Lobos de Arga

Título original: Lobos de Arga

Año: 2011 (España)

Director: Juan Martínez Moreno

Productores: Tomás Cimadevilla, Emma Lustres

Guionista: Juan Martínez Moreno

Fotografía: Carlos Ferro

Música: Sergio Moure

Intérpretes: Gorka Otxoa (Tomás Mariño)Carlos Areces (Calisto), Secun de la Rosa (Mario), Manuel Manquiña (Evaristo), Mabel Rivera (Rosa Mariño), Luis Zahera (cabo de la Guardia Civil), Marcos Ruíz (Diego), Ramses (Vito), Coté Soler (Guardia Civil)…

Sinopsis: Tomás, un joven escritor con no demasiado éxito, vuelve a Arga, un pequeño pueblo de Galicia donde pasó su infancia y que al cabo de los años pretende convertirlo en hijo predilecto. Una vez allí, Tomás no tarda en reencontrarse con viejos conocidos como Calisto, un amigo de la infancia, o su tío Evaristo, quien se ha convertido en el alcalde y cura del pueblo. Mientras espera con orgullo recibir el reconocimiento, el desgraciado novelista verá que la verdadera intención de los habitantes de Arga es sacrificarlo, pues es el último vástago de los Mariño, una familia sobre la cual pesa una terrible maldición.

Si repasamos la filmografía española comprobaremos que no existe un solo título que sea netamente de hombres lobo desde la última entrega de la saga Waldemar Daninsky, que se despedía de una manera decepcionante con la nefasta Licántropo: el asesino de la luna llena (1996) de Francisco Rodríguez Gordillo. Por ese motivo, puede que los amantes del género estemos de enhorabuena. Y no sólo porque nos hallemos ante una película con un diseño de producción envidiable en la que el humor y el horror se dan de la mano con bastante buen tino, si no porque se podría decir que Lobos de Arga es el único film español que ha ambientado la licantropía en su territorio nacional con todas sus consecuencias fantásticas. Y es que si volvemos a echar la vista atrás, las únicas películas que tratan este subgénero son las ya nombradas películas de Paul Naschy – cuyo personaje Waldemar Daninsky, recordemos, tenía orígenes polacos -, y de manera muy distinta la excelente El bosque del lobo (1970) de Pedro Olea y Romasanta, la caza de la bestia (2004) de Paco Plaza, dos filmes que abordaban al lobisomem gallego de una manera más realista y alejada del fantástico, basándose en la figura de Manuel Blanco Romasanta – el único hombre condenado por licantropía en España del que se tiene constancia -, aunque habría que apuntar que el filme de Plaza se queda en tierra de nadie al mostrar de repente una extraña y breve transformación de hombre a lobo (muy potente, por cierto) que no encaja para nada con el tono usado durante el resto del film. Lejos de estos ejemplos, tan sólo podemos apuntar breves apariciones sin importancia en títulos como Un vampiro para dos (1965) de Pedro Lazaga o Buenas noches, señor monstruo (1982) de Antonio Mercero, así que podemos asegurar que al fin se ha hecho en este país una película de “hombres lobo” verdaderamente castiza.

Juan Martínez Moreno, director de la interesante Dos tipos duros (2003), toma prestado el humor gamberro de Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004) de Edgar Wright(1) para contarnos esta rocambolesca historia de licántropos que viene encabezada por un excelente y solemne prólogo narrado mediante unas impecables ilustraciones. Dicho prólogo nos adentra en la típica película de hombres lobo de aires góticos – con su gitano correspondiente y la imprescindible maldición que cae sobre la familia de turno, en esto caso la de los Mariño – para después saltar un siglo y relatarnos las desventuras de Tomás en un tono mucho más jocoso e informal. De hecho, aunque Martínez Moreno haya declarado que entre sus fuentes de inspiración se encontraba la imperecedera Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London, 1981) de John Landis -con su cuidada mezcla de humor y terror -, durante el visionado de Lobos de Arga se hace plausible que el realizador y guionista ha echado mano de la nombrada cinta de Wright, film que también le sirvió de guía a la hora de escribirlo, tal y como ha confesado. Así pues, en lo que a comedia se refiere, Lobos de Arga es algo irregular pues tiene momentos que funcionan muy bien, como por ejemplo, la escena en la que Tomás es obligado a cortarse un dedo; y otros totalmente fortuitos y cansinos, como la reincidencia que se da durante la película sobre el pasado como follaovejas de Calisto. Los disparatados personajes del film son algo estereotipados – el escritor fracasado, el editor embaucador, el amigo tonto del pueblo… – y quizás carezcan de algo de profundidad, pero los actores sacan provecho de una vis cómica en estado de gracia y Gorka Otxoa nos regala la mejor actuación de su carrera desde el Chema de Pagafantas (2009) de Borja Cobeaga. A pesar de lo dicho, algún personaje se sale de madre, como el guardia civil interpretado por Luis Zuhera, que pasa de ser un funcionario más bien simplón a un héroe que parece salido de Jungla de cristal o Rambo (aunque al menos rompe con el estereotipo de picoleto cuadriculado del que hace gala su torpe compañero, ya que, según cuenta, lee a Poe y a Lovecraft).

El apartado terrorífico del film es el que mejor funciona, pues Lobos de Arga tiene el enorme acierto de no utilizar los dichosos efectos infográficos para recrear a los hombres lobo y sus transformaciones – recurso que ha venido lastrando la mayoría de producciones de este género durante los últimos años -, aunque si que se utiliza algún morphing de manera escueta. Estamos por tanto ante una película que hace un buen uso del maquillaje y que tiene un diseño de las bestias que haría palidecer al mismísimo Rick Baker. Pero además consigue escenas de una gran tensión como las recreadas en las mazmorras – que quizás quieran evocar a las producciones daninskianas de los setenta-, aunque a veces, todo hay que decirlo, el continúo sentido del humor socarrón de la película las eche por tierra como ya apuntábamos anteriormente.

También habría que apuntar que Lobos de Arga se toma algunas licencias respecto a otras películas de hombres lobo, pues en el caso que nos ocupa no es necesario la plata para terminar con los licántropos, si no que por el contrario cualquier arma sirve para liquidarlos llegando al punto de llegar a utilizar ¡¡estacas!!. Por lo demás nos hallamos ante una historia solvente que sabe jugar con la incertidumbre que se crea entorno a los designios de la maldición, pues como comprobaremos, no resulta tan fácil terminar con ella como con los alobados del film.

Juan Pedro Rodríguez Lazo

(1)De hecho parece un tanto paradójico que el título que se le ha dado a la película en el Reino Unido sea Party of Wolves. ¿Estamos ante una venganza por el ridículo título que se le dio a la película de Wright en el mercado español?

Published in: on agosto 6, 2012 at 6:12 am  Comments (1)  
Tags: ,

La sonrisa del lobo

unnamed (1)

Título original: La sonrisa del lobo

Año: 2009 (España)

Director: Javier Perea

 Productora: Imagen D.E.A.T.H.

Documentación: Diego López

Fotografía: Rafael Martín Rubio

Música: Contraband

Intervinientes: Paul Naschy [Jacinto Molina], Juan Pablo Orduñez “El pirata” (Voz en off)…

Sinopsis: En 1968 daba comienzo la unión entre Paul Naschy y su personaje mas emblemático: Wadelmar Daninsky. Desde entonces y hasta la actualidad, Paul y Waldemar siempre han estado unidos. Cuarenta años después, y de las garras de Naschy, nos adentramos en la fantástica y misteriosa ciudad de Toledo para revivir con Paul todas aquellas oscuras y terroríficas películas y así, poder vivir con él, aventuras y desventuras en la sonrisa del lobo…

La sonrisa del lobo se arroga la particularidad de ser el primer documental existente en torno a la obra de Jacinto Molina aka Paul Naschy. La autoría de tan novedoso proyecto recae en la figura de Javier Perea, uno de los nombres propios del underground fantástico español, gracias a su labor al frente del colectivo “Imagen D.E.A.T.H.”. Activo desde la década de los noventa, a lo largo de este tiempo su carrera ha ido recorriendo todas las facetas posibles dentro del mundillo: vendedor, distribuidor, editor, organizador y, en los últimos años, productor y ocasional director de largometrajes de bajo presupuesto realizados al margen de la industria, en su mayoría confiados a jóvenes talentos procedentes del campo del cortometraje.

Dada su condición de producto independiente, La sonrisa del lobo se ve aquejada por una serie de problemas comunes a esta clase de propuestas. Quizás el principal se encuentre en la ausencia de una distribución normalizada. Desde que viera la luz, apenas sí ha sido proyectado en un par de festivales especializados como los de Sitges y Toledo (este último organizado por el propio Perea), permaneciendo desde entonces a la espera de una futurible edición comercial en formato doméstico que lo rescate del limbo. Por otra parte, su acabado formal se resiente de unos modos amateurísticos que afean, y mucho, sus resultados. Una situación que, dadas las características propias de la obra, más parece debida a la falta de pericia de su equipo técnico que a cualquier otro tipo de condicionante. Muestra de ello son los múltiples ruidos e interferencias que asolan su sonido en directo, un montaje de lo más abrupto o la acusada carencia de insertos procedentes de los films aludidos, dando la sensación de que las escasas imágenes que finalmente comparecen responden a los títulos que sus responsables tenían más a mano.

No obstante, todos estos defectos no invalidan el innegable valor como documento testimonial que atesora La sonrisa del lobo, al ser Paul en primera persona quien ejerza de guía por este recorrido a través de su filmografía licantrópica. Bajo su habitual inmodestia y con la ciudad de Toledo como telón de fondo, Paul desgrana por medio de vivencias, anécdotas y recuerdos los quince títulos en los que se puso bajo la piel del hombre lobo; desde la inaugural La marca del hombre lobo (1968) hasta la pintoresca Um lobisomen na Amazônia (2005), reinterpretación en clave musical del clásico de H. G. Wells La isla del Dr. Moreau, pasando por la decisiva La noche de Walpurgis y sin olvidar sus interpretaciones del personaje lejos del icónico Waldemar Daninsky para las comedias Buenas noches, señor monstruo y Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!).

Como cabría de esperar, los testimonios de Naschy coinciden con lo recogido en sus Memorias de un hombre lobo, tanto en la forma como en el fondo. No faltan pues los momentos en los que el madrileño aprovecha la coyuntura para arremeter contra antiguos compañeros y/o colaboradores, rememorando afrentas pasadas. En este sentido son especialmente significativas sus explicaciones acerca del carácter stajanovista del que fuera el director de algunas de sus películas más reconocidas, León Klimovsky, por cuanto tienen de (involuntario) reflejo del clima de incertidumbre con el que los artesanos de la época debían de desarrollar su oficio. En todo caso, lo más interesante del conjunto reside en la detallada reconstrucción que Naschy hace de las vicisitudes que rodearon la producción de dos de sus títulos malditos: la invisible Las noches del hombre lobo y Los monstruos del terror.

Lamentablemente, lo ajustado del metraje propicia que en otras muchas ocasiones la información suministrada sobre algún título en concreto no pase de lo anecdótico. Y es que, según está planteado, sus apenas cuarenta y cinco minutos se antojan del todo insuficientes para albergar de un modo satisfactorio semejante repaso por las muchas encarnaciones cinematográficas de nuestro hombre lobo patrio. En este sentido, todo el alcance de La sonrisa del lobo queda reducido al de mera curiosidad de cara a completistas y seguidores de la obra naschyana o, en su defecto, al de publirreportaje turístico de la que un día fuera capital del Imperio; consideración que, a juzgar por lo visto, no parece muy alejada de las pretensiones subyacentes con las que fue concebido.

Pedro Príncipe

Published in: on septiembre 2, 2011 at 5:14 am  Dejar un comentario  
Tags: ,

Buenas noches, señor monstruo

Título original: Buenas noches, señor monstruo

Año: 1982 (España)

Director: Antonio Mercero

Productor: José Frade

Guionistas: Antonio Mercero, José Ángel Rodero

Fotografía: Manuel Rojas

Música: Manuel Cubedo, Félix Lapardi

Intérpretes: Jaime Benet (Jaime), Astrid Fenollar (Astrid), Eva Mariol (Eva), Eduard Navarrete (Eduardo), Fernando Bilbao (El monstruo), Luis Escobar (Conde Drácula), Andrés Mejuto (Doctor Frankenstein), Guillermo Montesinos (Quasimodo), Paul Naschy [Jacinto Molina] (H.L.), Miguel Ángel Valero (el hijo de Drácula), Lorenzo Ramírez (Guía del museo), Rosa Redondo (Señorita Sara), Nina Ferrer (Señorita)…

Sinopsis: Tras perderse en una excursión del colegio, cuatro muchachos buscan refugio en un castillo en el que habitan Drácula, el hombre lobo, Quasimodo, el doctor Frankenstein y su criatura. La visita de los jóvenes hará que los viejos monstruos traten de reverdecer viejos laureles tratándoles de asustar. Pero sus planes no saldrán según lo planeado, recibiendo un escarmiento por parte de los muchachos.

Durante la primera mitad de los años ochenta la música infantil española vivió su particular edad de oro. Teresa Rabal, Enrique y Ana y el grupo Parchís serían la punta de lanza de un movimiento que llegaría a copar las listas de venta de España y buena parte de Latinoamérica, originando a su alrededor  todo un fenómeno sociológico. Como no podía ser de otro modo, semejante popularidad trajo consigo el que muchos de estos artistas desembarcaran en la gran pantalla en una jugada comercial que, en la mayoría de los casos, obedecía antes a cuestiones de mercado que a una verdadera demanda por parte del público, siendo empleadas estas películas como una especie de altavoz para dar a conocer los lanzamientos discográficos de los respectivos artistas. Sea como fuere, lo cierto es que en aquel lustro se produciría un goteo constante de este tipo de productos que, junto a otros esfuerzos aislados como, por ejemplo, la horrenda adaptación que de los personajes creados por Escobar “Zipi y Zape” perpetrara el erotómano Enrique Guevara, contribuirían a que el cine infantil cobrara un pequeño auge dentro de nuestra industria.

En este contexto, el siempre atento José Frade decidió en 1982 sumarse a la moda del momento produciendo un film de estas características a mayor gloria de Regaliz, formación diseñada a imagen y semejanza de Parchís por idéntica compañía discográfica, y que el año anterior había protagonizado su primera incursión en el medio con La rebelión de los pájaros. Para llevar a cabo este proyecto, el productor madrileño escogería a Antonio Mercero, director con el que pocos años antes había conseguido un gran éxito gracias a otra película con críos, aunque de muy diferente tono: La guerra de papá (1977), adaptación al medio de la novela de Miguel Delibes El príncipe destronado (1973). Pero además de su demostrada buena mano en la siempre difícil tarea de la dirección de niños, en la elección del guipuzcoano también tendría mucho que ver el buen momento en el que se hallaba su carrera tras haber realizado Verano azul (1981), sin lugar a dudas uno de los iconos más importantes de la televisión en España. Así parece corroborarlo la futura presencia en el reparto de Miguel Ángel Valero, el célebre Piraña de la teleserie tal y como el cartel original de la película se encargaría de resaltar.

Perfilados pues los principales nombres sobre los que debía recaer el peso de la cinta, se decidió que esta se inscribiera dentro de los parámetros de la parodia terrorífica. No en vano, por aquellas mismas fechas Frade había logrado unos estimables resultados  económicos con una serie de cintas en los que los ambientes terroríficos se mixturaban con la típica comedia de destape tan cara a la época, por lo que entraba dentro de lo lógico que el avispado productor tratara de seguir exprimiendo el filón descubierto. Sin embargo, este modelo presentaba el inconveniente de no resultar muy adecuado para un film destinado a los más pequeños de la casa. Por tal motivo, en lugar de Polvos mágicos y su caterva de derivaciones, el principal espejo en el que se miraría Buenas noches, señor monstruo sería el de la más neutra, añeja e influyente Abbott y Costello contra los fantasmas (Abbott and Costello Meet Frankenstein, 1948).

Tanto es así que no solo compartiría con la película del dúo humorístico norteamericano su pretensión de utilizar a los monstruos clásicos de la Universal como mera chirigota al servicio de sus “estrellas” protagonistas. Al igual que en ella, para dar vida a algunos de los terroríficos seres reunidos en su metraje serían contratados varios actores autóctonos estrechamente ligados con el género fantástico. De este modo, Paul Naschy[1] se encargaría de interpretar por enésima vez a lo largo de su trayectoria el papel de licántropo, en tanto que Fernando Bilbao haría lo propio con el de la criatura, retomando así el personaje que desempeñara una década antes en el desquiciado díptico de Jesús Franco formado por Drácula contra Frankenstein (1972) y La maldición de Frankenstein (1974). Junto a Naschy y Bilbao la galería de monstruos sería completada con el concurso de Andrés Mejuto en el rol del doctor, un joven Guillermo Montesinos en el de Quasimodo, y el siempre entrañable Luis Escobar como el conde Drácula, actor al que es dedicado un pequeño guiño mediante la mención de su irrepetible rol en la coetánea trilogía Nacional de Luis García Berlanga.

A tenor de lo hasta ahora expuesto huelga recalcar, una vez más, la naturaleza de producto coyuntural con la que fue concebida Buenas noches, señor monstruo. Algo que, por otra parte, queda suficientemente claro desde el propio arranque de la cinta, con la llegada de los integrantes de Regaliz a un lúgubre y remoto castillo habitado por la lista de monstruos enumerada más arriba, con la disculpa de pedir asilo para pasar la noche después de haberse perdido en una excursión colegial en el campo. Ni que decir tiene que tan tópico y escueto punto de partida, así como su consiguiente desarrollo, no es sino un subterfugio como otro cualquiera sobre el que dar cabida a una interminable sucesión de números musicales y gags humorísticos, pensados única y exclusivamente para el lucimiento de sus jóvenes cantores.

Un contenido que, no por esperado, sorprende por la simpleza y esquematismo con la que es ejecutado por un director del renombre de Mercero, sin historia, ni personajes ni nada que se le parezca. En este sentido, resulta especialmente significativo el que apenas se mencione el nombre de los personajes interpretados por los miembros de Regaliz, como si la personalidad de estos fuera un solo ente o, en su defecto, intercambiable entre los cuatro integrantes de la formación. Puestos a buscarle valores, el único elemento capaz de ofrecer un mínimo de interés dentro de tan desvaído conjunto está en las relecturas que se pueden extraer del acoso al que Drácula, el hombre lobo y Quasimodo someten a las dos preadolescentes féminas; los unos acechándolas en su dormitorio y el otro persiguiéndolas en calzoncillos. Máxime, habida cuenta de las connotaciones sexuales que anidan en el ADN de estos tres mitos, si bien sea bastante evidente que tal pretensión estaba lejos de la voluntad del responsable de Farmacia de guardia (1991-1995).

Pero a pesar de que su entidad como obra cinematográfica sea más bien discreta, por no decir nula, lo que nadie puede discutir a Buenas noches, señor monstruo es el de ser un producto honrado y consecuente con sus objetivos. Su ansiado triunfo comercial quedaría refrendado por los más de trescientos mil espectadores que pasaron por taquilla en el momento de su estreno, dejando la nada despreciable cantidad de cincuenta y cinco millones de pesetas de la época, según los datos recogidos en la web del Ministerio de Cultura. Por si fuera poco, el transcurrir de los años acabaría por convertirle en el film señero de su aludida corriente genérica, logrando incluso un estatus de culto entre ciertos grupos de nostálgicos crecidos ante sus imágenes, quien sabe si como recuerdo de la inocencia perdida.

Nada que objetar a todo ello si no fuera por el discurso que subyace bajo su trama. Y es que tras su pretendida fachada de cariñoso homenaje a los monstruos de siempre se esconde una poco disimulada burla dirigida hacia estos. Desde el tema musical que da nombre a la película y abre su metraje, hasta su mismísimo desenlace, en el que los monstruos quedan relegados a mera atracción del Museo de Cera, todo el relato se articula echando mano de la misma idea: la supuesta decrepitud y desgaste en la que para aquel entonces se encontraban los más importante mitos del género terrorífico, incapaces siquiera ya de asustar a un grupo de colegiales. Una opinión que no podía estar más equivocada como el tiempo se encargaría de demostrar. Mientras que el grupo Regaliz acabaría por disolverse apenas un año después de la realización de la película, Drácula, Frankenstein, el hombre lobo y compañía continuarían siendo empleados para atemorizar a las nuevas generaciones de jóvenes y pequeños hasta llegar a nuestros días.

José Luis Salvador Estébenez


[1] Es de destacar que las fuentes cercanas a Naschy siempre han mantenido que el proyecto original de Buenas noches, señor monstruo era hacer una película de terror puro y duro, pero que las circunstancias provocarían que acabara convirtiéndose en lo que hoy conocemos. Así lo expresa Ángel Agudo en Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina (Editorial Scifiworld, 2009) y así lo mantienen Adolfo Camilo y Luis Vigil en la filmografía comentada que acompaña a las Memorias de un hombre lobo del propio Naschy (Alberto Santos Editor, 1997), yendo incluso un poco más allá. Según los dos estudiosos, en el guion  original era un grupo de turistas las que iban a parar al castillo de tan siniestros inquilinos.

Published in: on abril 29, 2011 at 5:41 am  Comments (9)  
Tags:

Crónica del 45 Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya-Sitges

sitges2012poster-HR

Renovación. Desde el mismo momento en que fue desvelada la programación oficial de la cuadragésimo quinta edición del Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya-Sitges, parecía evidente que la apuesta del prestigioso certamen catalán para este año pasaba por la nueva hornada de realizadores emergentes. Si bien entre el elenco reunido no faltaba la presencia de nombres ya consagrados, como puede ser el caso de Dario Argento, Kim Ki-Duk o Alain Resnais, por poner solo tres ejemplos de cineastas de un perfil bien distinto, lo cierto es que un buen número de los títulos que mayor interés congregaban de entre la amplia selección efectuada por el equipo dirigido por Ángel Sala correspondían a nuevos valores que, en no pocos de los casos, afrontaban su reválida tras lo ofrecido por sus trabajos previos. Finalmente, este relevo generacional terminaría por plasmarse de forma muy gráfica en el cuadro final de ganadores. No en vano, dos de los films más premiados serían, significativamente, las películas presentadas por Jennifer Lynch y Brandon Cronenberg, o lo que es lo mismo, los respectivos hijos de David Lynch y David Cronenberg, este último también presente con su más reciente propuesta, Cosmópolis, verborreica y un tanto plomiza adaptación de una novela homónima de Don DeLillo.

Jennifer Lynch presentando "Chained" en el Auditori.

Jennifer Lynch presentando “Chained” en el Auditori.

Tras llevarse el máximo galardón del Festival hace ahora cuatro años con la muy discutida Surveillance, el nuevo trabajo de Jennifer Lynch, Chained, se alzaría con el premio especial del jurado así como el destinado a la mejor interpretación masculina, por la labor de Vincent D’Onofrio en su encarnación del traumatizado psycho-killer titular de esta historia de encierro y oscuros secretos familiares largamente escondidos, con la que la cineasta de Filadelfia vuelve a hacer gala de su querencia por los efectismos narrativos en forma de giros de guion de última hora poco o nada justificados, aunque, al menos, sin llegar a los niveles de tomadura de pelo en los que caía su anterior propuesta. Por su parte, Antiviral, el impersonal sucedáneo del cine de su reputado padre que ha supuesto el debut como realizador de Brandon Cronenberg, acaparía los premios del jurado Carne Jove, además del “Citizen Kane” al mejor director novel; unos reconocimientos que, a buen seguro, no habría disfrutado de ser otro el apellido de su responsable.

SightseersTrailer_6592200

Al mismo nivel de los comentados films se situaría Sightseers, hilarante comedia en formato de road movie con la que el inglés Ben Wheatley regresa a la senda del humor negro en el que se inscribiera su ópera prima, Down Terrace, también recuperada dentro de la sección “Seven Chances”. Construida sobre el absurdo de las situaciones planteadas durante las vacaciones de una pareja de novios formada por un par de treintañeros disfuncionales que acabarán encontrando en el asesinato el modo de llenar el vacío de sus vidas, y apoyada en la indudable química existente entre su dúo protagonista, la película del director de Kill List sería premiada con el galardón a la mejor interpretación femenina en la persona de Alice Lowe, ganadora también del mejor guion, en compañía de Amy Jump y Steve Oram. Con todo, la gran  triunfadora de este año vendría de la mano de un viejo rockero con Holly Motors, la surrealista reentré del francés Leos Carax después de algo más de una década alejado del formato largo, en la que destaca tanto su estilizada puesta en escena como el tour de force interpretativo realizado por su camaleónico protagonista, Denis Lavant. Acreedora de hasta cuatro galardones distintos, suyos serían los destinados a la mejor película fantástica a competición, a la mejor dirección, el “José Luis Guarner” de la crítica y el Méliès d’Argent.

Al margen de estos títulos, el resto de palmarés de esta cuadragésimo quinta edición estuvo muy repartido. En los apartados técnicos, la cinta asiática de acción The Viral Factor fue la ganadora del premio a los mejores efectos especiales, mientras que el operador tailandés Chankit Chamnivikaipong era recompensado por la fotografía de Headshot. El gran premio del público, otorgado por los votos de los espectadores, coronó como mejor película a Robot & Frank de Jake Schreir, una comedia de ciencia ficción que tiene una de sus mayores bazas en el protagonismo de un inmenso Frank Langella. Por su parte, el onirismo giallesco le valdría a la cinta británica dirigida por  Peter Strickland Berberian Sound Studio una mención especial por parte del jurado de la crítica. Otro jurado, en este caso el de la sección “Noves Visions”, compuesto por Julian Richards, Jaume Ripoll y Carlos Vermut, repartiría sus dos máximas distinciones destinadas al formato largo a Rebelle de Kim Nguyen, y, dentro del apartado “No-Ficción”, a Me @ the Zoo de Chris Mourkabel y Valerie Vetch, documental que aquellos que lo vieron alabaron por su capacidad de reflexión sobre el fenómeno viral de Internet, partiendo de una premisa un tanto bizarra: efectuar una biografía de un fan de Britney Spears que tuvo su minuto de gloria tras colgar en la red un video en defensa de su cantante preferida.

Wolf Children - Imagen 07

El ganador de Casa Asia, la sección consagrada al cine oriental, consideró el más destacado de sus participantes a Chan Dragon (Wu Xia) de Peter Ho-sun, recayendo el premio a la mejor película de animación a la nipona Okami kodomo no ame tu yunki (Wolf Children), enternecedora fábula acerca de las relaciones paterno-filiales con un acabado formal envidiable, en la que el gran Mamoru Hosoda retoma algunos de los aspectos que ya empleara en su justamente celebrada Summer Wars. Por último, dos producciones procedentes de las Islas Británicas coparían los últimos galardones en liza. La efectiva cinta inglesa Tower Block y su parábola acerca del terrorismo actual se llevó el Méliès d’Argent perteneciente a la Sección Oficial Fantàstic Panorama a Competición, yendo a parar el de la mejor película vista en la sección Midnight X-Treme a Stitches, comedia de terror sobre un payaso revivido realizada por Conor McMahon, director al que algunos recordarán por su anterior Dead Meat [dvd: Carne muerta], film de zombis irlandeses visto en este mismo marco hace ya algunos años.

Los homenajeados

Sitges 2212

Como viene siendo costumbre, aparte de los diferentes galardones destinados a los films en competición, el Festival entregó una serie de premios honoríficos a distintas personalidades del ámbito cinematográfico relacionadas en mayor o menor medida con el género fantástico, como reconocimiento a su carrera. Así, el Gran Premio del 2012 ha servido para rendir tributo a Neil Jordan, responsable de ejemplares tan emblemáticos del fantástico de finales del siglo pasado como En compañía de lobos y Entrevista con el vampiro, films con los que el irlandés reformularía de un modo decisivo la imagen clásica que hasta ese momento el cine había venido dando de la licantropía y el vampirismo, respectivamente.

Enrique Cerezo y Dee Wallace serían los agasajados con las Marías honoríficas de esta edición. El primero la recibiría de manos de Dario Argento durante la presentación de su proyecto común Drácula 3D, desangelada versión de la novela de Bram Stoker de la que además de productor el presidente del Atlético de Madrid ha sido también guionista (o al menos así aparece acreditado). La concesión de la estatuilla a la actriz norteamericana también se produciría aprovechando su estancia en la localidad catalana para presentar un nuevo trabajo, The Lords of Salem, del que ya hablaremos detenidamente más adelante. No obstante, el acto de entrega se produciría con motivo de la sesión “Phenomena” de este año, protagonizada por la proyección de la versión restaurada del montaje original de E.T. el extraterrestre, clásico en el que se inserta el que quizás sea el papel más recordado de Wallace: el de la madre de Elliot.

Teresa_Gimpera

Al igual que viene sucediendo desde que fuera instaurado hace tres años, el premio Nosferatu que entrega la sección alternativa de Sitges, Brigadoon, fue para una vieja gloria del cine fantástico más militante. Además de para reivindicar la labor de la personalidad escogida –cabe recordar que los homenajeados precedentes habían sido Jack Taylor y Luigi Cozzi, es decir, dos auténticos “currantes” de la industria-, en esta ocasión su entrega serviría para saldar la enorme cuenta pendiente que la historia del cine fantástico patrio mantenía con quien fuera una de sus intérpretes más recurrentes, Teresa Gimpera, protagonista de ejemplos tan dispares de nuestro fantaterror como Fata Morgana, La casa de las muertas vivientes, La tumba de la isla maldita o Último deseo, algunos de los cuales pudieron verse dentro de las proyecciones destinadas a rememorar la trayectoria de la catalana.

Siguiendo con la tónica, Brigadoon también se ocuparía de homenajear con sendos ciclos a otros dos nombres propios del cine fantástico español recientemente fallecidos. Sería el caso de Miguel Iglesias Bonns, cineasta más conocido por su faceta dentro del cine policiaco barcelonés y que, entre los márgenes del fantástico, legaría el único film de la saga Waldemar Daninsky con final feliz, del que pudo verse su insólito díptico parapsicológico compuesto por Presagio y la singular Desnuda inquietud, película tan desconocida e irregular como estimable en su conjunto, que guarda la particularidad de ser la despedida del género de la mítica Profilmes. Las otras proyecciones retrospectivas fueron en recuerdo del asturiano Frank Braña, eterno secundario de la época dorada de las coproducciones, en cuyo honor se pasaron Santo contra el doctor Muerte y El secreto de la momia egipcia, esta última también con la presencia de la Gimpera en su reparto.

Don Coscarelli durante la introducción al pase matutino de "Phantasma".

Don Coscarelli durante la introducción al pase matutino de “Phantasma”.

Sin embargo, Teresa Gimpera no fue la única dama del fantástico que fue objeto de homenaje durante esta edición del Festival de Sitges. La británica Barbara Steele, auténtico icono del cine gótico italiano merced a su participación en films tan imperecederos como La máscara del demonio, El horrible secreto del doctor Hichcock o Danza macabra, fue agasajada con la “màquina del temps”, premio que también le sería entregado a otras dos leyendas del género, aunque en este caso del cine de terror ochentero de bajo presupuesto. Por un lado, Don Coscarelli, creador de la saga Phantasma, quien presentó su último trabajo tras algo más de una década en el dique seco, John Dies at the End, bizarra, lisérgica y, en última instancia, personalísima comedia de ciencia ficción metagenérica que, a pesar de acabar desinflándose durante su  desarrollo, se ganó el favor de buena parte del respetable. El otro sería William Lustig, jurado de la sección oficial y productor ejecutivo de uno de los mejores films que pudieron verse este año: Maniac, sobresaliente remake del clásico homónimo de 1980, singularizado por la elección formal de estar narrado bajo el subjetivo punto de vista de su maníaco asesino, pero cuyo verdadero hallazgo se encuentra en la potenciación de las implicaciones psicológicas de los actos de su protagonista que lleva a cabo el concienzudo guion co-escrito por Alexandre Aja. Precisamente, el encargado de dar vida al desquiciado matarife, un brillante Elijah Wood en la nada fácil tarea de llevar todo el peso dramático de la película apoyándose, básicamente, en su voz, también disfrutaría de su propia  “màquina del temps”.

Las películas

Efectuado ya el pertinente repaso a la lista de premiados, toca hacer lo propio con algunos de los más destacados ejemplares de entre los doscientos títulos largos que pudieron verse en los once días de proyecciones que compusieron este Festival de Sitges 2012. Y qué mejor que hacerlo con nuestro incombustible Jesús Franco, presente en la programación por partida triple. De este modo, la sección “Brigadoon” proyectó la nueva versión remontada y resonorizada de la hasta ahora conocida como La cripta de las mujeres malditas, película que en su formato original solo pudo ser vista dentro de la retrospectiva que la Cinematheque francesa dedicó al realizador madrileño. Dividido en dos partes bajo el título global de La cripta de las condenadas, se trata de un producto solo apto para los incondicionales de la filmografía del enfant terrible de nuestro cine, consistente en una sucesión de escenas de carácter lésbico unidas por un mínimo hilazón argumental. Aún más anárquica narrativamente hablando es su última obra hasta la fecha, Al Pereira vs. the Alligator Ladies, suerte de reconstrucción metaficcional en la que el madrileño vuelve a dar rienda suelta a sus tradicionales obsesiones. Comparado por la crítica especializada como un cruce de caminos entre El fantasma de la libertad de Luis Buñuel y Mullhond Drive de David Lynch, el título en cuestión ha supuesto el reencuentro de Jesús con dos viejos conocidos de su cine: el investigador privado Al Pereira, y el que durante años fuera su intérprete fetiche, el valenciano Antonio Mayans.

Hablando de encuentros, Nameless Gangster reunió al protagonista de The Yellow Sea, Hi Jung-Woo, con el genial Choi-Min Sik. En ella, el actor de títulos tan celebrados en anteriores ediciones como Oldboy, Simpathy for Lady Vengeance o I Saw the Devil, vuelve a hacer gala de sus dotes interpretativas con el papel de un corrupto funcionario de aduanas que, gracias a su labia, acabará convirtiéndose en uno de los capos mafiosos más importantes del país, dentro de un recorrido vital que tiene como telón de fondo la lucha contra el crimen organizado que llevó a cabo el gobierno de Corea del Sur los meses previos a la celebración de los Juegos Olímpicos de Seúl. También ambientada en el mundo de la mafia y procedente del continente asiático se pasó Outrage Beyond, la nueva película de Takeshi Kitano, en  la que el director de Dolls retoma la historia iniciada en su anterior Outrage, ofreciendo evidentes  síntomas de agotamiento, al limitarse a repetir la misma fórmula empleada en su predecesora.

the lords of salem

El que también puso en evidencia sus muchas debilidades fue Rob Zombie con la ya referida The Lords of Salem, recibida en medio de una gran expectación tras los sucesivos batacazos cosechados por sus dos reformulaciones de la franquicia Halloween, y saludada como su más personal propuesta por parte de sus incondicionales. No será por la originalidad que desprende su argumento, una suerte de remedo bastante evidente de La semilla del diablo que desaprovecha sus pocas ideas interesantes –la canción que despierta a los “quintacolumnistas” dormidos-, a favor de la aparición de personajes y situaciones totalmente prescindibles, acompañadas de las ya características citas cinéfilas. Vista en su conjunto, da la sensación de que toda la película está concebida, única y exclusivamente, en función de un anticlimático desenlace en el que Zombie de rienda suelta a su particular sentido visual, lo que unido a la utilización del tema de la Velvet Underground “All Tomorrow’s Parties”, hace que el último tramo acabe por asemejarse peligrosamente a un viejo videoclip de su grupo musical, quizás por aquello de que el título del film esté tomado de una de sus canciones. Con todo, The Lords of Salem no tardaría en convertirse en uno de los hechos más comentados de la presente edición, dividiendo a los espectadores entre aquellos que la ensalzaban, aún a costa de sus muchas y evidentes carencias, o los que la defenestraban sin mayores contemplaciones.

the_tall_man_ext_zps1ac1f0bf

Mucho más desapercibida pasó en cambio The Tall Man, la nueva película de Pascal Laugier cuatro años después de sorprender a propios y extraños con la polémica Martyrs. Quizás sus formas de producción hollywoodiense despistaron a más de uno, que no supo ver en ella la lógica continuación que supone con respecto a lo expuesto en su anterior trabajo por su director. A grandes rasgos, The Tall Man repite el esquema argumental de su predecesora, giros de guion incluidos, formulando un discurso en unos términos muy similares, donde la ambigüedad moral vestida de demagogia vuelve a ser la gran protagonista, obligando a los espectadores a reaccionar y tomar partido en el debate suscitado. La diferencia estriba en que, paradójicamente, su envoltorio de producto mainstream, al que a buen seguro habrá contribuido la activa participación de la actriz Jessica Biel, a la sazón productora y protagonista, contribuyen a que su contenido despierte mayor incomodidad, a pesar de carecer de la truculencia de Martyrs.

1351756126_592174_1351756291_noticia_normal

Otro que presentó su reválida tras el rotundo éxito cosechado por su ópera prima fue José Antonio Bayona con Lo imposible, proyectada dentro de una de las sesiones programadas fuera de concurso que, entre otras cosas, permitió visionar Frankenweenie, la nueva incursión en el cine de animación de un cada vez más desorientado y auto-caricaturizado Tim Burton. Y lo cierto es que con su segunda película Bayona no hace sino reafirmar su capacidad para conectar con los gustos del gran público; un innato sentido de la comercialidad –en el buen sentido del término-, que en esta ocasión se traduce en unos resultados netamente superiores a los de su sobredimensionado debut, El orfanato. Tomando como base un guion más propio de un telefilm, inspirado en hechos reales, el barcelonés construye una obra emotiva y emocionante. Mucho se ha hablado de la espectacularidad en la que se visualiza cómo el tsunami va destruyendo todo lo que se encuentra a su paso, del deslumbrante aspecto visual que luce el conjunto, o de las actuaciones de su reparto, en especial del joven y desconocido Tom Holland, quien a pesar de su inexperiencia logra salir airoso de la difícil tarea de asumir en solitario gran parte del peso dramático de la película. Sin embargo, el gran valor que atesora Lo imposible reside en el modo en que su director consigue apelar a los sentimientos del espectados, valiéndose de elementos sobadísimos y giros de guion de lo más predecibles. Pese a ello, es tal la contundencia con la que están ejecutados que se hace imposible hasta para el espectador más experimentado escapar de su impacto.

Nicolás López y Eli Roth durante la presentación de "Aftershock" en el Cine Prado.

Nicolás López y Eli Roth durante la presentación de “Aftershock” en el Cine Prado.

Al mismo tiempo que el Auditori acogía el pase nocturno de Lo imposible, el Cine Prado hacía lo propio con Aftershock, definida durante la presentación previa por su director, el chileno Nicolás López, como la hermana pobre del film de Bayona. Y no le faltaba razón. Mientras que aquella toma como telón de fondo el tsunami que azotara las costas del Índico en las navidades del 2004, Aftershock se desarrolla durante el terremoto que sacudiera buena parte del país sudamericano el pasado 2010, girando el argumento de ambas cintas en torno a las peripecias sufridas por su grupo protagonista para escapar de los devastadores efectos de la catástrofe. Empero, aquí empiezan y acaban las similitudes entre una y otra, ya que si Lo imposible centra su discurso en mostrar el modo en el que la humanidad aflora en esta serie de situaciones extremas, el film que nos ocupa se dedica a reflejar todo lo contrario. Coescrita, producida y protagonizada por Eli Roth, la cinta repite el esquema de la saga Hostel, de la que toma tanto su ascendencia gore como su planteamiento de base: los peligros sufridos por un turista yanqui de vacaciones en tierra extraña. Semejante premisa es utilizada por López para denunciar las enormes desigualdades de su patria, al hacer que los dos compañeros de correrías de Gringo, el personaje de Roth, sean dos niños de papá chilenos. Una intención que tiene su mejor reflejo en la secuencia en la que, una vez ocurrida la tragedia, los protagonistas se dirijan a un teleférico con el objeto de evacuar a uno de sus integrantes heridos, encontrándose con la negativa del responsable a su pretensión de acceder a la cabina sin esperar su turno. Ni la fuerte cantidad de dinero prometida hará cambiar en primera instancia de opinión al hombre, que se vengará así de las humillaciones recibidas por los mismos jóvenes que le habían ocasionado pocas horas antes, cuando acudieran a las mismas instalaciones a divertirse alardeando de su alto nivel social.

juego-de-ninos

También de Latinoamérica llegó Juego de niños, el remake mexicano de ¿Quién puede matar a un niño? A pesar de que en sus genéricos no se haga mención alguna a la fuente original adaptada, y de que en estos mismos su director, el misterioso Makinov, tenga la desfachatez de colocar su nombre junto al título, como si de una creación propia se tratara, lo cierto es que esta nueva versión resultó ser un calco, punto por punto, de la magistral película de Chicho Ibáñez Serrador. Tal es la extrema fidelidad con la que es reproducida que, además de planos y movimientos de cámara concretos, sus protagonistas visten de un modo similar a como lo hacían en aquella e, incluso, los actores escogidos para darles vida, entre los que se encuentra la norteamericana Vinessa Shaw, protagonista de la excepcional Las colinas tienen ojos versión Aja, guardan cierto parecido físico con sus émulos. En este contexto, la principal novedad la aporta el mayor nivel de truculencia exhibida y un cambio de ambientación acorde a la nacionalidad de la cinta. Unos cambios que, por sí solos, hablan bien a las claras de la inutilidad del invento.

Pese a todo, la revisión de este clásico de nuestro cine fantástico nos da pie para repasar lo que dio de sí la participación española en esta edición, dentro de su vertiente más mediática. Un año más, y ya van tres, una representante patria fue la encargada de abrir el festival. Si en años anteriores tal labor recayó en Los ojos de Julia de Guillem Morales y Eva de Kike Maillo, esta vez le tocó el turno a la ópera prima del coguionista de la primera, Oriol Paulo, que con El cuerpo firma un thriller psicológico que va perdiendo toda su verosimilitud a medida que su metraje avanza, sus giros de guion se acumulan y sus trampas argumentales se hacen más evidentes. En realidad, el título en cuestión puede resumirse como un nuevo intento encaminado a preservar la prefabricada imagen de reina del género en España de Belén Rueda, dentro de un reparto que también contempla la presencia del televisivo Hugo Silva y que es encabezado por un José Coronado interpretando el papel de un policía en el que se deja sentir, a diferentes niveles, la influencia del Santos Trinidad que diera vida en No habrá paz para los malvados.

insensibles 2012 24

Casualidad o no, las dos participantes españolas en la Sección Oficial a Competición compartirían una serie de puntos en común. Insensibles, obra del debutante Juan Carlos Medina, propuso una mezcla de melodrama y memoria histórica desarrollada en dos épocas temporales, a la que le resta un guion coescrito junto al prolífico Luiso Berdejo, plagado de situaciones forzadas y detalles un tanto ridículos, en especial durante su desenlace. A su favor cuenta con una factura formal envidiable, así como la icónica presencia de Berkano, personaje que funciona como metafísica metáfora de las heridas aún abiertas en el último siglo de la historia de España. Uno de estos episodios y su actor protagonista, Alex Brendemühl, repetirían en El bosc, película también hermanada por su utilización del catalán como lengua predominante en su versión original. Pero no son estas las únicas conexiones existentes entre ambas, ya que, como ocurre en la ópera prima de Medina, el film de Óscar Aibar utiliza el componente fantástico para realizar una parábola sobre el contexto en el que se ambienta su historia, en su caso la Guerra Civil. Entre sus aciertos cabe resaltar el modo en que evita caer en el maniqueísmo con el que tradicionalmente se ha reflejado el conflicto en la gran pantalla, si bien este elemento por sí solo no sirve para elevar el nivel de un trabajo que no llega a colmar las expectativas, a causa de un rutinario desarrollo de tono costumbrista que nada aporta a la nutrida filmografía sobre el tema. De este modo, su mayor aliciente se encuentra en ser, paradójicamente, el debut oficial de su director en un género, el fantástico, con el que había venido coqueteando a lo largo de toda su carrera.

Sitges también brindó la oportunidad de poder ver, al fin, O apóstolo, la que ha supuesto la primera producción de animación stop-motion estereoscópica realizada en Europa. Técnicamente apabullante, sus mayores defectos se encuentran en un argumento demasiado simplista, a pesar de que los ingredientes que maneja guarden un indudable atractivo individualmente, lo que indica que había mimbres para haber construido una trama mucho más consistente. Los resultados de O apóstolo quedan así un poco en tierra de nadie, debido a su nada velado intento por abarcar el mayor espectro de espectadores posibles, pretensión que tiene su mejor reflejo en la canción a lo Pesadilla antes de Navidad empleada para explicar el origen de la maldición que asola al pueblo en el que se localiza la historia. Con todo, hay que aplaudir el arrojo mostrado por sus responsables, tanto por su valentía para plantear semejante proyecto dentro de nuestra raquítica industria cinematográfica, como por su determinación y empeño para llevarlo a buen puerto, superando las muchas e importantes dificultades que les han ido surgiendo a lo largo del camino, y que han retrasado la producción varios años con respecto a su fecha de estreno prevista. Solamente este esfuerzo la hace digna de consideración, si no fuera porque, además, y aún con los inconvenientes señalados, diste mucho de ser una mala película. Más al contrario.

Dario Argento con Ángel Sala a su derecha impartiendo su "Master Class".

Dario Argento con Ángel Sala a su derecha impartiendo su “Master Class”.

Si bien de mayoría italiana, este apartado se completa con Drácula 3D, cinta ya comentada de pasada a propósito del premio entregado a Enrique Cerezo. Respetuosa en líneas generales con el canon cinematográfico, la versión de Dario Argento del clásico de Bram Stoker se caracteriza por su atropellada narración y estética televisiva, rasgo en verdad sorprendente cuando se supone una producción de cierta envergadura, en tanto que su principal reclamo publicitario, su utilización del formato tridimensional, se muestra totalmente inoperante debido al hoy por hoy inexistente poderío visual que antaño fuera una de las cualidades más apreciadas de su director. Aunque, por fortuna, no llega alcanzar los niveles de ridiculez involuntarias de sus trabajos previos –a punto está, no obstante, en varios instantes; recuérdese al respecto la aparición de esa mantis religiosa gigante que parece sacada de un film norteamericano de ciencia ficción de los años cincuenta-, las deserciones masivas de público durante sus proyecciones serían constantes, lo que contrastaría con la expectación suscitada por la “Master Class” impartida por el italiano ante una abarrotada Sala Tramuontana, en la que, significativamente, se dedicaría a hablar de sus primeros títulos. Un ejemplo muy elocuente de cómo el esplendor artístico del cineasta parece ser ya cosa del pasado.

César del Álamo, director de "Buenas noches, dijo la señorita pajaro".

César del Álamo, director de “Buenas noches, dijo la señorita pajaro”.

Curiosamente, la presencia del que fuera el mayor exponente del giallo a nivel popular se produciría en una edición en la que terminaría por constatarse la influencia que este estilo viene ejerciendo de un tiempo a esta parte en las nuevas generaciones de realizadores. El influjo del thriller all’italiana comprendería así desde ejemplos más puros y evidentes hasta otros que, si bien alejados en un principio de sus convenciones argumentales, se embeben abiertamente de sus particularidades estéticas. En el primer apartado se inscribirían títulos como Tulpa, voluntarioso regreso al giallo más clásico a partir de una historia de Dardano Sacchetti aquejado, no obstante, de cierto esquematismo narrativo, o la que se erigió en la aportación española al fenómeno, Buenas noches, dijo la señorita pájaro, un homenaje en todo regla al subgénero que logra superar las limitaciones propias de una producción amateur gracias al cariño que se percibe en todos y cada uno de sus fotogramas.

berberian-sound-studio_1359542659_crop_550x287

En el lado contrario se situaría la premiada Berberian Sound Studio, cuya acción se desarrolla en un estudio cinematográfico italiano de los años setenta al que acude un técnico de sonido inglés requerido para sonorizar una película de terror local con ciertas similitudes a Suspiria. Argumentalmente, el film se centra en el choque de culturas que se produce entre el técnico extranjero y los profesionales italianos, formulado en unos términos demasiado tópicos y arquetípicos. Sin embargo, es en su faceta artística donde se concentran las virtudes de la película. Toby Jones está soberbio en el papel de ese ingeniero de sonido sensible y con poco carácter que acabará superado por el ambiente hostil en el que debe de desarrollar su trabajo, mientras que su acabado formal solo puede ser catalogado como magnífico, comenzando por su interesante empleo de la pista de sonido, y siguiendo por la forma en la que evoca la atmósfera y sentido estético característicos del giallo.

Este ejemplo de metacine de aires autorales encabezaría la que se revelaría a lo largo del festival como la cinematografía más en forma del momento, la británica, que prorrogaría de este modo el éxito cosechado por una de las grandes revelaciones de la pasada edición, Attack the Block. Precisamente, dentro de los ejemplares procedentes de aquellas latitudes fueron mayoría las que de forma consciente o inconsciente remitirían a la ópera prima de Joe Cornish. De todos ellos, quizás el más evidente fue Storage 24, típica producción de serie B en la que un reducido grupo de personas encerradas en un edificio de trasteros tienen que combatir la presencia de una monstruosa criatura que pretende aniquilarlos. La situación de enclaustramiento se repetiría en la galardonada Tower Block, efectivo ejercicio de estilo que sigue el catálogo de lugares comunes acuñados por este tipo de relatos, pero que falla a la hora de plasmar su pretendido discurso acerca de la especulación inmobiliaria, un tema que también sería abordado por Cockney Vs. Zombies, enésimo título surgido a la estela de la inigualable Zombies Party.

Idénticas inquietudes sociales mostraría Citadel, angustiosa producción que pone sobre la mesa el tema de la inseguridad ciudadana por medio de la odisea vivida por un agorafóbico padre viudo, excelentemente interpretado por el joven Aneurin Barnard, para recuperar a su hija de meses de un metafórico bloque de apartamentos abandonado en el que moran los niños delincuentes de la ciudad. Otra cinta de mayoría irlandesa, la simpática Grabbers, retoma por su parte el esquema de la comunidad frente a una invasión extraterrestre para realizar un paródico fresco costumbrista de la sociedad de aquel país, al tiempo que reivindica con orgullo algunas de las señas de identidad más características de su pueblo. Sirva como dato que la única forma que los lugareños tengan de repeler la amenaza alienígena que se cierne sobre la remota isla en la que transcurre la historia (en efecto, de nuevo el encierro físico) sea bebiendo tanto alcohol como les sea posible.

A-Fantastic-Fear-of-Everything-550x366

Una de las escasas propuestas llegadas de “la pérfida Albión” que escaparía a los parámetros ya aludidos sería la hilarante comedia negra A Fantastic Fear of Everything, vehículo al servicio de Simon Pegg en el que destaca una interesante inventiva visual a medio camino entre la imaginería de Tim Burton y de nuestro Javier Fesser, donde el cómico inglés interpreta a un paranoico guionista en plena crisis creativa.

Los problemas de escritores para llevar a cabo su trabajo sería la base de otras dos propuestas de procedencia norteamericana, aunque de muy diferentes características. Por un lado Seven Psychopaths, desenfadado thriller coral protagonizado por un atractivo elenco en el que sobresalen los nombres de Collin Farrell, Sam Rockwell, Christopher Walken o Woody Harrelson, deudor del estilo del Guy Ritchie de Snatch, cerdos y diamantes. Y por otro, Sinister, el nuevo film de Scott Derrickson tras la apreciable El exorcismo de Emily Rose y su infravalorado remake de Ultimátum a la Tierra, saldado con unos resultados contradictorios. Entre sus aciertos se encuentran hallazgos visuales tan potentes como el perturbador plano fijo con el que se abre la cinta, la articulación de un interesante discurso en torno al poder de la imagen filmada, representada por esas bobinas de Super 8 que visiona su protagonista y que, literalmente, llegan a poseer a determinados personajes, o la creación de un nuevo icono para el género, el siniestro Mister Boogie, el cual, a poco que la taquilla acompañe, reúne todos los ingredientes para convertirse en el pilar de una nueva serie-franquicia. Sin embargo, todos estos apuntes no acaban de tener su reflejo en la auténtica valía de una cinta que solo logra el aprobado raspado en su primigenia faceta de artefacto terrorífico.

Rodrigo Gudiño, director de "The Last Will and Testament of Rosalind Leigh".

Rodrigo Gudiño, director de “The Last Will and Testament of Rosalind Leigh”.

Encuadrada de forma tangencial en la temática, Sinister sería uno de los exponentes del predominio del subgénero de fantasmas y casas encantadas dentro de la última cosecha de cine fantástico a escala mundial. Una situación que se encargarían de refrendar títulos como The Last Will and Testament of Rosalind Leigh o When the Lights When Out. Dirigido por el debutante Rodrigo Gudiño, el primero supone un ejercicio de estilo con apenas un personaje, tras el que se esconde un poco disimulado panfleto religioso. When the Lights When Out, por su parte, se basa en unos supuestos hechos reales acaecidos en su Inglaterra natal a mediados de los setenta para componer una rutinaria historia más atenta a la progresiva desestructuración de la familia protagonista y a la nostálgica recreación de la época temporal en la que se ambienta su historia que al hecho sobrenatural propiamente dicho.

day-articleLarge

El auge de la corriente sobre fenómenos paranormales contrastaría con la escasa relevancia de los ejemplares pertenecientes al denominado cine post-apocalíptico. La que durante los últimos años se revelara como una de las vertientes más activas dentro del género, apenas dejó en esta ocasión un título para el recuerdo, The Day, coprotagonizada por Ashley Bell, actriz que vuelve a demostrar que su escalofriante interpretación en El último exorcismo no fue flor de un día, dentro de una propuesta que bebe de algunos de las más recientes e interesantes exponentes del subgénero, caso de The Road o Stake Land, de la que también comparte sus reminiscencias western. Mucho peor le fue, pese a todo, al cine zombi, que siguió con la tendencia a la baja propiciada por la sobreexplotación a la que ha sido sometido desde que se iniciara el nuevo milenio. Exceptuando a The Cabin in the Woods, cuya pertenencia es muy secundaria, ni uno solo de sus representantes logró escapar de la mediocridad reinante dentro de una temática que parece haber tocado fondo hace mucho tiempo a nivel cualitativo, ya que cuantitativamente sigue gozando de un excelente estado de salud, tal y como demostró la celebración de los ya tradicionales maratones consagrados al estilo.

Otra corriente que siguió la línea apuntada de un tiempo a esta parte fue el de las parodias genéricas, aunque en un sentido diametralmente opuesto con respecto a lo referido a propósito de la temática zombi. Tras el constante goteo en las últimas ediciones de productos de esta índole que, en no poco de los casos, contaron con el beneplácito del respetable, este año asistimos a la definitiva consolidación del estilo con The Cabin in the Woods. Coescrita por Joss Whedon junto al guionista de Monstruoso, Drew Goddard, quien asimismo se ha encargado también de dirigirla, la película en cuestión no se diferencia sobre el papel del modelo acostumbrado en esta clase de films. En esencia, su esquema pasa por la apropiación de los arquetipos de un subgénero determinado, en su caso el bodycount, para sobre ellos realizar una sátira a costa de sus más reconocidos clichés. Hasta aquí nada de especial, más allá de la comicidad que puedan desprender las situaciones descritas, si no fuera porque partiendo de tan  rutinario planteamiento sus dos ideólogos proponen una interesante deconstrucción metagenérica sobre la evidente saturación y agotamiento de los mecanismos de cierto tipo de cine de terror a causa de su sobreexplotación, que han terminado por conducir al género hacía los cauces de la previsibilidad más absoluta. Un ejemplo muy ilustrativo a este respecto se encuentra en la figura de ese par de funcionarios que, además de erigirse en uno de los principales puntales dentro de la vertiente cómica, funcionan como una especie de directores/demiurgos con la potestad de controlar los acontecimientos que se producen en la cabaña del título –lo que en realidad no deja de ser una ficción recreada dentro de otra ficción-, con el fin de que todo se desarrolle según los cauces previstos. No es pues de extrañar que, acorde a este discurso, la cinta propugne la rebelión contra el orden establecido por medio de la destrucción de las estructuras en que se apoya durante un tramo final en el que hacen acto de presencia una descontrolada legión de criaturas típicas del bestiario del género, sosias de personajes emblemáticos incluidos, en una alegórica referencia a esa imperiosa necesidad de que las nuevas propuestas terroríficas vuelen libres, ajenas a encorsetados formulismos. A fin de cuentas, ¿qué es lo peor que podría pasar? Ni que se fuera a acabar el mundo, ¿o tal vez sí?

Pero además de las derivas temáticas dominantes dentro de la producción genérica más reciente, Sitges 2012 puso de relieve otras muchas cuestiones como, por ejemplo, los formatos en auge dentro del fantástico. Superada la fiebre por la tridimensionalidad que asoló la edición del pasado año, y que doce meses más tarde parece haberse reconducido a su razón de ser original, es decir, el de servir de reclamo publicitario para grandes producciones u otras más pequeñas que carecen de mayores atractivos, su relevo fue tomado por los films que recurrieron a la mucha más económica narración en primera persona. Buena muestra de su preponderancia fue la celebración de maratones consagrados en exclusiva al denomino found footage. Y de la cantidad nacería la calidad, ya que, al contrario de lo sucedido con la temática zombi, el bombardeo de cintas de este tipo traería consigo algunos de los títulos más estimables de esta cuadragésimo quinta edición.

the-bay-1

Fue el caso de The Bay, incursión en el estilo de la mano de los productores de Paranormal Activity del prestigioso cineasta Barry Levinson, ganador de un Oscar por su trabajo en Rainman. Encuadrada dentro de los terrenos del terror ecológico, la cinta desgrana bajo las formas de un falso documental las diferentes etapas de la propagación de un virus en una pequeña población norteamericana, dentro de un esquema que arroja numerosos puntos en común con la magistral Tiburón de Spielberg, director con el que, no en vano, Levinson había trabajado en la década de los ochenta en la mítica El secreto de la pirámide. La amenaza de origen acuático, la pacífica y pequeña localidad inmersa en sus festejos durante los que se desatará la tragedia, o la dejadez de unos estamentos oficiales más preocupados por los intereses económicos que por el bienestar de sus ciudadanos, son algunos de los elementos vistos en la obra maestra del Rey Midas de Hollywood sobre las que su antiguo compañero compone una ácida crítica contra la política ambiental y censura informativa practicada por el gobierno de su país, y que a nivel formal destaca por su logrado realismo, gracias a la utilización de diferentes fuentes, consiguiendo alcanzar el objetivo de toda propuesta de este tipo: el hacer que lo narrado resulte a ojos del espectador totalmente verídico.

Dentro del mismo apartado se inscribiría la que resultó una de las grandes sorpresas del certamen, la española La cueva. Poco se esperaba de esta modesta producción encuadrada da dentro de la sección “Panorama” y que, contra todo pronóstico, despertó el entusiasmo de los asistentes que acudieron a la única sesión programada, gracias a su capacidad para poner a los espectadores en el lugar de los personajes. Su propuesta es bien sencilla. Simulando tratarse unas grabaciones encontradas, la segunda película de Alfredo Montero nos sumerge en las vacaciones de un grupo de amigos, cuya curiosidad les hará internarse en una apartada cueva. Lo que en un principio no es más que una pequeña aventura, poco a poco acabará por tornarse una situación limite cuando los jóvenes sean incapaces de encontrar el camino de salida y comiencen a escasear los víveres y materiales. Partiendo de esta base, Montero muestra la descomposición de la comunidad, no tanto a través del previsible choque de caracteres entre los distintos personajes como desde un punto de vista ético, lo que da pie a su director para establecer un jugoso debate: ¿es preferible sobrevivir aún a costa de ceder a nuestros instintos más primarios, o perecer si ello conlleva perder a aquellos rasgos que nos hacen humanos? Tan interesante planteamiento es secundado por un encomiable sentido de la progresión dramática, creando instantes de auténtico desasosiego en los que la película transforma sus limitaciones en virtud. Véase al respecto la angustiosa persecución a oscuras que ocupa buena parte del último acto.

vhs 2

La madurez alcanzada a estas alturas por la narración en vista subjetiva quedaría demostrada por su uso como campo de experimentación en propuestas como V/H/S, film de sketches realizado por un plantel de jóvenes promesas del fantástico norteamericano independiente, caracterizado por su juego con formatos y texturas en contraste con el clasicismo de sus argumentos. Estimable aunque irregular en su conjunto, como por otra parte suele ocurrir en esta clase de productos, cabe destacar el segmento dirigido por David Bruckner, el cual se beneficia de la enigmática presencia de Hannah Fierman, actriz cuyos enormes ojos y rasgos felinos la asemejan a una especie de sosías de la homenajeada Barbara Steele. Varios de los participantes en V/H/S, caso de Ti West, Adam Wingard o el guionista Simon Barret también repetirían en The ABC’s of Death, otra de las cintas colectivas programadas por el festival. Por encima mismo de su posible entidad como obra cinematográfica, limitada en cualquiera de los casos, el que este particular alfabeto compuesto por veintiséis piezas cortas de representaciones mortuorias agrupara a jóvenes directores provenientes de prácticamente todos los rincones del mundo –entre los que se encontraba Srdjan Spasojevic, responsable de la polémica A Serbian Film-, permitió comprobar la tendencia hacia la sanguinolencia y la escatología de las nuevas generaciones de cineastas afincados entre los márgenes del género, mientras que, a un nivel más particular, demostró cómo la bizarría y el delirio han terminado por imponerse en el fantástico nipón, tras la oleada de pálidos fantasmas que trajera consigo el impacto cosechado por The Ring, franquicia de la que se pudo ver su última entrega, Sadako 3D, cuya única novedad, visto lo visto, es su anunciada utilización del sistema en relieve, nada mala por cierto.

Eurocrime-2012-Movie-Banner

Tal y como viene sucediendo en las ultimas ediciones, Sitges 2012 prosiguió con la apuesta del certamen catalán por el formato documental, ofreciendo propuestas tan insólitas como la de Room 237, trabajo consagrado a desentrañar los posibles significados ocultos tras el metraje de El resplandor versión Kubrick, por medio de las más delirantes teorías. Al igual que ocurriera en el terreno de la ficción, este ámbito volvería a dar buena cuenta del proceso de revaloración en el que parece encontrarse sumido el cine de género italiano. Lo haría con dos trabajos muy diferentes entre sí en cuanto a estilos y contenidos. Haciendo honor a su título, Eurocrime! The Italian Cop and Gangsters Film That Ruled the 70’s efectúa un exhaustivo repaso a la corriente de cine policiaco realizado en el país con forma de bota desde finales de los setenta hasta comienzos de los ochenta. Puede decirse que ninguna faceta del estilo es olvidada a lo largo de más de dos horas de metraje en las que se rastrean orígenes, influencias y vertientes, al tiempo que se analizan las circunstancias sociopolíticas e industriales que alumbraron su surgimiento. Todo ello es salpimentado con los comentarios en primera persona de varios de sus protagonistas, caso de los actores John Saxon, Henry Silva, Franco Nero o Antonio Sabato, el director Mario Caiano, o el guionista Claudio Fragasso. El resultado es un documento imprescindible para la comprensión y estudio de un género que, a pesar de no disfrutar del mismo reconocimiento que otros estilos netamente trasalpinos como el giallo o el eurowestern, cuenta cada día con más adeptos en todo el mundo.

DJ_XL5_s_Italian_Zappin_Party-419899662-large

Frente a la ortodoxia formal de Eurocrime! …, DJ XL5’s Italian Zappin’ Party propuso una experiencia interactiva de la mano del canadiense Marc Lamothe. Articulado por una selección de trailers divididos a su vez en cinco bloques temáticos, el director del Festival Internacional Films Fantasia ejerció in situ de guía por este subjetivo recorrido por la historia del cine de género italiano, a través de sus más frecuentados estilos. Definida por su propio responsable como una carta de amor a este tipo de cine, la amenidad, pasión y complicidad que desplegaría en todas y cada una de sus intervenciones harían de la sesión de DJ XL5’s Italian Zappin’ Party uno de los momentos mágicos legados por la edición de este año.

lone fleming contra el

Tampoco el cine español sería ajeno a una análoga reivindicación de su filmografía realizada durante la edad dorada de las coproducciones, si bien en su caso centrada en la figura de los característicos con Contra el tiempo, ópera prima tras las cámaras del escritor y ensayista José Manuel Serrano Cueto. Lone Fleming, Ricardo Palacios, Antonio Mayans, Charly Bravo, Mabel Escaño y Fernando García Rimada, más el fallecido Aldo Sambrell, son los veteranos actores entrevistados por el joven intérprete Antonio Mora en su búsqueda de la voz de la experiencia. Sentido homenaje hacia la figura de los eternos secundarios que poblaron nuestra producción genérica, sus vivencias, inquietudes, sueños y frustraciones en la profesión ilustran un trabajo en el que su director, acorde a su bagaje previo, se muestra más atento al lado humano de sus protagonistas que a su faceta profesional, lo que puede que defraude a aquellos aficionados que busquen los apuntes cinéfilos, pero que no resta ni un solo ápice a los muchos logros de la cinta.

Llegados aquí, toca poner el punto y final a nuestra crónica de la cuadragésimo quinta edición del Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya-Sitges. Una edición con un nivel medio más que correcto y que sirvió, un año más y como hemos visto, para tomar el pulso al cine fantástico actual, además de hacer memoria del previo. Y que dure.

José Luis Salvador Estébenez

* Fotografías de Juan Mari Ripalda.

Published in: on diciembre 28, 2012 at 2:17 pm  Dejar un comentario  
Tags: ,

Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!)

Título original: Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!)

Año: 1989 (España)

Director: Álvaro Sáenz de Heredia

Productor ejecutivo: José María Calleja

Guionista: Álvaro Sáenz de Heredia

Fotografía: Michel Malka

Música: José Tejera

Intérpretes: Josema Yuste (Conde de Capra Negra), Millán Salcedo (Antoine), Ana Álvarez (Nicole Darquier), Raúl Fraire (Secretario), Pilar Alcón (Enfermera), Paul Naschy [Jacinto Molina] (Comisario), Raf Taylor (Notario), Raquel Rodrigo (Madre de Elizabeth), Irene Villar (Elizabeth), Juan Molto (Drácula), José Villarejo (Monstruo de Frankenstein), María Elena Flores (Portera), Cris Huerta (Vecino), Chari Moreno (Vecina), José Martínez Blanco (Barón Somolskaia), José Yepes (Pescadero), Julio Bajo (Maitre), Carlos Lucas (Encargado del coche cama), Federico de Linos (Cartero), Narciso Puch (Doctor)…

Sinopsis: El arruinado conde de Capra Negra, acompañado por su criado, Antoine, viaja al norte de Turquía a reclamar la herencia de su difunto tío, el barón de Somolskaia, fallecido en extrañas circunstancias. Pero para conseguir la fortuna deberá antes enfrentarse a la maldición que pesa sobre el castillo familiar.

Siete años después de participar en Buenas noches, señor monstruo (1982), Paul Naschy era nuevamente reclamado para incorporar su sempiterno papel de hombre lobo en una comedia de tintes terroríficos titulada Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) (1989). Una vez más, la presencia del astro madrileño en un film de estas características estaría en buena parte propiciada por su condición de icono patrio del cine de terror, procurándose la película con su participación una especie de patente de corso a la hora de llevar a cabo su propuesta, al tiempo que rendía un pequeño guiño a los aficionados del género parodiado. Pero más allá del reconocimiento hacia la figura de Naschy que suponía tal gesto, su existencia también obedecía a la imitación de un modelo predeterminado en base al cual sería construida toda la cinta. En efecto, como ya ocurriera en Buenas noches, señor monstruo, Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) sería proyectada siguiendo la fórmula patentada por Abbott y Costello contra los fantasmas (Bud Abbott & Lou Costello Meet Frankenstein, 1948), si bien con el añadido de un detalle argumental directamente extraído de otro título clásico de la Universal, La marca del vampiro (Mark of the Vampire, 1935) de Tod Browning, tal y como el propio Naschy se encargaría de señalar en sus Memorias de un hombre lobo.


Al igual que en el original en que se inspira, dicho patrón sería puesto al servicio de la comicidad de un popular dúo humorístico, en este caso el formado por Josema Yuste y Millán Salcedo, “Martes y Trece”, quienes por entonces se encontraban en el punto más álgido de su carrera gracias a sus recordados especiales de Nochevieja para Televisión Española. Ni qué decir tiene que el origen de la película estaba, precisamente, en aprovechar el tirón mediático del que gozaban sus protagonistas y que se reflejaba en las altas audiencias con las que contaban sus programas. Aunque a decir verdad, la idea tampoco es que fuera demasiada novedosa. Ya en sus inicios, a comienzos de la década, “Martes y Trece” habían protagonizado un par de películas cuando aún eran un trío. Curiosamente, la segunda de estas cintas, La loca historia de los tres mosqueteros (1983) de Mariano Ozores, era también una versión paródica, si bien en su caso de los célebres personajes creados por Alexandre Dumas (padre).

Sobre el papel, los planteamientos del film estaban bien claros. Pero, a la hora de la verdad, el mismo humor que estaba marcando una época en nuestro país mediante las intervenciones de la pareja en la caja tonta reveló no ser tan efectivo en su traslación a la gran pantalla. Uno de los principales escollos estribaría en sus singulares particularidades. Para empezar, el humor esperpéntico y surrealista de “Martes y Trece” estaba principalmente pensado para ser explotado bajo el formato sketch, residiendo gran parte de su potencial en la capacidad de la pareja para incorporar sus singulares morcillas, muecas, muletillas, expresiones y dejes que con el tiempo se convertirían en marca de la casa. Es algo conocido que su gag más mítico, el de “Encanna y la empanadilla”, fue fruto de la improvisación. Sin embargo, al ser adaptado este estilo a un medio tan planificado y codificado como el cine, todo su grado de espontaneidad acabaría por perderse en el camino, limitándose la labor de sus dos protagonistas a ilustrar de forma cansina y machacona las supuestas gracias ideadas por terceros con sus tics más conocidos.

No deja de ser significativo en este sentido que la práctica totalidad de las mejores ocurrencias de la cinta se agolpen durante sus primeros compases, justo en el momento en que son definidos los roles a interpretar por los dos humoristas y cuando estos gozan de una mayor libertad al apenas compartir escenas con otros actores. Por el contrario, una vez son sometidos a las necesidades derivadas de narrar una historia y, con ello, a interactuar con otros personajes, la película entra en una deriva de la que no escapará ni con la presencia de unos sosias del Conde Drácula, el hombre lobo y el monstruo de Frankenstein. A ello tampoco ayuda un guion que cae en el doble sinsentido de procurar que su sucesión de gags humorísticos obedezcan a cierta lógica a través de una trama que carece de cualquier rastro de ella, así como una plana realización más preocupada por remarcar los generosos escotes exhibidos por la, por otra parte, bien dotada Ana Álvarez, que de conferir algo de entidad cinematográfica a tan prefabricado producto.

Contra todo pronóstico dados sus pobres resultados cinematográficos, Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) resultó ser un inmejorable negocio. Un millón y medio largo de personas acudirían a las salas de cine donde se proyectaba una película que recaudaría más de quinientos millones de pesetas, convirtiéndose en uno de los títulos más taquilleros de la historia de nuestra industria. Semejante éxito provocaría que apenas un año después sus principales responsables volvieran a reunirse para probar fortuna con El robobo de la jojoya, en la que se intentaba de adoptar un tono más cercano al de sus actuaciones televisivas, sin que ello repercutiera en una cinta de un nivel superior al de la presente, sino más bien todo lo contrario. Además, Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!) también marcaría un punto de inflexión en la carrera de su director y guionista, Álvaro Sáenz de Heredia, quien desde entonces se especializaría en la confección de vehículos para el lucimiento de los cómicos del momento desarrollados siempre bajo las formas de parodia genérica, retomando la ambientación terrorífica en, al menos, otras dos ocasiones. Lo haría en 1997 con Brácula: Condemor II, a mayor gloria de Chiquito de la Calzada y, más recientemente, con La venganza de Ira Vamp (2010), adaptación de la obra teatral Una pareja de miedo en la que volvía a coincidir, veinte años después, con un Josema Yuste que esta vez se hacía acompañar del también cómico Florentino Fernández “Flo”.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on junio 10, 2011 at 6:36 am  Comments (1)  
Tags:

Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina

Título: Paul Naschy. La máscara de Jacinto Molina

Autores: Ángel Agudo & Ángel Gómez; prólogo de Christopher Lee

Editorial: ScifiWorld

Datos técnicos: 448 páginas (2009)

El pasado mes de septiembre, durante el X festival de cine Fantástico de Estepona, pude ser testigo de una de las últimas entrevistas realizadas a Paul Naschy, que un amigo realizó para la web Sufridores en casa. Allí le firmaría un ejemplar de su autobiografía Memorias de un hombre lobo a una entregada fan, mientras le decía que aquello no era nada con lo que iba a significar un nuevo libro que estaba a punto de editarse junto a la publicación de un lote de películas suyas en DVD.  Días previos pudimos asistir al sentido homenaje que se le brindaba al dar su nombre a una calle de aquella localidad o de la emocionante ovación que le fue ofrecida al entregar, como todos los años, su premio Waldemar Daninsky, esta vez a Lamberto Bava, a pesar de que ya se le notaba afectado por la enfermedad. Si algo tenía el gran Jacinto Molina era una fortaleza fuera de lo normal que le llevaba a cumplir de manera religiosa con todos sus fans, desde hacerse fotos, a firmar autógrafos o entregar este premio bautizado con el nombre del personaje que él haría popular, siendo desgraciadamente el último que ofrecería en su larga y dilatada carrera.

Ante la ovación en el pasado Festival de Estepona

Un mes después, en octubre, se presentaría este libro en el Festival de Sitges, en un acto que contaría con la presencia de sus autores, Ángel Agudo y Ángel Gómez, así como de su protagonista, en la que por desgracia sería una de sus últimas apariciones públicas, si no la última, antes de su triste fallecimiento el 30 de noviembre de 2009.

Entregando el Waldemar Daninsky a Lamberto Bava

El libro en sí, publicado por ScifiWorld, destaca por su estupenda presentación, con unas bien seleccionadas fotos de portada y contraportada, adelantan el rico material fotográfico que nos aguarda en su interior – mucho de él inédito, caso de sus documentos personales -, donde tambén hay cabida para genuinos carteles extranjeros de sus películas, que se incluyen a toda página en el epílogo.

Durante la inauguración de la calle que lleva su nombre

La mascara de Jacinto Molina, comienza con el prólogo de otro mito del género, el actor Christopher Lee, amigo personal de Molina, con el que tendría un proyecto conjunto, Mi perro Aquiles,  en el que el actor británico interpretaría al mismísimo Alonso Quijano del clásico de Cervantes, algo que, finalmente, nunca será llevado a cabo.

El libro se gestaría mediante unas conversaciones de nuestro mito con el guionista Ángel Agudo, que se encargó de ir recopilando el material y redactarlo en lugar de transcribir la entrevista tal cual, hecho que hubiera resultado de mayor interés. Asimismo, también se incluyen una serie de cartas que sobre nuestro protagonista escriben personas de vital importancia en su vida, como sus hijos Sergio y Bruno, o algunos de los nombres que han trabajado con éste a lo largo de su carrera, como el realizador Brian Yuzna, el dibujante Javier Trujillo o el redactor de la revista Fangoria, Anthony Timpone.

Como decimos, esta primera parte del libro es la más interesante e intenta complementar todo aquello que Naschy no diría en sus memorias, a través de interesantes anécdotas, ahondando en sus etapas menos conocidas, así como continuando donde aquellas finalizaban, ya que la publicación de Memorias de un hombre lobo coincidiría con el resurgir de la estrella, que viviría una segunda juventud viendo como sus películas antiguas eran veneradas tanto en su país como, sobre todo, en el extranjero, algo que pudo comprobar durante el Fangoria Weekend of Horror celebrado en Nueva York en 1998, firmando autógrafos durante tres días a unos entregados fans.

Con Julio Peces, director del Festival

El libro, además, en su segundo bloque, recoge todos sus trabajos, ya fueran etos cinematográficos, teatrales o televisivos, e incluso hay sitio para algunas curiosidades como el videoclip musical que Naschy protagonizara para el grupo estadounidense Necrophagia, Upon Frayed Lips of Silence en el año 2003.

El problema de esta parte es que Gómez se deja llevar demasiado por su amistad hacia el actor y realiza grandísimas y exageradas críticas hasta de las peores películas de Naschy; por ejemplo, ensalza la fallida School killer y en cambio hunde Buenas noches señor monstruo, algo un tanto injusto, ya que, más allá de que sea un filme que puede gustar o no, fue el responsable de que toda una generación pudiera llegar a descubrir a nuestro licántropo nacional. Otro indudable error que veo en la filmografía es la tendencia del autor a destripar la mayoría de las películas, incluyendo su final, hecho eset por el que recomendaría no leerla a todo aquel que no haya visto previamente la cinta en cuestión.

Con Carlos Fuentes y Carmen Morales en el estreno de School Killer

Pero críticas aparte, este libro se erige como el testamento dejado por el hombre de las mil caras del cine español, tal y como quería ser recordado por su legión de fans, aunque siendo sinceros, también se deja en el tintero varias cosas. Por ejemplo, ni siquiera se comenta la razón por la qué era doblado en la mayoría de sus películas, cuando lo mínimo hubiera sido mencionar al actor que realizara dichos doblajes que terminaban engrandeciendo su actuación.

Juanto al alcalde de Estepona David Valadez

Finalmente, en el libro también descubriremos material inédito y sus últimos trabajos, algunos todavía por estrenar, como la película de animación por stop- motion El apostol, la segunda parte de La herencia Waldemar y,, sobre todo, su último trabajo como realizador, la problemática Empusa. Todo ello parece indicar que la leyenda de Paul Naschy tiene todavia mucho que decir, aún después de haber abandonado el mundo de los vivos.

Jesús Palop

Published in: on marzo 9, 2010 at 6:24 am  Comments (18)  
Tags: ,

Entrevista a Eva Mariol: “Conseguimos muchísimo más de lo que algunos auguraban para nosotros”

4715_1058512354174_1566841643_30146916_4259820_n

Eva Mariol fue componente de los míticos Regaliz, formación que permanecería en activo durante el boom musical de grupos infantiles que tendría lugar a finales de la década de los 70 en España y cuyo fenómeno incluso llegaría al séptimo arte. En concreto, Regaliz rodarían tres cintas, dos de ellas como protagonistas absolutos y con la crème de la crème del cine español de la época. Tres décadas después Eva nos cuenta sus experiencias tanto dentro del grupo musical como en el mundo del celuloide, al que también ha estado ligada con posterioridad.

– En 1981 comienza tu relación con el mundo del celuloide a través de una aparición estelar en la cuarta película del grupo Parchís en La magia de los Parchís, una coproducción hispano argentina. Ésta sería vuestra presentación oficial cinematográfica. ¿Cómo recuerdas esa primera experiencia?

Quizás La magia de los Parchís se estrenó antes, pero cuando rodamos esa escena ya habíamos hecho La rebelión de los pájaros en septiembre de 1981 en Barcelona. De esta aparición en la peli de Parchís cantando Que no pare la música, recuerdo que  la rodamos en Argentina en octubre de 1981,  concretamente en un teatro de Buenos Aires. Lo pasamos muy bien allí, como todas las veces que tuvimos la suerte de viajar a América Latina, ¡nos trataban como a reyes! En realidad la grabamos  sin Parchís, creo que ellos ya habían filmado la película entera y faltaba nuestra escena. La anécdota fue que ya estábamos a punto de volar para España, cuando nos vino a buscar el director ya que se había velado el rollo de película en el que estaba nuestra actuación, con lo que tuvimos que volverla a rodar y, por tanto, quedarnos en Argentina un día más, ¡nosotros encantados!

– ¿Cómo era vuestra relación con Parchís, siendo vosotros un grupo que empezaba y ellos estando ya en pleno éxito?

Con Parchís, con los que coincidimos en muchas otras ocasiones ya que compartíamos discográfica, la relación era fantástica, nos llevábamos muy bien con ellos y lo pasábamos genial. Nos encantaba estar los dos grupos juntos. Cada grupo tenía su sitio en el mundo de la música infantil  y, a la vez, al llevarnos tan bien y coincidir en tantas ocasiones, podíamos aprender los unos de los otros.

misterio en la isla

– Tú y tu grupo Regaliz fuisteis también los encargados de promocionar en ese mismo año el filme Misterio en la isla de los monstruos de Juan Piquer Simón, ¿Llegasteis a ir al estreno o al rodaje de la misma?

Nosotros participamos en esta película interpretando el tema principal de la misma.  Sí fuimos al estreno en Barcelona,  eso creo,  ya que en el cine no había ningún miembro del  reparto ni el director. Y desgraciadamente no fuimos al rodaje ni conocimos al director. Tampoco he visto ninguna otra película suya.

La Guerra de los niños, que fue todo un éxito sin precedentes y la que abrió la veda hacia el nuevo boom de las películas musicales con grupo infantil, se construyó en base a un libreto previamente escrito que no fue pensado para el grupo Parchís, por esta razón dos de los componentes desaparecen a los diez minutos de la película. ¿Sabes si ocurrió lo mismo con vuestras películas o se escribieron los guiones expresamente pensando en vosotros?

Si, nuestras películas fueron escritas para nosotros.

11794596

La rebelión de los pájaros (1982),  fue una de las películas más cuidadas dentro de la entonces tan en apogeo vertiente musical infantil, con un fuerte contenido ecologista incluido, supuso vuestro primer papel protagonista, compartiendo escena con actores como Jorge Sanz, Assumpta Serna o Monserrat Carulla, hoy en día recuperada gracias a El Orfanato. ¿Cómo fue tu relación con dicho plantel de actores?

Si,  es una película de calidad, con una muy buena historia. De hecho, recibió varios premios de cine juvenil y de ecologismo y defensa del medio ambiente.  Aún así se rodó en tan sólo ¡un mes! Guardo muy buen recuerdo de todo el equipo y de todos los grandes actores con los que tuvimos la suerte de trabajar.  Con Montserrat Carulla no compartimos escena, pero pudimos verla actuar,  así como a Alfred Luchetti,  y eran (y son) fantásticos actores. Jorge Sanz era un actorazo, tenía un talento innato y era muy buen chaval. Lástima que en los descansos, mientras nosotros (Regaliz) nos íbamos a jugar, él normalmente tenía que estudiar con su madre. Él por entonces rodaba bastantes películas y tenían  esa disciplina (nosotros rodábamos por las mañanas y estudiábamos por las tardes). Pero alguna vez se “escapaba” con nosotros y, cómo no, ¡se lo pasaba pipa! (risas) Assumpta Serna era una chica guapísima y muy agradable. Recuerdo que durante el rodaje de la escena en la que estamos en el estudio de danza ensayando,  cuando no le tocaba rodar se iba a una habitación a ensayar el aria de ópera que interpreta (en playback) en la película Dulces Horas, de Carlos Saura, que por entonces estaba a punto de rodar. Era muy profesional, como el resto del reparto y, por supuesto, el resto del equipo de rodaje.

11950758

– ¿Qué anécdotas recuerdas del rodaje?

Anécdotas hay muchas, quizás lo más impactante es que en una época en la que no se podían retocar las imágenes digitalmente como ahora, y como no podía salir ni un solo pájaro, pues muchas veces teníamos que repetir escenas sólo porque se había colado uno. Y más en la Plaça de Catalunya, que es el sitio de las palomas por excelencia y que fue donde rodamos la escena del  elefante. Tuvieron que ahuyentarlas distribuyendo gente con comida por los alrededores y también a petardazos o espantándolas con lo que fuera. ¡Pobrecillas! Recuerdo también que, en principio, yo me tenía que subir encima del elefante a cantar, pero debido a que era muy complicado que en medio de la canción Vaya mentira yo misma, sin ayuda de nadie, me subiera en el elefante, ¡uf!, pues se decidió que me subiera en un momento dado a la escalera colocada detrás del animal, quedando igual de bien pero sin peligro. También recuerdo que el pobre elefante no paraba de hacer sus “agüitas” y en un momento de la canción yo me tiraba al suelo, pero tras tantas tomas y tanto pipi me agachaba pero sin que mis rodillas tocasen el suelo, ya que me hubiera puesto perdida. (Risas)

5539099

– En Buenas noches señor monstruo (1982) de Antonio Mercero, vuestro siguiente y ultimo título, estrenado en las navidades de aquél mismo año, vuestras voces fueron sustituidas por actores de doblaje; creo recordar que en la La rebelión de los pájaros no sucedía lo mismo. ¿Sabes cual fue la razón de recurrir a este doblaje?

Si, si,  desgraciadamente,  en las dos películas fuimos “doblados”,  ya que entonces en muchos rodajes en España el sonido no era directo e, imagino, que para ahorrar tiempo y costes, al no ser nosotros actores profesionales y no tener experiencia previa ni en el mundo de la actuación ni en el del doblaje, pues el director, el productor, o ambos decidieron que sería mejor que no nos dobláramos nosotros. No ocurrió con el resto de actores, ni con los otros niños actores. De hecho, en La rebelión…, Jorge Sanz se dobló él mismo, y en Buenas noches señor monstruo, “El Piraña” hizo lo propio. Pero claro, ellos eran ya profesionales. Afortunadamente ahora el cine ha cambiado mucho y el sonido ya es directo en la mayoría de los casos, ¡como debe de ser!

– ¿Qué sensación tuviste cuando te viste con una voz que no era la tuya?

¿Mi sensación? Que no me gusta nada que me doblen, con la voz tan bonita que tengo (risas)  En serio, en Buenas noches señor monstruo me gustó más “mi voz”, pero en La rebelión… nada, ¡me encontraba rarísima! Creo que cualquier persona que se escuche hablar con otra voz que no es la suya, se encontrará raro, ¿no? Por muy bueno que sea el doblador. Como habrás intuido a mi me gusta el directo, la inmediatez, por eso siempre intento ver las películas en versión original.

– ¿Estabais advertidos de ello?

Sí,  sabíamos que íbamos a ser doblados. La verdad es que estábamos tan contentos de hacer una película que en lo que menos pensábamos en ese momento era en lo del doblaje. Ahora si lo pienso me da lástima y rabia que no sea mi voz la que habla, así que mejor no pensarlo y disfrutar de las películas cuando las veo.

n1566841643_30062196_2613420

Buenas noches señor monstruo pienso que es la más recordada del género infantil musical, incluso por encima de las de Parchís. Además se apostó fuerte contratando a Antonio Mercero, que había obtenido un enorme éxito con Verano Azul, y participaron míticos actores como Luis Escobar, Guillermo Montesinos o Miguel Ángel Valero, alias “El Piraña”. Un gran acierto del filme, para los más mitómanos,  supuso a modo de homenaje, contar con dos actores que habían encarnado dichos papeles en películas de género terrorífico, como Paul Naschy, el hombre lobo, y Fernando Bilbao, el monstruo. Con el paso del tiempo, ¿llegaste a ver alguno de estos míticos filmes? (concreta un poco, ¿no? por ejemplo, ¿llegaste a ver algún film de terror de estos actores?)

No he visto ningún filme mítico de Paul Naschy o Fernando Bilbao como el hombre lobo o el monstruo respectivamente, aunque sí vi una de las últimas películas de Paul Naschy, Rojo Sangre, con guión del propio Naschy.

– ¿Qué supuso trabajar al lado de estas estrellas del cine de terror?

Ante todo debo decir, por la parte que me toca, que estoy muy orgullosa y contenta de que, a pesar de los años, haya todavía mucha gente que recuerda con cariño esta película y que ésta tenga también fans muy jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando se estrenó. Y respecto a la pregunta, pues trabajar con estos “monstruos” del  cine, nunca mejor dicho (risas), supuso aprender muchísimo y pasarlo en grande. La verdad es que de Buenas noches señor Monstruo recuerdo todo y a todos con mucho cariño.

regaliz01

Banda sonora original de la película.

– ¿Recuerdas alguna anécdota del rodaje?

La escena de la mesa, cuando nos trajeron el cochinillo, estaba riquísimo y teníamos mucha hambre, así que en las primeras tomas comíamos de verdad, pero ya en las últimas lo teníamos que escupir, ¡buaj! Creo que sólo he vuelto a comer cochinillo una vez más en mi vida (risas). Recuerdo también las horas de maquillaje de los monstruos, sobre todo del hombre lobo, ¡qué paciencia! Un día no había tiempo de desmaquillarlos y tuvimos que ir a comer disfrazados de monstruos (risas), ¡la gente flipaba! Ah, y había una escena en el guión que finalmente no pudo rodarse, y era muy divertida. En la particular “batalla” que tenemos con los monstruos, había una escena de autos de choque, o guerra de cochecitos, en la que teníamos que chocar contra ellos, esquivarlos, etc. Y debía de rodarse el último día pero cuando estábamos a punto de rodarla, los cochecitos no funcionaban, ¡qué rabia! Y como a la semana siguiente ya no se podía rodar porque cada uno ya tenía sus planes, pues no pudo rodarse, ¡hubiera quedado muy chula!

– Durante la primera mitad de los años 80 proliferan la producción de cintas al servicio de los grupos infantiles que arrasaban por entonces, desde Chispita a Enrique y Ana, pasando por Zipi y Zape, Parchís y Regaliz. ¿Había alguna competencia entre vosotros?

No, no, para nada. Nosotros sabíamos cual era nuestro sitio y no nos dábamos codazos con nadie. Intentábamos hacerlo lo mejor posible y creo que conseguimos muchísimo más de lo que algunos auguraban para nosotros. Además, nosotros lo hacíamos porque nos gustaba y porque nos divertíamos, no para ser más que nadie. Eso no nos importaba. Con respecto a los que has nombrado todos eran buenos, pero todos éramos diferentes.

regaliz3

– ¿Por qué crees que fue un boom tan meteórico que apenas tuvo cuatro años de vida (1980- 1983)?

Lo del boom fue porque era algo nuevo, muy bien “empaquetado” y muy bien promocionado y que a la gente (niños y no tan niños) le encantaba. Pero al final hubo saturación de cantantes, música y películas infantiles, el globo se hinchó demasiado y explotó, ¡y además en el 83 ya estábamos todos muy creciditos! (risas) Ciertamente fue algo muy bonito que hizo felices a muchos niños, y nosotros, al menos por lo que a mi respecta, lo hicimos de corazón y ¡disfrutamos a tope!

De todos modos, aunque las películas fueron a partir de los 80, grupos como Parchís o Enrique y Ana comenzaron su andadura musical, con gran éxito, a finales de los 70, así que en conjunto el boom de la música infantil duró un poquito más.

– Posteriormente se dejó de realizar este tipo de cine, salvo raras excepciones como Bom Bom Chip en El niño invisible y recientemente Maria Isabel con Ángeles S.A., pero los resultados no fueron tan buenos, ¿a qué crees que es debido este cambio de gusto en el público infantil?

No sé, a los niños de hoy en día les gustan las cosas de los mayores, y la música interpretada por jóvenes y adultos más que por niños. No sé porqué,  pero parece que es así.

– La otra componente femenina de Regaliz, Astrid Fenollar, participó en Darkness de Jaume Balagueró en un pequeño papel. ¿Cual ha sido tu contacto con el mundo del cine tras Buenas noches señor monstruo?

an_cartell_velatorio

Carátula del cortometraje El velatorio (2001)

En los 80 realicé un pequeño papel en Yo, el Vaquilla, de José Antonio De La Loma, y salía un momentito en Bar-cel-ona (1987) de Ferrán Llagostera y en Sinatra (1987) de Francesc Betriu.  En 2000 hice un papel de reportera de TV en la tv-movie para Televisió de Catalunya  Només Per Tu, de Jordi Cadena, y en los últimos años he realizado varios cortometrajes, por ejemplo El velatorio (2001) de Javier Domingo, un corto muy divertido donde interpretaba el papel de monja, mi frase era: “¡Cállese ya, vieja asquerosa!”. Y  uno de género llamado Members Only (Oscar Zumaya Guzmán, 2006). Recuerdo que el actor que hacía de mi marido me pegaba una paliza muy bestia en la cabeza y se emocionó tanto que me dio un puñetazo de verdad, cerca de la sien.  Me fui a urgencias directa y estuve varios días con fiebre y mucho dolor de cabeza,  nauseas,  y un buen chichón.  Hasta entonces el rodaje había ido bien, pero se convirtió en una pesadilla.  De todos modos el corto quedó muy bien, muy real…  ¡y mis gritos son auténticos! También hice un papel en un episodio piloto de una serie que nunca se ha emitido.

members only

– ¿Cómo fue la experiencia en Yo, el Vaquilla (1985)?

En Yo, el Vaquilla lo pasé muy bien en el rodaje, recuerdo que cenamos y pasamos la noche en Lloret (donde habían estado rodando) y por la mañana nos fuimos a rodar a Perpignan. De la Loma era un hombre muy simpático. Recuerdo que cuando me entrevisté con él me dijo: “como eres linda te doy el papel de Linda” (risas). Bueno, sólo salgo en una escena, pero como a mi me encanta actuar y los rodajes, disfruté mucho.

Yo, El Vaquilla

Eva en Yo, el Vaquilla.

– Sé que eres una gran cinéfila, ¿qué tipo de cine te gusta ver?

Me gusta todo el cine que tenga algo que contar. Una buena historia bien dirigida y bien interpretada,  ¡y ya me tienes enganchada!

Eva en un fotograma de Sinatra

Eva en un fotograma de Sinatra

– ¿Cuales son tus mitos cinematográficos?

¿Mitos? Me fijo sobre todo en la interpretación, por tanto mis mitos son principalmente actores y actrices;  por lo general son anglosajones. De actores me gustan un montón, desde Paul Newman a Mark Ruffalo, y de chicas, Julia Roberts y Gwyneth Paltrow son mis actrices preferidas, aunque admiro a muchas más. En cuanto a directores también me gustan muchos, pero para ser breve, me interesan casi todos los trabajos de Alfred Hitchcock, Steven Spielberg y Clint Eastwood, porque son películas que impactan, que no te dejan indiferente. Y otro día te cuento mis películas preferidas, que son tantas que no cabrían en la entrevista (risas).

4715_1058507074042_1566841643_30146897_8312818_n

Eva en la actualidad.

Jesús Palop

Published in: on junio 19, 2009 at 11:29 am  Comments (31)  
Tags: ,