Gunmen

Título original: Gunmen

Año: 1993 (Estados Unidos, México)

Director: Deran Sarafian

Productores: Laurence Mark, John Davis, John Flock

Guionista: Stephen Sommers

Fotografía: Hiro Narita

Musica: John Debney

Intérpretes: Christopher Lambert (Dani Servigo), Mario Van Peebles (Cole Parker), Denis Leary (Armor O’Malley), Patrick Stewart (Loomis), Kadeem Hardison (Izzy), Sally Kirkland (Bennett), Richard C. Sarafian (jefe Chavez), Robert Harper (Rance), Brenda Bakke (Maria), James Chalke (Java), Humberto Elizondo (Guzman), Andaluz Russell (mujer de Guzman), Tamara Shanath (hija de Guzman), Deran Sarafian (Bishop), Christopher Michael (Rhodes),George Parra (líder rebelde), Anilú Pardo (prostitute), Miguel Ángel Fuentes (Manolo), Charles Stewart (afilador de cuchilos), Rena Riffel (novia de Loomis), Jesus A. Hernandez (viejo prisionero), Maria ‘Silver’ Alexander (Madame), Lazaro Paterson (Scat Man), Big Daddy Kane, Kid Frost, Rakim, Eric B., Doctor Dré, Ed Lover, Christopher Williams, Robert Reynolds…

Sinopsis: Cuando el hermano del buscavidas y contrabandista Danny Servino es asesinado, su vida empieza a tener un precio. Cole Parker, un agente de la DEA que trabaja en la zona, le busca para que forme equipo con él y encuentren los cuatrocientos millones de dólares que el difunto escondió en un barco. Uno sabe dónde se haya escondido el dinero, el otro conoce el nombre del barco. Pero el dinero pertenecía a un narcotraficante, cuyo peligroso lugarteniente, Armor O’Malley, se convertirá en su principal obstáculo para hacerse con el botín.

Gunmen (1993) es una de esas extrañas producciones que llegaron a las pantallas durante los años noventa y cuya característica común es que parecen realizadas a destiempo, con ideas gastadas del crepúsculo de los años setenta y primeros ochenta. Pienso en Dos duros sobre ruedas (Harley Davidson and the Marlboro Man, Simon Wincer, 1991), Arenas blancas (White Sands, Roger Donaldson, 1992), En el corazón de la jungla (Sniper, Luis Llosa, 1993), El especialista (The Specialist, Luis Llosa, 1994)… Son solo alguno de los títulos que se me vienen rápidamente a la memoria.

En este caso nos encontramos con una película que no tiene nada especial. Junta a un par de actores conocidos, Christopher Lambert y Mario Van Peebles, en roles a su medida. Uno es blanco y desarrapado; el otro es negro, un poco huraño y ostenta ademanes chulescos. Centroamérica es el escenario exótico elegido para darle algo de sabor. La motivación para su empresa conjunta es la búsqueda de un tesoro (el mcguffin de la película). Para no poner las cosas fáciles, se agrupa a una pandilla de facinerosos y maleantes que persiguen a nuestros chicos. La inexistente complejidad la centra una subtrama sin mucho interés con la DEA como protagonista. Y en la banda sonora aparecen algunos temas de hip hop para que algún conocido de Van Peebles pueda seguir en el negocio (es un decir). Unos mimbres muy básicos mantenidos a duras penas para que nada decaiga.

Reconozcamos que la película no aburre, pero entretiene por saturación. No es una comedia, aunque se busca un tono cómico que rara vez funciona. Es un supuesto filme de aventuras salpicado de escenas de acción no muy llamativas. Unas vacaciones pagadas resueltas con corrección, eficacia a medio gas y poca destreza narrativa. Las situaciones van pasando con regularidad, los personajes pululan por la pantalla sin que tengamos un especial interés por ellos, cambian de escenario de vez en cuando (selva, tugurios, aviones, campamentos, playas) para dar sensación de movimiento, enfrentados entre ellos para implementar un cierto drama en el cual algunos van muriendo, y el dúo protagonista sale de todos los envites con la buena ayuda del guionista de turno (aquí un Stephen Sommers en sus años previos al salto al cine maistream).

Lambert y Van Peebles se lo pasan bien entre tanto bamboleo escénico. El punto más entretenido de esta película es la involuntaria competición de saltos que nuestros protagonistas van realizando a lo largo de la película. Se lanzan al vacío siempre que tienen oportunidad y la situación lo requiere: precipicios, helicópteros, edificios…  De roturas de huesos ni hablamos. La caída siempre es salvaguardada por trucos de montaje y el sufrido especialista suponemos que se lleva la peor parte.

Con todo lo indicado no deja de sorprender que un director como Deran Sarafian, habitual en estas lides, se muestre tan apático en la puesta en escena de las fatigas de ambos héroes. Tiroteos hiperbólicos modelo garrafón, persecuciones variadas pero con poca tensión emocional, personajes ambiguos descubiertos a las primeras de cambio, paisajes tropicales escondiendo los agujeros narrativos, insulsos guiños cinéfilos para justificar el curriculum (aunque sea escupiendo a Sergio Leone)  y un puñado de actores luciendo un vestuario ad hoc que hacen lo que pueden con sus caricaturesco personajes (no es poco).

En este aspecto hay que indicar que Patrick Stewart está completamente desaprovechado (aunque su personaje tenga cierta gracia en el conjunto, un narcotraficante inválido que entierra vivo a quien le traiciona, esposas incluidas); Dennis Leary destaca sin hacer excesivos numeritos recordando a cualquier villano de un olvidado eurowestern, y nuestras “estrellas” hacen el ganso lo mejor que pueden, ganando Lambert por la mano (con la sensación de que se divierte más). Los seguidores del cine más B disfrutarán quizás con la fugaz aparición de Sally Kirkland (como experta es armas), y los más veteranos reconocerán a Richard Sarafian haciendo un breve papelito. Sinceramente, podría haber dirigido la película porque es mucho mejor realizador que su vástago. En resumidas cuentas, para una tarde de confinamiento como la que vivimos estos días, Gunmen (1993) puede valer, pero no se hagan muchas ilusiones.

Un año después Sarafian estrenó Velocidad terminal (Terminal Velocity, 1994), una película de ciertas similitudes con una pareja realmente extraña (Charly Sheen y Nastassja Kinski), trama de espionaje internacional (con guion a cargo del ingenioso David Twohy), espectaculares escenas de acción, alguna presencia destacable (como la del finado James Gandolfini) y resultados no muy superiores. Otro día nos ocupamos de ella.

Fernando Rodríguez Tapia

Published in: on abril 21, 2020 at 8:15 am  Dejar un comentario  
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Operación Reno

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Título original: Reindeer Games

Año: 2000 (Estados Unidos)

Director: John Frankenheimer

Productores: Marty Katz, Chris Moore, Bob Weinstein

Guionista: Ehren Kruger

Fotografía: Alan Caso

Música: Alan Silvestri

Intérpretes: Ben Affleck (Rudy Duncan), Charlize Theron (Ashley), Gary Sinise (Gabriel), Dennis Farina (Jack Bangs), Danny Trejo (Jumpy), James Frain (Nick Cassidy), Clarence Williams III (Merlin), Donal Logue (Pugh), Dana Stubblefield (Alamo) , Isaac Hayes (Zook)…

Sinopsis: Después de seis años entre rejas, Rudy Duncan sale de prisión esperando retomar su vida. Sin embargo una decisión equivocada, le llevará por el camino opuesto. Una chica y la banda de malhechores que comanda su supuesto hermano tendrán la culpa. El objetivo: atracar un casino la víspera de Navidad

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Un cuento navideño poco dickensiano. Resbaladizo, tramposo y repleto de giros. Se cruzan presidiarios, chicas peligrosas, truhanas facinerosos transitando cárceles, moteles, camiones, un casino en decadencia y escenarios nevados. Todos vienen a participar en lo mismo: los juegos del reno. Mienten, chantajean, fingen y sobreviven. Esas son las reglas. Una vez más el título que le colgaron en España le hace perder toda la gracia y sentido. Navidad entre hampones por la parte de atrás. En otras palabras, los recovecos que no suelen aparecer en las ficciones ambientas en esta época del año.

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Diciembre. Dos amigos comparten celda y algo más en una dura prisión. Están a punto de salir del trullo. Nick Cassidy (James Frain) espera encerrarse en un motel toda una semana con Ashley (Charlize Theron), una chica con la que se ha carteado. Un sueño demasiado bonito. A Rudy Duncan (Ben Affleck) no le gusta demasiado la Navidad: solo quiere tomar una taza de chocolate caliente con pastel de nueces y volver a casa para recuperar la vida familiar. Otra quimera que ayuda a seguir adelante en un ambiente hostil donde los juegos del reno no se tercian (o quizás sí). Y así sucede. En una bronca tumultuosa Nick muere al defender a Rudy de una vendetta sin sentido. La salida de prisión alivia, pero comienzan los problemas. Rudy, al ver a Ashley que espera al finado compañero, duda y toma el camino erróneo. Puede disfrutar de dos pasteles lo que le desvía del regreso a su particular Ítaca. Comienzan los auténticos juegos del reno.

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En paralelo nos viene a la memoria Detour [dvd: Detour, Edgar G. Ulmer, 1945]. Allí el futuro de Al Roberts estaba predestinado desde el principio contando su fatídica historia en flashbacks. Aquí el destino de Rudy Duncan no lo conocemos de manera fehaciente, si bien unos cadáveres tiroteados disfrazados de Papa Noel han ilustrado los primeros planos del film. Lo peor está por llegar aunque los protagonistas de ambas obras casi lo han pasado. Cuanto más avanzan en su decisión de ir a su destino más se alejan de su fin, atrapados en una realidad que no pueden controlar.

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La segunda mano en los juegos del reno la reparte la banda de malhechores liderada por Gabriel (Gary Sinise), el, en apariencia, hermano muy cariñoso de Ashley. Entre cartas románticas apareció la información de que Nick trabajó en un casino y como los ladrones no son gente muy honrada (entre ellos encontramos a Danny Trejo, Clarence Williams III y Donal Logue), quieren aprovechar su oportunidad. Rudy, que no es Nick pero ha interpretado su papel, tiene que decidir si seguir jugando o pasar las navidades bajo tierra con un tiro en la cabeza. La trama se complica y se va enredando. Nadie es lo que parece y quien parece controlar el juego quizás solo está envidando.

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Tercera mano. Comienzan las tretas. Rudy-Nick habla e informa sobre el interior de un casino que nunca ha visitado e incluye la guinda de una caja de seguridad oculta en el despacho de dirección con dinero no muy limpio (el director lo interpreta el genial Dennis Farina). Se monta un plan de robo pero nuestro protagonista sabe que no puede ganar e intenta abandonar la partida. Ashley se muestra ambigua y sus reacciones algo misteriosas. Rudy intenta escapar en dos ocasiones. La primera tras una visita diurna al casino que acaba con daños colaterales. La segunda en el motel donde se refugia la banda, en cuyo tránsito averigua lo que la verdad esconde. En ambos casos la mano de Frankenheimer se muestra diestra y muy vigorosa superando las incongruencias que el libreto ha ido desarrollando. Todo parece forzado pero en manos de un cineasta de su fuste la narrativa nunca descarrila. Se beneficia de los encuadres y del inteligente uso de un espacio fílmico siempre acotado.

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Cuarta mano. Toma el dinero y corre. Los asaltantes han fingido una profesionalidad que a la postre resulta falsa. Delincuentes de poca monta fingen sus debilidades con violencia y poses de tipos duros. El robo es en Nochebuena. El casino casi vacío (al borde de la ruina) recibe la extraña visita de un grupo de Papa Noeles que no traen regalos. El atraco es un desastre. Los engaños salen a la luz, estalla un rimbombante tiroteo y los muertos empiezan a decorar en rojo el tapiz blanquecino. Ashley abandona su rol de chica mona para convertirse en viuda negra. Roban lo que pueden aunque no lo que quieren. De paso desencadenan un baño de sangre. Esta baza se resuelve con dinamismo, acción directa y mucho oficio. Y regresamos al principio del juego porque la partida tiene que acabar.

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Última mano. Las cartas ya están sobre la mesa. Pero de los jugadores no nos fiamos porque todos son tahúres, algunos más inteligentes que otros. Gabriel cree tener póker de ases, pero se queda en apenas trío por confiar en quien no debe. Ashley lleva realmente la partida. Bueno, no es cierto, porque hay una sorpresa final muy artificial que rellena como puede los agujeros de la trama. Una característica habitual de los thrillers del periodo, alguno de ellos también escrito por Ehren Kruger. Fuego, sangre, nieve y alguna explosión para iluminar el decorado. Sobrevive quien menos oportunidades tenía.

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Epílogo. Rudy ya no es Nick. Ahora es Santa Claus con un uniforme ensuciado imbuido de un inesperado espíritu navideño que va repartiendo de camino a casa algo de felicidad monetaria entre los habitantes de la América más olvidada (mientras suena de fondo “The Little Drummer”). El reno ha jugado su mejor mano. Y aquí Ben Affleck sonríe y lo hace con gracia, reflexionando sobre su deseo hecho realidad: “Lo único que quiero es volver a Sidnaw. Sentarme para la comida de Navidad. Ver partidos de futbol con mi viejo. Dormir en mi cama de siempre y comer sobras durante seis meses. Comer un poco de ese pavo de Navidad… Como decía antes, nunca me han gustado demasiado las Navidades. Hasta ahora”. Fin del juego.

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Ben Affleck y Charlize Theron conversando con John Frankenheimer durante el rodaje de “Operación Reno”

Último trabajo realizado para la gran pantalla del indómito John Frankenheimer, Operación Reno (Reindeer Games, 2000) reúne una serie de consideraciones, dentro y fuera de la ficción, que han acabado definiendo su adversa valoración[1]. Nada nuevo por otra parte. Su llegada a las pantallas fue esquiva, distante y casi de relleno, a pesar de no ser ese su principal objetivo. Emprendido como thriller noir con toques de acción a mayor gloria de Ben Affleck para su estreno en épocas navideñas, acabó fuera de temporada por las dudas que tuvo la productora Miramax, aquí usando su filial Dimension (dedicada especialmente al terror juvenil). La película contó con la repentina llegada del veterano director norteamericano para darle cierto empaque, algo que logró si bien con las deficiencias del artificioso libreto. Hay obras parecidas en la filmografía del cineasta con ciertas similitudes pero de las que salió con mejor fortuna, como fue el caso de Tiro Mortal (Dead Bang, 1989). No olvidemos que Frankenheimer en los años noventa obtuvo un mayor reconocimiento por sus trabajos televisivos que por su labor cinematográfica, si bien Ronin (Ronin, 1998) había supuesto una elogiable recuperación en este campo. De hecho, el director aceptó el ofrecimiento de Miramax dado que su nuevo proyecto para la pequeña pantalla estaba sufriendo retrasos. Nos referimos al estimable Camino a la guerra (Path to War, 2002), inesperada despedida del cineasta.

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Operación Reno es un encargo bien hilado, no a la altura de sus obras mayores, pero con su sello personal en diversos momentos, lo que la distingue de una desleal y poco provechosa competencia. En última instancia, Frankenheimer hace su particular juego del reno deslizando una mano en apariencia intrascendente dirigida al público juvenil, si bien con los resortes de una mirada adulta sobre las motivaciones humanas y sus singulares decisiones en situaciones adversas. Los personajes y sus características están bien construidos, las secuencias de acción perfectamente definidas e ilustradas y la intriga, aunque forzada, dignamente mantenida. Resuelve en la medida de lo posible las carencias del casting con efectividad y discreción, haciendo que brillen todos sin que se note demasiado. En definitiva, un thriller a la vieja usanza según modelos pretéritos reconvertido, en última instancia, en irónico cuento navideño.

Fernando Rodríguez Tapia

[1] Existe un montaje del director que amplía el metraje a las dos horas remontando alguna de las secuencias del film y alguna escena nueva.

Published in: on diciembre 30, 2019 at 6:59 am  Dejar un comentario  
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El último boy scout

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Título original: The Last Boy Scout

Año: 1991 (Estados Unidos)

Director: Tony Scott

Productores: Joel Silver, Michael Levi

Guionistas: Shane Black, Greg Hicks

Fotografía: Ward Russell

Música: Michael Kamen

Intérpretes: Bruce Willis (Joe Hallenbeck), Damon Wayans (Jimmi Dix), Chelsea Field (Sarah Hallenbeck), Noble Willingham (Sheldon Marcone), Taylor Negron (Milo), Danielle Harris (Darian Hallenbeck), Halle Berry (Corey), Kim Coates (Chet), Bruce McGill (Mike Matthews), Chelcie Ross (Senador Baynard)…

Sinopsis: Joe Hallenbeck es un investigador privado en horas bajas marcado por su pasado. Antaño fue uno de los más importantes agentes del servicio secreto norteamericano, carrera que se truncó al enfrentarse a un senador corrupto. Jimmy Dix es una estrella de fútbol caída en desgracia al verse inmerso en un supuesto escándalo de drogas. Dos tipos totalmente distintos que unirán fuerzas al verse involucrados en un caso de corrupción, promovido por altas esferas del deporte y la política.

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La Navidad, época propicia para estar en familia o con nuestros amigos. Unas fiestas ideales para el recogimiento, las reuniones, seguir las tradiciones, las copiosas comidas y cenas o compartir muchos momentos inolvidables con nuestros seres queridos. Como aficionado (entre otras muchas cosas) al Séptimo Arte, apenas se me ocurren opciones mejores para compartir con aquellos que te rodean que el visionado de esas películas que bien saben cómo llegarnos directamente a la “patata”. Estoy convencido de que todos nosotros tenemos una o varias cintas que, además de no cansarnos nunca de revisitar en cualquier momento del año, visionamos en tan señaladas fechas, ya sea solos o acompañados de parejas, amigos o mascotas. Mientras que las cadenas televisivas tampoco se cansan de repetir esos grandes clásicos tales como ¡Qué bello es vivir! (It’s a Wonderfull Life, Frank Capra, 1946) o Siete novias para siete hermanos (Seven Brides for Seven Brother, Stanley Donen, 1954), seguro que muchos de vosotros haréis lo mismo con las tradicionalmente navideñas Gremlins (Gremlins, Joe Dante, 1984), Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, Tim Burton, 1990) o La jungla de cristal (Die Hard, John McTiernan, 1989), por poner alguno de los ejemplos más típicos que suelo encontrar en cualquiera de los muros de mis redes sociales a finales de año. Como el tema en común de este especial de La Abadía de Berzano es la Navidad, hoy toca hablar de ello y servidor tiene como costumbre fuertemente arraigada la de desempolvar de la videoteca alguno de mis filmes favoritos de las décadas de los ochenta y noventa, que suelen transcurrir en días próximos a la visita del viejo Santa Claus, escritos por Shane Black. Un tipo que, antes de la estrepitosa llegada al candelero del histriónico Quentin Tarantino, fuera considerado como uno, sino el que más, de los guionistas más influyentes de Hollywood, así como el mejor remunerado por su trabajo.

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Originario de Pittsburgh, el joven Shane Black desarrolló a una tierna edad gran afición por el género negro, sobre todo el hardboiled, esa variante más violenta y explícita de la novela negra alejada de los cánones (digamos) más puristas del noir y normalmente protagonizada por personajes algo más extremos que el popular Phillip Marlowe chandleriano. Historias de asesinatos desenvolviéndose en enrevesadas intrigas criminales repletas de eróticas escenas, femme fatales a las que no conviene quitarles el ojo de encima e investigadores privados de esos que disparan primero y preguntan después. El traslado de la familia Black a la ciudad de Fullerton, en California, durante su secundaria propició que pudiera cursar sus estudios universitarios, especializados en cine y arte dramático, en la Universidad de California de Los Ángeles, popularmente conocida por su acrónimo, UCLA. Allí conocería a una importante figura para su posterior carrera, su gran amigo Fred Dekker, futuro director de míticas cintas como El terror llama a su puerta (Night of the Creeps, 1986) o Una pandilla alucinante (Monster Squad, 1987), ésta última con guión del mismo Black. Fue Dekker quien convenciera a nuestro protagonista de que intentara entrar en el mundillo del cine a través de la escritura de historias, una vez comprobadas las extraordinarias dotes de Black para ello, dejando de lado sus aspiraciones interpretativas. Con poco más de veinte años, Shane Black lograba vender el guion que marcaría el paso a toda la posterior producción de acción blockbusteriana hollywodiense. Me refiero, por supuesto, al libreto que acabaría convirtiéndose en Arma Letal (Lethal Weapon, 1987), película que elevaría al estrellato a Mel Gibson y finalmente dirigida por un curtido artesano del oficio como es Richard Donner y producida por Joel Silver, uno de los más importantes gurús del blockbuster ochentero y noventero que ese mismo año también participó en la gestación de otro importantísimo título para la ciencia ficción y para la carrera de un tal Arnold Schwarzenegger, Depredador (Predator, John McTiernan, 1987)[1].

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Con las aventuras de los detectives Riggs y Murtaugh, Black llevó al terreno de la acción su particular reformulación de un subgénero como el de las buddy movies; es decir, esas historias protagonizadas por personajes dotados de fuertes personalidades confrontadas que se suelen centrar en el crecimiento y desarrollo de su amistad y en cómo ambos finalmente resuelven diversas adversidades. Un tipo de tramas en las que el sexo femenino prácticamente es eliminado del cuerpo narrativo y que tradicionalmente se aplicaba al género de la comedia. No es que fuera algo totalmente original, ya que encontramos, por ejemplo, un precedente en el filme protagonizado por Nick Nolte y Eddie Murphy, Límite 48 horas (48 Hrs, 1982) de Walter Hill. Sin embargo, la principal diferencia entre ambas películas parte de las reacciones humorísticas de los personajes protagonistas ante los momentos de mayor tensión en el relato de Black, mientras que en el de Hill las pinceladas de humor son prácticamente mínimas. Por otro lado, Shane Black demuestra, sin pudor alguno, su gusto por el género negro más clásico, en lo estructural de su relato, y a ello aplica no sólo elementos cómicos sino algunas piezas más de su cosecha que acabarán por convertirse en pautas habituales en toda su carrera: excelentes diálogos rápidos y cargados de humor negro, palabras malsonantes, cinismo e ironía, así como sus giros imposibles e impensables en la trama y sus quijotescos protagonistas en eterna búsqueda de redención[2]. Arma Letal fue un gran éxito, tanto para Warner Bros como para sus responsables, acabando convirtiéndose en una fructífera saga[3] y Black encontró las puertas de Hollywood abiertas y dispuestas a comprar sus ideas a golpe de talonario. Y es así como un guion escrito en los ratos muertos del rodaje de Depredador se convertiría en el mejor pagado hasta el momento (rápidamente desbancado posteriormente por el de Instinto básico [Basic Instinct, Paul Verhoeven, 1992]). Un millón setecientos cincuenta mil dólares fue la friolera cantidad que se embolsó Shane Black por un libreto que acabaría materializándose, con mil y una reescrituras mediante[4], en una de las cintas de acción más icónicas de los noventa, El último boy scout (The Last Boy Scout, Tony Scott, 1991).

Nos situamos en la ciudad de Los Ángeles, el entorno ideal para todo relato noir que se precie. Una urbe presente desde los orígenes del género. Confrontada a la verticalidad de otras ciudades como Nueva York o Chicago, la capital californiana (y segunda más poblada de todos los Estados Unidos) es el entorno perfecto para perderse en su inmensidad, en sus bajos fondos, en esos sórdidos bares situados en medio de ninguna parte o en la diversidad de su cultura urbana. Una auténtica jungla de asfalto donde el pez grande se come (o mejor dicho, devora sin piedad) al pequeño. Un lugar en el que tras los ganadores se esconden miles de historias de perdedores. Una metrópoli donde todo código de honor o valores morales son susceptibles de desaparecer tras tirar de la cadena del inodoro. No hay lugar para los idealistas, para los héroes, puesto que la ciudad acabará con ellos. Y ahí, como en prácticamente todos los relatos de Shane Black, comenzará la acción con un espectacular prólogo, precedido de unos créditos noventeros a más no poder a ritmo del pegadizo tema dedicado al fútbol americano ‘Friday night’s a great night for football’ interpretado por Bill Medley, en el que un profesional de dicho deporte, enloquecido por las deudas y amenazas de sus acreedores, acaba, en mitad de un partido, con la vida de algunos de sus rivales así como con la suya propia ante la atónita mirada de compañeros y público. Una de esas secuencias para la posteridad con la lluvia como principal protagonista, ofreciendo un ambiente más opresor si cabe al añadir esos saturados entornos azulados y neblinosos muy propios de la estética de su director, Tony Scott. El fallecido hermano menor de Ridley acabaría por especializarse en este tipo de blockbusters en la época desde que recayera en sus manos un proyecto rechazado por el mismísimo John Carpenter con el título de Top Gun: Ídolos del aire (Top Gun, 1986).

Tras esta primera escena, escena que no sólo marcará la primera de las intrigas del metraje, se nos presentarán a los protagonistas del relato. Dos tipos, dos perdedores, que, a pesar de sus claras diferencias, de que han sido fagocitados por un cruel sistema, por la inmisericorde realidad, se resisten a dejar de lado sus convicciones y códigos de honor. Por un lado, Joe Hallenbeck, interpretado por un Bruce Willis en estado de gracia que hará de este personaje su bandera, es un investigador privado venido a menos. Fuera de lugar en un mundo de avanza más rápido que él mismo, su pasado, como en la mayoría de los personajes escritos por Black, marca su presente. Antaño brillante agente del servicio secreto, condecorado por recibir una bala destinada al presidente, cayó en desgracia el día que salvara a una jovencita de las lascivas zarpas de un depravado senador. Sin perder tanto el orgullo como la compostura, Hallenbeck, con su cigarrillo colgando de la comisura de los labios, se regodeará en su soledad y aislamiento aferrado a una botella de whisky. Respondiendo al esquema del típico héroe chandleriano, pese a las miserias que lo rodean, siendo un inadaptado despreciado por su propia familia, sigue siendo un idealista, un fiel creyente y defensor de la justicia. En definitiva, es el último boy scout en una sociedad totalmente corrompida. Su mirada cínica hacia todo lo que le rodea siempre le proporcionará una rápida respuesta. Una réplica tan punzante como irreverente. Y es que si algo caracteriza a Joe Hallenbeck es la inmensa cantidad de one liners que suelta a diestro y siniestro. Cosa que, combinado con el gran carisma de un actor como Bruce Willis, lo aúpa sino aún más al Olimpo de los grandes personajes que nos ha dado este veterano actor. Lástima que este tipo de rol, el del agente de policía paria, Willis lo adoptara para su popular John McClane, dejando totalmente eclipsado a Hallenbeck, a esta versión moderna, algo menos elegante, de los Phillip Marlowe y/o Sam Spade de Raymond Chandler y Dashiel Hammett respectivamente. Una reformulación made in Shane Black de los clásicos del noir en clave de ácida comedia negra.

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En el otro lado tenemos a Jimmy Dix, un juguete roto del futbol profesional que ha sufrido en sus propias carnes los estragos del negocio del deporte. Otro héroe caído en desgracia por los excesos y las drogas. Decepcionado, amargado, no hay apenas lugar para la esperanza en su mirada hacia el mundo que le rodea a excepción de su novia, Cory, abatida a tiros en mitad de la calle. Interpretado por Damon Wayans, cómico y actor de larga trayectoria al que hemos podido ver interpretando a la versión televisiva de Roger Murtaugh en la serie Arma Letal (Lethal Weapon, 2016-2019), Dix se nos presenta con una personalidad radicalmente distinta a la de Hallebeck. Diferencias de forma, pero no de fondo, ya que el personaje de Wayans es tan quijotesco como el de Willis. Salvo por el hecho de que ha permitido que la corrupción que le rodea se haya apoderado de él, con excepción de algunos destellos de héroe que nos deja entrever y que, con la (involuntaria) ayuda de Hallebenck, acabará por situar en primer término en pos de esa cruzada compartida por la búsqueda de la propia redención. Ambos desarrollarán paralelamente una relación de camaradería mientras se afanan en resolver esos casos distintos, aparentemente no relacionados entre sí, que convergerán en un explosivo (literalmente) desenlace donde el sentido del cine entendido como espectáculo de los excesos, una tónica del blockbuster de esa década, hace acto de presencia.

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Como en toda cinta escrita o dirigida por Black, nuestros protagonistas danzarán por las calles de la envilecida ciudad de Los Ángeles tras una trama criminal relacionada con el mundo del deporte profesional que incluso salpica a las altas esferas. Todo ello amenizado con el estilo característico de su director, Tony Scott, donde habrá lugar para sus planos picados y contrapicados imposibles, rostros sombríos iluminados por la llama de la cerilla que enciende sus cigarrillos, esa peculiar estética de azules y naranjas saturados, atmósferas neblinosas, escenas de acción impactantes, atronadores y crudos tiroteos, y grandes y aparatosas explosiones (muchas) con música de Michael Kamen de fondo. Ciento un minutos de trepidante acción en una cinta muy entretenida de la cual podemos también destacar de entre su reparto (además de las breves participaciones de unos desconocidos, en ese momento, Halle Berry o James Gandolfini[5]) a las actrices que interpretan a la malograda familia de Joe Hallenbeck: Chelsea Field y Danielle Harris. A nivel personal, siempre me ha sorprendido que la carrera de Chelsea Field no haya llegado a mayores, ya que es una de esas actrices que lo tienen prácticamente todo para poder triunfar el Hollywood; es decir, presencia en pantalla y buen oficio. Sin embargo, se la suele recordar por haberle puesto cuerpo y cara a Teela, el popular personaje femenino de la serie de juguetes de Mattel, los Masters del Universo, en la película homónima producida por Cannon Films. Danielle Harris tampoco necesita de mucha presentación para todos aquellos amantes del cine de terror. Actualmente musa del género de horror, la pequeña Danielle debutó en el cine como la sobrina del celebérrimo Michael Myers, el boogieman que el Maestro John Carpenter nos presentara en su imprescindible La noche de Halloween (Halloween, 1978). En El último boy scout es la irascible e insoportable hija de Joe Hallenbeck. Una niña -¿hemos comentado ya que la presencia de niños es característica propia de todo relato escrito por Shane Black?- con gran facilidad para meterse en líos y con unas aptitudes para el dibujo y la perversión de iconos navideños. Su dibujo de “Satán Klaus” es, sin duda, uno de los momentos más recordados con la cinta y posiblemente el único elemento de conexión con la Navidad de toda la película. La Navidad siempre está presente en la obra de Black. En El último boy scout (1991), pese a no ser tan explícita como en Arma letal o Kiss Kiss Bang Bang (Kiss Kiss Bang Bang, Shane Black, 2005), por ejemplo, todo indica que la acción transcurre próxima a tan estimada festividad. Como habitante de una localidad en la que el clima invernal tan sólo nos brinda dos semanas de frío (y muchas veces ni siquiera coinciden con la visita de Papá Noel), no me sorprende que las gentes de California reciban el nacimiento del niño Dios en manga corta. Ese clima caluroso y opresivo del que “gozan” en Los Ángeles le sienta como anillo al dedo a todo relato de género negro donde la ciudad es uno más de los protagonistas -caso también de la cinta que nos ocupa- y no siente clemencia alguna por aquellos que la transitan.

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En definitiva, sé que a la cinta de Tony Scott no le falta ni defensores, ni detractores. Yo me encuentro entre los del primer grupo, ya que El último boy scout no sólo me parece una cinta más que entretenida, sino también una reformulación, una revisión, una actualización, un homenaje o como lo queramos llamar del mejor género negro, pero en clave de comedia y con las formas de una buddy movie de acción. Puede que la trama sea lo de menos. Y diría que en realidad lo es, ya que lo que de verdad importa, lo que de verdad confiere empaque al producto final, son los brillantes diálogos escritos por Black. Diálogos ágiles, punzantes, divertidos… La película, como he comentado, está repleta de one liners (tales como el impagable: “si me vuelves a tocar, te mato”, “Estoy a dos metros de usted, puede que llegue y puede que no, pero si vuelve a llamarla puta saldré de dudas” o “Todo el mundo te odia. Ellos se lo pierden. Sonríe, cabrón”) que, conjugados con la presencia en pantalla del mejor Bruce Willis, haciendo las veces por vez primera de ese tipo de personaje que hizo popular, han hecho las delicias de todo aficionado al género. La cinta de Scott responde también a los parámetros de una década llena de excesos donde normalmente primaba la espectacularidad de lo visual sobre la historia, pero que gracias al toque maestro de Shane Black, aquí tiene calidad en ambas vertientes: la acción es apabullante y rodada con el suficiente oficio como para dejar la boca abierta del respetable ante tanto fuego de artificio y las palabras que profieren los personajes tienen la capacidad de acabar de desencajar las mandíbulas a golpe de carcajada de los espectadores. Sin duda, una pequeña joya que muchos guardamos como oro en paño en nuestros corazoncitos de fans y una muestra inequívoca de cuánto gustaba molar en los noventa.

José Manuel Sarabia

[1] Joel Silver se llevó de la mano a Shane Black al rodaje de Depredador. Silver necesitaba un guionista de apoyo, por si fuese necesario hacer cambios sobre la marcha del guion de los hermanos Thomas. Sin embargo, Shane sólo accedió a participar si se le daba un papel en el reparto. De esta forma encarnó al operador de radio Hawkins, primera de las víctimas del depredador y aficionado a hacer chistes sobre la vagina de su novia.

[2] Las historias de compañeros, las buddy movies, son una constante dentro de la filmografía de Shane Black. Como excepciones encontramos el libreto de Una pandilla alucinante y el de su secuela no oficial (o al menos en la opinión de aquel que suscribe estas palabras) Depredador (The Predator, Shane Black, 2018).

[3] La saga de Arma letal ha dado hasta el momento cuatro filmes, todos dirigidos por Richard Donner y protagonizados por Mel Gibson y Danny Glover, así como una serie de televisión que consta de tres temporadas. Black se bajó de la saga en su segunda entrega tras una discusión con los productores acerca del destino de Riggs. En su libreto, el personaje interpretado por Mel Gibson moría. Warner no accedió a ello.

[4] El rodaje de El último boy scout no es recordado de forma grata por algunos de sus responsables, entre ellos Shane Black y Tony Scott. Éste último llegó a confesar que tuvo que acatar muchas de las órdenes de Joel Silver y Bruce Willis, producidas por sus constantes cambios sobre la marcha del libreto original de Black, bajo amenaza de despido o impago de su salario.

[5] Gandolfini disfrutaría de un papel algo más extenso (y acreditado) en la siguiente película de Tony Scott, Amor a quemarropa (True Romance, 1993), cinta con Quentin Tarantino en sus créditos en calidad de guionista y cuya estética bebe mucho de la de El último boy scout.

Published in: on diciembre 23, 2019 at 8:45 am  Comentarios desactivados en El último boy scout  
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Original Gangstas [tv/vd/dvd: Hot City]

Original Gangstas - Hot City

Título original: Original Gangstas

Año: 1996 (Estados Unidos)

Directores: Larry Cohen, Fred Williamson [sin acreditar]

Productor: Fred Williamson

Guionista: Aubrey K. Rattan

Fotografía: Carlos González

Música: Vladimir Horunzhy

Intérpretes: Fred Williamson (John Bookman), Jim Brown (Jake Trevor), Pam Grier (Laurie Thompson), Paul Winfield (Reverendo Dorsey), Isabel Saford (Gracie Bookam), Oscar Brown Jr. (Marvin Bookman), Richard Roundtree (Slick), Ron O’Neal (Bubba), Christopher B. Duncan (Spyro), Eddie Bo Smith Jr. (Damien), Dru Down (Kayo), Shyheim Franklin (Dink), Robert Forster (detective Slatten), Charles Napier (Alcalde), Wings Hauser (Michael Casey)…

Sinopsis: Tras muchos años ausente, enfrascado en su carrera profesional, John Bookman regresa a su ciudad natal en Gary, Indiana, y se encuentra con una ciudad tomada por las bandas callejeras. Su padre ha sido agredido por los miembros de una de ellas, por lo que decide reunir a sus viejos amigos del barrio para dar una lección a los delincuentes.

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1996 fue un buen año para el actor, guionista, director y productor Fred Williamson, y lo fue por partida doble. Por un lado, su amigo Quentin Tarantino -un declarado fan de la blaxploitation, que reivindicaba ya en aquellas primeras entrevistas cuando presentaba su opera prima y de la que aquél fue una de las más destacadas personalidades- le daba un papel en Abierto hasta el amanecer (From Dusk Till Dawn, 1996), film de vampiros cuyo guion el responsable de Reservoir Dogs (Reservoir Dogs, 1992) había escrito tiempo atrás y que finalmente conseguía luz verde siendo su colega Robert Rodriguez el encargado de llevarlo a imágenes, en lugar del especialista en FX Greg Nicotero -de los muy solicitados KNB, esto es: Kurtzman, Nicotero & Berger- como habían anunciado previamente las publicaciones dedicadas al séptimo arte[1]. Por otro lado, Williamson conseguía sacar adelante una producción con su compañía, la Po’ Boy Productions[2], pero amparada por la poderosa Orion, lo que le permitiría disfrutar de un mayor presupuesto y de distribución en salas. Se trataba de Hot City, como se titulaba en un principio y como se distribuyó en diversos países, entre ellos el nuestro[3]; un proyecto que reunía en su reparto a un puñado de los principales intérpretes de la era dorada de la blaxploitation. De este modo, además del propio Williamson -que se reserva el papel principal, faltaría más-, contaron con Jim Brown[4], Pam Grier, Richard Roundtree -en la que sería su tercera colaboración con Larry Cohen-, Ron O’Neal y Paul Winfield; faltaba Jim Kelly[5], pero es que al parecer fue imposible contactar con él. Secundando a este black cast encontramos a algunos actores de los que gustaba rodearse The Hammer, tales como Robert Forster, con quien aquél venía trabajando desde Vigilante (Vigilante, 1983) de William Lustig -coincidiendo Foster aquí con Pam Grier un año antes que los reuniera el enfant terrible del cine usamericano de los noventa en Jackie Brown (Jackie Brown, 1997)-, Charles Napier o Wings Hauser[6]. El mismo Tarantino iba a hacer un cameo como taxista, pero finalmente no fue posible por motivos de agenda. En esta ocasión no sería Fred Williamson el realizador -como había venido siendo lo más habitual en los trabajos de la Po’ Boy Productions-; contaban con un presupuesto más holgado y aquél aprovechó para llamar a su colega Larry Cohen, quien lo dirigiera con éxito en el díptico formado por El padrino de Harlem (Black Caesar, 1973) y Hell up in Harlem [vd/dvd: Guerra en Harlem; tv: Infierno en Harlem, 1973], dos de los títulos más celebrados de la blaxploitation y a su vez de la carrera del propio Williamson.

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A comienzos de los noventa triunfaban en la cartelera norteamericana cintas como Los chicos del barrio (Boyz N The Hood, 1991) de John Singleton, New Jack City (New Jack City, 1991) de Mario Van Peebles, o Menace II Society [tv/vd: Infierno en Los Ángeles, 1993] de los hermanos Albert y Allen Hughes[7]. Películas que mostraban la marginalidad de los guetos negros y cómo jóvenes gánsteres se hacían con el control de las drogas imponiendo su poder en el barrio[8]. Formalmente se dejaba ver en algunas la -nefasta- influencia de la MTV, y las bandas sonoras se llenaron de temas de hip-hop, e incluso saltarían a la pantalla famosos raperos como Ice-T o Ice Cube[9]. No tardaron unos cuantos críticos en calificar estas películas como una puesta al día de la blaxploitation. Ciertamente, unas y otras estaban dirigidas principalmente a un público joven, mostraban preocupación por los problemas de la comunidad negra y adquiría gran importancia la estética callejera: tanto el rodaje, centrado principalmente en localizaciones reales, como la música y la forma de vestir propia de la gente del barrio. También en ambas el protagonista se encuentra en la tesitura de enfrentarse a un doble conflicto propiciado por su raza e identidad: tanto el que supone actuar en un sistema dominado por la hegemonía blanca, como tener que encarar los problemas que surgen debido a las luchas internas de su propia comunidad. Pero hay un elemento esencial que diferencia el cine comercial afroamericano de esas dos décadas y que queda muy claro en la declaración que Mario Van Peebles daba en 1999 para el programa E! True Hollywood Story, cuando dice que New Jack City venía a ser su homenaje a Super Fly (Super Fly, 1972) de Gordon Parks Jr. pero adaptado a su tiempo, por lo que el dealer protagonista de su cinta, Nino Brown -Wesley Snipes-, no podía salir indemne, tenía que pagar por sus actos delictivos -por sus pecados-, al contrario de lo que ocurría con el Priest -Ron O’Neal- del film de los setenta. Es decir, el elemento transgresor, inconformista, propio de la blaxploitation, no estaba ya presente en la década de los noventa, donde empezaba a imperar lo políticamente correcto[10].

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En consonancia con este tipo de cine, el alcalde del film que nos ocupa (Charles Napier) es un hombre blanco que no hará nada para ayudar a la comunidad de color, más preocupado por su carrera política y por mantener una imagen intachable que por cumplir sus promesas para con los ciudadanos, entroncándose de paso con la habitual desconfianza de Larry Cohen hacia las altas esferas y los poderes fácticos. También la banda sonora, editada en CD por el sello Noo Trybe, seguía la tónica habitual de las películas de gangstas de la década de los noventa con un puñado de canciones de rap a cargo de Ice T, Spice 1, Smooth y otros, si bien Williamson se permitía incluir en la película, algo usual en sus producciones, una banda de soul interpretando un tema en un local, en esta ocasión en el bar donde se reúnen sus antiguos amigos.

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El arranque de Original Gangstas [tv/vd/dvd: Hot City, 1996], con John Bookman, el personaje de Fred Williamson, acudiendo a la ciudad que le vio nacer tras sufrir su padre un ataque por parte de unos gamberros en la tienda que regenta, recuerda mucho al de otra cinta protagonizada por la antaño estrella de fútbol americano, Bucktown [tv: Bucktown, 1975], de Arhur Marks, donde Duke Johnson (Williamson) llegaba a una pequeña localidad del sur para el entierro de su hermano, muerto al ser atacado en su propio garito. Pero, aunque en ambas los personajes de Williamson se enfrentarán, pidiendo ayuda a viejos amigos, a esos grupos que tienen aterrorizadas las respectivas localidades, el caso de Bucktown tira por los mismos derroteros que hará al año siguiente -en versión honkyFuerza de vigilancia (Vigilante Force, 1976) de George Armitage, y Duke tendrá que combatir, para terminar de poner orden, contra aquellos que le echaron un cable porque lo que han hecho en última instancia es sustituir a los anteriores matones para quedarse ellos la posición de poder. Mientras que en Original Gangstas los vecinos recuperan el barrio cuando deciden todos actuar por el bien común y luchar contra las pandillas que obran a su antojo, terminando de este modo de forma contraria a lo usual en la blaxploitation donde “en cualquier caso, lo que delatan todas estas posturas es una progresiva pérdida de confianza en el trabajo en común de la sociedad afroamericana y el desplazamiento hacia héroes excepcionales y mesiánicos -bien por su integridad, bien por su fuerza- que satisfacen un evidente deseo de revancha y de compensación por décadas de invisibilidad del afroamericano en el cine[11].

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Si en la película, Bookman y sus viejos colegas, quienes formaron la banda original del gueto cuando eran jóvenes, vienen a decirles a los nuevos chicos que ellos estaban ahí antes, que esas calles les pertenecen, podemos ver también cómo Williamson y los demás actores veteranos reclaman su sitio en aquel auge del cine de acción policiaco-criminal afroamericano en los noventa. En palabras de su responsable: “La verdadera razón por la que hice la película… Resucitar actores. Traerlos de vuelta y mostrar al público que todavía estamos en el mercado, aún estamos disponibles y, aunque ya tengas más de cuarenta o cincuenta años, no estás muerto. Todavía tienes un público que se pregunta qué estás haciendo y quiere volver a verte[12]. Por su parte, Pam Grier comentó sobre Original Gangstas en un programa para el canal “Estilo” que estaba muy contenta de haber podido interpretar a una ama de casa de mediana edad, en chándal y desaliñada, carente de glamour, que luchaba por su familia y por su comunidad. Un personaje y una imagen alejados de los habituales roles de chica sexy y peligrosa que la hicieran famosa en los setenta a las órdenes de realizadores como Jack Hill, Arthur Marks o William Girdler.

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En pleno verano, bajo un sofocante calor, empezó el rodaje que tuvo lugar en la propia Gary, donde se desarrolla la trama y donde precisamente nació Fred Williamson. Una localidad famosa por el alto grado de delincuencia -y de homicidios- y la presencia de bandas que azotan sus calles. De hecho, se usaron auténticos miembros de pandillas locales en el film, a los que Cohen recordaba gratamente por lo bien que se portaron, siempre dispuestos a todo lo que hiciera falta para sacar la película adelante. No fue ésta sin embargo una colaboración tan buena entre Cohen y Williamson, algo que el primero achacaba a que el segundo estaba encargado en esta ocasión también de la producción, lo que motivó que surgieran los habituales problemas entre el director y el productor[13]. Es más, pese a solo estar acreditado oficialmente Cohen en la realización, parece ser que Williamson interfirió en el trabajo del de Nueva York. No obstante, a pesar de las discusiones por cuestiones presupuestarias entre ambos, no sería de extrañar que fuera de Cohen la idea de aprovechar una escena en la que chocan dos coches de policía, reciclada de otro film de Orion: RoboCop 2 (RoboCop 2, 1990) de Irvin Kershner.

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Pese a la solvencia del trabajo de Cohen y al respaldo de la Orion, el resultado -con una mejor factura en todos los niveles- no deja de ser una de las habituales producciones de la Po’ Boy. El personaje y la persona de Fred Williamson acaban imponiéndose, el primero a los de sus compañeros de reparto -con mucha más importancia en el libreto- y el segundo tanto al guionista como al director -resulta significativo al respecto que es el único film dirigido por Larry Cohen que no escribió él mismo-. Williamson incluso se permite añadir a Bookman rasgos personales tales como su procedencia de Gary y su dedicación al fútbol americano; aunque en esta ocasión, y contradiciendo sus propias reglas, no se queda con la chica, y Laurie (Pam Grier) vuelve a los brazos de Jake (Jim Brown), su amor de juventud y padre de su hijo asesinado por las bandas.

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Estrenada en cines en Estados Unidos el diez de mayo de 1996, con la clasificación R y el mismo fin de semana que el blockbuster Twister (Twister, 1996) de Jan de Bont, Original Gangstas tuvo una acogida algo floja. Williamson se quejaba que la Orion no hubiera aplazado el estreno, pudiendo así haber obtenido una mejor recaudación en taquilla; Cohen por su parte se mostraba más positivo, pensando que ya conseguiría su lugar en el mercado del vídeo y la televisión por cable. Y así fue. De hecho, a nuestro país llegó directamente a los videoclubs y, junto a posteriores y diversas ediciones en DVD, también se ha emitido en varias ocasiones por la llamada caja tonta y está disponible en algunas plataformas digitales. De todos modos, Williamson debió quedar satisfecho, porque desde poco después de que el film estuviera en cartel lleva anunciando una secuela, o así, llamada Old School Gangstas, donde repetirían algunos de los intérpretes de aquélla a los que se sumarían otros rostros negros emblemáticos de los setenta como Antonio Fargas, Bernie Casey o Gloria Hendry. El cartel está listo desde hace mucho; ahora sólo falta que hagan la película. No obstante, hay que reconocerle a “The Hammer” que nunca se olvidó de sus compañeros de generación; desde los comienzos de la Po’ Boy hemos podido ver en sus repartos a gente como Richard Roundtree, Tony King, Jim Brown, y otros…

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Considerada la última película para cine que dirigiera Larry Cohen, Original Gangstas es realmente el film póstumo que el neoyorkino rodó. Enfrascado en todo tipo de guiones, no se volvió a sentar en la silla del realizador hasta Pick Me Up [tv/dvd/br: Trayecto al infierno, 2006], su aportación a la serie Masters of Horror para la que contaría con dos de sus actores fetiche, la rubia Lauren Landon y el antipático Michael Moriarty. Se suponía que el de la Gran Manzana se encargaría de dirigir uno de los diez guiones que había escrito para una serie que iba a producir la Bad Robot de J. J. Abrams pero, desgraciadamente, su óbito el 23 de marzo de 2019 daría al traste con éste y todos sus proyectos.

Alfonso & Miguel Romero

[1] El guion de Abierto hasta el amanecer también se lo habían ofrecido a Michele Soavi, quien declinó la oferta tras leerlo.

[2] Fred Williamson, de fuerte carácter emprendedor, funda la Po’ Boy Productions a mitad de los setenta, en un momento en que los productores empiezan a perder interés en la blaxploitation, y comienza a hacer sus propias películas. Ejerciendo indistintamente tareas de productor, guionista, director y/o, por supuesto, actor, y siguiendo sus propias premisas de que su personaje no puede morir, gana todas las peleas en las que se mete y termina llevándose a la chica, Williamson ha mantenido un ritmo de producción constante hasta nuestros días, en ocasiones incluso en régimen de coproducción con otros países. Entre los primeros trabajos de la casa figuran diversos westerns, uno de los géneros favoritos de su fundador, como son Adiós Amigo [vd/dvd: Nos llaman Adiós amigo, 1975], dirigido por el propio Williamson, y Joshua [vd/dvd: Joshua, 1976], de Larry G. Spangler. A partir de los ochenta, como tantas otras pequeñas compañías, orientó su producción al mercado del vídeo y la televisión de pago.

[3] Como ocurrió también con, por ejemplo, Arac Attack (Arack Attack, 2002), del amante de los bichos Ellory Elkayen, que acabó estrenándose en los USA como Eight Legged Freaks mientras que en otros países se mantuvo el título inicial. En los Estados Unidos ese cambio se debió al parecido fonético con “Irak Attack” (“Irak ataca”) en unos momentos en los que aún estaba caliente el atentado contra las Torres Gemelas.

[4] Al igual que Fred Williamson, Jim Brown había sido una de las grandes estrellas del fútbol americano antes de decidir pasarse al cine. Irrumpió fuerte en las pantallas participando en cintas como Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) de Robert Aldrich, Estación Polar Cebra (Ice Station Zebra, 1968) de John Sturges, o los westerns Río Conchos (Rio Conchos, 1964) de Gordon Douglas, Los 100 rifles (100 Rifles, 1969) de Tom Gries o El cóndor (El Condor, 1970) de John Guillermin antes de alzarse como uno de los principales iconos de la blaxploitation en títulos de acción como Operación masacre (Slaughter, 1972) de Jack Starret, Masacre (Slaughter’s Big Rip-Off, 1973) de Gordon Douglas o Pólvora negra (Black Gunn, 1973) de Robert Hartford-Davis. Es bien sabido, y lo ha comentado en alguna ocasión su colega Williamson, que Jim Brown no llegó más lejos en Hollywood por la -mala- fama que tenía debido a cómo trataba a las mujeres; no en vano por ello le dieron el papel de Dreems en Melodía para un asesinato (Fingers, 1977) de James Toback.

[5] Jim Kelly, campeón mundial de karate, intervino con el rol del Sr. Williams en Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973) de Robert Clouse, al lado de Bruce Lee y John Saxon. A continuación, se consagraría como el artista marcial por excelencia dentro de la blaxploitation con una serie de películas en las que repetiría en un par de ocasiones con el citado Clouse, y donde también llegó a encabezar interesantes repartos a las órdenes del exploiter Al Adamson en un par de títulos en los que Kelly vendría a ser un socias negro de James Bond. Al lado de Fred Williamson y Jim Brown protagonizó Los demoledores (Three, the Hard Way, 1974), de Gordon Parks Jr., y su tardía secuela Apuesta peligrosa (One Down, Two to Go, 1982), ésta ya con dirección del propio Williamson y con su compañía la Po’ Boy Productions de por medio. Entre una y otra el trío encabezaría el reparto de Por la senda más dura/La parola di un fuorilegge… è legge!/Take a Hard Ride (1975), curioso mestizaje de blaxploit y spaghetti western rodado en las Islas Canarias por Antonio Margheriti bajo su recurrente seudónimo de Anthony M. Dawson. Con la llegada de los ochenta y la pérdida de interés por parte del público por el cine que él hacía, Kelly abandonaría las pantallas -tan sólo se dejaría ver en unas cuantas cintas- y se dedicaría con éxito al tenis. En I’m Gonna Git You, Sucka [vd: Voy a por ti; tv: Sobredosis de oro, 1988], la parodia de Keenen Ivory Wayans de la blaxploitation, Steve James simulaba con el personaje de Kung Fu Joe los papeles típicos de Jim Kelly en los setenta.

[6] Uno de los intérpretes que más repitió al lado de Fred Williamson fue Joe Spinell, llegando a coincidir hasta en ocho ocasiones, pero para 1996 éste llevaba ya siete años muerto.

[7] Albert y Allen Hughes, los directores de las más famosas Desde el Infierno (From Hell, 2001) -según el cómic de Alan Moore y Eddie Campbell- y El libro de Eli (The Book of Eli, 2010), dirigieron en 1995 uno de los mejores homenajes a la blaxploitation con Dead Presidents [tv/vd/dvd: Dinero para quemar], un par de años antes que Jackie Brown llegara a las carteleras.

[8] Hasta Walter Hill, en cierto sentido, se apuntaba a esta corriente de películas con El tiempo de los intrusos (Trespass, 1992).

[9] A finales de los ochenta, la banda de hip-hop Run-DMC había protagonizado uno de los primeros ejemplos de estas gangsta movies con Tougher Than Leather [vd: Ciudad sangrienta, 1988], con dirección de Rick Rubin.

[10] Es llamativo que uno de los films precursores de la blaxploitation fuera la producción independiente de marcada influencia europea Sweet Sweetback’s Baadasssss Song [vd: Violenta persecución, 1971], escrita, dirigida y protagonizada por Melvin Van Peebles, precisamente el padre de Mario Van Peebles, quien también tiene un pequeño papel en la cinta. Huey Newton, el líder de los Panteras Negras, aplaudió la película encontrándola subversiva contra la opresión blanca.

[11] Roberto Cueto, “Black Noir. Breve introducción al cine blaxploitation”, en El thriller USA de los 70, E.P.E. Donostia Kultura, 2009.

[12] La reivindicación por el cine afroamericano de los setenta, tanto por las películas como por sus bandas sonoras, tuvo lugar según avanzaban los noventa. En los ochenta se dio principalmente una mirada negativa hacia estos títulos, más acorde con la de aquellos pensadores de color que las atacaron desde sus comienzos. Puede verse esta mirada despectiva, por ejemplo, en la comedia Hollywood Shuffle [vd: Un chalado en Hollywood, 1987], dirigida, escrita (junto a Keenen Ivory Wayans) y protagonizada por Robert Townsend, actor visto por cierto en algunas blaxploitations, caso de Cooley High [tv: Instituto Cooley, 1975] de Michael Schultz o The Monkey Hu$tle [vd: The Monkey Hu$tle, 1976] de Arthur Marks, dos filmes rodados precisamente en Chicago, la ciudad con mayor comunidad negra de los Estados Unidos.

[13] El director de Special Effects [tv/vd/dvd: Efectos especiales, 1984] recordaba en una entrevista, por ejemplo, que cuando iban a filmar unas tomas adicionales para la escena que rodaron el día anterior en la que uno de los chicos malos llegaba en un coche disparando, Williamson le dijo que usarían otro vehículo, ya que no disponían del que habían utilizado. Cohen se negó; la película tenía que quedar lo mejor posible y no estaba dispuesto a hacer ese tipo de chapuzas. El actor y productor tuvo que soltar más dinero para volver a alquilar el mismo automóvil. Aunque volverían a ser amigos, durante un tiempo su relación se enfrió, como se puede percibir de la entrevista a Williamson en el documental King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen (2017), de Steve Mitchell.

T.N.T. [tv/dvd: Lobo de guerra]

Lobo_De_Guerra-Caratula

Título original: T.N.T.

Año: 1997 (Estados Unidos)

Director: Robert Radler

Productores: Patrick D. Cheh, Nile Niami

Guionistas: Chuck Konzelman, Darrell Sedliar, Cary Salomon

Fotografía: Bryan Duggan

Música: Stephen Edwards

Intérpretes: Olivier Gruner (Alex Girard), Eric Roberts (Russo), Randy Travis (sheriff Jim), Rebecca Staab (Jamie Wheeler), Judson Mills (Val), Traci Adell (Barbara), Sam J. Jones (Greel), Ken Olandt (Basu), Ben Radler (Andrew), Simon Rhee (Choi), Alberto Vazquez (Carlos), Big Daddy Wayne (Komati), Cyril O’Reilly, Ronald Lawrence, Juan A. Riojas, Bre Blair, Hari Oziol, David ‘Shark’ Fralick, Steve Hulin, Kane Hodder, Chris Carnel, Brent Fletcher, Rick Shuster, M. Evan Jensen, Dana Kristen Vahle…

Sinopsis: Alex Girard, antiguo soldado en la Guerra del Golfo, forma parte de un grupo de mercenarios denominado T.N.T. –Tactical Neutralization Team- que es liderado por un tipo llamado Russo. Son un comando que actúa con absoluta discreción al servicio del gobierno de los Estados Unidos. Tras una serie de misiones ejecutadas con éxito y libradas con escrupulosa eficacia por los mercenarios, Alex se da cuenta que sus actuaciones no tienen un fin patriótico. Russo se está aprovechando de la situación para su lucro personal. Alex decide entonces abandonar el grupo, pero esta decisión le va a acarrear problemas; su líder teme que se vaya de la lengua, por lo que envía al comando contra él.

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Los excelentes dividendos conseguidos en la taquilla por Soldado Universal (Universal Soldier, 1992) colocaba en primera fila de la industria hollywoodiense a su director, el alemán Roland Emmerich, y a su protagonista, el belga Jean-Claude Van Damme[1]. El primero había llamado la atención desde su país natal con diversas cintas de temática fantástica que le habían granjeado el apelativo de “el Spielberg alemán”, más la ambiciosa producción con reparto internacional Moon 44 [vd/dvd/bd: Estación lunar 44, 1990]. El segundo se convertía en estrella del cine de acción tras labrarse un nombre en una serie de títulos del género para productoras más pequeñas.

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Estas compañías de bajo y mediano presupuesto encontraron un sustituto al belga en otro europeo, el francés Olivier Gruner, antiguo miembro de las fuerzas especiales de la Marina francesa y Campeón Mundial de Kickboxing en 1986, que iniciaba una carrera como actor presentándose como tal en el Festival de Cannes de 1987. Tras Angel Town [vd: Distrito sin ley, 1990] de Eric Karson para la Ellendale Place, Gruner protagonizaba para la Imperial Entertainment Nemesis [tv/vd/dvd: Nemesis, 1990] bajo la dirección de Albert Pyun[2], producción que guarda no pocos puntos en común con el Cyborg (Cyborg, 1989) que el mencionado director de origen hawaiano había realizado a mayor gloria de Van-Damme. De hecho, Nemesis se distribuyó en algunos sitios como una secuela apócrifa de dicho film de la hoy reivindicada Cannon[3].

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La película de Pyun con Gruner supondría un pequeño éxito, teniendo cierta repercusión en las publicaciones especializadas en cine fantástico y de acción de la época, desde las que se promocionaba al francés como una estrella en ciernes. Sin embargo, sería tal vez un temprano punto álgido que no superaría. Al contrario que Van-Damme, Olivier Gruner no jugaría nunca en las primeras ligas: no trabajaría para ninguna major, no intervendría en ningún blockbuster, no le pondrían a su disposición a reputados directores del cine de acción made in Hong Kong como John Woo, Ringo Lam o Stanley Tong, ni le invitarían a salir en un cameo en alguna película de los astros del género[4]. El gabacho se conformaría con afrontar cintas modestas para pequeñas productoras, destinadas al mercado del vídeo doméstico y los canales por cable, en las que, eso sí, sería el protagonista principal, aquello de “cabeza de ratón”. En los últimos años, por el contrario, se le ha visto como guest star en no pocas cintas con amplios repartos de caras conocidas de la Serie B, rodadas muchas de ellas en la Europa del Este.

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Para T.N.T. [tv/dvd: Lobo de guerra, 1997], la Interlight Pictures contó en la dirección con Robert Radler, realizador principalmente televisivo muy versado en la acción y las artes marciales en cuyos créditos se encuentran no pocos episodios de los coloridos Power Rangers. Radler debutó en la gran pantalla a finales de los ochenta con un título de tirón comercial, Best of the Best [vd: Campeón de campeones, 1989], protagonizado por Eric Roberts[5], que sería su trabajo más recordado junto al último que ha firmado y que es diametralmente diferente, el documental musical Turn It Up! (2014), una celebración de la guitarra eléctrica presentada por Kevin Bacon que cuenta con entrevistas y actuaciones de gente tan variopinta como B.B. King, Slash, Les Paul y muchos otros[6].

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Sin embargo, en la que nos ocupa Radler se limita a filmar una cinta de acción de lo más rutinaria, que no destaca ni el guion -no añade nada a una historia vista innumerables veces-, ni en sus intérpretes -que se limitan a estar en unos papeles totalmente maniqueos-, ni en una fotografía muy plana, ni en la puesta en escena. Radler, al contrario de lo que se podría pensar, no saca provecho a las escenas de acción ni de lucha, donde, dado su currículum, debería haber destacado, y T.N.T. presenta una factura puramente televisiva en todos los aspectos, en forma y fondo, muy cercana en sus pretensiones a series para la pequeña pantalla como aquella Walker, Texas Ranger (Walker, Texas Ranger, 1993-2001) que protagonizara Chuck Norris -a lo que ayuda también la presencia de Judson Mills en el reparto, quien interpretara el papel de Francis Gage en las últimas temporadas de la citada teleserie-. Como en dicha producción catódica, una trama sencilla con buenos y malos sirve para resaltar los valores tradicionales tan queridos por los estadounidenses como son el honor, la amistad, la justicia, el amor, la familia, etc[7]. Y no por casualidad, Alex marchará -para esconderse de su antiguo escuadrón y su jefe- a un pequeño pueblo en el campo, un regreso a los orígenes, a las raíces, donde aún se mantienen los preciados valores de antaño, donde todo el mundo se conoce y basta con la actuación de un sheriff (el cantante de country Randy Travis) para que impere el orden. Será allí donde el exmarine, que carga sobre sus espaldas con un reguero de cadáveres, podrá empezar una nueva vida renunciando a los viejos tiempos como militar y como mercenario para poder limpiar así su conciencia.

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A destacar el momento en que, tras matar los malos a su viejo colega y secuestrar a su novia, nuestro protagonista, decidido a acabar con aquéllos, recupera su armamento militar cavando en el bosque donde lo había ocultado, “desenterrando” de este modo ese pasado que pretendía sepultar para siempre este Rambo -o James Braddock, tanto da- de la Guerra del Golfo. Recalcar también la presencia de un par de característicos como Kane Hodder y David “Shark” Fralick interpretando a dos de los matones que molestan a Alex y a su fianceé en la fiesta de cumpleaños del sheriff -pagarán su osadía-; y al grandote Sam J. Jones -eterno Flash Gordon, como nos recordó Seth MacFarlane- en el comando de los malosos.

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Eric Roberts[8] repite aquí con Radler después de las dos primeras entregas de Campeón de campeones, aunque en esta ocasión encarna el rol del villano, el malvado y sin escrúpulos Russo, cuyas acciones supuestamente patrióticas esconden fines personales y lucrativos. Está destinado, por descontado, a pagar por sus crímenes. Su actuación, pese a ser el malo principal, se limita a unas pocas escenas, rodadas casi todas en los mismos escenarios. Mayor protagonismo recae en el militar al que da vida Cyril O’Reilly, el superior del personaje de Gruner en el grupo de mercenarios y su verdadera némesis.

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T.N.T. no supondría nada especial en la filmografía del artista marcial francés, al igual que tampoco lo haría ese mismo año Mars [tv/dvd: Mars], del psicotrónico Jon Hess[9], algo así como una versión pobre de Atmósfera cero (Outland, 1981) de Peter Hyams. Y aunque Gruner continuaría transitando los senderos de los bajos presupuestos, al menos aún participaría en trabajos de cierto interés, en films donde sacarían más partido a sus aptitudes para la lucha e incluso en alguna propuesta más arrojada, como puede ser el caso de Deadlu Engagement [dvd: Deuda de honor, 2002], algo así como una fusión de las películas de acción tipo hombres en una misión con las women in prison movies tan propias de su realizador, Lloyd A. Simandl, que provocó el desconcierto y el enojo de algunos fans -suponemos los más puritanos- del que fuera campeón de kickboxing.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Sylvester Stallone había rechazado el papel de Luc Deveraux que recaería en Van Damme. De haberlo aceptado podíamos haber tenido un nuevo enfrentamiento entre Sly y Dolph Lundgren diez años después de Rocky IV (Rocky IV, 1985). Debió arrepentirse -debido al éxito cosechado por la cinta de Emmerich-, pues poco después protagonizaría una película similar en su punto de partida a Soldado Universal. Nos referimos a Demolition Man (Demolition Man, 1993) de Marco Brambilla.

[2] Nemesis engendraría diversas secuelas producidas por la Imperial Entertainment, la mayoría dirigidas por el propio Pyun pero ya sin la participación de Olivier Gruner.

[3] No obstante, Michael Schroeder perpetró un par de continuaciones “oficiales” del film de Pyun y Van-Damme pero ya sin la colaboración de ninguno de éstos ni de Golan & Globus: Cyborg 2: Glass Shadow [tv/vd/dvd: Cyborg 2: La sombra de cristal, 1993] y Cyborg 3: The Recycler (1994).

[4] Jean-Claude Van Damme se dejaba ver en un cameo haciendo de sí mismo en El último gran héroe (Last Action Hero, 1993). Realizada por John McTiernan, director de varios hitos del cine de acción de los ochenta como Depredador (Predator, 1987) o Jungla de cristal (Die Hard, 1988), El último gran héroe lanzaba una mirada autoparódica e hiperbólica sobre la muscle-opera, contando con la participación de una de las máximas estrellas del (sub)género, Arnold Schwarzenegger; al igual que hiciera el otro gran exponente del mismo, Sylvester Stallone, en Tango y Cash (Tango & Cash, 1989), firmada por Andréi Konchalovski (aunque terminada por Albert Magnoli al ser despedido aquél).

[5] El film contaría con tres secuelas, pero sólo en la primera de ellas repitieron Radler y Roberts. Para la segunda de estas continuaciones el intérprete declinó la oferta prefiriendo protagonizar Nature of the Beast [tv: Una sombra en la carretera; vd: Sombras en la carretera, 1995], inteligente psycho-thriller dirigido por Victor Salva.

[6] Bob Radler es también responsable de un pequeño clásico del cine de artes marciales -vertiente estudiantil- de los videoclubes en los primeros noventa: Showdown [tv/vd: Confrontación decisiva, 1993], film protagonizado por Billy Blanks y Kenn Scott que cuenta con la intervención de Patrick Kilpatrick, quien trabajaría con el director en otras ocasiones.

[7] Alex rehusará las insinuaciones sexuales de la exuberante Barbara (Traci Adell), prefiriendo su noviazgo con la más modosita Jamie Wheeler (Rebecca Staab), con la que pretende contraer nupcias. La Wheeler es además la profesora del pueblo, como en las viejas películas del Oeste. Por cierto, Rebecca Staab fue Sue Storm, la Mujer Invisible, en la adaptación que perpetró en 1994 Oley Sassone del cómic Los Cuatro Fantásticos.

[8] Roberts coincidiría de nuevo con Randy Travis en el reparto del western catódico The Long Ride Home [tv: El largo camino a casa, 2003], dirigido por Robert Marcarelli.

[9] Su trabajo más recordado es Watchers [tv/vd/dvd: Proyecto: Terror, 1988], adaptación de la novela El acoso escrita por Dean Koontz y publicada en 1973.

Mercenaries

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Título original: Mercenaries

Año: 2014 (Estados Unidos)

Director: Christopher Ray

Productor: David Michael Latt

Guionista: Edward DeRuiter

Fotografía: Alexander Yellen

Música: Chris Ridenhour

Intérpretes: Zoë Bell (Cassandra Clay), Kristanna Loken (Kat Morgan), Vivica A. Fox (Raven), Brigitte Nielsen (Ulrika), Cynthia Rothrock (Mona), Nicole Bilderback (Mei-Lin Fong), Tim Abell (Grigori Babishkov), Gerald Webb (Bobby)…

Sinopsis: La hija del presidente de los Estados Unidos es raptada en un país de Europa del este por un grupo terrorista con la intención de usarla para extorsionar a su padre. En su rescate son enviadas cuatro mujeres que tendrán que introducirse en la fortaleza donde tienen a la muchacha cautiva.

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Tras el estreno de Kill Bill: Volumen 2 (Kill Bill: Volume 2, 2004), Quentin Tarantino declaraba a la prensa la intención de llevar a cabo un remake de Aquel maldito tren blindado (Quel maledetto treno blindato, 1978) de Enzo G. Castellari, película de comandos vertiente hombres-en-una-misión distribuida en los USA con el título de The Inglorius Bastards, y que tenía la intención de que la protagonizaran las más destacadas estrellas de la muscle-opera de los ochenta: Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Bruce Willis. Willis, un viejo conocido que ya trabajara con el director en Pulp Fiction (Pulp Fiction, 1994) no era ningún problema; Sly, que llevaba unos años de capa caída de cara a la taquilla, estaba entusiasmado con el proyecto pues podía ser el medio de relanzar su carrera; pero el problema era Arnold, metido en política en aquel entonces y con la agenda muy ocupada, decía, a quien le era imposible involucrarse en ningún rodaje. El tiempo fue pasando, Tarantino se lio con la producción de Death Proof (Death Proof, 2007) -que formaría un programa doble junto al Planet Terror (Planet Terror, 2007) de su colega Robert Rodriguez- y para cuando retomó su antiguo proyecto, el guion había ido cambiando tanto que lo que acabó siendo Malditos bastardos (Inglorious Basterds, 2009) distaba mucho de aquella idea inicial.

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Para entonces, y frente a los augurios más negativos y burlones por parte de la crítica cinematográfica, Stallone había realzado su trayectoria en las pantallas con nuevos títulos de sus dos franquicias más rentables de la mano de Rocky Balboa (Rocky Balboa, 2006) y John Rambo (Rambo, 2008), ambos dirigidos por él mismo. Pero el que fuera uno de los intérpretes más destacados del cine de acción made in USA de la era Reagan parecía que tenía aún aquella espinita clavada. Así, en 2009 anuncia que su siguiente película, con producción de la Millennium, sería Los mercenarios (The Expendables, 2010); las noticias que llegan informan que se trata de una cinta de hombres-en-una-misión que uniría a un puñado de rostros (y músculos) del cine de acción de los ochenta y noventa, y que contaría con Bruce Willis y Arnold -ya retirado de su cargo electoral- entre los intérpretes. El film, cuyo título hace referencia tanto a un diálogo de Rambo: Acorralado Parte II (Rambo: First Blood Part II, 1985) de George Pan Cosmatos como al film de John Ford No eran imprescindibles (They Were Expendable, 1945), triunfó en la taquilla. El público aplaudió ver reunidos a los antiguos mazas del cine de mamporros: la química entre las action-movie-stars era evidente, las frases lapidarias y los diálogos con guiños para con el espectador funcionaban, y la producción contaba con la esperada acción hiperbólica de los buenos viejos tiempos[1]. La cinta se cerraba con Barney Ross (Stallone) y los suyos marchándose orgullosos en sus Harleys mientras el “The Boys are Back in Town” de Thin Lizzy sonaba de fondo, un tema que no podía estar ahí por casualidad: los chicos habían vuelto.

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A Los mercenarios le seguirían un par de secuelas[2] a cargo de la misma Millennium y, aunque tardó unos años en responder, The Asylum produciría en 2014 su habitual mogbuster para aprovechar el tirón comercial. La cinta en cuestión sería Mercenaries, dirigida por Christopher Ray, quien cuenta en su haber (más bien en el debe) con diversos trabajos para esta compañía. Curiosamente eligieron el mismo título que en España se usó para estrenar el film de Stallone y que en el film que aquí nos ocupa no se le ajusta demasiado, ya que realmente las protagonistas no son un comando contratado para un trabajo en cuestión, sino unas presas a las que se envía en una misión suicida prometiéndoles a cambio su libertad. Vamos, que mira de referente en su punto de partida a la película de la que beben prácticamente todas las de este estilo, Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967) de Robert Aldrich[3]. En este caso tendríamos un film de mujeres-en-una-misión, un pelotón compuesto por cuatro féminas de armas tomar que tendrán que hacer frente a los diferentes peligros para lograr obtener el éxito en su cometido. El comando lo forman Mei-Lin Fong (la televisiva Nicole Bilderback), experta en explosivos, Raven (Vivica A. Fox), de oscuro pasado, Kat Morgan (Kristanna Loken), francotiradora, y Cassandra Clay (Zoë Bell), líder nata que arrastra el estigma de haber perdido al antiguo equipo que tenía a sus órdenes.

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El cartel del film también resulta tramposo, pues parece que la campeona en artes marciales Cynthia Rothrock forma parte del grupo cuando en realidad interpreta a Mona, la agente de la CIA encargada de formar al comando y asesorarlas, pero que no actúa sobre el terreno. Casi todas las escenas de combate cuerpo a cuerpo, que no están nada mal ejecutadas, corren a cargo de Zoë Bell[4]; un acierto por parte del director además apostar más por la acción de luchas que por abusar de los (cutres) efectos especiales digitales habituales de The Asylum, que los usa poco y no cantan tanto como en otras ocasiones, disimulando algo la (de todos modos) evidente falta de presupuesto marca de la casa[5].

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Entre los villanos destaca la líder de éstos, Ulrica, una warlord que parece sacada de los tiempos de la guerra fría encarnada por una apropiada Brigitte Nielsen que recuerda a su interpretación en la WIP-movie Chained Heat 2 [tv/vd: Cadenas ardientes 2, 1993] de Lloyd A. Simandl; y el brazo derecho de ésta, el odioso Grigori al que interpreta el grandote Tim Abell[6].

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Como en Los mercenarios, el film de The Asylum recupera rostros del cine de acción de los ochenta y noventa[7], en esta ocasión la Rothrock y la Nielsen, a quienes se suman otros más recientes como Kristanna Loken -la Terminatrix de Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Terminator 3: Rise of the Machines, 2003) de Jonathan Mostow-, Vivica A. Fox -la Vernita Green de Kill Bill: Volumen 1 (Kill Bill: Volume 1, 2003) de Quentin Tarantino- y Zoë Bell, stunt reciclada a actriz de acción a partir de Death Proof.

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Christopher Ray dirige con ritmo y buen pulso una cinta de la que, a priori, uno esperaría bastante menos. Bien resuelta técnicamente con los pocos medios a su alcance, cuenta con el humor necesario en este tipo de producciones y, por lo general, en el apartado artístico el reparto se muestra suelto y a gusto en sus papeles -los secundarios y figurantes sería otra cuestión, malos como ellos solos-. Sin adentrarse en cuestiones escabrosas -ni mucho menos- y pese a lo sencillo de su planteamiento, por suerte no tiene ese tono familiar y tontorrón tan caro a las producciones de la casa destinadas a su emisión por Syfy Channel, tal vez por aquello de ser un título más destinado al mercado del DVD. El diseño de producción, no obstante, no deja de recordar -aunque sea de otra productora- al de la posterior Sniper: Special Ops [tv/dvd: Rescate en Afganistán, 2016], donde Fred Olen Ray dirigía a Steven Seagal, aunque éste no fuera el protagonista como parece señalar una vez más engañosamente la carátula del film.

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Mercenaries termina con la misión resuelta y, por tanto, la trama concluida, pero con un (esperado) final abierto a una posible secuela que no se llevó a cabo. No estarían tal vez sus protagonistas muy interesadas, porque en cuanto a The Asylum es de hacer secuelas y franquicias mientras se pueda, como bien prueba la aplaudida saga de Sharknado que contó hasta con seis entregas. Una lástima, hubiera sido una buena oportunidad para recuperar nombres como Mimi Lesseos, Julie Lee, Kathleen Kinmont, Dona Speir, Roberta Vasquez…

Alfonso & Miguel Romero

[1] Millennium Films, metidos también en la producción de John Rambo, cuenta entre sus responsables con nombres como Avi Lerner o Boaz Davidson, algunos de los fijos en la plantilla de la hoy tan reivindicada Cannon Group, para la que Sylvester Stallone rodara en los ochenta títulos emblemáticos de la década como Cobra, el brazo fuerte de la ley (Cobra, 1986) de George Pan Cosmatos o Yo, el Halcón (Over the Top, 1987) de Menahem Golan.

[2] Stallone y Schwarzenegger coincidirían además al frente del carcelario Plan de escape (Escape Plan, 2013) de Mikael Hafström.

[3] En Italia no fueron pocas las películas bélicas que siguieron la estela del film de Aldrich tras su estreno. Junto con la ya mencionada Aquel maldito tren blindado podríamos citar Gran golpe contra las SS (Dalle Ardenne all’inferno, 1967) de Alberto De Martino. Pero además su esqueleto argumental sirvió también para varios spaghetti-westerns, como Mátalos y vuelve (Ammazzali tutti e torna solo, 1968) o Un ejército de cinco hombres (Un esercito di 5 uomini, 1969) de Don Taylor e Italo zingarelli.

[4] Muy recomendable para los fans de los films de peleas, en este caso de féminas, la inédita por estos lares Raze (2013), con dirección de Josh C. Waller y con total protagonismo para la Bell y sus dotes para la lucha.

[5] En su siguiente trabajo para the Asylum, Mega Shark vs Kolossus [tv: Megatiburón contra Kolossus, 2015] Christopher Ray optaría al contrario por usar y abusar de lo lindo de unos (d)efectos especiales para nada convincentes, sino más bien sonrojantes.

[6] Pese a que en los últimos años haya trabajado bastante en series y películas para la pequeña pantalla con directores muy distintos, el grueso de la filmografía de Tim Abell ha estado ligado principalmente a la de Fred Olen Ray, padre de Christopher Ray y uno de los grandes pequeños exploiters durante la era del vídeoclub en los ochenta y noventa.

[7] Sin ser una práctica nueva -ahí están las películas de cocktails de luchadores mexicanos para corroborarlo-, es cierto que a partir del éxito de Los mercenarios es cada vez más frecuente, tanto en las grandes producciones como en la serie B, tratar de reunir en las cintas de acción a un buen número de estrellas del género. Citemos ejemplos diversos y dispares: entre los blockbusters tendríamos la saga Too Fast Too Furious a partir de Fast & Furious 7 (Furious Seven, 2015) de James Wan, que reunía a la plana mayor de los protagonistas de la franquicia y a los que se les unían Jason Stathan, Kurt Russell, el tailandés Tony Jaa o Ronda Rousey; y entre las producciones más modestas podríamos nombrar Showdown in Manila [tv: Showdown in Manila, 2016] que realizó Mark Dacascos juntando al ruso Alexander Nevsky con Casper Van Dien, Matthias Hues, Don “the Dragon” Wilson, Cynthia Rothrock, Olivier Gruner o el propio Dacascos; o Triple Threat [tv: Triple amenaza, 2019] de Jesse V. Johnson, coproducción entre Tailandia, China y Estados Unidos que cuenta con los orientales Tony Jaa, Tiger Hu Chen e Iko Uwais al lado de los norteamericanos Scott Adkins y Michael Jay White.

Published in: on junio 10, 2019 at 5:56 am  Dejar un comentario  
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Fauci Crudeli [tv: Cruel Jaws]

Cruel Jaws

Título original: Fauci Crudeli

Año: 1995 (Italia)

Director: Bruno Mattei [acreditado como William Snyder]

Productor: John Kent

Guionistas: Robert Feen, Bruno Mattei, Linda Morrison a partir de la novela de Peter Benchley

Fotografía: Luigi Ciccarese, Ben Jackson

Música: Michael Morahan

Intérpretes: David Luther (Francis Berger), Scott Silveria (Bob Snerensen) Kisrten Urso (Susi Snerensen), George Barnes Jr (Samuel Lewis), Richard Dew (Dag Snerensen), Sky Palma (Glenda), Norma J. Nesheim (Vanessa), Gregg Hood (Bill Morrison), Carter Collins (Ronnie Lewis)…

Sinopsis: El pueblo turístico de Hampton Bay sufre los ataques de un enorme tiburón que está sembrando el mar de cadáveres. Quedan pocos días para la celebración anual de la zona y si no se sigue adelante con los festejos la economía del pueblo puede resentirse. Por otro lado, unos mafiosos quieren cerrar el acuario Sea World y hacerse con el terreno para seguir enriqueciéndose.

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En 1976 y 1977 Bert I. Gordon adaptaba (parcialmente) a H.G. Wells con El alimento de los dioses (Fod of the Gods)[1] y El imperio de las hormigas (Empire of the Ants), usando, como en sus trabajos de los años cincuenta, transparencias para simular el gigantismo de los roedores y de los insectos respectivamente. Nacían ambos filmes ya viejos tras los muy cuidados y caros FX usados por Steven Spielberg poco antes en su exitosa Tiburón (Jaws, 1975)[2], la película culpable del renacer de la monster-movie en la segunda mitad de los setenta, que llenaría las pantallas de ataques de animales de lo más dispar, en muchas ocasiones con coartada ecológica[3], en una variante de las disaster-movies que tan buena aceptación tuvo en la taquilla de aquella década. El hombre ya no podía estar seguro ni en tierra, ni en el mar, ni por el aire. A los incendios, temblores sísmicos, huracanes y tornados, naufragios, maremotos e inundaciones, avalanchas, accidentes aéreos, caídas de meteoritos del espacio, etc., se les unía ahora toda la fauna, que enseñaba agresivamente a los humanos sus fauces.

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El gigantesco escualo del Rey Midas de Hollywood pronto recibió como respuesta la exploit de la factoría Corman con la simpática Piraña (Piranha, 1978) de un primerizo Joe Dante siguiendo el esquema argumental de su modelo, confirmando que las playas habían dejado de ser seguras (en el séptimo arte). Pero las bestias atacaban desde cualquier parte; en los bosques se encontraba Grizzly: Garras de la muerte (Grizzly, 1976) de William Girdler, del océano surgía Orca, la ballena asesina (Orca, 1977) de Michael Anderson, y ni en las ciudades se estaba a salvo, ya que de las alcantarillas salía La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980) de Lewis Teague[4]. Hasta el gran simio, el rey de la Isla de la Calavera, volvió al celuloide aterrorizando Nueva York en el King Kong (King Kong, 1976) de John Guillermin para Dino De Laurentiis[5], trayendo consigo de paso a otros enormes gorilas de las más variadas filmografías[6].

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Entrados los ochenta, las cintas con fauna amenazante fueron quedando relegadas a producciones más baratas. En los noventa, con la intrusión de los efectos digitales hubo un nuevo brote; los costes se abarataban y se podía crear infográficamente cualquier animal, y además todo lo grande que se quisiera. Tras irrumpir nuevamente Spielberg con Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993), en las salas triunfaron Anaconda (Anaconda, 1997) de Luis Llosa y Mandíbulas (Lake Placid, 1999) de Steve Miner[7], pero donde este tipo de trabajos se acomodó principalmente fue en el medio catódico. De este modo nos llegaría The Beast (tv: La bestia, 1996), miniserie dirigida por Jeff Bleckner y protagonizada por William Petersen sobre una novela de Peter Benchley (Tiburón), en la que el terror marino tenía forma de pulpos gigantes; el mismo autor serviría también de base para Peter Benchley’s Creature, [tv: La criatura, 1998], realizada por el canadiense Stuart Gillard, donde el peligro que acecha en las aguas es un tiburón blanco al que el ejército americano ha modificado con ADN humano, convirtiéndolo en anfibio y con cerebro para ir aprendiendo y haciéndose más peligroso. En estos trabajos televisivos, y con el alibí una vez más de basarse en páginas de Benchley, se encuadra Fauci Crudeli, distribuida internacionalmente como Cruel Jaws[8], producción televisiva italiana sobre un tiburón gigante que causa estragos y que firmaría Bruno Mattei con el alias de William Snyder, en lugar de su más socorrido Vincent Dawn.

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Sin entrar en la discusión de si los aciertos en la carrera de Bruno Mattei le corresponden a él o a Claudio Fragasso (ya ellos se dedicaron a meterse uno con el otro durante años), lo que sí es seguro es que el primero, a pesar de que el tiempo no había pasado en balde y el séptimo arte había cambiado muchísimo tras irrumpir la década de los ochenta, siguió hasta el fin de sus días haciendo películas como si la época dorada del cine de género no hubiera pasado en Italia (y Europa); filmando una y otra vez cintas de zombis, de caníbales, de comandos, westerns, thrillers con toques de giallo, eróticas, etc… Eso sí, cada vez con menos medios técnicos y artísticos y, sobre todo una vez entrado en el nuevo siglo, haciendo uso del formato vídeo con resultados no muy de agradecer y de las que muy pocas se llegaron a ver en nuestro país. Trabajos en muchos casos con sensación de anacronismo. Mattei parecía en numerosas ocasiones llegar tarde a la explotación de géneros y filones, empeñado en tratarlos cuando éstos habían dejado de ser rentables[9]; como los spaghetti-westerns Apache Kid /Bianco Apache (1987) y Scalps: Venganza india/Scalps (1987), rodados en Almería en régimen de coproducción con España, como en los mejores tiempos del cine del oeste mediterráneo, pero ya en la segunda mitad de los ochenta, con el género muerto desde el decenio anterior; o el giallo para televisión Gli occhi dentro [tv: Ojos sin cara] que data de 1994, cuando el thrilling all’ italiana llevaba más de una década casi extinto de las carteleras[10]. La misma Cruel Jaws, fechada en 1995, tiene aspecto de haber sido hecha por lo menos una década antes. Al igual que los largometrajes arriba citados dirigidos por Bert I. Gordon, la película de Mattei lucía anticuada ya en su estreno.

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El rodaje de la cinta que nos ocupa tuvo lugar en Florida. Como en muchas otras producciones transalpinas que trataban de parecer estadunidenses, el equipo técnico era mayormente italiano mientras el reparto estuvo constituido por personal norteamericano[11]. Sería por el poco capital que manejaban que muchos de ellos eran actores jóvenes e inexperimentados. Mattei no se defendía con el inglés y era su hija quien se encargaba de dar las instrucciones en el idioma sajón.

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Cruel Jaws, pese a seguir el argumento -como tantas y tantas películas con escualos y otros bichos marinos- de Tiburón, lamentablemente queda muy lejos de la perfecta combinación de aventuras clásicas, cine de catástrofe y monster-movie, así como del aliento épico y la deuda con Herman Melville, del original de Spielberg. Para más inri, se hace harto previsible en su desarrollo. Tampoco cuenta con un reparto sólido como el del título que copia (ni con un presupuesto muy allá), y parece que parte del cast lo reclutaron en las playas de Venice, con el realizador empeñado en lucir la buena forma anatómica de los chicos y chicas que pueblan la cinta. Los personajes no dejan de ser arquetipos y no son pocos los diálogos y situaciones que resultan como mínimo delirantes. La puesta en escena, como era usual en su responsable, no va más allá de lo meramente funcional, y la fotografía resulta muy plana y descuidada. Y con todo, el resultado dista mucho de ser la completa aberración que se han empeñado algunos en catalogar, sobre todo vistos los films de los últimos años de temática afín. Baste sólo echar un vistazo a la (brutal) producción de monster-movies (con preferencia por los tiburones) que factura The Asylum cada año y que gusta tanto de emitir a Syfy Channel y a Cuatro[12] en horarios de sobremesa.

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El realizador echó mano, al parecer sin permiso, de metraje de documentales y de varias entregas de la saga iniciada por Spielberg para Universal, así como de un par de títulos italianos, El último tiburón (Tiburón 3) (L’ultimo squalo, 1981), de Enzo G. Castellari, y Sangue negli abissi (vd: Tiburón, duelo a muerte, 1990), de Raffaele Donato (en ocasiones atribuido a Joe D’Amato), y el ensamblaje del material propio con el aprovechado de archivo suele cantar sobremanera, empezando por el propio pez asesino, que puede ser un tiburón tigre o uno blanco dependiendo del momento. Asimismo, algunos créditos no resultan del todo claros y/o creíbles.

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Destinada a su explotación para televisión y el mercado del vídeo doméstico -en algunos países se intentó hacer pasar como otra secuela de la saga de la Universal nada menos-, Cruel Jaws se vio en nuestro país por el año 2003 en el (desaparecido) Canal 18[13], con un histriónico doblaje que confiere a ciertos personajes una dimensión casi de cartoon que, todo sea dicho, no les queda nada mal.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Una -bastante- tardía secuela llegaría finalizando los ochenta de la mano del desmañado Damian Lee –Abraxas, Guardian of the Universe [tv/vd/dvd: Abraxas, guardián del universo, 1990]- con la muy psicotrónica -y con unos (d)efectos especiales de lo más vergonzosos- Food of the Gods II [tv: Roedores, el alimento de los dioses 2, dvd: El alimento de los dioses 2 , 1989].

[2] Un par de años más tarde, y de la mano de un compañero de generación de Spielberg, George Lucas, con La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) cambiaría el concepto y la manera de hacer efectos especiales para siempre, entrando los ordenadores como herramienta esencial para los mismos.

[3] La naturaleza, ante la mano destructora del hombre, se volvía contra éste en títulos como El día de los animales (Day of the Animals, 1977) de William Girdler, El enjambre (The Swarm, 1978) de Irwin Allen, o Profecía maldita (Prophecy, 1979) de John Frankenheimer.

[4] Aunque los grandes reptiles prefirieron por norma general quedarse en aguas más cálidas, como los que se vieron en Caimán (Il Fiume Del Grande Caimano, 1979) de Sergio Martino, o Cocodrilo asesino (Killer Crocodile, 1989) de Fabrizio De Angelis y su secuela del año siguiente firmada por Gianetto de Rossi.

[5] Es llamativo que mientras en el King Kong (King Kong, 1933) original de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack para la RKO, rodada durante el periodo de la Gran Depresión, los protagonistas eran un equipo de cineastas, unos “creadores de fantasías”, de “ilusiones”, en un momento en el que los estadounidenses necesitaban evadirse al menos por un rato de la terrible situación que vivían, en la versión de 1976, hecha durante la crisis del petróleo, fueran sustituidos por un equipo de prospección petrolífera que busca nuevos yacimientos.

[6] Podemos citar El gorila ataca (A*P*E, 1976) de Paul Leder desde Corea del Sur, o el Mighty Peking Man (Xing xing wang, 1977) de Meng Hua-Ho (acreditado como Homer Gaugh) desde Hong Kong y para los Shaw Bros.

[7] Ambos títulos engendrarían diversas secuelas, principalmente para el mercado del direct-to-video, e incluso un crossover: Lake Placid vs Anaconda [tv/dvd: Mandíbulas contra Anaconda, A.B. Stone, 2015].

[8] Haciendo clara alusión al titulo original del film de Steven Spielberg, Jaws (mandíbulas).

[9] No siempre llegaba tarde, todo hay que decirlo. Con el éxito de Rambo (Rambo: First Blood Part II, 1985) de George Pan Cosmatos, Bruno Mattei se descolgaría con varios trabajos de soldados en la selva rodados en Filipinas, caso de Strike Commando [vd: Strike Commando, 1987], Doppio Bersaglio [vd: Doble objetivo, 1987] o Trappola diabolica [vd: Comando Mercenarios, 1988], a los que podríamos sumar Robowar (tv/vd: Robowar, 1988], algo así como un cruce entre este tipo de cintas bélicas con un invasor alienígena al estilo del Depredador (Predator, 1987) de John McTiernan (en versión pobre) más algo del Robocop (Robocop, 1987) de Paul Verhoeven -al que alude fonéticamente y sin vergüenza el título la película -.

[10] También Attrazione pericolosa [tv/vd: Atracción peligrosa, 1993], en sí un thriller-erótico a la estela de tantas producciones americanas destinadas a la televisión por cable y al vídeo doméstico, tiene, sobre todo en su parte final, giros argumentales muy propios de los gialli psicológicos de Umberto Lenzi.

[11] Uno de los actores, Richard Dew, quien interpreta a Dag Snerensen, el tipo que lleva el acuario marino, luce un look a lo Hulk Hogan. En una entrevista con Jay Colligan, otro miembro del cast, éste comentaba al respecto que Dew ejercía de impersonator del popular wrestler. En http://mondoexploito.com/?p=10922

[12] Con argumentos vistos cientos de veces a los que apenas varían o aportan gran cosa, efectos infográficos bastante lastimosos -un tipo con un traje de goma queda mejor, de verdad- y unos repartos integrados por unas cuantas caras jóvenes, unos pocos actores maduros que no conoce ni Dios y alguna(s) antigua(s) gloria(s). No obstante, The Asylum no está sola; un puñado de exploiters de viejo cuño se han subido al carro con trabajos afines, caso del eterno Roger Corman o sus alumnos Jim Wynorski (que llena sus cintas de chicas neumáticas, muchas procedentes del porno) y Fred Olen Ray (más su hijo, Christopher).

[13] Otro film de Bruno Mattei que sólo se ha podido visionar doblado al castellano a través de televisión fue Mondo cannibale (2004), emitida en 2012 por Buzz con el título internacional de Cannibal world. Una copia en cutre -más que una puesta al día- del Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, 1980) de Ruggero Deodato.

Póster y trailer de “Bullets of Justice”, producción kazaja protagonizada por Danny Trejo

Bullets of Justice es el título del nuevo trabajo de Danny Trejo, una producción kazaja que combinará los géneros de comedia negra, acción y terror, y que acaba de hacer oficial su póster y trailer oficiales. Nacida el pasado 2017 como un episodio piloto para una serie de televisión, la gran aceptación que tuvo desde el primer momento entre los fans motivó el que se convirtiera en un largometraje. Junto con Trejo, la película está protagonizada por Timur Turisbekov, Doroteja Toleva, Yana Marinova y Dessy Slavova. Dirige Valeri Milev (Camino sangriento 6: Desvío al infierno).

Sinopsis: Durante la Tercera Guerra Mundial, el gobierno estadounidense inicia un proyecto secreto llamado “Army Bacon” para crear un súper soldado con la cruza de seres humanos con cerdos. Veinticinco años después, una raza llamada “Muzzles” ha ocupado la parte superior de la cadena alimenticia, comiendo y cultivando humanos como animales. Rob Justice es un ex cazarrecompensas que trabaja para la última línea de la resistencia humana, un grupo de sobrevivientes que se esconden en un búnker nuclear. Su misión es descubrir cómo los “Muzzles” llegaron al poder y destruirlos.

Published in: on marzo 10, 2019 at 1:46 pm  Dejar un comentario  

El último hombre íntegro

El último hombre íntegro-cartel

Título original: The Last Man Standing

Año: 1995 (Estados Unidos)

Director: Joseph Merhi

Productores: Richard Pepin, Joseph Merhi

Guionista: Joseph Merhi

Fotografía: Richard Pepin

Música: Louis Febre

Intérpretes: Jeff Wincott (detective Kart Bellmore), Jillian McWhirter (Anabella Bellmore), Jonathan Fuller (“Snake” Underwood), Steve Eastin (teniente Darnell Seagrove), Robert LaSardo (Kazz), Jonathan Banks (detective Frank “Doc” Kane), Michael Greene (capitán Demayo), Ava Fabian (Lucretia), Shannon Welles (Sra. Kane)…

Sinopsis: Tras perder a su compañero en una peligrosa operación y ser suspendido del servicio, el detective Kart Bellmore no cesará hasta acabar con quienes mataron a su viejo amigo y desenmascarar toda la corrupción del departamento de policía.

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Joseph Merhi creó en 1986, junto a Ronald L. Gilchrist, la compañía City Lights, donde ambos produjeron unas cuantas películas de terror, de acción y alguna comedia descerebrada; filmes de explotación con el público juvenil como principal objetivo. En 1989, tras disolver su sociedad con Gilchrist, Merhi se aliaba con Richard Pepin, con quien había trabajado en aquella, para dar luz verde a PM Entertainment[1]. No tardó en unírseles un tercer socio, George Shamieh, y pronto tendrían preparada una ristra de títulos en la misma onda y destinada principalmente al entonces lucrativo mercado del vídeo doméstico y las televisiones de pago. Eran producciones de presupuesto medio o bajo (en ocasiones muy bajo).

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Las estanterías de los videoclubs se colmaron con los estuches de aquellas casetes que lucían el anagrama de PM Entertainment[2], mayormente de acción[3], siguiendo la estela de los filmes del género que facturara la Cannon en los ochenta como vehículos para Chuck Norris, Charles Bronson o Michael Dudikoff. De hecho, en contenido y forma, muchas de las películas de Merhi & Pepin venían a ser como aquella Crack house (Crack House, 1989) de Michael Fischa que distribuyeran Golan & Globus. Entre los rostros habituales de la casa, rescataron de la época de City Lights a Lauren Hilton Jacobs y Robert Z’Dar, a los que se sumarían Lorenzo Lamas (y su entonces esposa Kathleen Kinmont), Eric Estrada, Don “the Dragon” Wilson, Jeff Wincott, Gary Daniels, Wings Hauser, William Smith, Jeff Conaway, Traci Lords, etc… Barriendo para dentro, en el apartado técnico Joseph Merhi se solía encargar de los guiones y de dirigir muchas cintas, y Richard Pepin se ocupaba de la fotografía.

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Por la segunda mitad de los noventa, pese a seguir haciendo películas de presupuesto mediano, la verdad es que las inversiones fueron notablemente mayores, consiguiendo rentabilizarlas con unos buenos resultados. Se dice siempre de Roger Corman, pero esta gente sabía aprovechar cada centavo invertido, logrando muy efectivas y bien resueltas escenas de acción y contratando a actores bien conocidos de cara al público, como Dennis Hopper, Chris Sarandon, Michael Madsen, Robert Vaughn, Gary Busey, Jeff Fahey, Ed Lauter, Pam Grier o C. Thomas Howell. A esta etapa, con producciones más elaboradas, pertenecen títulos como Furia (Rage, 1995) de Joseph Merhi, Los Caballeros de la Muerte (Steel Frontier, 1995) de Jacobsen Hart y Paul G. Volk, Trampas sin límites (No Tomorrow, 1999) del rapero Master P, o esta El último hombre íntegro (The Last Man Standing, 1995)[4].

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Jeff Wincott, una de las estrellas de PM, protagoniza en el papel del detective de policía Kart Bellmore, un tipo en la onda del Harry Callahan que inmortalizara Clint Eastwood, que actuará extralimitándose en sus funciones, saltándose leyes, superiores y burocracia, para lograr hacer justicia[5]. Esos héroes de una pieza, patrióticos y reaccionarios, que tan bien habían funcionado en el cine en los ochenta (en la derechista era de Ronald Reagan, presidente que declaró que John Rambo era un modelo a seguir) y que para la década siguiente (ya con Clinton en la Casa Blanca) quedaron relegados principalmente a las películas direct-to-video. Wincott aunaba aquí el papel de policía por el que ya se le reconocía de la serie Tensión en la noche (Night Heat, 1985-1989), donde interpretó al detective Frank Giambone, con las artes marciales que empezó a mostrar en la pantalla en cintas de acción a partir de Ley marcial II (Martial Law II: Undercover ,1991) de Kurt Anderson. No deja de ser curioso que, en su mensaje reaccionario, el malhechor Kazz (un joven pero ya muy tatuado Robert LaSardo) le espeta a Bellmore que no irá a prisión, que su abogado le librará de todos los cargos, y alude a los casos de O.J. Simpson[6] y los hermanos Menéndez[7] [7], cuando el primero de éstos había trabajado en algún título de la casa, véase CIA. Operación contra el Estado (CIA. Code Name: Alexa, 1992), del propio Joseph Merhi.

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El último hombre íntegro incluye los ingredientes característicos de este tipo de películas en general y de las cintas de Pepin y Merhi en particular: tiroteos con muchas muertes[8] y destrozos (a ser posible en lugares públicos), peleas (donde Wincott puede lucirse), persecuciones de coches, explosiones, la presencia del sempiterno Pink Motel, alguna escena de cama (muy discretita) y la usual sala de strip-tease con unas cuantas féminas mostrando sus encantos contoneándose en tanga[9]. Sin olvidar la presencia de la chica mala, Lucretia (Ava Fabian), sexy y dura, que se acoge al arquetipo de la chick-with-gun[10]. Por otro lado, también Wincott, como solían hacer los héroes de las action-movies de la PM, sale sin camiseta a la menor ocasión, exhibiendo sus músculos. En definitiva, una exploitation en toda regla.

Alfonso & Miguel Romero

[1] La compañía coge la denominación de las iniciales de sus apellidos: Pepin-Merhi.

[2] En España las distribuyó en el mercado videográfico Record Visión, a la vez que Tele 5 las emitía por el medio catódico en horario de prime-time. Subsiguientemente, canales como Antena 3, Showtime o Canal 18 las incluyeron también en sus parrillas. En cuanto a su comercialización posterior en DVD, pocas películas (en comparación con los VHS) han conocido edición digital, corriendo estas a cargo de Eurocine, Manga Films o RSR. Junto a ellas, por el año 2005 se encontraron en las grandes superficies y a precio muy módico un puñado de títulos doblados al español neutro y cuyas carátulas no indicaban distribuidora alguna.

[3] Con preferencia por el policiaco y las artes marciales, sobre todo por el kickboxing -dados los buenos resultados en taquilla del Kickboxer (Kickboxer, 1989) de Mark DiSalle y David Worth protagonizado por Jean Claude Van-Damme-. Al igual que en la previa City Lights, también hubo espacio en PM Entertainment para alguna cinta de terror y un puñado de comedias adolescentes –sobre todo de ambiente playero-; cuando se ponían serios y tiraban para el drama era un horror.

[4] PM Entertainment fue vendida a The Harvey Entertainment en el 2000 y unos años después, en 2003, cerraba. El catálogo de la compañía sería adquirido por el Film Library Acquisition Corporation (FLAC), el hoy llamado Echo Bridge Home Entertainment. Pepin y Merhi seguirían unos años más, cada uno por su cuenta, facturando películas, por norma general, del mismo estilo.

[5] Los policías justicieros abundan en las producciones de la compañía: véanse Demasiado peligrosa (Intent to Hill, 1992) de Charles T. Kanganis, o Con su propia justicia (The Sweeper, 1996) de Joseph Merhi.

[6] El exjugador de fútbol americano, reconvertido a actor, Orenthal James Simpson fue arrestado en junio de 1994, tras una persecución digna de una película de acción, acusado de matar a puñaladas a su exmujer y a la pareja de ésta. El juicio, que fue un auténtico fenómeno mediático, acabó siendo favorable para el acusado, resultando inocente de los cargos frente a los más negros pronósticos iniciales.

[7] Los hermanos Joseph Lyle y Erik Galen Menéndez, pertenecientes a una adinerada familia de origen hispano residente en Beberly Hills, acabaron en prisión en 1994 al ser declarados finalmente culpables de asesinar a sus padres. El juicio fue también televisado, consiguiendo una enorme audiencia. Además pronto estaría listo el telefilm de rigor, Los hermanos Menéndez (Menendez: A Killing in Beberly Hills, 1994), de Larry Elikann.

[8] Ejemplar es el final del Comando (Commando, 1985) de Mark L. Lester. Cuando John Matrix (Arnold Schwarzenegger) ha liquidado a todos los malos y rescatado a su hija, llega el ejército. A la pregunta de “¿Has dejado algo para nosotros?” Matrix contesta con un conciso “Cadáveres”.

[9] Si bien en las últimas producciones de la casa el sexo (al igual que la violencia) iría menguando su presencia, fue un ingrediente muy habitual de la PM. Una de las cintas que más acusó de ello fue Apuesta mortal (Living to Die, 1991), dirigida y protagonizada por Wings Hauser.

[10] Chicas con armas de fuego (y a ser posible en bikini, como dirían los Cramps) sería un cliché de la sexploitation desde los años dorados de ésta, los sesenta, y llega hasta nuestros días. Hubieron directores, pongamos el caso de Andy Sidaris, que hicieron de ello el auténtico leitmotiv de sus películas, siempre repletas de curvilíneas y agresivas muchachas blandiendo todo tipo de pistolas, fusiles, ametralladoras, etc.

Published in: on febrero 27, 2019 at 6:55 am  Dejar un comentario  
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Robert Bronzi, el clon húngaro de Charles Bronson, asistirá a la octava edición de CutreCon

Bronsonfest

Robert Bronzi, actor húngaro de películas de Serie B que se gana la vida imitando a Charles Bronson debido a su impresionante parecido físico con el mítico actor, asistirá a la octava edición de CutreCon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, para participar el 23 de enero en el Palacio de la prensa en el “BronsonFest”, un divertido homenaje al protagonista de films como El justiciero de la ciudad o Hasta que llegó su hora.

Según afirman los responsables del festival, el “BronsonFest” será el “homenaje definitivo al gran Charles Bronson, el justiciero callejero por antonomasia”. Un evento donde los espectadores podrán revivir en pantalla grande y en un ambiente único de “jolgorio y cachondeo” la película El justiciero de la noche, nombre que recibió en España el film de 1985 Death Wish 3, la “mejor y más disparatada” entrega de la saga Death Wish.

En el “BronsonFest”, además de disfrutar de esta película los espectadores podrán conocer en persona a Robert Bronzi, la “reencarnación viviente” de Charles Bronson, tal y como le describe Carlos Palencia, director del festival. El intérprete húngaro hablará de su carrera y mostrará a la audiencia algunos avances de sus últimas películas, entre las que se encuentran Death Kiss -una falsa secuela de la saga Death Wish-, From Hell to the Wild West o Escape from Death Block 13.

Robert Bronzi

Llamado realmente Robert Kovacs, a lo largo de su intensa vida Robert Bronzi ha ejercido todo tipo de profesiones, como carpintero, entrenador de caballos, músico profesional y militar, hasta que finalmente se decidió por la interpretación, debido a su pasión por el cine clásico y las películas del Salvaje Oeste. Antes de llegar a Hollywood, trabajó como especialista en anuncios televisivos, cortometrajes y parques de ocio como “Port Aventura” o los estudios “Texas Hollywood” del desierto de Tabernas en Almería. Formado profesionalmente en la escuela de teatro “Maria Mezey” de Budapest, también es acróbata y luchador de judo. Asimismo, habla con soltura varios idiomas, entre los que se encuentran el inglés, el húngaro o el castellano.

Las entradas para todas las sesiones de CutreCon 8 en Palacio de la prensa de Madrid ya están a la venta en la taquilla del cine y en la web www.super8.esAsimismo, también está a la venta el “Bonobo” General que da acceso a todas las sesiones de pago del festival.

Published in: on diciembre 30, 2018 at 8:54 am  Dejar un comentario  
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