Stephen Fingleton, en la estimable La cura del bienestar (A Cure for Wellness, 2016), de Gore Verbinski, o en el discutido remake de Suspiria (Suspiria, 2018) que llevó a cabo Luca Guadagnino. Ahora Mia vuelve al género, y además lo hace con un doble papel, en X (X, 2022), el regreso a la gran pantalla, después de seis años dedicado al medio catódico, de Ti West, uno de los más destacados exponentes del cine de terror de los últimos tiempos.

West debutó con The Roost [tv/dvd: The Roost (El cobertizo), 2005], y no tardaría en convertirse en uno de los abanderados del género de su hornada con títulos como Los huéspedes (The Innkeepers, 2011) o The Sacrament (2013)[1], aunque su película (con justicia) más celebrada haya sido hasta el momento La casa del diablo (The House of the Devil, 2009), su homenaje (sin nostalgia impostada) al cine de terror de la década de los ochenta, para el que contó con actores de culto como Tom Noonan o Mary Woronov. Nuestro hombre está considerado como uno de los más destacados y destacables exponentes del denominado mumblegore[2], junto a Adam Wingard, Jeremy Saulnier, o los hermanos Jay y Mark Duplas. Su nueva película viene apadrinada por A24, productora que se ha caracterizado por apoyar ese fantástico de autor tan aplaudido por la crítica representado por realizadores como Robert Egger, Ari Aster, Yorgos Lanthinos o Rose Glass. X supone además el inicio de la primera franquicia de terror de A24, pero ello no significa que el realizador ni la compañía rehúyan de sus señas de identidad y se hayan inclinado hacia un cine más comercial y formulario.

El presente trabajo de West no deja de ser un film de autor, un ejercicio de estilo, en forma y fondo, que rinde tributo a un cine ya desaparecido hace mucho. Un homenaje al horror de los setenta, a la era dorada de lo que se dio a llamar el American Gothic, un tipo de cine de terror que cubría dos coordenadas principalmente, espacial (Estados Unidos) y temporal (desde finales de los sesenta hasta la irrupción de los ochenta), y que se orientó de especial manera a reflejar (de modo directo o indirecto) la crisis de valores de aquella época, poniendo en tela de juicio estandartes hasta entonces sagrados como la familia, la religión, la bandera o la patria[3]. La acción de muchos de los grandes títulos del periodo referido tenía lugar en la América profunda, cuna de los valores tradicionales, funcionando como reflejo desfigurado de toda esa parte conservadora de los Estados Unidos que las dos grandes costas tienden a olvidar y ningunear. Alejados de la civilización, fuimos testigos de la descomposición de los núcleos familiares, del envilecimiento de sus relaciones y vínculos por medio del canibalismo, la mutilación, la brutalidad sexual o la tortura. Más allá de la violencia y sequedad de sus imágenes, el American Gothic, a través del filtro del terror, sobrecogió al público de la llamada tierra de las oportunidades al retratar la desintegración del sueño que había mantenido durante tanto tiempo las ilusiones de todo el país.

Uno de los films fundamentales del American Gothic es el referente más claro de X. Nos referimos, por supuesto, a La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), la cinta que dio a conocer a Tobe Hooper. De hecho, la trama del film de West, como en el de Hooper, se desarrolla en una apartada granja de Texas[4]. También el grupo de jóvenes protagonistas, hijos de la contracultura de su época, se desplazan en una furgoneta[5], vehículo que, una vez alejados de la ciudad, les llevará al infierno que les aguarda en el campo. Hay algunos guiños más, tanto en determinados encuadres como en ciertos detalles -cf: la mosquitera en la puerta de la granja-, así como en la importancia escénica que cobra la casa de la familia de lugareños psicópatas. Adyacente a los paralelismos y referencias directas a La matanza de Texas, encontramos otros a la siguiente película del mismo realizador, igualmente un clásico de su época (aunque no gozó de mucho éxito en su momento), Trampa mortal (Eaten Alive!, 1976), tanto en ese alligator que merodea por el pantano y que hace alusión al que tenía Judd en la película de Hooper[6], como en el uso de un fuerte (e irreal) color rojo en algunos momentos.

Siguiendo con el American Gothic, la pareja de granjeros de la América profunda es fuertemente religiosa, como se deja ver desde el comienzo y durante toda la película con la presencia constante del telepredicador que está dando sermones donde alarma a los feligreses de la caída de los viejos (y sagrados) valores del país, y cuya participación se antoja más significativa conforme nos aproximamos al clímax final. Los predicadores catódicos alcanzaron su mayor relevancia durante los setenta y ochenta[7], y tuvieron su importancia en algunos memorables títulos del género como Motel Hell [tv: Motel Hell; vd: Motel Hell. El motel del infierno; dvd/br: El motel del infierno, 1980], de Kevin Connor, o bien en la variante de monja locutora de radio (dado que la historia se desarrolla en la década de los treinta, antes del boom de la televisión) encarnada por Agnes Moorehead en ¿Qué le pasa a Helen? (What’s the Matter with Helen, 1971), de Curtis Harrington.

Conforme a ese fanatismo cristiano que practican los dos ancianos, en su camioneta cuelga un crucifijo en la parte del conductor, mientras que entre los jóvenes de la ciudad hay diversidad de opiniones en relación a los valores y/o pérdida de estos, al uso y abuso de las drogas, o en cuanto a la libertad (o libertinaje) amoroso-sexual. Frente al dictamen de algunas de las chicas del grupo, que viven al límite para aprovechar su juventud, otra de ellas, no del todo segura de sí misma y dudando si está bien o no lo que se dispone a hacer, se quita la cruz que cuelga de su cuello cuando se dispone a rodar una escena de la película porno. De igual modo, los propietarios de la finca son un matrimonio, les une el vínculo conyugal, frente a los jóvenes de la ciudad que, aunque haya varias parejas entre ellos, no están casados y su sentir en relación a los derechos y deberes dentro de su relación dista mucho del pensamiento tradicional de aquéllos.

Si en La matanza de Texas, al igual que en otros destacados clásicos del cine “de paletos” de los setenta, caso de Defensa (Deliverance, 1972), de John Boorman, la guerra de Vietnam era una presencia permanente, y en La matanza de Texas, el origen (The Texas Chainsaw Massacre. The Beginning, 2006), de Jonathan Liebesman, dicha contienda era una basa importante para el contraste entre los diferentes puntos de vista de los chavales protagonistas y el personaje del sheriff Hoyt, en el presente trabajo de West nos topamos de nuevo con dicha referencia a la intervención usamericana en Oriente Medio: uno de los chicos, Jackson Hole, excombatiente en dicha guerra, volverá a luchar por su supervivencia frente al viejo Howard (el australiano Stephen Ure, cubierto de maquillaje y prótesis), quien (al igual que el Vietcong) tiene la ventaja que juega en su terreno.

Asimismo, en consonancia con las películas de terror rural, y por extensión con toda la hicksploitation de los setenta, West incluye en la banda sonora (junto al score compuesto para la occasion por Tyler Bates y Chelsea Wolfe) un par de temas de música country que, junto a canciones de Mungo Jerry, Fleetwood Mac o Blue Öyster Cult, sirven perfectamente para reflejar (los gustos de) una época[8]. Y la cerveza que los protagonistas beben es de la marca Pearl[9], el mismo nombre de la anciana de la granja, y cuya etiqueta luce unos colores y un logo muy similares a los de Coors, la cerveza por excelencia del cine sureño de la época.

Por otra parte, X aúna dos tendencias cinematográficas que vivieron su auge en los años setenta, con gran aceptación por parte del público, y realizadas al margen de la gran industria: el cine de terror independiente, que se estrenaba en salas de grindhouse y drive ins, y que revistas como Variety solía tratar con desdén; y el cine para adultos que vivió sus años de esplendor durante dicha década, estrenándose en las numerosas salas X que invadieron el país de las barras y estrellas tras la legalización de la pornografía en la bisagra de los sesenta y setenta. De hecho, la llegada del video doméstico, que se impondrá al arrancar los ochenta, cambiaría radicalmente el negocio de las películas porno en su producción, distribución y consumo, algo a lo que aluden en un momento del film de West, situado en 1979, cuando dicen que el futuro del negocio está en el video.

Dos tipos de cine, decíamos, el de terror de bajo presupuesto y el porno, rodado en tantas ocasiones en 16mm. Títulos clave del cine de explotación del periodo, como la citada La matanza de Texas o la controvertida La última casa a la izquierda (The Last House on the Left, 1972), escrita y dirigida por Wes Craven y producida por Sean S. Cunningham, se rodaron en este formato, lo que les confería ese grano tan característico en su traspaso a los 35mm para su exhibición en salas. Un formato más barato los 16mm que fue muy usado en la industria de las clasificadas X y al que hace alusión Ti West desde el mismo arranque de la cinta con ese reencuadre con una puerta que emula la ventanilla de una cámara del formato, y al que volverá en diversas ocasiones posteriormente cuando los protagonistas ruedan su película. Pero la relación entre el cine de terror de explotación y el porno va más allá de sus cauces de producción y distribución o el uso de formatos más económicos y prácticos de rodaje, como prueba que actores, directores o técnicos trabajaran en uno y otro. Un caso muy emblemático en este sentido es el de la aludida La última casa a la izquierda, ya que tanto Craven y Cunningham como los actores Lucy Grantham y Fred J. Lincoln trabajaron en ambos género.

Películas de explotación y pornográficas, unas al lado de otras, se exhibían en las bulliciosas salas que inundaban el neoyorkino Times Square[10]. Dos tipos de cine que, además, tenían los días contados en el momento en el que se desarrolla la trama, finales de los setenta: la llegada de los blockbusters y las multisalas terminó por desterrar los autocines y las salas de grindhouse; y las majors despertaron de su letargo y se hicieron de nuevo con el control, acabando no sólo con el sueño de los chicos del Nuevo Hollywood, sino devorando para la industria a algunos de los nuevos bárbaros del cine de género surgidos durante los años de la contracultura, y relegando a otros de ellos a filmar baratos productos directos para el naciente mercado del magnetoscopio. Se fabricarían principalmente películas de terror, más sangrientas si se quiere, pero poco o nada subversivas, más codificadas, repetitivas y rutinarias, palomiteras y destinadas en principal medida a un público joven. El porno también cambiaría drásticamente en su producción, facturación y forma de consumo: el que retrata West, el de los setenta, era más libre, más desinhibido, más loco, el previo a la era de la silicona, del SIDA, del condón obligatorio, de las (muy baratas) producciones para vídeo y de las mil y una restricciones castradoras impuestas por la infame administración Reagan.

Veíamos antes como el realizador hace referencias a diversos clásicos del American Gothic; del mismo modo hay algún que otro guiño a títulos del cine más epidérmico de la década de los setenta. Por ejemplo, la película que están filmando los protagonistas se llama The Farmer’s Daughters, como el primero de los films porno realizados por el también actor Zebedy Colt en 1976; y en un momento dado se cita a Debbie Does Dallas, una de las más famosas producciones XXX de aquellos años, dirigida por Jim Buckley en 1978.

Lo cierto es que Ti West ha vuelto a ganarse a la crítica y a buena parte del público con X. Plásticamente es impecable, ya sea por la estupenda fotografía de Eliot Rockett, la trabajada planificación y puesta en escena, o su admirable montaje (en el que participa también el director), donde hay cabida para las cortinillas horizontales e incluso transiciones de triple corte, que buscan acercarse al cine al que rinde homenaje. Y junto al significante su acorde significado: West lega un trabajo alejado de los estándares del correcto y adocenado cine terror actual[11]. Nos presenta un film incómodo, malsano en ocasiones, donde el malestar, el mal rollo y la falta de pulcritud y corrección política se hacen notar. Hay momentos que resultan difíciles de visionar, desagradables incluso, sin tener por ello que recurrir a constantes baños de sangre ni a un exceso de cadáveres, del mismo modo que hacían películas de la época que reivindica, caso de The Baby [tv/dvd/br: Jaula sin techo, 1973], de Ted Post, o Lisa, Lisa (1977), de Frederick F. Friedel. Es más, la primera muerte (anunciada) tiene lugar en el minuto cincuenta y nueve, y el realizador ha tenido tiempo para desarrollar unos personajes que han ido cogiendo su propia dimensión más allá de los arquetipos.

Con este regreso a la América profunda de los setenta West consigue mayores logros que los de la más encorsetada revisión del clásico de Hooper que este mismo año nos proponía David Blue García, contando con Fede Álvarez y Rodo Sayagues en la escritura y producción. En la versión del American Gothic de Ti West, el anticuado y huraño matrimonio de hillbillies no esconde su rostro tras una máscara de piel humana como la de Leatherface, sino que ésta ha sido sustituida por las arrugas, la piel flácida y la senilidad de la vejez. El director, con su gusto por usar diversas capas de lectura, nos depara un desenlace que enfrenta a los dos personajes que interpreta Mia Goth: Maxime, la más ambiciosa y soñadora de la joven troupe, y Pearl, la dueña de la casa. Acaso las dos caras de una misma moneda o sendas versiones de una sola persona separadas en el tiempo.

Ya comentábamos más arriba que X da inicio a una nueva franquicia. Para este mismo 2022, A24 tiene previsto estrenar la primera secuela (aunque se trata realmente de una precuela ambientada en 1918), que se rodó de forma paralela a la ya aquí comentada, y que llevará el título de Pearl. Incidiendo en los orígenes del personaje de dicho nombre, conoceremos más y podremos comprender mejor el porqué del particular comportamiento de la anciana, sus sentimientos lascivos, sus frustraciones y los acontecimientos que obligaron tiempo atrás a Howard a limpiar los trapos sucios.

Alfonso & Miguel Romero


[1] Con producción de Eli Roth y usando la técnica del found footage, The Sacrament se basa (con los nombres cambiados) en el caso del tristemente célebre (y autoproclamado) reverendo Jim Jones, fundador y líder de la secta Templo del Pueblo, tristemente recordada por el suicidio colectivo (y obligado) de sus miembros el 18 de noviembre de 1978 en Jonestown, Guyana, donde se contaron más de novecientos muertos.

[2] Derivado del más genérico mumblecore, el mumblegore hace referencia al cine de terror independiente y de bajo presupuesto del presente siglo, cuyo principal target es una audiencia joven, de entre veinte y treinta años. Un cine que trata de huir de los clichés hollywoodienses, otorga más importancia a los diálogos y a la improvisación de los actores, y prefiere un terror alejado de lo sobrenatural, encontrando acomodo en lo cotidiano.

[3] Algo que hace dos décadas hizo otro destacado director de cine de terror del presente siglo (aunque, digamos, de una generación anterior), Rob Zombie, desde su debut tras las cámaras con La casa de los 1000 cadáveres (House of 1000 Corpses, 2003), donde incluso contó con inolvidables intérpretes de aquella década como Karen Black, Michael J. Pollard o Sid Haig.

[4] Aunque realmente el rodaje tuvo lugar en Nueva Zelanda, donde pudieron rodar sin peligro una vez pasada la cuarentena por el COVID 19. En caso de haber querido filmar en los Estados Unidos hubieran tenido que esperar un año, algo que no interesaba a la productora.

[5] Nuevamente Rob Zombie: en 31 [tv: 31, 2016] el grupo protagonista se desplaza igualmente en furgoneta.

[6] Ya homenajeado (o copiado, tanto da) en Blood Salvage [tv/vd: Sangre salvaje, 1990], de Tucker Johnston, donde la familia de rednecks, con Danny Nelson como patriarca, tiene un enorme ejemplar de este reptil suelto por sus dominios.

[7] Una de las parejas más famosas de televangelistas de ese periodo fue el matrimonio formado por Jim Bakker y Tammy Faye Bakker. Retratados en el film Los ojos de Tammy Faye (The Eyes of Tammy Faye, 2021), de Michael Showalter, con Andrew Garfield y Jessica Chastain dándoles vida, ya habían servido de inspiración para los personajes que interpretan (y parodian) Ned Beatty y Lana Schwab en Reposeída (Repossessed, 1990), de Bob Logan. Klaus Kinski, en su autobiografía Yo necesito amor (All I Need Is Love: A Memoir, 1988), comentaba sobre los predicadores televisivos que eran unos actores tan malos que no los contrataría ni Menahen Golam, de Cannon Films. Genio y figura.

[8] Por tercera vez tenemos que hacer referencia a Rob Zombie. Véase la masacre que los Firefly organizan a ritmo del “I Remember You” de Slim Whitman en La casa de los 1000 cadáveres; o la banda de música country (entre cuyos integrantes está Geoffrey Lewis) que son presa de la familia de matarifes en la secuela Los renegados del Diablo (The Devil’s Rejects, 2006).

[9] Pearl Brewing Company fue una cervecera estadounidense, establecida en 1883 en el centro de San Antonio, Texas, EE. UU. En 1985, la empresa matriz de Pearl compró Pabst Brewing Company y asumió el nombre Pabst (información extraída de la Wikipedia).

[10] Recuérdese que en Taxi Driver (Taxi Driver, 1976), junto a las marquesinas que anuncian orgullosas películas clasificadas X, hay una que programa La matanza de Texas.

[11] El diablo en los detalles. Frente a los grupos de lo más heterogéneo que abundan (y se imponen) hoy en el cine de terror, donde parece obligatorio (para no ofender a nadie) incluir entre sus jóvenes protagonistas a chicos y chicas de las más variadas razas y orientaciones sexuales, X no tiene remilgos en contar con tres parejas (chico y chica) heterosexuales. Todos además caucásicos, a excepción de uno de los muchachos que es negro, que viene muy bien a la trama dado que es uno de los actores porno por aquello de la potencia sexual que se le presume a esta etnia.

2 comentarios en “X

  1. Hola a todo/as,

    En mi opinión, deTi West siempre se puede esperar algo diferente, que se aparte de lo trillado y convencional.
    En este caso lo hace, pero creo que solo a medias, ofreciendo un festín de sangre, vísceras, intriga, suspense y bastante sexo, al menos para lo que en los últimos tiempos se ve en el cine.
    El resultado es de un entretenimiento seguro para los amantes del cine de terror gore, con clímax in-crescendo y unas entusiastas interpretaciones, sobre todo la de su protagonista, una muy sensual Mia Goth.
    Técnicamente irreprochable, West juega con distintas texturas, ofreciendo una cinta juguetona, que homenajea cintas de anteriores décadas, con un subtexto rico en sugerencias hacia los telepredicadores que constantemente hablan del mal del libertinaje que con los nuevos tiempos imperaban en cuanto al sexo, drogas y otras lacras (en su excelente filme «The Sacrement» ya tocó el tema, creo que con mejor fortuna).
    Para el resto de espectadores, a los que no les guste el gore y violencia descarnada, la película podría muy bien resultar rechazable e incluso desagradable, pero es bien cierto que está muy bien hecha y tiene impactantes momentos, como el baño de la protagonista en el lago. Por lo demás, creo que podría haber estado mejor pues a veces se queda a medio camino por lo que no es una obra redonda.

    Un saludo de

    Iñaki Bilbao

  2. LA MEJOR PELICULA DE GENERO ESTRENADA EN SALAS EN LO QUE VA DE AÑO. TY WEST ES UN DIRECTOR A VECES IRREGULAR PERO SIEMPRE INTERESANTE.EN ABSOLUTO MANIQUEA O INFANTILOIDE. GRAN HOMENAJE AL CINE SETENTERO. UN SALUDO

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