Phenomena

Para quien esto suscribe, la cinta de la que vamos a hablar hoy, Phenomena (Phenomena, 1985), supone una filia personal e intransferible. La excusa idónea que justifica la elección del film para el dossier aniversario de este portal, tan vinculado al fantástico y al cine de género desprejuiciado en general. Posiblemente, tenga bastante peso en esta decisión el hecho de haber descubierto el film en las estanterías de un videoclub, a mediados de los años noventa, mucho antes de poder acceder a los títulos previos (y más prestigiosos) de la filmografía de su director. Motivo más que suficiente para que Phenomena quedara grabada en la retina de aquel espectador neófito, en un primerizo contacto con la obra de Dario Argento.

 

Sinopsis: Jennifer Corvino, hija de un famoso actor de Hollywood, ingresa en la academia “Richard Wagner”, un internado situado en las montañas que rodean Zurich (Suiza). Muy pronto empiezan a producirse una serie de brutales asesinatos, obra de un psicópata, con una especial inclinación por las jovencitas del colegio. Jennifer, que tiene los dones paranormales de la telequinesia y la telepatía, intentará descubrir al sádico que aterroriza a sus compañeras, además de averiguar qué terrible secreto encierran los muros del internado.

 


Título original: Phenomena
Año: 1985 (Italia)
Director: Dario Argento
Productor: Dario Argento
Guionistas: Dario Argento, Franco Ferrini
Fotografía: Romano Albani
Música: Goblin, Simon Boswell
Intérpretes: Jennifer Connelly (Jennifer Corvino), Donald Pleasence (profesor John McGregor), Daria Nicolodi (Frau Brückner), Dalila Di Lazzaro (directora del internado), Patrick Bauchau (inspector Rudolf Geiger), Fiore Argento (Vera Brandt), Federica Mastroianni (Sophie), Michele Soavi (Kurt), Mario Donatone (Morris)…

No les falta razón a los detractores de Dario Argento, cuando afirman no comulgar con su peculiar manera de abordar el cine de terror. Para más inri, la mayoría de sus éxitos transitan los caminos estilísticos del giallo fílmico, aquel en el que sentó las bases el maestro Mario Bava; primero, en la fundacional La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1962), y posteriormente en la más canónica Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino, 1964). El cine de Argento podría definirse como un continuo spoiler en sí mismo. Título a título, film a film, nunca falta en la función el sempiterno asesino enguantado, navaja en mano; el progresivo body count; en suma, la clásica estructura whodunit creada por Agatha Christie, aderezada con más o menos dosis de virtuosismo en los asesinatos. Todo ello, no es óbice para que hoy en día el director romano goce de un grado de autoría reconocible, ampliamente apreciado por su legión de seguidores. Sin ir más lejos, destacados cineastas actuales, como puede ser el caso del transgresor Gaspar Noé, demuestran auténtica veneración por sus películas[1].

Con la perspectiva que ofrece el tiempo, no es difícil reparar en los paralelismos que conectan Phenomena con otros films del realizador, así como detectar los rasgos que aportan un nuevo enfoque en su estilo. El escenario principal de la película es prácticamente el mismo que el de Suspiria, uno de los títulos señeros de su carrera: un internado para chicas donde se suceden violentos crímenes. Sin embargo, para la ocasión Argento lo sitúa en una localización natural algo más etérea, que ayuda a potenciar su enrarecida atmósfera. Un pequeño pueblo de montaña de la campiña suiza, sustituye a la urbana ubicación de la academia de baile de Suspiria. También introduce un atípico elemento fantacientífico dentro de sus giallos, en torno a los insectos necrófagos que devoran los cadáveres no enterrados que acumula el asesino en serie que actúa por la zona.

Donald Pleasence y Dario Argento preparando una de las escenas de «Phenomena»

Para rizar el rizo, la protagonista del film, una joven Jennifer Connelly que contaba por entonces con catorce años, tiene la rara cualidad de comunicarse telepáticamente con los insectos. Ese don será clave para desenmascarar al psicópata de turno, con la inestimable ayuda de un entomólogo que vive cerca del internado, interpretado por el mítico Donald Pleasence, erigido aquí en una especie de mad doctor bonachón y minusválido. Ambas elecciones de casting suponen un indudable acierto para el tono que posee la cinta, y, posiblemente, no sean fruto de la casualidad. El chimpancé amaestrado que facilita las labores domésticas del experto en insectos aumenta todavía más la cota de delirio que ostenta el argumento.

Si algunos críticos apuntan que el último giallo “genuino” de Argento fue su film inmediatamente anterior[2], Tenebre (Tenebre, 1982), nos podría dar por pensar que Phenomena se arrima más a los tropos del slasher, muy en boga por la época. No en vano, Donald Pleasence había participado pocos años antes en un ejemplo de capital importancia en la corriente, La noche de Halloween (Halloween, 1978), de John Carpenter. Del mismo modo, Jennifer Connelly, pasaría por ser la frágil scream queen que encarnara Jamie Lee Curtis en la citada película del asesino Michael Myers. La profunda mirada de la actriz adolescente, su misteriosa fotogenia, muy adecuada para el género, nos recuerda (salvando las lógicas distancias) a la figura de Barbara Steele, cuya fisonomía[3] encajaba como un guante en las fantasías góticas del terror italiano de los sesenta firmadas por Mario Bava y Riccardo Freda, entre otros. El rostro de Jennifer Connelly ya era reconocible para el gran público gracias a su entonces reciente debut en pantalla en la excelente Érase una vez en América (Once Upon a Time in America, 1984), dirigida por otro gran maestro italiano, Sergio Leone. Tampoco debemos obviar su siguiente papel en la popular Dentro del laberinto (Labyrinth, Jim Henson, 1986), film que se solapó con Phenomena en los rankings de las cintas de género fantástico más alquiladas en los videoclubs de los ochenta.

Dario Argento da instrucciones a Jennifer Connelly durante el rodaje del film

Al igual que en Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975), por poner solo un ejemplo dentro de la filmografía de Argento, la banda sonora de Goblin que envuelve a Phenomena -mención especial a la magnífica composición del mismo nombre que la película[4]– es un ingrediente indisoluble de la misma; imprescindible, a nuestro modo de ver, para disfrutar la experiencia del visionado. Si bien, en este caso, los temas de rock progresivo de Goblin que se escuchaban en Rojo oscuro -similares también a los de Inferno (Inferno, 1980), firmados por Keith Emerson, músico importante en este género musical de los setenta-, dan paso a los siniestros sintetizadores que se estilaban en la música moderna ochentera. La pieza instrumental “The Wind”, juega un papel tan importante en Phenomena como ese viento al que alude su título, omnipresente en la mezcla de sonido del film, y del que se llega a contar en los diálogos que “trastorna a los habitantes del lugar”. Aparte de los mentados Goblin, encontramos una novedad de Argento para el soundtrack, las canciones rock y heavy metal que acompañan a algunas escenas, ejecutadas por grupos como Iron Maiden y Motörhead. Una estrategia, aunque bizarra y, en teoría, poco ortodoxa, que se repite en Demons (Dèmoni, Lamberto Bava, 1985), posterior logro comercial de Argento en su faceta de productor, donde podemos encontrar temas de bandas como Scorpions o Mötley Crüe.

Por desgracia, todo lo expuesto anteriormente, en relación a los aciertos en la producción de Phenomena y su estimulante condición de rara avis dentro del giallo prototípico del director, se desmorona en el desenlace; surrealista, atropellado e inverosímil, que parece forzar el protagonismo de Daria Nicolodi, esposa y musa de Argento, en detrimento de la atención absoluta otorgada hasta ese momento a Jennifer Connelly. Más interesante resulta el personaje que incorpora Fiore Argento, hija mayor del matrimonio, en la impactante secuencia de apertura, en la que su personaje es asesinado sádicamente en medio del bosque suizo -con ese viento, al que aludíamos un poco más arriba, resonando fuertemente en todo momento-, después de perder el autobús que le debía de llevar de vuelta a casa. Asia Argento, la hija menor y más conocida, todavía no gozaba de presencia en el cine de su padre. Poco después sería la actriz fetiche -y, de algún modo, “sustituta” de Daria Nicolodi dentro de la obra paterna- en películas irregulares de la última etapa del director romano, tales como Trauma (Trauma, 1993), El arte de matar (La sindrome di Stendhal, 1996)o La Terza Madre [dvd: La madre del mal, 2007]. Como curiosidad, habría que comentar también que una de las localizaciones del film, concretamente la casa ubicada en la montaña donde se desarrolla la escena inicial, volverá a aparecer en el final de otra película posterior de Argento: Opera [vd/dvd: Terror en la ópera, 1987].

Si los personajes principales de Phenomena funcionan adecuadamente dentro del reparto, no podemos decir lo mismo de los roles secundarios, como la mayoría de féminas adolescentes que acompañan a Jennifer Connelly en su forzado encierro escolar -con la excepción de la simpática Sophie, interpretada por Federica Mastroianni-. O, por ejemplo, el pequeño e insulso cameo que realiza Michele Soavi, actor bastante limitado y pupilo aventajado de Argento, futuro director de un giallo a reivindicar, Aquarius (Deliria, 1987), que insufló aire fresco y renovador dentro del, ya por entonces, agotado subgénero.

Nada de eso se debe tener muy en cuenta si se desea empatizar con los mejores momentos de Phenomena, desperdigados aquí y allá a lo largo de la narración, como siempre ocurre en las películas de Dario Argento. Preferimos quedarnos con todo lo positivo que hemos ido desgranando anteriormente, con sus secuencias más sugerentes. Como aquella en la que Jennifer Connelly camina sonámbula por las estancias de una parte en ruinas del internado, al ritmo de los sonidos electrónicos que Claudio Simonetti despliega en “Sleepwalking”, ambientando las psicodélicas imágenes con filtros de color saturado que Argento y su operador de fotografía, Romano Albani, escogen con acierto para la ecléctica gama cromática que podemos visionar a lo largo del metraje.

                                                                                                                     Francisco Arco


[1] Dario Argento es el actor protagonista de Vortex (Vortex, 2021), la última película de Gaspar Noé hasta la fecha. En otro film del director argentino, Climax (Climax, 2018), aparece en cierto momento una estantería repleta de cintas VHS, entre las que se puede distinguir claramente Suspiria (Suspiria, 1977) en un evidente homenaje.

[2] Como afirma Antonio José Navarro, en su texto de introducción al dossier El “giallo”. Terror, misterio y erotismo,de la revista Dirigido por…, en el número 412 de junio de 2011, pág. 47.

[3] El grupo alemán Boom Boom Chuck & The Psychedelic Berrys, lo resumió perfectamente en su tema “The Eyes of Barbara Steele”, como tributo a la enigmática mirada de la actriz e icono del horror gótico: https://youtu.be/H3ZHLYOVPVM

[4] La banda italiana de power metal Rhapsody of Fire, grabaría en 2009 una versión del tema principal de Phenomena compuesto por Goblin, añadiéndole letra y voz, bajo el título de Queen of the Dark Horizons”: https://youtu.be/UUFLgoDU6vc

Un comentario en “Phenomena

  1. Hola a todo/as,

    Para mi gusto, una de las pelis del ínclito y famoso Darío Argento, donde no duda en poner en la pantalla casi todas sus constantes, para uno/as innegables virtudes cinematográficas, para otro/as chorradas marca de la casa Argento.
    Considerada, al parecer, como uno de los peores filmes del autor italiano, lo cierto es que no está tan mal. De acuerdo en que a veces los árboles no dejan ver el escaso bosque existente, sobre todo por las “didácticas” enseñanzas de entomología criminal a cargo del personaje interpretado por el siempre seguro Donald Pleasence, en esta ocasión un tanto distante.
    Sin embargo, la intriga no está mal llevada, aunque se alarga más de la cuenta el metraje dado el escaso argumento. Pero no aburre, al menos a mí, y resulta pasable en cuanto a entretenimiento se refiere.
    Jennifer Connelly está muy joven (año 1985) y bellísima, con unos impresionantes ojos y en ocasiones muy expresiva (en otras no, por ejemplo tras habérselas pasado putas aparece casi casi como si no le hubiera pasado nada).
    Una cinta mediocre, de eso no cabe duda, pero representativa de lo que en los años ochenta se hacía en Europa en cuanto al cine de terror se refiere.
    Música rock de Iron Maiden, con demasiada fuerza en alguna más bien sosa escena, lo que no casa bien.

    Un cordial saludo.

    Iñaki Bilbao

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s