Entrevista a José Abad

José Abad (Granada, 1967), Doctor en Filología Italiana de la Universidad de Granada y miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada, cuenta con una dilatada carrera como escritor a dos bandas, compaginando por igual la narrativa de ficción y el ensayo literario y, sobre todo, cinematográfico. Buena muestra de ello son sus libros dedicados a cineastas tan dispares como Mario Bava, Christopher Nolan y George Lucas, además de otras obras en torno al fantástico de la Hammer –Drácula. La realidad y el deseo– o al cine vampírico en general –El vampiro en el espejo-. También es articulista en prensa y colaborador de publicaciones emblemáticas sobre el mundo del cine como Dirigido por…, o literarias, como Quimera. Por todos estos motivos, de interés más que suficiente para un portal cinéfilo como el nuestro, nos pusimos en contacto con José, quien, con la amabilidad y buena predisposición que siempre le caracteriza, tuvo a bien responder al siguiente cuestionario específico sobre su trayectoria dentro de la crítica de cine.

Aunque tu carrera como novelista arranca a principios de los años noventa, posteriormente has cultivado el campo del ensayo cinematográfico. ¿Cuándo empezaste exactamente a escribir sobre cine?

Yo escribo sobre cine desde siempre, no exagero. Cuando era pequeño hacía listas con los títulos de las películas que había visto con un resumen de la trama. Cosas así. Luego empecé a añadir los nombres de los actores y las actrices principales o de los directores (todo ello con faltas de ortografía, seguramente), y luego me atreví a incluir juicios personales (muy temerarios, por descontado). Poco a poco me hice más organizado. Aún guardo una docena de cuadernos de cuando tenía veintipocos años, con críticas ordenadas por directores o temáticas. Si no hubiera podido escribir profesionalmente sobre cine habría sido una persona muy desdichada.

¿Qué fue primero, tu pasión por la lectura o por las películas?

Primero fue la pasión por el cine, pero la pasión por la lectura llegó inmediatamente después, pisándole los talones y pisando fuerte. Ten en cuenta que en mi niñez la única forma de ver cine era, o bien en salas o bien en televisión. Yo nací en un pueblo sin cine y debía “alimentarme” (casi) exclusivamente de lo que echaban en la tele, y la programación cinematográfica no era la de hoy, ni de lejos: la televisión pública solo tenía dos canales y el segundo de ellos, el mítico UHF, no se pillaba bien en casa, de modo que tuve que satisfacer esa sed de ficción en los tebeos del Capitán Trueno o en las novelas de Julio Verne, Emilio Salgari o Robert Louis Stevenson. Desde niño he sido un cinéfilo impenitente y un lector voraz.

El cine está muy presente asimismo en tu día a día profesional, ya que impartes clases en la Universidad de Granada de la materia «Cine y sociedad en Italia», entre otras. ¿Qué contenido didáctico, concretamente sobre la historia del cine, es el que reciben tus alumnos?

En clase hacemos un recorrido completo por toda la historia del cine italiano desde los orígenes hasta la actualidad, haciendo especial hincapié en algunos momentos clave de la historia del país, como el período fascista, la posguerra, el Neorrealismo, etc. La premisa central de las clases es que ninguna obra del ser humano puede entenderse a espaldas de la sociedad o del tiempo presente en que se realiza; los vaivenes sociopolíticos de un determinado momento dejan una huella indeleble en el cine que se realiza en dicho momento. Te confieso que me falta tiempo para poder hablar de todo el cine que me gustaría dar a conocer. La nómina de grandes cineastas italianos o de grandes películas pone los dientes largos: Roberto Rossellini, Luchino Visconti, Federico Fellini, Sergio Leone, Mario Bava, etc. En clase también hacemos una panorámica sobre el cine de género cultivado en Italia: péplum, spaghetti wéstern, giallo, etc. Ahora bien, aunque me centro en el cine italiano, intento servirme de ejemplos recientes que sean familiares a los alumnos y siempre que se presenta la ocasión hablo del cine a secas.

En el año 2013, publicas tu primer ensayo fílmico, El vampiro en el espejo (Editorial Universidad de Granada), un compendio sobre el cine de vampiros (incluido el español) que nos recuerda en cierto modo a un libro clásico de David Pirie, El vampiro en el cine (1977). ¿Por qué te decidiste a escribir sobre este tema?

Soy un gran apasionado del cine fantástico en general y del cine de terror  en particular. La idea de este libro la acariciaba desde hacía tiempo y me decidí a ponerla en práctica precisamente cuando la Facultad de Filosofía y Letras me encomendó que elaborara la programación de «Cine y sociedad en Italia». La influencia del libro de David Pirie es fortísima; yo lo había leído de jovencito y me había encantado. Escribí el mío entre los meses de abril y diciembre de 2011 en un estado frenético; quería que saliera a la calle coincidiendo con el centenario de la muerte de Bram Stoker, que se conmemoraba en abril de 2012, pero la editorial pospuso su salida. El mito del vampiro me permitía ilustrar la premisa que te acabo de comentar: el ser humano no puede realizar ninguna obra a espaldas de la sociedad o del tiempo en que vive. Tenemos un personaje de ficción con unos rasgos muy definidos que, dependiendo del momento en que se lleva a la pantalla, adquiere matices muy distintos. Basta comparar el Drácula realizado en Estados Unidos en 1931 con el Drácula realizado en Inglaterra en 1958: en el primer caso, Drácula es poco menos que un ejemplo del “enemigo que viene de lejos”; en la obra maestra de Terence Fisher, en cambio, Drácula es un demonio polisémico. Entre mis proyectos inmediatos está la revisión de El vampiro en el espejo. Me gustaría publicar una edición debidamente puesta al día. A ver si hay suerte.

Inmediatamente después, firmas Mario Bava. El cine de las tinieblas (T&B, 2014), un monográfico acerca de este gran director italiano, vinculado principalmente al cine fantástico y de terror. ¿Cómo surge la oportunidad de publicar esta obra?

Mientras escribía El vampiro en el espejo -que incluye comentarios de La máscara del demonio, Las tres caras del miedo y Terror en el espacio– caí en la cuenta de que en 2014 se celebraría el primer centenario del nacimiento de Mario Bava y creí que sería una buena ocasión para dedicarle una monografía a él y al cine de género italiano en general. Debo recordar que Bava tocó todos los palos: péplum, spaghetti wéstern, comedia erótica, ciencia ficción, cine de terror y fue quien dio forma a lo que se conoce como giallo.

Un año antes, la editorial Cátedra había lanzado al mercado otro libro de Carlos Aguilar sobre Mario Bava. ¿Eras consciente de ello en el momento de redactar el texto o fue casual? ¿Conoces el citado libro de Aguilar? Y, si es así, ¿qué diferencias crees que puede tener respecto al tuyo?

Fue una feliz coincidencia. De hecho, cuando apareció el libro de Aguilar yo llevaba ya varios meses trabajando en el mío. Lo leí de inmediato, por supuesto, y me resultó enormemente útil. Carlos Aguilar es un gran especialista en el cine de género en España e Italia. ¿Diferencias entre uno y otro? Imagino que muchas y espero que enriquecedoras.

Dado que tu libro sobre Mario Bava se publicó con T&B Editores, y aunque éste sea un tema harto espinoso, no podemos dejar de preguntarte por tu experiencia personal con esta editorial que se vio envuelta en la polémica por no pagar a algunos de sus escritores. ¿Fue tu caso? ¿Qué opinas de estas penosas condiciones laborales que, por desgracia, se repiten más de lo que debieran en el mundo editorial?

Yo estoy entre quienes nunca recibieron un euro de la editorial. Mi contrato incluía una perversa cláusula por la cual declinaba el cobro de los derechos de autor de los primeros doscientos cincuenta ejemplares como una forma ulterior de “contribuir” a la viabilidad del libro. Según T&B, las ventas nunca superaron los doscientos cincuenta ejemplares y nunca vi un céntimo. En aquel momento, el deseo de publicarlo me llevó a aceptar estas condiciones; fue un error por mi parte, no tiene sentido presentarlo de otra manera. Al hacer así, te encuentras con que prácticamente todos los eslabones de la cadena -editores, distribuidores, libreros- cobran su parte, excepto tú, el teórico eslabón principal. Por desgracia, es una práctica habitual. Hoy tengo la suerte de publicar con un sello editorial que respeta tu trabajo y paga religiosamente hasta el último ejemplar vendido.

También encontramos tu firma en varios libros de autoría colectiva, tales como Yo soy más de series (60 series que cambiaron la historia de la televisión) (Esdrújula Ediciones, 2015), Cine fantástico y de terror español I & II (T&B, 2015 y 2016), Mad Doctors. El sueño de la razón (T&B, 2016)y Profesoras de película. Las mujeres docentes vistas por el cine (Ediciones Alfar, 2016). ¿Qué opinas de este formato de publicación, coordinando a diferentes autores, tras tu participación en los volúmenes mencionados?

El libro colectivo es un formato muy agradecido porque ofrece una visión plural de un mismo tema. Además, por lo general, se trabaja en equipo y con unos objetivos ya definidos, y esto facilita las cosas. Yo realmente he colaborado en unos treinta volúmenes colectivos, la mayor parte de ellos dedicados a literatura… pero hoy no toca hablar de literatura.

Con Drácula. La realidad y el deseo (Shangrila, 2017), reincides en la figura del vampiro reflejada por el cine, mediante un estudio pormenorizado del primer y excelente film de Terence Fisher y la Hammer basado en el personaje creado por Bram Stoker. ¿Qué recuerdas de aquel interesante e inusual proyecto, centrado en el análisis de una sola película?

La propuesta vino de Rubén Higueras Flores, que había coordinado el volumen Cine fantástico y de terror español I & II. Higueras Flores se puso en contacto conmigo a mediados de octubre de 2016 para invitarme a participar en una nueva colección dedicada al cine fantástico y de terror: «Fantasmagorías». Cada volumen tenía que centrarse en el análisis pormenorizado de una película y me preguntó qué títulos me gustaría hacer; hice tres propuestas: King Kong, Los pájaros y la que finalmente aceptaron: Drácula. Por desgracia, en el momento de entregar el manuscrito me encontré con una situación exactamente igual a la que he descrito con T&B. En este caso sí que no me lo esperaba, lo confieso, pues se trataba de un encargo de la propia editorial. Creí que tendrían una actitud más constructiva, pero me equivocaba. Por suerte, rescindí el contrato un año más tarde.

En 2018, entras en la nómina de escritores de la editorial Cátedra, dentro de su conocida colección Signo e Imagen/Cineastas. Acometes para la ocasión otra monografía sobre uno de los directores más reputados del cine actual, Christopher Nolan. ¿Cómo surgió el contacto con Cátedra? ¿Era ésta una iniciativa tuya, o, por el contrario, se trataba de un encargo de dicha editorial?

Después de haber escrito varios libros “por amor al arte”, por fin pude trabajar con una editorial que no me consideraba un cero a la izquierda. Jenaro Talens me dio esta oportunidad y le estaré eternamente agradecido. En su día, yo le había enviado a Talens sendos ejemplares de El vampiro en el espejo y Mario Bava para que se hiciera una idea de cómo enfocaba el análisis cinematográfico y, durante una visita a Granada a principios de 2015, aceptó vernos y charlar sobre una posible colaboración. Yo me presenté con varias propuestas bajo el brazo -Anthony Mann, Roman Polanski-, pero estas monografías habían sido ya encargadas a otros críticos. Talens me propuso buscar algún otro cineasta para la colección. Recuerdo que mencioné a Christopher Nolan sin demasiada convicción, porque por entonces sólo tenía nueve largometrajes… y las puertas del cielo se abrieron. Talens dijo: “No se hable más, ¡Nolan!”. Estuve casi dos años trabajando en el texto; sabía lo que me jugaba y puse toda la carne en el asador. La suerte me acompañó, las reseñas fueron muy positivas y también la respuesta del lector; ya se han hecho tres ediciones de este libro.

La filmografía de Christopher Nolan, cuanto menos, se desmarca por completo del cine realizado por otros directores de la generación a la que pertenece. En tu libro, indicas que su personal estilo posiblemente tenga que ver con los postulados de un término acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman: “la modernidad líquida”. ¿En qué medida crees que podemos encontrar en las películas de Nolan el trasfondo de ese reciente concepto filosófico?

Además de analizar la obra de Christopher Nolan desde presupuestos estrictamente cinematográficos, lo que hago es estudiarla a la luz de las teorías de Zygmunt Bauman. No afirmo que Nolan haya leído a Bauman; tampoco lo descarto. Bauman encontró una metáfora perfecta para describir la sociedad del siglo XXI: la liquidez. Uno de los síntomas más acusados de nuestra sociedad es la transitoriedad: nada mantiene sus contornos bien definidos durante un período demasiado prolongado. En ámbito laboral, algunos valores considerados ‘sólidos’ durante décadas devienen ‘líquidos’ en este nuevo contexto social: la coherencia o la continuidad que defendíamos antaño se licúan bajo los efectos de una mayor flexibilidad, disponibilidad o movilidad. En el ámbito del mercado, la solidez del producto es nociva para la industria: el beneficio está en el rápido desgaste del artículo y en su inmediato reemplazo. Vivimos en el reino de la obsolescencia programada. Pues bien, esa precariedad existencial puede rastrearse en las tramas o en el dibujo de personajes de Nolan.

Otra muestra de tu bilocación natural entre narrativa y ensayo, es el dossier que coordinaste para la revista Quimera sobre literatura y cine en 2019, contando con autores tan importantes en la materia como Pilar Pedraza, Javier G. Romero o Antonio José Navarro. Exactamente, ¿cuál es tu actividad en esta revista literaria?

En Quimera escribo reseñas y artículos sobre literatura pero, gracias a la intercesión de Ginés S. Cutillas, la revista aceptó una propuesta mía para un dossier dedicado a la literatura cinematográfica; es decir, el ensayo, la crítica cinematográfica, el guion, etc. Estoy muy satisfecho del resultado. Este dossier me dio la oportunidad de colaborar con gente que leo desde hace años, que admiro, que estimo.

De nuevo con Cátedra, y en la misma colección Signo e Imagen/Cineastas, aparece el que es hasta la fecha tu último ensayo: George Lucas (2021). ¿Qué opinión te merece el cine de George Lucas? ¿Eras seguidor de su filmografía antes de escribir el libro?

La buena acogida que recibió el libro de Christopher Nolan me facilitó las cosas. ¿Por qué Lucas? Yo siento debilidad por el cine de la Generación de los setenta, lo que se llamó el “New Hollywood”: Coppola, Scorsese, Cimino, Bogdanovivh, De Palma, Schrader, etc. Yo he madurado como cinéfilo y como persona viendo las películas de estos directores. En los años ochenta seguían haciendo obras muy estimables, pero yo prefería las que habían hecho en la década anterior. En aquellos años, George Lucas era una figura omnipresente; la década de 1980 no puede entenderse sin él. Además de la primera trilogía de La guerra de las galaxias, produjo la serie de Indiana Jones. Yo vi con diez años La guerra de las galaxias, que era la película más asombrosa que podía ver un chaval de esa edad entonces. Más tarde, de joven, vi tantas veces En busca del Arca perdida que casi llegué a aprendérmela de memoria. La filmografía de Lucas cayó en picado, pero estas dos series bastarían para asegurarle un capítulo en cualquier Historia del Cine. No obstante, se olvida que, en calidad de productor, Lucas también apoyó películas muy distintas, muy atrevidas, como Mishima, Dentro del laberinto, o Tucker, un hombre y su sueño.

¿Crees que sería muy diferente la trayectoria de Lucas, en el supuesto de que no existiera la franquicia Star Wars, y hubiera seguido la senda más experimental emprendida en su ópera prima, THX 1138?

THX 1138 me parece una película extraordinaria. De haber sido un éxito siquiera aceptable, la carrera de Lucas habría sido diferente, no cabe duda, pero THX 1138 se dio un batacazo tremendo. Luego, Lucas dirigió American Graffiti y poco a poco se fue decantando por un cine lúdico, optimista, positivo. La guerra de las galaxias es la culminación de esta búsqueda. La película arrasó en las taquillas de todo el mundo y la industria la convirtió en fórmula, pero si repasas la Historia del Cine te darás cuenta lo que tuvo de insólita en su día. Fue una propuesta novedosa, incluso arriesgada; en la Fox muy pocos creían en ella. Por desgracia, Lucas no estuvo a la altura de su propio proyecto y, a partir de El retorno del Jedi, inició una vergonzosa infantilización de este gran relato. En el libro hablo de todo lo bueno y de todo lo malo que hay en la filmografía de Lucas. El libro está escrito para el cinéfilo inquieto, no para los fans de Star Wars.

Al menos tangencialmente, y aunque ésta sea una entrevista sobre tu faceta de crítico de cine, nos gustaría preguntarte por Salamandra (Editorial Almuzara, 2021), una novela de tu autoría publicada casi al mismo tiempo que el monográfico de George Lucas. Hemos leído declaraciones tuyas asegurando que las referencias cinéfilas son muy importantes en esta novela. ¿Sueles incluir siempre elementos cinematográficos en tu obra narrativa?

Como has dicho, yo empecé como narrador. Mis primeros libros son todos ellos obras narrativas y, si he de serte sincero, yo me considero narrador por encima de todas las cosas. De hecho, en el ensayo suelo servirme de recursos o estrategias puramente narrativas para atrapar la atención del lector. Como lector siempre me ha interesado el género negro: entre mis escritores preferidos se hallan Manuel Vázquez Montalbán o Raymond Chandler. Me interesa también el cine negro clásico, el giallo, el polar, etc. Salamandra es un thriller puro y duro, ambientado en Palermo (Sicilia), en donde viví cinco años. El protagonista está vagamente inspirado en el sicario Jeff Costello, el protagonista de El silencio de un hombre, que es una película que me gusta mucho. Aunque también deberíamos tener en cuenta el Tom Ripley creado por Patricia Highsmith. En mi caso, el cine y la literatura forman un matrimonio bien avenido.

Has escrito un buen número de artículos periodísticos en distintas cabeceras locales y nacionales (Granada Hoy, Ideal…), tanto sobre cine como literatura. Cuéntanos un poco más al respecto, y lo que te aporta esta otra faceta, en teoría tan distinta a las anteriores…

El articulismo te obliga a escribir casi a diario. Mientras trabajas en un ensayo o en una novela pueden pasar días o semanas sin añadir nada al texto; en cambio, los compromisos con periódicos o revistas hacen que el trabajo de escritura sea casi diario. Desde hace más de veinte años publico con regularidad en diversos medios y siempre tengo algún artículo en el horno.

También formas parte actualmente del elenco de colaboradores de la revista cinematográfica Dirigido por… ¿Qué significa para ti poder escribir en una publicación tan longeva y prestigiosa en su campo?

Te diré que leo Dirigido por… (y que guardo todos los números) desde el año 1987, así que imagínate lo que ha significado para mí entrar en la nómina de colaboradores de la revista. Es un sueño hecho realidad. Yo he aprendido muchísimo en las páginas de Dirigido por…, En esto de la crítica cinematográfica mis maestros han sido José María Latorre, Antonio José Navarro, Tomás Fernández Valentí, Quim Casas, etc.

A la vista de tus múltiples inquietudes, seguro que ya andas metido en nuevos proyectos relacionados con el cine. ¿Nos puedes contar alguno de tus planes de futuro?

Yo escribo, escribo, escribo. Algunas cosas salen de inmediato, otras tardan un poquito más; hay que ser paciente. Ahora mismo tengo listo un tercer volumen para la colección Signo e Imagen / Cineastas dedicado a Richard Fleischer, un grandísimo director que apenas ha generado bibliografía. Quiero hacerle justicia. A Fleischer le debemos un puñado de grandes películas como The Narrow Margin, 20.000 leguas de viaje submarino, Los vikingos, Impulso criminal, El estrangulador de Boston o Los nuevos centuriones. Si todo va bien saldrá el año que viene.

Por nuestra parte, ha sido un placer charlar contigo, José. Si deseas añadir algo más…

Tan solo una palabra: gracias.

                                                                                                      Francisco Arco

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