Entrevista a Sylvester McCoy

La sombra del Doctor Who es alargada. Si no, que se lo digan a todos los actores que entraron en la TARDIS y jamás consiguieron alejarse del personaje. Claro que ese no es el caso de Sylvester McCoy, quien encarnara al séptimo doctor, el más oscuro de todos y cuya tercera temporada fue cancelada, poniendo así fin a la continuidad que la popular serie británica de ciencia ficción había disfrutado desde sus orígenes. Sin embargo, el actor escocés no solo es uno de los Doctores más queridos por los fans, gracias a su participación en audiolibros que expandieron la mitología de su Doctor, sino que también cuenta en su haber con otros personajes emblemáticos. Sin ir más lejos, participó en la monumental (digámoslo así) trilogía de El Hobbit, interpretando al carismático Radagast, el pardo; al hombre de Hoy en la serie Sense8 de Lana Wachowski o a un, en principio, desvalido médico que demostrará no ser tal en la home invasion The Owners (Los propietarios) de Julius Berg.

Divertido, cercano y un punto irreverente. Así fue cómo se comportó Sylvester McCoy en la reciente celebración de CineFan Úbeda, donde fue uno de sus invitados principales y protagonizó uno de los momentos que seguro más se recordarán en el futuro de esta edición, cuando, durante su charla con los aficionados, se arrancara a interpretar una canción humorística para explicar el origen de su nombre artístico. Y también se mostró divertido, cercano y sin pelos en la lengua en la entrevista que pudimos realizarle durante este evento.

Sylvester durante su encuentro con el público en CineFan

En realidad usted se llama Percy James Patrick Kent-Smith. ¿Por qué adoptó Sylvester McCoy como nombre artístico?

Es el nombre de un personaje que interpretaba en Londres y en el que hacia muchas payasadas. Era una comedia al estilo de los hermanos Marx. La obra se llamaba Una tarde con Sylveste McCoy, la bomba humana y el director quería que la gente pensase que yo era un loco; es decir, no un actor, sino una persona real. Así que me gustaba el nombre y me lo quedé, pero al final es un castigo firmar una y otra vez “Sylvester McCoy, Silvester McCoy”, porque te acaba doliendo un montón la mano. ¿Por qué no habré elegido Tim?

Ha trabajado en cine, teatro y televisión. ¿A qué medio cree realmente pertenecer?

En Estados Unidos solo puedes ser de un medio, televisión o cine. Si quieres hacer cine debes estar en Hollywood, y si prefieres los musicales tienes que estar en Broadway o Chicago. En cambio, en el Reino Unido puedes trabajar donde quieras. Yo he hecho radio, cine, televisión, obras de teatro en la calle, etc… Mi representante siempre me dice: “Sylvester, lo has hecho todo excepto ballet”. Por cierto, que una vez interpreté una obra en Barcelona de Calderón de la Barca, La vida es sueño, y a veces pienso que si España hubiera ganado a Inglaterra la batalla de Trafalgar, Calderón de la Barca hubiera sido el Shakespeare del mundo porque era un escritor impresionante.

Gran parte de su carrera está ligada al género fantástico. ¿Es algo circunstancial o premeditado?

La verdad es que, si lo pienso, el género fantástico y la ciencia ficción se han ligado a mí. Me encantaría estar en una historia de espías, ¿sabes? Tipo John Le Carre.

Molde con las huellas de las manos de Sylvester que, tras ser tratado, formará parte del Paseo de la Fama de Úbeda

La mayoría del público le conoce por ser la séptima encarnación del Doctor Who. ¿Conocía al personaje antes de interpretarlo?

Sí, porque conocía a Patrick Troughton, que interpretó al segundo Doctor, pero nunca pude verlo porque no había aparatos para grabar la televisión y la serie se emitía solo una vez por las tardes, que era cuando yo trabajaba.

¿Y cómo fue la creación del séptimo Doctor? ¿Recibió alguna indicación?

No, solo me dieron la llave de la TARDIS. Yo únicamente me puse el traje, leía las líneas y ya está. Como no había visto absolutamente nada de los anteriores Doctor Who, pude partir de cero. Yo venía de la comedia y añadí un tono cómico, pero, según fui avanzando, descubrí que era uno de los personajes más importantes que se ha creado para la televisión.

Además, mi abuela llegó a los cien años, algo increíble en esa época, y pensé que el Doctor tenía más de ochocientos; ese cansancio que veía en mi abuela y su tristeza por las experiencias vividas pensé que debía añadirlas a mi personaje. Y también quería traer de vuelta el misterio –¿Es bueno, es malo?– que rodeaba al primer Doctor y que se había perdido en los siguientes.

Según creo, el Doctor anterior, Colin Baker, se negó a interpretar la regeneración en el séptimo Doctor, por lo que tuvo que suplirle usted para grabarla…

Colin Baker era un hombre muy grande, así que me pusieron una peluca rubia y cuando me metí en la ropa de Colin me perdí en el interior durante tres días.

Durante muchos años fue el último Doctor debido a la cancelación de la serie. ¿Cómo lo vivió?

La verdad es que me molestó bastante, porque cuando llegué a la serie pensé que sería por tres años, pero durante el segundo año me pidieron que firmara para un cuarto año, y como vieron que me resistía añadieron que, si no firmaba para un cuarto año, ni siquiera rodaría el tercero. Así que respondí que aceptaba. Me dije que no estaría mal un cuarto año pero, sin embargo, acabaron cancelando Doctor Who. Me cabreó bastante que me retorcieran el brazo para firmar la cuarta temporada y que luego la cancelaran.

Una de las características de su Doctor es su fuerte acento escocés. ¿Es algo que añadió usted al personaje o simplemente surgió así?

Mi acento escocés no es tan fuerte como el de Peter Capaldi, que vino mucho después. En el primer episodio que interpreté llevaba una bufanda y uno de los productores me dijo que no me sentaba bien y que me la quitara. La tela era escocesa y el dibujo era escocés, pero no podían saberlo porque eran ingleses. Respecto al acento era una broma. “La rrrrroca rrrrrredonda rrrrrueda”, era escocés pero no mucho.

Sylvester en el Paseo de la Fama de CineFan junto a un viejo conocido

Otro de sus personajes más conocidos es el de Radagast el pardo que encarnó en la trilogía de El Hobbit. ¿Cómo lo creó y cómo fue trabajar con Peter Jackson?

La verdad es que fue muy refrescante trabajar en esta franquicia. De nuevo me dieron las ropas, gritaron “acción” y me dejaron improvisar. Es lo que hice, improvisé un montón inspirado por la caca de pájaro que tenía por el pelo y la única indicación que recibí, no es que subiera o bajara el tono de la actuación, sino que no sonara “la rrrrroca rrrrrredonda rrrrrueda”, porque mi carro lo arrastraban “rrrroedores”.

La verdad es que trabajé en las películas de El Hobbit durante tres años y no conseguí una sola indicación de Peter Jackson hasta el final, el último día de rodaje. Jackson me dio una botella de vino de la bodega de Bilbo Baggins, me regaló un báculo y se giró hacia todo el mundo que estaba en el set y dijo: “Ha sido genial rodar con Sylvester McCoy porque siempre quise trabajar con… ¡el Doctor Who!”.

Según he leído, años antes ya estuvo a punto de ser Bilbo Bolsón en la trilogía de El señor de los anillos. ¿Es cierto?

Sí, hice las pruebas para Bilbo Baggins. Lo cierto es que fueron eliminando a todos los candidatos mientras que yo seguía en la prueba, por lo que pensaba que iba a conseguirlo. Finalmente éramos Ian Holm y yo, y él era un tipo muy talentoso.

En El Hobbit muchas de sus escenas se rodaron con pantalla verde para añadir luego muchos de los elementos que aparecían en pantalla durante la post-producción. ¿Cómo es actuar en estas circunstancias, que le obligan a tener que imaginarse e interactuar con elementos que no están físicamente presentes?

Tuve la suerte de participar hace años en un programa infantil llamado Vision on donde teníamos pantalla azul. La utilizábamos continuamente e interaccionábamos con ella. Así que cuando tuve que trabajar con la pantalla verde ya estaba acostumbrado. Sin embargo, Ian McKellen la odiaba. Por ejemplo, en la primera película, se supone que él estaba sentado en la casa de Bilbo, pero por el tamaño estaba a muchos metros y ante la pantalla verde. Lo bueno es que cuando rodamos juntos, como estábamos en “el mismo mundo” de tamaño, podíamos mirarnos a la cara, algo que Ian McKellen agradeció.

Sylvester McCoy, Claudia Wells, Sarah Douglas y Elena Rodríguez, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Úbeda, posando ante los medios tras dejar impresas las huellas de sus manos

Hace un par de años trabajó en la película de terror The Owners (Los propietarios), donde interpreta a un anciano médico que durante la primera mitad es presentado como víctima, pero que llegado a cierto punto se revela todo un manipulador. ¿Cómo es la creación de un personaje como este, tan carismático, potente y lleno de matices, que aunque se descubre un villano consigue seguir despertando la simpatía en el público?

Realmente participé en esta película por lo divertido que sería interpretar al personaje de Richard Huggins, por los cambios que da. Y además, me gustaba que la gente me viera hacer algo completamente diferente a como me veían en televisión. En el Frightfest de Londres conseguí el premio a mejor actor. ¡Pero mi agente todavía no ha visto la película!

También, ligado al género de terror, en 1979 trabajó en la versión de Drácula dirigida por John Badham…

Fue el primer largometraje de cine en el que participé, e iba muy nervioso a la entrevista, así que en mi prueba les hice reír un montón y pensé que había conseguido el papel. Pero en vez de darme el personaje de Rendfield, para el que era perfecto porque estaba delgado, comía moscas y era pálido, hicieron el típico giro hollywoodiense y cogieron para el papel a Tony Haygarth, un tipo gordo con dientes muy grandes. Aun así, como les había gustado, rehicieron el papel de un viejo y me lo dieron porque el productor insistió. Siempre había hecho comedia y, como no me dieron indicaciones, hice comedia: me dieron un trabuco y, al disparar, me lancé hacia atrás y todos me preguntaron por qué lo había hecho. Ese año, coincidí con el director John Badham en la fiesta de fin de año. John estaba con unas cuantas copas de más y me dijo: “Ah, Sylvester, voy a cortar todas tus tonterías de la película y funcionará mucho mejor, ¡Hip! Feliz año nuevo, ¡Hip!”. Finalmente, solo lo hizo a medias, porque yo tenía más papel en la película del que aparece en la versión final.

Otro de sus trabajos recientes dentro del género fantástico es el del viejo hombre de Hoy en la serie Sense8 de las hermanas Wachowski.

Cuando contactaron conmigo y me hablaron de Lana Wachowski en ningún momento la relacioné con Matrix. Y aunque había preparado algo para mostrarles, cuando me reuní con ellas simplemente nos sentamos a hablar durante cuarenta y cinco minutos y nos hicimos amigos. Supe entonces que había conseguido el papel. Sin embargo, aún no me había dado cuenta de lo importante que eran para el cine, por lo que le pregunté a mi hijo si sabía algo de las Wachowski y me dijo: “¿Las Wachowski? ¡Tienes que coger el papel!”. Lo triste de Sense8 es que entré en la segunda temporada, y el guionista, Michael J. Stracinsky, me dijo que tenían grandes planes para mi personaje en la tercera temporada, pero luego Netflix la canceló. Sin embargo, gracias al enfado de los fans, se consiguió hacer una película para terminar la serie.

Entre sus próximos proyectos se encuentra la nueva versión de Rob Zombie en formato largometraje de la popular serie clásica de televisión Los Munster. ¿Qué nos puede adelantar de la película?

Rob Zombie. La verdad es que no sabía quién era cuando mi agente me habló de este proyecto, así que fui de nuevo a mi hijo y le pregunte si sabía algo sobre Zombie. “Debes trabajar con él. Es un director de culto y una estrella del heavy metal”, me contestó. Así que vi algunos videos suyos y me lo imaginaba tomando cocaína y alcohol, con prostitutas y tirando televisores por las ventanas… Y resulta que es vegano y es un tipo muy majo y educado. Me quedé muy desilusionado. En cuanto a la película, es una especie de precuela de la serie original en la que se narra la llegada de esta familia hasta Estados Unidos. Ha sido una experiencia muy buena, muy positiva. Tengo la suerte de tener este tipo de trabajo que me permite conocer a gente y, por ejemplo, acabar aquí en Úbeda, que es un lugar maravilloso.

José Luis Salvador Estébenez & Javier S. Donate

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