Necrológica de Larry Cohen

La noche del pasado sábado fallecía a los 77 años de edad el director y guionista Larry Cohen, sin que hayan trascendido las razones. El luctuoso suceso, sucedido en Los Ángeles, ha sido confirmado por el actor y director Shade Rupe, quien ha comunicado que Cohen ha muerto rodeado de sus seres queridos. Apóstol del cine de guerrilla, con su pérdida despedimos a un nombre capital en el cine de Serie B de las décadas de los setenta y ochenta. Maniac Cop, Q, la serpiente voladora o la saga Estoy vivo, entre muchas otras, así lo confirman.

Lawrence G. Cohen nació el 15 de julio de 1941 en Nueva York, en el seno de una familia judía. Desde muy joven se interesó por el cine, lo que le llevaría a rodar con la cámara de 8 mm. de su padre películas caseras que él mismo escribía, dirigía y montaba. Ya en la época universitaria trabajó como cómico representando shows en los que contaba chistes y hacía parodias de películas, programas de televisión y acontecimientos de actualidad.

Roy Thinnes, actor protagonista de “Los invasores”.

No obstante, sus verdaderos comienzos en la profesión se producen a finales de los cincuenta, cuando entra a trabajar en la cadena televisiva NBC, al tiempo que ingresa en el City College of New York, del que se gradúa en el curso 1962-1963. Aunque su primer guion para el medio, la comedia teenager Too Young To Go Steady, no llegó a producirse tras ser adquirido por quinientos dólares, en los años siguientes escribe numerosos capítulos para varias de las principales series de la época, entre las que figuran “El fugitivo”, “Los defensores” o la posterior “Colombo”. Aunque si hay un hito en esta parte de su carrera es la magnífica “Los invasores”, creada por el propio Cohen, en la que su protagonista, un arquitecto llamado David Vincent, tenía que hacer frente a una invasión extraterrestre infiltrándose entre la población. Para la historia ha quedado la introducción con la que se iniciaba cada capítulo y la rigidez del dedo muñeco que permitía reconocer a los alienígenas.

Totalmente asentado en el medio catódico, a mediados de los sesenta Cohen escribe su primer guion para el cine con El regreso de los siete magníficos, secuela del popular film de John Sturges, al que siguen, entre otros, Shock, película pensada originalmente para Alfred Hitchcock, pero que acabó dirigiendo Mark Robson, o El cóndor, western surgido al calor del spaghetti-western hasta el punto de ser rodado en Almería con el protagonismo de toda una estrella del estilo como Lee Van Cleef.

Tras la experiencia adquirida, coincidiendo con la llegada de la década de los setenta Larry Cohen da el salto a la realización de largometrajes, dando pie a una filmografía de lo más personal. Eminentemente urbana, ambientándose en la mayoría de los casos en su Nueva York natal, su obra como realizador se caracterizaría por su personal mezcolanza de policiaco y cine fantástico trufada de referencias a diferentes aspectos de la realidad sociopolítica del momento, y encuadrada dentro de la más arquetípica Serie B. Películas baratas, rápidas y directas, con las que el cineasta se aseguraba tener el control creativo, lo que le llevó a que en numerosas ocasiones fuera el propio productor de sus films.

De este modo, su debut como realizador se produce en 1970 con la comedia negra Bone, para después rodar las blaxploitation El padrino de Harlem y su rápida secuela Harlem sangriento, producidas por la mítica American International Production y protagonizadas por Fred Williamson, actor con el que Cohen reincidiría en posteriores ocasiones. No obstante, su gran éxito le llega en 1974 con Estoy vivo, película que inicia su vinculación en la gran pantalla con el fantástico, género bajo el cual se desarrollaría buena parte de su posterior carrera como director. Si bien en un principio el film pasó sin pena ni gloria por la cartelera, su relanzamiento acompañada de una nueva campaña publicitaria le convirtió en todo un taquillazo que dio origen a dos secuelas, Sigue vivo y La isla de los vivos, así como un olvidable remake realizado el pasado 2009 y estrenado directamente en formato doméstico.

Entre sus siguientes películas cabe destacar dos films hermanados por el protagonismo que en su trama adquieren la figura de sendas deidades. La primera, cronológicamente hablando, es Demon, en la que un detective neoyorkina investiga una serie de asesinatos llevados a cabo aleatoriamente por mandato divino, y Q, la serpiente voladora, realizada a toda prisa para resarcirse de su despido del rodaje de Yo, el jurado. Original y atípica mezcla de monster movie y thriller urbano, su premisa no puede ser más delirante: la venida del sanguinario dios azteca Quetzalcoatl al Nueva York de comienzos de los ochenta. Otros títulos de interés de aquellos años son la hitchcockiana Efectos especiales y, sobre todo, In-natural, feroz crítica a la sociedad de consumo que en cierto sentido se adelanta a la posterior Están vivos de John Carpenter.

Aunque a mediados de la década aún dirigiría un par de títulos, más concretamente As Good As Dead para televisión y Hot City para cine, a mediados de los noventa la carrera de Cohen se centra en su faceta de guionista. En esta nueva etapa destaca su fecunda colaboración con William Lustig, para el que escribe la trilogía Maniac Cop y Muerto el 4 de julio, psyco-thrillers en los que ponía en solfa instituciones tan sagradas para la sociedad estadounidenses como la policía y el propio Tío Sam. No obstante, su labor no solo se limitó al cine independiente, sino que participó en varias producciones hollywoodienses. Entre ellas podemos citar el primer libreto de la versión dirigida por Abel Ferrara de La invasión de los ladrones de cuerpos, o las minimalistas Captivity, Cellular y Última llamada, narrada en tiempo real con un gran Colin Farrell como protagonista y todo un antecedente de la popular serie 24.

Ya en 2006 volvería ocasionalmente a ponerse detrás de las cámaras con motivo de la primera temporada de la antológica serie Masters of Horror, para la que dirigió el episodio aquí titulado Trayecto al infierno. Años antes, en 1998, Cohen junto a su socio William Lustig habían sido homenajeados por la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián a través de un ciclo retrospectivo y la publicación de un libro que repasaba sus respectivas carreras. Aunque no fue este el único reconocimiento que el cineasta disfrutó en vida. El año pasado se estrenaba el documental King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen, en el que a través de los testimonios de familiares, amigos y compañeros se repasaba su trayectoria. Precisamente, uno de los participantes, J.J. Abrams, había anunciado que trabajaba con él para dar forma a una serie televisiva de género.

Descanse en paz.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on marzo 25, 2019 at 7:14 am  Dejar un comentario  

El 27 de marzo sale a la venta “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte”, el nuevo libro de Juan Andrés Pedrero Santos

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Juan Andrés Pedrero Santos no para. Tras publicar con apenas meses de separación “¡Esto es la guerra! 50 películas esenciales del cine bélico” y “La imagen desgarrada. El dolor en el cine fantástico contemporáneo”, el próximo 27 de marzo saldrá a la venta de la mano de Calamar Ediciones “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte”, su tercer libro en aparecer en menos de un año. Como su título indica, “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” estudia la forma en el que el cine, como toda manifestación artística hija de su tiempo, ha retratado las graves crisis económicas del siglo pasado y los inicios de este, así como sus efectos sobre la población. Con esta premisa, el libro propone “un recorrido sobre cómo el cine ha tratado de plasmar en imágenes las crisis económicas más importantes de la historia reciente desde el crac del 29, llegando hasta la contemporánea crisis de 2008”, según nos explica su propio autor. “Se trata de un libro con afán divulgativo, donde aprovecho las películas como modo de ilustrar una serie de conceptos económicos y financieros, así como determinados momentos históricos de especial relevancia, siempre en el contexto de las diversas crisis económicas”.

No obstante, aunque aparecido en este 2019, el origen de “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” se remonta muy atrás en el tiempo. Justo en el momento en el que la reciente crisis golpeaba con más fuerza a la economía de occidente. Precisamente, este contexto socioeconómico fue determinante en la configuración del libro, si bien por diversas circunstancias su aparición se ha dilatado en el tiempo, tal y como nos comenta su propio autor: “El proyecto nace en 2012 por dos motivos. El primero por lo relacionada que está su temática con mi formación como economista y con mi trabajo, relacionado con el mundo de la empresa. El segundo motivo reside en la lógica actualidad que por entonces todos sufríamos: la, espero, que ya terminada crisis económica iniciada en 2008. Presenté el proyecto a varias editoriales, Calamar Ediciones incluida, pero no prosperó. Sí hubo una que me comentó que publicaría el libro si ya estuviera escrito, pero que precisamente por los tiempos de crisis que vivía el sector editorial (como todos los demás sectores) no quería comprometerse con un proyecto al que al menos le faltaba un año para estar terminado.

Pese a estas negativas, Pedrero Santos no desesperó y siguió teniendo el libro entre ceja y ceja aunque, por motivos obvios, tuviera que enfrascarse en otros proyectos más viables. “Yo siempre confié en el libro y pese a todo continué avanzando en su escritura”, nos explica. “Sin embargo eso me distraía de abordar proyectos que sí fueron publicables. En definitiva, lo paré en seco durante varios años, en los que me dediqué a la escritura y publicación de al menos cuatro libros que surgieron en el ínterin hasta que durante una conversación con Miguel San José, editor de Calamar Ediciones, donde me comentó recuperar el proyecto de cara a publicarlo”.

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El hecho de que el libro entremezcle economía, cine y política implica que la labor de documentación requerida fuera más laboriosa que en un libro al cine al uso. “Sin duda”, responde Pedrero Santos. “Este ha sido mi trabajo más costoso en cuanto a tiempo de escritura, dedicación emocional y carga de documentación. Es lógico pensar que mi formación académica ha ayudado mucho, pues entiendo que para una persona que no la tuviera hubiera sido un reto de muchísimo mayor alcance”. “Sobre todo he tratado de no sentar cátedra, sí de dar opiniones, pero siempre con el máximo rigor”, concluye al señalar el enfoque de su trabajo.

El prólogo de “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” viene firmado por Víctor Arribas, “un periodista sensacional, un excelente comunicador en asuntos políticos y de actualidad nacional e internacional, quizás bastante afín a mi ideológicamente”, en definición de Pedrero Santos, quien confiesa que “le tengo simpatía desde hace muchos años y “Filmando la crisis” era la oportunidad adecuada para que ambos compartiéramos páginas. De ahí el prólogo que muy amablemente, sin dudarlo, prometió escribir”.

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Una idea muy presente a lo largo del volumen desde su propio planteamiento es la capacidad del cine como reflejo de la sociedad, una “capacidad intrínseca al medio, incluso en el fantástico, donde lo hace de manera metafórica en muchos casos. En el caso del cine realista (prácticamente todo el cine del que hablo en “Filmando la crisis” lo es), la conexión entre cine y realidad es mucho más directa, más ilustrativa”. Ya que lo menciona, no podemos por menos que preguntar a su autor por el cambio que representa “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” con respecto a sus anteriores obras, enfocadas de una forma u otra al denominado cine de género, en especial el fantástico. “Quería tomar algo de distancia del género fantástico, en parte como reto personal, en parte como resultado de cierto cansancio. Aunque en uno de mis últimos libros cambio de tercio tratando el cine bélico, en justo el previo a “Filmando la crisis” [“La imagen desgarrada. El dolor en el cine fantástico contemporáneo”], vuelvo al fantástico, cierto, pero desde otro punto de vista, abordándolo de otro modo, creo que más actual e interesante, y mucho más complicado como escritor”.

Y es que, como él mismo apunta, tanto en “La imagen desgarrada. El dolor en el cine fantástico contemporáneo” como en “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” se percibe una evolución en la trayectoria de Pedrero Santos como autor, apostando por un estilo más ensayista e interpretativo que el analítico y/o informativo que había exhibido hasta el momento. Algo que, ni que decir tiene, queda lejos de ser fruto de la casualidad. “Mis dos últimos libros son fruto de una decisión muy consciente de crecer como escritor sobre cine, abandonando (al menos de vez en cuando) la típica estructura que suele utilizarse al hablar de un director o un género. Ahora me interesan, más que personas, personajes o géneros específicos, el profundizar en la relación del cine con una temática muy concreta. Es algo mucho más complicado de conseguir, pero igualmente te da mayores satisfacciones personales, a la par que sirve para abrir caminos hasta ahora poco transitados”, concluye Pedrero Santos. “Filmando la crisis. Una mirada desde el Séptimo Arte” es una buena piedra de toque para comprobarlo.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on marzo 19, 2019 at 6:54 am  Dejar un comentario  

De “Narcos”, tractatus, la tríada hegeliana y una sirena de Fiji

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PUNTO DE PARTIDA: El otro día, por YouTube, claro, vi como en NTMEP, – ese late night contestatario, autoproducido y presentado por Facu Díaz y Miguel Maldonado –, Nacho Vigalondo, recogiendo el guante tirado por Miguel, estuvo analizando Caro, el último vídeo de Bad Bunny para desentrañar el mensaje último y oculto del reggetonero/trapero portorriqueño. Ya sé, ya sé, algo bastante demencial.

Lo cito porque Nacho mencionó como de pasada la tríada hegeliana y, no sé si por las risas o porque estoy igual de la cabeza que ellos, me dije: “mira tú, igual me vale para darle una vuelta a ese texto de Narcos que tan claramente se me fue de las manos y aun así publiqué gracias a la infinita paciencia de mi amigo Juan Pedro Rodríguez Lazo”. Tranquilos que no os voy a meter un rollo sobre esto, la tríada hegeliana muy básicamente explicada se divide en Tesis, Antítesis y Síntesis. La tesis sería la afirmación de lo que quiera que sea que se expone, la antítesis la negación de la misma y la síntesis en qué nos queda la cosa una vez hecha la digestión de la idea principal. Ea, pues vamos a ver si esto es aplicable al fenómeno del narcotráfico en general y al fenómeno Narcos en particular.

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TESIS: El retrato del fenómeno del narcotráfico es un tema recurrente, incluso manido, en cientos de producciones audiovisuales y es el centro de la temática de Narcos. En estas producciones, de modo más alegórico o más realista, se plantea el fenómeno como el hecho innegablemente antagónico que es, dejando claro que los malos son los narcos, los buenos los de narcóticos y todos nosotros, los espectadores, tenemos claro que la droga es mala y que nuestros gobiernos luchan decididamente por acabar con ella. Narcos apuesta por hacer una presentación mezcla de realidad y ficción del fenómeno a través de sus representantes más destacados y archiconocidos, los grandes capos, y aprovechan para poner en valor los titánicos esfuerzos de los buenos, los agentes de la DEA, a los que nadie conocíamos cuando son los verdaderos héroes de esta guerra.

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ANTÍTESIS: El tema del narcotráfico es caricaturizado en estas producciones y, con demasiada frecuencia, se acaba ensalzando como figuras legendarias a verdaderos monstruos que no han hecho otra cosa en la vida que el mal gracias al cual se han pegado la vida padre. Eso es lo que, punto por punto, hace Narcos con la figura de Pablo Escobar primero y con el Jefe de Jefes, después. Aunque, un momento, bien pensado, el problema de la caricaturización ni siquiera es ese; en realidad es que se quedan en los highligths para darle acción al relato sin tocar más que con sugerencias muy someras y nunca concretas – en plan, bueno, ya sabes, con dinero de por medio, siempre habrá quien se deje corromper, además, plata o plomo, tampoco hay más alternativas, esta gente es muy chunga y muy poderosa –, la ingente cantidad de irregularidades que supone, día a día, cultivar un kilo de cocaína o de marihuana en cualquier país del tercer mundo, colocarlo en cualquier país del primero y reingresar el dinero que esto genera.

Y lo que es peor que peor, la gran GRAN omisión que todas estas producciones hacen: ¿Qué se hace con todo ese chorro de dinero que queda después de pagar, en efectivo se supone, las mansiones, los deportivos, las fiestas, las prostitutas, los sobornos, la parte que se blanquea y el resto de gastos fijos? Porque, ya os aviso, es mucho dinero el que se mueve con esta mierda. Pero mucho, mucho. Y todos los días. En Narcos se ve cuánto consiguió Pablo, sus compañeros de cártel, los del cártel rival y que eso ya acabó. Já. En la nueva entrega se empieza a atisbar cuánto consiguió en poco tiempo, el que de momento nos han contado, Félix Gallardo, aunque tampoco es que se cuente dónde fue toda esa pasta.

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SÍNTESIS. Hay miles de producciones que tocan el tema del narcotráfico pero ninguna explica el fenómeno en toda su extensión. ¿Por qué no lo hacen? ¿Quién sabe? Narcos tampoco lo hace de forma explícita pero… un momento, quizá algo sí que hay ahí. Quizá no se cuenta, pero sí se deja claro que lo que cuenta como relato cerrado, en definitiva, todo lo que cuenta, no se sostiene y que, tirando de los cientos de cabos sueltos y ordenando las historias que nos muestran con los personajes adecuados, la verdad finalmente resplandece. Sí, definitivamente, creo que Narcos es una sirena de Fiji. ¿Cómo no nos hemos dado cuenta?

Vamos a tratar de desarrollar TODO esto como si de un tractatus logico-philosophicus se tratase.

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TESIS. Premisa: Aunque nadie se haya fijado, la que es una de las series más exitosas de los últimos años, buque insignia del Netflix más latino y que en su última entrega ha trasladado su acción a México, comenzaba con un texto en el que se puede leer la siguiente definición: “magical realism is defined as what happens when highly detailed, realistic setting is invaded by something too strange to believe”, algo así como “el realismo mágico se define como lo que sucede cuando un relato muy detallado y realista es invadido por algo ‘demasiado extravagante para resultar creíble’”.

Esta frase sobreimpresa aparece una única vez y sin que vuelva a verse más a lo largo de la serie, imagino que en parte por la obligación legalista – aunque ya me desdiré también de esto – de tener que aclarar que nombres, personajes, detalles y sucesos de la producción no son al cien por cien reales por motivos dramáticos que la productora se ha visto obligada a incluir, al inicio de cada capítulo, muy probablemente en previsión de las seguras quejas de los “supervivientes”.[1]

Sin embargo, en ella está la que creo que es la clave del éxito de la fórmula de esta producción, una evidencia del mayor acierto de todo lo que tiene que ver con el universo Narcos: la apuesta decidida de sus creadores por el realismo mágico a través del cual pueden mostrar, de manera convincente y sostenible dentro de una lógica propia, todo lo que decidan mostrar de la manera más realista, más fantasiosa, más explícita o más deformada posible sacrificando, sin que importe demasiado, qué creer y qué no a cambio de que todo esté presente en su producto.

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Tesis. Desarrollo: Lo que podría ser una teoría más o menos plausible nos la confirma Murphy, la voz en off que nos sirve de guía en la etapa colombiana – una figura narrativa que será recuperada en la primera entrega de Narcos: México, sin que el personaje, es esta ocasión, participe en la trama, ni siquiera salga en cámara hasta el último tramo del último capítulo de la entrega y exclusivamente para servir de cliffhanger para la entrega que está por venir –: en el tercer capítulo de la serie, el narrador, que sí es un personaje real involucrado en la caza de Escobar y miembro de la DEA para más señas, dice algo así como: “hay una razón por la que el realismo mágico nació en Colombia”; exactamente el mismo texto que aparece también en rojo al comienzo del primer capítulo tras la definición canónica ya comentada. Un dato en parte real, en parte inventado, como el resto de lo que pasa en la serie, como todo lo que sucedía en la Colombia del momento, ese país en el que lo que sucedía a diario era tan extravagante que aún hoy cuesta saber qué parte fue verdad y qué parte fue mito[2].

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Y con esas reglas juega desde el primer momento la serie, reglas que sigue manteniendo en su cuarta entrega, mezclar realidad y ficción, aceptando desde el minuto uno que si hay una historia a la que le cabe este juego es a la Colombia de los cárteles – y a la historia de México, en esta ocasión, en general –. El propio narrador, cuya creación nos deja claro desde el principio que el relato va a ser parcial y subjetivo, nos da el mensaje de que lo que se nos cuente va a ser la narración de los hechos de un personaje inventado basado en uno real. Más subjetividad imposible, más mezcla de realismo y ficción imposible.

Este juego les permite lograr lo que pretendía la serie en sus inicios: presentar la caza de Pablo Emilio Escobar Gaviria, personaje ya de por sí mítico, a las nuevas generaciones, a los que no vivieron aquello o a los que eran demasiado pequeños para recordarlo, haciéndoles pasar un buen rato con la puesta en valor de un potentísimo antihéroe, villano protagónico o como quieran ahora definirlo sin ocultar en ningún momento el tipo de monstruo que realmente fue. Es más, cuando los guionistas detectan que se nos puede estar olvidando, le ponen un bate en la mano a Escobar para que su cara quede salpicada de sangre de una o dos de sus víctimas. Y, de paso, bueno, quien nos cuenta la historia es el agente de la DEA, el que ve cómo su vida y la de su compañero se emponzoña y destruye hasta la autodestrucción de sus familias y de ellos mismos – es más notable el caso del agente Peña en la tercera entrega, con Murphy ya retirado, cuando éste coge definitivamente el foco sin que me puede interesar menos, francamente –: el sacrificio del héroe por la causa.

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En la tercera entrega de Colombia, la peor para mi gusto, y en la primera sobre México, en la que la serie recupera todo su interés cuando no se incrementa exponencialmente, la presentación de los antihéroes es distinta – a nadie se le escapa que los perfiles de los capos del cartel de Cali y del Jefe de jefes son muy distintos y, en consecuencia, su presentación ante el gran público ha de ser también distinta –, pero la fórmula se repite y sigue funcionando. Y si la fórmula les funciona para engancharnos es precisamente por esa mezcla entre realidad y ficción: ni documental puro de difícil digestión, ni aburrido biopic al uso, ni fantasmada de acción insustancial. Una mezcla de cada, un poquito de acá y otro de allá, un producto picadito, fresco, ágil, con su dosis bien verraca de pinches expresiones guacanas y to’a la verga para que se queden clavadas en la mente de los espectadores: cien por cien recomendable.

Cierto es que en la segunda temporada alargan el chicle como si de un segundo disco del grupo prometedor del momento se tratase. Un grupo que había tenido años para componer y rodar los temas del primero y al que ahora le meten prisa porque la discográfica de turno quiere más y se le nota. Cierto también que tiene más tiros y más acción de lo que la estupenda primera temporada merece y que la tercera no ha logrado finalmente mantener el interés, aunque la serie sí funcione sin su personaje más carismático. Lo de Narcos: México, es otro nivel, otra capa de la cebolla. Todo lo que no se quiso o se evitó deliberadamente tratar en esas tres primeras entregas colombianas se aborda de una manera tan natural que en un primer visionado puede pasar hasta desapercibido.

ANTÍTESIS. Premisa. Volviendo a la tercera entrega, la primera vez que escribí sobre Narcos – en casa de mi amigo Juan Pedro Rodríguez Lazo, como os comentaba al principio –, mi gran duda era si nos contarían qué pasó realmente con la Colombia post-Escobar y, bueno, podría decirse que lo contaron, sí, pero no demasiado bien. Y lo entiendo, ¿eh? Entiendo que la impresionante repercusión mundial de la serie, sólo comparable a nivel latino al fenómeno Rosalía, y las buenas relaciones diplomáticas entre EEUU y Colombia en la actualidad hayan suavizado el relato poniéndole la sordina. El peligro se llamaba Pablo Escobar, los de Cali… digamos que colaboraron más a que la maquinaria norteamericana permaneciese bien engrasada.

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Por otra parte, igual que aprecio el valor de los productores para colar, aunque con argucias, realidades lacerantes especialmente para los gobernantes colombianos del momento, lamento profundamente que declinaran y sigan declinando afrontar el gran reto pendiente de cualquier serie, documental o película que trata el tema del narcotráfico: explicar en qué se emplea el dinero que se genera, día a día, en las calles.

Hay a quien lo que le escandaliza de estas producciones es que se convierta en héroes a verdaderos monstruos. Hay hasta plataformas en contra de esto; daros una vuelta por perfiles antibolivarianos, ultracristianos, neopuritanos, etc. que seguro que las encontráis. Argumentar mi valoración al respecto nos llevaría horas y probablemente se acabaría entendiendo como una unpopular opinion en toda regla, así que ahora soy yo quien declina la oferta.

He de reconocer, eso sí, que la cuarta entrega de Narcos, la primera en México, me ha sorprendido gratamente en algunos aspectos al hablar sin tapujos y de forma demoledora sobre el PRI, por ejemplo, y de algunas otras cosas como la inacción del gobierno gringo, no sólo frente al tráfico de marihuana, sino en el momento del secuestro de Kiki Camarena en desvelarnos sin ambages quién anima a Félix Gallardo a pasar de traficar con marihuana a ser el transportista oficial de esa misma coca colombiana que vimos producir a espuertas en las tres primeras entregas; en contarnos, muy, muy por encima, cómo la administración Reagan utilizó el fenómeno de la droga en beneficio propio y con objetivos geopolíticos vergonzantes, etc.

Lo de tratar como pinches gánsteres a los del PRI tampoco puede decirse que sea una gran novedad – aprovecho para recomendar con fruición La ley de Herodes de Luis Estrada que cuenta cómo se las gastaba el PRI en clave rural y de desternillante comedia negra –, ni es algo que la serie no hiciera con los casos por todos conocidos de los políticos colombianos del momento en las dos primeras entregas – a los que colaboraron a darle forma al relato no se les incluyó, claro, esos son héroes –, no así en la tercera, pero es verdaderamente notable lo descarnado del relato, en especial en lo que a las implicaciones de las autoridades mexicanas en el caso Kiki Camarena respecta. Se nota que Trump va muy loco con lo del muro y que a López Obrador no le incomoda demasiado que les pasen la factura a sus predecesores siempre que no se den nombres de manera demasiado explícita.

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Otra cosa son las implicaciones de la CIA en aquello porque, aunque en la serie está toda la información, todo el relato se muestra tan distorsionado que es imposible unir los puntos por uno mismo si te quedas sólo con lo que se cuenta en ella. Está presente el caso Irán-Contra, las malas mañas de Bush padre al mando de la CIA, incluso la inacción de los diplomáticos americanos sobre el terreno en recuperar a tiempo y con vida al pobre Kiki. Es más, se desprende incluso hasta qué punto lo impidieron. Lo que se les ha pasado, qué cosas, es explicar por qué. Está ahí, en la serie, si os pica la curiosidad os uno yo los puntos, aunque con googlear ‘Kiki Camarena CIA revelaciones’ os debería bastar para unirlos vosotros solitos. Esa también es una apuesta de la serie, sembrar y que seas tú, espectador, quien recoja pero ya volveré sobre eso. Sugerir más que mostrar.

Una pena, en realidad, porque esta serie empezó en los albores de la internacionalización definitiva de Netflix y uno pensó que serían más valientes al no depender ya de las cadenas y grandes medios de comunicación. Y es que uno, que ha asistido a ejercicios parcialmente valientes con películas como el Scarface de Brian De Palma en su momento o Matar al mensajero mucho más recientemente, que ha visto cómo se “normalizaba” que el gran capo de algún imperio de la droga fuese un blanco de clase media estadounidense y no de extracto social bajo afroamericano, italoamericano, cubano, colombiano o mexicano tanto en cine como en series – véase Breaking Bad aunque su apuesta tuviese una vis descaradamente cómica para suavizar el asunto –. Pues, oye, que me había hecho la ilusión de que, por fin, alguien haría de una vez por todas el retrato completo, real y descarnado de lo que el narcotráfico supone en el mundo y para el mundo.

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Porque si hay una historia que lo permite – como demuestra The Infiltatror, hija bastarda pero reconocida tanto de Narcos como de Breaking Bad, una suerte de autobiografía autoproducida de y por Robert Mazur, el agente infiltrado en persona–, repito, es la de los cárteles colombianos de la coca. Tal fue su impacto y su repercusión en todo el planeta y a todos los niveles. México, ya lo dice esa voz en off que nos narra la cuarta temporada en el primer capítulo, es otra cosa. Es una guerra que no ha terminado y que no se sabe si terminará aunque, como se muestra en esta primera entrega de Narcos: México, sí que es heredera directa de esa etapa colombiana.

Cuando uno ve que Scarface es de 1983, cuando todo estaba en pleno bullicio, se le perdona a De Palma y a Oliver Stone, que firma el libreto, hasta que Tony Montana sea cubano y que apenas haya norteamericanos identificables en el ajo. Pero decepciona más aún echar la cuenta y pensar que han pasado 36 años sin que nadie, pero nadie, haya vuelto a tocar así el tema de las drogas. ¿Que hay muchas películas y series con temas de drogas y de mafia de por medio? Desde luego, pero recreativas, de buenos y malos, incluso de malos buenos.

Por poner unos ejemplos: ¿de dónde sacaba exactamente los montones de dinero con los que untaba a todo el mundo El Padrino? ¿Juego ilegal? ¿Contrabando? ¿De qué? ¿Extorsión? Sí, de todo eso parecía pero de manera muy vaga y, eso sí, sin tocar las drogas, que el Padrino tenía valores. El blanqueo y la reconversión a empresarios legales de los grandes capos, sin embargo, sí están bien retratados especialmente en la injustamente denostada tercera parte, quizá la más pegada a la realidad de toda la trilogía aunque se viera ensombrecida, obviamente, por las dos gigantescas obras maestras que la precedieron – y sí, por Andy García y su nefasta actuación – ¿Los Intocables de Eliot Ness? Facilona y con las cartas marcadas: la ley seca está abolida desde hace casi un siglo y nos parece hasta pueril a nuestros ojos. ¿The Wire? Bueno, más o menos, bastante valiente como retrato social pero demasiado local y sin nombres propios y, ¿de qué color son los capos? Exacto, del correcto.

Del mismo que Denzel Washington en American Gangster, otra valiente película que profundiza en la corrupción policial pero que se queda ahí, en la corrupción de los agentes. Más allá va la ya citada The Infiltrator a la que valoro como corolario de Narcos I y II pero que, a pesar de contar con pelos y señales cómo blanqueaba el dinero el Cártel de Medellín a través del Banco Internacional de Crédito y Comercio – que montó un pakistaní, cómo son estos moros, no se puede fiar uno de ellos –, y cómo con ese dinero se acabó comprando un montón de acciones del First American Bank  –de todo esto en Narcos nada o casi nada ¿verdad? –. Siguen tirándose al agua para salir sorprendentemente secos. Son los malos colombianos compinchados con otros malos pakistaníes, panameños, luxemburgueses incluso, los que acaban haciendo el mal en los siempre inmaculados Estados Unidos de América, siendo los arriesgados agentes de la autoridad estadounidense los que descubren el pastel aun a riesgo de jugarse la vida en el intento.

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Y por último, al menos de momento, valiente como ninguna otra en este siglo en temas de narcotráfico Matar al mensajero que, como hizo en la vida real Gary Webb, periodista premiado con el Pulitzer que logró publicar sus trabajos de investigación en todos los periódicos de la cadena Knight-Ridder salvo, ¡oh, sorpresa!, el Miami Herald [3], trata los vínculos entre la CIA, los narcos cubanoamericanos y mexicanos y la Contra nicaragüense – ¿Quéééé? Lo que oyes. Ale, a googlear: ‘Irán-Contra Reagan’ – así como las terribles operaciones para inundar de crack los barrios negros de ciertas ciudades estadounidenses  – esto cosa de papá Bush de su época al mando de la CIA –, con el doble objetivo de criminalizar y aplastar los movimientos en favor de los derechos civiles de los afroamericanos y a la vez recaudar dinero para sus desmanes en América Latina y donde hiciese falta.

Siempre centrada en la óptica del trabajo periodístico y del drama personal de Webb, interpretado con solvencia por Jeremy Renner – con unas gotitas de alivio erótico-romántico a cargo de una guapísima Paz Vega para que no nos aburramos demasiado con la densidad de lo expuesto–, valiente pero no completa, como todas, habla de la CIA como si de un ente independiente de todo control político y judicial se tratase. Y asegurando, sin dejar resquicio alguno a la duda, que Gary Webb se suicidó por haber sido relegado al ostracismo profesional aunque lo hiciera, pegándose dos tiros, sí dos, en la cara. Sí, en la cara, donde, mira tú, le dispararon a Serpico. Casualidades de la vida.

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Demostrado pues que ninguna ha afrontado el gran reto de contarnos, de principio a fin, el fenómeno de la droga en el mundo y sus implicaciones de una manera creíble. Ni siquiera como ficción, menos aún en forma de documental. Nadie nos ha dicho qué pasa, punto por punto, desde la plantación de un narcótico hasta que todo el dinero que se obtiene por él es utilizado ni en qué lo es en una única entrega. Y esto último directamente ninguna producción lo hace. Algo que me desespera, amigos.

Cierto es que de lo que va de la plantación – o producción – al menudeo de las calles nos lo han contado todo o casi todo. De hecho Narcos lo hace de una manera ágil y hasta elocuente. No se incide nunca en hasta qué punto para las zonas rurales de media iberoamérica es la única salida para no morir literalmente de hambre o a balazos pero, bueno, esa realidad se muestra aunque de manera demasiado lateral. Y lo que no aparezca en Narcos lo puedes encontrar en The Wire o incluso en Breaking Bad. Siempre se pasa muy de puntillas en lo que tiene que ver con los puntos más conflictivos de esta parte del negocio. Es decir, ¿cómo se pasa de toneladas en toneladas la droga a lo largo y ancho del mundo todos los días, todos los años? ¿Cómo es que es tan fácil esconder las gigantescas plantaciones y los mastodónticos laboratorios? ¿Cómo es que hay tantos ajustes de cuentas entre bandas rivales sin que nadie parezca hacer nada al respecto incluso hoy[4], etc…? Pero, vaya, ni Narcos ni Narcos: México evitan ninguno de estos temas aunque caigan demasiado, como es de costumbre en estos productos, en el poder corruptor y en la capacidad de atemorizar de las organizaciones mafiosas. Y lo que no explica el “plata o plomo”, lo explica la consabida inoperancia de los estamentos políticos, la corrupción como hecho consustancial al género humano que decía aquella, o sus intereses partidistas o personalistas.

Como digo no es la parte del negocio que más flojea de esta serie en particular, más atrevida que otras, ni de las producciones de esta temática en general. La parte que nunca se nos explica con agallas y precisión es la que tiene que ver con qué se hace con la pasta cuando se ingresan sesenta millones de dólares en efectivo al día y dónde acaba.

Narcos sí explica qué hacía Pablo pero, claro, a su manera: con una parte se compraban propiedades, se creaban negocios ‘legales’ para blanquear otra parte, se derrochaba en cantidades exorbitantes en fiestas, prostitutas, coches, aviones, helicópteros, hipopótamos, equipos de fútbol… y cuando no se sabía qué hacer con ello se regalaba a los pobres o se enterraba. Literalmente.

Y es verdad que eso pasó. Tan verdad como que Tata compraba Boteros, Dalís, Picassos (…) dinero en mano se supone sin que nos hayan dicho a quién… Pero, ¿y con toda la demás plata qué pasó? Porque Pablo y el resto del cártel de Medellín se dedicaron a esto durante más de dos décadas. Veinte años por trescientos sesenta y cinco días por sesenta millones de dólares al día sólo de Pablo es mucho, pero que mucho dinero. Como repite sin cesar nuestro narrador Murphy, “hagan cuentas”. Ahora piensen que el billete de mayor valor que existe en EEUU desde 1963 es el de cien dólares y que no es precisamente el más frecuente en el menudeo callejero. ¿De cuántos billetes estamos hablando? ¿Dónde se mete, incluso físicamente, esa ingente cantidad de billetes?

The Wolf of Wall Street

Nada se habla de paraísos fiscales, bancos panameños, suizos o de ingeniería económica. Vale que Pablo y compañía no tenían demasiada formación, pero su inteligencia era notable. Aunque sólo sea por comparación con El lobo de Wall Street que se desarrolla en aproximadamente los mismos años, finales de los ochenta, principios de los noventa. ¿Pretende Narcos hacernos creer que nadie les avisó de que eso existía?, ¿que no era necesario cargar con toda esa plata, que bastaba con llevarla a un banco de un paraíso fiscal y abrirse una cuenta? Como ya he dicho, si no es por The Infiltrator de esto no tendríamos noticia a través de Narcos Colombia. En Narcos: México sí es cierto que se habla de que el Jefe de Jefes y sus compinches eran dueños, repito, dueños de varios bancos, pero otra vez sin dar nombres ni decir qué pasa con ellos en la actualidad. También se toca más que en la anterior trama cómo se mueve el dinero y quién se encarga de ello, pero siguen sin afrontar seriamente el asunto. Al menos, hasta el momento.

En Narcos Colombia sí se dice – de soslayo y sin nombrarlos – que algunos bancos de Miami estaban en manos de los cárteles. Pero, una vez más, las grandes respuestas no se contestan: ¿Qué se hace con esos millones? ¿A quién hay que comprar para poderlos mover?

Un documento real y que apenas tiene trece años incluido como Apéndice I en la penúltima obra hasta la fecha del gigante escritor madrileño malagueño Juan Madrid, Los hombres mojados no temen la lluvia, con el membrete “COMISIÓN. Parlamentaria Antimafia. República de Italia. Documentación reservada. Fecha: SEP/2006” recoge frases como las siguientes, que merece la pena pararse a leer:

“Si la seguridad en el transporte es una obsesión para los productores de droga, el lavado de dinero es la otra. Esto se soluciona, en parte, gracias a la actuación de expertos abogados y la existencia de los paraísos fiscales, a los que añadimos la directa connivencia de grandes bancos y trusts financieros. El silencio cómplice de las instituciones bancarias fue, y es, fundamental para la distribución y venta de la droga (…) Sin ese silencio cómplice, sería prácticamente imposible el fenómeno de la droga en el mundo (…) La legislación bancaria europea exige un control de las cantidades de dinero mayores de tres mil euros que se ingresan, o se extraen, de cualquier cuenta bancaria (…)

Según fuentes de la Interpol, la cantidad de dinero que se genera al año como resultado del tráfico de sustancias estupefacientes sobrepasa los cuatrocientos mil millones de dólares (…) ¿Qué ocurre con ese dinero? ¿Se guarda en sacos? Imposible: se ingresa en bancos. (…) (Y) Ese dinero tiene que ser invertido en negocios muy rentables para desaparecer de las cuentas corrientes y ser lavado. Nadie atesora dinero. El dinero existe para gastarlo (…) Para lavar el dinero, una gran cantidad se reparte en bonos bancarios, no sujetos a inspección fiscal, talones de billetes aéreos en blanco o facturas falsas. Otra se oculta en cuentas numeradas y secretas. Y el resto, que es muchísimo, porque las ganancias de la droga se multiplican año tras año, se dedica a la diversificación empresarial. Es decir, a la compra de editoriales, productoras de cine y televisión, periódicos y revistas, supermercados, biocarburantes, compañías aéreas o agencias gubernamentales, etc., muy difíciles de detectar. Pero sobre todo, y es necesario recalcarlo, se invierte en turismo y en la especulación inmobiliaria, cuya relación entre capital aportado y ganancias sobrepasa la lógica capitalista de la tasa capital invertido/ganancia.”

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Ya que vino The Illustrator a rellenar los LACERANTES huecos sobre el blanqueo, los paraísos fiscales utilizados y los bancos afectados –no salieron todos, ¿eh?, pero, oye, un relato al menos ya hay – mi pregunta, ya que estamos con Pablo Escobar, es la siguiente: ¿Habéis visto alguna película, serie, documental o entrevista en los que se diga en qué empresas diversificó Pablo su chorro de ingresos, qué periódicos compró, qué productoras de cine, qué cadenas de supermercados, en qué negocios inmobiliarios o turísticos invirtió, las acciones de qué empresas armamentísticas compró o en la ampliación de capital de qué aseguradoras participó?

De acuerdo, es que Pablo y sus parses eran unos paletos a los que sólo se les ocurrió enterrar su dinero y el resto lo gastaron o les fue incautado cuando les pillaron con lo del BCCI. Vale, y si no es sobre Pablo, ¿sobre qué otro capo de la droga real o inventado lo habéis visto? ¿Lo habéis leído quizá? ¿Qué ocurre con esto? ¿Es que no vendería? ¿O es que nadie se atreve a hacer según qué bromas ni aun siendo inventadas por lo que pudiera pasar mañana cuando vayan a un banco a pedir un crédito, o pasado a negociar la distribución de su película, o al otro cuando necesiten una simple entrevista en televisión porque toque promocionar lo producido? ¿Quién sabe qué es lo que motiva a la gente a no hacer lo que no hace, verdad?

Pero, ¿qué pasa con los políticos? ¿Y con las autoridades en materia antidroga? ¿Por qué no arrasan con todos los capos como hicieron con Pablo Escobar? ¿Por la Carta de los DDHH? La práctica totalidad de los países desarrollados cuenta con servicios de inteligencia, ¿qué les impide utilizarlos en secreto para acabar con el narcotráfico? ¿Quién se lo iba a cuestionar? ¿Quién se lo afeó a Colombia o a EEUU con lo de Pablo Escobar? Sí, vale, los pobres a los que les construyó las casas en las que aún hoy viven. Por tanto, ¿qué le impide a la OTAN o a Naciones Unidas tomar medidas similares? Insisto, ¿quién se opondría a ello? A lo mejor el contenido del apéndice II de la obra citada y con membrete “COMISIÓN Europea Antidroga. Europol. Bruselas, Bélgica. Reservado/Secreto: Oct 2006.” nos dé una pista.

Empieza así: “Según un informe secreto de la Oficina Central de la Lucha contra la Droga de la Interpol, el cese inmediato y absoluto del comercio mundial de sustancias estupefacientes provocaría la quiebra de los más importantes bancos financieros del mundo y el desplome paulatino de la economía global, sostenida por la especulación y por la entrada masiva y constante del dinero de la droga.”

¿Vais entendiendo de qué va la cosa? Y mirad que no hemos mencionado siquiera cómo se financia u opera el terrorismo, la especulación bursátil, las fundaciones, los lobbies, los think tanks o la propia internet…

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SÍNTESIS. Premisa: Parece claro porqué resulta atractivo tratar el tema del narcotráfico en tantos productos audiovisuales y por qué no se habla de todo lo que cabría hablar sobre el mismo. 650.000 millones de razones americanas al año es la última cifra dada por la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas a finales de 2018 – 150.000 millones más en sólo doce años –. Contra eso hay poco que hacer salvo un sacrificio kamikaze a lo Gary Webb o apostar por la astucia para burlar la imposición del mercado. Porque es el mercado, amigos.

La apuesta de los productores de Narcos es atrevida, astuta, poliédrica y, al menos eso espero, estamos sólo al principio de la misma. Todo ello necesario para poder contar todo lo que supone el fenómeno del narcotráfico como espero haberos mostrado – si habéis llegado hasta aquí sois unos valientes –. Además, para poder afrontar este relato, es necesario hacer mucho ruido pero por los motivos adecuados. Hay que llamar mucho la atención para llegar a mucha gente. A tanta que sea imposible que te echen el negocio abajo. Para ello se necesita alcanzar el éxito y Narcos lo ha alcanzado.

Y este éxito de Narcos en todo el mundo en absoluto es casual, sino fruto de conocer a la perfección no sólo al target al que va dirigida tu serie, doble en este caso como ahora explicaré, sino la reacción del mismo.

Me explico, hagamos un ejercicio de memoria colectiva. Coincidiendo con la subida de la segunda temporada a la plataforma de Netflix, Narcos fue TT en Twitter. Recuerdo que me asomé para ver qué se cocía – porque de eso iba antes Twitter, de asomarse a los TT a ver qué se cocía, ahora…, bueno, ahora es otra cosa –, y pude observar que la cantidad de gente quejándose de los que hacían spoilers con el final de la misma sólo era superado por los que se reían a mandíbula batiente de los que, al parecer, no conocían cuál fue el final real de Pablo Escobar.

Seguramente muchos de los que se reían se habían enterado de ese final viendo el último capítulo pero, bueno, las redes estaban y están para molar muy fuerte, ¿no? Y no hay que perder una sola ocasión para hacerse el listillo. ¿Y qué mejor para ello que adelantarse a los demás viendo antes que nadie el último capítulo de la serie más ‘in” del momento?

Los aludidos hasta el momento pertenecerían a lo que yo denomino como primer grupo del público potencial de la serie, el formado por los que no conocían más que de oídas, de la letra de algún rapero, o de una camiseta o cartel random al tal Pablo Escobar, los más difíciles de interesar. El segundo grupo estaría formado por los que, como yo, sea por la razón que sea, teníamos bien claro quién fue el Patrón y qué supuso para Colombia, EEUU y el mundo entero. Con nosotros lo tenían mucho más fácil. Más tarde o más temprano, con pasión o con escepticismo, lo tuviésemos como héroe o como villano, lo cierto es que acabaríamos viéndola. Como veis, los productores de Narcos nos tienen bien calados. A todos.

Si os soy sincero, a mí lo que me hizo gracia de lo leído en esa red social no fue tanto la ignorancia de unos y otros. Lo que me apasionó fue que los comentarios demostraban que la serie la estaba viendo gente joven, muy joven y/o gente que nunca había reparado en la figura de Pablo Escobar y que, en consecuencia, no tenía por qué saber qué putas le pasó o no el malo – o bueno – de su serie favorita en la vida real. A unos porque no les había dado tiempo y a otros porque no les había dado la gana. Interesar y enganchar a este primer grupo es sin duda el mayor logro de Narcos.

Y de ahí directamente a la reflexión sobre la frase y el cartelito de marras. De ahí al reconocimiento expreso de la astucia de los creadores de la serie y al logro de enganchar a todos a quiénes se la dirigen. Logro que, como os digo, es doble y ahora es cuando me pongo de ejemplo porque, no voy a negarlo, en un primer visionado las flagrantes imprecisiones entre serie y realidad me crisparon. Me parecieron tan burdas, tan intencionadas e intencionales que casi me pongo a despotricar sobre ellas públicamente como si fuese el mismísimo Juan Pablo Escobar, hijo real de Pablo.

No había entendido nada. Mis lecturas, mis visionados de documentales y entrevistas sobre la verdadera historia me habían nublado el juicio sobre el producto que estaba viendo: los creadores estaban jugando a mostrarnos una Sirena de Fiji.

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Veréis, todos los que tuvieron noticia previa de este “hallazgo criptozoológico” del siglo XIX la tuvieron a través de un grabado que representaba una hermosa mujer con cola de pez. Cuando el propietario de la Sirena de Fiji por fin la mostró al público, ésta se parecía tan poco a la que todos esperaban ver y aun así era tan atrayente que poco importó incluso que fuera falsa.

Entonces, ¿a qué se debió su éxito? Pues mirad, el dueño, ya sabéis cómo son los yankies, se vio obligado a colocar un cartel en la entrada en la que ponía algo así como “la sirena de las ilustraciones no se corresponde con la real”, debido a que los expertos en sirenas, los primeros que la vieron y que habían presionado al dueño para que la mostrase cuanto antes, salieron indignadísimos gritando a los cuatro vientos lo poco que se parecía lo visto a la de la ilustración. “¡Es horrible!”, dijeron. “¡No es ni parecida a las de verdad!”. ¿Resultado? Las colas fueron kilométricas aun cuando se supo que la ‘sirena’ era, en realidad, medio mono cosido a la parte trasera de un salmón disecado.

Pues bien, los creadores de la serie nos cuelgan en cada capítulo el cartel – no el flotante y único del primer capítulo, sino el legalista sobre fondo negro – de “la sirena no es la de la ilustración” contando con los que, como yo, estaban dispuestísimos a gritar como expertos en la materia que “¡esa sirena no es ni parecida a las de verdad!”, porque un hype negativo, más aún, el hype que genera la discusión entre defensores y detractores, es tan efectivo o más que una promoción positiva.

Recapacité a tiempo y, gracias a la ignorancia natural de los más noveles en Pablo Escobar, me di cuenta de mi propia ignorancia respecto al juego que se traían entre manos los creadores desde el principio: el del realismo mágico de la serie, un realismo que, a diferencia del literario, cuenta con una parte real que sí que es verídica – cada vez que hay una detención, una operación o la voz en off nos da uno de los datos reales que se van soltando en aluvión tanto en las entregas de Colombia como en la de México, estos se apoyan sobre las imágenes documentales reales del momento llegando incluso a introducirse en la trama, de manera muy natural y efectiva, noticiarios de la televisión colombiana –, aunque su interpretación vaya a depender de quién nos la haya contado. Este juego les permite hacer pasar por verdadero lo que no es real y contar sin ambages ni autocensuras lo que, siendo real, parece imposible.

De hecho, desde que he tomado consciencia de este hecho, me ha aparecido esta media sonrisa bobalicona con la que ahora reviso la serie, preguntándome qué parte de la misma se creerán como real y cuál no, los neófitos en el tema. A lo que hay que añadir qué me estaré creyendo yo como conocedor de la materia y qué sería capaz de discutirles a los propios supervivientes de aquella época porque lo que me contaron como verdad no coincide con lo que ahora me cuenta la serie.

En definitiva, conocen tan bien su producto, que la fórmula elegida es tan ganadora y han previsto tan bien cómo íbamos a reaccionar los unos y los otros que no nos queda más que levantarnos y aplaudir. La realidad que recrea la serie es tan coherente y a la vez tan exagerada siendo inventada como la propia realidad de los hechos, siendo ambas too strange to believe. Y entre lo verosímil y lo inverosímil, en mil pedazos sueltos pero presentes, está toda la verdad sobre el fenómeno mundial del narcotráfico. Bueno, o casi toda, aún quedan cosas por contar. Vedla si aún no lo habéis hecho y si ya la habéis visto, investigad, leed y volved a verla, será como volver a leer Rayuela en el orden que no seguisteis la primera vez que lo hicierais, os lo prometo. Es en lo que yo ando para revisar la primera entrega de Narcos: México de la que, más allá de los narcocorridos de Los Tigres del Norte y del caso Kiki Camarena, ignoro casi todos los detalles.

Ángel Chatarra

[1] Por cierto, en el primer capítulo ese cartel tampoco es el mismo que luego aparece repetido el resto de la serie. Cosas de los episodios pilotos…

[2] Uno de los ejemplos más random de esto que digo alude al propio Gabriel García Márquez. El creador del Macondo mágico ha sido la última gran noticia del realismo mágico que también rodea la historia real de Pablo y fue revelada hace apenas un año desde la serie “en primicia mundial para Puerto Rico” por Popeye, su sicario más famoso. Según el mismo, Gabo fue el enlace entre los Castro y Escobar para cerrar los negocios que se trajeron entre manos, según él, el gobierno cubano y el narcotraficante colombiano más famoso de todos los tiempos. ¿Serían conscientes los creadores también de esto cuando decidieron incluir este género literario en su relato? Seguro que no…

[3] La cadena Knight-Ridde es la segunda cadena más grande de periódicos en papel y on line de EEUU, y edita, entre otros muchos, el Miami Herald. ¿Les suena de Narcos? ¿A que un poco sí? Pero, ¿a que no mencionan nada sobre sus vinculaciones con la mafia narcoterrorista cubanoamericana? Más bien al contrario: se le menciona como referente de la información en temas de drogas, ¿verdad?

[4] Decía Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, en una de sus últimas entrevistas que los muñecos ya no llenan las calles de Medellín, pero no porque no los haya, sino porque se han construido muchas incineradoras.

Título original: Narcos. Narcos: México

Año: 2015. 2018 (Estados Unidos)

Fecha de estreno: 28-08-2015. 16-11-2018

Duración: 52-60 minutos

Temporadas: 4 (3+1)

Género: Crimen. Policiaco. Drogas. Mafia. Basado en hechos reales. Biográfico. Años 70 – 80 – 90

Calificación: No recomendada para menores de 16 años

Creador: Chris Brancato, Doug Miro, Carlo Bernard.

Productora: Gaumont International Television / Netflix

Distribuidora: Netflix

Intérpretes: Wagner Moura (Pablo Emilio Escobar Gaviria), Paulina Gaitán (Tata Henao de Escobar), Boyd Holdbrook (Steve Murphy), Joanna Christie (Connie Murphy), Pedro Pascal (Javier Peña), Juan Pablo Raba (Gustavo Gaviria), Damián Alcázar (Gilberto Rodríguez), Francisco Denis (Miguel Rodríguez), Gustavo Angarita Jr (Fidel Castaño), Pêpê Rapazote (José “Chepe” Santacruz Londoño), Diego Cataño (Juan Diego Díaz “La Quica”), Julian Diaz (“Blackie”), Juan Sebastián Calero (“Navegante”), Mauricio Cujar (Don Berna), Gustavo Angarita Jr. (Fidel Castaño), Eric Lange (Stechner), José María Yazpik (Amando Carrillo Fuentes)…

Diego Luna (Miguel Félix Gallardo), Michael Peña (“Kiki” Camarena), Tenoch Huerta (Rafael Caro Quintero), Joaquín Cosío (Ernesto Fonseca Carrillo “Don Neto”), Teresa Ruíz (Isabella Bautista), Fermín Martínez (Esparragoza Moreno “El Azul”), Alejandro Edda (Joaquín “El Chapo” Guzmán)…

Published in: on marzo 15, 2019 at 7:12 am  Dejar un comentario  
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César del Álamo regresa con el thriller minimalista “De la piel del diablo”

De la piel del diablo

El director de cine de guerrilla, tal y como él mismo se define, César del Álamo tiene nueva película. Cuatro años después de su anterior La mujer que hablaba con los muertos, Del Álamo regresa con De la piel del diablo, un tenso thriller de corte minimalista, sustentado sobre dos personajes en otros tantos escenarios. Basada en un argumento de Norberto Ramos del Val y el propio César, la historia se centra en la atracción que se desata entre un hombre y una mujer que se conocen en una galería de arte. Comparten gustos y aficiones, y ambos parecen ser justo lo que el otro necesita. Pero lo que debería haber sido una noche de pasión, pronto se convertirá en un juego perverso, lleno de trampas y mentiras, en el que nada es lo que parece.

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César y la actriz Ruxandra Oancea durante una pausa del rodaje

Sobre los motivos que han dilatado tanto la aparición de una nueva película tras su anterior trabajo, César nos comenta que se debe a que: “empecé otro proyecto, que llevó más de un año de preproducción, pero que se vino abajo cuando estábamos a medias… Fue muy frustrante. Luego tardé mucho en recuperarme, tanto anímica como económicamente. Al final, surgió este proyecto que fue como un maravilloso y siniestro salvavidas”. Es por ello que De la piel del diablo se gesta “desde la depresión y el resentimiento”, bromea César. “Como debe ser”, apostilla entre risas. “Estaba buscando una idea para hacer algo pequeño y manejable, y de pronto recordé un viejo proyecto que inicié con Norberto Ramos hace más de diez años. Comencé a darle vueltas, a simplificarlo, a dejarlo en los huesos (pero con sabor concentrado), y así nació De la piel del diablo”.

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Al tratarse de una producción low cost, el corte minimalista que luce la propuesta lleva asociada la irremediable pregunta de si se debe a cuestiones financieras o a una elección estilística, acorde a esa buscada simplificación y concentración a la que aludía su responsable al hablar de la evolución del proyecto desde su planteamiento primigenio. “Tenía una necesidad fisiológica de rodar algo para salir del agujero, así que se imponía algo que se pudiera controlar fácilmente”, explica César al señalar las razones que le empujaron a decantarse por esta opción. Aunque matiza: “Soy un enamorado de esas películas con pocos escenarios y que se plantean como un juego del ratón y el gato entre los personajes, tipo La huella o La trampa de la muerte. Partiendo de ahí, comencé a encajar otros elementos con la ayuda de Virginia Castro, que me ayudó a dar forma a la historia, y conseguí meter un montón de obsesiones que me encantan, como ciertos juegos de metalenguaje. Poco a poco, aquel guioncito, que estaba destinado a ser un pequeño divertimento sin más pretensiones, se convirtió en uno de mis favoritos. De verdad: estoy loco por esta peli”.

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Dadas las circunstancias expuestas, el trabajo de los dos actores protagonistas se antoja fundamental al recaer sobre sus espaldas prácticamente en solitario todo el peso de la película. Algo de lo que su director es muy consciente: “Al ser una historia tan basada en la relación entre los personajes, necesitaba dos actores en los que confiar ciegamente. Al principio, mientras escribía, enseguida vinieron a mi mente Chema Coloma y Ruxandra Oancea. Rux tiene una cualidad muy angelical, pero puede llevar a sus personajes al mal absoluto con sólo mirar un poco escorado. Y Chema es un actorazo, capaz de sacar con nota cualquier desafío que le propongo: ya llevamos cuatro pelis juntos… y las que vendrán. Es mi fetiche, mi Dick Miller (risas). Los dos están tremendos, de verdad”.

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Como en los anteriores títulos de su director, De la piel del diablo luce un cuidado aspecto visual, apartado este del que el propio cineasta madrileño se ha ocupado en esta oportunidad en primera persona, asumiendo el mismo la dirección de la fotografía. “Me apetecía mucho hacer la foto de la película yo mismo, y busqué muchos trucos de luces para disfrazar la casa, y hacer que pareciera más grande. Jugamos con reflejos de agua en las paredes (la lluvia es muy importante en la historia) y pequeños destellos fuera de foco en segundo término. Elementos que llenaran los espacios vacíos”.

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En cuanto a la posible distribución comercial de la película, auténtico talón de Aquiles de este tipo de producciones ultra independientes en España, va “poco a poco”, en palabras de César. No obstante, de momento De la piel del diablo ya ha conseguido ser vendida a “Gran Cine”, un canal de los Estados Unidos especializado en cine en español, donde se puede ver desde el pasado 27 de febrero, cuatro días después de que el film viviera en Madrid su première mundial, coincidiendo con el cuarenta y un cumpleaños de su director. “Esperamos colocarla en más sitios, así como darle unos cuantos pases en salas, que es lo suyo”, resume el cineasta al referirse a los planes de distribución previstos para su nuevo film. Habrá pues que estar atentos a futuros pases de De la piel del diablo.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on marzo 9, 2019 at 9:00 am  Dejar un comentario  

Necrológica de Chelo Alonso

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La noche del pasado miércoles 20 de febrero fallecía a los 85 años de edad en su casa de Mentana (Lazio) Chelo Alonso. Pese a su corta trayectoria cinematográfica, compuesta por menos de veinte títulos rodados a lo largo de diez años, la mayoría de ellos concentrados en el trienio comprendido entre 1959 y 1961, la actividad de la actriz cubana destacó dentro del por entonces populoso péplum, convirtiéndose en la principal reina del género. No solo eso, sino que su exuberancia física y su belleza racial y salvaje hicieron de ella uno de los principales mitos eróticos legados por el cine de género europeo durante su etapa de esplendor.

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Nacida como Isabella García, Chelo Alonso vino al mundo el 10 de abril de 1933 en Central Lugareño, una población de la provincia de Camagüey, en Cuba. De padre cubano y madre mexicana, se apasionó por la danza desde bien joven, iniciándose profesionalmente hablando a los 17 años. Su estilo sensual y exótico la hicieron ganar pronto notoriedad, recorriendo todo el mundo con sus espectáculos de baile. Tras una breve estancia en Broadway, en 1957 recala en el Folies-Bergere, donde se convierte en una de las principales vedettes del mítico cabaret parisino, a tal punto de ser considerada “la nueva Josephine Baker”.

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Chelo en su famosa escena de baile en “Bajo el signo de Roma”

En esta tesitura, su entrada en el mundo del cine no se hace esperar. Tal y como ella misma recordaba en la entrevista realizada por Carlos Aguilar y aparecida en el número 7 de “Cine-Bis”: “El cine siempre me había encantado (…). Así que me hice unas fotos maravillosas y se las envié a un queridísimo amigo de infancia cubano, Tony Álvarez, que entonces vivía en Nueva York y estaba muy metido en Show Business. Él se las enseñó al representante de Steve Reeves, que acaba de convertirse en una estrella mundial por sus películas italianas de Hércules. Y este representante, que se apellidaba Fortini, me propuso a los productores de Bajo el signo de Roma (Nel signo di Roma, 1959) para un papel de bailarina, secundario pero con una escena de lucimiento y mi nombre destacado en los créditos”.

chelo-alonso y Steeve Reeves

Con Steve Reeves en “El terror de los bárbaros”

En efecto, su debut en la gran pantalla se produce en la controvertida Bajo el signo de Roma interpretando a Erica, la favorita del primer ministro Semancio, uno de los villanos de la función. El buen hacer y la fotogenia que demuestra en este su debut, cuya escena de baile es incluso utilizada de forma predominante en la promoción de la película, propician que su ascenso en la profesión resulte meteórica y en apenas unos meses comience ya a interpretar papeles de copratogonista. Lo hace, además, compartiendo pantalla con las principales estrellas del cine italiano de la época. Así, es la parteneire de Steve Reeves en El terror de los bárbaros (Il terrore dei barbari, 1959) y Morgan il pirata [vd/dvd: Morgan, el pirata, 1960], y del antiguo Tarzan Lex Barker en La scimitarra del saraceno [vd/dvd: La espada del sarraceno, 1959] e Il terrore della maschera rossa [vd/dvd: El terror de la máscara roja, 1960].

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Aunque también participa en comedias, thrillers y películas de aventuras, es en un género tan tendente a la presencia de personajes exóticos como el péplum donde destaca su figura. Sus particulares rasgos físicos hacen que sus personajes para el mal llamado cine de romanos se debatan entre los intereses amorosos del héroe de turno y las abyectas femme fatales. Así, si en El terror de los bárbaros encarna a la hija del líder de los invasores lombardos que acaba enamorándose del jefe de los rebeldes locales, en El gigante del valle de los reyes (Maciste nella valle dei Re, 1960) y Maciste el coloso (Maciste nella terra dei ciclopi, 1961) interpreta a sendas monarcas que tratan de poner bajo su pérfido influjo al bien intencionado Maciste.

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Chelo como Tania en una foto promocional de “La reina de los bárbaros”

No obstante, Chelo también logró la hazaña sin parangón de protagonizar en solitario un péplum, contraviniendo así los cánones de un género cuyo principal rasgo distintivo es, precisamente, el que sus roles principales sean musculosos y autosuficientes personajes masculinos. Es lo que hizo en La regina dei tartari/La reine des barbares [vd: La reina de los bárbaros, 1960], dando vida a Tania, la única superviviente de un poblado atacado por los tártaros que, adoptada por el jefe de éstos, acabará convirtiéndose con el tiempo en su líder. Dentro de una sociedad hostil, despiadada y machista, en donde la mujer es poco menos que un ser inferior que solo sirve para divertimento del hombre, Tania deberá abrirse paso y hacerse respetar, en un argumento que no es difícil extrapolar al papel que la mujer detentaba por regla general dentro del péplum y, por tanto, a los estereotipos con los que la propia Chelo se había tenido que enfrentar en su andadura en el género.

Chelo Alonso5Buena muestra de la popularidad de la que goza Chelo en aquellos momentos es una anécdota relatada por la actriz en el programa de la RAI Stracult dedicado a las mujeres del spaghetti-western. En él, la veterana actriz narraba como, durante la gira que realizó por Europa a finales de los cincuenta para difundir el mensaje de la Revolución Cubana, el Che Guevara contactó con ella. “Era un hombre muy inteligente y muy carismático”, recordaba Chelo. Al parecer, el Che había sido comisionado por Fidel Castro para convencerla de que regresara a su país natal, con la garantía de que sus cuentas bancarias en Cuba le serían devueltas. Chelo no aceptó, pero a cambio ofreció al Che acompañarle en una visita turística a Roma. “Nos hicimos muchas fotos. Luego se las guardo en el bolsillo y me dijo: cuando vuelva a Cuba seré la envidia de todos”.

Sin embargo, tras esta frenética etapa y cuando su carrera se encuentra en el punto más álgido, Chelo decide espaciar cada vez más sus apariciones en la gran pantalla. El motivo es su boda con Aldo Pomilia, productor al que había conocido en el rodaje de Morgan il pirata, y con el que contrajo matrimonio en 1961. Fruto de esta relación es el único hijo de la actriz, Aldo, nacido en 1962. Desde este momento, la actriz permanece semi-retirada, y sus escasas apariciones en la gran pantalla se producen en películas en las que su marido está involucrado. Las tres últimas, curiosamente, se tratan de spaghetti-westerns, género que había relevado al péplum como corriente predominante dentro de la producción del cine de género mediterráneo.

Chelo Alonso el bueno, el feo y el maloLa primera de estas películas es la última entrega de la Trilogía del dólar de Sergio Leone, El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), en la que su participación llega de una forma accidental. Según le comentaba a Carlos Aguilar: “Aldo era el director de producción, yo estaba en el rodaje como su esposa, sin más. Pero a última hora falló la actriz prevista, una española, y Leone me pidió reemplazarla, dado que ya estaba allí y él era un fan de mis películas. Como todas habían dado mucho dinero, además pensó que eso traería suerte a El bueno, el feo y el malo. Acepté encantada”. Aunque su nombre no aparece acreditado en los genéricos, su aparición como la esposa de Stevens, el personaje interpretado por Antonio Casas que es asesinado a sangre fría por Lee Van Cleef durante los primeros compases, se erige en uno de los momentos más inolvidables de tan magnífico film.

Chelo Alonso cuchillo

Chelo junto a Tomas Milian en una escena de “Corre, Cuchillo, corre”

Dos años después de esta experiencia, reaparece en Corre, Cuchillo, corre (Corri, uomo, corri, 1968), secuela de la no menos extraordinaria El halcón y la presa/La resa dei conti  (1966). En ella, Chelo da vida a Dolores, la esposa del bandido protagonista, el cual es encarnado por su compatriota Tomas Milian. Sin moverse del estilo, su despedida del medio se produce un año más tarde en el eurowestern dirigido por Giulio Petroni La notte dei serpenti, en el que, curiosamente, interpreta un personaje que se llama Dolores como en la previa.

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Chelo ya madura en una aparición televisiva

Tras su retirada definitiva, Chelo Alonso fundó junto con su marido la compañía discográfica Aris y a comienzos de los setenta presentó un programa televisivo de recetas de cocina. Tras la muerte de Aldo en 1986, se estableció primero en Siena y luego en Mentana, donde vivía junto a su hijo, dedicándose a negocios de hostelería y a la acogida de animales abandonados.

Descanse en paz una de las más inolvidables e inigualables bellezas del cine bis mediterráneo.

Published in: on febrero 24, 2019 at 1:54 pm  Dejar un comentario  

Generación “Mr. Robot”

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Artilugio: Creado por Sam Esmail. El mundo hace ocho años pintaba distinto, se presentaba como algo muy diferente a lo que ahora nos devuelve la imagen de los noticiarios. Precisamente por esto, la alegoría que ha pergeñado su creador de aquel instante y de los que se han ido sucediendo después no puede haber sido más oportuna. En poco tiempo puede que nos parezca que ha quedado desfasada, que ha envejecido muy rápidamente, pero estoy convencido de que en cuanto pasen un par de años más la veremos como lo que es, la crónica de un tiempo, el nuestro, el de la generación Mr. Robot.

Acción: Allá por diciembre de 2010 nos levantamos una buena mañana con la noticia de que se estaban produciendo multitudinarias manifestaciones en Ciudad de Túnez por un tal Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante, que se había inmolado en repuesta al brutal trato opresor recibido por la policía del país que, no contento con detenerlo, incautarle la mercancía y maltratarlo, le habían despojado incluso de sus cuentas corrientes.

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Nos extrañó un poco tanta presencia mediática porque todos dimos por seguro que hechos así pasaban a diario en esos países pero aquella ocasión tenía sus matices. A la gente joven del país, por lo que fuera, le pareció realmente mal ese episodio, de repente tomó consciencia – palabra clave – de hasta qué punto sus gobernantes les oprimían, despertaron y, dando por fin un buen uso a sus redes sociales, a través de sus ordenadores, sus móviles, sus tablets, en los cibers, en los edificios con acceso a wifi, etc., decidieron que igual era buen momento para quedar en la calle, para gritarlo y para hacérselo saber a su clase dirigente y, de paso, al resto del mundo.

Aquello que nació en Túnez se extendió rápidamente a Egipto, Libia, Siria, Argelia, Yemen, Omán, Barhéin, Marruecos, Sahara Occidental, Líbano, etc., etc., etc. Los medios occidentales, siempre tan preocupados de aquello del relato, decidieron bautizarlo como La primavera árabe por las reminiscencias que nos traería a todos de la Primavera de Praga, que ya venía bien para que entendiésemos de qué iba a ir la cosa y de cómo iba a acabar.

Es cierto que un año antes, en 2009, ya había habido ambientillo en Irán tras las elecciones presidenciales y en Grecia medio año antes a un chaval de 15 años, un tal Alexandros Grigorópulos, le había matado la policía griega en los disturbios anarquistas de Atenas por unas protestas contra no sé qué recortes centrados en los trabajadores a manos del gobierno del PASOK por no sé qué de una crisis mundial. Pero, claro, ¿cómo llamas primavera a algo que nace año, año y medio antes, y árabe a algo que también ocurre en países cristianos ortodoxos?

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Reacción: Demasiado lío para el público, nos dijeron que aquello a los españoles nos vendría genial porque vendrían más turistas y así capearíamos aquello de la crisis, ¿os acordáis?, que nos había caído encima por no sé qué era, no recuerdo bien, dos o tres años antes. Ah, sí, por vivir por encima de nuestras posibilidades siendo pobres. Y ya está, circulen que aquí no hay nada más que ver. Y, oye, que algo lograron, algunos sátrapas cayeron, a otros los sustituyeron, pero en el global no es que acabase la historia demasiado bien, que le pregunten a los sirios y a los yemeníes pero, bueno, al fin y al cabo era el tercer mundo, ¿no? ¿A quién podía importarle?

El problema para el primer mundo fue que a sus jóvenes, de la misma edad que los árabes, con las mismas redes que los de estos países y, sin duda, con muchos más recursos – a pesar de la crisis mundial –, más formación, más información, les dio por unir los puntos, por echar las mismas cuentas y les acabó dando el mismo resultado. Aquí el malo no era un sátrapa, eran sus gobernantes democráticamente elegidos y – ALERTA SPOILER – las empresas, la bolsa, las agencias de riesgo, los bancos, la UE, el FMI… El sistema, en definitiva, tan metódicamente globalizado.

Cierto era que el movimiento antiglobalización llevaba reventando reuniones del G-20 desde hacía una década advirtiendo de lo mismo pero, claro, ¿violentos? No podían tener razón.

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Consecuencias: Todo esto cristalizó en aquello tan histórico y tan modélicamente pacífico que se llamó 15-O, fecha que no os sonará tanto como otras aunque fuesen mucho menos importantes que ésta. Noventa países y más de mil ciudades ya no árabes, ya no en primavera, se unieron para pedir algo tan obvio como que sus gobernantes y clases dirigentes entendiesen que esto del mundo va de la gente, de no acabar con el planeta y no de los intereses de los mercados.

A esta fecha se sumaron desde las revueltas estudiantiles de media Iberoamérica, a la lucha del pueblo griego por vivir con dignidad, desde el “Occupy Wall Street” con su “We are the 99%” estadounidense, a las protestas ciudadanas del resto de Europa, Canadá, Australia, Corea del Sur, Hong Kong y el largo etcétera. Noventa países y más de mil ciudades como decía.

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No os acordaréis demasiado porque se empeñaron desde todos los medios y por todos los medios en que nos quedase claro que ese día no existió nunca y que, bueno, las protestas que hubiese habido – con tratamiento ya local, por supuesto – eran fruto de que los chiquillos del Twitter y del Facebook que, criados en la opulencia, le habían visto las orejas al lobo por primera vez en su vida. Y como el cronista del rey es el que decide qué pasa a la historia y qué no, qué rey ha muerto y qué rey goza de buena salud a pesar de las moscas, no importó que ese día muriese la mentira de la globalización a manos de la verdadera red globalizada. Nadie tomó nota.

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Fotografía del instante: No se tomó nota pero alguien sí tomó una foto. Poniendo el foco en este inmenso caldo de cultivo y utilizando el filtro de la cultura hacker y el hacktivismo, sin huir en ningún momento del uso que de éste han hecho tanto los gobiernos como los conglomerados empresariales, el tal Sam Esmail, total desconocido para el gran público, estrena, allá por 2015, en primavera, en todas las plataformas de visionado en línea bajo demanda que se le ponen a tiro, el mejor piloto sin duda del año y, probablemente, de buena parte de la década. Primera entrega de alto nivel de lo que a la postre serían cuatro temporadas, la última aún por estrenar en algún momento de este 2019. Os reto a que lo veáis hoy mismo y a que me digáis que no os interesa nada de todo lo que cuenta.

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Sí he de decir que, tomada cierta distancia, se puede notar que no iba para piloto de una serie, sino para la película que en un principio Sam Esmail pensó hacer hasta que comprobó cómo Elliot y todo su mundo había crecido y crecido y tomado vida propia hasta superar el volumen de una tetralogía. Veremos cómo de recurrente es este hecho en cantidad de series que por aquí reseñemos.

El piloto une gotas de nostalgia pop, por fin ya no tan centrada en los ochenta sino también en los noventa – su tipografía, por ejemplo, es la de Sega, la alternativa a Nintendo, el iphone de las consolas del momento –, referencias casi literales a los títulos más lúcidos e irreverentes del cine de masas de los ultimísimos noventa y primerísimos dos mil – Matrix, El Club de la lucha o V de Vendetta – y, por tanto, a las novelas gráficas y a la cultura del cómic, el fascinante magnetismo de Rami Malek, mucho del espíritu conspiranoico que también prima entre los contestarios del poder más marginales – referencia explícita a JFK, caso abierto y a su Mr. X incluida en el segundo capítulo –, mucho costumbrismo urbanita de la clase media trabajadora, de los altos ejecutivos – con su homenaje tampoco disimulado a American Psycho también desde el segundo capítulo –, con sus vicios y sus serios problemas psiquiátricos, en ambos casos, para armar un tecno-thriller que, más allá del interés de su propia trama, sirve de alegoría de un momento que, por desgracia para nosotros y para suerte del 1% del 1%, me temo, ya ha sido balanceado por la ecuación.

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A ver, que nadie se confunda, esto no es un documental ni lo pretende. Es ficción y de la buena. La premisa es clara, Elliot Alderson, con nombre y apellido para nada casuales[1] lucha contra sus problemas más psiquiátricos que psicológicos, para mayor frustración de Krisa, su psicóloga, la encargada de que no acabe a lo Travis Bickle de Taxi Driver – aunque parece que son sus soliloquios internos, que escuchamos a veces en voz en off, a veces en secuencias alternativas de su realidad, los que lo eviten–, en un mundo repleto de relaciones humanas desnaturalizadas, cargadas de pose e hipocresía, podrido y corrupto hasta el punto de que si entras en una cafetería y su wifi tiene el ancho de un tera y además su consumo es gratis, sospecha porque algo turbio hay detrás.

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Elliot que, a pesar de su ansiedad social, su depresión clínica y de ganarse la vida trabajando en ciberseguridad por ofrecimiento de su amiga de la infancia, Angela Moss – creedme es de los buenos, Elliot said –, no desaprovecha una oportunidad para hacer justicia, es reclutado por una banda de hacktivistas para atacar E Corp., donde trabaja el que a la postre será su némesis ¿o aliado?, el perturbador Tyrell Wallick – sosias sueco del Patrick Baterman de American Psycho con ¿reminiscencias del Tyler Durden de El club de la lucha? Sí, con reminiscencias del Tyler Durden de El club de la lucha, creedme –, tomarla y acabar de un plumazo con el sistema de crédito mundial. En resumen, hackear el mundo para empezar de cero.

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En un perfecto equilibrio, Sam Esmail, apoyándose ya en la pericia de Franklin Peterson, nos va dibujando inmensos personajes extraordinariamente defendidos por todo el elenco – el foco se lo lleva Malek pero no hay una mala actuación –, en el que cada papel es un retrato de las diferentes capas sociales que van participando en la trama, sin tratar de ocultar en ningún momento que estamos ante un producto comercial, con sus recursos arquetípicos de culebrón venezolano y sus epatantes giros de guion incluidos, que encontrará su acomodo en el canal por cable norteamericano USA-network aunque se siga distribuyendo en las diferentes plataformas digitales.

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Mientras la primera temporada se centra en armar el ataque, en irnos presentando los diferentes personajes y en mostrarnos cómo los chicos de F-Society dan el golpe, la segunda lo hace en mostrar las consecuencias y las diferentes formas que las partes implicadas tienen de asumirlas. La tercera, en comprender, como Neo en su visita al arquitecto en la muy maltratada por público y crítica Matrix Reloaded, que el sistema ya contaba con ellos y que, bueno, al final les dejaron crecer para hacer los cambios que de otra manera ni siquiera Evil Corp. se habría atrevido a llevar a cabo. ¿La vida misma? Otra vez sí, la vida misma.

Y la cuarta… pues la cuarta la estamos viviendo en el mundo real y de la de la serie os daré cumplida cuenta cuando en ese “algún momento a lo largo de 2019” que nos han anunciado llegue y pueda verla gracias a mi suscripción a Amazon Prime Video si es que Movistar+ me lo permite, claro. Ironías del mercado, amigos. Sociedad de mierda. A Elliot Anderson le gusta esto.

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Personajes: Si algo caracteriza a Mr. Robot es el crecimiento exponencial, capítulo a capítulo, temporada tras temporada, de su mundo hasta convertirla en esa clase de ficciones en las que te quedarías a vivir, si es que no vives ya en ella. Además del interés que despiertan sus tramas y subtramas principales, unas pueden engancharte más, otras menos, el gran acierto de sus responsables es la forma de ir incorporando nuevos y cada vez más fascinantes personajes a las mismas.

Mr. Robot - Season 2

La primera temporada, como ya he comentado, sirve para presentarnos la historia, a sus protagonistas y mostrarnos un poco de sus rutinas diarias – con una entrada algo atropellada de la trama Elliot- Shayla-Fernando Vera-, sin embargo, ya desde la segunda parte de ésta Mr. Robot marca lo que para mí es su elemento diferencial respecto al resto de las series, su arriesgada apuesta por incorporar nuevos personajes en las tramas – normal hasta ahí – que son universos en sí mismos, con color propio, su propio sonido y su propio olor.

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Si en la primera el escalofriantemente real personaje de Terry Colby – su acting en la secuencia del falso noticiario de su detención es más auténtico que el del propio Bernard Madoff en el mundo real – y una a priori legendaria White Rose hecha carne acaparan la atención de los espectadores, en la segunda los mundos del diabólico Phillip Price, de la atormentada agente Di Piero y los del oscuro Zhang por un lado; y los del ensoñador poeta-filósofo-criminal Ray y los de me-jode-muchísimo Leon – no se puede tener más flow – por el otro, son los encargados de robarte los ojos. La tercera, obviamente, es para los de Irving y, en menor medida, para los de Grant, pero es que los de Irving son gigantes. Tan gigantes como para protagonizar su propio spin off. Los de la mayoría dan para spin off pero lo de Irving es otro nivel.

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Un capítulo, una cadena de palabras: Otra seña de identidad propia de la serie, otra más, es el nombre de sus capítulos, cadenas de palabras y caracteres, cada uno con una extensión falsa propia, al más puro estilo hacker, algo en lo que Mr. Robot, por su retrato realista y precisión técnica, también se ha ganado el reconocimiento de los expertos. Vamos con algunos que brillan con luz propia por su temática, su formato o sus hallazgos.

Temporada 1

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Ya lo hemos desgranado lo suficiente, paro en el él para volver a recomendarlo y para que prestéis atención a cómo empieza esta noria. Hola, amigo.

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Por si a estas alturas aún no sabes hasta dónde puede crecer la serie, espérate a que Elliot sufra su síndrome de abstinencia. Eso sí, recuerda que no todo es Lost, ¿vale? A veces uno alucina y ya está, no le busques tres pies a Qwerty que sólo tiene aletas.

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Antes del espectacular y epatante, como deben ser estos siempre, doble capítulo desenlace de la primera temporada hay tiempo para más cosas, por ejemplo, para que conozcas a White Rose. Cuidado que te hackea el tiempo, no dejes que te pegue su paranoia. Tic, tic.

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Temporada 2

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En un cambio de paso arriesgadísimo, como lo es la apuesta de la serie continuamente, se nos presenta al nuevo Elliot, uno que ha dejado todo lo digital atrás, vive con su odiada madre, sigue escrupulosamente su nueva rutina y… le da igual porque de la cabeza mejorar no es que mejore, el pobre.

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El mejor capítulo de largo de la serie por méritos propios y, precisamente, por hasta qué punto resulta extemporáneo. No lo verás venir. Palabra clave: Alf.

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Lo traigo a esta lista por sus últimos cuatro minutos que, en realidad, son los primeros cuatro del siguiente, el eps2.7_init_5.fvees que es, a su vez, el eps2.0_umm4sk-pt1.tc sin máscara. ¿Tramposo? Claro, y ¿qué? Es mágico y en esos cuatro minutos está la verdadera esencia de la serie. Todo empieza y acaba en Elliot. Además, sólo por ver cómo juegan los responsables de los VFX arquitectónicos a quitar los VFX arquitectónicos, por ese retirar el velo del constructo para mostrar la realidad que, realmente, tampoco es del todo la real, sólo por eso, insisto, ya valdría la pena el engaño. Master class de montaje y planificación de planos en cuatro minutos, por cierto.

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Temporada 3

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Segundo capítulo de la tercera temporada y tercer intento de Elliot de reescribir su historia, de afrontar su paso por el mundo. Convencido por fin de que el camino no es asaltar los cielos sino hacer los cambios desde dentro -¿de qué me suena esto?- vuelve a medicarse y a tratar de cambiar al enemigo utilizando sus propias reglas. SPOILER: sale mal.

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Por si no te ha quedado claro de qué va la tercera temporada o te habías desubicado un poco con la trama principal con tanto ir y venir, este es tu capítulo. Esto es todo lo que ha pasado desde el capítulo final de la primera y todo lo que va a venir de aquí al final de la tercera desde el reflejo, eso sí, de otro espejo. Todavía le doy vueltas a cómo puede caber todo eso en un capítulo sin ser de Los Simpsons. Magia. Tan espectacular como el que va a continuación de esta lista pero sin tanta repercusión en crítica y público. Máster acelerado para creadores.

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Muy poco antes de esto, menos de tres años antes, Cary Fukunaga había marcado el paso luciéndose con un plano secuencia de cinco minutos y cincuenta y cuatro segundos en un capítulo de True Detective a toma única y sin cortes – eso jura él y corroboran los implicados –. Eso no son maneras, son alardes. Un hito en la historia de las series que dejó en mera filigrana técnica de autor aburrido del éxito a aquel doble plano secuencia de Chris Carter, sincronizado y a pantalla partida, cuidado, en Triángulo de Expediente X. Vale, éste no es a toma única, como no lo fue el de La soga de Hitchcock pero es que dura ¡cuarenta y dos minutos! ¡El capítulo entero!

Ángel Chatarra

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[1] El nombre es el de un niño que ya ha crecido aunque conserva su capucha con la que una vez conoció la verdad gracias a un empático extraterrestre; y el apellido es sospechosamente parecido, una letra los separa, al del mundo real de Neo, el del elegido de la saga de los entonces hermanos y ahora hermanas Wachowski, ¡cómo pasa el tiempo! Toda una declaración de principios.

Coming soon:

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Título original: Mr. Robot

País: Estados Unidos (2015)

Fecha de estreno: 24 de junio de 2015

Duración: 43-49 minutos

Temporadas: 4 (la cuarta pendiente de estreno)

Género: Criminal, Drama. Tecno-Thriller

Calificación: No recomendada para menores de 16 años

Creador: Sam Esmail

Productora: Anonymous Content, Esmail Corp., Universal Cable Productions

Distribuidora: USA Network

Intérpretes: Rami Malek (Elliot Alderson), Martin Wallström (Tyrell Wellick), Portia Doubleday (Angela Moss), Christian Slater (Mr. Robot), Carly Chaikin (Darlen), Stephanie Corneliussen (Joanna Wellick) , Krista (Gloria Reuben), Frankie Shaw (Shyala), Michael Cristofer (Phillip Price), Michel Gill (Gideon Goddard), Bruce Altman (Terry Colby), Grace Gummer (Dominique DiPiero), Leon (Joey Badass), Craig Robinson (Ray), Bobby Cannavale (Irving), BD Wong (White Rose/Zhang), Grant Chang (Grant)…

Published in: on febrero 20, 2019 at 7:07 am  Comments (1)  
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Crónica de Cutrecon VIII

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A grandes rasgos, la octava edición de CutreCon, celebrada entre los pasado 23 y 27 de enero, repitió el modelo establecido en los últimos años por el certamen. A este respecto, el cambio más significativo se encontró en la incorporación como sede de la Cineteca del Matadero que acogió la tarde del sábado la proyección paralela de tres de las películas que formaban parte de la maratón del día y que de algún modo sirvió para compensar la baja del Cine Doré, sede de la Filmoteca Española, donde el año pasado se desarrolló el grueso de la programación de la jornada del viernes, si bien el punto neurálgico del festival volvió a ser, una vez más, el Palacio de la Prensa y el auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj. Por lo demás, el sesgo continuista del programa dispuesto se dejó sentir desde la sesión escogida para la siempre mediática labor de inaugurar esta edición, idéntica en su concepción a la que lo hiciera el año pasado.

Presentación Bronsonfest

Un momento de la presentación del “Bronsonfest” con el que se inició esta octava edición

Si hace doce meses CutreCon arrancaba en el Palacio de la Prensa con el denominado “Chiquitofest”, dedicado al finado Chiquito de la Calzada, esta vez lo hacía en el mismo emplazamiento con el “Bronsonfest”, peculiar homenaje al también desaparecido Charles Bronson, y más concretamente, a su recurrente rol cinematográfico de justiciero urbano. Con tal propósito, el plato fuerte de la función estuvo en la proyección de la aquí titulada como El justiciero de la noche (Death Wish 3, 1985), tercera entrega de la emblemática saga en la que el actor encarnara a Paul Kersey. Definida en la rueda de prensa matutina por el director del certamen, Carlos Palencia, como “tan ultrafascista que solo puede te la puedes tomar a cachondeo”, la película hizo honor a semejante consideración. Y es que lo exagerado de las situaciones planteadas, acentuado más si cabe por la hiperbólica puesta en escena de un Michael Winner en horas bajas, acercan al film a los terrenos de la parodia involuntaria del modelo originario, como ejemplifica el que su esquemática trama se reduzca al intercambio de golpes entre el justiciero protagonista y la horda de punkis que asolan el suburbio en el que se desarrolla la trama, sin preocuparse en buscar mayor espesor o desarrollo al recorrido.

Premio De Souza

Steven E. De Souza recogiendo el “Premio Sha-di-a” durante la sesión “Impact Game: Gamexploitation”

Sin embargo, en contra de lo dicho, esta octava edición de CutreCon volvió a poner de relieve el crecimiento que viene experimentando el festival desde su mismo nacimiento. Una circunstancia que fue personificada en la elección del invitado estrella de este año. Tras Ramón Saldías, Sam Firstenberg, Claudio Fragasso y Luigi Cozzi, el festival daba un salto de categoría al traer a Steven E. De Souza, uno de los guionistas más importantes del cine de acción hollywoodiense de los ochenta, como ratifica su paternidad de los libreto de títulos tan emblemáticos de esta corriente como las dos primeras entregas de La jungla de cristal, Límite: 48 horas (48 Hrs., 1982), Commando (Commando, 1985), o Perseguido (The Running Man, 1987), entre otros. Con toda lógica ante semejante currículo, la visita de semejante personalidad generó una expectación sin precedentes en la historia del certamen, tanto por parte de los aficionados como de medios desplazados para hacerse eco de su presencia, lo que indudablemente ayudó a potenciar la repercusión y proyección del evento más allá de su ámbito natural.

De Souza Street Fighter

Jeri Barchilon y Steven E. De Souza durante la sesión de preguntas y respuestas posterior al pase de “Street Fighter: la última batalla”

De Souza acudiría a CutreCon para recoger el Premio “Sha-di-a”, instaurado el año pasado para reconocer a personalidades que, sin haberse prodigado dentro del “cine cutre”, cuentan en su haber con alguna película que sea un hito dentro de esta vertiente. La escenificación y el porqué de este galardón se explicitó con la celebración el jueves de “Impact Game: Gamexploitation”, una sesión doble compuesta por Street Fighter: La última batalla (Street Fighter, 1994), adaptación a imagen real del famoso videojuego escrita y dirigida por el cineasta homenajeado, y Korean Street Fighter (Geori-eui Mubeopja, 1992), oportunista cinta de animación sin sentido, cuyas “bondades” fueron comentadas en directo por el formato “Videofobia en vivo”. Centrándonos en el film de De Souza, a pesar de la mala fama que la acompaña desde su ya lejano estreno, lo cierto es que visto con veinticinco años de distancia queda lejos de ser el desastre que comúnmente se la ha achacado. No voy a ser yo el que ahora le reivindique, pero si que algunos de sus supuestos defectos, caso de su comicidad teóricamente involuntaria, es evidente que, en realidad, es buscada. Ello no quita para que sus resultados se vean afectados por numerosas imperfecciones, en algunos casos derivadas de los diversos condicionantes que confluyeron en su elaboración y que De Souza fue desgranando tanto en la presentación previa, como en el coloquio que tuvo lugar una vez terminado el pase, en el que respondió de forma locuaz a las preguntas formuladas por los asistentes en compañía de su esposa, Jeri Barchilon, a la sazón productora y actriz del film.

Encuentro invitados

“Meet & Greet” con los invitados del festival. De izda. a dcha.: Pedro J, Mérica (moderador y traductor), el escrito Timon Singh, Vasni Ramos, Robert Bronzi y Steven E. De Souza.

Como parte del homenaje a su persona, De Souza abriría un día después la primera de las maratones programadas en el auditorio de la Casa del Reloj con “Carrion Death” (1991), episodio perteneciente a la mítica Historias de la cripta, un apreciable ejercicio de estilo sustentado, básicamente, en un solo personaje, interpretado por Kyle MacLachlan, el agente Dale Cooper de Twin Peaks, y regado por el humor negro tan característico de la serie. Tras él, su director regalaría a los asistentes con los últimos diez minutos de su remontaje televisivo en tres dimensiones de Robot Monster (1953), película que iba a proyectarse el sábado, antes de someterse nuevamente a las preguntas del público. Algo que hizo por partida doble, además, ya que a continuación tuvo lugar el ya tradicional “Meet & Greet” con los invitados, y que contó con la participación del propio De Souza, Timon Singh, autor de “Born to be Bad”, el libro oficial de esta edición compuesto por diversas entrevistas a los intérpretes de algunos de los principales villanos del cine de acción de las últimas décadas, el director de Apocalipsis Voodoo, Vasni Ramos, película que vivió su estreno a nivel mundial en este mismo marco el año pasado, y Robert Bronzi, el clon húngaro de Charles Bronson, de impresionante parecido físico con el recordado actor.

Carlos Palencia y Robert Bronzi

Robert Bronzi durante la presentación de la premiere española de su película “Death Kiss”

Precisamente Bronzi, quien ya había participado como telonero en el “Bronsonfest” repasando su trayectoria y presentando un par de tráilers de sus films a modo de aperitivo, fue el gran protagonista de la siguiente sesión del día con la premiere española de Death Kiss (2018). Como no es muy difícil adivinar a juzgar por su título, se trata de una exploitation descarada de la saga Death Wish, en fondo y forma. Tanto es así, que retoma y amplifica el discurso reaccionario, xenófobo y machista de las películas originales, el cual es explicitado a través del personaje de Daniel Baldwin, un locutor de radio que se pasa media película lanzando discursos incendiarios en los cuestiona la capacidad de los métodos policiales para luchar contra el crimen, abogando en última instancia por usar sus mismas armas. Por lo demás, la película se ve lastrada por la incapacidad a nivel visual y narrativo que exhibe su director, Rene Perez, lo que se traduce en un desarrollo compuesto por una interminable sucesión de secuencias inconexas en las que el justiciero protagonista ejecuta a diversos maleantes, sin que medie entre ellas progresión dramática alguna. Así las cosas, el único aspecto salvable de tan olvidable producto se encuentra en la fuerza que desprende la presencia de Bronzi en cada una de sus apariciones y, en especial, en aquellos planos que homenajean a otros de auténticos films de Charles Bronson.

Pedro Temboury-documental

Pedro Temboury durante el coloquio con el público que tuvo lugar tras la proyección de “La última película de Jess Franco”

Para cerrar esta primera maratón la organización había preparado otro de los momentos álgidos de este año con la entrega del premio Jess Franco, su máximo galardón, a Pedro Temboury. Un reconocimiento que el cineasta malagueño recogió sinceramente agradecido, subrayando la ilusión que le hacía recibir un premio que tenía el nombre del que había sido su mentor y maestro. A continuación se proyectó la que fuera su ópera prima, Kárate a muerte a Torremolinos (2003), cuya despendolada mezcla de surferos católicos, zombis karatecas, mad doctors, y monstruos marinos mitad pulpos mitad centollos fue acogida con entusiasmo por un público entregado que no paró de aplaudir y jalear cada nueva aparición de Jocántaro. No obstante, este no fue el único film del homenajeado que pudo verse a lo largo del certamen. La mañana del domingo la Casa del Reloj acogió el pase de su documental La última película de Jess Franco (2013), en el que la búsqueda iniciada por el emblemático Al Pereira, significativamente interpretado por el propio Temboury, para localizar el rastro de la supuesta última película realizada por Jesús Franco es la excusa para que diversas personalidades relacionadas con el cine del madrileño hablen de él y de su obra, conformando un acercamiento único e imprescindible, que ahonda en la esencia del cine de Franco al tiempo que le rinde homenaje, y que se cierra con el prolífico director confesándose a cámara, en unas imágenes rodadas poco antes de su fallecimiento, sobre los sinsabores que le granjeó el hacer el tipo de cine al que se vio abocado, conformando un momento sorprendente, mágico y emotivo.

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Acceso al auditorio de la Casa del reloj.

La última película de Jess Franco formaría parte de “Documentrash”, la sección de CutreCon dedicada al formato documental y que, como es tradicional, se desarrolló bajo el formato de sesión doble. El otro título en cuestión fue Fuck You All: The Uwe Boll Story (2018), en lo que supuso el estreno europeo de este trabajo que a través del testimonio del propio Boll, junto con las de profesionales que han trabajado en sus films y algunos de sus muchos críticos, trata de desentrañar la controvertida personalidad del director alemán y sus peculiares métodos de trabajo, ofreciendo una imagen bastante completa del cineasta, si bien quepa reprocharle la reiteración y dilatación en la que cae en su último tramo. Antes de su proyección, Timon Singh presentó el documental In Search of the Last Action Heroes, centrado en la evolución del cine de acción desde finales de los setenta hasta hoy de la mano de varios de sus principales protagonistas, y que se encuentra actualmente en fase de producción. Además de ofrecer un pequeño adelanto de su contenido, Singh comentó los futuros planes del proyecto, así como de las dificultades que se han encontrado a la hora de contar con la presencia de las principales figuras del estilo, caso de Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Jean-Claude Van Damme.

Timon Singh

Además de ser el autor del libro oficial de esta edición, el británico Timon Singh presentó en “Documentrash” un adelanto de “In Search of the Last Action Heroes”, documental del que es productor.

Junto con Steven E. De Souza, Pedro Temboury y Robert Bronzi, el otro pilar sobre el que se sustentó esta octava CutreCon fueron las películas protagonizadas por simios, no por casualidad el leitmotiv temático de la edición. Ya en la sesión golfa del viernes se programaba el primero de estos títulos con América 3000 (America 3000, 1986) , con cuyo pase el certamen cumplía su cita anual con el cine de la Cannon, al tiempo que inauguraba “Cutrerion Collection”, una nueva sección destinada a “grandes anteclásicos del cine cutre”, en palabras de sus creadores. Pese a lo dicho, la teórica vinculación de América 3000 con el cine de/con simios es bastante relativa, sustanciándose en la presencia de una especie de Chewbacca en versión primate que se pasea por la película portando un ostentoso radiocasette a hombros, cual rapero de los ochenta. En realidad, el film en cuestión es una cinta de temática post-apocalíptica protagonizada por Laurene Landon, en la que, al igual que ocurre en Hundra (1983), su aportación a la fantasía heroica rodada en España, se retrata la guerra de sexos mediante el enfrentamiento de dos clanes formados exclusivamente por mujeres, el uno, y por hombres, el otro. Aburridísima, ni la peculiar jerga “post-apocalíptica” empleada por el narrador en off consigue despejar el tedio, cuando no la somnolencia, a la que induce su visionado.

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Presentación de uno de los pases en el auditorio de la Casa del Reloj en la que se personificó el alienígena protagonista de “Robot Monster”

De este modo, el verdadero desembarco de películas de monos se aglutinaría en las dos maratones celebradas el fin de semana. Como es habitual, la maratón del sábado tuvo como escenario la Casa del Reloj y fue la que más película programó, lo que no fue impedimento para que en la práctica totalidad de las sesiones la sala se abarrotara. Dividida en dos partes, la tanda matutina se abría con La leyenda del Rey León (Der  König der Tiere, 1994), infame copia alemana de El rey león (The Lion King, 1994) de estática animación y bochornoso acabo técnico, que cuenta, además, con uno de los argumentos más demenciales que uno recuerda, y que sorprende fuera pensado para una película –o lo que sea- orientada hacia el público infantil. Previo reparto de las necesarias gafas, le tomó el relevo la proyección en 3D (o no tanto) de uno de los exponentes más psicotrónicos de la ciencia ficción norteamericana de los años cincuenta, Robot Monster y su enamoradizo gorila con escafandra llegado desde el espacio para acabar con la vida humana en la Tierra. Por último, la maratón alcanzaba su descanso con la simpática Commando Ninja (2018), reciente comedia de acción francesa producida mediante crowfunding que responde a la tendencia del cine actual de reivindicar el legado cultural pop de la década de los ochenta, un tanto en la honda de Turbo Kid (Turbo Kid, 2015).

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Cola de acceso a una de las sesiones celebradas en el auditorio de la Casa del reloj

Ya por la tarde, la maratón se reanudaba con la proyección consecutiva de sendas explotaciones del King Kong (King Kong, 1976) de Dino de Laurentiis: primero la producción de la Shaw Brothers El grandioso hombre de Pekín (The Mighty Peking Man, 1977) y después Yeti, el abominable hombre de las nieves (Yeti, il gigante del 20 secolo, 1977), de nacionalidad italiana. Dos exponentes que, a pesar de su muy distinta procedencia geográfica, se hermanan por su tendencia al melodrama y el protagonismo que gozan en sus imágenes los pezones de sus personajes principales, el del yeti en el caso de la segunda y el de la atractiva tarzana que vive junto al gigantesco simio que le da título en la primera. Tras ellas, la maratón tocaba a su fin con Suburban Squatch (2004), película casera que entremezcla las leyendas de los indios nativos norteamericanos con las correrías de un grotesco bigfoot de felpa. Acreedora de un nivel técnico propio de una producción ugandesa, efectos por ordenador incluidos, disipado el efecto inicial de semejante despropósito, su visionado se torna en una tortura insufrible, agravada por las interminables dos horas de las que consta su metraje. A este respecto resulta indicativa la desesperación que expresaron muchos de los asistentes ante el aviso de los subtítulos de que aún quedaba una hora de película en un momento determinado.

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Al día siguiente, el certamen entraba en su último tramo con la celebración de la habitual maratón de cuatro películas del domingo por la tarde, que, acorde a la temática elegida, fue bautizada con el nombre de “Kongatón”. Lo hacía estrenando nuevo escenario, la Sala 0 del Palacio de la Prensa, en una elección que presentó sus luces y sus sombras. En el lado positivo, el que las proyecciones tuvieran lugar en lo que habitualmente es una discoteca permitió potenciar el ambiente distendido, permitiendo además a los asistentes durante la proyección de las películas la adquisición y consumo de refrigerios en las barras habilitadas a tal efecto, o comprar alguna película o merchandising del certamen en los dos stands adyacentes. Pero, por el lado contrario, las butacas dispuestas eran bastante incómodas, sobre todo teniendo en cuenta las más de seis horas que como mínimo los espectadores teníamos que permanecer sentados en ellas, con el añadido de que su distribución en la sala hacía que, dependiendo de donde se estuviera ubicado, parte de la pantalla fuera tapada por la cabeza de otro espectador de una fila delantera. Un aspecto que los organizadores esperemos que tengan en cuenta de cara a futuras ediciones, pero que, en cualquier caso, fue el único aspecto criticable de una organización que, por lo demás, brilló al buen nivel acostumbrado.

Vera y Palencia Kongaton

Un año más Vera Montessori y Carlos Palencia fueron los maestros de ceremonia de Cutrecon

Con cierto retraso sobre el horario previsto, “Kongatón” echaba a andar con la británica Queen Kong, película datada en 1976 pero no estrenada hasta comienzos de este siglo a causa de la demanda que Dino de Laurentiis le puso en su momento por utilizar el nombre de Kong en su título, según explicó Carlos Palencia. A grandes rasgos, se trata de una parodia de King Kong acorde al peculiar sentido del humor de la comedia popular de las Islas, si bien presenta dos elementos dignos de ser destacado. Uno: un acento abiertamente feminista que, no obstante, contrasta con el modo en el que la cámara se recrea en la anatomía de las muchas féminas que desfilan a lo largo del metraje ligeras de ropa o ceñidas en sucintos mini shorts. Y dos: aunque su principal influencia diríase que son la franquicia Carry On y los films de Mel Brooks, su humor disparatado y metacinematográfico se adelanta en más de un sentido al estilo que poco tiempo después acuñaran Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker en films como Made in Usa (The Kentucky Fried Movie, 1977) o Aterriza como puedas (Airplane!, 1980).

Aunque en un primer momento la película anunciada era El gorila ataca (King Kongui daeyeokseub/A*P*E, 1976), en segundo lugar se proyectó La venganza del mono sagrado, título español de Sri Anjaneyam (2004), producción de Tollywood con mensaje religioso que se pasó en su versión reducida de hora y media, sin las numerosas escenas musicales que trufan su metraje y que caracterizan a este tipo de productos. Pese a ello, su visionado resultó ser un auténtico suplicio para los sentidos, merced a un montaje acelerado, movimientos de cámara a lo Sam Raimi y profusión de diálogos interminables y machacones que acaban por perforar los tímpanos y el cerebro. Entonces sí, le tocaba el turno a la mencionada El gorila ataca, enésimo remedo de King Kong visto en el certamen. Realizado en régimen de coproducción entre Corea del Sur y los Estados Unidos, sus resultados se ven aquejadoa de todos los defectos típicos de la mala Serie B. A saber: historia mínima e inconsistente, efectos paupérrimos, con mención especial para el traje del gorila, fallos de escala y perspectiva, material de archivo insertado en repetidas ocasiones sin más propósito que alargar el metraje, y personajes que hablan constantemente por teléfono, singularizados en el militar interpretado por el habitual del western Alex Nicol, en el que fue uno de sus últimos papeles.

Carlos Palencia despedida Kongaton

Carlos Palencia, director de Cutrecon, despidiéndose del público hasta el próximo año

La encargada de clausurar “Kongatón” y, por ende, esta CutreCon, fue El apocalipsis del Planeta de los simios (Time of the Apes, 1987), remontaje en formato película para el mercado norteamericano de Saru no gundan (1974), serie japonesa inspirada en la novela que diera lugar al famoso film protagonizado por Charlton Heston. La reducción a hora y media de una serie que originalmente constaba de veintiséis episodios se traduce, con toda lógica, en un desarrollo abrupto e inconexo, con personajes que aparecen, desaparecen y/o reaparecen sin que se sepa el porqué, y demás incongruencias propias derivadas de su condición de resumen. De este modo se echaba el cierre a esta octava Cutrecon, cinco días en los que el amor al cine (cutre) y el ambiente festivo fueron la tónica predominante. Aunque antes, Carlos Palencia se encargó de ir abriendo boca de cara al próximo año, al desvelar en su despedida que el hilo conductor del festival para su novena edición serán las películas sobre monstruos marinos.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on febrero 8, 2019 at 10:40 am  Dejar un comentario  
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Y la revolución no fue televisada

Decía la letra de aquella canción recitada de Gill Scot-Heron que “the revolution will not be televised” y, al menos en lo que se refiere a la propia televisión, al cine en salas y de alquiler y a la muerte del formato físico de discos, películas y series así parece haber sido. La revolución no se ha televisado, está disponible en streaming.

The Revolution Will Not Be Televised

YouTube, el vector primigenio que nos inoculó este virus, que sigue mutando y que cada vez está más vivo, llegó al mundo en 2005 con un vídeo de uno de sus creadores en el zoo; Netflix, que había nacido en 1998 fruto de la pereza de tener que ir al videoclub para devolver una peli, se pasó al streaming hacia 2007, produjo su primera serie, nada menos que House of Cards, en 2010 –apostando desde el principio por el modelo binge watching[1], quizá su gran aportación– y desembarcó definitivamente en España en 2015. Antes de ayer. Después de esto nada ha vuelto a ser igual y, amigos, ya no hay vuelta atrás.

Nadie puede negar que, hoy por hoy, aunque haya canales de la tele por cable, más concretamente los americanos, que sigan gozando de buena salud, los USA Network, Show Time, Fox, AMC, CBS, ABC y el largo etcétera, el referente absoluto en este negocio es Netflix, el YouTube de pago, entre otras cosas, porque además de los contenidos propios, acaba incorporando a su catálogo los mejores productos de buena parte de los canales citados y de otros muchos que alcanzan incluso a los de las televisiones públicas europeas.

Pero no todo es Netflix, a estas alturas tenemos a un click – ¿o debería decir a un tap? – otro buen montón de plataformas tan interesantes o más que ésta dependiendo de nuestros gustos.

Por orden de preferencia, de la mía claro está, tenemos HBO, el Netflix de los ricos que, aunque sea tan barato o caro como ésta, se le viene llamando así porque todo el mundo que la contrata lo hace por el capricho de ver una, dos series y poco más si lo comparamos con la fidelidad que sus usuarios le muestran a Netflix, de la que se lo ven todo –hasta esa cosa loca de esa japonesa pequeñita que te ordena la casa– hasta convertirlo en TT en Twitter; tenemos Filmin, el Netflix de los gafapastas, esa maravillosa suerte de filmoteca nacional virtual, el Sundance en la nube, que lleva ya más de una década en el mercado y que se sigue reinventando para permanecer a flote; o Sky, el Netflix de Hacendado, una apuesta un poco frankenstein a medio camino entre los nostálgicos del vídeo club, del ppv de Canal + Digital y de la televisión en línea, que parecía condenada a una rápida quiebra pero que aún sigue ahí gracias, en parte, a ofrecer parte del fútbol y parte de los canales que ofrecen los operadores sin los inconvenientes que supone contratar con estos, así como un buen puñado de estrenos de cine por precios razonables.

Más recientemente, gigantes de la distribución como Amazon con su Prime Video y Rakuten, reinventando aquel primer Wuaki, se han querido subir a este carro y prometen, por potencial económico, convertirse en apuestas muy serias. Que consigan la implantación de la que goza Netflix no lo veo tan claro pero, ¿quién sabe?

Finalmente tenemos el verdadero YouTube de pago, el Netflix del tercer mundo, que quizá en España no se acabe de entender bien pero que en Iberoamérica, por ejemplo, sí tiene una presencia muy importante, entre otras cosas, por la falta de reflejos de la propia Netflix para desembarcar allí a tiempo y por la endémica incapacidad de extender por provincias la mastodóntica infraestructura necesaria para la tele por cable.

Y, cómo no, contamos con el mayor operador de telecomunicaciones del país, de rancio abolengo –sobre todo por lo de rancio–, Movistar+, el Netflix Diamond Premium VIP plus, que a base de acaparar todo el deporte, quedarse con las mejores series americanas del modelo clásico de la televisión por cable, meterle un montón de pasta a la producción propia y hacer la que será, en mi opinión, la última apuesta –atractiva, eso sí– por crear un canal de televisión en línea de la historia, pretende que pagues no se sabe muy bien cuánto –ni cuándo vas a tener que pagar aún más de nuevo– para disfrutarlo todo, desde la fibra, al móvil hasta al propio Netflix con el que, al fin, han entendido que tenían que llegar a un acuerdo al que al principio se negaron rotundamente, además gozando de las ventajas que da poderlo ver todo –¿o casi todo?– bajo demanda.

Para este que escribe, su modelo de negocio y el del resto de operadoras, los Movistar+ de Hacendado, está obsoleto porque las generaciones más jóvenes ya no quieren tenerlo todo, quieren tener lo que les gusta y pagar sólo por eso. Sí, sí, las nuevas generaciones quieren pagar por ver, algo impensable hace apenas una o dos décadas en las que la opción preferida era, a qué engañarnos, emule primero y torrent después, amén del millón y medio de páginas ilegales, verdadero precedente de Netflix, que siguen ahí, cada vez con menos presencia pero ahí, entre otras razones socioeconómicas, por modelos como el de Movistar+. Como ejemplo de cuanto digo está el hecho de que en las listas de lo más descargado de manera ilegal en España se encuentran, hoy por hoy, los programas completos de Late Motiv o La Resistencia de la mismísima Movistar+. ¿Quién nos lo iba a decir, verdad?

Aun así, el modelo de Movistar+ aún permanecerá, claro está, por su posición de poder. Eso sí, que hayan tenido que pactar con Netflix y que tengan que utilizar YouTube para llamarnos a sus filas a base de píldoras da muestras de hasta qué punto se han quedado atrás.

El streaming manda, amigos, y suyas son las nuevas reglas.

1

Pero centrémonos. Si el dueño de esta confortable mazmorra me lo permite, yo a lo que me asomaré por aquí realmente será a iros contando cosas de esto de las series*. Puestas las bases de dónde estamos en cuanto a la forma de cómo nos llegan ahora los contenidos, y aunque hayamos pasado deliberadamente por alto el dónde nos llegan, en cuántos dispositivos distintos podemos seguir lo que vemos y de quién fue la idea, tema bien interesante para entender del todo el fenómeno, pasemos al cómo hemos llegado hasta aquí.

Empecemos, si me lo permitís, haciendo un pequeño resumen del fenómeno televisivo en general y del serial en particular, así os cuento cuál va a ser mi intención cuando venga de visita a casa Berzano.

Cuáles fueron las primeras series* os lo habrán contado mil veces, todo eso de las soap opera, las radionovelas de la radio trasladadas con mejor o peor fortuna a la televisión, las comedias de situación, etc. No perdamos el tiempo con esto, si queréis saber más del jurásico serial, me lo decís y le dedicamos unas entradas pero ya pasó. Hace mucho tiempo además. Esta época abarca los años cincuenta, los sesenta y buena parte de los setenta del siglo XX. Aunque, bueno, como siempre es interesante saber de dónde venimos, vosotros mandáis. Ya me diréis si me tengo que marcar un Series* del Cretácico de vez en cuando. Ya me iréis contando.

Ball & Vance In 'I Love Lucy'

Cómo empezó el fenómeno de lo que ahora entendemos por series* lo habréis leído también en mil sitios; que si la primera edad de oro empezó con ésta o esta otra serie, que si esto lo explica el modelo americano de la televisión por cable que tenía que crear contenido que se mantuviese en antena y a la que la gente se enganchase para querer mantenerlo contratado, que si era la mejor forma imperialista de vender el american way of life… Ese modelo que aquí nunca ha tenido una gran implantación y que para cuando por fin parecía haber llegado para quedarse se lo ha llevado por delante el streaming, como os comenté en su momento, sigue gozando de buena salud en EEUU pero no aquí.

A este periodo que abarca, más o menos, los últimos veinte años del siglo pasado y los primeros de éste, si os parece, sí que podemos dedicarle una entrada cada cierto tiempo, lo llamaremos Series* Vintage e iré recuperando series clásicas de la televisión lineal gratis o de pago, esa que, hoy por hoy, ha muerto y que si sobrevive sólo lo hace por su extensión digital.

Hill Street Blues

Y, por último, lo que más tiempo nos va a llevar, a lo que más entradas vamos a dedicarle es a las series* actuales, esas series que aún están vivas, entendiendo como tal, si me lo permitís, todas las series de este siglo independientemente de dónde procedan. ¿Que nos llegan de la televisión convencional? Perfecto ¿Que nos llegan por los diferentes canales de la televisión por cable que aún gocen de buena salud? Bien también. Al fin y al cabo la mayoría de ellas las vais a poder ver antes o después en alguna plataforma digital, así que todo estará en la nube.

Mad Men

Tampoco está en mi ánimo ser la vanguardia del último estreno. No es mi intención pegarme las noches en blanco a base de café para poderos hacer el primer spoiler de lo que vosotros mismos podréis ver, repito, antes o después. En eso, de hecho, está el verdadero cambio de paradigma: lo tenemos todo a un zap, a un click, a un tap mientras nos alcance el wifi.

Precisamente por esto último, mi intención es otra. Va más encaminada a recordaros unas, descubriros –ojalá que muchas– otras o poneros en valor otras. Al final, contaréis con una buena selección de entre la ingente cantidad de series* que ya existan o que nos vayan llegando.

En algunas nos detendremos más y volveremos a ellas de forma recurrente, otras apenas las sobrevolaremos y de otras, por muy exitosas que sean, es posible que no encontréis nada.

True Detective

Ya lo habréis notado pero, para los despistados, lo que os venga a contar a esta santa Abadía no es la verdad revelada de la seriefilia. Es una versión subjetiva de la misma, la mía, sobre aquello que una vez llamamos televisión, aquello que se llamó cine alguna otra y que ahora, bueno, llamamos contenidos, cine de plataforma, experiencias multimedia o la etiqueta que pongamos de moda en ese momento porque otra forma más precisa de referirnos a esto* aún no tenemos.

Black Mirror

Y esto* cambia tanto que quizá nunca haya una más redonda que llamarlo así, series*, y con eso nos entenderemos.

Bienvenidos a Series*.*

Ángel Chatarra

[1] Netflix eligió desde el principio subir todos los capítulos de una temporada el mismo día de su estreno. Salvo con Black Mirror que tiene sus propias reglas, lo cumple siempre. Esto ha cambiado en buena medida la forma que teníamos de ver las series ya que, si los tienes todos ahí, ¿quién se resiste a meterse un atracón de su serie favorita? A esa forma de consumir contenidos es a lo que llamamos binge watching, literalmente, borrachera de ver. HBO, por ejemplo, elige el modelo contrario, pautarnos la dosis.

Published in: on febrero 7, 2019 at 6:55 am  Comments (1)  
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Crónica de la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (y II)

Quinto día (25 de Septiembre): Illang: The Wolf Brigade, Pájaros de verano, Quién te cantará, Dear Murderer

5 - the wolf brigade

Rueda de prensa de “Illang: The Wolf Brigade”, con su protagonista Gang Dong – won y el director Kim Jee-woon

En el quinto día de certamen se proyectó la película a concurso Illang: The Wolf Brigade del director coreano Kim Jee-woon, quien adapta a imagen real el clásico del animé japonés “The Wolf Brigade”. En el año 2029, tras que los gobiernos del norte y del sur anuncien un plan quinquenal para la unificación de Corea, los países más poderosos imponen unas sanciones económicas que conducen a una situación de caos y destrucción. Tras la aparición de un grupo terrorista opuesto a la unificación y al gobierno que se hace llamar “La Secta”, el presidente crea un cuerpo policial especial sobre el que surgen rumores de que dentro de ese grupo está el embrión de la “Brigada del lobo”.

5 - Pajaros de verano poster

La perla de la jornada fue el trabajo presentado en la Quinzaine des Réalisateurs  de Cannes codirigido entre Ciro Guerra y Cristina Gallego Pájaros de verano, basado en una historia real y situada en la Colombia de los años setenta. En él se muestra el comienzo del narcotráfico en el país suramericano y, más concretamente, en el desierto de Guajira, derivado del consumo de marihuana por parte de la juventud norteamericana en la época hippie. Una familia indígena Wayuu cambia de producto en sus cosechas y rápidamente verá acrecentados sus beneficios económicos, provocando una guerra de intereses y de poder entre sus miembros.

5 - Carlos vermut director de Quien te cantara

Carlos Vermut, director de “Quién te cantará”

La segunda de las películas de la Sección Oficial a concurso del día fue la producción española Quién te cantará, dirigida por Carlos Vermut. Cuenta la historia de la afamada cantante en los años noventa Lila Cassen, desaparecida de la escena musical de manera misteriosa. Cuando se encuentra preparando su vuelta a los escenarios pierde la memoria tras sufrir un accidente. Para poder revertir la situación, recurre a Violeta, una mujer que, como forma de evasión a los problemas que padece, se dedica a cantar todas las noches en el karaoke donde trabaja. Ante su sorpresa será contratada para que enseñe a Lila a volver a cantar como en sus tiempos de éxito.

En la retrospectiva dedicada a Muriel Box hubo ocasión de ver la cinta escrita por la cineasta Dear murderer, dirigida por Arthur Crabtree. A su regreso de un viaje al extranjero, el hombre de negocios Lee Warren descubre pruebas de que su mujer Vivien le está siendo infiel. Averigua quien es el amante y decide asesinarlo haciendo que parezca un suicidio, pero la trama se complica cuando descubre que la esposa tiene otro nuevo amante.

Sexto día (26 de Septiembre): Bao bei er-Baby, Ash is Purest White, High Life, Daybreak

6 - Bao bei er - Baby direrctor Jie Liu y actores Mi Yang y Jingfei Guo en el fotocall

El director de “Bao bei er – Baby”, Jie Liu, junto a los actores Mi Yang y Jingfei Guo posando en el fotocall

La sexta jornada comenzó con el pase correspondiente a la Sección Oficial de la producción china Bao bei er-Baby de Liu Jie, en la que se retrata la sociedad china actual mediante la historia de la joven Jiang Meng, abandonada por sus padres tras nacer al ser víctima de una enfermedad congénita. Trabajando como limpiadora en un hospital, un día presencia como un hombre llega con una niña recién nacida entre sus brazos con la misma enfermedad que padeció ella, motivo por el que centra todas sus energías en salvar la vida de la pequeña, ante la negativa del padre de ponerla en tratamiento.

6 - Ash is Purest White poster

Previo pase por el Festival de Cannes, también se proyectó en la sección “Perlas” Ash is Purest White, del director chino Jia Zhang-ke. La acción de este drama se desarrolla en 2001 en la ciudad china de Datong, donde la joven Quiao está enamorada de Bin, líder de la mafia local. Tras un ataque de una banda rival, Quiao se defiende realizando varios disparos con una pistola, pero es detenida y condenada a cinco años de prisión. Al recuperar la libertad vuelve para buscar a Bin con la intención de retomar la relación, pero este no tiene la misma intención.

6 - High life directora Claire denis y los actores Robert Pattinson y Juliette Binoche en rueda de prensa

Rueda de prensa de High Life. En el centro la directora Claire Denis, flanqueada por los actores Robert Pattinson y Juliette Binoche

La directora francesa Claire Denis presentó a concurso en la Sección Oficial su último trabajo, titulado High Life y protagonizado por Juliette Binoche y Robert Pattinson. Monte y su hija Willow son los únicos supervivientes en una nave espacial. Al comienzo del viaje no eran los únicos tripulantes, ya que el grupo estaba formado por un grupo de personas condenadas a muerte que aceptaron cambiar sus sentencias por un viaje cuyo destino era uno de los agujeros negros más cercanos a la Tierra.

Para concluir la sesión de películas del día se pudo ver una de las integrantes de la retrospectiva dedicada a Muriel Box, responsable en esta ocasión el guion junto con Sidney Box de Daybreak, dirigida por Compton Bennett. Se trata de un trágico melodrama en el que Eddie, que trabaja como verdugo, conoce a una mujer en un bar con la que acaba casándose, a pesar de que este le oculta su verdadera identidad. Ambos se instalan en una barcaza en el rio Támesis y todo transcurre con normalidad hasta que Olaf, el ayudante de Eddie, intenta seducir a la mujer de su jefe.

Séptimo día (27 de Septiembre): The Third Wife, Roma, El ángel, The Sisters Brothers

En la sección de nuevos realizadores se pudo ver el trabajo de la vietnamita Ash Mayfair The Third Wife, drama ambientado en el Vietnam rural del siglo XIX en el que la joven May, de 14 años, se convierte en la tercera esposa del adinerado terrateniente Hung. Pronto será consciente que la única forma de mejorar su posición va a ser dar a luz a un varón, al mismo tiempo que tendrá que enfrentarse a un amor prohibido.

7 - Alfonso Cuaron director de Roma

Alfonso Cuarón, director de “Roma”

La primera “Perla” del día fue la ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia Roma. Dirigida por Alfonso Cuarón, el cineasta mejicano se basa en su infancia para realizar un reconocimiento a las mujeres que le criaron, entre ellas Cleo, la joven sirvienta de la familia. La acción, rodada en blanco y negro, se desarrolla en el barrio de clase media Roma que da título a la película, durante los primeros y convulsos años setenta.

7 - El angel poster

La segunda “Perla” que se proyectó fue la producción argentina El ángel, dirigida por Luis Ortega. Se basa en la historia real de Carlos Robledo Puch, el preso que más tiempo lleva ingresado en prisión en Argentina; concretamente, cuarenta y cinco años. La conmoción que provocó en la sociedad con sus más de cuarenta robos y once asesinatos provocó que fuera bautizado por la prensa local con el sobrenombre de “El ángel de la muerte”.

7 - The Sisters Brothers poster

La última “Perla” del día fue The Sisters Brothers, dirigida por el francés Jaques Audiard, flamante ganador del Premio al Mejor Director en el Festival de Venecia. Los hermanos Charlie y Eli Sisters viven en un mundo salvaje y hostil en plena fiebre del oro. Tienen las manos manchadas de sangre, ya que su trabajo es matar, tanto a inocentes como criminales. Charlie, el pequeño, nació para matar mientras que Eli aspira a llevar una vida normal. El Comodoro los contrata para buscar y matar a un buscador de oro y a partir de ahí se inicia una caza en la que la relación entre los hermanos se pondrá en entredicho. Recomendable película con detalles curiosos y originales.

Octavo día (28 de Septiembre): Blind Spot, Petra, Capharnaüm/Capernaum

8 - Tuva Novotny Directora de BlindSpot

Tuva Novotny, directora de “Blind Spot”

La octava jornada del Festival se inició con la directora sueca Tuva Novotny presentando su película Blind Spot en la Sección Oficial. En ella se narran las dificultades de una madre para comprender la crisis generada por su hija adolescente cuando la tragedia golpea a toda su familia, todo ello rodado en tiempo real.

8 . Petra poster del film

También se pasó la “Perla” que el director Jaime Rosales había presentado previamente en la Quincena de Realizadores de Cannes Petra, tragedia de inspiración griega. Tras la muerte de su madre, Petra comienza una búsqueda para saber quién es su padre y que le llevará hasta Jaume, un célebre artista plástico, poderoso y despiadado. A partir de este punto, irán surgiendo tensiones y secretos familiares de la mano de Lucas y Marisa, hijo y esposa del artista.

8 - Nadine Labaki directora del film Capharnaüm-Capernaum

Nadine Labaki, directora del film “Capharnaüm/Capernaum”

Para clausurar la Sección de “Perlas” de otros festivales se eligió la película de la directora libanesa Nadine Labaki Capharnaüm/Capernaum, que venía de ganar el Premio del Jurado en el Festival de Cannes. Zain, un niño de 12 años, tiene que enfrentarse a las duras condiciones de vida que soporta la comunidad inmigrante en el Líbano. A destacar la interpretación de su joven protagonista, Zain Al Rafeea, así como la dirección de Labaki.

Noveno día (29 de Septiembre): Bad Times at the Royale

9 - Drew Goddard Director de Bad Times at the Royal

El director de “Bad Times at the Royal”, Drew Goddard

El film que clausuró la sexágesima sexta edición del Festival de San Sebastián, proyectado como es norma fuera de concurso, fue Bad Times at the Royale, dirigido por Drew Goddard. Siete desconocidos, cada uno con un secreto que ocultar, se reúnen en el hotel El Royale, un destartalado establecimiento que esconde también un oscuro pasado. Durante el trascurso de una fatídica noche todos tendrán una última oportunidad de redención.

Texto: FeRoDo

Fotos: Juan Mari Ripalda

Crónica de la XXIX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

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De sobra es conocida la debilidad que la platea de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián ha demostrado tradicionalmente por las comedias. Una atracción que ha hecho que, a lo largo de la historia del certamen, parodias del tipo de Lesbian Vampire Killers, Lobos de Arga, Cockneys Vs. Zombies, Bienvenidos al fin del mundo o Lo que hacemos en las sombras se hayan llevado el premio al mejor largometraje otorgado por los votos del público. Después de tres ediciones consecutivas en las que el máximo galardón de la Semana había recaído en exponentes de fantástico más puro, dicha tendencia ha vuelto a ponerse de manifiesto en su pasada vigésimo novena edición, celebrada entre los pasados 27 de octubre y 2 de noviembre, con la concesión del premio a la mejor película a One Cut of the Dead, la cual se imponía sobre la bocina en la última sesión a concurso a la que desde la inauguración venía siendo la mejor valorada por el respetable, la hollywoodiense producción de J. J. Abrams Overload. Con todo, sería injusto reducir todo el alcance del film nipón a su primigenia condición de comedia zombi. Convertida en un auténtico fenómeno en su país de origen, donde ha permanecido más de seis meses en cartelera registrando llenos diarios, esta modesta producción, que ha supuesto el debut en solitario en el formato largo de su director y guionista, Shin’ichirô Ueda, es ante todo un inteligente juego de metaficción de ida y vuelta, que no duda en desnudar todo lo que se esconde en la trastienda de la creación cinematográfica, poniendo al descubierto mediante una trabajada puesta en escena el artificio que hay detrás de la ficción, lo cual hace por partida doble, además.

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Cuadro con la tabla final de puntuaciones de las diferentes secciones competitivas

Sin menoscabo de sus valores, aunque One Cut of the Dead se proclamara vencedora de esta edición de la Semana, no fue la única película de interés que pudo visionarse a lo largo del festival donostiarra. Por el contrario, hubo otros films de una calidad análoga e, incluso, superior al de la cinta japonesa, lo que demuestra el excelente nivel demostrado por la que se antoja una de las mejores programaciones que se han visto en el Teatro Principal en los últimos años. Buena muestra de ello se encuentra en la que, a la postre, ocuparía el tercer cajón del imaginario podio de esta edición, la estadounidense Nación salvaje (Assesination Nation), llamada a convertirse con el devenir de los años en uno de los títulos de referencia dentro del género. Poliédrica y rica en matices, el que su marco de acción se circunscriba a una pequeña localidad llamada Salem da una idea muy aproximada de las intenciones perseguidas por su director y guionista, Sam Levinson. Así, lo que comienza como una llamada de atención sobre los peligros de la constante exposición a la que nos sometemos en el mundo virtual de las redes sociales acaba mutando según avanza el metraje en una de las más agudas y mordaces críticas en clave adolescente y feminista sobre el hipócrita puritanismo de la sociedad estadounidense en la era Trump, aunque extrapolable a cualquier país occidental, el nuestro sin ir más lejos. Un discurso de plena actualidad que Levinson envuelve bajo una estética multirreferencial y pretendidamente moderna de ascendencia videoclipera, dentro de una dirección que apabulla por su nivel y variedad de registros, en especial durante su soberbia primera parte. Tal es el nivel de lo ofrecido que solo un innecesario epílogo en el que la película cae paradójicamente en la misma generalización que critica evita que no hablemos de una obra maestra. Y es que no todos los hombres heterosexuales somos machistas y/o agresores en potencia, obviedad que parece que hubiera que matizarse siempre.

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Un año más la actriz Miriam Cabeza y Josemi Beltrán, director de la Semana, ejercieron de maestros de ceremonias

¿Por qué los hombres somos siempre culpables y las mujeres inocentes?” se pregunta, precisamente, el delirante protagonista que encarna de forma excelente Matt Dillon en un momento de La casa de Jack (The House That Jack Built), otros de los títulos destacados que nos dejó esta edición de la Semana. Estructurada por medio de diferentes episodios correspondientes a los “incidentes” vividos por su protagonista, la nueva película de Lars Von Trier narra el descenso a los infiernos literalmente de un maniático y más bien torpe asesino en serie que considera sus crímenes auténticas obras de arte, como si de un discípulo de Thomas de Quincey se tratara. A ratos hilarante, a ratos reflexiva, se trata de una comedia negrísima tan provocativa y políticamente incorrecta como cabría esperar viniendo del polémico cineasta danés, quien no desaprovecha la oportunidad para frivolizar con temas tan tabúes en el cine actual como la inclusión de escenas de violencia contra infantes, si bien un tanto irregular en su cómputo final debido a la adopción de una narrativa libre que se traduce en una duración superior a las dos horas y media. Pero lo que sobre el papel pudiera parecer por su ligereza un film menor dentro de la trayectoria del director de Melancolía, casi un divertimento, esconde, en realidad, una interesante digresión sobre la creación artística y el propio cine de su responsable, como ejemplifica aquel momento en el que el protagonista teoriza que los directores de cine suplen sus ansias de matar rodando películas, lo cual es significativamente acompañado por imágenes de anteriores películas del propio Von Trier.

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Varios espectadores disfrutando de la “Muestra de realidad virtual y terror” que se desarrolló durante el fin de semana dentro del marco de la Semana en una de las salas del Teatro Victorio Eugenia

Semejante introspección se repetiría en un título a priori tan distinto como Ghostland, el esperado nuevo trabajo de Pascal Laugier, viejo conocido de la Semana del que en ediciones anteriores pudieron verse sus previas Martyrs y El hombre de las sombras. Seis años después de esta última, el cineasta francés vuelve a ponerse tras de las cámaras con una película que funciona a muy distintos niveles. En su faceta de film de terror sus resultados no pueden ser más contundentes, en gran parte por un extraordinario sentido de la tensión que cristaliza en escenas tan antológicas como aquella en la que la protagonista presencia inmóvil como su captor tortura a una muñeca de trapo con un soplete, en la que sin mostrar ni un ápice de sangre o grafismo el director consigue transmitir una sensación de violencia y sordidez equiparable a la conseguida por Tobe Hooper en La matanza de Texas. Pero tras su aparente fachada de película efectista construida a base de calculados giros de guion convive un trabajo en el que, si bien suavizando la radicalidad de su discurso con respecto a sus films previos, Laugier construye la que quizás sea su obra más personal hasta el momento; un auténtico compendio y resumen de lo que ha sido su cine hasta la fecha, en el que homenajea referentes y reflexiona sobre la creación artística y los tropos que dominan el cine de terror actual. Uno de los títulos de la temporada, sin duda, que reafirma a su director como una de las voces más interesantes con las que cuenta el género en estos momentos.

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Escenificación de la concesión del premio “Blogos de oro” al mejor largometraje para “Border/Gräns”

Abalado por el máximo galardón de la sección “Un Certain Regard” cosechado en la pasada edición del Festival de Cannes, otro de los films que dejó un excelente sabor de boca fue la coproducción entre Suecia y Dinamarca Border/Gräns, adaptación de un relato de John Ajvide Lindqvist, el mismo autor de la novela que sirviera de basa a la que fuera la vencedora de este mismo certamen hace ahora justo diez años, la vampírica Déjame entrar. Quizás por ello, Border guarde tantos puntos en común con aquélla desde el punto de vista argumental. También aquí su historia se centra en la relación que se establece entre dos seres desubicados y/o aislados de la sociedad por culpa de ser diferentes a eso que se considera normal. Y, al igual que ella, su tratamiento entremezcla diferentes registros que en este caso van desde el thriller nórdico al surrealismo mágico, pasando por el drama romántico, la ironía o el terror puro y duro. Diferentes tonos y géneros que el director iraní Ali Abbassi combina con un gran sentido del equilibrio a través de un hipnótico pulso narrativo con el que, sin levantar la voz y casi sin que nos demos cuenta, nos sumerge en una historia que transita desde la jocosidad que despiertan sus primeros compases para ir poco a poco oscureciéndose hasta un desenlace que, en última instancia, viene a reflejar que la auténtica humanidad es la que demostramos con nuestros actos, no la que se presupone por nuestro aspecto. A las habilidades de Abbasi como narrador cabe añadir su valentía a la hora de desarrollar la premisa fantástica en que se basa hasta sus últimas consecuencias, sin por ello desechar su interpretación metafórica, o la ternura que consigue despertar hacia su personaje protagonista encarnado por Eva Melander, cuya abundante caracterización engrandece lo entregado de su interpretación.

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Monstruo de Frankesntein perteneciente a la exposición que acogió el hall del Teatro Victoria Eugenia en memoria de Alberto Saavedra, el histórico encargado de la decoración de la fachada del Teatro Victoria Eugenia durante la Semana

Si el balance dejado por Border no fuera apreciable por sí solo, su saldo sería aún más positivo al compararla con otra película participante en la Sección Oficial de esta edición planteada sobre idénticos planteamientos. Nos referíamos a The Dark, ópera prima de Justin P. Large, quien para su debut se basa en un corto propio homónimo que ya fuera proyectado en este mismo certamen en el pasado 2013. En este caso, la trama se articula a partir de la relación que se establece entre dos jóvenes golpeados por la violencia ejercida contra ellos por los adultos; la una, convertida en un auténtico monstruo tras ser violada y enterrada viva por el novio de su madre; el otro, un joven con síndrome de Estocolmo hacia el secuestrador que le quemó los ojos. Hasta aquí nada que objetar. El problema es que, una vez presentada la situación de partida, la historia transita por los cauces más predecibles que uno pueda imaginarse, sin que los sucesivos flashbacks destinados a informar sobre el pasado de la protagonista consigan levantar la función. Aunque sin duda la principal culpa lo tiene una alarmante falta de ritmo que hace que su visionado resulte francamente aburrido. Algo parecido le ocurre también a The Wind, western de terror psicológico en el que los hechos sobrenaturales se derivan del efecto que producen en la psique de la protagonista el aislamiento, la soledad y la frustración a la que le conduce el hecho de no poder concebir hijos sanos. Un planteamiento atractivo, pero desarrollado con una evidente falta de ideas que la deconstrucción argumental a la que es sometido es incapaz de ocultar. Por si no fuera bastante, su novel directora, Emma Tammi, no duda en caer en el más pueril subrayado mediante la inclusión de un epílogo en el que se explica lo que es evidente, no vaya a ser que el atontolinado espectador no se entere, además de confundir la creación de atmósferas con una desesperante morosidad narrativa.

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Josemi Beltrán junto a Ángel Sala, director del Festival de Sitges, quien presentó el pase de “What Keeps You Alive”

Y no de problemas de ritmo sino de falta de concreción narrativa pecaron otros tres integrantes de la selección de este año, entre los que se encontraban algunos de los teóricos platos fuertes de la edición. Es el caso de Mandy, uno de los estrenos más controvertidos de la temporada debido a las pasiones despertadas entre sus espectadores, divididos entre aquellos que la aman y los que la odian, sin que exista término medio. El motivo de tanta pasión encontrada estriba en la radicalidad de una propuesta concebida como una experiencia sensorial, algo que lleva a su director, Panos Cosmatos, a priorizar los motivos estéticos y formales por encima de la cohesión de los aspectos narrativos, lo que se traduce en una primera parte que tarda un mundo en arrancar. No es hasta mediado el metraje, y una vez se inicia la arquetípica venganza de su protagonista contra los asesinos de su esposa, que la película levanta el vuelo, desatando un auténtico delirio de sangre, drogas, motoristas cenobitas y peleas con motosierras a mayor gloria de las dotes histriónicas de un Nicolas Cage desatado en el papel de vengador alucinado. Casualmente, los otros dos referidos exponentes, Piercing y What Keeps You Alive coincidirían en tratarse de films sustentados sobre planteamientos minimalistas, habitados por personajes enfermizos, trufados de un sentido del humor negro y acreedores de cierto estilismo visual, malogrados, sin embargo, por el estiramiento al que son sometidas sus respectivas tramas. En Piercing el problema deriva de la utilización de un planteamiento argumental más propio de un corto, con dos únicos personajes en otras tantas localizaciones, pero insuficiente para un largometraje de ochenta y un minutos, como es el caso; mientras que en What Keeps You Alive se encuentra en la intención de sus responsables de dar una innecesaria vuelta de tuerca más a su historia por medio de caprichosos giros de guion que desdibujan los, con todo, estimables resultados de este thriller de ecos hitchcockianos de poderosas interpretaciones.

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Los representantes de los cortos “Donosti monogatari (express)” y y “Mi nombre es Koji” posando junto al director de la Semana ante los medios antes de la rueda de prensa de “‘Japón y España 150 años”, certamen que conmemoraba el aniversario de la firma del tratado de amistad entre los dos países y de la que formaron parte ambos títulos junto a “Carmen”

Por otra parte, el que el máximo galardón fuera a parar a One Cut of the Dead serviría para ratificar la especial atención puesta por esta Semana al cine procedente de aquellas latitudes geográficas. No solo al ya tradicional protagonismo en el certamen donostiarra de la cinematografía japonesa, cuya presencia dentro de la sección de largometrajes a concurso se completó con dos adaptaciones de mangas, Inuyashaki y Liverleaf/Misumisô, entre cuyos aciertos cabe destacar el modo en el que en su primer acto refleja con unas pocas pinceladas un tema tan complejo como el acoso escolar sobre el que pivota su historia y los motivos que se esconden tras los agresores; sino a la asiática en general. Así, a los tres films procedentes del país del sol naciente se le unirían sendos exponentes del cine comercial actual surcoreano que contaron con el respaldo del público, a decir de las puntuaciones recibidas. Acorde a su condición, ambos títulos destacaron por la espectacularidad y dominio de la técnica de sus escenas de acción, hermanándose por el hecho de que sus bandas sonoras compartan idéntico autor, Mowg, el más destacado compositor cinematográfico con el que cuenta hoy por hoy el país asiático, como demuestra el que incluso haya sido reclamado por la industria estadounidense en alguna ocasión. En cuanto al contenido de los dos films propiamente dicho, The Witch: Part 1. The Subversion/Manyeo es un thriller de acción y ciencia ficción que presenta una historia a medio camino entre Ojos de fuego de Stephen King y los X-Men, adaptada a la melodramática dramaturgia característica del cine surcoreano. En cuanto a Monstrum, supone un exótico cruce de caminos entre cine histórico y monster movie de raigambre pulp, que narra la caza de un supuesto monstruo durante la dinastía Joseon, allá por el siglo XVI. Pese a aciertos parciales, como el interesante  retrato que hace de los tejemanejes e intereses del mundo de la política, lo cierto es que sus resultados quedan muy por debajo del atractivo que ofrece su punto de partida, a causa de un desarrollo sujeto a los más nefastos convencionalismos del blockbuster hollywoodiense, personajes cómicos incluidos.

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Panorámica de la exposición dedicada a “Mazinger Z” en el Centro Cultural Aiete celebrada con motivo de la Semana

Otra cinematografía que contó con una atención especial dentro de la programación de esta vigésimo novena edición fue la latinoamericana, haciéndose eco así el certamen del auge que el cine fantástico del cono sur viene atravesando en los últimos años. En total, tres serían las propuestas llegadas desde Hispanoamérica. Procedentes de Argentina lo harían Abrakadabra, esteticista recreación de los motivos del giallo con la que sus responsables, los hermanos Onetti, cierran su trilogía dedicada al estilo iniciada por Sonno profundo y Francesca, y que vendría a ser una especie de buena imitación de un mal giallo, con un pésimo uso del sonido; y Muere, monstruo, muere, cuya singular propuesta y elevadas pretensiones mal disimuladas no le libraron de lograr la puntuación más baja de la selección a concurso. El tercer título en discordia vendría desde la vecina Chile con Trauma, cuarto largometraje de Lucio A. Rojas, quien simultaneó su presencia en la Semana para presentar su trabajo con sus labores como miembro del jurado de la sección de cortometrajes. El viaje de cuatro jóvenes mujeres a una casa situado en un aislado pueblo del interior del país suramericano es la premisa empleada por Rojas para explorar la herencia de la dictadura de Pinochet en el Chile actual en un film seco y contundente, cuya tendencia a la escabrosidad y a la calculada provocación hace que no sea un plato apto para estómagos sensibles.

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Momento del tradicional concurso de disfraces celebrado durante la noche de Halloween

Precisamente, la única representante española dentro de la Sección Oficial de este año vendría a prolongar lo ya expuesto, al tratarse de la coproducción con México El año de la plaga. En sus primeros compases, Casu, el bibliotecario conspiranoico que interpreta Canco Rodríguez, comenta que al nuevo film de George Romero le están lloviendo críticas por todos los lados. “No se puede uno tomar tan en serio una plaga zombi o una invasión alienígena”, concluye. Toda una declaración de principios de lo que supone esta fallida traslación a la gran pantalla de la popular novela de Marc Pastor. Y es que, por más que no se le pueda negar honestidad, lo cierto es que su enfoque no puede estar más equivocado, a causa de un tratamiento que amalgama sin orden ni concierto comedia, melodrama, thriller y ciencia ficción. Sin embargo, la coctelera genérica no funciona en ningún momento, como tampoco lo hace su potenciada carga cómica. Por el contrario, durante la segunda mitad del metraje todo el interés del relato es confiado a la manoseada historia de amor entre el protagonista encarnado por Ivan Massagué, y su ex-novia, desarrollada a través de un continuo bombardeo de diálogos verborreicos que contrastan con unos pasajes en los que, en teoría, la película transita por los cauces de la aventura urbana.

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Imagen de la exposición “Fantasmías & Antepasadolls” de Sandra Arteaga en la la Sala de Actividades de la Biblioteca Municipal de San Sebastián

Mucho mejor resultó la participación española en el formato corto, donde de los siete galardones en liza, tres se quedaron en nuestro país. El simpático costumbrismo cañí a medio camino entre José Luis Cuerda y Luis García Berlanga de El escarabajo al final de la calle se alzó con los dos premios reservados a los trabajos nacionales, es decir, el del público al mejor cortometraje español y el concedido por Syfy en idéntico apartado; mientras que La noria, trabajo por el que su director, Carlos Baena, abandonó Pixar, según comentó un miembro del equipo durante su presentación, cosechó la mejor puntuación en el concurso de cortometrajes de animación. Un botín al que cabe añadir lo conseguido por la gran triunfadora de esta edición dentro del formato, Baghead, de nacionalidad británica pero dirigida por el español Alberto Corredor, acreedora de los premios del público, del jurado y del jurado joven.

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Entrada de la exposición “Eloy de la Iglesia. Ese oscuro objeto de deseo” en la sala Kutxa Kultur Artegunea

La presencia española en la pantalla del Teatro Principal se completó con Una gota de sangre para morir amando, la considerada explotación de La naranja mecánica que Eloy de la Iglesia realizara a mediados de los setenta y que fue proyectada como homenaje al fallecido cineasta guipuzcoano coincidiendo con la recomendable exposición “Eloy de la Iglesia. Ese oscuro objeto de deseo”, comisariada por Pedro Usabiaga y acogida por la sala Kutxa Kultur Artegunea de Tabakalera, en la que, a través de fotografías, recortes de prensa y objetos personales del cineasta, se ofrece un completo recorrido por su filmografía. Claro que Una gota de sangre para morir amando no fue el único film añejo que formó parte de la programación de esta vigésimo novena edición. En sintonía con el cartel oficial de este año, en el que la actriz Itziar Castro aparece ataviada cual novia de Frankenstein, con motivo del doscientos aniversario de la publicación de la novela original de Mary Shelley el ciclo retrospectivo de este año de la Semana estuvo dedicado a una selección de títulos basados en la más famosa creación de la escritora inglesa. Nueve fueron en total los films que compusieron una retrospectiva que, un año más, tuvo como sede el Teatro Victoria Eugenia, entre los que habría una especial predilección por adaptaciones del mito menos evidentes y ortodoxas, que permitieron a los aficionados disfrutar en pantalla grande (subtitulados únicamente al euskera, eso sí) de clásicos del calibre de La novia de Frankenstein o la hammeriana La maldición de Frankenstein, junto a rarezas del tipo de Gothic, Carne para Frankenstein, el último film dirigido por Roger Corman, La resurrección de Frankenstein, o Frankenstein’s Army, entre otras.

José Luis Salvador Estébenez

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Fotografías: Juan Mari Ripalda