The Last Outlaw [tv/vd/dvd: El último forajido]

 

Sinopsis: Tras realizar un accidentado robo, surgen discrepancias entre el líder de una banda de forajidos y uno de sus hombres que acaba en un enfrentamiento entre ambos. Aunque es dado por muerto, el jefe del grupo sobrevive y es capturado por una partida que ha salido en busca de los asaltantes. No obstante, se las ingeniará para ponerse al frente de ellos y tomar venganza sobre sus antiguos compañeros.

 


Título original: The Last Outlaw
Año: 1993 (Estados Unidos)
Director: Geoff Murphy
Productor: John Davis
Guionista: Eric Red
Fotografía: Jack Conroy
Música: Mason Daring
Intérpretes: Mickey Rourke (Graff), Dermont Mulroney (Eustis), Ted Levine (Potts), John C. McGinley (Wills), Steve Buscemi (Philo), Keith Davis (Lovecraft), Daniel Quinn (Loomis), Gavan O’Herlihy (marshal Sharp), Richard Fancy (banquero McClintock), Tom Connor (cajero del banco), Sid Klinge (joven), Phil Mead (barman), Paul Ben Victor (Grubb), Greg Doty (hombre de la cuadrilla), John David Garfield (hombre de la cuadrilla)…

Eric Red, en su faceta como guionista, supuso un nombre muy destacable en el cine de género en los ochenta y noventa. Graduado en el AFI Conservatory (una sección del American Film Institute), con diecinueve años escribió y dirigió un corto en 16mm con la intención de hacerse un hueco en la industria, Gunman’s Blues. Con tratamiento de wéstern moderno, trataba el enfrentamiento entre un viejo pistolero y un joven punk. Tuvo distribución nacional por televisión, pero no hizo el ruido que su responsable esperaba. Tras ello, nuestro hombre marchó a Texas, donde escribió el libreto que le abrió las puertas de Hollywood, un título que acabó dirigiendo Robert Harmon y que se convertiría en todo un clásico del cine de terror de su década: Carretera al infierno (The Hitcher, 1986). Dicho guion contenía muchas de las señas de identidad que Red iría repitiendo y depurando en sucesivos trabajos, algunos de los más celebrados llevados a imágenes por una temprana Kathryn Bigelow, como los hoy reivindicados Los viajeros de la noche (Near Dark, 1987) y Acero azul (Blue Steel, 1990)[1]. Eric Red también probaría suerte en la dirección, dejando bien patentes sus señas de identidad en cintas como Cohen y Tate (Cohen & Tate, 1988) o Cuerpo maldito (Body Parts, 1991).

Geoff Murphy contaba con unos cuantos filmes realizados en su Nueva Zelanda natal cuando llamó la atención de la crítica internacional en 1983 con Utu [vd: Utu]. Para finales de la década se encontraba trabajando en los Estados Unidos, siendo el responsable de llevar a cabo el wéstern Intrépidos forajidos (Young Guns II, 1990) -secuela de la exitosa Arma joven (Young Guns, 1988), de Christopher Cain[2]-, la cinta de ciencia ficción Freejack. Sin identidad (Freejack, 1992), ambas protagonizadas por Emilio Estévez, o el thriller Sin testigos (Blind Side, 1993). Este último se trataba de un telefilm de la HBO que, no obstante, en algunos países como el nuestro se estrenó en cines, ya que contaba en su reparto con conocidos nombres como (de nuevo) Rutger Hauer o Rebecca De Mornay, por entonces la cara de los thrillers americanos gracias a su participación en La mano de que mece la cuna (The Hand that Rock the Cradle, 1992), de Curtis Hanson. El siguiente trabajo de Murphy fue otra tv-movie para la prestigiosa cadena, y de nuevo, como en el caso de Intrépidos forajidos, se trataba de una del Oeste, The Last Outlaw [tv/vd/dvd: El último forajido, 1993], en esta ocasión partiendo de un libreto de Eric Red.

A comienzos de los noventa, el éxito crítico y de público de Bailando con lobos (Dance with Wolves, 1990), de Kevin Costner, y Sin perdón (Unforgiven, 1992), de Clint Eastwood, con premios Oscar incluidos para ambas, suscitó un renovado interés en Hollywood por el wéstern. El enorme batacazo de La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980), de Michael Cimino, que supuso el hundimiento de la United Artists, fue una de las puntillas que terminaron con el Nuevo Hollywood y la losa que sepultó al wéstern como género comercial en la entrada a los ochenta, década en la que pocos estudios apostaron por uno de los géneros por antonomasia de la industria. Las renovadas fuerzas con las que el cine del Oeste arrancaba en los noventa brindaría un puñado de propuestas muy dispares que fueron las más de las veces ejercicios de estilo, sin que por ello el wéstern volviera a afianzarse como en las carteleras de antaño. Llegaron a las salas cintas como Cuatro mujeres y un destino (Bad Girls, 1994), de Jonathan Kaplan, Maverick (Maverick, 1994), de Richard Donner, Rápida y mortal (The Quick and the Dead, 1995), de Sam Raimi, o Tombstone (Tombstone, 1993), de George Pan Cosmatos, y Wyatt Earp (Wyatt Earp, 1994), de Lawrence Kasdan[3], dos propuestas sobre un mismo acontecimiento mítico del Salvaje Oeste[4]. Pero el wéstern, no obstante, seguía acomodado, y con buena aceptación, en las 365 líneas, medio donde se había establecido con fuerza desde el despegue del mismo en la década de los cincuenta, y donde había permanecido incluso en los peores años para el género.

Con Grupo salvaje (The Wild Bunch, 1969) de Sam Peckinpah en el retrovisor, El último forajido arranca con el atraco a un banco por parte de una banda de forajidos que termina en un baño de sangre y con una partida, comandada por un cargo de la entidad financiera agravada, que marcha tras ellos para recuperar el botín substraído y dar caza a los malhechores. Los susodichos son un grupo de soldados confederados que tras la derrota del Sur en la Guerra de Secesión han continuado la contienda por su cuenta asaltando bancos[5]. Su líder es Graff, caracterizado en su rostro con cierto aspecto a lo Fu Machú y, al igual que éste, es una mente diabólica, un señor de la guerra, y le rodea esa aura mefistofélica que caracteriza a tantos personajes escritos por Red[6], como el John Ryder de la antes citada Carretera al infierno. Entre los hombres de este siniestro jefe destaca su lugarteniente, Eustis – interpretado por Dermont Mulroney, uno de los actores más ocupados en el cine usamericano de los noventa y que también estaba en el reparto de Arma joven[7]-, quien contradice las órdenes de Graff de abandonar a uno de sus compañeros (herido) y dispara contra su superior, acabando por convertirse en su némesis. Graff y Eustis conforman los personajes característicos de los guiones de Eric Red, dos personalidades opuestas pero complementarias, destinadas a enfrentarse y comprenderse. El primero, como decíamos, es el maestro, el maquiavélico protagonista capaz de todo; y el segundo es quien está siempre un paso (o dos) por detrás, cayendo en las trampas que el otro le pone, y que tendrá que aprender a pensar como su contrario hasta convertirse en él para poder derrotarle con sus mismas armas y en su propio terreno.

Como en el wéstern crepuscular de los sesenta y setenta, The Last Outlaw no presenta un planteamiento maniqueo de buenos y malos, y la gente del pueblo que parte tras los forajidos no son ningún dechado de virtudes, comenzando por el marshall Sharp que lidera la partida, un tipo endiosado de sí mismo y de su certera puntería, un arrogante para quien el único bandido bueno es el bandido muerto; descubrirá, muy a su pesar, que no es rival para Graff. El banquero, sigue la tradición de este personaje en el wéstern como un usurero al que sólo importa el dinero. El resto lo conforman un grupo de hombres que no muestran sentimientos positivos ni virtud alguna y que si marchan tras los outlaws no es por hacer justicia sino por la recompensa que ofrece el banco.

El dinero, con el que los forajidos pretendían retirarse -como Potts, quien sueña con marchar a México y terminar sus días disfrutando del alcohol y las mujeres-, y que motiva a la partida para atraparlos, dejará de tener importancia para Graff una vez sea traicionado por los suyos. A partir de entonces su única motivación será vengarse de quienes fueron sus hombres, darles muerte en un perverso juego del gato y al ratón donde disfruta mostrando su supremacía, y en el que también tiene cabida quitar de en medio a sus antiguos perseguidores, quienes ahora siguen sus instrucciones. Unos simples peones que irán cayendo según convenga.

Puede que para algunos resulte chocante la presencia entre las filas de los excombatientes confederados de un soldado de color, Lovecraft, pero sería una percepción errónea. Fueron no pocos los negros libres que se alistaron en el bando de la Confederación, y donde no sólo ejercieron puestos de cocineros o sirvientes, sino que lucharon en el campo de batalla contra las fuerzas del Norte. Es más, una vez alistados y pasada la instrucción, desfilaron junto a los soldados blancos en unos momentos en los que no se toleraba eso mismo en los ejércitos de la Unión[8].

Técnicamente, la película exhibe la calidad de la que gusta presumir a la HBO. El presupuesto resulta evidentemente superior al de muchos otros wésterns catódicos y ello repercute positivamente en los resultados. Aunque la principal diferencia es el trato dado: la aquí dirigida -con buen pulso- por Murphy no ostenta las buenas maneras e intenciones de tantísimas producciones del Oeste destinadas para televisión, generalmente consignadas a un público familiar[9]. Junto a la falta del héroe más tradicional de cartón piedra y su némesis oscura, y al buscado restablecimiento del status quo tan característico de numerosas producciones televisivas del género, The Last Outlaw no se corta a la hora de mostrar violencia e incluso gore en sus tiroteos, así como en exhibir un muestrario de personajes como mínimo amorales. Características que debemos especialmente a su guionista, quien poco más se prodigaría después en la pequeña y/o gran pantalla[10]. Centrando su posterior carrera en escribir relatos y novelas, se haría un nombre en la literatura de género, ganándose el aplauso y el respeto de críticos y fans, pero privándonos a los espectadores de su buen hacer y personal tratamiento en un medio, el audiovisual, que se ha ido encaminando a una mayor homogeneidad poca dada a estridencias.

Alfonso & Miguel Romero


[1] La siguiente cinta de la Bigelow, Le llaman Bodhi (Point Break, 1991), contó con un guion de W. Peter Iliff (sobre una historia de éste y Rick King) que guarda no pocos puntos en común con los trabajos de Red.

[2] Un intento en su momento de puesta al día del género wéstern con el público teenager como principal target. Se contó con un cast encabezado por jóvenes talentos de tirón comercial, así como con una banda sonora con temas de rock. La jugada resultó aceptada y se usó la misma fórmula con el cine de gánsteres en El imperio del mal (Mobsters, 1991), de Michael Karbelnikoff.

[3] Casi una década antes de Wyatt Earp, Kasdan había dirigido a Kevin Kostner en otro wéstern, Silverado (Silverado, 1985).

[4] El conflicto entre los Earp y los Clanton había conocido, obviamente, adaptaciones previas al séptimo arte, siendo la más aplaudida la espléndida Duelo de titanes (Gunfight at the OK Corral, 1957), de John Sturges, a la que continuaría una tardía secuela, La hora de las pistolas (Hour of the Gun, 1967), de la mano del mismo realizador.

[5] Ya en Tierra de audaces (Jesse James, 1939), de Henry King, teníamos a los hermanos Jesse y Frank James, quienes, tras terminar la Guerra de Secesión donde lucharon en el bando de los rebeldes, ante las malas artes por parte de la compañía del ferrocarril para hacerse con las tierras de su familia, comienzan su carrera delictiva siempre con la aludida empresa como víctima de sus delitos. Un punto de partida muy similar, pero en tiempos actuales y con una entidad bancaria haciendo las veces del ferrocarril, tomaba Taylor Sheridan para Comanchería (Hell or High Water, 2016), que dirigiría David Mackenzie.

[6] Jesse Hooker, el líder del clan de vampiros de Los viajeros de la noche, era también un militar confederado. Un personaje con el que el Graff de Rourke en The Last Outlaw comparte algunas semejanzas.

[7] Al año siguiente a la que aquí tratamos, Mulroney formó parte del reparto de otro wéstern atípico, Lengua silenciosa (Silent Tongue, 1993), escrito y dirigido por Sam Shepard.

[8] Citado en El conflicto americano (The American Conflict, 1866) por Horace Greeley -quien apoyó radicalmente a los estados del Norte frente a los del Sur en la Guerra de Secesión-, y recogido también por el historiador de color Charles H. Wesley en un artículo para el “Journal of Negro History”.

[9] También fue la HBO la que dio luz verde a la serie Deadwood (Deadwood, 2004-2006), creada por David Milch. Alejándose de los wésterns épicos y despojando la trama de toda mítica y leyenda, nos presentaba la conquista del Oeste y la instauración de la civilización sin héroes… y con muchos villanos.

[10] No sería de extrañar que influyera en Hollywood, donde cada vez guardar las apariencias resulta más importante, el accidente ocurrido el 31 de mayo del 2000 donde Eric Red estuvo involucrado y murieron dos personas. Al parecer, según indica la Wikipedia, no se presentaron cargos contra Red, pero una demanda civil encontró que había actuado de forma intencionada. Nuestro protagonista tuvo que indemnizar con más de un millón de dólares a las familias de los dos fallecidos.

Un comentario en “The Last Outlaw [tv/vd/dvd: El último forajido]

  1. Un saludo todo/as,

    Cuando la vi en su día, en una buena sala de Bilbao, me pareció bastante entretenida.
    Comparándola con los westerns clásicos salía claramente perdiendo, pero comparándola con lo que se veía entonces, comienzos de los noventa, se veía bien.
    Hay mucha acción, o así la recuerdo, casi todo el filme está rodado en exteriores, cosa que me gusta mucho en las pelis del oeste y cotiene algunas escenas brillantes.
    Por contra recuerdo que abusaba un poquillo de algunos primeros planos, innecesarios.
    Pero, en líneas generales, me gustó bastante.

    Un abrazo a todo/as.

    Iñaki Bilbao

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