Palmarés de la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián

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Finalizó la 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián que tuvo lugar entre el 21 y el 29 de Septiembre, con probablemente la Sección Oficial más floja de las últimas ediciones con respecto a lo cinematográfico, pero bastante potente en lo referente al número de estrellas y glamur.

La Sección Oficial de este año volvió a contar con una excesiva presencia de  películas distribuidas de una forma en la que es imposible ver todas ellas en los pases dedicados a la prensa; en concreto, la esperada cinta de José Luis Cuerda Tiempo después fue la perjudicada. Dentro de la Sección Oficial también se proyectaron los dos primeros capítulos de la serie española Gigantes de Enrique Urbizu y Jorge Dorado, lo que dio pie para continuar con la controversia surgida en la edición del año pasado a raíz del pase de dos capítulos de la serie La peste de si un festival de cine de este tipo y categoría debe proyectar o no series de televisión en su Sección Oficial. A modo de apunte, aunque fuera de la Sección Oficial, también se pasó la serie completa de ocho capítulos Arde Madrid de Paco León y Anna R.Acosta.

Tres fueron los Premios Donostia que se entregaron en esta edición. El primero cronológicamente hablando fue para el actor, director y productor estadounidense Danny DeVito. Paralelamente a la entrega del galardón se proyectó la que hasta la fecha es su última aportación a la industria cinematográfica, la película de animación Smallfoot de Karey Kirkpatrick, donde pone voz al personaje de Dorgle.

El segundo fue para el cineasta japonés Hirokazu Koreeda, uno de los directores más queridos por el público de San Sebastián y ganador en dos ocasiones del Premio del Público en ediciones anteriores por su trabajo en De tal padre, tal hijo y Nuestra hermana pequeña, en las que trataba valores universales. Con motivo del premio Donostia se presentó su último trabajo, Manbiki kazoku / Shoplifters (Un asunto de familia), por el que ganó la Palma de Oro a la mejor película en la reciente edición del Festival de Cannes.

El tercer y último premio de esta edición fue para la actriz y escritora inglesa Judi Dench, conocida por el gran público gracias a sus interpretaciones en títulos mainstream del tipo de Las crónicas de Riddick, Asesinato en el Orient  Express (versión del 2017) o varias entregas de la saga de James Bond. Al igual que el resto de los galardonados, coincidiendo con la entrega del Premio Donostia se programó una de las más recientes cintas de la actriz Red Joan, inspirada en la vida de Melita Norwood, la espía británica que estuvo más tiempo infiltrada en el KGB.

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Como viene siendo habitual, la afluencia de público a las proyecciones de las secciones “Perlas de otros festivales”, “Zabaltegi”, “Nuevos directores” y “Horizontes Latinos”  fue masiva, superando el número de asistentes con respecto a la edición anterior. Este dato viene avalado por el elevado número de público que se quedó fuera de las salas en unas cuantas proyecciones debido a que estas tenían el aforo completo. Tanto la sección dedicada al “Cine Infantil” como “Culinary Zinema” (cine y gastronomía) volvieron a tener una gran aceptación por parte de los diferentes tipos de público que asisten a estas secciones.

La retrospectiva de este año estuvo dedicada a la guionista y directora inglesa Muriel Vox (1905-1991), en la que se pudieron ver veintiocho de sus trabajos tanto en el papel de directora como de guionista comprendidos entre los años 1945 y 1964. Estos trabajos se caracterizan por tratar temas complejos y prohibidos en su tiempo, como la prostitución, el aborto, el abuso de menores, los hijos ilegítimos o el sexo en la edad adolescente. Su obra responde al canon de cine independiente, a pesar de trabajar con temáticas propias de los géneros clásicos y populares como el melodrama, la comedia, el policiaco o el cine de época.

Pasando ya a desmenuzar el palmarés que nos deja esta 66 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, el jurado oficial presidido por el guionista y director estadounidense Alexander Payne y compuesto por Rossy de Palma, Agnes Johansen, Nahuel Pérez Biscayart, Constantin Popescu y Bet Rourich, otorgó los siguientes Premios oficiales FIAPF:

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Concha de oro a la mejor película: Entre dos aguas de Isaki Lacuesta (España).

03 Premio especial del jurado Alpha the right to kill

Premio especial del jurado: Alpha, the Rigth to Kill de Brillante Mendoza (Filipinas).

04 Concha de plata mejor director a Benjamin Naishtat

Concha de plata al mejor director: Benjamín Naishtat por Rojo (Argentina-Bélgica-Brasil-Alemania-Francia-Suiza).

05 Concha de plata Pia Tjelta

Concha de plata a la mejor actriz: Pia Tjelta por Blind spot (Noruega).

06 Concha de plata Dario Grandinetti

Concha de plata al mejor actor: Darío Grandinetti  por Rojo.

Premio del jurado al mejor guión: Ex aequo para Paul Laverty por Yuli (España-Cuba-Reino Unido- Alemania) y para Louis Garrel y Jean-Claude Carrière por L’homme fidèle (Francia).

Premio del jurado a la mejor fotografía: Pedro Sotero por Rojo.

Sección oficial a un lado, el resto de jurados concedieron estos otros premios oficiales:

09 Premio Nuevos directores Hirosi Okuyama por jesus

Premio Kutxabank-nuevos directores: Hirosi Okuyama por Boku wa iesu-sama ga kirai / Jesus (Japón).

Mención especial: Celia Rico Clavellino por Viaje al centro de una madre (España-Francia).

12 Premio Horizontes Maria Alche por Familia sumergida

Premio Horizontes: Familia sumergida de María Alché (Argentina-Brasil-Alemania-Noruega).

Mención especial: El motoarrebatador de Agustín Toscano (Argentina-Uruguay-Francia).

11 Premio Zabaltegi a Jean Gabriel Periot por Song for the jungle

Premio Zabaltegi-Tabakalera: Song for the Jungle de Jean-Gabriel Périot  (Francia).

Mención especial: Los que desean de Elena López Riera (Suiza-España).

10 Premio del publico A Un dia mas con vida Raul de la Fuente

Premio del público Ciudad de Donostia-San Sebastián: Un día más con vida de Raúl de la Fuente y Damian Nenow (España-Polonia- Bélgica-Alemania).

Premio del público a la mejor película europea: Girl de Lukas Dhont (Bélgica-Países Bajos).

14 Premio Irizar al cine vasco Koldo Almandoz por Oreina

Premio IRIZAR al cine vasco: Oreina de Koldo Almandoz (España).

Premio de la juventud: Viaje al centro de una madre de Celia Rico Clavellino.

13 Premio Otra mirada Ash Mayfair por Thw Third wife

Premio TVE otra mirada: The Third Wife de Ash Mayfair (Vietnam).

Premio cooperación española: Los silencios de Beatriz Selgner (Brasil-Francia-Colombia).

Premios Industria:

Premio de la Industria cine en construcción 34: Los tiburones de Lucía Garibaldi producido por Montelona Cine (Uruguay-Argentina).

Premio Film Factory: Los tiburones de Lucía Garibaldi producido por Montelona Cine.

Premio de la Industria Glocal in progress: Nematoma / Invisible de Ignas Jonynas (Lituania-Letonia-Ucrania).

Premio al mejor proyecto del VII Foro de coproducción Europa-América Latina: Hermano peligro de Pablo Fendrick (Argentina-Dinamarca).

Premio EFADs-CAACI de coproducción Europa-América Latina: La llorona de Jayro Bustamante producido por La casa de producción (Guatemala).

Premio Eurimages al desarrollo de coproducción: The Jungle de Matias Huser producido por 8Horses (Suiza).

Arte International Prize: Libertad de Clara Roquet producido por Avalon P.C. (España-Dinamarca).

Premio Ikusmira Berriak: El agua de Elena López Riera producido por Alina Film (Suiza).

Premios paralelos:

Premio FIPRESCI: High Life de Claire Dennis (Francia-Alemania-Reino Unido-Polonia-EEUU).

Premio Fedeora: Viaje al centro de una madre de Celia Rico Clavellino.

Premio Feroz Zinemaldia 2018: Quién te cantará de Carlos Vermut (España-Francia).

Premio al mejor guión vasco: Raúl de la Fuente y Amaia Remírez por Un día más con vida (España-Polonia- Bélgica-Alemania).

02 Isaki Lacuesta y equipo Concha de Oro de este año

Isaki Lacuesta y miembros del equipo de “Entre dos aguas”.

Premio Signis: Entre dos aguas de Isaki Lacuesta.

Mención especial: Alpha, the Rigth to Kill de Brillante Mendoza.

Premio de la Asociación de donantes de sangre de Gipuzkoa a la solidaridad: Bao bei er / Baby de Liu Jie (China).

Premio Sebastiane 2018: Girl de Lukas Dhont (Bélgica-Países Bajos).

Premio “LURRA” otorgado por Greenpeace: Dantza de Telmo Esnal (España).

Premios Nest Film Students:

Premio Panavisión: El verano de león eléctrico de Diego Céspedes (Carrera de cine y televisión-Universidad de Chile-Chile).

Mención especial: Onde o verão vai (Episodios da juventude) / Where the summer goes (Chapters on youth) de David Pinheiro Vicente (Escola Superior de Teatro e Cinema, Portugal).

Premio Orona: The Girl with Two Heads de Betzabé García (National Film and Television School, Reino Unido).

Premios Honoríficos:

Premios Donostia: Judi Dench, Danny DeVito y Hirokazu Koreda.

Premio Zinemira: Ramón Agirre.

Entrando ya de lleno en la valoración de lo que dio de sí esta edición del Festival, no podemos dejar de destacar un año más el buen hacer de José Luis Rebordinos al frente de todo el equipo del Zinemaldia para conseguir que prácticamente todo funcione de forma notable. Como contrapunto a lo mencionado, cabe mencionar que el equipo de programación en esta edición no ha sido capaz de realizar una equilibrada distribución de los pases de prensa, ya que en la misma jornada se han programado a la misma hora en cuatro salas diferentes una película de la Sección Oficial y tres de las películas más esperadas de la Sección de Perlas: Roma, The Sister Brothers y BlacKkKlansman (infiltrado en el KKKlan).

Como punto negativo de esta edición es de señalar el comportamiento vandálico, lamentable y denunciable por el asalto de varios (entorno a 20) de los acreditados dentro de los cines Príncipe en el pase de la película Cold War. A pesar de haber sido avisados previamente por los trabajadores del cine de que no había localidades libres en la sala, hicieron caso omiso a dichas indicaciones e invadieron el recinto, acomodándose en el suelo por los pasillos. Sinceramente creo que esta caterva no es merecedora de volver a ser acreditada en este Festival, ya que pone en riesgo la seguridad de los presentes y desconozco el tipo de sanciones que pueden recaer sobre las salas (no hay muchas en la cuidad) por incumplimiento del control de aforo.

A destacar en esta edición el cambio de logo más sintético que el de “toda la vida” (aunque hace unos años se había modificado ligeramente) con el fin de dar una imagen más moderna, actual y dinámica del Festival, que además pasa a identificarse con el acrónimo de SSIFF, erigiéndose en uno de los grandes aciertos de esta edición.

¡Hasta el 67 Festival!

Texto: FeRoDo

Fotos: Juan Mari Ripalda

Crónica de “Kaiju Weekend 2018”

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No estoy seguro si todos los asistentes al evento que habíamos organizado para el sábado 30 de junio de 2018 eran conscientes, en toda su magnitud, de la categoría de los dos ponentes que se alineaban en la sala para realizar una conferencia sobre la evolución del kaiju eiga. A mi izquierda, se encontraba Ángel Sala, director del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, autor de dos libros sobre Godzilla, y responsable de liderar la colección en VHS sobre kaiju eiga que apareció de la mano de Filmax hace veinte años. A mi derecha, se encontraba Jonathan Bellés, doctorado cum laude por la Universidad Politécnica de Valencia con una tesis precisamente fijada en la relación existente entre el terror atómico y la aparición de Godzilla, además de ser el director del documental Los albores del kaiju eiga, enfocado en esa vinculación y para el que viajó a Japón para entrevistar a las máximas figuras de esta corriente cinematográfica. Sin olvidar que es miembro fundador de godzillaencastellano.com, como un servidor.

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De izda. a dcha.: Jonathan Bellés, Octavio López y Ángel Sala.

Pasaban unos pocos minutos de las once de la mañana, y daba comienzo dicha conferencia en una sala con una ornamentación muy cálida, donde yo ejercía de moderador entre ambas bestias del panorama fantástico español. Sirviéndose de unas pocas imágenes que ayudaron a visualizar algunos aspectos de la conferencia, Ángel y Jonathan fueron desgranando desde el contexto histórico en el que nació Godzilla y sus influencias norteamericanas, hasta su retroalimentación precisamente con la nación estadounidense, pasando por la oscilante evolución del kaiju eiga a través de sus más de sesenta años de vida. Asimismo, se hizo hincapié en el panorama actual, y en las distintas vías cinematográficas que se han abierto; esto es, la línea norteamericana liderada por Legendary Pictures, el anunciado universo compartido que Toho ha prometido, y la trilogía de animes que se encuentra actualmente en emisión y preparación. Todo ello transcurrió de forma muy amena, a tenor de los comentarios que recibimos después, y bajo mi punto de vista creo que se encontró el equilibrio perfecto entre densidad de datos y la complicidad del público en algunas materias.

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Para cerrar la conferencia, Jonathan había preparado en exclusiva una selección de veinte minutos de su documental, en el que pudimos ver el esforzado trabajo en el que se ha visto inmerso en estos últimos cuatro años, y cómo figuras de primer orden como Akira Takarada, Shusuke Kaneko, Koichi Kawakitta, Haruo Nakajima, Shinji Higuchi o José Luis Sanz extrapolaban los elementos esenciales de la conexión de Godzilla con su nacimiento nuclear. Jonathan mostró también el nuevo trailer del documental, que según nos dijo iba a ser lanzado en internet al día siguiente.

Por último, Ángel y Jonathan tuvieron a bien comentar las preguntas de los asistentes, relacionadas algunas de ellas con la dificultad de llevar a cabo el documental por parte de Jonathan, o la diferencia/relación existente entre el kaiju eiga y los robots gigantes (“mechas”) que Ángel ilustró.

Al finalizar la conferencia, pudimos mantener algunas palabras con varias personas especializadas en el tema que se habían desplazado hasta el evento. Así, conocimos en persona a Miguel Herrero, director del Festival Internacional de Cine de Sax, experto también en cine japonés con un libro a punto de publicarse, el crítico de cine Antonio Sempere y el periodista y analista cinematográfico Francisco J. Ortiz.

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Con un poco de retraso llegábamos a las 13 horas. La siguiente actividad programada era la grabación en directo del Podcast “Cosas de monstruos”, un programa con dos años de vida donde con periodicidad mensual hemos ido comentando los grandes clásicos del cine monstruoso, a razón de dos películas por programa. Marco Osera, su director, había dispuesto en la sala contigua a la conferencia una alargada mesa con todo lo necesario para que Frank Guerra (Servobot), Josan García y yo recordásemos lo mejor que ha dado el programa en este último año. Por si fuera poco, Jonathan y Ángel decidieron apuntarse a la realización del mismo. Entre todos, en esa estancia blanquecina que otorgó un candor docente al programa, fuimos repasando los mejores momentos de El valle de Gwangi, The Mysterians, Los monstruos invaden la tierra, Mothra, Pacific Rim, Pulgasari, Ghidorah el dragón de tres cabezas ataca la tierra, El hijo de Godzilla o, cómo no, la imperecedera y ya icónica Serpiente de mar. El buen humor y el cariño hacia estas películas se fueron alternando de forma continua, creando una amalgama de diferentes puntos de vistas de las producciones que concluyó con las películas que nos marcaron de forma especial a cada uno de los integrantes de la grabación.

El “Kaiju Weekend” se tomaba un paréntesis para que los asistentes y participantes pudieran comer y descansar de cara a la última actividad, fijada para las seis de la tarde. Pero en ese lapso de tiempo se pudo contemplar la pequeña exposición que habíamos preparado con parte de mi colección personal. En sus estantes había varios VHS, bandas sonoras, figuras y cómics, pero también un fotocromo original del estreno español de King Kong contra Godzilla, las guías de mano originales de esa misma producción y de Gorgo, o el famoso póster español de El hijo de Godzilla. Para desazón de algunos, la primera versión americana de Godzilla, dirigida por Roland Emmerich, también tuvo su zona especial de la exposición, con el álbum de cromos, la banda sonora, una figura controlada por cable, la serie completa de animación o la preciosa caja metálica del blu-ray.

Por último, a las seis de la tarde daba comienzo el pase de la esencial Japón bajo el terror del monstruo, de Ishiro Honda. Nadie mejor que Jonathan Bellés, que ha estudiado la producción fotograma a fotograma para la realización de su tesis universitaria, para ofrecer un coloquio previo a la proyección. Tras su presentación, las secuencias contrastadas del filme de Honda, ese drama apocalíptico que convirtió a un monstruo en un fenómeno social, calcinando las mentes de decenas de generaciones durante el paso de todos estos años, cerraba el “Kaiju Weekend” de 2018.

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A mi juicio, el sustento, apoyo y coordinación de la Universidad de Alicante, su Aula de Cómic, y la gestión de Virginia Carrión, han elevado el nivel del evento, convirtiéndolo a efectos prácticos en un acontecimiento con tintes académicos que me maravilla haya podido ver la luz. Espero de todo corazón que haya servido para incrementar el siempre necesitado interés de la gente por el kaiju eiga. El cine de monstruos gigantes se encuentra en uno de sus momentos más privilegiados a nivel mundial, y poder disfrutar de estas actividades me sigue pareciendo un oasis en medio del desértico panorama nacional.

Para concluir, a nivel personal la realización de este pasado “Kaiju Weekend” es especialmente simbólico, por la siguiente circunstancia: allá por el 2004, Ángel Sala organizó en el marco del festival de Sitges una retrospectiva sobre Godzilla. Jonathan y yo, muy jóvenes por entonces, nos embarcamos en un viaje para asistir a aquel evento. Fue nuestra primera estancia en el Festival, y pudimos conocer a Ángel en ese momento, quien incluso nos concedió una rápida entrevista. Creo que de alguna forma aquel viaje nos marcó mucho tanto a Jonathan como a mí, influenciándonos y empujándonos después de aquello a seguir los senderos monstruosos. Ahora, con la asistencia de Ángel a nuestro “Kaiju Weekend” es como si se cerrase un círculo. Espero de todo corazón que su realización haya servido para que más amantes del kaiju eiga sigan levantando sobre sus hombros esa pasión desbordante, y en un futuro podamos descubrir nuevas formas de celebrar nuestra afición por Godzilla, Gamera, y toda su horda de bestiales acompañantes.

A modo de anécdota final, para que os hagáis una idea del alcance y magnitud del kaiju eiga, todo el globo ha recibido encarecidamente el trailer del documental de Jonathan, siendo promocionado y compartido por algunos de los portales más prestigiosos tanto a nivel nacional como internacional, pero también por alguna figura esencial del cine de monstruos como es Guillermo del Toro.

Octavio López

Fotografías: Miguel Herrero (1ª), Kokhe Saeba Takashi (2ª) y Mariluz Bolorinos (3ª y 4ª)

Published in: on julio 9, 2018 at 5:10 am  Comments (1)  
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Crónica de FANT 24

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La vigésimo cuarta edición del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT, celebrada entre los pasados 4 y 12 de mayo, ratificó la línea ascendente que viene apuntando el certamen vizcaíno durante los últimos años. El manifestado deseo de sus responsables de hacerlo crecer se pudo rastrear en diversos detalles. De entrada, con la ampliación de su duración en un día, pasando de ocho a nueve jornadas, mediante la inclusión de un segundo sábado en el que se programaron sendas sesiones formadas por los principales ganadores de las diferentes sesiones competitivas, tanto en el formato largo como en el corto. Claro que si hubo un aspecto que evidenció tal circunstancia fue la personalidad escogida para hacerle entrega del honorífico “Estrella del FANTástico”. Después de que el año pasado dicho galardón fuera inaugurado por la actriz Barbara Crampton, en esta ocasión fue a parar a una figura del calibre de Joe Dante, cuya presencia en tierras bilbaínas alcanzo el rango de acontecimiento, no solo para el propio festival, sino para la ciudad misma, como se pudo comprobar en el eco mediático que su presencia tuvo en los medios locales y que, con toda lógica, se trasladó a una ciudadanía que, a buen seguro, en muchos de los casos ni siquiera conocía de la existencia del certamen organizado por el ayuntamiento bilbaíno, suponiendo así un inmejorable escaparate para FANT de cara a sus convecinos.

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Álvaro Pita y Joe Dante durante la presentación del libro del primero “Joe Dante. En el límite de la realidad”.

Entre los diferentes actos en los que tomó parte el cineasta estadounidense cabe mencionar la presentación del libro Joe Dante: En el límite de la realidad, cuyo autor, Álvaro Pita, convirtió en una interesantísima master class sobre el segmento que el director de Piraña dirigiera para el film coral En los límites de la realidad: la película (Twilight Zone: The Movie, 1983). Todo ello sin olvidar la inolvidable doble sesión con la que el festival escenificó su homenaje a Dante, formada por los que quizás sean sus dos films más emblemáticos: Gremlins (Gremlins, 1984) y Aullidos (The Howling, 1981). Aunque sin llegar a los niveles alcanzados con Dante, lo cierto es que el otro galardón honorífico entregado en esta edición por FANT también disfrutaría de una gran difusión, quizás por aquello de que el homenajeado contaba con la ventaja de jugar en casa. Viejo conocido del certamen, en el que había participado en diferentes ocasiones durante su etapa de cortometrajista, el vitoriano Paul Urkijo recibió el premio FANTrobia, destinado a reconocer a una figura emergente dentro del género fantástico. Dicho galardón vendría a hacer justicia a los muchos atributos demostrados por el que ha supuesto su debut en el formato largo, Errementari (2017), adaptación de un cuento popular del folclore vasco que, para quien esto firma, merece ser considerada la mejor película española de temática fantástica de la temporada pasada, con permiso de Verónica (2017), tal y como pudo comprobarse en la proyección especial celebrada dentro de la programación de FANT con motivo de este reconocimiento.

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Paul Urkijo junto a Nekane Alonso, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao, y el actor Eneko Sagardoy, posando para los medios antes de la rueda de prensa de “Errementari” / Premio FANTrobia.

Pasando a comentar el apartado competitivo, el premio FANT 2018 a la mejor película recayó en Mayhem (2017), cuyo director, Joe Lynch, agradeció con un video en el que bromeaba sobre el estado etílico en el que el jurado tomó su decisión y que fue fundamentada “por su incorrección política, por saber revisar el género de los zombis de una forma original y por su escenificación dentro de un espacio cerrado que lleva a una crítica salvaje del capitalismo”. Con estas palabras el fallo resumía las bondades de esta negrísima comedia de acción, gamberra y sanguinolenta, que tomando como punto de partida la propagación de un extraño virus que elimina las inhibiciones sociales de los individuos en un importante bufete de abogados y adoptando una estructura de videojuego, satiriza con incisiva acidez el ambiente y la competitividad laboral de las grandes empresas estadounidenses, poniendo en el foco de su atención la falta de escrúpulos de una mentalidad en la que lo único que importa es el triunfo profesional a toda costa, aunque sea por medio de destripar al compañero de al lado.

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Issa López, directora de “Tigers Are Not Afraid”.

Pero aunque Mayhem se llevara el premio gordo del jurado, la gran triunfadora de esta edición de FANT fue Tigers Are Not Afraid, título internacional de la mexicana Vuelven (2017). Para ella serían el nuevo premio a la mejor película otorgado por los votos del público, así como el destinado al mejor guion, en este caso concedido por la Asociación de Guionistas Vascos, a los que cabe añadir el oficioso título de principal descubrimiento dejado por esta edición del certamen. Solo así puede considerarse a este drama social con elementos fantásticos que ha supuesto la primera incursión en el género de la directora y guionista Issa López, tras una trayectoria que hasta la fecha había estado vinculada, en mayor o menor medida, a los terrenos de la comedia romántica. Entre los muchos aciertos que atesora el conjunto, cabe destacar una trabajada puesta en escena plagada de detalles y simbolismos que, junto a su sensibilidad poética, le acercan al cine de Guillermo del Toro, sin despreciar otras influencias como puede ser Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, como declaró su directora durante la rueda de prensa de presentación del film; la capacidad que exhibe para mostrar y sintetizar los problemas del México actual en sintonía con su discurso, donde explora el modo en el que la violencia en la cual vive instalado el país norteamericano afecta a los niños; o lo bien interpretada que está por su elenco de actores infantiles, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de ellos carecían de experiencia previa delante de las cámaras.

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Rueda de prensa de “Framed” con Justo Ezenarro (director de FANT), su director, Marc Martínez y el actor Daniel Horvath.

Lejos de tratarse de una mera coincidencia, el hecho de que las dos principales premiadas por FANT coincidieran en su componente social explicitaría una tendencia muy acusada en un importante número de los integrantes de la Selección Oficial de este año. Es el caso de Trauma (2017), cuarto largometraje del chileno Lucio A. Rojas, que indaga en la herencia de la dictadura de Pinochet en el Chile actual en clave feminista, y cuyo pase se saldó con un buen número de deserciones de espectadores debido a la crudeza conceptual y gráfica de sus imágenes. Las hubo incluso que coincidieron a la hora de elegir el objeto de su crítica, tal y como ocurriría con Bad Match (2017) y Framed (2017), hermanadas por poner a Internet y las nuevas tecnologías en el centro de su diana. Bad Match lo hace para arremeter contra los peligros a los que nos puede conducir el mal uso de las redes sociales por medio de la historia de un Don Juan que utiliza una aplicación para conocer a chicas a las que, tras acostarse con ellas, abandona para no volver a dar señales de vida. Como ya hiciera en su guion para la magnífica Juegos sucios (Cheap Thrills, 2013), su director y guionista, David Chirchirillo, articula un thriller indie original e imprevisible que destaca por su mirada nada complaciente hacia las relaciones personales y su manejo de los géneros, haciendo que lo que en un principio se presenta como una comedia poco a poco evolucione hasta convertirse en una película de terror. En cuanto a Framed, la ópera prima del catalán Marc Martínez Jordán, reflexiona sobre los extremos a los que puede llevar el afán de notoriedad que algunos persiguen en las redes sociales y la búsqueda de morbo que parece haberse instalado de los medios de comunicación, dotando de una capa crítica a su refrescante vuelta de tuerca del arquetípico esquema de las home invasion, caracterizado por su humor negro y despliegue hemoglobínico.

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Presentación del pase de “Chimera” con la presencia de su director, Maurice Haeems, en el centro.

Cambiando la crítica social por el enfoque humanista, Chimera (2018) y Replace (2017) también coincidieron a la hora de articular sus respectivos discursos en torno a la inmortalidad. El mismo año en el que se conmemora el doscientos aniversario de la publicación de Frankenstein, Chimera retoma su discurso sobre los límites de la ciencia con los ojos puestos en los últimos descubrimientos en el campo de la biotecnología para cuestionar las diatribas éticas y morales derivadas de estos mismos avances científicos, brindando un conjunto lastrado por su exceso de verborrea y su tono didáctico. Co-escrita por Richard Stanley y con Barbara Crampton en el papel de mad doctor, Replace, por su parte, critica la obsesión por la eterna juventud de la sociedad actual construyendo un thriller de ciencia ficción que, con un ojo puesto en David Cronenberg y otro en Alfred Hitchcock y el giallo italiano, paradójicamente pone todo el acento en el estilismo visual de su puesta en escena.

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Lectura del palmarés de esta edición por parte del Jurado de la Sección Oficial.

Junto con Replace y Chimera, la representación de exponentes pertenecientes a la ciencia ficción dentro de la Sección Oficial se completaría con A Day (2017), Black Hollow Cage (2017) y Salyut-7 (2017). La primera pasa por ser una suerte de adaptación del esquema de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993) acorde a los parámetros narrativos, productivos y temáticos del cine comercial surcoreano, que tiene sus mejores bazas en un guion de hierro, la intensidad narrativa y claridad expositiva que le brinda un montaje nada sencillo, y la capacidad de su debutante director, Cho Sun-Ho, para graduar la evolución de los tonos en los que se desarrolla la historia; Black Hollow Cage supone la ópera prima del catalán Sadrac González-Perellón, quien para su debut se descuelga con un film de atractivo diseño de producción y cuidado aspecto visual que, tanto argumental como estéticamente, remite a la británica Ex Machina (Ex Machina, 2015) y a la española Los cronocrímenes (2007); en lo que respecta a la rusa Salyut-7, cabe comentar que no es tanto una película de ciencia ficción como un thriller de ambientación espacial. En realidad, su argumento dramatiza el arriesgado rescate del satélite que le da título llevado a cabo en 1985 por la agencia espacial soviética, poniendo un particular énfasis en los aspectos emotivos, épicos y patrióticos de una gesta que contaba con todos los condicionantes para acabar en fracaso. A nivel técnico, el film dirigido por Klim Shipenko evidencia su naturaleza de producción de gran presupuesto, luciendo una envoltura formal, tanto de fotografía, como de diseño o efectos, que no tiene nada que envidiar a las películas norteamericanas de similares características.

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Aaron Morhead y Justin Benson durante la rueda de prensa de “The Endless” en FANT.

Otra de las tendencias que evidenció la selección de films propuestos por FANT dentro de la Sección Oficial fue la proyección de la literatura de H. P. Lovecraft en la última hornada del cine de terror de raíz independiente. Dos fueron los títulos en los que quedó patente esta vertiente. De un lado Housewife (2017), la nueva locura de Can Evrenol, premio FANTrobia 2016, en la que el director turco explicita la deuda con el cine de terror italiano de los años ochenta que ya desplegara en Baskin (2015), y más en concreto con la obra en el periodo de Lucio Fulci, del que hereda su dinamitación de las convenciones narrativas y su gusto por el gore más desaforado. Y por otro con The Endless (2017), el nuevo trabajo de los norteamericanos Aaron Moorhead y Justin Benson, quienes además de encargarse de escribirlo y dirigirlo, también lo protagonizan, en una faceta hasta ahora inédita en su trayectoria. Sin llegar al nivel de magnificencia de Spring [bd/dvd: Spring, 2014], su anterior trabajo, The Endless vuelve a confirmar a sus responsables como dos de los nombres más interesantes del panorama fantástico actual. En ella, retornan al mundo que crearan en Resolution [dvd/tv: Resolution, 2012], su ópera prima, para continuar explorando los temas que han articulado su cine hasta la fecha: el amor, las relaciones humanas y la trascendencia. Toda una prueba bien palpable de la mirada personal e intransferible que el dúo de directores estadounidenses ha conseguido acuñar con tan solo tres películas.

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Los directores participantes de la sección “FANT en corto vasco” antes de la proyección de sus trabajos en la gala de inauguración.

La relación de ambas películas con el universo de Lovecraft se concretaría en dos detalles concretos. Por parte de Housewife en la aparición de unos gigantescos tentáculos dignos de Cthulhu asomando desde el cielo durante su apocalíptico desenlace, y en el caso de The Endless mediante la cita con la que se abre su metraje: “La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”, la misma frase de Lovecraft con la que, por cierto, también se inicia otra cinta vista en el certamen, la argentina Necronomicón (2018), de la que hablaremos más adelante.

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Por desgracia, el resto de integrantes de la Sección Oficial pertenecientes al género terrorífico no se mostraron tan entonados. Cinco años después de su anterior incursión, el cineasta japonés Ryuhei Kitamura regresa al cine estadounidense con Downrange (2017), film cimentado sobre una única situación, la de seis jóvenes y su coche averiado en una solitaria carretera a merced de un misterioso francotirador. Lejos de lo que cabría esperar a tenor de esta premisa, la película resultante queda lejos del ejercicio de tensión narrativa que se deduce de su planteamiento, viéndose aquejada de lo que podríamos denominar el síndrome del corto alargado. De este modo, su escueto argumento es a duras penas estirado cual chicle, prolongando las situaciones ad nauseam, y provocando que el tedio se apodere de su visionado. Para colmo de males, todo el esfuerzo de Kitamura se antoja estéril a la hora de dotar de un mayor dinamismo al conjunto, concentrando su labor en la creación de cierto estilismo visual y en la inclusión de puntuales ramalazos gore que, a la hora de la verdad, no logran sustentar por sí mismos el peso de la cinta. Otro film planteado sobre una situación única, al menos de partida, fue la francesa Hostile (2017), si bien en su caso el encierro de su herida protagonista en el interior de un vehículo mientras es acosada por los mutantes que asolan el mundo post-apocalíptico en el que se ambienta la trama es empleado como base sobre la que desarrollar una serie de flashbacks que reconstruyen el pasado del personaje. La película bifurca así su argumento en dos direcciones, desaprovechando su tópico y manido componente fantástico en favor de la articulación de un melodrama más propio de un telefilm de sobremesa que acaba por desembocar en una escena final que, aunque se pretende poética y sensible, resulta ridícula e incongruente.

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El cineasta canadiense Karl R. Hearne durante la rueda de prensa en FANT de su ópera prima, “Touched”.

También procedente del país galo y acompañada de un claro regusto retro en sus componentes, Revenge (2017) se reveló como una rape & revenge en toda regla que, si bien justifica el doble galardón a la mejor dirección y dirección novel obtenido en el pasado Festival de Sitges por su directora, Coralie Fargeat, merced a una estilizada y esteticista puesta en escena a caballo entre el cine italiano de los años setenta y un anuncio de colonias, se ve perjudicada por la tendencia de su guion de hacer inverosímil todo lo narrado. Esta apuesta del manierismo visual por encima de los aspectos dramáticos y narrativos, aquí caracterizada por la adopción de una hermosísima fotografía en blanco y negro, supuso también la base de November (2017), cinta estoniana un tanto en la línea de La bruja (The Witch, 2015), de indigestas ínfulas autorales y carente del más mínimo sentido del ritmo, y que se alzó con el premio a la dirección más innovadora entregado por el Cineclub Fas. Por último, en consonancia con el cartel oficial de este año, los fantasmas —personales, más que sobrenaturales— hicieron acto de presencia en Touched (2017), acreedora de ciertos hallazgos visuales y conceptuales, pero intrascendente en última instancia.

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Un momento del interesante encuentro “Dirección por mujeres en el cine fantástico”, con (de izda. a dcha.): la realizadora vasca Laura Silva, la actriz Itziar Castro, Vanesa Fernández, directora de ZINEBI, la realizadora de cortometrajes Arantza Ibarra e Issa López, directora de “Tigers Are Not Afraid”.

El verso suelto de la Selección Oficial vendría por parte de Matar a Dios (2017), debut en el formato largo de Caye Casas y Albert Pintó. Acorde al estilo acuñado por el tándem de realizadores durante su trayectoria en el campo del cortometraje, su ópera prima se desarrolla bajo las formas de una comedia negrísima de surrealista premisa: la llegada a una casa de campo donde una peculiar familia se dispone a celebrar la Nochevieja de un mendigo que dice ser Dios. Aunque durante su primera parte la película resulta fiel heredera de la comedia negra costumbrista practicada en nuestro país por Ferreri, Azcona y Berlanga, bien sea por la acidez de su sentido del humor como por el aprovechamiento de un reparto compuesto por habituales secundarios, superado el ecuador del metraje termina por perder fuelle una vez se imponen las pretensiones dramáticas y reflexivas perseguidas por sus responsables. En cualquier caso, Pintó & Caye no se fueron de vacío de su visita a Bilbao, ya que su cortometraje RIP (2017) fue el merecedor del premio del público, dentro de un apartado que, en lo que a galardones se refiere, se completó con Bailaora (2018) de Rubin Stein y Ziren (2017) de Aitzol Saratxaga, premios del jurado al mejor cortometraje y mejor cortometraje vasco, respectivamente.

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Fernando Albizu agradeciendo durante la gala de clausura el premio a la mejor interpretación de “FANT en corto” por su papel en “Aprieta, pero raramente ahoga”.

Al margen de la Selección Oficial, un año más FANT dio cabida en su propuesta a “Panorama Fantástico”, sección paralela destinada tanto al formato largo como al corto. En esta segunda disciplina, el film de animación À Chacun Sa Malédiction (2017) de la belga Lorène Yavo fue el ganador del premio al mejor cortometraje “por la creación de un universo especial y único, para hablar a través del fantástico de algo tan cotidiano como cercano”, según recogió el fallo del jurado formado para la ocasión por el cineasta Daniel Romero, la directora de videoclips, cortos y documentales Mentxu Sesar, y la directora del Festival Internacional de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao – ZINEBI, Vanesa Fernández Guerra, quienes también otorgaron una mención especial para Bye Bye Baby (2017) de Pablo S. Pastor, “por la impecable dirección y el uso de la estética a favor de una historia muy cinéfaga”. Si estos fueron los galardones para el formato corto, el premio del jurado al mejor largometraje recayó en Dhogs (2017), “por ser una película poderosamente visual, cruda y muy directa, y sobre todo, por la invitación a la reflexión que nos hace sobre el consumo de la violencia”. Aunque rodada en su gallego natal, Dhogs se impuso dentro de una sección con un marcado acento español, como recalca el hecho de que, de la media docena de títulos participantes, tan solo uno no tuviera nacionalidad española o no estuviera rodado en lengua castellana. La excepción que confirma la regla fue Games of Death (2017), producción canadiense que se presentaba como un festín de gore, humor gamberro y referencias ochenteras. Y lo cierto es que eso es lo que ofrece durante gran parte de su metraje, hasta que en su tramo final le da por ponerse seria a base de reflexiones filosóficas de baratillo, cuando no hay motivos ni mucho menos material para ello.

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Norberto Ramos del Val en el coloquio posterior a la proyección de su película “Call TV”.

De este modo, el resto de integrantes de “Panorama Fantástico” se repartieron entre dos películas españolas y otras dos argentinas. Estas dos últimas se trataron de Madraza (2017), tragicomedia sobre un ama de casa que accidentalmente acaba por convertirse en una asesina a sueldo, en la que destaca el trabajo interpretativo de sus actores protagonistas, y Necronomicón, bienintencionado homenaje al género terrorífico en general, y a la literatura de Lovecraft en particular, aunque muy por debajo de lo que cabría esperar de su atractivo punto de partida: la búsqueda en un Buenos Aires pre-apocalíptico de un ejemplar del libro escrito por el “árabe loco” Abdul Alhazred. La presencia nacional, Dhogs aparte, vendría por cuenta de Compulsión (2017) y Call TV (2017). La primera supone un interesante thriller de corte minimalista, en el que con apenas tres actores y una única localización, su director, Ángel L. González, realiza un encomiable ejercicio de estilo pleno de tensión narrativa, a base de oficio y un depurado dominio del tempo narrativo. Mucho menos ortodoxa resultó Call TV, con la que Norberto Ramos del Val cumplió su tradicional visita al festival vizcaíno. Esta vez lo hizo con un anárquico y personalísimo ejercicio metalingüístico en el que, fiel a su estilo, da cabida a sus habituales tics, filias, fobias y obsesiones. Puyas, reflexiones en voz alta y chicas en bikini componen la base principal de una película irreverente y provocativa, hasta el punto de reírse de ella misma, que demuestra que en muchas ocasiones el cine es, ante todo, actitud.

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Imagen de la exposición “Fotografía fantástica de Iñaki Marquina” que acogió el calendario de actividades paralelas de FANT.

“Panorama Fantástico” se desarrollaría de forma íntegra dentro de la sala 2 habilitada por FANT, cuya programación se completó con los homenajes dedicados a dos puntales del cine de terror moderno fallecidos el pasado año como George Romero y Tobe Hooper, además de la ya habitual selección de films de la distribuidora La Aventura Audiovisual, retrospectivas todas ellas que permitieron a los espectadores disfrutar en pantalla grande de clásicos como La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) o La matanza de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), junto con títulos del calibre de la magistral La casa de los horrores (The Funhouse, 1981), Atracción diabólica (Monkey Shines, 1988) o The Woman (The Woman, 2011). Todo ello con el añadido de que el acceso a dicha sala tuviera, un año más, carácter gratuito, lo que se reflejó en la numerosa asistencia registrada por la práctica totalidad de sus sesiones, y que pone de relieve el compromiso con el género y el público que demuestra un festival que el próximo año cumplirá sus bodas de plata con un estado de salud envidiable.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on junio 12, 2018 at 7:17 am  Dejar un comentario  
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La herencia de tía Ágata

Agatha Christie

«El mal nunca queda sin castigo, pero a veces el castigo es secreto»

Agatha Christie

Agatha Mary Clarissa Miller (1890-1976), más conocida por su seudónimo, es una de las autoras más traducidas del mundo y sus historias se han adaptado en multitud de ocasiones al teatro, al cine y a la pequeña pantalla. Según el El Libro Guinness de los Récords, Doña Agatha es la novelista más vendida de todos los tiempos con cuatro mil millones de novelas vendidas. Posiblemente más.

¿Quién no conoce a esta agradable señora, cuya imagen más icónica es la de una amable ancianita británica? ¿Quién no ha leído en algún momento una de sus historias policiales, simplemente como distracción veraniega? Mi primer contacto con la Christie viene de la adolescencia, pero no por leerla (algo que hice posteriormente, y durante los veranos, como no), si no por una cuestión casi académica. Cuando iba a estudiar el idioma natal de la susodicha en la Escuela Oficial de Idiomas de mi ciudad, siempre hacía un poco de tiempo antes de entrar. Eran cinco o diez minutos que pasaba viendo las tres cristaleras de un antiguo kiosko de barrio, no buscando porno, que aún no lo había, pero sí las portadas sexis de otras publicaciones de la época. Entre epidermis y epidermis, y más epidermis, se distribuían todas las novelas (algunas de las portadas ya estaban descoloridas) de la vieja colección de la editorial Molino (años 60 y 70). Los títulos y los diseños atraían más mi atención que los Lib o Interviú. 10 negritos, Asesinato en el Orient Express, Roger Ackroyd, Miss Marple… Ágatha Christie estaba ya difunta, o poco le quedaba.

Dirigido por

Mi segundo contacto de interés, aunque por el medio ya cayó alguna que otra adaptación, sin demasiadas resonancias en mi espíritu, salvo Billy Wilder[1], fue a través de la ya mítica revista Dirigido por… A mediados de los ochenta me pude hacer en una librería de viejo con algunos de los primeros números. El número 30 de febrero de 1976, coincidiendo con el fallecimiento de la autora, contenía un interesante artículo firmado por Rafael Miret Jorba titulado El último viaje del Orient Express. El autor del mismo ya reflexionaba, al respecto de la vinculación de la escritora y el cine, con las siguientes palabras: «Agatha Christie puede que pase a la historia de la literatura pero parece estar fuera de dudas que no estará con muchos honores en la historia del cine. ¿Responsables? Desde luego, la mayoría de los directores que han manipulado en la pantalla las creaciones de esta simpática abuela». Lo cierto es que terminaba lamentándose de lo costosa y vacía que le resultaba la adaptación más reciente (en su momento). Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express, Sidney Lumet, 1974), no es, posiblemente, ni la mejor película de su realizador, ni la mejor adaptación de Agatha Christie. Aunque el guion resulte un poco soso en su primera parte, yo diría que hasta aburrido, con un uso irritante de la banda sonora para generar tensión, y una interpretación casi caricaturesca y ridícula de Poirot, es, sin dudarlo, un film que se deja ver y que no carece de interés dentro de las escasas dieciocho cintas que hasta esa fecha se habían realizado sobre la obra de la escritora británica[2]. De todas ellas es la que mejor ha aguantado el paso del tiempo. Si bien para Lumet este film supuso una especie de interludio entre sus orígenes televisivos y sus primeras y destacadas cintas y sus posteriores trabajos más maduros y comprometidos como Network, un mundo implacable (Network, 1976) o El príncipe de la ciudad (Prince of the City, 1981).

Margaret Rutherford es Jane Marple

Margaret Rutherford caracterizada como Miss Marple.

De cualquier modo la película sentaría las bases de lo que iban a ser las posteriores producciones inspiradas por los retoños de la madre del suspense. Un empaque de lujo y una larga galería de estrellas. Llegaba la década de los ochenta, pero Agatha terminaría refugiándose en la televisión. Títulos como Muerte en el Nilo (Death on the Nile, John Guillermin, 1979), El espejo roto (Mirror Crack´d, Gury Hamilton, 1980), Muerte bajo el sol (Evil under the Sun, Guy Hamilton, 1982), con Peter Ustinov (Poirot) o Angela Lansbury (Miss Marple) sellarían esta etapa. Una etapa de la que reseñaría los films sobre el personaje de Miss Marple (los interpretados por Margaret Rutherford) como los más destacados. El tren de las 4’50 (Murder She Said, 1961), Después del funeral (Murder at the Gallop, 1963), La Sra. McGinty ha muerto (Murder Most Foul, 1964) y Asesinato a bordo (Murder Ahoy!, 1964). Todos ellos dirigidos por George Pollock (antiguo ayudante de dirección de David Lean), que luego añadiría una segunda versión de Diez negritos[3].

David Suchet, el Poirot televisivo hasta la tumba

David Suchet, el Poirot televisivo hasta la tumba.

Como ya hemos dicho, desde finales de los ochenta hasta bien entrado el presente siglo, la televisión ha sido el escenario perfecto para exhibir los productos que vende Doña Agatha. Los múltiples personajes de sus diferentes sagas, y hasta relatos independientes, han desfilado por la pantalla catódica, con especial predilección, en series bastante longevas, por la totalidad de las historias de la Srta. Marple y Hércules Poirot. De menor trayectoria literaria, trece novelas y varios relatos, la buena de Jane Marple, con su profundo conocimiento de la naturaleza humana, es el prototipo del investigador aficionado (figura, como el matrimonio de sabuesos que posteriormente se profesionaliza, bastante recurrente en la narrativa de la autora británica). Desde su idílico y ficticio St. Mary Mead, la Srta. Marple siempre le tiende una mano a los despistados policías de Scotland Yard. Debido a la edad del personaje, y las actrices que lo han interpretado, así como la duración en antena de sus aventuras, han tenido que cambiar la figura de la misma en varias ocasiones al fallecer las ancianas estrellas que la interpretaban. No ha sucedido así con el pulcro detective Poirot, al que hemos llegado a ver hasta en su último saludo en el escenario.

La bestia debe morir

Cartel original de “La bestia debe morir”.

Quizá mi recuerdo se vea ensombrecido por el paso de los años, y por no haber podido recuperar algunas de aquellas series como La hora de Agatha Christie (The Agatha Christie Hour, 1982) o Unidos frente al delito (Partners in Crime, 1983). Pero quizá es en algunos episodios autoconcluivos de ambas donde yo más disfruté como espectador del genuino suspense marca de la casa. Sobre todo con algunos episodios dirigidos por Paul Annett, cineasta formado precisamente en el medio y con hitos como Poldark (1975-76), y posteriormente el mejor Holmes televisivo (Jeremy Brett). Episodios como La hija del clérigo o Las botas del embajador te sumergían en esa atmósfera tenebrosa también presente en algunas de las mejores aventuras de Holmes. Annett dirigió únicamente dos largos para la pantalla grande, y precisamente uno de ellos, La bestia debe morir (The Beast Must Die, 1974), un film de hombres-lobo para la Amicus, tenía claras resonancias de la obra de Christie.

El Orient Express

Ya en la presente década, sin abandonar su fructífera relación con la pequeña pantalla, la grande vuelve a recurrir a sus historias, aunque de momento sea con un patético intento de resucitar al Poirot de Finney o Ustinov haciendo remakes de Asesinato en el Orient Express o Muerte en el Nilo, con un Kenneth Branagh, que tras haber probado fortuna, también televisiva, con el Wallander de Henning Mankell, nos ofrece, en la línea del Holmes de Ritchie/Downey Jr., un detective belga ágil y saltarín que parece buscar su lugar en el mundo más que al asesino. Muy teatralizante, muy ampulosa, muy esforzada, pero todo el metraje es un intento de encontrar su propio estilo narrativo y visual que, aunque no decepciona, esperamos que se asiente en la siguiente incursión. Es preferible disfrutarla en versión original, pues el idioma es una baza importante.

Como podemos comprobar con las líneas anteriores, el vaticinio del crítico de Dirigido por… se sigue manteniendo, y la lucha de Agatha Christie y el medio cinematográfico continúa.

Edición española

El film en el que nos vamos a centrar ahora es del mismo año de producción que el anterior, aunque llega a las pantallas más tarde. La casa torcida (Crooked House), parte de una de las novelas más queridas de la autora y se publicó por primera vez en 1949. El título, que obedece a las peculiares características de la mansión donde se alojan los personajes, erigida por el asesinado millonario griego Arístides Leónides para hospedar a su no menos extraña familia, puede también considerarse un símbolo o metáfora de las retorcidas almas y mentes de los que moran en ella. La novela se considera magistral por su sorprendente final, y he de reconocer que no he leído el libro, pero con el vicio adquirido tras ver tantas y tantas películas y leer tantos y tantos libros, al ver los primeros minutos supe, sin lugar a dudas, quién era el asesino que ese patoso detective novato, y enamoradizo protagonista, no consigue descubrir hasta el último momento, a pesar de los numerosos y claros indicios que apuntan hacia el sospechoso más evidente desde el principio.

Foto promocional de La casa torcida

Ya en 2011, el cineasta Neil La Bute (En compañía de hombres, Persiguiendo a Betty o The Wicker Man, entre otras) ya tuvo en su poder el guion de Jullian Fellowes (creador de la serie Downton Abbey, y también ocasional actor) y que hubieran protagonizado Gemma Arterton, Matthew Goode, Gabriel Byrne y Dame Julie Andrews. Al final ha sido el poco interesante, aunque efectivo, director francés Gilles Paquet-Brenner el que se ha llevado el gato al agua. La cinta está protagonizada por Max Irons, hijo de Jeremy y la actriz Sinéad Cusack, que, de momento, no parece haber heredado el talento interpretativo de sus progenitores y su abuelo, el veterano Cyril Cusack[4].

Glenn Close, lo mejor de La casa torcida

Aunque ha sido saludada por algunos como la mejor adaptación de una obra de Agatha Christie, lo cierto es que el film me pareció bastante soporífero y carente de interés, sobre todo al sospechar desde un principio quién era el asesino. Repito que no he leído la novela, pero conociendo a Agatha Christie, y el retrato de esa alta sociedad británica, de principios del siglo pasado, a la que casi pertenecía, tan grotesco en ocasiones, y que perfila en muchas de sus otras historias, está aquí, intencionado o no, más cercano a la comedia negra que al suspense, con unas caracterizaciones de los personajes, y hasta un diseño de cartel, más próximo a otras familias disfuncionales y siniestras como los Collins (Sombras en la oscuridad) o los Addams. Sólo hay que fijarse en Gilliam Anderson (Scully). Una sociedad caduca, aburrida, desocupada, que tiene que buscar otras motivaciones para seguir perviviendo en sí misma. Sea con estimulantes artificiales o con el crimen. Quizá esa sea su mejor baza, y la sabe jugar bien. Así como la brillante interpretación de la gran Glenn Close.

Miguel Ángel Plana Fernández

[1] Testigo de cargo (Witness for the Prosecution, 1958), y también con varias versiones en su haber.

[2] Sorprende que en los albores del cine sonoro, 1928, Julius Hagen y Leslie S. Hiscott dirigieran The Passing of Mr. Quin a partir de un relato de su autora que no sería editado hasta 1930, en formato de libro, si bien podría haber sido publicado en prensa o alguna revista con anterioridad. Esta historia forma parte de una antología de relatos aquí traducidos bajo el nombre genérico de El enigmático Sr. Quin. Se trata de uno de los personajes más extraños de la escritora. Harley Quin es un sustituto de Arlequín, que en la pantomima británica es un espíritu invisible. El Sr. Satterthwaite conoce al señor Quin, quien le enseña a observar y analizar, en plan Holmes. El libro está compuesto por doce cuentos que lo mismo presentan historias en las que hay que descubrir un asesinato o evitarlo. Es entonces cuando Mr. Quin se le aparece de súbito al caballero inglés. Una vez resuelto el caso, casi siempre relacionado con una pareja de amantes en problemas, éste desaparece tan misteriosamente como se apareció. A esta temprana obra le seguiría, en importancia, la más estimable Mortal sugestión (Love from a Stranger, Rowland van Lee, 1937), con Sir Basil Rathbone en el papel principal.

[3] La primera es de 1945 y se debe a René Clair, y después del Orient Express habría una nueva versión de Peter Collinson, con participación española, entre otras. En realidad, la de Pollock sería la tercera puesto que hay una producción previa de la BBC en 1949. Y como si no hubiese más historias de la Sra. Christie con el suficiente peso, ésta es una de las más versionadas.

[4] Jefe de bomberos de Farenheint 451 (FranÇois Truffaut).

Published in: on abril 20, 2018 at 5:45 am  Dejar un comentario  
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El hombre invisible

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INTRODUCCIÓN: EL MITO

Pocos autores se han mostrado tan influyentes a lo largo de la historia de la literatura como el inglés Herbert George Wells (1866-1946), considerado el padre indiscutible de la novela moderna de ciencia ficción, siendo su talento solo equiparable en este campo al del francés Jules Verne. Autor de obras tan populares y prestigiosas como La máquina del tiempo (The Time Machine, 1895), La guerra de los mundos (The War of the Worlds, 1897) o Los primeros hombres en la Luna (The First Men in the Moon, 1901), su obra ha sido tantas veces adaptada a diferentes medios de expresión artísticos, tanto de forma directa como indirecta, y en disciplinas tan dispares, y al mismo tiempo, tan ligadas entre sí, como el cine, la radio, la televisión o los comics, que sería casi imposible llevar la cuenta de las ocasiones en que esto ha sucedido.

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H. G. Wells

Junto con las arriba indicadas, una de sus novelas más famosas es El hombre invisible (The Invisible Man). Publicada originalmente en 1897 en forma de serial dentro de las páginas de la revista Pearson’s Magazine y editada como novela el mismo año, su historia sigue los pasos de Griffin, un científico que, tras varios experimentos, logra el secreto de la invisibilidad, utilizando dicho hallazgo accidentalmente sobre su propio cuerpo, sin que después sea capaz de encontrar la manera de volver a gozar de visibilidad. Dicha transparencia total acaba por tener un efecto secundario que convierte a Griffin en víctima de sí mismo, sumiéndole en la desesperación y la locura. Poco a poco, esta circunstancia le llevará a dar rienda suelta a su otro yo más siniestro, del que solo se librará al morir, momento en el que volverá a recobrar su apariencia original, esto es, ser de nuevo visible, lo cual emparentaría a la presente, en cierta manera, con El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde (The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde, 1886) del escocés Robert Louis Stevenson.

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Pese a que el tema no era nuevo en literatura, ya que había sido planteado previamente por uno de los discípulos de Edgar Allan Poe, el irlandés afincado en Estados Unidos, Fitz James O’Brien, en “¿Qué era aquello?” (“What Was it?”, 1859) —relato que, según parece, pudo servir de inspiración a Guy de Maupassant para crear “El Horla” (“Le Horla”, 1887)—, el éxito obtenido por el libro, unido al hecho de que el incipiente nuevo arte de la época, el cine, en su vertiente de caja mágica, comenzaba a producir pequeñas películas donde el tema de la invisibilidad cobraba protagonismo, en mayor o menor medida, solo era cuestión de tiempo de que tarde o temprano dicho texto fuera llevado a la gran pantalla. Esto ocurriría en 1933 de manos de la Universal, en un momento en el que por aquellas mismas fechas la Paramount se encontraba también adaptando otra novela de Wells, en este caso La isla del doctor Moreau (The Island of Doctor Moreau, 1896) con la maravillosa La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls, 1933). De esta forma se daba el pistoletazo de salida a las andanzas cinematográficas de su inapreciable protagonista, si bien algunas fuentes señalen dos versiones silentes anteriores, una francesa rodada por Pathé en 1909 y una italiana realizada tan solo un año después.

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Sea como fuere, el caso es que la cinta que sentó las bases de las futuras versiones de la novela de Wells, y por extensión las de su icónico personaje, fue El hombre invisible (The Invisible Man, 1933) de James Whale. Gran parte de su tremendo éxito se basaría en sus revolucionarios efectos especiales, obra de John P. Fulton, para los que tuvo que retocar a mano nada menos que 64.000 fotogramas, y el talento innato de su director, quien venía de hacer lo propio tan solo un par de años antes con la obra más famosa de Mary Shelley en El doctor Frankenstein (Frankenstein, 1931), con resultados absolutamente memorables. Al igual que ocurriera con otros títulos coetáneos de terror de raíces literarias producidos por la Universal, la película daría inicio a una saga sobre las peripecias de su “monstruo” protagonista, iniciada por El hombre invisible vuelve (The Invisible Man Returns, 1940) de Joe May, a la que seguirían La mujer invisible (The Invisible Woman, 1940) de A. Edward Sutherland, The Invisible Agent (1942) de Edwin L. Marin, La venganza del hombre invisible (Invisible Man’s Revenge, 1944) de Ford Beebe, hasta llegar a la inevitable parodia para el lucimiento de la pareja cómica de la casa en Abott and Costello Meet the Invisible Man [tv/DVD: Abott y Costello contra el hombre invisible, 1951] de Charles Lamont, si bien el personaje ya había aparecido con anterioridad haciendo un pequeño cameo en Abott y Costello contra los fantasmas / Bud Abott y Lou Costello contra los fantasmas (Abott y Costello Meet Frankenstein, 1948) de Charles T. Barton.

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El hombre sin sombra

Tras la fundacional película de Whale, muchos han sido los títulos que, con resultados desiguales, han versioneado este mito terrorífico, aunque ninguno haya sido capaz de lograr llegar a su nivel. Y eso, a pesar de que cineastas del prestigio e interés de Paul Verhoeven con El hombre sin sombra (Hollow Man, 2000) o John Carpenter con Memorias de un hombre invisible (Memoirs of an Invisible Man, 1992), por un lado, y cinematografías tan diferentes y dispares como la turca, con la ignota Görünmeyen adam Istanbul’da (1955) de Lutfi Akad, la rusa, con Chelovek-nevidimka (1984) de Aleksandr Zakharov, la japonesa, con Tomei Ningen (1954) de Motoyoshi Oda, la mexicana, con El hombre que logró ser invisible (1957) de Alfredo B. Crevenna, la alemana, con El hombre invisible (Der Unsichtbare, 1963) de Raphael Nussbaum, la trasalpina, con Flashman contra el hombre invisible (Flashman, 1967) de Mino Loy, o la española, bien en coproducción con Italia como en El hombre invisible / L’inaferrabile, invincibile Mr. Invisibile (1970) de Antonio Margheriti, o con Francia, caso de Orloff y el hombre invisible / La vie amoureuse de l’homme invisible (1971) de Pierre Chevalier, han aportado su punto de vista sobre el personaje, abordándolo desde tratamientos cómicos hasta terroríficos, pasando por la ciencia ficción o el erotismo, aprovechando de este modo la cantidad de posibilidades y variantes a las que se presta la naturaleza de esta figura del imaginario fantástico.

Tampoco la pequeña pantalla ha sido inmune a los encantos del personaje, y multitud de series y telefilmes han retratado las andanzas de este, siendo una de las pioneras la serie británica de la I. T. C. (Incorporated Television Company), El hombre invisible (H. G. Well’s Invisible Man).

LA SERIE

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Emitida originalmente en Gran Bretaña entre el 14 de septiembre de 1958 y el 5 de julio de 1959 por Associated TeleVision y en Estados Unidos entre el 13 de junio de 1959 al 19 de diciembre de 1959 a través de la CBS[1], la serie permaneció inédita en España hasta la llegada de las plataformas digitales, siendo programada por el canal especializado Calle 13 y más tarde editada en formato DVD en su versión íntegra por parte de Suevia Films.

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Creada por el australiano Ralph Smart[2], quien contó para el desarrollo del proyecto con Ian Stuart Black —autor posterior de varios capítulos de Doctor Who, concretamente de “The Savages” y “The War Machines” para el Doctor de William Hartwell y “The Macra Terror” para Patrick Troughton—, encargado a su vez de la coordinación del trabajo de los demás guionistas, El hombre invisible narra las peripecias del doctor Peter Brady, un científico que, tras un accidente de laboratorio mientras experimentaba con la densidad óptica y la refracción, se vuelve invisible junto con parte de su vestimenta. A partir de ese momento, y mientras busca la manera de encontrar una cura, se ve envuelto en mil y una aventuras a favor de la ley y el orden, ya sea en solitario o en compañía de su familia, compuesta por su hermana viuda y de la hija de esta.

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Sin embargo, el camino hasta alcanzar el formato final de la serie no fue nada fácil. El primer capítulo piloto, donde el actor canadiense Robert Beatty ponía la voz a Peter Brady, no fue del agrado de Smart, alegando este un resultado demasiado juvenil y unos FX demasiado toscos y poco creíbles. Pese a que este piloto nunca fue emitido íntegramente, algunas de las escenas rodadas fueron aprovechadas para el siguiente piloto, llamado “El experimento secreto” y para los capítulos “Asalto al banco” y “Picnic con la muerte”.

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Así las cosas, se rodó un segundo piloto, que dio como resultado “El experimento secreto”, consiguiendo la aprobación de Smart y marcando el camino a seguir por el resto de la serie. En dicho piloto ya se encuentra la definitiva voz de Brady, la del actor Tim Turner[3], a pesar de que no apareciera acreditado desempeñando tal función —aunque sí lo hará en el episodio titulado “Detrás de la máscara”, donde interpreta físicamente a uno de los villanos—, al igual que Johnny Scripps, actor que presta su cuerpo para el personaje protagonista. Tal circunstancia responde a una jugada comercial de Smart con el objeto de conseguir una publicidad extra, guardando así en secreto el nombre de los actores que daban vida a Brady, algo similar, en cierto sentido, a la realizada por la Universal en los años treinta en El doctor Frankenstein, en la que también se ocultaba la verdadera identidad del actor que interpretaba a la criatura, es decir, Boris Karloff, acreditado al final como una interrogante.

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A pesar de que en el título original se acredita la autoría de H. G. Wells, pocos son los puntos en común que la serie mantiene con la creación de este, por no decir ninguno. Si en la novela original, como ya se ha dicho, la invisibilidad conducía a su protagonista a una especie de locura que lo empujaba a la criminalidad, en este caso el personaje de Brady utiliza sus nuevas habilidades para convertirse en una especie de agente secreto, más bien un superhéroe adalid de la justicia, lo cual emparenta a la presente serie con The Invisible Agent, una de las mencionadas integrantes de la serie dedicada al personaje por la Universal, en la que el nieto de Jack Griffin se hacía inocular el suero de la invisibilidad para infiltrarse en la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, con el fin de poder colaborar en lograr la victoria de los aliados.

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Así, durante los 26 capítulos auto conclusivos de 25 minutos de duración divididos en dos temporadas que conforman la serie, Brady se enfrentará, bien sea por voluntad propia o por intercesión de la administración británica, a gobiernos árabes, soviéticos, ladrones, mafiosos y terroristas, en pos de su lucha por el bien (sic) —salvo raras excepciones, caso del, sobre el papel, interesante “Sombra explosiva”, bajo un esqueleto argumental bastante similar y simple, algo que se deriva parcialmente de la escasa duración estándar de cada episodio, desempeñando por lo general un personaje secundario dentro de la trama, para en los minutos finales acabar desbaratando los planes del villano de turno, y sentando de esta forma las que serían las bases de la mayoría de las futuras series que tratarían el personaje, con quizás la única excepción de la producción de la BBC de 1984 The Invisible Man, esta sí fiel al espíritu del texto que adaptaba.

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Si argumentalmente la serie bebe de la citada The Invisible Agent, su estética remite a las pautas marcadas por la fundacional El hombre invisible, por la que habían transcurrido todas las versiones del mito aparecidas hasta la fecha. De esta manera, la apariencia visible del hombre invisible, valga la redundancia, es idéntica a lo visto en la película de Whale; esto es, manos enguantadas, cabeza vendada con gafas de sol y sombrero y un largo abrigo cubriendo el resto del cuerpo. Como novedad, las ropas que lleva puestas Brady durante el accidente que le vuelve invisible corren la misma suerte que él al ser de algodón, lana u otro material de origen animal, por lo que las veces que vemos, mejor dicho, no vemos a Brady, no es porque vaya desnudo, sino porque lleva dichos ropajes.

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Asimismo, los efectos especiales de nuevo se encaminan a lo visto en la saga de la Universal y, pese a que hubieran pasado más de veinte años entre el título fundacional de aquella y la presente serie, en ningún momento el trabajo del encargado de los trucajes de la serie, Jack Whitehead, responsable a su vez de este apartado en títulos como Hamlet (Hamlet, 1948) de Sir Laurence Olivier o Devil Girls From Mars [dvd: Devil Girls From Mars, 1954] de David MacDonald, llega a superar el trabajo realizado por John P. Fulton, sino, en el mejor de los casos, a igualarlos, si bien en su descargo habrá que decir que a buen seguro el presupuesto destinado para tales menesteres en una y otra producción no sería equiparable.

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De este modo, los efectos derivados del movimiento de objetos están recreados a través de cables o de la mímica de los actores, siendo las menos en las que dichos trucos están realizados mediante transparencias. Cuando esto ocurre, caso del plano en el que el hombre invisible se quita las vendas de la cabeza para mostrar su no rostro, la secuencia es repetida en infinidad de capítulos, produciendo al mismo tiempo un error de continuidad con los decorados en donde se desarrolla el resto de la escena, fallos estos, los de racor, por otra parte bastante recurrentes a lo largo de la serie.

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Por otro lado, las ocasiones en que Brady conduce su coche sin ningún atuendo visible esta realizado gracias al trabajo de los especialistas, quienes se ocultaban agachados en el interior de los vehículos, guiándose gracias a alguna pequeña rendija habilitada a tal efecto. Lo mismo ocurre cuando solo es visible el largo abrigo de Brady, fruto del trabajo de un actor de pequeña estatura, el cual veía a través de dos agujeros realizados a tal propósito en los botones del gabán. En la segunda temporada de la serie, tal vez con el objeto de simplificar y ahorrar costes, la cámara a menudo adoptaría la vista subjetiva de Brady, reduciendo así el número de planos donde fueran necesarios la utilización de efectos especiales.

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Todo ello, en suma, hacen de El hombre invisible una serie de un nivel bastante discreto, al que el transcurrir de los años no ha ayudado en absoluto, acrecentando aún más sus defectos, pero que puede resultar interesante, siempre y cuando se vea con los ojos adecuados y acompañados de cierta perspectiva histórica.

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Dejando a un lado su intrínseco valor como producto audiovisual, si hay un aspecto en el cual destaca El hombre invisible es en el número de talentos que intervinieron en su génesis. Si leemos detenidamente las fichas técnicas de los distintos capítulos que la conforman, aparte de los citados Smarth y Stuart Black, en la sección de realizadores nos encontramos a C. M. Pennington-Richards, operador de fotografía en la versión dirigida en 1956 por Michael Anderson de la novela homónima de George Orwell 1984, y a su vez director de la simpática cinta de aventuras de la Hammer A Challenge for Robin Hood [dvd: Un desafío para Robin Hood, 1967], o Quentin Lawrence, director de El hombre que murió dos veces (The Man Who Finally Died, 1963), o de The Trollenberg Terror, tanto de la desaparecida serie televisiva de 1956 como de la versión en 1958 para la gran pantalla a la que dio lugar, esta última con libreto de Jimmy Sangster.

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Douglas Hickox dando instrucciones a John Wayne durante el rodaje de Brannigan

En muchos capítulos, como director de la segunda unidad hallamos que a Douglas Hickox, responsable de la coproducción entre AIP y la Amicus protagonizada por Vincent Price Matar o no matar, ese es el problema (Theater of Blood, 1973), o de Amanecer Zulú (Zulu Dawn, 1979), la precuela de la magnífica Zulú (Zulu, Cy Endfield, 1964), para la que contaría con un reparto impresionante en el que se dan cita actores de la talla de Burt Lancaster, Peter O’Toole o Bob Hoskins, entre otros. Aparte, también dirigiría en 1983 una versión catódica de la novela de Sir Conan Doyle El perro de los Baskerville, siendo en el terreno personal padre de Anthony Hickox, irregular cineasta cuya trayectoria se ha enfocado a los terrenos del fantástico, destacando su opera prima Waxwork [vd/bd: Waxwork, la casa de cera, 1988].

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Brian Clemens

Entre la marabunta de guionistas que conforman el plantel de la serie, la gran mayoría eminentemente televisivos, también encontramos varios nombres familiares, caso de Michael Pertwee, que, entre otros trabajos, intervino en la traslación del musical de Brodway A Funny Thing Happened on the Way to the Forum que daría lugar a la desternillante Golfus de Roma (A Funny Thing Happened on the Way to the Forum, 1966) del gran Richard Lester; Stanley Mann, especializado en la adaptación de textos literarios a la pantalla, bien de forma directa, caso de Viento en las velas (A High Wind In Jamaica, Alexander Mackendrick, 1965), El coleccionista (The Collector, William Wyler, 1965), El ojo en la aguja (Eye of the Needle, R. Marquand, 1981), u Ojos de fuego (Firestarter, Mark L. Lester, 1984), según las novelas de Richard Hughes, John Fowles, Ken Follet y Stephen King, respectivamente; o bien, de forma indirecta, caso de la citada Matar o no matar, ese es el problema, Conan el destructor (Conan the Destroyer, 1984) de Richard Fleischer, o La maldición de Damien (Damien: Omen II, 1978) de Don Taylor. Sin embargo, si un nombre destaca dentro de este apartado este es, sin duda, el de Brian Clemens, entre otras muchas cosas creador de las famosas series Los vengadores (The Avengers; 1961-1969) y Los profesionales (The Professionals; 1977-1983), y que aquí aparece acreditado con el nombre de Tony O’Grady.

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A la izquierda André Morell y a la derecha Andrew Keir en una escena de la serie

El reparto de actores tampoco se queda atrás, y así, a lo largo de los 26 capítulos de la serie, podemos ver a Desmond Llewelyn, Q en la saga de James Bond, Joan Hickson, Miss Marple en la serie de telefilmes sobre el personaje producidos por la BBC en los años ochenta, Peter Sallis, voz de Wallace en la versión original de los dibujos animados Wallace & Gromit, Irene Handl, Honor Blackman, Patrick Troughton, Ian Hendry o varios nombres relacionados con el fantástico. En este apartado podemos mencionar a los habituales de la Hammer Michael Ripper, André Morell y Andrew Keir, el inolvidable doctor Quatermass de ¿Qué sucedió entonces? (Quatermass & the Pit, Roy Ward Baker, 1967); el flemático Dennis Price, o Hazel Court, reina del grito a los dos lados del charco durante finales de los cincuenta hasta mediados de los sesenta, gracias a su participación en títulos como La máscara de la muerte roja (The Masque of the Red Death, 1964), La obsesión (Premature Burial, 1962) y El cuervo (The Raven, 1963), todos ellos dirigidos por Roger Corman, y La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein, 1958) y The Man Who Could Cheat Death [dvd: El hombre que podía engañar a la muerte, 1959], estos últimos con Terence Fisher a los mandos.

José Luis Salvador Estébenez

[1] El número de episodios emitidos en Estados Unidos varía dependiendo de las fuentes consultadas. Mientras unas sostienen que fue emitida de forma íntegra, otras afirman que solo fueron trece los capítulos vistos en Norteamérica, variando también las fechas de emisión de los mismos.

[2] Nacido en Sydney (Australia) en 1908, Ralph Foster Smart fue un productor, guionista y director especializado en televisión. Comenzó trabajando en Gran Bretaña al lado del director Michael Powell en la producción de pequeñas cintas de serie B para rellenar la “cuota quickies”. Después de la Segunda Guerra Mundial, donde se unió a las Fuerzas Aéreas Reales australianas, trabajó para la Rank Organisation y los famosos estudios Ealing, regresando a su país natal para dirigir varias películas, entre ellas su considerada obra maestra, Bitter Spring (1950), sobre el maltrato sufrido por los jóvenes aborígenes. De vuelta a Gran Bretaña se hizo muy influyente dentro de la televisión, medio por el cual es hoy en día recordado gracias a su trabajo al frente de series como The Adventures of Robin Hood, o, especialmente, Cita con la muerte (Danger Man; 1959-1960), germen de la famosa El prisionero (The Prisoner; 1967). Falleció en 2001 a los 93 años de edad en Bowen, en el estado de Queensland, Australia.

[3] Años después volvería a ceder su voz, de nuevo sin ser acreditado, para esa pequeña joya llamada Jasón y los argonautas (Jason and the Argonauts, Don Chaffey, 1963).

Published in: on marzo 28, 2018 at 6:00 am  Dejar un comentario  

Crónica de la XV Muestra Syfy de Cine Fantástico

Entre los pasados 8 y 11 de marzo el Cine de la Prensa de Madrid acogió una nueva edición de la Muestra de Cine Fantástico y de Terror Syfy, que festejaba así su decimoquinto aniversario. A pesar de esta efeméride, el evento organizado de forma conjunta por el canal temático de NBC Universal que le da nombre y Versus Entertainment repetiría el modelo acostumbrado en los últimos años. La principal novedad en este sentido se encontraría en la recuperación de la proyección de cortos tras la ausencia del año pasado, esta vez limitados a dos únicos títulos en las sesiones de la diez de la noche del viernes y el sábado. Por lo demás, su configuración seguía la fisonomía ya conocida: diecisiete sesiones correspondientes a otros tantos films distribuidas a lo largo de cuatro jornadas, y divididas a su vez entre las quince proyecciones de la Muestra propiamente dicha y las dos matinales del fin de semana destinadas a la sección “Syfy Kids”.

En cuanto a los títulos programados, cabe llamar la atención de que, si hace doce meses la Muestra se había apuntado el tanto de contar con las premieres nacionales de dos estrenos de la expectación de Logan y Kong: La isla Calavera, en esta edición presentaría un grupo de producciones de un perfil más bajo. A este respecto, quizás los exponentes más mediáticos se encontrarían en la película de Walt Disney Un pliegue en el tiempo, aunque solo fuera por la presencia en su reparto de la popular presentadora televisiva Oprah Winfrey, y Pacific Rim: Insurrección, secuela del film de Guillermo del Toro que a la postre sería sustituido a última hora por el thriller de ciencia ficción Siete hermanas. Siguiendo con el tema, es también de destacar que, probablemente, debido al cambio de fechas efectuado por “Nocturna”, la presencia de films galardonados en el último Festival de Sitges se vería bastante reducido con respecto a anteriores ocasiones, lo que, casualidad o no, acabó reflejándose en la calidad media de los films proyectados. Esto no quita para que, respondiendo al que debe ser el objetivo de un certamen de estas características, la selección de films presentada resultara de lo más variada, tanto en sus formas como en su procedencia, ofreciendo una heterogénea panorámica de maneras de abordar y entender el fantástico, si bien, en honor a la verdad, la vinculación con el género de algunos de los exponente sería cuanto menos discutible.

Primera jornada: jueves 8

Con la lluvia como testigo, la cola que daba acceso al Cine de la Prensa se confundía con la multitud de asistentes a la manifestación por el Día Internacional de la Mujer, que transcurría por una Gran Vía colapsada de gente. Con este telón de fondo arrancaba la sesión inaugural de la decimoquinta edición de la Muestra. Precisamente, con motivo de la huelga feminista la habitual maestra de ceremonias del certamen, Leticia Dolera, dejaba momentáneamente su puesto a Gorka Villar, director de marketing de NBC Universal España, y encargado asimismo de presentar las sesiones matinales del sábado y el domingo. En su intervención, además de repasar por encima lo que nos iba a deparar las siguientes jornadas, Villar anunciaba por sorpresa el cambio efectuado en la programación. Debido a indeterminados “problemas técnicos” Pacific Rim: Insurrección se caía de la gala de clausura, siendo su lugar ocupado por Siete hermanas, en lo que se antoja una solución de última hora, habida cuenta que la película protagonizada por Noomi Rapace había sido ya estrenada en salas españolas de forma limitada el pasado 1 de marzo. No obstante, en una decisión que la honra, la organización anunciaba la celebración el martes 20 a las 8 de la tarde de un pase especial de la cancelada Pacific Rim: Insurrección para abonados, acreditados y todos aquellos espectadores de la Muestra que hubieran adquirido su localidad para la sesión del domingo.

Acorde al espíritu de una jornada plagada de guiños feministas, la película escogida para dar el pistoletazo de salida a esta edición de la Muestra era Un pliegue en el tiempo, film que, como Villar recordara durante su presentación, está escrita, dirigida y protagonizada por féminas. La confesada idea que se perseguía con ello era la de reivindicar el talento de las mujeres en el cine, si bien vistos los resultados la intención diríase justo la contraria. Y es que, sin conocer la novela homónima en la cual se basa, lo cierto es que su versión cinematográfica peca de ser un conglomerado de elementos procedentes de El mago de Oz, La historia interminable y Alicia en el país de las maravillas. Pero si los referentes en los que bebe parecen claros desde un primer momento, no lo es menos su planteamiento narrativo, comenzando por el hecho de que su protagonismo recaiga en la enésima adolescente con problemas de bullying integrante de una familia desestructurada, en este caso debido a la desaparición de su padre en misteriosas circunstancias, que encontrará en la dimensión de la fantasía la solución a sus problemas. Con tan arquetípico punto de partida, el resto de la trama se desarrolla bajo los cauces de lo manido y lo previsible, enlazando tópico tras tópico a lo largo de su recorrido. Semejante pobreza conceptual es coronada, entre otros muchos defectos, por una estética de lo más hortera, y una dirección que confunde el sentido de la maravilla con el concurso de planos atiborrados de efectos por CGI, conformando uno de los títulos más olvidables de toda la Muestra, sobre todo en vista del derroche de medios despilfarrados en el empeño. Por cierto que, a modo de curiosidad, al contrario de lo que suele ser norma dentro del certamen, la película sería proyectada en su versión doblada al castellano, sin que en ningún momento se aclararan cuáles eran los motivos de tal cambio.

Segunda jornada: viernes 9

Pasadas las tres y media de la tarde, la segunda jornada de la Muestra echaba a andar con As boas maneiras, cinta brasileña que llegaba a Madrid con el aval del premio de la crítica recibido ex aequo con El sacrificio de un ciervo sagrado en la pasada edición de Sitges. Y lo cierto es que no defraudó esta personal interpretación del mito licantrópico, a pesar de la irregularidad de un conjunto al que también perjudica una exagerada duración de dos horas y cuarto. Dividida en dos mitades muy marcadas, a tal punto de parecer pertenecer a dos películas distintas, la primera acumula los principales aciertos. Con tan solo un par de personajes y una única localización, el tándem formado por Marco Dutra y Juliana Rojas construye un atractivo universo femenino a través de la relación lésbica que se establece entre sus dos protagonistas, utilizando para ello decisiones tan significativas como la elusión mediante la puesta en escena de toda presencia masculina en pantalla. Es una lástima, así las cosas, que una vez se produzca el hecho sobre el que pivota el argumento sus directores se olviden de todo lo mostrado hasta el momento para cambiar diametralmente de registro, abriendo la película a espacios y personajes, y perdiendo con ello en interés para ganar en dispersión narrativa, hasta convertirse en un relato bastante convencional en torno a las relaciones paternofiliales, más allá de su modernización de los lugares comunes del gótico cinematográfico codificado por las películas de monstruos clásicos de la Universal acorde a la época actual. Con todo, esto no quita para que en sus compases finales la cinta consiga remontar el vuelo, brindando alguno de los planos más emotivos y estremecedores que uno recuerda dentro del cine reciente. Otro elemento a destacar en este segmento es el uso que en determinados momentos se hace de la inclusión de canciones con fines narrativos, y que dan como resultado algunos momentos musicales ciertamente arriesgados.

El buen sabor de boca dejado por As boas maneiras sería, no obstante, superado por la siguiente A Day, sin duda uno de las más agradables sorpresas dejadas por esta edición de la Muestra. A primera vista, se trata de un exponente de manual del cine comercial surcoreano; un característico melodrama con la singularidad de estar construido sobre el típico esquema de “el día de la marmota” que popularizara Atrapado en el tiempo. Sin embargo, una vez presentado su planteamiento, y cuando parece que la fórmula en que se apoya su discurrir narrativo está próxima agotarse, la película comienza a bifurcarse en múltiples direcciones a través de calculados giros de guion, dando paso a una historia que reflexiona sobre el egoísmo o las consecuencias de nuestras acciones, todo ello inserto dentro del entorno de la familia, tema por excelencia del cine más reciente procedente de Corea del Sur. Pero además de por los atributos de un guion de hierro, la solidez de sus resultados no sería la misma sin la intensidad narrativa que le dota un montaje nada sencillo, su pasmosa claridad expositiva, a pesar de lo intrincada que en ocasiones se vuelve su trama y, sobre todo, la extraordinaria capacidad de su debutante director, Cho Sun-Ho, para graduar con total naturalidad la progresiva evolución de los tonos dramáticos que va adquiriendo la historia, bien apoyado en el óptimo rendimiento de su elenco interpretativo, sin por ello descuidar las escenas espectaculares visual y técnicamente que toda producción de aquellas latitudes parece obligada a incluir.

Ausente del certamen hasta entonces, Leticia Dolera hacía acto de presencia para presentar el pase de Downrange. Cinco años después de su anterior incursión, el cineasta japonés Ryuhei Kitamura, del que hace años pudiéramos ver en este mismo marco su adaptación de Clive Barker El vagón de la muerte, regresa al cine estadounidense con este film cimentado sobre una única situación, la de seis jóvenes junto a su coche averiado en mitad de una solitaria carretera a merced de un misterioso francotirador. Por desgracia, lejos de lo que cabría esperar a tenor de esta premisa, la película resultante está lejos del ejercicio de tensión narrativa que se deduce de su planteamiento, viéndose aquejada de lo que podríamos denominar el síndrome del corto alargado. De este modo, su escueto argumento es a duras penas estirado cual chicle, prolongando las situaciones ad nauseam, y provocando así que el tedio pronto se apodere del visionado. Incluso la llegada de nuevos personajes superado el ecuador de la cinta es totalmente desaprovechada para utilizarlos, única y exclusivamente, como víctimas propiciatorias del matarife de turno, sin preocuparse de procurarles de un mínimo peso narrativo. Para colmo de males, a pesar de sus interminables escenas de diálogos, el film tampoco acierta en su intento por profundizar en los caracteres de los personajes protagonistas. Con semejante material entre manos, poco puede hacer un Kitamura estéril a la hora de dotar de un mayor dinamismo al conjunto, concentrando su labor en la creación de cierto estilismo visual así como en la inclusión de puntuales ramalazos gore que, a la hora de la verdad, no logran sustentar por sí mismos el peso de la cinta.

La cuarta sesión del día tenía como entrante el primero de los dos cortometrajes programados, con cuya inclusión los organizadores se aseguraban la participación española en el certamen. Lo hacía con la presencia sobre las tablas de la Sala 1 del Cine de la Prensa de los principales responsables de La última cita, el cual fue presentado por su director y guionista, David Baquero, como una “reflexión sobre la vida desde el punto de la vista de la muerte”. Pretenciosa definición para un trabajo mucho menos profundo de lo que se pretende, haciendo gala de una sencillez desde el punto de vista formal y narrativo que delata su condición de simple anécdota argumental, cuyo potencial es confiado al efecto de su giro final antes que en la formulación de disquisiciones metafísicas, en realidad inexistentes.

Turno entonces para uno de los platos fuertes de la jornada, y me atrevería a decir de toda la edición. Tras acoger hace dos años su debut con el western terrorífico Bone Tomahawk, la Muestra traía la segunda película como director de S. Craig Zahler, Brawl in Cell Block 99; un film con el que el habitualmente guionista confirma y supera los logros de su, un tanto, sobredimensionada ópera prima, utilizando análogos elementos. De este modo, retoma de ella su ritmo pausado y estructura argumental para componer un contundente thriller carcelario que bebe tanto del cine de explotación de los años setenta como del mundo de cómic. Al igual que en Bone Tomahawk, el descenso a los infiernos del personaje protagonista para salvar la vida de su secuestrada esposa es la base de una propuesta que tiene sus principales hallazgos en unos diálogos afilados, unos estallidos de violencia plasmados en pantalla con superlativa crudeza y el carisma que derrocha un sobresaliente Vince Vaughn en un registro totalmente distinto a los papeles cómicos que le han hecho popular entre el gran público, bien secundado por las aportaciones de dos ilustres veteranos de la talla de Udo Kier y Don Johnson, este último impagable como despiadado alcaide de un inhumano presidio.

Con casi media hora de retraso con respecto al horario previsto, la jornada terminaba con la primera de las sesiones golfas de este año. El título escogido para tal menester fue Mayhem, dirigida por el habitual del género Joe Lynch. Tomando como base la fórmula del cine sobre infectados, Lynch y su guionista, Matias Caruso, se descuelgan con una negrísima comedia, gamberra y sanguinaria, que satiriza con incisiva acidez el ambiente y la competitividad laboral de las grandes empresas estadounidenses y, muy particularmente, el de los bufetes de abogados, poniendo en el centro de su diana la falta de escrúpulos de una mentalidad en la que lo único que importa es el triunfo profesional a toda costa, aunque sea por medio de destripar al compañero de al lado. Algo que, literalmente, ocurre en la película, una vez que un extraño virus elimine las inhibiciones sociales de los trabajadores de una importante consultora de abogados, dando pie a una adrenalínica cinta repleta de acción con estructura de videojuego, en la que sus dos personajes principales, interpretados perfectamente por Steven Yeun y Samara Weaving, tendrán que superar los diferentes niveles en los que se divide la empresa hasta llegar a las dependencias de las altas esperas, para poder llevar a cabo su venganza de clase. El resultado, ni qué decir tiene, se erige en todo un festín para los amantes al cine de Serie B, que puso la guinda perfecta a la jornada del viernes.

Jornada 3: sábado 10

Una sala atestada de padres acompañados de sus vástagos daba la bienvenida a la primera de las sesiones de “Syfy Kids”, la sección de la Muestra dedicada a los más pequeños de la casa. Por este motivo, la cinta a visionar era Peter Rabbit, la traslación al medio del personaje de literatura infantil creado a comienzos del pasado siglo por la británica Beatrix Potter. Aunque poco fiel a la obra en que se basa y bastante predecible en su desarrollo, la película acaba por erigirse en un simpático divertimento, tan entretenido como intrascendente. Dejando a un lado el alto nivel de los efectos infográficos empleados para dar vida a la nutrida fauna animal que puebla el metraje, y se entremezcla con total naturalidad con los actores de carne y hueso, ello es posible gracias a la adopción del estilo de cartoon con el que narra el enfrentamiento que mantiene el conejo protagonista con su nuevo vecino humano. Sin abandonar en ningún momento los cauces propios de una producción destinada a todos los públicos, tal planteamiento fructifica en la apuesta por una comicidad basada en su mayoría en gags físicos, lo que se traduce en un puñado de agradecidos momentos de puro slapstick, perfectamente resueltos desde el apartado técnico e interpretativo, con un Domhnall Gleeson, popular por su papel del general Hux de la nueva trilogía de Star Wars, que diríase habérselo pasado en grande durante el rodaje.

Tras una pausa de un par de horas, a eso de las cuatro de la tarde la Muestra regresaba con la producción china Have A Nice Day, representante del cine de animación dentro de la programación de este año y, sin duda, una de las que más reacciones negativas despertaría durante su pase por parte del siempre ruidoso público del certamen. ¿El motivo? Su animación minimalista. Ya no es que esta resulte en todo momento de lo más estática; es que su dirección parece estar encaminada a animar el menor numero posible de planos, alargando para tal fin las situaciones más de lo recomendable o empleando determinados recursos visuales de lo más gratuitos cuya inclusión solo parece responder a un evidente intento de añadir metraje hasta alcanzar una duración estándar, lo que en última instancia contribuye a que su visionado resulte ciertamente insoportable, a pesar de contar con setenta y cinco minutos escasos. De este modo son tirados por tierras los posibles valores de este neonoir con estética de novela gráfica e influencia tarantiniana, que intenta ofrecer un fresco de la sociedad China actual a través de las peripecias de varios personajes interconectados con el nexo de unión del robo de una cantidad monetaria, aunque a la hora de la verdad su historia no parezca conducir a ningún lado.

Tras el primer contacto con el tema que había supuesto el pase de Mayhem en la sesión golfa del viernes, el cine de infectados volvía a visitar la Muestra con la irlandesa The Cured. Ópera prima de David Freyne, quien también firma el libreto, comparte con su émula norteamericana la pretensión de utilizar el género para formular lecturas políticas y sociales, aunque desde unos planteamientos muy distintos. El espíritu festivo de Mayhem es aquí sustituido por un tono sobrio e introspectivo con el que narra el conflicto que se produce durante la reinserción social de los infectados por el virus de rigor tras el descubrimiento de una cura que capitaliza su argumento. Una premisa interesante, aunque vista con ligeras variaciones en otros exponentes previos, caso de la francesa La resurrección de los muertos o la serie británica In the Flesh, que es empleada para dar forma a un drama social que se vincula con situaciones de máxima actualidad, como puede ser el drama de los refugiados, si bien su procedencia geográfica ha hecho que no sean pocos los que han visto en ella acertadamente una metáfora del conflicto político irlandés y la rehabilitación en aquella sociedad de los terroristas del IRA tras el final de la lucha armada. El problema es que, sin menoscabo de sus aciertos, la dirección acusa una evidente falta de concisión, apostando por una dilatación narrativa a juego con sus ínfulas autorales que solo perjudica al conjunto. Y ya que hablamos de interpretaciones, tampoco puede pasarse por alto el evidente trasfondo homófobo que adquieren sus imágenes a través de la especial relación que se establece entre sus dos principales personajes masculinos, por más que su concurso parezca algo no intencionado, máxime teniendo en cuenta que su protagonismo femenino corre por cuenta de Ellen Page, pero que no quita para que este elemento se encuentre presente a poco que uno analice.

Procedente de Rusia, la protagonista de la tercera sesión de la tarde era Salyut-7, thriller de ambientación espacial, que no película de ciencia ficción. Basada en hechos reales, el argumento dramatiza el arriesgado rescate del satélite que le da título llevado a cabo en 1985 por la agencia espacial soviética, poniendo un particular énfasis en los aspectos emotivos, épicos y patrióticos de una gesta que contaba con todos los condicionantes para acabar en fracaso. No en vano, la película está dedicada a los héroes soviéticos que conquistaron el espacio, incluyéndose en sus títulos de crédito finales imágenes de archivo que muestra a algunos de aquellos cosmonautas. A nivel técnico, el film dirigido por Klim Shipenko evidencia su naturaleza de producción de gran presupuesto, luciendo una envoltura formal, tanto de fotografía, como de diseño o efectos, que no tiene nada que envidiar a las películas norteamericanas de similares características, comenzando por Apolo 13 o Gravity, por solo citar las dos más populares. A sus ya de por sí notables resultados se le une, además, el hecho de que la trama discurra en plena Guerra Fría, ofreciendo así la oportunidad de comprobar cómo se veía la carrera espacial y el enfrentamiento latente con los Estados Unidos desde el otro lado del telón de acero, y que, dicho sea de paso, no difiere en demasía de la imagen dada en el sentido contrario por numerosas películas producidas por el otro bando.

Gorka Villar y Leticia Dolera junto a los integrantes del equipo de “RIP” durante la presentación del cortometraje.

Repitiendo lo ocurrido justo veinticuatro horas antes, la sesión de las diez de la noche arrancaba con la visita de una representación del equipo del cortometraje que iba a proyectarse en primer término. En este caso se trataba de RIP, uno de los grandes triunfadores de la temporada, como atestiguan los muchos premios que ha acumulado durante su paso por el circuito de festivales, entre los que figuran el premio al mejor corto del pasado Festival de Sitges, o el del público al mejor corto español en la última Semana de San Sebastián. Haciendo buenos estos antecedentes, la disparatada historia de un hombre que, tras resucitar el día de su funeral no quiere volver a morir para disgusto de su madre y su esposa, es empleada por el tándem Pintó & Caye para crear una macabra comedia cargada de humor negro que, fiel a su estilo, es plasmada bajo las formas de ese surrealismo satírico costumbrista de raíces berlanguianas que supone el principal rasgo característico de la obra del dúo de directores catalanes.

Sin solución de continuidad, el relevo de RIP lo tomaba el enésimo film de raíces literarias programado por la Muestra. En esta ocasión se trataba de la adaptación del relato corto del creador de The Sandman, Neil Gaiman, How to Talk to Girls at Parties. Su acción nos traslada hasta el Londres de 1977, en plena eclosión del punk. Mientras el resto del país festeja el veinticinco aniversario de la subida al trono de Isabel II, un joven punk, junto a dos amigos, se cuela en lo que creen una fiesta, pero que en realidad es la morada donde se aloja un grupo de turistas alienígenas. Lo que viene a continuación es una comedia romántica tan marciana como se desprende de esta premisa, cuyo resultado final acaba por dejar un sabor agridulce. La culpa la tiene la falta de reflexión e inconsistencia en la que incurre la puesta en escena de John Cameron Mitchell. Si bien hay que reconocerle su fantástico retrato de la época histórica en la que se ambienta la cinta, su dirección peca de divagar, aunando momentos logrados con otros carentes de cualquier interés. De este modo, tan pronto podemos encontrarnos con una aguda reflexión sobre el espíritu del punk o la vida misma, como una extravagancia visual de aires psicodélicos que solo sirve para torpedear el tono del relato. Con ello no quiere decirse que se trate de una mala película, aunque sí de una película fallida de interés intermitente, echándose a faltar una mayor cohesión entre los dos principales arcos argumentales, como demuestra el que en diversos parajes todo el invento se mantenga a flote por la química que desprende su pareja protagonista, compuesta por Alex Sharp y Elle Fanning.

Con un retraso acumulado equiparable al que se había producido un día antes, la sesión golfa del sábado suponía el reencuentro con un viejo conocido de la Muestra. Hablamos de Victor Crowley, la nueva secuela de Hatchet, la saga parodia-homenaje al slasher de toda la vida cuyas dos primeras entregas formaran parte de la programación del certamen en anteriores ediciones. Tras el paréntesis que en este sentido había supuesto Hatchet 3, Adam Green vuelve a tomar las riendas de su más famosa criatura para ofrecer un nuevo festín de sangre, gore y humor gamberro y escatológico que logra cumplir con las expectativas que cualquier conocedor de la saga pudiera haber concebido. En este sentido, la película no ofrece ninguna sorpresa. A grandes rasgos, Green se limita a repetir la fórmula que tan bien le han funcionado hasta el momento, si acaso con una menor propensión al componente metagenérico, básicamente reducido a la alusión a Haddonfield, la localidad en la que transcurre Halloween y, sin salirnos de la franquicia, el cameo en la escena post-créditos que realiza Danielle Harris, y que, dado su protagonismo en la segunda y tercera parte de Hatchet, deja la puerta abierta a una futurible secuela. De llevarse a cabo, antes sus responsables deberían idear una forma de reinventar la saga, habida cuenta de las inequívocas muestras de cansancio localizables durante el último tramo de la presente, singularizadas por el hecho de que alguna de las muertes incluidas, en teoría uno de los platos fuertes de la función, sean plasmadas por Green adoptando la visión subjetiva de la víctima, quizás ante su incapacidad a estas alturas de escenificar un nuevo crimen sin caer en lo repetitivo.

Domingo 11: cuarta jornada

Al igual que sucediera el año pasado, la matinal del domingo ofrecía la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de un título emblemático del cine fantástico de las últimas décadas. Para festejar el veinticinco aniversario de su estreno, “Syfy Kids” había seleccionado para protagonizar la segunda de sus sesiones a Parque Jurásico, la película de 1993 de Steven Spielberg que, entre otras cosas, marcaría un antes y después en la historia del cine reciente por su pionero uso de efectos digitales. Lejos de acusar el tiempo transcurrido desde su realización, el film demostró permanecer intacto como el primer día. No solo desde el punto de vista formal, sino en la capacidad para trasmitir su magia, fascinación y sentido de la aventura. Algo que a fe que pudo comprobarse a decir de las reacciones del público que abarrotó una proyección que contó entre sus butacas con menos infantes que en la víspera, y que no dudó en ovacionar todos y cada uno de sus momentos más recordados, en un ejercicio que tuvo también mucho de nostálgico para la mayoría de los allí presentes.

Pausa para la comida y vuelta al Cine de la Prensa para encarar el último tramo de proyecciones de esta edición de la mano del exponente más exótico de todo el certamen, y no solo porque de fantástico no tuviera nada, como por otra parte ya se podía entrever desde su título. Aunque de nacionalidad británica, I Am Not a Witch supone la ópera prima en el formato largo de la directora y guionista de origen zambio Rungano Nyoni, ganadora por este trabajo del premio BAFTA al mejor debut. Para darle forma, Nyoni vuelve la mirada a su África natal, con un relato antropológico en el que no deja títere con cabeza. El peso de las supersticiones, el discriminatorio trato que recibe la mujer dentro del sistema patriarcal dominante, la corrupción de las instituciones públicas e, incluso, el funcionamiento de la ley, son algunos de los temas que salen a la palestra en este retrato de la sociedad africana rural, formulado por medio de las vicisitudes vividas por Shula, una niña de nueve años que, tras ser acusada de brujería, es enviada junta a otras mujeres a una reserva de brujas. Con una narración que bascula entre el drama, la tragedia y una cáustica comicidad, con momentos incluso que parecen sacados de alguna película de los Monty Python, caso de la escena de la acusación de brujería a la protagonista, sospechosamente similar a otra de Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, la valoración global del conjunto se ve perjudicada por una puesta en escena de corte documental y tono contemplativo que, junto al uso de una trama argumental no lineal, compuesta por diferentes episodios autoconclusivos, hacen que su desarrollo acabe por ser demasiado calmo, máxime en el temprano horario en que fue proyectada.

De I Am Not a Witch pasábamos a uno de los títulos más esperados del programa, al menos para quien esto suscribe, con el pase de The Endless, el nuevo trabajo de los norteamericanos Aaron Moorhead y Justin Benson, quienes además de encargarse de escribirlo y dirigirlo, también lo protagonizan, en una faceta hasta ahora inédita en su trayectoria. Tal expectación se sustenta en la magnificencia alcanzada con su anterior película, Spring, una fábula romántico-fantástica bajo las forma de monster movie que merece ser considerada uno de los títulos más interesantes legados por el género en lo que llevamos de década. Sin llegar a su nivel, en parte por un planteamiento argumental más arriesgado, The Endless vuelve a confirmar a sus responsables como dos de los nombres más interesantes del panorama fantástico actual. Retomando la influencia lovecraftiana ya vista en la previa, y que es explicitada desde la primera cita con la que se abre la cinta, Moorhead y Benson retornan al mundo que crearan en Resolution, su ópera prima, para seguir explorando los temas que han articulado hasta el momento su cine: el amor, las relaciones humanas y la trascendencia. Toda una prueba bien palpable de la mirada personal e intransferible que el tándem de directores ha conseguido acuñar con tan solo tres películas, y que es constatada por el hecho nada baladí de que estas conformen una especie de trilogía orquestada en torno al amor. Y es que si Resolution abordaba el amor entre amigos y Spring el de pareja, The Endless hace lo propio con el amor fraternal.

El destino, el azar o la organización quiso que la penúltima sesión de la Muestra presentara una película con evidentes coincidencias argumentales con la que había sido programada en idéntico horario en la edición pasada. Y es que, al igual que hiciera el año pasado Crudo, Thelma utiliza el abandono del nido familiar de su joven protagonista con motivo de su entrada a la universidad para ofrecer una fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, y los radicales cambios sociales y biológicos aparejados a esta etapa, aquí centrada en la asociación que se establece entre el despertar sexual de la muchacha y la manifestación de sucesos paranormales en su entorno, circunstancia que es directamente vinculada con los férreos valores cristianos en los que la chica ha sido educada. Ni qué decir tiene el parecido que semejante argumento mantiene con el de Carrie, si bien servido bajo los característicos rasgos del cine de autor escandinavo, patente tanto en la gelidez expositiva con la que se desenvuelve su elegante puesta en escena, como en su ritmo pausado. Un tratamiento que hace de Thelma un plato no apto para todos los públicos, pero que en cualquier caso no invalida el mérito de un film que acumula un sinfín de premios en el circuito de festivales, tal y como mencionaría en su presentación Leticia Dolera, además de ser escogida para representar a Noruega en la pasada edición de los Oscars en la categoría de mejor película de habla no inglesa.

La presencia sobre el escenario de Dolera y Villar anunciaba que la edición de este año estaba próxima a tocar a su fin. Así pues, tras la pertinente despedida de los presentadores daba inicio el pase de Siete hermanas, la escogida para clausurar la Muestra en sustitución de la inicialmente prevista Pacific Rim: Insurrección y el más reciente trabajo de Tommy Wirkola, quien en su corta filmografía ha evidenciado una constante irregularidad que le ha llevado a dar un paso adelante y otro atrás a cada realización de una nueva película. Fiel a esta máxima, tras firmar con la anterior Zombis nazis 2 su trabajo más redondo hasta la fecha, con Siete hermanas vuelve a dar la palada de cal. En su defensa habrá que decir que tampoco se lo pone fácil un guion construido sobre un planteamiento recurrente dentro del cine de ciencia ficción reciente, en el que es fácil percibir la influencia ejercida por el clásico de Richard Fleischer Cuando el destino nos alcance. Acorde a ello, en lugar de articular el thriller policiaco de ascendencia noir al que parece apuntar al principio, Wirkola apuesta por dar forma a una anodina cinta plagada de escenas de acción, quién sabe si consciente de lo previsible de la intriga que tiene entre manos, o en un más que probable intento por equipararse con cualquier blockbuster estadounidense, pese a tratarse de una producción cien por cien europea. La película se salda así como un intranscendente producto de usar y tirar que ni siquiera sabe sacar partido de las posibilidades visuales que le ofrece su ambiente futurista, siendo su único elemento digno de mención la labor efectuada por Noomi Rapace como las siete hermanas del título; no tanto por su limitado despliegue interpretativo, dado que la principal diferencia entre los personajes a los que da vida se encuentra en su distinta apariencia física, como por el esfuerzo realizado al tener que compartir plano y darse la réplica a sí misma durante gran parte del metraje.

Epílogo

Como comentábamos al principio, una semana y un día desde su finalización, la decimoquinta edición de la Muestra Syfy revivía por unas horas con el pospuesto pase de Pacific Rim: Insurrección, tres días antes de su estreno comercial en salas españolas. Un lustro después de la película de Guillermo del Toro, el televisivo Steven S. DeKnight debuta en la pantalla grande con esta secuela protagonizada por John Bogeya, quien también participa como productor. Este último dato pone en alerta de la posible naturaleza de vehículo de lucimiento que pudiera tener una película en la que el actor británico-nigeriano interpreta un papel muy similar al que le diera a conocer en Attack The Block: un joven problemático que deberá madurar a marchas forzadas mientras hace frente a la amenaza de una invasión alienígena. Disquisiciones al margen, tan estereotipado personaje revela lo formulario de un libreto que sorprende hiciera falta del concurso de hasta cuatro guionistas, tal es su simpleza. Cierto es que tampoco se puede esperar demasiada profundidad en un film que, básicamente, trata de los combates entre mastodónticos robots y monstruos gigantescos, pero sí un argumento con un mínimo de originalidad que no haga que su desarrollo sea totalmente previsible desde la misma presentación de los personajes y este abonado al deux machina, como es el caso. Todo el interés de Pacific Rim: Insurrección queda así reducido al de mero espectáculo de ruido y destrucción, aspecto este en el que sale mejor parado gracias, sobre todo, al acabado que le brindan sus efectos infográficos a las aparatosas escenas de acción que protagonizan casi en exclusiva la segunda parte del metraje. Queda por comprobar si este será gancho suficiente como para asegurar la realización de la secuela a la que su desenlace parece abocar. Tiempo al tiempo.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on marzo 23, 2018 at 6:37 am  Dejar un comentario  
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Desvelada la programación completa de la XV Muestra Syfy

A poco menos de una semana para su comienzo, la organización de la Muestra SYFY de Cine Fantástico ha desvelado la programación completa de su decimoquinta edición, que tendrá lugar entre los próximos 8 y 11 de marzo en el Cine Palacio de la Prensa de Madrid. Durante cuatro días, más de quince sesiones acercarán al público de la capital una selección del mejor cine de género inédito en nuestras pantallas, comercialmente hablando. Además, este año la Muestra volverá a contar con la proyección de cortometrajes en algunas sesiones.

Como ya es sabido, la encargada de inaugurar esta edición será la película de Walt Disney Studios protagonizada por Oprah Winfrey Un pliegue en el tiempo, adaptación a la gran pantalla de la novela de fantasía homónima de Madeleine L’Engle, cuyo estreno en cines españoles llegará un día después de su pase en la Muestra.

El viernes la jornada arrancará a primera hora de la tarde con As Boas Maneiras, una película brasileña de terror fantástico, que cuenta la vida de una enfermera de São Paulo que se enfrenta a sucesos extraños cuando la contratan para ser niñera de un niño aún no nacido. Le seguirán A Day, película de Corea del Sur dirigida por Cho Sun-Ho sobre un misterioso un accidente en la carretera y Downrage, producción estadounidense de terror sangriento donde un grupo de amigos se convierte en el objetivo de un francotirador. A continuación, se proyectará uno de los platos fuertes del certamen, Brawl in Cell Block 99, una de las grandes triunfadoras del pasado Festival de Sitges. El film narra la historia de un exboxeador con un matrimonio a punto de romperse que, tras perder su empleo, su mejor opción es trabajar como traficante de drogas. La película irá precedida de la proyección del corto La última cita. El corto cuenta la historia de Carlota, una mujer madura que despierta dentro de una cámara frigorífica de la morgue y escucha la voz de un hombre que le habla desde la cámara de arriba. Ambos, muertos, mantienen una breve conversación en la que Carlota experimentará un viaje a su interior. Poco a poco se van conociendo y descubriendo que la muerte te puede hacer ver la vida de otra manera.

El sábado la película de animación china sobre un robo Have a Nice Day abrirá la jornada. A continuación será el turno de The Cured, filme británico de terror que presenta una distopía futurista donde los antiguos zombies, ya recuperados de su infección, se preparan para reintegrarse en la sociedad. A The Cured le seguirá procedente de Rusia Salyut7, el cual narra la historia de la recuperación de la estación espacial Salyut 7 por dos cosmonautas rusos en 1985. Precedida la proyección del corto RIP, la esperada How to Talk to Girls at Parties pondrá la guinda a la noche. Se trata de una comedia británica protagonizada por un punk adolescente en 1977, que aparece en una dimensión desconocida mientras cree colarse en una fiesta.

Tanto el viernes como el sábado, como es costumbre la Muestra SYFY ampliará su horario hasta la madrugada con sendas sesiones golfas. El viernes lo hará con Mayhem, comedia de ciencia ficción sobre un virus que impide controlar los impulsos y que es detectado en un bufete de abogados que acaba de librar de un cargo de asesinato a un infectado. Por su parte, el sábado nos traerá la esperada nueva entrega de la saga Hatchet con Victor Crowley. Diez años después de los eventos de la primera película, Victor Crowley es resucitado por error y procede a matar una vez más.

Ya el domingo, I am not a Witch abre la jornada con la historia de Shula, una niña de 9 años de que, después de un pequeño incidente en su pueblo, es acusada de brujería y enviada a un campo de brujas. Tras ella llegará The Endless. Tras la espléndida Spring, vista hace un par de ediciones en este mismo marco, Justin Benson y Aaron Moorhead dirigen y protagonizan esta película sobre dos hermanos que deciden regresar a la secta de la que escaparan años atrás. Thelma cogerá el relevo para contarnos las andanzas de una chica poco normal que, desesperada, le pregunta insistentemente a Dios por qué la ha hecho así. Cuando inicia una relación con una compañera, las emociones propias del amor harán estragos. La clausura a estos cuatro días de cine fantástico lo pondrá una de las películas más esperadas de este 2018, Pacific Rim: Insurrección, secuela de la cinta de 2013 de Guillermo del Toro que se estrenará en cines el 23 de marzo. Cuando parecía que el conflicto mundial entre monstruos sobrenaturales y las descomunales máquinas pilotadas por humanos había acabado, el Ejercito de Defensa Pan-Pacífico deberá luchar contra los “Kaiju” pilotando los descomunales “Jaegers”. Esta vez será una batalla más dura y cruenta.

Tampoco faltarán en esta edición las proyecciones matinales de SYFY kids, la sección de la Muestra destinada a los más pequeños de la casa. Peter Rabbit es el título para el sábado 10 de marzo. Basada en los cuentos clásicos de Beatrix Potter, el film mezcla de acción real y animación bajo la dirección de Will Gluck, quien co-escribe además el guion junto a Rob Lieber. Un día más tarde, la matinal acogerá la proyección de Jurassic Park, con motivo de su 25 aniversario. La Muestra ofrecerá así a mayores y pequeños la oportunidad de disfrutar en pantalla grande la genial película de Steven Spielberg para celebrar el #AñoJurásico y volver al lugar donde empezó todo.

Los bonos para todas las sesiones tendrán un precio de 45 euros, y 6 euros las entradas individuales, con la excepción de la sesión inaugural y sesión clausura, a las que sólo se podrá acceder por invitación o con el bono. Una parte del aforo de las sesiones infantiles de Syfy Kids se pondrá a disposición en la taquilla del cine hasta completar aforo.

Published in: on marzo 1, 2018 at 6:53 am  Dejar un comentario  
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Crónica de CutreCon VII

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Aún a riesgo de pecar de reiterativo, es obligado iniciar esta crónica en similares términos a como lo hacía hace ahora doce meses. Y es que lo primero que hay que destacar de la séptima edición de CutreCon, celebrada entre los pasados 24 y 28 de enero, es, de nuevo, la expansión experimentada por la propuesta con respecto a lo ofrecido el pasado año. Algo que tuvo su mejor ejemplo en la incorporación de dos nuevas ubicaciones al certamen, hasta sumar cuatro. El cine Doré, sede de la Filmoteca Nacional, y los cines Conde Duque Verdi Alberto Aguilera, sustitutos del más pequeño Artistic Metropol como escenario de la maratón del último día, se unieron a las ya habituales del Palacio de la Prensa y la Casa del Reloj de Matadero Madrid. Además, por primera vez en su historia el festival ha publicado en colaboración con la editorial Applehead Team un libro oficial que, en sintonía con la temática escogida como hilo conductor de esta edición, ofrece un completo recorrido a cargo de los responsables de la web elpajaroburlon.com por los diferentes títulos de temática espacial aparecidos a raíz de las tres primeras entregas de La guerra de las galaxias, bajo el título La guerra de los clones. Más allá de ‘Star Wars’.

02 Presentacion Libro FX

Presentación del libro “Carlo de Marchis. Maquetas, látex, monstruos y aviones”. De izda. a dcha.: Antonio Garduño (editor), Carlo de Marchis y Domingo Lizcano (autor).

Este crecimiento también tuvo su reflejo en la ampliación de la oferta del festival mediante la incorporación de un programa de actividades paralelas que dotó de una mayor diversidad de contenidos al certamen, haciendo que este no se limitara únicamente a la mera sucesión de proyecciones. Durante las jornadas del miércoles, jueves y viernes tendrían lugar una serie de presentaciones de libros, fanzines, DVDs y Blu-rays en Omega Center, librería situada en la calle de la Estrella que también acogería tres pequeñas exposiciones realizadas dentro del marco del certamen. Entre ellas cabe comentar la llamada “Juan Piquer Simón y Carlo de Marchis: Maquetas, látex, monstruos y aviones”, que permitiría a los aficionados ver los modelos originales del bebé abisal de La grieta (1990) o una nave de Supersonic Man (1979). Es una lástima, así las cosas, que tan encomiable iniciativa no obtuviera toda la repercusión que hubiera sido deseable, registrando en la mayoría de los casos una afluencia de público bastante escasa, quizás debido a la poca difusión que la organización dio a estos encuentros en los días previos, hasta el punto de que muchos espectadores del certamen desconocieran su existencia. Tampoco ayudó lo desperdigado del programa, cuando quizás hubiera sido mejor haberlo concentrado en un par de tandas, con el objeto de hacer la cita más atractiva.

06 Chiquitofest

Por más que la temática elegida para este año fueran las películas ambientadas en el espacio o protagonizadas por extraterrestres, esta séptima edición se inauguraría homenajeando al recientemente fallecido Chiquito de la Calzada, con la celebración del denominado “Chiquitofest” en el Palacio de la Prensa la noche del miércoles. Dicha sesión tendría como plato fuerte el pase de Drácula. Condemor II (1997), la segunda película protagonizada por el cómico malagueño, que sería proyectada en el bautizado formato “Fistrovisión”, consistente en la aparición de avisos visuales con los latiguillos más populares de Chiquito cada vez que este los decía en pantalla y las letras de las canciones de los números musicales ejecutados a lo largo del metraje. Una experiencia que fue acogida con entusiasmo por una entregada audiencia, que coreó cada vez que Chiquito exclamaba un “Pecador de la pradera” o “¡Cobarde!”, y que se vio completada por el delirante subtitulado al inglés del film, en el que, a medida que iban transcurriendo los minutos, el encargado de traducir los diálogos explicitaba el agotamiento mental en el que le sumía semejante tarea. Antes, los cómicos Denny Horror y Vera Montessori ofrecerían un espectáculo en vivo centrado en la figura de Chiquito, formado por monólogos, videos y concursos de imitaciones.

10 Premio Luigi Cozzi

Claro que, con permiso de Chiquito, el auténtico protagonista de Cutrecon VII fue Luigi Cozzi, premio Jess Franco de este año. Por este motivo, además de celebrar diversos actos que contarían con la presencia del director, la organización programaría hasta cuatro películas relacionadas con el cineasta italiano, distribuidas a su vez en dos programas dobles. El jueves, el Palacio de la Prensa recibiría la sesión “Italo exploitation galáctica”, que ofreció la oportunidad de disfrutar en pantalla grande dos de sus films más populares. Como no podía ser de otro modo, se trataban de la emblemática Star Crash, choque de galaxias (Starcrash/Scontri stellari oltre la terza dimensione, 1978), respuesta de Cozzi al éxito cosechado por La guerra de las galaxias / Star Wars Episodio IV: Una nueva esperanza (Star Wars / Star Wars Episode IV: A New Hope, 1977), en la que sobresale el protagonismo de una Caroline Munro más atractiva que nunca, y la primera entrega del díptico que sobre el mitológico hijo de Zeus realizara para la Cannon, El desafío de Hércules (Hercules/Ercole, 1983), cuya proyección acabaría por convertirse por momentos en insufrible a causa de un público más hablador que de costumbre.

11 Luigi recibiendo el premio

Luigi Cozzi muestra al público el Premio Jess Franco con el que CutreCon le homenajeaba.

Un día más tarde, el cine Doré era el lugar escogido para escenificar el homenaje que la CutreCon brindaba al alter ego de Lewis Coates. Lo haría con FantastiCozzi (2016), indispensable documental dirigido por el brasileño Felipe M. Guerra que recorre de forma exhaustiva la trayectoria del responsable de Contaminación: Alien invade la Tierra (Contamination/Astaron – Brut des Schreckens, 1980), y el que ha supuesto su regreso al largometraje de ficción tras más de veinticinco años alejado del formato, la personalísima Blood on Méliès’ Moon (2016), en la que el italiano ofrece un artefacto metaficcional que se erige en un auténtico compendio y resumen de su persona y su obra, por el que pasean referentes, filias y obsesiones. En el descanso entre ambas películas, una representante de la web eslang, que por segundo año consecutivo patrocinaba el galardón, entregaba a Cozzi el honorífico premio Jess Franco, que éste recibiría con una sonrisa en los labios y unas escuetas “Muchas gracias”, mientras el director de CutreCon, Carlos Palencia, le agradecía “por habernos hecho pasar tan buenos momentos”.

12 Cine Basura fin de fiesta

Paco Fox y Carlos Palencia junto a algunos de sus invitados durante el fin de fiesta del último programa de “Cine Basura”.

La visita de CutreCon a la sede de la Filmoteca Nacional se completaría con otra sesión de lo más especial. Ni más ni menos que la despedida en directo del programa televisivo “Cine basura”. Para su despedida, el formato ideado por Paco Fox y conducido por él mismo junto al propio Palencia prepararía una edición especial “Royal Rumble” que contaría con la presencia de un ramillete de invitados, caso del cineasta Norberto Ramos del Val o el dibujante de cómics Carlos Pacheco, con los que harían mofa de Space Mutiny [tv: Space Mutiny/vd: Espacio exterior, 1988], cinta de ciencia ficción sudafricana protagonizada por varios habituales de la Serie B como John Philip Law, Reb Brown o Cameron Mitchell; un auténtico despropósito en toda regla que utiliza para sus escenas ambientadas en el espacio planos de efectos reciclados de la serie Galáctica, estrella de combate (Battlestar Galactica; 1978-1979).

18 Premio al director del Superman turco

Kunt Tulgar agradeciendo el premio “Sha-di-a”, junto al padrino del galardón, Ramón Saldías, director de “Karate contra mafia” (1980), considerada la primera película de artes marciales rodada en Europa, que en su momento se estrenó como si de una producción china se tratara.

Otro de los puntos álgidos de esta edición llegaría con la visita de Kunt Tulgar, director de Süpermen Dönüyor [dvd: El retorno de Superman, 1979], la versión turca sin derechos, ni recursos del personaje creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. Acompañado de su compatriota Cem Kaya, director de Remake, Remix, Rip-Off (2014), el impagable documental sobre el fenómeno del cine de género otomano que pudo verse en este mismo marco hace un año, Tulgar recogería el nuevo premio “Sha-di-a”, destinado a reconocer la labor de artistas que, sin haberse prodigado dentro del “cine cutre”, tienen en su haber alguna película que sea un verdadero hito dentro de este fenómeno, y que toma su nombre del seudónimo con el que el encargado de entregar el galardón, Ramón Saldías, firmara la autoría de Kárate contra mafia (1980). La entrega tendría lugar antes del pase de la mencionada exploitation del cineasta turco del Superman de Richard Donner, tras el cual se llevaría a cabo un coloquio con los asistentes, en el que Tulgar respondería con una simpática complicidad las preguntas de los asistentes a propósito de la realización de una película en la que, para poner un ejemplo del nivel en el que se mueve, las escenas de vuelo del superhéroe son solventadas con un muñeco de Ken y un secador de pelo combinados con el uso de retroproyección, tal y como su responsable desveló durante sus explicaciones.

20 Coloquio director Superman Turco con luz

Kunt Tulgar y Cem Kaya durante el coloquio posterior al pase de “Süpermen Dönüyor”.

El pase de Süpermen Dönüyor formaría parte de la tradicional maratón del sábado en la Casa del Reloj y que, un año más, contó con una respuesta espectacular por parte del público, que abarrotó todas y cada una de las sesiones, en especial aquellas celebradas por la tarde, donde se llegó a colgar el cartel de “no hay billetes”. Dividida en dos bloques, la maratón arrancaba a eso de las once menos cuarto de la mañana con Toys (1996), respuesta alemana a la magistral Toy Story (Toy Story, 1995). Una risible pretensión en vista de la estática animación y el diseño de personajes y escenarios propios de un niño de tres años de la que hace gala una cinta a la que tampoco ayuda el doblaje al español, en el que, entre otras cosas, catalaniza a un enano de jardín bautizado como Miquel, que habla con un acento del mismísimo Penedés. Será por aquello de la barretina…

15 Maratones Casa del Reloj

Vera Montessori y Carlos Palencia, maestros de ceremonias de CutreCon VIII, presentando la maratón de la Casa del Reloj.

A Toys le seguiría la accidentada proyección de la filipina Si Mario At Si O Goko [Super Mario contra Son Goku] (1995), bizarro crossover de los dos personajes mencionados en su título, en el que también hay cabida para el conde Drácula, enanos contrahechos vestidos de tortuga y hasta zombis mariquitas, encajados a martillazos en una trama incongruente e indescifrable que parece improvisada sobre la marcha. No es que sea imposible entender de qué trata la trama, sino la propia sucesión de los acontecimientos. Mención aparte merece su humor cretino, sus risibles pretensiones de formular mensajes sociales, sus paupérrimos efectos especiales o, sobre todo, un nulo sentido del ritmo que hizo que, pese a los comentarios del público y el libre subtitulado, su visionado resultara auténticamente insufrible. De la mano de dos representantes del Festival Serie-B Retina de Cornellá, la primera parte del maratón finalizaba con Hobgoblins [vd: Hobgoblins, 1988], una de las muchas imitaciones surgidas a raíz de Gremlins (Gremlins, 1984), que filtra los ingredientes principales del film de Joe Dante a través de un humor gamberro basado en el sexo, a la que al menos hay que agradecer lo poco en serio que se toma a sí misma.

16 Casa del Reloj colas interminables

Luego de un pequeño descanso que algunos aprovechamos para comer, mientras otros se dedicaban a hacer cola para conseguir sus entradas, la maratón retornaba con Santo contra los asesinos de otros mundos (1973), una de las más disparatadas misiones del Enmascarado de Plata, en la que nuestro héroe debe enfrentarse a un monstruoso organismo lunar, cuyo tosco acabado no logra ocultar que, en realidad, se trata de una sábana gigante bajo la que se encuentran varias personas, tal y como pudo comprobarse cuando el alienígena se materializó en la sala durante un pase que contó también con la animación del espectáculo de lucha libre en vivo de “La triple W” durante las escenas de pelea. Después de la comentada sesión protagonizada por Kunt Tulgar, la maratón tocaría a su fin con Geteven (1993), un thriller de bajos vuelos con secta satánica de por medio compuesto por toneladas de desnudos gratuitos, chistes malos, errores de continuidad de primero de escuela de cine, y escenas rodadas a la primera toma, en las que se puede distinguir a los actores mirando a cámara. Toda una delicatessen, en definitiva, escrita, producida, dirigida, protagonizada y hasta cantada en su único crédito por John De Hart, posiblemente el actor más inexpresivo de la historia.

24 Coloquio Nanarland mas mejor

Los directores Régis Autran y Régis Brochier, junto al traductor, durante el coloquio que siguió al pase de “Nanaroscope”.

A la mañana siguiente la Casa del Reloj albergaría la celebración de “Documentrash”, sin duda una de las secciones más interesantes del festival, y que en esta ocasión fue de carácter gratuito. Para su tercera edición la sesión doble de documentales relacionados con el cine cutre estaría compuesta por Nanaroscope (2016) y Children of the Stars (2012). El primero, en realidad, es una serie creada para el canal cultural ARTE por Régis Autran y Régis Brochier, integrantes de la especializada web nanarland.com, quienes visitarían el festival acompañando a su criatura. Dividido en diez capítulos de menos de diez minutos de duración cada uno, Nanaroscope analiza diversas corrientes, nombres propios y títulos emblemáticos del cine de género de Serie B/Z, contando para ello con el testimonio de sus propios protagonistas y de especialistas, cinematográficos. El cine de acción realizado en Uganda, el western clásico rodado exclusivamente con enanos The Terror of Tiny Town [dvd: The Terror of Tiny Town, 1938], Uwe Boll, o el fenómeno de los clones de Bruce Lee son solo algunos de los temas tratados en los episodios, tras cuyo pase sus directores se someterían a las preguntas de rigor de los asistentes, además de adelantar algunos contenidos de la segunda temporada de la serie, en la que se encuentran trabajando actualmente.

25 Doc Hijos de las estrellas

Con todo, el plato fuerte de “Documentrash” fue el estreno europeo de Children of the Stars, el cual estuvo precedido por un video rodado para la ocasión por su director, Bill Perrine, en el que presentaba su obra y su visión de la misma. Datado en 2012, Children of the Stars narra la existencia de los unarians, una alucinada secta radicada en California que cree en los ovnis, La Atlántida y la reencarnación cíclica. A través del delirante testimonio de sus propios integrantes, el documental narra la historia y las creencias de un culto que sostiene que todo el cine y literatura de ciencia ficción refleja, en realidad, hechos auténticos acaecidos en otras eras y mundos, además de rodar sus propias películas del género basadas en sus propias creencias, de las que en el documental se incluyen diversos fragmentos. El resultado es un trabajo único y apasionante, si bien una vez presentados los elementos principales del relato sus escasos setenta y ocho minutos se antojen un tanto reiterativos, decayendo con ello su interés.

13 Mi amigo Mac proyeccion

Al igual que viene ocurriendo en las últimas ediciones, CutreCon 2018 contaría con sendas sesiones golfas a partir de la medianoche en el Palacio de la Prensa durante las jornadas del viernes y sábado. En colaboración con la web Moviementarios, la del viernes estaría protagonizada por Mi amigo Mac (Mac and Me, 1988), tardía imitación de E.T., el extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial, 1982) con la que muchos crecimos en la época de los videoclubs, y para la que la organización preparó una nueva experiencia interactiva, al repartir entre los asistentes pajitas y globos que debían de ser utilizados en determinados momentos del film siguiendo las indicaciones. Antes, Vera Montessori y Carlos Palencia ofrecerían una versión reducida de su espectáculo “Cine Cutre en vivo”, en la que mostrarían algunas de las más delirantes explotaciones del aludido film de Steven Spielberg, entre la que se encontraría Hermano del espacio/Fratello dello spazio (1987), coproducción italo-española que esconde una inesperada exaltación de los valores cristianos, hasta el punto que llega a establecer una nada disimulada analogía entre Jesucristo y su alienígena protagonista.

21 Apocalipsis voodoo presentacion todo el equipo

Presentación de “Apocalipsis Voodoo” con una nutrida representación de su equipo.

Ya el sábado, le tocaría el turno a la premier mundial de Apocalipsis Voodoo (2018), película canaria surgida del spot oficial de CutreCon de hace dos años. Por tal motivo, el film estaría acompañado sobre las tablas de la sala 1 del Palacio de la Prensa por una nutrida representación del equipo del film llegada expresamente desde las Islas, entre la que la ausencia más destacada fue la de su director, Vasni Ramos, quien no pudo desplazarse debido a ciertos problemas personales. Durante la presentación, los integrantes de la película avisarían que esta se iba a proyectar en una copia no definitiva, que contaba con escenas pendientes de sonorizar, ya que el montaje provisional se había finalizado apenas tres días antes. Una circunstancia que no restaría un ápice de la valía de una propuesta que se erige en toda un cariñoso homenaje en lo argumental de las buddy movies policiales de los ochenta, y al cine de explotation setentero en lo estético.

En su nuevo emplazamiento en los cines Conde Duque Verdi Alberto Aguilera, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid echaba el cierre a esta edición con la habitual maratón del domingo por la tarde, que esta vez con el título “Etetón” reuniría cuatro películas de temática extraterrestre. Concretamente, los títulos escogidos fueron Space Raiders [vd: Space Raiders. Invasores del espacio, 1983], space opera con niño de por medio producida por Roger Corman, que comparte planos de efectos con la muy superior Los siete magníficos del espacio (Battle Beyond the Stars, 1980); la beata versión filipina de E. T., el extraterrestre, Tiny Terrestrial (1991), bautizada para la ocasión con el título de T. T., el extraterrestre; el film de Fred Olen Ray Alienator [vd: Alienator, 1989], definido como un cruce entre Alien, Terminator y Depredador; y, por último, Yor, el cazador que vino del futuro (Il mondo di Yor, 1983), la adaptación en formato miniserie que Antonio Margheriti realizara del cómic argentino Henga, el cazador de Ray Collins (seudónimo de Eugenio Zappietro) y Juan Zanotto, programada en su versión resumida para cines.

26 Final de la Eteton

Carlos Palencia y Paco Fox despidiéndose hasta la próxima edición de CutreCon antes de la proyección de “Yor, el cazador que vino del futuro”.

De todos ellos, el gran triunfador de la sesión sería T. T., el extraterrestre, gracias a la propia comicidad de sus imágenes, singularizada por el peculiar movimiento con las manos por detrás de la cabeza que realiza uno de sus personajes principales cada vez que toma la palabra, pero también por el juego que dieron las licencias tomadas por un subtitulado especialmente inspirado. De esta forma se ponía el broche de oro a cinco días en los que el amor al cine (cutre) y el ambiente festivo fueron la tónica predominante. Aunque antes abriríamos boca de lo que nos espera dentro de doce meses, cuando en la presentación de Yor, el cazador que vino del futuro Carlos Palencia informaría que la edición del próximo año tendrá como hilo conductor las películas de/con simios.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on febrero 9, 2018 at 6:56 am  Dejar un comentario  
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50 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

La edición de 2017 del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES llegaba singularizada por la celebración del cincuenta aniversario del nacimiento del certamen. Acorde a semejante efeméride, la organización confeccionó una atractiva programación salpimentada por la presencia de nombres tan mediáticos como los de Guillermo del Toro, padrino de la edición, William Friedkin, Susan Sarandon o Frank Langella, además de un numeroso plantel de emblemáticas figuras del fantástico de ayer y hoy, caso de Dario Argento, Sergio Martino, William Lustig, Udo Kier, Robert Englund, Alexandre Aja, Jaume Balagueró, S. Craig Zahler, Takashi Miike, Lamberto Bava y un largo etcétera. Gracias a ello pudieron realizarse actividades alternativas como esa mesa redonda sobre el cine fantástico italiano, que contó con la presencia de Argento, Martino, Lamberto Bava y Del Toro y que, para quien esto suscribe, se erigió en uno de los momentos más inolvidables de este año.

Sin embargo, la celebración de este cincuenta aniversario se vio empañada por los ecos de los últimos acontecimientos sociopolíticos acaecidos en Cataluña. Cierto es que era imposible que el Festival pudiera aislarse de los hechos que se iban sucediendo de forma paralela a su celebración, dada su gravedad, pero no menos cierto es que la incidencia fue excesiva, planeando en todo momento sobre la celebración del certamen, ya fuera por algunas declaraciones o comunicados provenientes de la organización, la formulación de preguntas a los invitados por parte de la prensa no especializada a propósito de su opinión sobre el tema, decididamente fuera de lugar, o la actitud propia de un patio de colegio demostrada por algunos sectores del público en las proyecciones de películas españolas que contaban con participación de organismos públicos, y que hicieron que en determinados momentos surgiera la duda de si nos encontrábamos en un evento cinematográfico o en un mitin político. Sobre todo en vista de la preponderancia de un discurso único que olvidaba que un certamen del gigantesco tamaño del Festival de Sitges reúne a gente procedente de muy distintos puntos, con muy diferentes sensibilidades y muy diversas ideologías, habiéndose agradecido que, al menos desde la organización, se hubiera adoptado una posición neutral.

Esto no quita para que el resultado global de esta cincuenta edición cumpliera con las expectativas creadas. Un año más el festival se convirtió en el epicentro mundial del cine fantástico, gracias a una variada programación compuesta por más de un centenar de títulos proyectados a lo largo de once días, repartidos en cinco sedes y diferentes secciones, que sirvió para tomar el pulso a la última hornada de producción genérica. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films programados, a continuación desgranamos una selección ilustrativa:

LAS GALARDONADAS

THELMA (Joachim Trier, 2017)

Una de las grandes triunfadoras de este cincuenta aniversario del Festival de Sitges, al menos en lo que al palmarés se refiere,  fue la noruega Thelma, acreedora del Premio especial del Jurado, el Meliés de plata a la mejor película y el galardón destinado al mejor guion. Coproducción entre Noruega, Francia, Dinamarca y Suecia, se trata de una especie de versión nórdica del cine sobre Stephen King, y un tanto en la línea de la maravillosa Déjame entrar. Dirigida por Joachim Trier, el cineasta utiliza el abandono del nido familiar de su joven protagonista con motivo de su entrada a la universidad para ofrecer una fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, y los radicales cambios sociales y biológicos aparejados a esta etapa, aquí centrada en la asociación que se establece entre el despertar sexual de la muchacha y la manifestación de sucesos paranormales en su entorno, circunstancia que es directamente vinculada con los férreos valores cristianos en los que la chica ha sido educada. Ni qué decir tiene el parecido que semejante argumento mantiene con el de Carrie, si bien servido bajo los característicos rasgos del cine de autor escandinavo, patente tanto en la gelidez expositiva con la que se desenvuelve su elegante puesta en escena, como en su ritmo pausado. Sutil, elegante e inteligente, Trier —que parece tener una relación lejana con Lars von Trier —, utiliza los moldes narrativos del género para efectuar un film dramático y reflexivo, muy centrado en las relaciones, y al que va impregnando poco a poco de una atmósfera asfixiante. Muy recomendable.

A GHOST STORY (David Lowery, 2017)

David Lowery, tras ofrecer una producción Disney como Peter y el dragón, remake de uno de los clásicos infantiles de la compañía bastante más interesante de lo que se consideró, ofrece a continuación una cinta tan atípica como A Ghost Story, donde vuelve a reunir a Casey Affleck y Rooney Mara después de En un lugar sin ley, que él dirigiera con anterioridad. A Ghost Story es una historia de fantasma con sábana. Una idea tan primaria, incluso infantil o ridícula como pudiera sonar a priori, es desarrollada por Lowery con rigor, contundencia y poesía. Un hombre muere en accidente de tráfico, y su fantasma, embutido en la referida manta con agujeros —icono, por cierto, impactante en la célebre La noche de Halloween de John Carpenter— rondará la casa donde habitó con su pareja. Intentará comunicarse con ella, pero ahora ambos, pese a estar cercanos en el espacio, pertenecen, literalmente, a mundos distintos. La paulatina asunción del fantasma de su incapacidad actual para relacionarse con los vivos —pese a algún ocasional contacto con gente con cierta capacidad de percepción— será el meandro por el que transcurra la calma y reflexiva narración por parte de Lowery, amparado en silencios, planos largos e imágenes contemplativas. Algo, desde luego, no apto para todos los paladares, y desaconsejable incluso a amantes del fantástico más taquillero, pero que descubre a este realizador como un nombre muy a tener en cuenta para el futuro del género, si no se vuelca hacia el cine mainstream. Carlos Díaz Maroto

CREEP 2 (Patrick Brice, 2017)

Hace ahora tres años, Patrick Brice y Mark Duplass sorprendían a propios y extraños con Creep, una propuesta minimalista protagonizada por un par de personajes en otras tantas localizaciones grabada en primera persona en la que conseguían crear un clima de extrañeza tan solo por medio de los diálogos y el trabajo de los actores, prescindiendo de cualquier tipo de recurso extradiegético. Acreedora con todo merecimiento de una mención especial del jurado de la sección “Fantàstic Panorama”, se trataba de una nueva constatación de aquella máxima de que la falta de recursos no tiene que ser un obstáculo cuando se tiene talento. En este sentido, Creep 2 es una digna sucesora de aquella película. Y no solo por evitar caer en el que parece ser el riesgo inherente a toda secuela que se precie de limitarse a ofrecer elevado al cuadrado lo ofrecido por su predecesora. Nada de eso. Superado el efecto sorpresa de la original, esta vez desde el primer momento el argumento pivota sobre la inestable personalidad del serial killer Aaron, de nuevo soberbiamente interpretado por Duplass, decantándose la balanza por el uso del humor negro como principal eje vertebrador del relato y dejando en un segundo plano el manejo del suspense que caracterizara a la primera, pero sin por ello renunciar a muchas de sus virtudes. Por ejemplo, su inteligencia para incluir las reflexiones de los protagonistas, aquí con la excusa de que la nueva cámara contratada por Aaron sea la creadora de una serie de Youtube que no ve nadie y que espera que su encuentro con el psicópata le ayude a levantar la audiencia de su programa, en lo que puede verse como una aguda metáfora sobre las ansias de notoriedad a cualquier precio que posee (parte de) la sociedad actual, aunque ello implique poner en riesgo la vida propia, como es el caso. El resultado es una digna sucesora que logra el difícil reto de igualar, cuando no superar, los logros de su predecesora, como demuestra el premio a la mejor película con el que le recompensó el jurado de “Fantàstic Panorama”.

AS BOAS MANEIRAS (Marco Dutra & Juliana Rojas, 2017)

Ganadora del premio de la crítica ex aequo con The Killing of a Sacred Deer, la brasileña As boas maneiras destacó por su personal interpretación del mito licantrópico, a pesar de la irregularidad que arroja un conjunto que también se ve perjudicado por una exagerada duración de dos horas y cuarto. Dividida en dos mitades muy marcadas, a tal punto de parecer dos películas distintas, la primera acumula los principales aciertos. Con tan solo un par de personajes y una única localización, el tándem formado por Marco Dutra y Juliana Rojas construye un atractivo universo femenino a través de la relación lésbica que se establece entre sus dos protagonistas, utilizando para ello decisiones tan significativas como la elusión mediante la puesta en escena de toda presencia masculina en pantalla. Es una lástima, así las cosas que, una vez se produzca el hecho sobre el que pivota el argumento, sus directores se olviden de todo lo mostrado hasta el momento para cambiar diametralmente de registro, abriendo la película a espacios y personajes, y perdiendo con ello en interés para ganar en dispersión narrativa, hasta convertirse en un relato bastante convencional en torno a las relaciones paternofiliales, más allá de su modernización de los lugares comunes del gótico cinematográfico codificado por las películas de monstruos clásicos de la Universal acorde a la época actual. Con todo, esto no quita para que en sus compases finales la cinta consiga remontar el vuelo, brindando alguno de los planos más emotivos y estremecedores que uno recuerda dentro del cine reciente. Otro elemento a destacar en este segmento es el uso que en determinados momentos se hace de la inclusión de canciones con fines narrativos, y que dan como resultado algunos momentos musicales ciertamente arriesgados, en lo que puede verse un guiño a la versión cinematográfica patentada por Disney en sus versiones de los cuentos populares clásicos.

OTROS TÍTULOS

THE SHAPE OF WATER (Guillermo del Toro, 2017)

El nuevo trabajo del padrino de esta edición, Guillermo del Toro, fue la película escogida para protagonizar la inauguración de las bodas de plata del Festival de Sitges. The Shape of Water nace como una variación de La mujer y el monstruo, a partir de un proyecto que suponía un remake de esta, reconducida finalmente por Del Toro hacia su habitual tesis acerca de la contraposición entre la inocencia del monstruo y la monstruosidad oculta en algunos seres humanos. La acción se traslada en esta ocasión a 1963, en plena época de la Guerra Fría entre las dos grandes potencias mundiales, los Estados Unidos y la URSS. Pese a ese entorno histórico real, que otorga una textura visual muy interesante, la película tiene una envoltura de fábula moral que la hace intemporal, como esa protagonista que vive encima de un cine que está casi siempre vacío, y un entorno urbano saturado de tonalidades verdes ­—distintos tonos de verde aguamarina­— solo vulneradas ocasionalmente por otros matices de color que vienen a complementarlo o violentarlo. Tal como en toda buena fábula, los personajes representan arquetipos, pero, al mismo tiempo, van más allá de estos. Resulta interesante el personaje del “malo”, Richard Strickland (sólido Michael Shannon), nuevo jefe de seguridad del lugar, que se cree, en el sentido estricto de los términos, un héroe y una buena persona. Claro que ese hipotético “héroe” tiene más de un punto oscuro: en realidad, es un cabrón despreciable. Acosa sexualmente a Elisa, y tortura al hombre anfibio que tiene confinado en el laboratorio. A lo largo de la película, Strickland actúa de cara a sí mismo como un héroe de una película de acción de los años cincuenta. El otro héroe es el hombre anfibio (sensible Doug Jones), un monstruo escamoso que es confinado en el lugar para someterlo a teóricos experimentos, pero sobre el que Strickland descarga su ira, su frustración, su incapacidad como ser humano de forma constante. Carlos Díaz Maroto

HA-ROO (Cho Sun-Ho, 2017)

Dentro de la numerosa representación asiática que un año más acaparó buena parte de la programación de Sitges, una de las más agradables sorpresas se encontró en A Day, título internacional de la surcoreana Ha-roo. A primera vista, se trata de un exponente de manual del cine comercial surcoreano; un característico melodrama con la singularidad de estar construido sobre el típico esquema de “el día de la marmota” que popularizara Atrapado en el tiempo. Sin embargo, una vez presentado su planteamiento, y cuando parece que la fórmula en que se apoya su discurrir narrativo está próxima agotarse, la película comienza a bifurcarse en múltiples direcciones a través de calculados giros de guion, dando paso a una historia que reflexiona sobre el egoísmo o las consecuencias de nuestras acciones, todo ello inserto dentro del entorno de la familia, tema por excelencia del cine más reciente procedente de aquel país. Pero además de por los atributos de un libreto de hierro, la solidez de sus resultados no sería la misma sin la intensidad narrativa que le dota un montaje nada sencillo, su pasmosa claridad expositiva, a pesar de lo intrincada que en ocasiones se vuelve la trama y, sobre todo, la extraordinaria capacidad de su debutante director, Cho Sun-Ho, para graduar con total naturalidad la progresiva evolución de los tonos dramáticos que va adquiriendo la historia, bien apoyado en el óptimo rendimiento de su elenco interpretativo, sin por ello descuidar las escenas espectaculares visual y técnicamente que toda producción de aquellas latitudes parece obligada a incluir.

BRAWL IN CELL BLOCK 99 (S. Craig Zahler, 2017)

Dos años después de alzarse con el premio José Luis Guarner a la mejor dirección con su debut, el western terrorífico Bone Tomahawk, el otrora guionista S. Craig Zahler presentó en Sitges Brawl in Cell Block 99, con el que confirma y supera los logros de su, un tanto, sobredimensionada ópera prima, utilizando análogos elementos. De este modo, retoma de ella su ritmo pausado y estructura argumental para componer un contundente thriller carcelario que bebe tanto del cine de explotación de los años setenta como del mundo de cómic. Al igual que en Bone Tomahawk, el descenso a los infiernos del personaje protagonista para salvar la vida de su secuestrada esposa es la base de una propuesta que tiene sus principales hallazgos en unos diálogos afilados, unos estallidos de violencia plasmados en pantalla con superlativa crudeza y el carisma que derrocha un sobresaliente Vince Vaughn en un registro totalmente distinto a los papeles cómicos que le han hecho popular entre el gran público, bien secundado por las aportaciones de dos ilustres veteranos de la talla de Udo Kier, Premio Máquina del Tiempo de este año, y Don Johnson, impagable como despiadado alcaide de un inhumano presidio.

THE ENDLESS (Aaron Moorhead & Justin Benson, 2017)

No éramos pocos los que esperábamos con ganas The Endless, el nuevo trabajo de los norteamericanos Aaron Moorhead y Justin Benson, quienes además de encargarse de escribirlo y dirigirlo, también lo protagonizan, en una faceta hasta ahora inédita en su trayectoria. Tal expectación se sustentaba en la magnificencia alcanzada con su anterior película, Spring, una fábula romántico-fantástica bajo las forma de monster movie también vista en su momento en Sitges que merece ser considerada uno de los títulos más interesantes legados por el género en lo que llevamos de década. Sin llegar a su nivel, en parte por un planteamiento argumental más arriesgado, The Endless vuelve a confirmar a sus responsables como dos de los talentos más interesantes del panorama fantástico actual. Retomando la influencia lovecraftiana ya acusada en la previa, y que en esta oportunidad es explicitada desde la primera cita con la que se abre la cinta, Moorhead y Benson retornan al mundo que crearan en Resolution, su ópera prima, para seguir explorando los temas que han articulado hasta el momento su cine: el amor, las relaciones humanas y la trascendencia. Toda una prueba bien palpable de la mirada personal e intransferible que el tándem de directores ha conseguido acuñar con tan solo tres películas, y que es constatada por el hecho nada baladí de que estas conformen una especie de trilogía orquestada en torno al amor. Y es que si Resolution abordaba el amor entre amigos y Spring el de pareja, The Endless hace lo propio con el amor fraternal.

WHAT HAPPENED TO MONDAY? (Tommy Wirkola, 2017)

En su corta filmografía, Tommy Wirkola ha evidenciado una constante irregularidad que le ha llevado a dar un paso adelante y otro atrás a cada realización de una nueva película. Fiel a esta máxima, tras firmar con la anterior Zombis nazis 2 su trabajo más redondo hasta la fecha, con What Happened to Monday? vuelve a dar la palada de cal. En su defensa habrá que decir que tampoco se lo pone fácil un guion construido sobre un planteamiento recurrente dentro del cine de ciencia ficción reciente, en el que es fácil percibir la influencia ejercida por el clásico de Richard Fleischer Cuando el destino nos alcance. Acorde a ello, en lugar de articular el thriller policiaco de ascendencia noir al que parece apuntar al principio, Wirkola apuesta por dar forma a una anodina cinta plagada de escenas de acción, quién sabe si consciente de lo previsible de la intriga planteada, o en un más que probable intento por equipararse con cualquier blockbuster estadounidense, pese a tratarse de una producción cien por cien europea. La película se salda así como un intranscendente producto de usar y tirar que ni siquiera sabe sacar partido de las posibilidades visuales que le ofrece su ambiente futurista, siendo su único elemento digno de mención la labor efectuada por Noomi Rapace como las siete hermanas protagonistas; no tanto por su limitado despliegue interpretativo, dado que la principal diferencia entre los personajes a los que da vida se encuentra en su distinta apariencia física, como por el esfuerzo realizado al tener que compartir plano y darse la réplica a sí misma durante gran parte del metraje.

LA PIEL FRÍA (Xavier Gens, 2017)

La piel fría supone la esperada adaptación a la gran pantalla de la célebre novela homónima de Albert Sánchez Piñol, una especie de variación del cuento incompleto de Edgar Allan Poe “El faro”, con criaturas lovecraftianas de por medio. El enorme éxito y culto del libro conducía a que la su versión cinematográfica, de manera indefectible, fuera observada minuciosamente con lupa. Pues bien, la película no es tan catastrófica como algunos han dicho, inclusive es una pieza no exenta de interés, con una agradecida atmósfera, donde el nuevo vigilante de un faro se irá apercibiendo de la presencia de unas criaturas a mitad de camino entre lo humano y lo ictíceo. Xavier Gens, director francés que saltó a la fama con Frontera(s), hace aquí uso de unas texturas basadas en los tonos verdes y fríos, como algas muertas, para construir un entorno gélido y asfixiante. Esta co-producción entre el país galo y el nuestro, sin ser, desde luego, una obra maestra, sin embargo merece mayor atención que la que se le dispensó por parte de la crítica en su paso por Sitges, y cuenta con una cautivante interpretación de nuestra Aura Garrido (El Ministerio del Tiempo) como mujer pescadilla, basada básicamente en su expresiva mirada, al ser su personaje mudo y aparecer en todo momento totalmente maquillada, lo que eleva aún más los méritos del trabajo de la actriz. Carlos Díaz Maroto

MUSA (Jaume Balagueró, 2017)

Junto con La piel fría, uno de los títulos que más expectación despertó dentro de la representación española fue Musa, en su condición de nuevo trabajo de Jaume Balagueró. Con él, el cineasta regresa, en forma y fondo, a los tonos que practicara durante el primer tramo de su carrera. Adaptación de la novela de José Carlos Somoza La dama número trece, su propuesta se enmarca dentro de los márgenes del thriller con ribetes terroríficos que practicara en sus inicios, guardando evidentes similitudes con la que fuera su ópera prima, Los sin nombre. Al igual que en ella, su trama se centra en las indagaciones de unos personajes movidos por el amor materno-filial y golpeados por la pérdida para desentrañar un misterio relacionado con una extraña secta ocultista obsesionada con el origen del mal, y cuya resolución se produce en una gigantesca edificación abandonada. Sin embargo, la invocación de unos componentes tan familiares para su responsable se salda en esta oportunidad con unos resultados decepcionantes, comenzando por la dispersión narrativa de la que hace gala el relato, aquejado de un desarrollo inconcreto y deshilvanado, en el que la desidia narrativa acaba por contagiarse al monótono discurrir por el que transita el film. El resultado termina así por asemejarse al de un thriller televisivo, si no fuera por el envoltorio que le brinda una factura formal a la altura de una producción de sus características, que diríase dirigida por un imitador de Balagueró en lugar de por él mismo.

MARROWBONE (EL SECRETO DE MARROWBONE) (Sergio G. Sánchez, 2017) 

Película española hablada en inglés y con intérpretes anglosajones, con intenciones de aportarle una exportación mundial, y que podría definirse como una versión gótica y psicopatológica de A las nueve cada noche, aquella fascinante película de Jack Clayton. Aquí, un grupo de hermanos vive en un caserón y ocultan un secreto que irá desvelándose poco a poco. Se trata de otra película, como La piel fría, sobre la que muchos han caído con uñas y dientes. Escrito y dirigido por Sergio G. Sánchez , guionista de El orfanato, Lo imposible y Palmeras en la nieve (!), en lo que supone su debuta en la dirección, el plato fuerte del film son unas interpretaciones debidas a actores un tanto “atípicos”, con un físico inquietante y nada convencional, así como una excelente fotografía y una gradación del tempo bien mantenida. El guion ha sido tachado de mentiroso y manipulador, pero precisamente ahí está la gracia de este invento, que aúna una apariencia elegante con un juego cómplice con el espectador. Simpática. Carlos Díaz Maroto

THE CURED (David Freyne, 2017)

Procedente de Irlanda, la ópera prima de David Freyne, quien también firma el libreto, se encuadra dentro de los exponentes que utilizan el cine sobre infectados como envoltorio con el que formular lecturas políticas y sociales. Bajo un tono sobrio e introspectivo, The Cured narra el conflicto que se desata en una ciudad durante la reinserción social de los infectados por el virus de rigor tras el descubrimiento de una cura que capitaliza su argumento. Una premisa interesante, aunque vista con ligeras variaciones en otros exponentes previos, caso de la francesa La resurrección de los muertos o la serie británica In the Flesh, que es empleada para dar forma a un drama social que se vincula con situaciones de máxima actualidad, como puede ser el drama de los refugiados, si bien su procedencia geográfica hace que también pueda ser vista como una metáfora del conflicto político irlandés y la rehabilitación en aquella sociedad de los terroristas del IRA tras el final del conflicto armado. El problema es que, sin menoscabo de sus aciertos, la dirección acusa una evidente falta de concisión, apostando por una dilatación narrativa a juego con sus ínfulas autorales que solo perjudica al conjunto. Y ya que hablamos de interpretaciones, tampoco puede pasarse por alto el evidente trasfondo homófobo que adquieren sus imágenes a través de la especial relación que se establece entre sus dos principales personajes masculinos, por más que su concurso parezca algo no intencionado, máxime teniendo en cuenta que su protagonismo femenino corre por cuenta de la reconocida lesbiana Ellen Page, pero que no quita para que este elemento se encuentre presente a poco que uno analice.

SALYUT-7 (Klim Shipenko, 2017)

Además de para descubrir los títulos de moda dentro de la última hornada genérica, o las nuevas propuestas de algunos de sus nombres reconocidos, el Festival de Sitges funciona también como un excelente escaparate con el que asomarse a otras cinematografías más ignotas. Es el caso de la rusa Salyut-7, thriller de ambientación espacial, que no película de ciencia ficción, que pudo verse dentro de la sección “Oficial Fantàstic Competició”. Basada en hechos reales, su argumento dramatiza el arriesgado rescate del satélite que le da título llevado a cabo en 1985 por la agencia espacial soviética, poniendo un particular énfasis en los aspectos emotivos, épicos y patrióticos de una gesta que contaba con todos los condicionantes para acabar en fracaso. No en vano, la película está dedicada a los héroes soviéticos que conquistaron el espacio, incluyéndose en sus títulos de crédito finales imágenes de archivo que muestra a algunos de aquellos cosmonautas. A nivel técnico, el film dirigido por Klim Shipenko evidencia su naturaleza de producción de gran presupuesto, luciendo una envoltura formal, tanto de fotografía, como de diseño o efectos, que no tiene nada que envidiar a las películas norteamericanas de similares características, comenzando por Apolo 13 o Gravity, por solo citar las dos más populares. A sus ya de por sí notables resultados se le une el hecho de que la trama discurra en plena Guerra Fría, ofreciendo así la oportunidad de comprobar cómo se veía la carrera espacial y el enfrentamiento latente con los Estados Unidos desde el otro lado del telón de acero, ofreciendo un componente que, dicho sea de paso, no se diferencia en demasía de la imagen dada en el sentido contrario por numerosas películas producidas por el otro bando.

HOW TO TALK TO GIRLS AT PARTIES (John Cameron Mitchell, 2017)

Adaptación del relato corto del creador de The Sandman, Neil Gaiman, How to Talk to Girls at Parties nos traslada hasta el Londres de 1977, en plena eclosión del punk. Mientras el resto del país festeja el veinticinco aniversario de la subida al trono de Isabel II, un joven punk y dos amigos se cuelan en lo que creen una fiesta, pero que en realidad es la morada donde se aloja un grupo de turistas alienígenas. Lo que viene a continuación es una comedia romántica tan marciana como se desprende de esta premisa, cuyo resultado final acaba por dejar un sabor agridulce. La culpa la tiene la falta de reflexión e inconsistencia en la que incurre la puesta en escena de John Cameron Mitchell. Si bien hay que reconocerle su fantástico retrato de la época histórica en la que se ambienta la cinta, su dirección peca de divagar, aunando momentos logrados con otros carentes de cualquier interés. De este modo, tan pronto podemos encontrarnos con una aguda reflexión sobre el espíritu del punk o la vida misma, como una extravagancia visual de aires psicodélicos que solo sirve para torpedear el tono del relato. Con ello no quiere decirse que se trate de una mala película, aunque sí de una película fallida de interés intermitente, echándose a faltar una mayor cohesión entre los dos principales arcos argumentales, como demuestra el que en diversos parajes todo el invento se mantenga a flote únicamente por la química que desprende su pareja protagonista formada por Alex Sharp y Elle Fanning.

HAVE A NICE DAY (Jian Liu, 2017)

Representante del cine de animación dentro de la Sección “Oficial Fantàstic Competició”, la producción china Have a Nice Day fue uno de los grandes blufs que nos dejó esta edición, teniendo en cuenta el teórico aval que a priori suponía su paso previo por los prestigiosos festivales de Berlín y Annecy. Uno de los principales motivos, mas no el único, se encuentra en una animación minimalista que, en lugar de a una opción estética, parece responder, única y exclusivamente, a cuestiones productivas. Ya no es que esta resulte en todo momento de lo más estática; es que su dirección parece estar encaminada a animar el menor número posible de planos, alargando para tal fin las situaciones más de lo recomendable o empleando determinados recursos visuales de lo más gratuitos, cuya inclusión solo parece responder a un evidente intento de añadir metraje hasta alcanzar una duración estándar, lo que en última instancia contribuye a que su visionado resulte ciertamente insoportable, a pesar de contar con setenta y cinco minutos escasos. De este modo son tirados por tierras los posibles valores de este neonoir con estética de novela gráfica e influencia tarantiniana, que intenta ofrecer un fresco de la sociedad China actual a través de las peripecias de varios personajes interconectados con el nexo de unión del robo de una cantidad de dinero, aunque a la hora de la verdad su historia no parezca conducir a ningún lado.

MOM AND DAD (Brian Taylor, 2017)

Los productores  norteamericanos siguen confiando en la figura de Nicolas Cage para vender los filmes, pese a que su nombre parece ser garantía de mucho desvarío y poca convicción. Esta nueva producción con el actor de Rumble Fish está escrita y dirigida por Brian Taylor, que ya le dirigió en la espantosa Ghost Rider – Espíritu de venganza, y escribió la no menos temible Jonah Hex. Esta comedia de terror, o algo así, muestra cómo de pronto los papis de todo el mundo —o, en su defecto, del pueblecito yanqui donde se desarrolla la acción, que para el caso es lo mismo— se vuelven repentinamente locos e intentan acabar con su prole. El montaje ofrece algunas escenas desordenadas, para conferirle una supuesta complejidad, con vuelta atrás en el tiempo para comprobar cómo se inició todo, y luego inclinarse de nuevo al dislate de los ataques sin sentido. Un sinsentido, desde luego, es toda la película, donde ni ironía ni horror logran el equilibrio necesario para aportar un producto convincente, y ni siquiera su buena factura estética logra conferir prestancia a una serie Z con ínfulas de A. Carlos Díaz Maroto

JACKALS (Kevin Greutert, 2017)

Jackals supone la nueva película de Kevin Greutert, montador oficial de la saga Saw y director de varias de sus entregas; la sexta y la séptima para ser más exactos. El dato es importante, porque de algún modo la sombra de la popular franquicia creada por James Wan y Leigh Whannell sobrevuela por encima de esta home invasion, en la que una familia sufre el acoso en su casa de verano de los correligionarios de su recuperado hijo, miembro de una apocalíptica secta llamada no por casualidad Thanatos, el dios de la muerte de la mitología griega. Con este punto de partida, la película plantea ideas interesantes, caso de esos secretos y trapos sucios del clan familiar que salen a la luz a medida que la situación se vuelve cada vez más tensa, o los apuntes extrapolables al contexto social actual que pueden deducirse en la violencia irracional que ejercen los miembros de la secta, incluso contra sus propios familiares, dados los paralelismos que arroja con el terrorismo yihaidista. Sin embargo, Greutert se muestra incapaz de desarrollar estos elementos, conformándose con dosificar la información e incluir puntuales estallidos de violencia, quién sabe si con la secreta intención de emular a Saw y dar así pie a nuevas secuelas que puedan incidir en ello. Hay que reconocerle, eso sí, el gusto estético que demuestra en las escenas ambientadas en el exterior de la casa asediada y protagonizadas por los enmascarados miembros de la secta, con esos planos captados a contraluz. Un detalle que, no obstante, no logra por sí mismo redimir la medianía del producto, simbolizada por el tópico de que los agresores porten máscaras de animales, lo que, con todo, da pie a un hallazgo por lo demás poco aprovechado: el que los asaltantes se comuniquen mediante ladridos.

HAPPY DEATH DAY (Christopher Landon, 2017)

Happy Death Day se presenta como una especie de mezcla entre la inevitable Atrapado en el tiempo y Scream, con un psicópata que mata universitarios acabando con el protagonista una y otra vez, en un día que se repite como un bucle. Un punto de partida no muy original, pero que tiene su gracia, aunque lamentablemente no es desarrollado con el interés necesario, por lo que a los pocos minutos, tal cual, la idea se agota, dando vueltas a lo mismo una y otra vez, valga la redundancia. Christopher Landon, hijo de Michael y guionista de diversas entregas de la saga de Paranormal Activity, vuelve a ampararse en el recurso del humor, como hiciera en la intragable Zombie Camp, que también dirigió, para desplegar una trama que hubiera requerido una paulatina reconducción hacia otros tonos, a medida que se agotaba su escasa premisa. Así, tan pronto como se ve se olvida. Carlos Díaz Maroto

THE HERETICS (Chad Archibald, 2017)

Desde hace unos años la firma canadiense Black Fawn Films viene consolidándose como una de las productoras más interesantes y personales de aquello que podríamos denominar la Serie B del cine fantástico actual. Títulos como Antisocial, Bite o Bed of the Dead dan buena muestra de la particular concepción del género de Black Fawn, muy deudora en algunos aspectos a cierto tipo de cine de terror de los años ochenta. The Heretics vuelve a reafirmar esta apuesta, si bien abandonando el “body horror” que había caracterizado los anteriores trabajos de la casa, para presentar en cambio una historia sobre sectas, tan de moda dentro de los exponentes genéricos coetáneos, tal y como pudo comprobase a lo largo de Sitges. La escena con la que se abre la cinta, en la que los miembros de un culto ataviados con túnicas y máscaras de madera tipo ciervo se suicidan ritualmente alrededor de una atemorizada muchacha dan buena cuenta de la fuerza visual y conceptual de la película, su punto fuerte en combinación con unos competentes efectos especiales y unas más que destacables prestaciones de su trío protagonista, con mención especial para la labor de Jorja Cadence en el papel de la villana de la función. Es una lástima, así las cosas, que la historia que se nos narra no se encuentre a la altura de las circunstancias, ya que, sin ser mala, y aún poseyendo más de un giro de guion interesante, no termina de descollar del modo en que debiera, lo que en última instancia provoca que The Heretics, siendo un film apreciable, no termine de ser redondo.

TONIGHT SHE COMES (Matt Stuertz, 2016)

En un principio la propuesta de Tonight She Comes se encuadra dentro del revival del cine de terror ochentero que viene produciéndose en los últimos años dentro de la escena de cine fantástico indie estadounidense. Su prototípico punto de partida, con un grupo de jóvenes siendo masacrados por un misterioso matarife en medio del bosque, junto a una banda sonora musicada a base de sintetizadores, así parece señalarlo. Incluso el texto con el que se abre la cinta, en el que se recomienda oír la película a máximo volumen, remite al visto en The Mind’s Eye, la segunda película de Joe Begos, otro cineasta que ha hecho de la emulación del cine de terror de los ochenta una de sus principales señas identificativas, y con cuya obra Tonight She Comes mantiene innegables similitudes. A tenor de lo expuesto, pudiera parecer que nos encontramos ante un formulario slasher. Sin embargo, la segunda película de Matt Stuertz, quien también se encarga del guion y el montaje, consigue escapar de ideas preestablecidas por medio de un desarrollo que, por medio de ocultar la información sobre la realidad de lo que acontece, consigue demostrar cierto manejo del suspense. Esto no quita para que, pese a sus intentos, los resultados no acompañen. Dividida en dos mitades, la primera transcurre bajo los más sobados estereotipos del mencionado slasher, no logrando alzar el vuelo hasta una vez que la película deja al descubierto sus verdaderas cartas coincidiendo con la llegada de sus protagonistas a la clásica cabaña aislada en medio del bosque y su apertura a interiores. A partir de este punto, Stuertz se abandona a lo escatológico y lo grotesco, llenando la pantalla de gore, sangre y otros fluidos, en un tramo en el que destaca un sentido del humor de lo más particular que mejor funciona cuanto más negro se vuelve. Unos logros, no obstante, que llegan quizás demasiado tarde, no consiguiendo maquillar las indudables carencias de un producto simpático, sí, pero terriblemente desigual y fallido, a causa, entre otras cosas, de una dirección un tanto dispersa y equivocada. Véase al respeto la inclusión del instante horario en el que transcurren las escenas, un detalle que en el momento de la verdad solo parece obedecer a un capricho ornamental y no a las necesidades narrativas de la historia. Así las cosas, tal vez el aspecto más destacable del conjunto se encuentre en el alegato feminista que se puede leer entre líneas, y que no deja de tener su gracia viviendo de un subgénero acusado tradicionalmente de machista como el slasher.

THE NIGHT WATCHMEN (Mitchell Altieri, 2017)

Otra mixtura de humor y terror, donde al menos los ingredientes quedan más claros en la receta, sin que los sabores se mezclen. Tres veteranos vigilantes nocturnos, a los cuales se les unen un compañero nuevo bastante bisoño, así como un periodista, deben unir fuerzas para combatir a una horda de vampiros feroces, que más bien parecen zombis, infectados o algo por el estilo. El humor burro, a partir de ahí, campa a sus anchas, por medio de un guion elaborado por sus dos principales protagonistas, Ken Arnold y Dan DeLuca —cuyos personajes inclusive se llaman como ellos— y que dirige Mitchell Altieri —una de las mitades de The Butcher Brothers— sin especial relevancia. Su falta de pretensiones y su locura encandilará a muchos, aunque ciertamente no es un título memorable, aunque da lo que promete, sin mayores alharacas. Carlos Díaz Maroto

DOWNRANGE (Ryuhei Kitamura, 2017)

Cinco años después de su anterior incursión con la estimable No One Lives, el cineasta japonés Ryuhei Kitamura regresa al cine estadounidense con Downrange, un film cimentado sobre una única situación, la de seis jóvenes varados junto a su coche averiado en mitad de una solitaria carretera a merced de un misterioso francotirador. Por desgracia, lejos de lo que cabría esperar a tenor de esta premisa, la película resultante está lejos del ejercicio de tensión narrativa que se deduce de su planteamiento, viéndose aquejada de lo que podríamos denominar el síndrome del corto alargado. De este modo, su escueto argumento es a duras penas estirado cual chicle, prolongando las situaciones ad nauseam, y provocando así que el tedio pronto se apodere del visionado. Incluso la llegada de nuevos personajes superado el ecuador de la cinta es totalmente desaprovechada para utilizarlos, única y exclusivamente, como víctimas propiciatorias del matarife de turno, sin preocuparse de procurarles de un mínimo peso narrativo. Para colmo de males, a pesar de sus interminables escenas de diálogos, el film tampoco acierta en su intento por profundizar en los caracteres de los personajes protagonistas. Con semejante material entre manos, del que, no obstante, es coguionista, poco puede hacer un Kitamura estéril a la hora de dotar de un mayor dinamismo al conjunto, concentrando su labor en la creación de cierto estilismo visual así como en la inclusión de puntuales ramalazos gore que, a la hora de la verdad, no logran sustentar por sí mismos el peso de la cinta.

MAYHEM (Joe Lynch, 2017)

Tomando como base la fórmula del cine sobre infectados, el director Joe Lynch y su guionista, Matias Caruso, se descuelgan con una negrísima comedia, gamberra y sanguinaria, que satiriza con incisiva acidez el ambiente y la competitividad laboral de las grandes empresas estadounidenses y, muy particularmente, el de los bufetes de abogados, poniendo en el centro de su diana la falta de escrúpulos de una mentalidad en la que lo único que importa es el triunfo profesional a toda costa, aunque sea por medio de destripar al compañero de al lado. Algo que, literalmente, ocurre en la película, una vez que un extraño virus elimine las inhibiciones sociales de los trabajadores de una importante consultora de abogados, dando pie a una adrenalínica cinta repleta de acción con estructura de videojuego, en la que sus dos personajes principales, interpretados perfectamente por Steven Yeun y Samara Weaving, tendrán que superar los diferentes niveles en los que se divide la empresa hasta llegar a las dependencias de las altas esferas, para poder llevar a cabo su venganza de clase. El resultado, ni qué decir tiene, se erige en todo un festín para los amantes al cine de Serie B.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on noviembre 25, 2017 at 4:20 pm  Dejar un comentario  
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Crónica de la XXVIII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

No lo tenía fácil la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián 2017 tras el listón tan alto dejado por la edición del año pasado, sin duda una de las mejores en la historia reciente del certamen donostiarra. Por si fuera poco, terminados los fastos de la capitalidad cultural europea, la Semana tenía que volver a enfrentarse a un presupuesto de lo más ajustado que, entre otras cosas, se llevaba por delante la publicación del tradicional volumen monográfico, recuperado para la causa el año pasado tras largo tiempo de ausencia. A todas estas dificultades se le sumaba, además, el hándicap de una programación que, al menos sobre el papel, se presentaba huérfana de títulos mediáticos o avalados por nombres propios del género, si bien en su descargo hay que señalar que contaba con varios de los títulos premiados en el cercano Festival de Sitges.

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Paul Urkijo, director de “Errementari”, presentando su película al público de la Semana.

Sin embargo, a pesar de este cúmulo de condicionantes en principio nada halagüeños, lo cierto es que el equipo dirigido por Josemi Beltrán ha conseguido solventar la papeleta y brindar una Semana que ha logrado brillar a gran altura, dentro de las circunstancias. La aludida ausencia de títulos de relumbrón, más allá del tanto que suponía el estreno español de la octava entrega de la saga Saw, fue compensada por una selección de films de lo más heterogénea en su forma de acercarse y entender el hecho fantástico, y que arrojaría un nivel bastante alto. Buena muestra de ello lo tenemos en Errementari, la película encargada de protagonizar la gala inaugural, el sábado 28 de diciembre. En el que suponía su estreno ante sus paisanos, la ópera prima del cineasta alavés Paul Urkijo se alzaría con el máximo galardón del certamen gracias a los votos del público. Qué duda cabe que en tal consideración pesaría el que su versión original sea en euskera -en una variante alavesa procedente del siglo XIX en el que se ambienta la historia, para ser más exactos- y el basarse en una leyenda autóctona. Pero no menos cierto es que la cinta se encuentra plagada de hallazgos, en especial por su tono clásico, su sentido de la atmósfera, su gusto estético, su inventiva visual y un sentido del humor bien engrasado que lo convierten, de facto, en uno de los debuts más prometedores del cine fantástico español reciente y, al mismo tiempo, uno de los títulos de la temporada dentro del género en nuestro país.

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Panel con las puntuaciones de los films y cortometrajes a concurso de esta edición.

No obstante, quizás el film más notable de cuantos desfilaron por la pantalla del Teatro Principal a lo largo de esta Semana fue Jupiter’s Moon, la cual llegaba a la capital guipuzcoana tras haber logrado el premio a la mejor película en la Sección Oficial de Sitges. Tras darse a conocer internacionalmente con su anterior White Dog (Dios blanco), el húngaro Kornél Mundruczó regresa con otra fábula social de contornos fantásticos que pone el dedo en la llaga sobre la impasibilidad de la Vieja Europa ante el drama de los refugiados sirios. A la valentía de su discurso en un tema tan controvertido y candente, máxime teniendo en cuenta la dura posición de su país con el tema, hay que añadirle el virtuosismo de una puesta en escena caracterizada por una cámara inquieta que tiene su mejor ejemplo en la persecución automovilística que tiene lugar en los últimos minutos, y que consigue un efecto igual de espectacular, si no más, que el de cualquier escena de este tipo vista en una superproducción estadounidense, pero sin caer ni un ápice en su vacua aparatosidad.

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Imagen de la exposición “Ink of Dracula – A Comic Tribute” en la sala de activididades de la Biblioteca Central.

Menos positivo fue en cambio el sabor de boca dejado por otra película que venía precedida por los premios obtenidos en su paso por Sitges. Fue el caso de la cinta francesa Revenge. Con un claro regusto retro, haciendo honor a su título se trata de una rape & revenge en toda regla que, si bien justifica el doble galardón a la mejor dirección y dirección novel obtenido en el certamen catalán por su directora, Coralie Fargeat, merced a una estilizada y esteticista puesta en escena a caballo entre el cine italiano de los años setenta y un anuncio de colonas, se ve en cambio lastrada por su tendencia a hacer inverosímil todo lo narrado.

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Un año más la actriz Miriam Cabeza y Josemi Beltrán, director de la Semana, ejercieron de maestros de ceremonias en las presentaciones previas a las proyecciones del Teatro Principal.

Un peldaño por debajo de Errementari y Jupiter’s Moon se situaría un nutrido grupo de films que pondrían de relieve el buen nivel arrojado por la selección de films proyectados. Entre ellos, podemos mencionar a Dave Made a Maze, acreedor del tercer puesto en el cómputo global de los votos del público. Partiendo de una premisa mínima, de lo más absurda y surrealista por si no fuera bastante, el debutante Bill Watterson construye una de las propuestas más marcianas, bizarras, originales e imaginativas de la temporada, llamada a convertirse en un título de culto instantáneo y, si no, al tiempo. También es digna de destacar Mom and Dad, película protagonizada por Nicolas Cage y Selma Blair que da una inteligente vuelta al cine sobre infectados, para articular una negrísima comedia que reflexiona sobre las relaciones paternofiliales y el proceso de forzosa maduración que conlleva la paternidad. Lástima que la inclusión de diferentes flashbacks que solo sirven para subrayar de forma molesta la verdadera naturaleza de su discurso, como si este no estuviera suficientemente claro, acaben por torpedear la progresión de la cinta, provocando que esta no resulte tan alocada como promete.

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Nic Wassell, director del cortometraje inspirado en H.P. Lovecraft “The Distant Sea” y Josemi Beltrán. “The Distant Sea” se alzaría con el premio del jurado al mejor cortometraje.

El tema de las relaciones familiares enunciado por Mom and Dad, presente también en Errementari, se erigiría en el principal leitmotiv temático de los films a concurso de esta Semana. Sin ir más lejos, lo localizaríamos a distintos niveles en al menos otras tres películas. Precisamente, en la australiana Hounds of Love este elemento sirve para dar una vuelta de tuerca a lo que en principio se antoja una nueva historia sobre la enfermiza relación amorosa de una pareja de asesinos que se dedica a secuestrar y asesinar jovencitas, en la línea de The Honeymoon Killers. El buen nivel del conjunto se ve beneficiado por las esforzadas composiciones de su elenco interpretativo, en especial por parte de sus dos protagonistas femeninas, y un cuidado estético que tiene su mejor ejemplo en el simbolismo que adquiere la utilización de los tonos ocres dentro de su fotografía. Por su parte, House of the Disappeared, el remake surcoreano de La casa del fin de los tiempos, malgasta los hallazgos de guion del film venezolano que toma como base para componer un soporífero melodrama lacrimógeno, muy al gusto del público de su país.

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Presentación de la proyección de “Matar a Dios” con su equipo.

La triada de títulos referidos se completaría con Matar a Dios, el debut en el formato largo de Caye Casas y Albert Pintó, cuyo cortometraje RIP se llevaría el premio del Público en el concurso de cortos españoles y el concedido por Syfy al mejor corto español. Centrándonos en su ópera prima, durante su primera parte Matar a Dios resulta una fiel heredera de la comedia negra española de los Ferreri, Azcona y Berlanga, tanto por la acidez de su humor como por su aprovechamiento de un reparto compuesto por habituales secundarios, encabezado por dos actores habitualmente tan desaprovechados como Eduardo Antuña y Emilio Gavira. Sin embargo, el buen tono bajo el que hasta entonces transcurre el relato se resiente una vez superado el ecuador y se impone el componente dramático y reflexivo que persigue la película. Y ya que hablamos de films españoles, no podemos por menos que mencionar el otro representante patrio dentro de la sección competitiva, Black Hollow Cage. Curiosamente, y al igual que los dos restantes, se trataría del trabajo de un director novel, en este caso Sadrac González-Perellón, quien para su debut se descuelga con un thriller de ciencia ficción que, tanto argumental como estéticamente, remite a la británica Ex Machina y a la española Los cronocrímenes, destacando por su atractivo diseño de producción y aspecto visual.

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Sadrac González-Perellón posando junto al cartel de su película en la rueda de prensa.

Frente a la mayoría de los films referidos hasta el momento, cuya vinculación con el fantástico resulta más o menos tangencial, o, mejor dicho, nada formularios, los exponentes realizados desde planteamientos más puramente genéricos ofrecerían un resultado menos positivo. Con la excepción de Housewife, la nueva locura de Can Evrenol, en la que el director turco explicita aún más su deuda con el cine de terror italiano de los años ochenta que ya desplegara en su anterior Baskin, y más concretamente con la obra en el periodo de Lucio Fulci, del que hereda su dinamitado de las convenciones narrativas, el resto de títulos sorprendería por la pobreza de sus resultados. Quizás la mayor decepción vendría por parte de The Crucifixion, dada la identidad de su director, el francés Xavier Gens, y su relativo aparato productivo, pero a la que partir de hechos reales no la libra de caer en todos los tics de manual del thriller terrorífico actual más mainstream. Al menos, cabe agradecer su intento por escapar de los lugares comunes del cine sobre exorcismos, que aunque brinda un par de escenas bastante potentes, a la hora de la verdad se quede solo en eso; en intentos. Algo parecido puede decirse de Downrange, en la que el japonés Ryuhei Kitamura plantea un aburrido ejercicio de estilo sustentado sobre una situación única solamente animado por la aparición de puntuales ramalazos gore. En cuanto a Rescate en Osiris, mejor correr un tupido velo sobre el contenido de esta cinta de ciencia ficción australiana de verborreicos diálogos y escasa sustancia.

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Alan Hofmanis posa con el cartel original de “Bad Black” confeccionado a mano sobre piel de cerdo.

Al margen de la Sección Oficial, la Semana también programó fuera de concurso dos proyecciones pensadas para alimentar el particular ambiente festivo y gamberro que caracteriza al público que, año tras año, llena la platea del Teatro Principal donostiarra, sede principal del certamen. Procedente de Uganda, la Semana acogía la noche de Halloween el desembarco en San Sebastián del fenómeno Wakaliwood con el pase de una de sus últimas muestras, Bad Black, ganadora el pasado año del premio del público del Fantastic Fest de Austin de Texas. Lo hizo de la mano del que viene siendo el embajador de este tipo de cine de presupuestos ínfimos, acción máxima y libre de prejuicios, Alan Hofmanis, quien llegó acompañado de una selección de tráileres de otras películas de la factoría. Para completar aún más la psicotrónica experiencia, en los prolegómenos al pase se rodaría una secuencia con el público de la Semana de cara a incluirla en una de las próximas producciones de Wakaliwood, Ebola Hunter, repitiendo lo que ya hiciera Hofmanis en su visita a la CutreCon madrileña hace ahora más de año y medio. Todo ello hizo de esta sesión uno de los puntos culminantes de este año y una de las más especiales para los asistentes, a decir de los comentarios que pudieron oírse tras el pase.

Semana 2017 03

María José Cantudo y el fotógrafo Pedro Usabiego durante la rueda de prensa de presentación de la exposición fotográfica “Mil gritos en la noche”.

El éxito no volvería a repetirse sin embargo con Los resucitados, el film maldito de Arturo de Bobadilla recuperado más de dos décadas después de su rodaje, cuya proyección el último día del festival no suscitó la reacción que en un principio cabría esperar del siempre ruidoso público de la Semana, habida cuenta de su contenido. Protagonizado por varios nombres propios del estilo, como Paul Naschy o Antonio Mayans, la presencia en el programa oficial de Los resucitados se situaría dentro del protagonismo que esta edición de la Semana otorgó a nuestro querido fantaterror español. Algo, de algún modo, evidenciado desde el mismo cartel oficial de este año, protagonizado por una María José Cantudo que en su visita a San Sebastián recalcaría los buenos recuerdos que guarda de sus películas dentro del género, así como su disponibilidad a volver a trabajar en él. Así, dentro del marco de la Semana, el Centro Cultural Okendo acogería una interesante exposición comisariada por el fotógrafo Pedro Usabiaga que, bajo el título “Mil gritos en la noche”, reunió una serie de imágenes en blanco y negro, en su mayoría inéditas, de actores y actrices que en algún momento participaron en nuestro cine fantástico durante los años setenta.

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Foto de familia de los ganadores de esta edición de la Semana.

Del mismo, el cartel oficial de este año también pondría de relieve el protagonismo femenino dentro del género, el cual tendría su eco en el ciclo retrospectivo de esta edición que, como viene siendo costumbre, se desarrolló en paralelo a la programación oficial en el teatro Victoria Eugenia, sede reservada por el certamen a las proyecciones en versión original subtitulada al euskera. Organizado en colaboración con Zinemakumeak Gara! Muestra de Cine Dirigido por Mujeres de Bilbao, “El ataque de las mujeres cineastas”, que tal es su nombre, acercaría una selección de ocho títulos de temática fantástica dirigido por féminas, que irían desde exponentes ochenteros como Los viajeros de la noche o Cementerio de animales, hasta otros ejemplos más actuales, caso de las recientes Una chica vuelva a casa sola de noche o The Love Witch.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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