Entrevista a Patrick Ridremont, director de «The Advent Calendar»

Le calendrier (2021), The Advent Calendar en su título internacional, supone el segundo largometraje dirigido por Patrick Ridremont, toda una celebridad en su Bélgica natal merced a su labor como actor y cómico. Tras un primer acercamiento al género con el corto La station (2017), Ridremont se interna en los terrenos del terror a través de la historia de Eva, una joven bailarina que ha quedado en una silla de ruedas a causa de un accidente de tráfico, a la que el regalo de un antiguo calendario de adviento le cambia literalmente la vida. Y es que pronto descubrirá que el artefacto tiene la capacidad de hacer realidad sus más profundos anhelos, aunque para cumplirlos demanda que la joven realice a cambio sacrificios de sangre.

Ni qué decir tiene que dicho planteamiento se encuadra dentro de los parámetros de la temática que podríamos denominar “cuidado con lo que deseas», en su vertiente protagonizada por objetos inanimados que cumplen los sueños de sus propietarios con funestas consecuencias. En este sentido, resultan evidentes las reminiscencias que la trama descrita guarda con el de clásicos tan canónicos del estilo, como los relatos “La pata de mono” (1902) de W. W. Jacobs o “Botón, botón” (1970) de Richard Matheson, sin olvidar algunos films de los ochenta singularizados por la saga Wishmaster, si bien su mecánica y puesta en imágenes parece mirar más hacia ciertas producciones coetáneas de la Blumhouse cimentados sobre argumentos cíclicos.

Estrenada durante las Navidades pasadas en Francia y Bélgica, sus dos países coproductores, The Advent Calendar formó parte de la reciente edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT, donde estuvo acompañada por la presencia del propio Patrick Ridremont. Y lo cierto es que no le pudo ir mejor en su visita a tierras vizcaínas, ya que se alzaría con el premio a la mejor película otorgado por los votos del público, lo que, más allá de cualquier otro tipo de consideración, pone de relieve la conexión de la propuesta con la audiencia.

Aunque procedes del mundo de la comedia, como director habías ya rodado un corto de terror al que ahora se une The Advent Calendar. ¿Puede decirse que te interesa el cine de terror y fantástico?

Sí, me gusta el cine de terror. El problema es que en Bélgica y, probablemente, también en Francia, no querían producir este tipo de cine porque pensaban que no había público para ello. Pero, de repente, aparecieron las plataformas como Netflix, Prime Video y páginas, páginas y páginas de películas de terror, y gracias a ello han descubierto que hay un público joven que les encanta este tipo de cine. Así que se han abierto las puertas y yo he metido el pie antes de que se cerraran y he dicho: “Ha llegado mi momento. Durante diez años habéis dicho que no queríais rodar una película de terror, pero ahora ha llegado el momento de hacerlo”. Y la hemos hecho. Pero el mío no es un caso aislado. Podemos ver que en Francia se están rodando cada vez más películas de terror.

¿Y por qué has elegido, precisamente, un calendario de adviento para darle forma?

La hermana de mi mujer, mi cuñada, cumple años a finales de noviembre, y lo que la suelen regalar es un calendario de adviento, en el que en ocasiones lo que hay que tomar son cervezas y, en otras, chocolates. Lo que ocurre es que cuando llega el 1 de diciembre casi siempre ya se ha tomado todas las cervezas y se ha comido todos los dulces. Rompe las reglas y no sabe si quizás sería lo mejor ponerles una cerradura. Y ahí es donde me surgió la idea de que el calendario de adviento podía tener unas reglas. Por otra parte, pienso que debe haber películas de terror ambientadas en cualquier época del año, y en Navidad no solamente deben de desarrollarse comedias familiares. Y la idea de algo terrorífico sucediendo en Navidad era algo que me gustaba mucho. Yo no había visto nada de terror ambientado en esta época y consideré entonces la opción de que la película transcurriera en Navidad con mucha sangre. No más “Feliz Navidad” (risas).

Pese a lo que dices, el que la historia transcurra en Navidad y esté protagonizada por un regalo con unas reglas a cumplir me recuerda mucho a Gremlins (Gremlins, 1984) de Joe Dante. ¿La tenías en mente?

Me has pillado. Hay otras películas de terror en Navidad (risas). Pero, si te soy sincero, hasta que me lo has dicho no recordaba que Gremlins se ambientara y se hubiera estrenado durante el periodo de Navidad. Es una película que me encanta, aunque en nuestro caso tuvimos que rodar sin nieve a dieciséis grados y con todo el mundo sudando muchísimo.

En cualquier caso, la premisa de la película, con ese objeto que concede deseos a su protagonista pero que al tiempo guardan una parte negativa recuerda a clásicos como puede ser el famoso relato “La pata de mono”, tanta veces llevado a la pantalla. ¿Cuáles eran tus influencias a la hora de plantear la película?

Quizás porque he visto tanto cine y los directores de esas películas también han visto a su vez mucho cine y han leído muchos libros sobre mitología, puede que esté influenciado por todo eso. Pero ello no quiere decir que lo tenga que hacer a propósito. Es algo que está dentro de mí. Todas estas cosas existen en el mundo del teatro del que procedo. Vendes tu alma al diablo y el dilema es tener que matar al padre de mi prometida, como ocurre en la obra teatral de Pierre Corneille “El Cid” (1963). También me he inspirado en los libros que he leído y en las películas que he visto, pero no es algo tan preciso. En otra entrevista me mencionaron la influencia que tenía en la película el cine de terror japonés y la verdad es que no lo sé. Lo único que sé es que me encanta el sushi y quizás eso me haya influido también a la hora de escribir y perfilar alguno de los personajes.

Lo que sí está claro es que la película está imbuida de la cultura alemana. El calendario de adviento que regalan a la protagonista es de origen alemán, la historia bebe del mito de Fausto e, incluso, todos los vehículos que aparecen en la película, salvo uno, son de marcas teutonas…

Cuando empecé a escribir el guion con la historia el único elemento que tenía era el calendario. Entré en la Wikipedia y descubrí que se creó en Alemania. Pensé que aquello era una maravilla, porque es un país que no está lejos, de hecho es vecino de Bélgica, y si la historia arrancaba allí iba a ser mucho más fácil para mí. Si hubiera visto en la Wikipedia que el calendario de adviento resulta que había surgido, por ejemplo, en Perú, habría sido un gran problema, porque está muy lejos. Además, hay que ser sinceros; en Europa, Alemania sigue siendo el hermano malo que todos tenemos y eso da ya miedo por sí mismo (risas).

Rueda de prensa de «The Advent Calendar» en FANT

Los personajes negativos en la vida de la protagonista, como puede ser su jefe, su madrastra, su nueva compañera de trabajo o el hombre que la acosa, están representados de una forma bastante caricaturesca. ¿Por qué decidiste a hacerlo así?

Todos estos personajes que comentas son muy malos con Eva y me encantaba la idea de escribir lo que es un tópico, un cliché. El jefe, por ejemplo, es muy malo y, aunque a nivel de guion tiene muy pocas frases, no es lo mismo que la diga “Llegas tarde”, que “Llegas tarde con tu puta silla de ruedas”. Eso le da más contexto y, aunque sea una caricatura, hace que el personaje resulte más de carne y hueso, más real. En cuanto al trato que Eva recibe por parte de estos personajes, teníamos durante el rodaje una entrenadora de silla de ruedas, que es una persona discapacitada, y me dijo que era así como les trataban. Por ejemplo, me comentó que cuando van a un concierto hay váteres para no binarias pero no para personas en sillas de ruedas. Yo no quería que se convirtiera en una película social sobre personas discapacitadas, pero esta parte quizás sea la que no tiene ese aire de “érase una vez”. El diablo no es el personaje más malvado que hay en la película, sino que son estos diablos reales con los que Eva tiene que enfrentarse en su vida diaria en lo que a su discapacidad se refiere.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención de la película es que en las escenas en las que se llevan a cabo “los regalos” del calendario la fotografía recalca mucho el carácter fantástico de esos momentos a través de la utilización de colores irreales. ¿Por qué te decantaste por este tratamiento visual?

Tiene que ver con la falta de presupuesto que teníamos. Cuando no tienes dinero, en lugar de una piscina que tiene una profundidad de treinta metros te tienes que apañar con una piscina de dos metros de profundidad y cambias el color. Y eso es lo que se ve en pantalla. La mayoría fueron efectos cromáticos. Fue algo muy importante y estoy encantado con que te dieras cuenta de ello. Mi director de fotografía no procedía del mundo del cine de terror, sino que venía de películas, digamos, «normales», pero siempre ha querido rodar films fantásticos de gran presupuesto. Esto ha hecho que The Adventar Calendar sea una película muy americana, pero hecha en Bélgica y Francia y contando una historia de terror.

Otro aspecto llamativo, en este caso a nivel dramático, es que, al contrario de lo que suele ser usual en este tipo de historias, Eva, la protagonista, no decide enfrentarse al mal que ha llegado a su vida en forma de los regalos del calendario, sino que lo asume…

Sí. Esta es la razón por la que quería que estuviese en una silla de ruedas. En las películas de terror es normal que la protagonista salga huyendo, pero Eva no tiene que correr porque, entre otras cosas, no puede correr. Es un error muy usual en muchas películas. Aunque tengas un cuchillo enorme, las piernas muy largas y muchos músculos, cuando tienes al demonio delante de ti, ¿por qué deberías correr? ¡Es más grande que un tsunami! No puedes enfrentarte al demonio cuerpo a cuerpo. Tienes que enfrentarte con tus palabras, con cómo lo contemplas con tus ojos y quizás puedas tener una conversación con él. Y esta idea es la que quise trasladar.

El calendario de adviento está compuesto por veinticuatro fechas, lo que supone que a lo largo del metraje tienes que mostrar veinticuatro regalos y sus consecuencias. Imagino que este sería uno de los principales retos con los que tuviste que enfrentarte para evitar que la película resultara monótona…

Esto fue quizás lo más difícil. Al final la película es un calendario de adviento, por lo que tienes veinticuatro escenas diferentes. Como has dicho tú, es muy monótono que todas las medianoches la protagonista coma el pastel, coja el cuchillo y mate a alguien. Si lo piensas así es muy aburrido. Así que lo que hice fue cambiar las atmósferas y los ambientes en todo momento. A veces hay mucha sangre y al día siguiente lo que ocurre es romántico, como pasa cuando abre el dulce en forma de corazón, y luego vuelve al tono de una película tipo slasher, aunque no demasiado, y después pasa a algo más extraño en la escena en la que ve detrás del espejo del cuarto de baño lo que sucedió el día anterior, que, por cierto, hay gente que me ha dicho que parece de una película de Christopher Nolan. Así que cada momento es diferente. Fue duro, pero fue emocionante poder rodarlo así. Es decir, no son veinticuatro cortometrajes, sino una película con veinticuatro ambientes dentro. Debido a la narrativa que uso, tiene sentido hacer flashbacks, flashforwards o elipsis. ¿Qué ha pasado en los cuatro días en los que come cuatro dulces que no son mostrados? Todos esos aspectos tenían sentido para mí.

Dado que tú también eres actor, ¿cómo fue trabajar con Eugénie Derouand un personaje como el de Eva, que entre otras cosas es parapléjica, lo que conlleva un esfuerzo físico y que su actuación tenga que basarse en la cara y los movimientos con las manos?

Para mí no fue muy difícil, pero para Eugénie sí. Siempre me preguntaba si lo estaba haciendo bien, y lo estaba haciendo bien. Como he dicho antes, había una chica discapacitada en el set que la entrenaba para que se comportara como lo haría una persona en silla de ruedas, y a los dos o tres días me dijo: “Ya no me necesitas más. Me voy a quedar en el rodaje porque me estoy divirtiendo. Al igual que tu personaje, algo me ha sucedido en la vida. Estoy en una película, quiero ver lo que pasa y no quiero dejarlo. Pero Eugénie ya no me necesita”.

Patrick posa ante los medios con la ilustración inspirada en su película que le regaló el festival junto al autor de la misma, Peio Cámara

¿Cómo fue la creación del guardián del calendario? Porque lo cierto es que resulta bastante iconográfico…

Como he contado antes, el trasfondo tiene que ver con este cura alemán que muere en Francia por la explosión de una bomba durante la Primera Guerra Mundial. La criatura que vemos es ese personaje. El cast para elegir al actor que lo tenía que interpretar era importante. Y el actor que lo interpreta en la película, Fabien Jegoudez, resulta que tiene orígenes alemanes. Es francés, pero procede de Alemania y habla alemán. Se presentó así en el casting. Inicialmente habíamos hablado con un actor español especializado en este tipo de personajes, Javier Botet, y aunque hubiera sido perfecto no estaba libre. Así que, dado que se presentó Fabien, cambiamos el personaje un poco y encajó perfectamente. Me hablaba acerca de la mitología, acerca de cómo tenía que mover las manos, de cómo anda… Me hablaba de absolutamente todo sobre el personaje. Y fue muy agradable, porque para este tipo de personajes nunca hay que elegir a nadie que no tenga paciencia, que no pueda aguantar que le pongan todo el maquillaje durante ocho horas y que no es un cómico per se. Necesitas a un cómico para interpretar este papel, aunque no hable, porque no puede hablar al tener la mandíbula rota. Realmente, fue una pesadilla para Fabien interpretar este papel (risas).

En vista de la mitología tan rica que creas y que hay aspectos que quedan sin explicar, como puede ser el origen de la criatura que habita en el calendario, junto a lo mucho que el propio planteamiento argumental de la película se presta a ello, ¿barajas la posibilidad de hacer una secuela?

Es cierto que en la película no aparecen los orígenes de la criatura, pero eso no quiere decir que no hayamos creado un personaje tal cual. Tiene una historia que está relacionada con el hecho de que el calendario de adviento tenga su origen en Alemania en el siglo XIX. Se trata de un cura alemán que era buena persona, porque lo que hacía era repartir caramelos a los niños y a las personas mayores. Pero durante la Primera Guerra Mundial, mientras está en la trinchera ocupándose de los soldados, hay una explosión y está a punto de morir. Entonces se le aparece una entidad que le ofrece la vida eterna a cambio de convertirse en el guardián del calendario de adviento. El crucifijo, los números que tiene tatuados, la forma en la que viste, la máscara de gas que lleva en la cara… Todo forma parte de esos orígenes no contados. Hasta su nombre, Friedich, de ahí que en el calendario aparezca la palabra “Ich”, que en alemán significa «yo» y que se corresponde a las tres últimas letras de su nombre. Por cierto que Friedich es también es también el nombre de la marca de la botella de champagne que la amiga de Eva le lleva desde Alemania para celebrar su cumpleaños. He puesto varias pistas en la película de este tipo, por lo que no me sorprende que haya youtubers de Estados Unidos, Vietnam o India que han colgado videos larguísimos explicando a todo el mundo de qué va la película y de donde procede Ich.

José Luis Salvador Estébenez

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