Crónica de la 12ª edición del Atlàntida Film Fest (2ª parte)

Dejando a un lado la Competición Oficial, han sido muchas las películas de interés que nos ha deparado el Atlántida Film Festival a lo largo y ancho de sus secciones. Temas actuales, miradas desprejuiciadas, sangre joven y un considerable despliegue de personajes y temas femeninos son algunos de los hilos conductores a través de los cuales se ha tejido la programación. Dada la gran cantidad de películas proyectadas y los cruces de estilos y temáticas, iré navegando a través de las distinta secciones permitiéndome reconectar obras diversas, siguiendo un poco la tónica del festival, que  ha ido reagrupando en la plataforma Filmin todas las películas presentadas a través de otros subtemas, como si de corrientes submarinas se tratase.

«Animals»

Comenzando con Atlántida Première, la sección que ha rescatado films de autor ya presentados en otros festivales, abrimos este repaso con un auténtico puñetazo en el estómago: Animals, la cinta belga de Nabil Ben Yadir reconstituye una historia real que marcó la crónica negra hace varios años y que acabaría sentando jurisprudencia como el primer crimen considerado homófobo en dicho país. Ben Yadir aporta una mirada visceral sobre el evento: acompañamos al protagonista desde el minuto uno a través de una cámara que no le abandona, cual amigo cercano siguiéndole a escasos centímetros, adentrándonos en su intimidad y, al mismo tiempo, haciéndonos partícipes de lo que sucede, primero en la fiesta de cumpleaños y más adelante en su trágico recorrido posterior. Ante este planteamiento es imposible permanecer indiferente y un enorme malestar nos invade al tener que asistir a un horrible suceso donde la crueldad, el sadismo y los peores instintos del ser humano se erigen en protagonistas de un espantoso aquelarre. Muchísimo más digerible pero también totalmente prescindible, resulta Cop Secret de Hannes Por Halldórson, una especie de cruce entre Brokeback Mountain y Arma letal para un metraje lleno de acción y testosterona. Su simpático planteamiento no basta para mantener en pie una película que no sobrepasa en ningún momento los niveles de un telefilm policial de sobremesa y cuyo plantel interpretativo, salvando al actor protagonista, es muy deficiente.

«Earwig»

Con Earwig nos adentramos en un terreno denso, perverso y fascinante, el de un fantástico de inequívoco sabor belga, a pesar de que su directora, Lucile Hadzihalilovic, sea de nacionalidad francesa. Una película que establece sus propias reglas para crear un mundo particular cercano al cómic y con influencias de Delvaux padre e hijo en un ejercicio sobre la percepción, tanto a través de las imágenes como de la narración. En 99 Moons el suizo Jan Gassmann explora el tema del deseo y el control en la pareja en una película de erotismo intimista que prefiere incidir en la corporeidad de los actores y sus encuentros sexuales a desarrollar las temáticas que pone sobre la mesa, perdiendo por el camino la oportunidad de realizar una obra incisiva, aunque no se puede negar cierto brío a la hora de rodar la pasión física de sus protagonistas. Con The Score el realizador Malachi Smyth aplica de manera original e interesante los resortes del cine musical, dando muestra de gran pericia a la hora de elaborar los diálogos y de trazar el dibujo de los personajes, creando un universo personal bien entramado que conjuga intimismo, ironía y una tierna mirada sobre sus protagonistas. After Blue, del controvertido director de culto Bertrand Mandico, es un puro delirio, gamberro y descarado, que hay que visionar con sentido del humor para apreciar su propuesta con la distancia que requiere, digamos en un tercer grado. Especie de cóctel lisérgico de un episodio de Espacio 1999, el Even Cowgirls Get the Blues de Gus van Sant y un erotismo esteticista a lo Jean Rollin, estamos ante una película surrealista de impacto visual pero que se alarga en exceso y acaba resultando un tanto reiterativa. La finlandesa Girl Picture de Alli Haapasalo tiene el mérito de abordar un tema actual con un lenguaje actual que conecta inmediatamente con el público al que va destinada, aunque probablemente sus virtudes sean muy coyunturales (digamos como lo fueron las películas de Pedro Lazaga en los sesenta) y el tiempo la acabe colocando en su lugar: un mero retrato fotográfico de su época.

«Kung-Fu Zohra»

Kung-Fu Zohra se erige en cambio como una de las obras más destacables de todo el festival. Absorbente, entretenida y pertinente historia de superación personal que hibrida el cine de artes marciales con la denuncia social sin caer en panfletos ni en moralinas trilladas, apoyándose en una vibrante interpretación de la actriz Sabrina Ouazani que describe un personaje humano, resiliente, que construye su propia fuerza ante las adversidades. El director Mabrouk El Mechri nos cuenta su historia de manera limpia, directa y con un pulso consistente, sin olvidar una bienvenida dosis de humor que ayuda a quitar hierro a un tema que siempre corre el riesgo de resultar pesado y deprimente. La película adolece de falta de información sobre el pasado de la protagonista en Marruecos, aunque este aspecto no resta fuerza al conjunto de un film eminentemente humanista.

«She Will»

Uno de los títulos más esperados de todo el festival, She Will, es un estupendo drama/thriller capitaneado por la extraordinaria interpretación de Alice Krige. A ratos momia decrépita, otras amazona justiciera, alternando entre una hipersensibilidad enfermiza y una agria intransigencia, la actriz esboza un personaje completo, magnético y siempre interesante. El subtexto feminista surge de manera orgánica a lo largo de la trama, aunque no consigue esquivar el esquematismo de su propuesta. La directora Charlotte Colbert trata de equilibrar la dramaturgia entrelazando la historia con otro personaje femenino, el de la joven asistente interpretada por Kota Eberhardt, pero la verdadera fuerza feminista del film se encuentra en defender el protagonismo de un excelente personaje de sesenta años con una actriz que literalmente incendia la pantalla.

«Atlantide»

Terminamos el repaso de Atlántida Première con la cinta italiana titulada, precisamente, Atlantide, una de las tres favoritas del cronista que escribe estas líneas. Una obra subyugante, que aúna sensualidad e impresionismo con una mirada empática y analítica típicamente italiana sobre el microcosmos de personajes que retrata. El cineasta Yuri Ancarani muestra cómo conjugar con armonía Mario Bava y Pier Paolo Pasolini para acabar sumergiéndose y sumergiéndonos en los abismos insondables de una Venecia convertida en Atlántida fascinante, hipnótica, metafísica.

«The Timekeepers Of Eternity»

Pasamos a Atlantida Literary para explorar la vida y obra de importantes figuras de la literatura mundial, comenzando por Stephen King, del que no hace falta que hagamos una presentación a estas alturas, pero de cuya obra sí que resulta interesante explicar la gestación. Producida en 1995, la serie The Langoliers pasó sin pena ni gloria por la televisión norteamericana antes de ser rescatada en 2021 por el realizador Aristotelis Maragkos para un ejercicio de estilo de una gran originalidad e inventiva que, bajo el título The Timekeepers of Eternity, ha resultado una de las grandes sorpresas del festival. Auténtico collage cinematográfico que fotocopia literalmente los fotogramas del telefilm original para proponer, a través de un montaje dinámico y atrevido, una obra casi nueva por completo, triturando, rasgando y multiplicando sus imágenes en un glorioso y granuloso  blanco y negro que otorga elegancia, misterio y profundidad al film de origen. Cómo reinventar un material existente con humor e inteligencia.

«Amando a Highsmith»

Del resto de la selección destacaré dos excelentes obras que resultan de visión casi obligatoria para los seguidores de los autores que retrata. Amando a Highsmith es un incisivo e intimista documental de Eva Vitija-Scheidegger que entrelaza inteligentemente la obra de Patricia Highsmith con su vida íntima. Consigue ser muy revelador sin dar la sensación de ser intrusivo, y delinea de manera notable la personalidad de la escritora. Con respecto a Kundera: De la broma a la insignificancia, nos encontramos frente a un trabajo sencillo pero efectivo donde su realizador, Milos Smidmajer, a la búsqueda de una entrevista con el evasivo Milan Kundera, comprende a final de metraje y tras una insistente investigación histórica y literaria la vacuidad de su empeño. 

«Fail Better»

Muchos han sido los documentales presentados en esta edición, casi siempre con un contenido de gran interés, a veces por la candente actualidad del sujeto tratado, caso del extraordinario Diarios de Myanmar, un poético a la par que impactante film birmano que prosigue a un grupo de resistentes civiles a la dictadura en dicho país. El anonimato autoimpuesto a protagonistas y responsables del film procura todavía más fuerza a su vibrante alegato por la libertad. Igualmente actual pero mucho menos conseguido se nos antoja Valldaura, un testimonio vivencial sobre un proyecto de arquitectura sostenible que apunta en varias direcciones y que se desdibuja por una falta clara de perspectiva. Mucho más incisivo y reflexivo, Fail better de Eva Garrido es un simpático y revelador documental sobre la fauna juvenil barcelonesa que se reúne en la plaza frente al MACBA, y en el que la cámara permite a sus componentes expresarse con confianza y naturalidad acerca de su vida y su futuro. Un mosaico impresionista de visiones, sueños, constataciones e impresiones de una juventud menos superficial de lo que a veces se nos deja ver. 

«La guerra de Miguel»

Otros documentales apuestan en cambio por abordar una figura de relevancia particular, como los presentados en Atlántida Literary. A esos ejemplos debemos añadir Un político honrado, una biografía a ratos demasiado farragosa pero no por ello menos interesante que cuenta la terrible historia del ex-primer ministro israelí  Ehud Olmert y su dramática caída en desgracia. Se trata de un pertinente documental sobre los entresijos y manipulaciones en las altas esferas del poder para colocar o derrocar a los gestores gubernamentales. Con respecto a La guerra de Miguel, docudrama biográfico sobre un hombre de origen libanés y su recorrido vital desde la infancia en Beirut hasta recalar en Madrid huyendo de la guerra, admiramos el soplo vitalista de su relato de liberación sexual y personal. A pesar de algunos hallazgos visuales de la puesta en escena la película se alarga en exceso, aunque recupera todo su interés cuando el relato divaga, surgen las zonas oscuras en la biografía y aparece la sombra de la superchería y la mitomanía, estimulando aún más nuestro interés por una historia de por sí interesante.

«Miss Osaka»

Otro de los puntos fuertes del Atlántida ha sido su notable despliegue de personajes, temas y universos femeninos, corazón palpitante de numerosas cintas como las ya mencionadas She Will, Kung-Fu Zohra, Una femmina: codigo de silencio o After Blue. Una tendencia saludable y acertada que se completa con otras películas presentadas y que me parece importante destacar a continuación. Comenzaremos con Miss Osaka, absorbente drama sobre los problemas de identidad y la reconstrucción del propio yo. Film bien llevado y con una buena interpretación de la actriz danesa Vic Carme Sonne, su director Daniel Dencik transita por un terreno cercano al thriller de suplantación de identidad, aunque prefiere detenerse en el estudio psicológico y los apuntes sociológicos, lo cual resulta un acierto considerable y otorga a la película su impronta personal. Pequeño cuerpo de Laura Samani es un film extraño y original, simbolista y exigente, que establece un estilo narrativo muy personal que gana enteros con su bucólica ambientación friuliana donde se conjugan tradición, mitología, superstición y fuerza de voluntad. Tampoco podemos pasar por alto Rose, producción francesa de Aurélie Saada en la que una septuagenaria redescubre la vida, el sexo y el placer de vivir en una película que se sostiene esencialmente por sus valores humanistas y por la poderosa prestación de una maravillosa Françoise Fabian, que encuentra en esta Rose el papel de su vida tras una ya de por sí muy estimable carrera. Su capacidad para dar vida al personaje se enriquece de tantos matices y, al mismo tiempo, de tal frescura, que el resto del reparto palidece en un registro a veces un poco televisivo. 

«Pedis Possessio»

Surfearemos a continuación por la sección Balearics, donde hemos tenido la oportunidad de descubrir varios cortometrajes que exploran asimismo el universo femenino a veces con un tono excesivamente enfático, como en el caso de Judit dirigido por Ana Gago, que se apoya en exceso en el terreno del mito pero confunde trascendencia con morosidad, no consiguiendo levantarse por encima de sus planteamientos. Más intrigante resulta Pedis Possessio, film experimental de Aina Climent ligeramente críptico pero no carente de interés. Posee una gran capacidad sugestiva visual, un buen sentido del ritmo y del montaje y apunta consideraciones metafísicas y esotéricas en su comentario sobre la condición humana.

«Tralala»

Una de las tendencias más curiosas y refrescantes en esta edición del Atlántida ha sido seguramente la proliferación de películas musicales, que en mayor o en menor medida utilizan los resortes de un género que durante décadas estuvo en estado comatoso pero que parece resurgir con fuerza y originalidad gracias a las propuestas de unos realizadores que han crecido amando los clásicos del género y que han encontrado en sus resortes y figuras de estilo el soplo de libertad del que a menudo carece el cine convencional. Además de Other People, The Score y en manera más tangencial Heartbeast, hemos tenido en el Atlántida otra  muestra muy interesante perteneciente a dicho género. Me refiero a Tralala del binomio francés compuesto por Arnaud y Jean Marie Larrieu, otra favorita absoluta de este cronista en la que Mathieu Amalric encarna con sensibilidad y gran sentido del humor a un trovador de la época actual, artista maltratado y maldito, personaje marginal y marginalizado, en una película personal como pocas que aúna una visión del musical a medio camino entre Jacques Demy, un cantar de gesta y una playlist enloquecida, todo ello al servicio de una historia narrada con estilo fascinante. Un rico microcosmos de personajes para arropar al antihéroe de Amalric, así como una pertinaz inclusión en la narrativa del uso de las mascarillas, completan el diseño de un título destinado a convertirse en film de culto.

«Brighton 4th»

Dentro de la sección Domestic pudimos constatar cómo los dramas anclados en un contexto social concreto siguen estando vigentes, aunque no todos los ejemplos presentados han tenido ni la misma fuerza ni una pertinencia equiparable. Si América Latina de Damiano y Fabio d’Innocenzo se aproxima al thriller paranoico y esquizoide para ofrecer un resultado excesivamente forzado y artificioso, al menos se sustenta en un buen trabajo del siempre excelente actor romano Elio Germano. Es más de lo que podemos decir de The Dawn, drama apocalíptico croata que confía demasiado en su atmósfera densa y amenazante pero que acaba aburriendo por culpa de un metraje interminable y de un parco desarrollo. Brighton 4th de Levan Koguashvili trata de escudarse en sus connotaciones sociales pero resulta moroso y no demasiado incisivo. Con Inventory del esloveno Darko Sinko elevamos un poco el vuelo para un interesante drama acerca de un hombre afable que sale ileso de un tiroteo para descubrir que su entorno social no es tan amistoso como él pensaba. Si La vida me sienta bien de Al-Hadi Ulad-Mohand, emotivo drama acerca de una familia marroquí que debe hacer frente a la enfermedad degenerativa del padre, se salda con un resultado correcto, con El paraíso del pavo real de la italiana Laura Bispuri nos adentramos en el enésimo drama de reunión familiar catalizador de toda una serie de traumas y frustraciones que afectan a sus participantes. La Bispuri consigue escapar al convencionalismo de su propuesta gracias a un guion que evita el recurso habitual de este tipo de películas: la sucesión de eventos y golpes de efecto, apostando en cambio por un delicado minimalismo en el que unos incómodos silencios se hacen reyes de la fiesta, apoyándose en una interesante galería de personajes capitaneados por la majestuosa Dominique Sanda. La incursión del pavo real como metáfora del ser humano funciona y le da un ligero toque surrealista.

«Bloody Oranges»

Y seguimos con más drama. Un policía desaparece de Frédéric Videau propone una lúcida y realista mirada en torno a un cuerpo de policía francés, articulando una estructura coral un poco manida pero que funciona aceptablemente al mantener constantemente nuestro interés sobre un grupo de seres humanos que se ven confrontados a la problemática de ejercer un oficio muy controvertido.  A Change of Heart se apoya en la autenticidad de la historia y en una potente interpretación de Marina Fois trazando de manera sensible un trayecto de transformación personal. Dirección aguda de Jérémie Elkaim, con gran poder de observación, que consigue escapar al maniqueísmo y a la moralina de manera admirable. Curioso es el caso de Staff Room de Sonja Tarokic, vitriólico retrato del microcosmos de un instituto croata, con un equipo pedagógico que se debate entre sus propias neurosis y el ambiente eléctrico del claustro profesoral. Propuesta interesante porque aborda un tema no demasiado tratado por el cine, aunque no consigue evitar la reiteración en un metraje excesivamente largo. Con Bloody Oranges llegamos a otro de los films más destacados de todo el festival. Brillante, imprevisible, pertinaz y original, estamos frente a una película coral gamberra e irreverente que conjuga una gran capacidad de observación con una óptima dirección de actores. Y como quien no quiere la cosa, se toma el tiempo de provocar nuestra reflexión de vez en cuando. Dirigida por Jean-Christophe Meurisse, se trata de una de las grandes sorpresas del Atlántida.

«Evolution»

Terminaré este repaso al festival con Evolution, excelente drama dirigido de manera magistral por el húngaro Kórnel Mundruczó. Sabe aunar la simplicidad con una extrema pericia narrativa, apoyándose en un muy buen trabajo del equipo de actores, proponiendo un estudio sobre las repercusiones de los traumas históricos en las vidas de las nuevas generaciones. ¿Es posible cicatrizar las heridas del pasado sin infectar a los seres próximos? 

Sacamos por el momento la cabeza fuera del agua esperando ya con impaciencia la próxima edición de un festival estimulante, tanto por su programación como por la accesibilidad que de su material propone para los numerosos cinéfilos que no siempre tienen los medios ni la oportunidad de desplazarse para satisfacer su curiosidad por la más reciente producción cinematográfica internacional.

Berto Naldo

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