Necrológica de Mylène Demongeot

El pasado 1 de diciembre falleció en Paris a los 87 años de edad la actriz francesa Mylène Demongeot, dejando tras de sí una carrera que se desarrolló durante siete décadas, y que había retomado con fuerza a inicios de los 2000 tras un largo paréntesis.

Nacida en Niza de padre francés y madre ucraniana, transcurre su infancia en el ambiente mundano y sofisticado de sus progenitores (su padre era un alto funcionario del Ministerio de Economía), siendo perfectamente bilingüe en francés y ruso, aunque debido a un acentuado estrabismo germina en su interior un sentimiento de inferioridad que solo conseguirá quitarse de encima gracias a una operación quirúrgica. 

«Les enfants de l’amour»

A los 13 años de edad, el traslado de la familia a Paris propicia el contacto de la joven Marie Hélène Demongeot con el mundo artístico, tomando lecciones de piano y de interpretación y debutando ante las cámaras en el melodrama sobre madres solteras Les enfants de l’amour (1953) de Léonide Moguy. Nada más comenzar el rodaje tiene que abandonar sus complejos de debutante mojigata en una escena donde le toca tumbarse en una mesa con las piernas abiertas mientras el doctor interpretado por Jean-Claude Pascal procede a asistirla durante un dramático parto. Un desvirgue profesional en toda regla, humillante para una chica que ni siquiera sabe cómo hay que dar a luz pero que consigue a pesar de todo sacar adelante la escena con credibilidad.

Mylène Demongeot con su primer marido, el fotógrafo Henri Coste

Su lanzamiento definitivo no tarda en llegar. Tras inventarse el que sería a partir de entonces su nombre artístico, Mylène, conoce durante una sesión publicitaria al fotógrafo Henry Coste, con el que se casa poco después. Uno de sus retratos llega a las manos de Raymond Rouleau, quien la selecciona en 1957 como una de las protagonistas de su film Les sorcières de Salem, prestigiosa adaptación de una obra de teatro de Arthur Miller con guion escrito por Jean Paul Sartre y donde da la réplica a la mítica pareja formada por Yves Montand y Simone Signoret. Aunque durante el rodaje tiene que sufrir en carne propia el venenoso y malvado comportamiento del matrimonio protagonista, su trabajo le termina proporcionando una bella recompensa: un premio como mejor actriz en el Festival Internacional de Karlovy Vary.

Con Roger Moore en «El rapto de las sabinas»

Tras este brillante despunte, comienza rápidamente a ser reclamada para varias producciones internacionales, como Buenos días, tristeza (Bonjour, Tristesse, 1958) de Otto Preminger, donde interpreta a la despreocupada y superficial amante de David Niven, la notable El demonio, la carne y el perdón (The Singer Not the Song, 1961) de Roy Ward Baker, un intenso y extraño wéstern protagonizado por Dirk Bogarde, así como un par de péplums de buen nivel, La batalla de Maratón (La battaglia di Maratona, 1959) de Jacques Tourneur y El rapto de las Sabinas (Il ratto delle sabine, 1961) de Richard Pottier, en esta última al lado del futuro agente 007 Roger Moore. 

«Un amore a Roma»

En Italia se hace muy popular, lo que facilita que directores de renombre la incluyan en los repartos de sus películas, caso de Dino Risi que la coloca de protagonista en Un amore a Roma (1960) y de Mauro Bolognini que aglutina un memorable reparto para la muy lograda La noche brava (La notte brava, 1959) sobre un guion de Pier Paolo Pasolini. Recordaba la actriz cómo el retorcido director italiano la obligaba a repetir una y mil veces una escena de estupro con su compañero Laurent Terzieff, revolcándose sin cesar en el suelo entre besos y caricias ardientes hasta casi hacerle perder el sentido, sintiéndose luego ella culpable al volver a casa, azorada por las escenas tan escabrosas que había tenido que rodar y sin atreverse a hablar de ello con su marido. Gajes del oficio.

Como Milady de Winter en el díptico de «Los tres mosqueteros» dirigido por Bernard Borderie a comienzos de los sesenta

Estos notables papeles dramáticos son, sin embargo, muy poco tenidos en cuenta en su patria natal, donde parecen decididos a convertir a la Demongeot en una nueva Brigitte Bardot, actriz con la que comparte una sensualidad entre inocente y desenfadada, así como una deslumbrante melena rubia y una irresistible coquetería. Este encasillamiento es asumido por la actriz con cierta resignación, símbolo de una época en la que la consigna exigida para toda joven estrella femenina en ciernes era, precisamente, la del título de una de sus primeras películas, Sé guapa y cállate (Soit belle et tais-toi, 1958) de Marc Allegret. A pesar de este frustrante panorama, machista y reductor, ella agradece el éxito clamoroso obtenido con una serie de títulos entre los que sobresalen varios trabajos que le aportan cierta satisfacción personal y profesional, caso de Los tres mosqueteros (Les 3 mousquetaires, 1961) y su secuela La venganza de Milady (La vengeance de Milady, 1961), ambas de Bernard Borderie donde interpretará uno de sus papeles favoritos, la pérfida Milady de Winter, y la recordada trilogía sobre Fantomas de André Hunnebelle, en la que comparte protagonismo junto a Jean Marais y Louis de Funes y que la propulsan a las máximas cotas de popularidad en Francia.

Jean Marais, Louis de Funes y Mylène en «Fantomas contra Scotland Yard», última entrega de la trilogía

No obstante, no todo fueron rosas en este periodo y, como ella misma confesaba, el hecho de no tener a un productor detrás le hizo perder numerosas oportunidades como trabajar para Jules Dassin, o personajes como el de la princesa en La pantera Rosa (The Pink Panther, 1963) de Blake Edwards, quien la había seleccionado personalmente para el papel, aunque ella siempre pudo estar orgullosa de haber construido su carrera sola y sin la ayuda de nadie.

Mylène y el que fuera su segundo marido, el cineasta Marc Simenon

En plena cresta de la ola conoce en 1966 a Marc Simenon, realizador e hijo del mítico escritor Georges Simenon, con el que tiene un auténtico flechazo. Divorciada ya de su primer marido debido a sus celos excesivos, la Demongeot y Simenon se casan dos años después de su primer encuentro. Profundamente enamorada, decide en ese momento poner su carrera entre paréntesis y dedicarse en cuerpo y alma a su matrimonio. No sintió la necesidad de tener descendencia, declarando con humor y sin pelos en la lengua que nunca tuvo fibra maternal y que encontraba que los niños eran «un rollo», prefiriendo dedicar todo su tiempo y energía a apoyar la carrera cinematográfica de su marido, embarcándose en labores de producción e incorporando papeles secundarios en sus películas. 

Flanqueada por Denis Karvil y Bud Spencer en «Big Man»

Durante este periodo que se extiende durante más de treinta años, no abandona completamente su trabajo como actriz, ya que aparte de sus prestaciones en los films de Simenon, efectúa intervenciones puntuales en otras películas y obras de teatro, aunque ya de manera ocasional y en papeles decididamente secundarios. De entre estos trabajos debemos destacar Il faut vivre dangereusement (1974) de Claude Makowski, un irresistible thriller policial con un refrescante sentido del humor protagonizado por Annie Girardot y Claude Brasseur, y Traje de etiqueta (Tenue de soirée, 1987), otro original proyecto del transgresor Bertrand Blier con un par de protagonistas encarnados por Gérard Depardieu y Michel Blanc aficionados al travestismo para regocijo de la pícara Miou Miou. También mencionaremos de pasada la entrañable serie televisiva dirigida por Steno Big man (1988), donde daba la réplica al inefable Bud Spencer como la divertida y algo impertinente patrona del hotel costero donde el huraño detective descansaba entre misión y misión y para el que a menudo cocinaba deliciosas langostas.

Con Jean-Claude Bouillon en «El asesino ataca al alba», film dirigido por Marc Simenon

No fue su matrimonio con Simenon un camino de rosas precisamente, a pesar de su complicidad y su intensa historia de amor. Durante todo el tiempo que estuvieron juntos, la actriz francesa tuvo que batallar contra el serio y persistente alcoholismo de su marido que, si bien no llegó a destruirle por completo, sí que le pasó factura en su vida personal y profesional. Una verdadera lástima, porque sus películas no carecen de interés aunque su resultado en taquilla no siempre fuera bueno, lo que llegó a poner a la pareja en una situación financiera delicada en más de una ocasión, y minó la ya de por sí frágil autoestima del realizador. Destacaremos entre ellas el pseudo-giallo El asesino ataca al alba (Le champignon/ L’assassin frappe a l’aube, 1970), Signé Furax (1981) adaptación de un serial radiofónico que se estrelló espectacularmente en taquilla a pesar de su reparto cuajado de nombres conocidos, y, muy especialmente, Por la sangre de otros (Le sang des autres, 1974), un tenso y emocionante drama protagonizado por Yves Beneyton y Mariangela Melato que también pasó un tanto desapercibido. 

«Asuntos pendientes»

Tras el fallecimiento de Simenon en 1999 debido a una caída accidental por las escaleras de su domicilio, Mylène Demongeot decide retomar las riendas de su carrera y en muy poco tiempo va a experimentar un auténtico resurgir profesional, hecho digno de tener en cuenta si consideramos su larga ausencia de las pantallas y la ya avanzada edad de la actriz. Tras alguna pequeña colaboración que le sirve de precalentamiento, consigue un importante papel en Asuntos pendientes (36 Quai des Orfèvres, 2004) de Olivier Marchal, que le proporciona una nominación a los Cesar franceses como mejor actriz secundaria y relanza definitivamente su carrera. Esta buena racha profesional se va a prolongar en el tiempo y en ella consigue alternar papeles en un cine popular como las tres películas de la saga Camping de Fabien Onteniente y en el cine de autor con films como Les toits de Paris (2007) de Hiner Saleem, donde de nuevo impresiona con su registro dramático en el rol de Thérèse, y La Californie (2006) de Jacques Fieschi, gracias al cual logra una nueva nominación a los Cesar como mejor actriz secundaria. Su último papel para la pantalla grande tendría lugar este mismo 2022 con Maison de retraite de Thomas Gilou.

Sobrevolando la carrera global de Mylène Demongeot, hay una cualidad que sobresale por encima de todo, y ésta es su luminosa y afable humildad, que a pesar de un recorrido profesional tan interesante y nutrido le permitió mantener siempre los pies sobre la tierra, evaluando sus logros con distancia y serenidad. Siempre amistosa, agradable y sincera, atesoraba ese gusto tan francés por la conversación entretenida y brillante, compartiendo en sus entrevistas numerosas anécdotas sobre su vida y su carrera, a veces divertidas y otras no tanto, pero evitando siempre los tonos oscuros con un optimismo vital envidiable y a prueba de bombas.

Portada de uno de sus libros

Apasionada defensora de la causa animal, le gustaba compartir sus ratos libres con los numerosos animales que acogía en su propiedad de Mayenne así como a la escritura, llegando a publicar varios ensayos y libros autobiográficos en los que abordó temas como su matrimonio con Simenon, su carrera profesional, el alcoholismo, la ajetreada vida de sus padres, los animales y hasta la estafa que sufrió por parte de su contable que le robó más de dos millones de euros dejándola en una situación muy delicada.

En sus últimos años de vida se dedicó asimismo a luchar por la defensa de los derechos del ser humano para morir en dignidad (dicho de otra manera, por la eutanasia), llegando a ser miembro del comité de honor de la asociación francesa ADMD. La propia actriz llevaba batallando varios años contra un cáncer de peritoneo, del que parecía haberse recuperado hasta que ella misma anunció el pasado mes de octubre la reaparición de la enfermedad. Tuvo Demongeot que pelear otra dura batalla durante el mismo periodo cuando contrajo el coronavirus en 2020, teniendo que permanecer hospitalizada durante tres semanas en estado muy crítico, aunque logró recuperarse por completo, como ella declaró públicamente, gracias a los cuidados del Dr. Didier Raoult, conocido por su posicionamiento crítico contra la política oficial sanitaria referente al virus.

Desde aquí te enviamos un saludo y un homenaje por tu extraordinaria carrera, Mylène Demongeot.

Berto Naldo

3 comentarios en “Necrológica de Mylène Demongeot

    1. Gracias por tu comentario Iñaki. Era en efecto una belleza y una actriz entrañable que además hacía muy bien su trabajo, sin divismos ni tonterías, por lo visto era muy querida por sus compañeros de profesión. Un saludo

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