Palmarés de la 65 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián

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Finalizó la 65 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, celebrada entre el 22 y el 30 de Septiembre. Una edición que resultó, sin lugar a duda, bastante superior en lo que a la sección oficial se refiere con respecto a la edición anterior, la 64, en la que se celebraba la capitalidad europea de la cultura de San Sebastián.

La sección oficial de este año volvió a contar con una excesiva presencia de  películas, concretamente veinticinco, pero con un nivel general más que aceptable, abundando los títulos con producción o coproducción francesa. De las siete que se proyectaron fuera de concurso, la coproducción británico-sueca The Wife / La buena esposa, dirigida por Björn Runge, fue la encargada de clausurar esta edición, contando con una notable interpretación de Glenn Close. Por otra parte, se proyectaron los dos primeros capítulos de la serie española dirigida por Alberto Rodriguez La peste / The Plague, además de las producciones estatales Marrowbone / El secreto de Marrowbone, el esperado debut en la dirección del hasta ahora guionista y colaborador habitual de J. Bayona, Sergio G. Sánchez, y Morir / Dying de Fernando Franco.

Fuera de concurso  se proyectaron la película japonesa de animación Uchiage hanabi, shita kara miruka? Yoko kara miruka? / Fireworks, Should We See It  from the Side or the Bottom?, del tándem formado por Akiyuki Shinbo y Nobuyuki Takeuchi, la cinta francesa dirigida por Albert Dupontel Au revoir là-haut / See you up there y la coproducción franco-británica codirigida por Jean-Michel Cousteau y Jean-Jacques Mantello Wonders of the Sea 3D, narrada por Arnold Schwarzenegger.

En el capítulo de galardones, en esta edición se entregaron tres Premios Donostia. El primero fue para la directora belga Agnès Varda, responsable de títulos como Cléo de 5 à 7 / Cleo de 5 a 7, Le Bonheur / La felicidad o Sans toit ni loi / Sin techo ni ley. Cabe destacar que este mismo año la realizadora recibirá un Oscar honorífico por el conjunto de su carrera, además de recordar que ya había visitado previamente Donostia durante la edición 59 con motivo de la retrospectiva que se dedicó sobre su marido, Jaques Demy.

El segundo de los Premios Donostia fue para el actor argentino Ricardo Darín, cuyo buen hacer ha quedado demostrada por sus interpretaciones en cintas como Nueve reinas, Luna de Avellaneda o Truman, entre otras. Por cierto, que coincidiendo con la entrega del premio Donostia se presentó su último trabajo, La cordillera / The Summit.

El tercer y último premio de esta edición fue para la bellísima actriz italiana Monica Bellucci, en cuyo curriculum figuran títulos como Drácula de Bram Stoker, Asterix y Obelix: Misión Cleopatra o las entregas de la saga Matrix Reloaded y Revolutions. Como acompañamiento a la entrega del galardón se realizó una sesión doble conformada por los pases de Malena, dirigida por Giuseppe Tornatore, y Under Suspicion / Bajo sospecha de Stephen Hopkins.

Premios a un lado, como viene siendo habitual esta edición contó con una afluencia de público masivo a las proyecciones de las secciones “Perlas de otros festivales”,  “Zabaltegi”, “Nuevos directores” y “Horizontes Latinos”. Siguiendo con las secciones paralelas, otro año más “Zinemira”, compuesta por cintas de producción vasca, junto con “Made in Spain”, repasaron parte de lo más destacado del cine español reciente, con el fin de facilitar el conocimiento tanto a la prensa como la industria internacional. En el mismo sentido, tanto la sección dedicada al cine infantil como “Savage Cinema” (dedicada al cine de aventura y deportes de acción) y “Culinary Zinema” (cine y gastronomía) volvieron a tener una gran aceptación por parte de los diferentes tipos de público asistente.

La retrospectiva de este año estuvo dedicada al director estadounidense Joseph Losey, del que se pudo ver seis de sus cortometrajes y sus treinta y dos largos. Autor de títulos tan recomendables como M, The Serveant / El sirviente o Steaming, Losey fue uno de los máximos exponentes del denominado “cine de autor” o “arte y ensayo” en los años sesenta, comenzó su carrera a finales de los años treinta y fue una víctima más de la caza de brujas que se produjo en Holywood por el senador Joseph McCarthy acusándolo de mantener actividades “antiamericanas”, por lo que decidió emigrar a Inglaterra y continuar allí con su carrera.

Pasando ya a repasar el palmarés que nos deja esta edición, el jurado oficial, el cual estuvo presidido por el actor y director estadounidense John Malkovich y compuesto por Dolores Fonzi, Jorge Guerricaechevarría, William Oldroyd, Emma Suárez, André Szankowski y Paula Vaccaro, otorgó los siguientes Premios oficiales FIAPF:

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Concha de oro a la mejor película: The Disaster Artist de James Franco (EEUU).

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Premio especial del jurado: Handia de Aitor Arregi y Jon Garaño (España).

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La actriz Sofia Gala y Concha de Plata a la Directora Anahi Berneri.

Concha de plata a la mejor directora: Anahí Berneri por Alanis (Argentina).

Concha de plata a la mejor actriz: Sofía Gala Castiglione por Alanis (Argentina).

Mención especial para Anne Gruwez por Ni Juge, Ni Soumise / So Help Me God (Francia-Belgica).

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Concha de plata al mejor actor: Bodgan Dumitrache  por Pororoca (Rumanía-Francia).

Premio del jurado al mejor guión: Diego Lerman y María Meira por Una especie de familia (Argentina-Brasil-Polonia-Francia).

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Premio del jurado a la mejor fotografía: Florian Ballhaus por Der Hauptmann / The Captain (Alemania-Francia-Polonia).

Otros jurados concedieron los siguientes premios:

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Premio Kutxabank-nuevos directores: Marine Francen por Le Semeur / The Shower (Francia).

Mención especial: Laura Mora por Matar a Jesús (Colombia-Argentina).

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Premio Horizontes: Los perros de Marcela Said (Chile-Francia).

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Premio Zabaltegi-Tabakalera: Braguino de Clément Cogitore (Francia).

Menciones especiales: Darya Zhovner (actriz) por Tesnota / Closeness de Kantemir Balagov (Rusia) y Spell Reel de Filipa Cesar (Francia).

Premio del público Ciudad de Donostia-San Sebastián: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri de Martin McDonagh (EEUU-Reino Unido).

Premio película europea: Jusqu’á la Garde / Custody de Xavier Legrand (Francia).

Premio IRIZAR al cine vasco: Handia de Aitor Arregi y Jon Garaño (España).

Premio Eroski de la juventud: Matar a Jesús de Laura Mora (Colombia-Argentina).

Premio TVE otra mirada: Jusqu’á la Garde / Custody de Xavier Legrand (Francia).

Premio cooperación española: Alanis de Anahí Berneri (Argentina).

Premio FIPRESCI: Life And Nothing More de Antonio Méndez Esparza (España-EEUU).

Premio Feroz Zinemaldia: The Disaster Artist de James Franco (EEUU).

Premio Signis: Life And Nothing More de Antonio Méndez Esparza (España-EEUU).

Mención especial: Ni Juge, Ni Soumise / So Help Me God de Jean Libon (Francia-Bélgica).

Premio especial 60 años del jurado Signis en San Sebastián: Matar a Jesús de Laura Mora (Colombia-Argentina).

Premio de la Asociación de donantes de sangre de Gipuzkoa a la solidaridad: Au Revoir Lá-Haut / See You Up There de Albert Dupontel (Francia).

Premio Sebastiane 2017: 120 Battements par minute / 120 Beats Per Minute de Robin Campillo (Francia).

Mención Especial: Soldatii. Poveste Din Ferentari / Soldiers. Story From Ferentari de Ivana Mladenovic (Rumanía-Bélgica-Serbia).

Premios Donostia: Agnés Varda, Monica Bellucci y Ricardo Darín.

Premio Zinemira: Julia Juaniz.

Premio Jaeger-Lecoultre al cine latino: Paz Vega.

Premio Federoa: Charmøren / The Charmer de Milad Alami (Dinamarca).

Menciones especiales: Matar a Jesús de Laura Mora (Colombia-Argentina) y Pailalim / Underground de Daniel Palacio (Filipinas).

Premio al mejor guión vasco: Ximun Fuchs y Eñaut Castagnet por NON/NO.

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Premio de la Industria cine en construcción 32: Ferrugem de Aly Muritiba (Brasil).

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Premio de la Industria Glocal in progress: Dantza de Telmo Esnal (España).

Premio “LURRA” otorgado por Greenpeace: An Inconvenient Sequel: Truth To Power de Jon Shenk y Bonni Cohen (EEUU).

Por último, no podemos acabar sin destacar, otra edición más, el buen hacer demostrado por José Luis Rebordinos al frente del equipo del Zinemaldia, volviendo a conseguir el difícil reto de que prácticamente todo funcionara de forma notable. También hay que destacar el filtro puesto en esta edición a los invitados y acreditados a la hora de coger de manera compulsiva entradas para pases a los que luego no acudían, lo que provocaba que quedaran fuera de las proyecciones otras personas con o sin acreditación interesadas en esos pases; todo un acierto. Por otro lado, y sabiendo de la poca cantidad de salas con las que cuenta la ciudad, habría que pensar que quizás la sala Z de Tabacalera no esté a la altura de la categoría del Zinemaldi.

¡Hasta el 66 Festival!

Texto: FeRoDo

Fotos: Juan Mari Ripalda

Crónica de FANT 23

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No deja de ser llamativa la escasa repercusión de la que disfruta un evento del calibre del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT. Con veintitrés ediciones a sus espaldas, el certamen organizado por el ayuntamiento bilbaíno ha logrado convertirse en los últimos años por derecho propio en uno de las citas más pujantes dentro del panorama patrio de festivales dedicados al género fantástico. Ello ha sido posible gracias al buen hacer de sus responsables, que han conseguido articular una interesante programación encabezada por una Sección Oficial en la que los títulos señeros de la temporada se conjugan con premieres de todo tipo, y que se remata con un nutrido calendario de proyecciones paralelas y actividades complementarias que en cada nueva edición va en aumento. A todo esto hay que añadirle, además, el atractivo que supone la presencia de varios de los equipos de los films a concurso, así como de distinguidas personalidades invitadas a tal efecto, cuya comparecencia ayudan a aportar un mayor colorido. Sobre todo, por la sana costumbre del certamen de celebrar tras las correspondientes proyecciones un turno de preguntas y respuestas entre los responsables de las películas y los espectadores, y que por regla general suelen resultar bastante participativos.

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Fachada del Azkuna Zentroa, sede principal de FANT.

Sin embargo, pese a todos estos alicientes y un nivel organizativo a la altura de cualquier gran evento de su clase, el nombre de FANT apenas es conocido entre los aficionados. Incluso, da la sensación de que el propio público vizcaíno no es consciente de la suerte que tiene por tener en su casa un certamen con un potencial que para sí quisieran otras grandes ciudades. No obstante, parece que, por fortuna, las cosas están cambiando, y poco a poco comienza a valorarse como merece al festival bilbaíno. Así lo atestigua el exponencial aumento en el número de espectadores que, año tras año, viene registrando, y que en este 2017 logró superar la barrera de los diez mil. A ello no fue ajeno el incremento del número de sesiones, lo que pone de relieve el crecimiento que viene experimentado la propuesta y que tuvo su reflejo en otros detalles.

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Quizás la muestra más ilustrativa en este sentido se encuentre en la presencia de una personalidad de la talla de la norteamericana Barbara Crampton, quien acudió a Bilbao para recoger el nuevo galardón “Estrella del FANTástico” con el que el festival le rendía tributo por toda su trayectoria. Derrochando simpatía, amabilidad y proximidad, la actriz norteamericana acompañaría durante su estancia en FANT el pase de dos de sus películas. Por un lado, la mítica Re-Animator, título que iniciara su asociación con el género terrorífico y sobre el que poco se puede decir a estas alturas. Y por otro con la reciente Beyond the Gates, en la que, además de interpretar el personaje de una maestra de ceremonias televisiva tipo Elvira, ha ejercido de productora. Dirigido por el debutante Jackson Stewart, el film se enmarca dentro del revival ochentero tan de moda en cierto tipo de cine de terror actual de raíces independientes, brindando un efectivo trabajo, que tiene en su calculado manejo del gore y la especial atención prestada a la construcción dramática de los personajes dos de sus principales virtudes.

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Si bien la más mediática, Barbara Crampton no fue la única homenajeada en esta edición del FANT. Al igual que ella, Pedro Rivero recibía en la ceremonia de clausura el “FANT de honor” con el que la organización quiso reconocerle el mismo año en el que se ha alzado con el Goya a la mejor película de animación por Psiconautas, los niños olvidados, cinta codirigida junto a Alberto Vázquez. Curiosamente, el otro “FANT de honor” entregado en esta edición fue también  para alguien de origen bilbaíno, en este caso Terele Pávez, quien, debido a otros compromisos, no pudo estar presente en la gala inaugural en la que se escenificaba su entrega, donde se proyectó en su lugar un video en el que la veterana actriz agradecía el premio.

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Imagen de la exposición de carteles “The Vault of Rob Zombie: A Comic Tribute” que pudo visitarse en la Sala Polivalente del Azkuna Zentroa.

Menos lució, en cambio, el cuarto de los homenajeados en discordia, Sean Brosnan, acreedor del galardón “FANTrobia” destinado a un talento emergente. Y es que, aunque en un principio se había anunciado su visita al certamen, llegado el momento el hijo de Pierce Brosnan no haría acto de presencia, sin que se diera una explicación oficial al porqué de su ausencia. Al menos, se pudo disfrutar de su ópera prima, My Father Die, un potente thriller sobre las relaciones paterno-filiales a medio camino entre el cine de Quentin Tarantino y Guy Ritchie, pongo por caso, pero con una personalidad muy marcada, en el que destaca su estilosa realización, en especial por el interesante uso que se da a su pista de sonido. Un trabajo, en resumidas cuentas, que confirmaba lo merecido del premio concedido a su responsable, y que demuestra que en él hay madera de buen director. Habrá que estar muy atentos a sus siguientes pasos, visto lo visto.

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Lectura del palmarés por parte del Jurado celebrado en el Ayuntamiento de Bilbao.

Siguiendo con el palmarés de esta edición, dentro del apartado competitivo la cinta de animación Seoul Station se proclamó ganadora del premio FANT 2017 a la mejor película. En su fallo, el jurado compuesto por Elio Quiroga, Miguel Ángel Vivas y la actriz Melina Matthews sustanciaron su elección del film surcoreano “por salirse de los estereotipos de la animación y hacer totalmente humanos a sus personajes”. Con estas palabras el jurado señalaba los que, a su juicio, son los atributos de este trabajo desarrollado en pleno apocalipsis zombi,  en el que su director, Yeong San-ho, realiza un ensayo general muy aproximado de su posterior y exitosa Train to Busan, sin duda uno de los títulos de la temporada dentro del género fantástico, de la que adelanta una serie de elementos narrativos y argumentales, motivo por el que no pocos la consideran una suerte de precuela de su hermana de imagen real, sobre todo por narrar lo que en aquélla queda en off visual: el origen de la infección. Así las cosas, la principal diferencia entre una y otra, más allá de su distinto nivel cualitativo, se encuentra en el cambio del tono melodramático de Train to Busan por un patente componente de crítica social, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en un planteamiento que es plasmado por el nihilismo que desprende su desenlace.

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Foto con miembros de la organización, el jurado y varios de los premiados en esta edición de FANT.

El listado de largometrajes premiados dentro de la Sección Oficial se completaría con otros dos galardones concedidos por otras tantas entidades locales. Así, el reconocimiento a la dirección más innovadora otorgado por el Cine Club Fas iría para Nicolas Pesce por The Eyes of My Mother, indigesto y poco compacto producto que malgasta algunas buenas ideas y la creación de un clima enfermizo a causa de unas mal digeridas ínfulas autorales, representadas por su uso de una, por otra parte, magnífica fotografía en blanco y negro.

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Por otro lado, la Asociación de Guionistas Vascos resolvió el premio al mejor guion de la Sección Oficial a favor de la notable I Am Not a Serial Killer, adaptación de la novela homónima de Dan Wells. Abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido certificando hasta la fecha, el irlandés Billy O’Brien firma el que sin duda es su mejor trabajo con esta original aproximación a la figura del asesino en serie que refleja la atracción/repulsión que este tipo de personajes ejercen en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos. Entre sus muchas virtudes, cabe resaltar la rara habilidad en la que se sumerge en la psicología y lucha interna que libra su protagonista, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. Conviene destacar el duelo interpretativo que se establece entre sus dos actores principales, con mención especial para un soberbio Christopher Lloyd, o el manejo de distintos registros narrativos, dentro de un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico.

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Varios de los participantes en el apartado de cortometrajes de la Selección Oficial.

Casualmente, las andanzas de un joven solitario y su relación con un anciano conformarían la base de otro de los títulos proyectados dentro de la Sección Oficial. Nos referimos a Sweet, Sweet Lonely Girl, historia de fantasmas cíclica de estética retro que mira al universo lésbico propio de la etapa inglesa de José Ramón Larraz, con el que comparte la creación de un entorno cerrado y poblado por escasos personajes llenos de secretos, el tono intimista y hasta cierto punto melancólico, y una ambientación (neo)gótica, por más que el erotismo mórbido inherente al estilo del catalán sea aquí eludido a favor de una mayor atención al conflicto dramático de los personajes. Las similitudes alcanzan incluso a la tipología física de sus dos actrices principales, y muy especialmente en el caso de Erin Wilhelmi, cuyo parecido con Angela Pleasence, la protagonista de Síntomas, es notorio, y son continuadas por la presencia de varios planos que diríanse sacados del que quizás sea el título más emblemático de Larraz, Las hijas de Drácula. Otra propuesta que acusaría la influencia del cine de décadas pasadas si cabe de forma aún más explícita fue The Void, atmosférico relato terrorífico que podría definirse como un cruce entre John Carpenter, Hellraiser, El más allá de Lucio Fulci y la literatura de H. P. Lovecraft.

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Este sabor añejo se repetiría en The Evil Within, aunque por motivos radicalmente distintos a los de los dos casos señalados. Lejos de tratarse de una decisión artística, tal circunstancia es consecuencia de la controvertida génesis del film. Rodado hace quince años, se trata del único crédito de su director, un millonario llamado Andrew Rork Getty, que quería plasmar las visiones que tenía bajo los efectos de la droga. Para llevar a cabo la película se estima que invirtió cinco millones de dólares, arruinándose en el empeño. Por si no hubiera bastante, antes de ver terminado el proyecto, Getty moría el pasado 2015 a la edad de cuarenta y siete años a causa de sus adicciones. Es decir, todos los ingredientes para convertirse en un título de culto, consideración que es refrendado por sus propios resultados cinematográficos, erigiéndose para quien esto firma en uno de los más agradables descubrimientos dejadas por este FANT. Cierto es que su peculiar producción se deja sentir en un sonido directo de una calidad bastante mala o una progresión narrativa en la que en ocasiones se echan a faltar secuencias. Por otra parte la carencia de pericia de su novel cineasta se refleja en ciertas torpezas o lo rutinarias que resultan sus escenas de transición. Sin embargo, estas y otras debilidades son compensadas por una personalísima y sugestiva concepción del terror que se refleja en una poderosa inventiva visual de reminiscencias ochenteras, a la que no es ajena la presencia del mítico Michael Berryman como el demonio que acosa al mongoloide protagonista, soberbiamente interpretado por Frederick Koehler.

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Geoff Redknap, director de “The Unseen”.

Sin llegar al nivel de algunos de los títulos comentados, son también dignos de destacar dos films como The Unseen y Prevenge. En la primera, el hasta ahora técnico de efectos especiales Geoff Redknap se aproxima a la figura del hombre invisible por medio de un guion bien construido, unas reseñables interpretaciones y una narración sorprendentemente sobria que, en contra de lo que cabría esperar dados los antecedentes de su responsable, no se pierde en la posible espectacularidad de sus efectos especiales, sino que se centra en la vertiente humana de sus personajes. Por su parte, Prevenge supone el debut en tareas de realización de su también protagonista Alice Lowe. En la línea de su celebrada colaboración con Ben Wheatley en Turistas, Lowe se descuelga con una ácida y negrísima comedia en torno a la maternidad, que funciona mejor en sus momentos satíricos que en aquellos en los que se pone seria.

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Imagen del anuncio promocional de esta edición de FANT.

Bastante peor sabor de boca dejó en comparación It Stains the Sand Red, sobre todo al tratarse de un título que va de más a menos. Y es que la película del anteriormente integrante de los denominados The Vicious Brother, Colin Miniham, padece lo que podríamos denominar “el síndrome del corto alargado”. Partiendo de un planteamiento minimalista, Miniham consigue el difícil reto de despertar el interés del espectador gracias a su humor gamberro por las andanzas de una stripper perseguida por la inmensidad del desierto de Nevada por un zombi. Sin embargo, todo se viene abajo una vez toca desarrollar la narración más allá de esta premisa, y lo que hasta entonces era una propuesta valiente y arriesgada se acaba convirtiendo en un lacrimógeno melodrama con su protagonista transformada en una madre coraje que desemboca en un acto final que se antoja, literalmente, un pegote añadido procedente de otra película distinta. Con todo, hay que reconocer que It Stains the Sand Red no llegaría a las cuotas exhibidas por Lake Bodom e Hipersomnia, dos exponentes hermanados por una progresión argumental que va dando bandazos de un lugar a otro a causa de sendos guiones carentes de la más mínima coherencia.

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Steven DeGennaro, director de “Found Footage 3D”

En el caso de Hipersomnia, la trama de la cinta argentina jugaría con la idea de la disociación de la personalidad de su personaje protagonista, temática ésta presente de diferentes formas en varios de los títulos proyectados, marcando una tendencia que se pudo rastrear entre la selección ofrecida. Eso a nivel temático, claro, ya que a nivel formal destacó la concurrencia de films rodados bajo los rasgos de grabaciones encontradas. De ellas, dos disfrutarían además en Bilbao de diferentes premieres. Acompañada por su debutante director, Steven DeGennaro, Found Footage 3D presentaría de manera oficial en el continente europeo su meta-cinematográfica reflexión sobre los mecanismos y lugares comunes a los que la repetición de la que ha sido objeto en estos últimos años parece haber abocado al estilo, lo que paradójicamente no le quita de caer en esos mismos defectos y previsibilidad que ella misma critica.

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Marcos Cabotá y Adrián Lastra durante el coloquio post-pase de “Noctem”.

La otra premier fue aún más especial si cabe, ya que se trataba de la puesta de largo a nivel mundial de la nueva película de Marcos Cabotá, Noctem, la cual tiene su origen en un video real grabado por el actor Adrián Lastra. Con este punto de partida, el cineasta mallorquín construye un relato conceptualmente muy atractivo, en el que si por un lado tanto Lastra como el resto de sus populares protagonistas se interpretan a sí mismos, otorgando con ello un innegable plus de realismo al relato, por otro acentúa su naturaleza ficcionada, añadiendo música, efectos, montaje y demás recursos propios del lenguaje cinematográfico. Lástima que este interés que sobre el papel ofrece su planteamiento no se reflejen en su trasvase a la pantalla, traduciéndose en un producto rutinario y del todo prescindible.

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Presentación de “El ataúd de cristal” con Paola Bontempi (protagonista), Aitor Eneriz (coguionista) y su director, Haritz Zubillaga.

Noctem formaría parte de la nutrida participación española en la Sección Oficial, que se completaría con las primeras incursiones en el formato largo de dos directores bilbaínos que presentaban así ante sus paisanos sus óperas primas, siendo la primera vez que una película local, en este caso dos, formaban parte de la Sección Oficial de FANT. Roberto San Sebastián lo hacía con La noche del virgen, una comedia esperpéntica definida por su responsable como “American Pie rodada por Cronenberg” y que, salvando las distancias, recuerda al primer Álex de la Iglesia, pero que se ve lastrada por su tendencia a la escatología mal entendida y una duración a todas luces desmedida: nada menos que dos horas. Todo lo contrario puede aplicarse a El ataúd de cristal, en la que, haciendo de la necesidad virtud, Haritz Zubillaga saca partido a los modestos recursos puestos en sus manos, dando forma a una propuesta de corte minimalista focalizada en un único personaje dentro de un solo escenario, el interior de una limusina, mediante el que sitúa a la industria cinematográfica frente al oscuro reflejo de sus propias miserias. El resultado es un prometedor debut en el que su primerizo director da muestras de una poderosa inventiva visual y donde también cabe destacar el tour de force interpretativo realizado por su protagonista, la canaria Paola Bontempi.

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David Pizarro durante la rueda de prensa de “Herederos de la bestia”.

Dejando ya el repaso a la Sección Oficial, la producción española también se dejó sentir en las secciones paralelas acogidas por el festival. Coincidiendo con su estreno en salas comerciales, DokuFANT acogía el pase de Herederos de la bestia, en el que se aborda el impacto que supuso la aparición de El día de la bestia, título determinante en la posterior eclosión del cine fantástico en nuestra cinematografía. Para ello, David Pizarro y Diego López, sus directores, convocan el testimonio de varios de sus protagonistas para componer un completo recorrido por los antecedentes de Álex de la Iglesia, la gestación del proyecto y todo lo que lo rodeó, al tiempo que calibran el porqué de su importancia histórica y explica los motivos que lo hacen un film tan especial de la mano de las declaraciones críticos y cineastas.

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La oferta del apartado dedicado por el festival al formato documental se completaría con Sputnik!, del vizcaíno Asier Baio, un trabajo interesante e informativo, a pesar de que en determinados momentos alargue su metraje de forma innecesaria debido a ciertas divagaciones, en el que se toma el pulso al fenómeno del cine underground catalán a través de la historia de Jacint Espuny, un auténtico enamorado del cine de terror que, supliendo con ilusión y empeño la falta de medios, ha creado en su Amposta (Tarragona) natal la productora de cine gore Kutrefacto y el festival Fangofest, involucrando para ello a decenas de sus vecinos.

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Cola de acceso a las salas del Golem Alhondiga durante una de las sesiones de FANT.

Igualando el número de producciones patrias proyectadas dentro de la Sección Oficial, Panorama Fantástico daría cabida a tres películas españolas que compitieron por un galardón que finalmente fue a parar al esteticista film portugués fotografiado en blanco y negro A Floresta Das Almas Perdidas, de José Pedro Lopes. Dicha sección se desarrollaría de forma íntegra en la sala 2 de los Golem Alhondiga, el espacio gratuito habilitado por FANT cuya programación daría cabida a los ciclos retrospectivos “La Aventura Audiovisual” y “Maestros del FANT”, este último dedicado a Brian De Palma y Chicho Ibáñez Serrador, y que registraría unas entradas que rozarían el lleno en casi todas las sesiones.

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Rueda de prensa de “Money” con Martín Rosete y Jamie Bamber en el centro.

De este modo, escasos días antes de su desembarco en salas comerciales españolas, “Panorama Fantástico” brindó la oportunidad de visionar Money, el esperado salto al formato largo de Martín Rosete. Coproducido con los Estados Unidos, el primerizo director explora algunos de los males endémicos de cierta parte de la sociedad occidental actual, con la avaricia y el culto al dinero en primer término, en este notable thriller de corte minimalista y estética indie, que tiene sus mejores bazas en su manejo del ritmo, un guion modélicamente construido y el excelente trabajo interpretativo de su reducido reparto, en el que destaca la presencia de actores de la popularidad de Kellan Lutz, Jesse Wiliams o Jamie Bamber, quien se desplazó hasta Bilbao para arropar el pase de la película junto con Martín Rosete.

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Norberto Ramos del Val (centro) y la actriz Belén Riquelme durante el coloquio posterior a la proyección de “El cielo en el infierno”.

Fiel a su cita con FANT, Norberto Ramos del Val presentaría el que es su último trabajo hasta la fecha, El cielo en el infierno, adaptación a la gran pantalla del montaje teatral Querido imbécil que el propio Norberto dirigiera a partir de una obra escrita por su habitual colaborador Pablo Vázquez y que según sus propias palabras supone “su peli más rara”. Al igual que ocurriera en su anterior Amor tóxico, el santanderino incide en la guerra de sexos y relaciones de pareja en este film arriesgado e inclasificable, con el que firma el que quizás sea su mejor título hasta la fecha; una película que luce orgullosa su incorrección política para arremeter contra la estupidez de los defensores de lo políticamente correcto. Un planteamiento no apto para todos los gustos, como pudo comprobarse en las no pocas deserciones entre el público que se registraron durante su pase, o en el cambio de pareceres que Norberto mantuvo durante su coloquio con Borja de la Rosa, director del título proyectado justo antes, la también producción low-cost La sexta alumna. Rodado con un IPhone y con un reparto compuesto por actores amigos, De la Rosa firma su primer largo con esta historia de temática satánica en el que arremete contra el mundo de las escuelas interpretativas basándose en sus propias experiencias personales, según comentó. De desarrollo abrupto, en especial durante su último tercio, con ella su director manifestó su pretensión de rendir tributo al fantaterror español, en especial al cine de Paul Naschy, si bien quien esto suscribe sea incapaz de encontrar los motivos de tal afirmación, dada la escasa relación existente entre La sexta alumna y los objetos de su supuesto homenaje.

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El equipo de “Pieles” presentado la película durante la gala de inauguración.

Por si hubiera aún alguna duda sobre el compromiso del festival con el cine español, las películas elegidas por la organización para la mediática labor de inaugurar y clausurar esta edición también se trataron de producciones nacionales. Pieles, la ópera prima de Eduardo Casanova, más conocido por su papel de Fidel en la teleserie Aida, se encargó de teñir de rosa y deformaciones físicas el pistoletazo de salida de este FANT 23 celebrado el viernes 5 de mayo en el teatro Campos. Una semana más tarde, y esta vez con el marco de la Sala BBK, el regreso al formato largo del catalán Carles Torrent con la coproducción hispano-norteamericana Pet, rebautizada para su estreno comercial en nuestro país con el castellanizado título de Animal de compañía, puso la guinda a una ceremonia de clausura cuya primera parte sirvió para escenificar la clásica entrega de premios, dentro de una sesión que echó el cierre a siete intensos días de cine fantástico.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

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Published in: on junio 21, 2017 at 5:56 am  Dejar un comentario  
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Crónica de la XIV Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid

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Quizás porque ya se empieza a notar la mano de Ángel Mora como programador en su segundo año, quizás en vista de los cambios que se avecinan en el panorama de festivales madrileños de temática fantástica, o quizás por una simple cuestión de casualidad, lo cierto es que la décimo cuarta edición de la Muestra Syfy evidenció un cambio con respecto a lo que habían venido siendo sus líneas maestras en los últimos tiempos. Si en años anteriores habíamos venido comentando desde estas mismas líneas la total supeditación de los films proyectados a títulos procedentes del anterior Festival de Sitges, esta vez la presencia de títulos partícipes en el certamen catalán fue bastante más limitada que en anteriores ocasiones, siguiendo lo ya esbozado en la edición del 2016. Una selección mucho menos predecible y, en mi opinión, mucho más interesante, en la que no faltaron estrenos mediáticos, varias de las triunfadoras en la última temporada del circuito de festivales especializados e, incluso, hasta premieres mundiales, cumpliendo así con el objetivo de ofrecer una panorámica lo más completa y variada posible de la situación que atraviesa en la actualidad el cine fantástico.

DÍA 1

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Por segundo año el céntrico Cine de la Prensa, situado en plena Gran Vía madrileña, fue el escenario escogido para dar cabida a una nueva edición de la Muestra Syfy que, fiel al guion habitual, echó a andar el primer jueves de marzo con una única sesión inaugural. Una vez más, Leticia Dolera, en su papel de maestra de ceremonias, se encargó de repasar con su particular estilo lo que iban a dar de sí los tres siguientes días del certamen en compañía de Gorka Villar, director de marketing de NBC Universal España. Aunque antes, la actriz y directora catalana haría una pequeña intervención en la que, abandonando momentáneamente el carácter gamberro que caracteriza sus presentaciones, hizo una llamada de atención sobre el problema de la violencia de género que padece nuestra sociedad, coincidiendo con las muertes en fechas recientes de varias mujeres a manos de sus parejas, aflorando así un perfil reivindicativo que se iría prolongando a lo largo de las siguientes jornadas.

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Terminados los actos protocolarios, tras el paréntesis que había supuesto en este sentido la programación el año pasado de la indie The Invitation, la Muestra recuperaba su costumbre de escoger un blockbuster hollywoodiense de inminente estreno para encargarse de la mediática labor de inaugurar el certamen. Lo hacía con Logan, la tercera y, en principio, última entrega de la saga dedicada a las andanzas de Lobezno, y sin duda la mejor cualitativamente hablando de la trilogía, algo tampoco demasiado difícil dado el escaso nivel de sus predecesoras. Curiosamente, lo consigue por medio de un tratamiento que se aparta de lo que cabría esperar de una película de superhéroes al uso. Lejos de la aparatosidad infográfica y acción a raudales que parece inherente a este tipo de productos, su director y guionista, James Mangold, responsable de la anterior Lobezno inmortal, apuesta por un tono pausado y reflexivo, trágico y decrépito, sublimado por el carácter crepuscular del relato, al que no es ajena la patente influencia ejercida en el conjunto por los códigos del western. Los ejemplos a este respecto son muchos. El más evidente es la cita del clásico Raíces profundas, que se repite en varios momentos del metraje, pero también la peculiar relación alumno-maestro que se establece entre Lobezno y Laura, muy similar en la forma y en el fondo a la del viejo pistolero y el joven aprendiz que protagonizara tantas películas del Oeste –por ejemplo, Río Rojo–, la ambientación fronteriza o, siguiendo por esta senda, los principales escenarios (naturales) por los que transcurre la historia, divididos entre los desérticos pasajes del inicio y los frondosos bosques en los que tiene lugar el clímax. En los buenos resultados de la cinta hay que situar las excelentes interpretaciones de su trío protagonista, con mención especial para la desconocida Dafne Keen, siendo uno de los pocos peros que se puede poner al conjunto la relativa falta de fluidez narrativa que acusan determinadas fases, derivada de esa tendencia actual por la que parece que cualquier superproducción deba superar obligatoriamente las dos horas de duración, cuando en casos como el que nos ocupa con una hora y media habría quedado una película mucho más compacta y menos reiterativa.

DÍA 2

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A eso de las cuatro de la tarde daba comienzo la segunda jornada de esta Muestra Syfy 2017 con The Devil’s Dolls. Pese a lo que los buenos aficionados pudieran deducir a tenor de las semejanzas de su nombre, hay que aclarar que no tiene nada que ver con el film dirigido en 1939 por Tod Browning aquí conocido como Muñecos infernales. Esta se trata de una producción estadounidense del pasado 2016 rebautizada posteriormente con el título de Worry Dolls. Un cambio de denominación que así, de entrada, da una pista del posible potencial del producto. Y eso que, sobre el papel, no le faltan elementos de interés, al proponer un original acercamiento al manoseado subgénero de las posesiones malignas, utilizando para ello un ingrediente tan poco tratado como son las muñecas quitapenas del folclore guatemalteco, a lo que hay que añadir la idea, finalmente desaprovechada, de que todos los que son poseídos por el espíritu que mora en las muñecas atraviesen problemas personales. Sin embargo, todos estos ingredientes son malogrados por un tratamiento típico y tópico plagado de situaciones risibles, a las que tampoco ayuda una cuestionable dirección de actores, todo lo cual arrancaría de forma involuntaria las carcajadas de la ya de por sí predispuesta audiencia de la Muestra durante su proyección. En el descargo del film habrá que decir que, al menos, está llevado con buen ritmo y el contenido gráfico de las diferentes muertes que se suceden en su historia resulta bastante explícito dentro de lo que cabe. Algo es algo.

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Salida a la calle para hacer la primera de las muchas colas entre sesión y sesión que nos esperaban durante el fin de semana y vuelta de nuevo al interior del Cine de la Prensa, donde nos esperaba el primero de los films de animación programados este año, Seoul Station, la considerada por muchos como la precuela de la exitosa Train to Busan. ¿Los motivos? Comparte director, Yeon Sang-Ho, idéntica estructura e hilo argumental, con los esfuerzos de una familia para reunirse en medio de un apocalipsis zombi, pero, sobre todo, por narrar lo que en la película de imagen real queda en off visual: el origen de la infección. Las diferencias, así las cosas, se encuentran en el cambio del marco de acción de un espacio cerrado como es un tren en marcha por el mucho más abierto de las calles de la capital de Corea del Sur, y la sustitución del tono melodramático que subyace en Train to Busan por un patente componente de crítica social, no obstante también presente aunque en menor medida en aquélla, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en la que todos, en mayor o menor medida, solo nos guiamos por nuestro interés, sin preocuparnos en las consecuencias que puedan tener en los demás. En cualquier caso, la ausencia de una conexión argumental clara hace que, antes que una precuela, Seoul Station deba verse como una suerte de borrador en bruto con el que Sang-Ho ensaya una serie de elementos narrativos y argumentales que cristalizarían en la realización de su hermana mayor.

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Ausente hasta el momento, Leticia Dolera hacía acto de presencia sobre el escenario de la sala 1 del Cine de la Prensa en una presentación que dejaría la anécdota del día, cuando una pareja de espectadores se marcharan visiblemente indignados, no sin antes que su componente femenina dedicara una peineta a la presentadora, al parecer ofendida por el comentario de esta sobre la posible incontinencia urinaria de la muchacha al levantarse durante una de sus interminables divagaciones, según se pudo saber más tarde. Centrándonos en lo cinematográfico, que al fin y al cabo era lo que importaba, al menos a algunos, esta tercera sesión de la jornada nos traería nada menos que la anunciada premier mundial de 47 Meters Down, también conocida con el título de In the Deep. Dirigida por el británico Johannes Roberts, responsable de la reciente El otro lado de la puerta, su propuesta sigue la pista del camino abierto por la magistral Tiburón de Steven Spielberg. Desde este punto de vista, la película no ofrece nada nuevo, hasta el punto de arrojar curiosos puntos en común con otros dos exponentes coetáneos del subgénero; la australiana Cage Dive por un lado, y la celebrada Infierno azul de Jaume Collet-Serra por otro. Pero lo que en un principio parece otra película más sobre escualos asesinos acabó por brindar una de las más agradables sorpresas que nos depararía esta edición del certamen. Apoyado en un calculado guion que sabe dosificar inteligentemente sus elementos, guardando incluso algún giro final que no por efectista resulta menos efectivo, Roberts construye un soberbio ejercicio de tensión narrativa con el que consigue mantener en vilo al espectador, gracias a un desarrollo sin apenas puntos muertos, una ajustada duración, y la claustrofóbica utilización que hace de la inmensidad y oscuridad del fondo marino. Tomando prestada la de Alien, el octavo pasajero, la frase promocional de 47 Meters Down bien pudiera ser “en el fondo del mar nadie puede oír tus gritos”.

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El equpo de “Stop Over in Hell” durante la presentación de la película.

Y de un acontecimiento pasábamos a otro con una de las sesiones que más se habían publicitado desde la organización. Al igual que ocurriera el año pasado con Vulcania, la sesión de las diez de la noche estaba reservada para la proyección de una película española que sería acompañada por varios de sus responsables. Tras ser presentada mundialmente en la clausura de la pasada edición del Almería Western Film Festival, la Muestra Syfy acogía la puesta de largo en Madrid de Stop Over in Hell, el nuevo film de Víctor Matellano, motivo por el que, además de una nutrida presencia de su equipo, tanto encima del escenario como entre las butacas del público, el pase contaría con la asistencia de varias personalidades del mundo cinematográfico, entre las que destacaría la de Yvonne Blake, entre otras muchas cosas la actual presidenta de la Academia del Cine.

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En cuanto a lo que se refiere al contenido de la película propiamente dicho, tras tres largometrajes pertenecientes de una u otra forma al ámbito del fantástico, Matellano abandona momentáneamente el género para dar forma a un violentísimo western con momentos incluso gore, muy en la línea del cine de Quentin Tarantino, aunque la mirada de Matellano, según confesión propia, estaba situada más cerca de los clásicos. Uno de sus principales alicientes se encuentra en su icónico villano, llamado Coronel, suerte de sosias del personaje interpretado por Lee Van Cleef para la segunda entrega de la Trilogía del Dólar de Sergio Leone, en uno de esos guiños cinéfilos tan del gusto de su responsable, y que no por casualidad se erigen en uno de los principales rasgos característicos de su cine. Por cierto que, a modo de curiosidad, cabe comentar que Stop Over in Hell también sería la protagonista de una pequeña exposición que acogería el vestíbulo del Cine de la Prensa durante los cuatro días del certamen, formada por diferentes materiales y atrezos originales de la película.

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Parte de la exposición de objetos originales de “Stop Over in Hell” que acogió el vestíbulo del Cine de la Prensa.

Mientras que una de las salas aledañas del Cine de la Prensa acogía una proyección extra de la película de Víctor Matellano, en la programación oficial era el turno para la primera de las dos sesiones golfas de esta edición. Para tal menester la Muestra había escogido un ejemplar de tono ligero que sirviera para colmar las ganas de fiesta y desparrame que aún pudieran existir entre el público asistente. Una función que cumplió a la perfección The Funhouse Massacre, producción norteamericana del pasado 2015 que tiene uno de sus principales reclamos en la participación de Robert Englund. La presencia del popular intérprete del no menos mítico Freddy Krueger pone de relieve el enfoque que maneja una cinta que, bajo un espíritu festivo de genuina Serie B, apela a la nostalgia por el cine de terror manufacturado en los años ochenta. Algo que, aparte de por el ya comentado concurso de Englund, extensible a la comparecencia en el reparto de otros actores característicos de aquella época, caso de Courtney Gains, visto, por ejemplo, en Los chicos del maíz, o Clint Howard, el prolífico hermano de Ron, es prorrogado por el contexto en el que se localiza su trama, una casa de los horrores en plena festividad de Halloween, en una decisión que remite, no por casualidad, a clásicos del calibre de La noche de Halloween o La casa de los horrores; el perfil de su media docena de psychokillers, a través de los cuales son representados otros tantos arquetipos, que van desde el payaso asesino hasta el dentista loco, pasando por una émula de la comiquera Harley Quinn; o un desarrollo por el que desfilan no pocos clichés y lugares comunes del slasher ochentero. Asesinatos sanguinolentos magníficamente resueltos a base de efectos tradicionales y un sentido del humor de lo más gamberro completan la receta de esta comedia terrorífica que solo pretende deparar un rato de cómplice divertimento y a la que, por tanto, tampoco se la debe exigir mucho más que eso.

DÍA 3

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Siguiendo la estructura habitual de los últimos años, la Muestra destinaría sus sesiones matinales para celebrar el formato “Syfy Kids”, la sección dedicada por el certamen a los más pequeños de la casa. Curiosamente, repitiendo lo sucedido hace doce meses, la protagonista de la proyección del sábado sería una de las nominadas a la mejor película de animación en la última edición de los Oscars. Si el año pasado se trataba de la brasileña El niño y el mundo, esta vez la elegida fue La vida de Calabacín, adaptación vía stop-motion de una novela del autor francés Gilles Paris. A pesar de su inclusión dentro de “Syfy Kids”, su contenido revelaría estar lejos de lo que entendemos por “una-película-para-niños”, poniendo de relieve la tendencia del cine de animación actual teóricamente destinado para el público infantil a la hora de tocar temas adultos. Baste indicar su punto de partida: Calabacín, un niño de unos nueve años, asesina de forma accidental a su alcohólica madre, por lo que es recluido en un colegio de acogida junto a otros niños en una situación similar. A partir de ahí, su historia articula una fábula en la que salen a escena algunos de los males de nuestra sociedad, encarnados en los motivos por los que Calabacín y sus compañeros se encuentran en el orfanato. Un planteamiento, no obstante, que destaca por la capacidad con que sus responsables afrontan cuestiones tan difíciles como la orfandad, la exclusión social, los malos tratos, la soledad, el amor o la amistad, aunando la mirada infantil con la descarnada realidad de la propia vida, sin por ello caer en lo ñoño ni en lo lacrimógeno, gracias a su sensibilidad y sencillez. La misma sencillez de la que hace gala su animación y su diseño de personajes, dando pruebas, por si alguien tuviera aún dudas, de que para hacer buenas películas que resulten inteligentes no hace falta acompañarse de aparatosas puestas escenas ni de complejos discursos.

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Ya por la tarde, la Muestra proseguía su desarrollo con el thriller The Good Neighbour, debut en el formato largo de Kasra Farahani. Para su ópera prima, Farahani se descuelga con un trabajo que, a nivel formal, entremezcla la temática de las home invasion con el lenguaje del falso documental. La elección de estos dos estilos tan codificados a estas alturas y, por tanto, hasta cierto punto familiares para los espectadores, resulta del todo consecuente con la naturaleza de una propuesta que reflexiona sobre nuestra percepción de las cosas por medio de nuestros prejuicios y experiencias. De este modo, en un inesperado rasgo de metaficción, Farahani somete a la audiencia a un experimento muy similar en la forma y en el fondo al que sus dos protagonistas realizan en la ficción con ese vehículo que da título a la cinta y que consiste, como si de una película de terror se tratara, en asustarle mediante la puesta en escena. De este modo, el novel cineasta convierte a los espectadores en testigos y partícipes a un tiempo de la experiencia, utilizando para ello unos registros que le son familiares y que le permiten así jugar con sus expectativas. Un territorio seguro que, poco a poco, es desmontado a través de determinadas revelaciones que ponen patas arriba las certezas acumuladas hasta el momento debido a los indicios mostrados y que resultan no ser tales. Pero si bien este planteamiento a nivel teórico no carezca de interés, la falta de concreción y un desarrollo monótono, que no consigue crear en ningún momento la tensión necesaria, en parte por la inclusión de ciertos planos de un juicio posterior que dan una pista sobre la existencia de gato encerrado, hacen que sus resultados no se antojen tan destacados, lo que no quita para reconocer la inmensa actuación de un James Caan que, sin apenas diálogos y apoyándose básicamente en los gestos, carga sobre sus espaldas con todo el peso de la película.

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Casualidades de la vida, la siguiente sesión discurriría por similares derroteros bajo los que se había desarrollado la previa; es decir, con otro exponente cuya historia pivotaba sobre la vigilancia a la que somete su joven protagonista a un anciano y que tiene uno de sus principales baluartes en la destacada interpretación de un ilustre veterano, en este caso un casi octogenario Christopher Lloyd. Precedida por su fama, I Am Not A Serial Killer evidenciaría en su visita a Madrid el porqué de su exitoso paso por el circuito de festivales, donde ha acumulado reconocimientos y galardones, entre los que se encuentra el premio a la mejor película dentro de la sección “Panorama” en la pasada edición del Festival de Sitges. Buena parte de su mérito se halla sustanciado en la original aproximación a la figura del asesino en serie que realiza por medio del retrato de su protagonista, John, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. En su primera parte, la película se sumerge con rara habilidad en la psicología y lucha interna que libra el personaje, adoptando las formas de un drama adolescente presidido por un negrísimo sentido del humor, que evoluciona a algo completamente distinto una vez John se sitúe ante su propio espejo con la aparición de un asesino en serie en la pequeña comunidad en la que reside. A partir de este momento se inicia un particular juego del gato y el ratón ente sociópata y asesino, en el que no es difícil ver un reflejo de la atracción/repulsión que la figura de los asesinos en serie ejerce en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos. Tomando como base la novela homónima de Dan Wells, el irlandés Billy O’Brien firma así el que es su mejor y más ambicioso trabajo, abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido abonando hasta la fecha para abrazar el tono y la estética de cierto cine indie actual, apostando por un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico.

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La tercera película de la tarde nos traía de nuevo a una de las integrantes del palmarés del Festival de Sitges 2016, esta vez en la categoría destinada al mejor guion. Se trataba, además, del otro título programado junto con Stop Over in Hell con participación española, si bien en esta oportunidad en coproducción (minoritaria) con los Estados Unidos. Cinco años después de dar el salto con Emergo, lapso de tiempo en el que ha dirigido varios cortos, entre los que se encuentra el extraordinario Sequence, Carles Torrens regresa al formato largo con Pet, una pieza de cámara desarrollada básicamente con unos pocos actores y dos localizaciones. Y aunque sus resultados no estén exentos de virtudes, singularizadas por la interpretación de su pareja protagonista, formada por Ksenia Solo y Dominic Monagham, recordado mayormente por su papel de Merry en la saga de El señor de los anillos, este thriller sobre relaciones enfermizas queda muy por debajo de lo que cabría esperar. Potencial, al menos, había para ello. No se puede negar que Torrens se afana en proveer al conjunto de una factura formal a la altura de cualquier producción homónima hollywoodiense realizada con mayores medios. Pero, precisamente, ahí radica uno de los problemas: la pulcritud de una puesta en escena que contrasta con un argumento que, por sus propias características, pedía a gritos un tratamiento mucho más turbio en el plano visual. Por otra parte, tampoco se libra de caer en molestos subrayados que ponen en duda su confianza sobre sus capacidades narrativas (o en la inteligencia del espectador). Aunque quizás el aspecto más reprobable resida en el galardonado guion de Jeremy Slatter, responsable de los libretos de The Lazarus Effect o la última versión de Los 4 Fantásticos, en el que todo es confiado al impacto de sus efectivos giros, sin que parezca importar l0s muchos cabos sueltos e interrogantes que se acumulan por el camino.

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El plato fuerte de la jornada llegaba con 31, la más reciente película de Rob Zombie y, sin duda, una de las sesiones más esperadas de la programación de este año entre los espectadores de la Muestra. Tanto es así que la emoción de algunos ante sus imágenes daría lugar a un desagradable incidente ocurrido durante la proyección en la sala 2 del que hablaremos más adelante. Sin restarle gravedad al asunto, la naturaleza de lo sucedido ilustra de forma muy gráfica el carácter (auto)onanista de una película ideada, única y exclusivamente, a contentar a los más acérrimos seguidores del también músico, quizás por aquello de estar parcialmente financiada mediante crowfounding. Carente de cualquier atisbo de evolución o innovación, Zombie, acompañado de su inseparable musa Sheri Moon, ofrece un nuevo catálogo de las obsesiones y referencias visuales y estéticas que se han convertido en sello distintivo de su cine a lo largo de su filmografía. Nada que objetar si no fuera porque tras ello poco más hay que llevarse a la boca, con la excepción del carismático personaje de Doom-Head y sus diálogos. Resulta muy sintomático en este sentido que 31 tome su título del macabro juego de caza del hombre que articula su metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que tan escueta premisa es todo el argumento que acumula un conjunto cuyo desarrollo queda así limitado a un continuo “corre que te pillo”, sin que tampoco existan personajes que puedan aportar algo de colorido, más allá del referido Doom-Head. Para colmo de males, no acaba aquí la cosa, ya que ni siquiera reduciendo la propuesta a la mera condición de splatter sanguinolento logra salir mejor parado, en gran medida por culpa de una cámara temblorosa que no permite apreciar lo que acontece en pantalla durante las escenas violentas.

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Mucho mejor irían las cosas con la protagonista del último pase del día. Cambiando de tercio con respecto a lo visto en la sesión golfa del viernes, para cerrar esta tercera jornada la Muestra había preparado Scare Campaign, brindando con ello la oportunidad de descubrir a su audiencia al que personalmente considero uno de los más interesantes títulos dejados por la cosecha fantástica del pasado año, a pesar de que, paradójicamente, apenas haya podido verse en el circuito de festivales patrios; si no me equivoco, tan solo en el FANT bilbaíno. Tal consideración se sustenta en los muy diferentes niveles en los que funciona su propuesta. En el más epidérmico, se trata de un excelentemente engrasado producto genérico, de ritmo impecable y guion calculado. Pero lo más interesante reside en todo lo que se esconde tras su, en teoría, sencilla fachada. Ambientada en el mundo de los reality shows televisivos, la película hace referencia a la competencia existente entre internet y televisión como medios de entretenimiento predominantes, o el cada vez mayor grado de violencia real que consumimos en los medios de comunicación, entre otros temas. Una riqueza de subtextos que tiene su culmen en un acentuado componente metalingüístico que habla del cine de terror desde el propio cine de terror, en la línea de lo expuesto por Scream o La cabaña en el bosque, y que se hace patente en no pocos detalles, aparte de los homenajes y referencias más o menos explícitos que se dan cita en su metraje. Desde la deconstrucción a la que somete a los mecanismos propios de la puesta en escena del género, dejando al descubierto sus artificios, hasta esa valiente reflexión que establece sobre la disyuntiva actual en la que se encuentra el cine de terror contemporáneo entre dos diferentes modelos de entender el estilo, y que queda resumida en la frase que su protagonista masculino exclama en un momento determinado: “Sois solo sangre, no tenéis imaginación ni giros de guion” comenta, en lo que supone toda una declaración de principios por parte de sus responsables.

DÍA 4

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Colin Arthur (a la izquierda) durante la presentación de “La historia interminable”.

Coincidiendo con su reestreno en cines hace unos pocos meses, el espacio “Syfy Kids” recuperaría para la matinal del domingo uno de los exponentes más emblemáticos del cine fantástico juvenil de aventuras de los años ochenta. Hablamos de la justamente mitificada La historia interminable que en 1984 dirigiera Wolfgang Petersen a partir de la novela homónima de Michael Ende. Una sesión en la que, por motivos obvios, serían mayoría los nostálgicos padres que crecieron ante sus imágenes, y que acudieron a la sala 1 del Cine de la Prensa acompañados de sus hijos a disfrutar de las aventuras de Atreyu y Bastian en sus esfuerzos por salvar al Reino de Fantasía de la Nada, con la manifiesta intención de descubrir a sus vástagos la magia de la película que tanto les entusiasmó de pequeños. Además de ofrecer la oportunidad de revisionar la película en pantalla grande, la proyección disfrutó del añadido de contar con una pequeña presentación a cargo del que fuera el encargado de sus efectos especiales, Colin Arthur, quien ya había visitado la Muestra el viernes formando parte del equipo de Stop Over in Hell. Para hacer más inolvidable el momento, durante su intervención el veterano técnico inglés regalaría un par de escamas originales del dragón Fuyu a dos de los niños que se encontraban entre el público, despertando la sana envidia de varios de los allí presentes.

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Aparte de proyectar “La historia interminable”, en el vestíbulo del Cine de la Prensa se expusieron varias de las creaciones de Colin Arthur para la saga.

Tras una pequeña pausa para comer, el programa oficial de la Muestra regresaba a las cuatro de la tarde con Lake Bodom, film merecedor del oficioso título de ejemplar exótico de este año, dada su procedencia finlandesa. Según informa un oportuno letrero durante sus primeros compases, su argumento se basa en un episodio de crónica negra ocurrida en su país natal durante la década de los sesenta. En concreto, unos misteriosos crímenes nunca resueltos acaecidos en las proximidades del lugar que le da título. Sin embargo, el partir de estos supuestos hechos reales no evita que la configuración del producto, claramente dirigido al público veinteañero, responda a los arquetipos del más prototípico slasher que uno pueda imaginarse, con un grupo de jovencitos de acampada en medio del bosque durante un fin de semana. Por si aún hubiera dudas al respecto, la sucesión de los acontecimientos lo deja bien claro. Una vez dos de los adolescentes se aparten del resto del grupo para mantener un encuentro amoroso hará acto de presencia un misterioso matarife que pagará el sexo con muerte. En vista de lo expuesto, parece fácil adivinar por dónde van a ir los tiros en adelante. Y así hubiera sido si sus responsables no hubieran aspirado a intentar dar una novedosa vuelta de tuerca al modelo, para lo que no se les ocurre mejor cosa que promover una trama que acusa las consecuencias propias de un delirante desarrollo  basado en los cíclicos y tramposos giros dispuestos por un guion que, en su intento por sorprender al espectador, lo único que consigue es saltar por los aires cualquier atisbo de verosimilitud que pudiera existir en lo narrado. Una circunstancia que no deja de ser paradójica viniendo de una cinta que publicita el basarse en hechos reales y que se saldaría, con todo merecimiento, como uno de los exponentes más flojos vistos en esta Muestra.

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Lake Bodom serviría de preludio a un tramo final para el que la organización había reservado tres de los títulos que mejor cartel tenían de todo el programa. El anime Your Name era el primero de ellos. De sus posibles cualidades daba buena cuenta el currículo con el que aterrizaba en Madrid. Escrita y dirigida por uno de los nombres propios del cine de animación japonés actual, Makoto Shinkai, además de proclamarse ganadora de su categoría en el pasado Festival de Sitges, ha logrado convertirse en la cuarta película más taquillera en la historia de su país. Y si bien no será un servidor quien le niegue sus atributos, está lejos de tratarse de esa obra maestra que los exagerados de siempre han corrido a declararla. Sus valores saltan a la vista, cierto. Su apartado visual es sencillamente apabullante, con mención especial para el magnífico uso de la luz y los colores que realiza una fotografía que realza aún más la excelencia de su animación, reflejado en el detallismo del que hace gala su puesta en escena. Por otra parte, Shinaki da muestra de unas excelentes habilidades como narrador para, casi sin que nos demos cuenta, evolucionar de una forma orgánica su historia sobre intercambio de cuerpos desde la comedia amable en la que se enmarcan sus primeros compases hasta el drama y la tragedia, sin que en ningún momento los cambios de tono chirríen. Pero aun siendo un título notable, frente a estas virtudes también se alzan un puñado de puntos negros. Evidenciando su lugar de procedencia, algunos de sus pasajes, significativamente los más relevantes, son desarrollados de una forma por momentos un tanto confusa, mientras que su tramo final está a todas luces dilatado en exceso, incluyendo varios finales que dan la sensación de ser un pegote añadido a lo anterior. Del mismo modo, sus responsables no logran disimular la comercialidad con la que está encarado el proyecto, patente en las numerosas canciones pop que trufan su metraje, sin olvidar lo que, en la opinión de quien esto escribe, se erige en su principal defecto: el tono sensiblero y azucarado bajo el que discurre la narración, y que provoca que algunos seamos incapaces de entrar en su propuesta. Por cierto que, como viene sucediendo en buena parte del cine japonés post-2011, en Your Name pueden rastrearse las cicatrices dejadas en la sociedad nipona por el accidente de Fukushima, en especial la desconfianza ante la administración y las clases dirigentes, dentro de un conjunto que confronta la tradición propia del Japón rural con la modernidad del Japón urbanita, representados a través de cada uno de sus personajes principales.

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Durante la presentación de la película que protagonizaba la proyección de la tercera sesión, la belga Crudo, la organización leería un comunicado a propósito del incidente vivido la noche anterior en el pase de 31 en la sala 2 que aludíamos antes. Una intervención que, aparte de para desmentir la versión que corría sobre lo sucedido, y que no era otra que un espectador había sido descubierto masturbándose en su butaca, aportó poco más. Ni siquiera para aclarar cuál había sido entonces la auténtica realidad de los hechos. Bueno, sí, porque en este contexto Leticia Dolera aprovechó para lanzar una encendida soflama a favor del feminismo más propia de un mitin político y, por tanto, totalmente fuera de lugar, mientras un grupo de espectadores trataban de que se escucharan sus quejas por la actitud vociferante que ha sido adoptada como norma por amplios sectores del público, con el explícito beneplácito de los propios rectores de la Muestra, sin que obtuvieran ningún éxito en uno u otro sentido. Lástima.

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Sin cambiar de tono, en su presentación Leticia Dolera definiría el film que iba a proyectarse a continuación como un alegato feminista, comentando, a renglón seguido, los supuestos desmayos registrados durante sus pases en Toronto y Cannes, festival este último donde la ópera prima de Julia Ducuornau se alzaría con el premio FIPRESCI otorgado por la Federación Internacional de Críticos de Cine dentro de la Quincena de Realizadores. Flaco favor le hacía la actriz y directora a la película creando tales expectativas, ya que, a la hora de la verdad, ni lo uno ni lo otro. Lejos de lo que cabría esperar a tenor de los señalados desvanecimientos sufridos por algunos espectadores ante la dureza de sus imágenes, el nivel de grafismo resulta bastante limitado, pudiendo contarse con los dedos de una mano aquellas escenas con contenido gore. De igual manera, más que un alegato feminista, su historia sobre una vegetariana que abandona el nido familiar para cursar la carrera de veterinaria en la universidad, donde desarrollará hábitos caníbales, esconde, en realidad, una fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez y los radicales cambios sociales, biológicos y de todo tipo que acompañan a esta etapa de profundas transformaciones. Disquisiciones al margen, los resultados de Crudo se ven penalizados por las mal asimiladas ínfulas autorales que se gasta la realización de Ducuornau, representada por la inclusión de esas teóricamente alegóricas imágenes de un caballo trotando que poco aportan a lo narrado. Lo mismo ocurre con su labor al frente de la escritura de un libreto en el que toda coherencia interna es sacrificada en pos de la articulación de su discurso. Entre los muchos ejemplos que se podrían citar a este respecto, nos pararemos en la revelación que le hace su padre a la protagonista en la escena final. ¿Es que esa familia nunca había ido a la playa, por poner un caso, como para que la aspirante a veterinaria no hubiera visto nunca desnudo el torso de su progenitor? Eso por no hablar  del reaccionario mensaje en contra del vegetarianismo que puede extraerse de su argumento, y en el que pocos parecen haber reparado, al presentar a sus practicantes como una panda de fundamentalistas que coartan sus verdaderos impulsos.

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Superadas las diez de la noche, la décimo cuarta edición de la Muestra Syfy encaraba sus últimos compases con el inicio de la sesión de clausura. Tras las críticas recibidas en los dos últimos años por confiar su cierre a propuestas de un perfil tan minoritario y autoral como Under the Skin y High-Rise, esta vez la organización se decantaría por una producción de un perfil claramente mainstream con Kong: La isla Calavera. Enésima reinterpretación de la denominada octava maravilla del mundo, la segunda película de Jordan Vogt-Roberts acierta en su idea de recuperar el espíritu pulp de las novelas de Edgar Rice Burroughs, pongamos por caso, pasados por el tamiz del cine bélico ambientado en la guerra del Vietnam, pero falla en casi todo lo demás. A nivel técnico posee una factura deslumbrante, singularizada por el acabado de unos efectos especiales que logran crear unas criaturas antediluvianas realmente perfectas en su verosimilitud, y espectaculares en sus enfrentamientos. Sin embargo, la película se resiente en sus aspectos dramáticos, por medio de una narración atropellada a partir de su llegada a la isla, momento en el que se dedica a mover de aquí para allá, como si fueran peones, a la concurrida expedición que protagoniza la historia, formada por un concurrido grupo de arquetipos totalmente desdibujados y carentes del más mínimo carisma. Tan solo el encarnado por John C. Reilly, quien sin mucha dificultad logra erigirse en el dueño de la función, logra destacar dentro de un conjunto equiparable en su planteamiento narrativo al de cualquier película de la Asylum. En lugar de procurarle un mayor espesor dramático, sus responsables solo parecen estar interesados en la consecución de un ritmo trepidante que no deje que el espectador se aburra, o que se pare a pensar en lo que está viendo, que viene a ser lo mismo. Un tratamiento cada vez más detectable dentro del blockbuster actual y sobre el que queda la duda de si se trata de algo premeditado o consecuencia de las posibles injerencias que los directivos de turno hayan podido practicar sobre el material rodado, como parecen señalar algunos arcos argumentales abiertos que a la hora de la verdad tienen poca o ninguna trascendencia. Con este agridulce sabor de boca se cerraba esta décimo cuarta edición de la Muestra, si bien los espectadores que esperamos a ver íntegros sus títulos de crédito saldríamos del Cine de la Prensa con los ánimos por las nubes tras asistir a esa última escena en la que se anuncia una próxima aventura en la que Kong cruzará su destino con Godzilla y demás monstruos gigantescos de la Toho.

José Luis Salvador Estébenez

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Fotografía: Juan Mari Ripalda

Published in: on abril 12, 2017 at 5:58 am  Dejar un comentario  
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La industria cinematográfica y la literatura fantástica aúnan esfuerzos en el Festival de Sitges

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La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y el Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya han alcanzado un acuerdo de colaboración para que autores y representantes del sector audiovisual estudien la posible adaptación de obras literarias a películas de género fantástico. A través de este acuerdo, que firmaron el pasado 1 de marzo dirigentes de ambas organizaciones, el Festival se convertirá también en un foco de interactuación entre los universos del cine y editorial.

La iniciativa está bautizada como Taboo’ks y con ella se pretende generar oportunidades a ambos sectores y, paralelamente, potenciar Sitges como plataforma para la promoción no sólo de las obras de la industria cinematográfica, sino también para otras industrias culturales afines. Entre las actuaciones programadas este año también figura la celebración de una clase magistral en Sitges a cargo de una figura simbólica de la literatura y el cine. Precisamente, este 2017 la novela adaptada en numerosas ocasiones al cine Drácula, de Bram Stoker, será uno de los ejes argumentales del Festival de Sitges, coincidiendo con los veinticinco años del estreno de la mítica adaptación de Francis Ford Coppola.

El Sitges – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya ha abierto su foco en los últimos años a la presencia de la industria, que participa en encuentros, foros y plataformas de venta de proyectos audiovisuales. El Festival, al mismo tiempo, también tiene una completa programación paralela en la que aborda otras disciplinas culturales de género fantástico, como series, cómic, arte o literatura. La suma de ambos perfiles aporta proyección y recorrido a esta iniciativa. De hecho, el proyecto firmado supone el primer paso para que el Festival se convierta en un mercado de derechos literarios internacional centrado en el género fantástico, en una línea similar a la aplicada por otros certámenes de primer nivel, como Cannes y Berlín.

Según el presidente de la Federación de Gremios de Editores de España, Daniel Fernández, “existe una clara vinculación entre el mundo editorial y el mundo audiovisual. Todos tenemos en mente muchas grandes películas o series de televisión que han adaptado obras literarias. Abrir una vía de colaboración con un festival internacional de la importancia del de Sitges nos ofrece nuevas oportunidades de negocio para las editoriales y un punto de encuentro para ambos sectores culturales”. Por su parte, el director de la fundación organizadora del Festival, Xavier Duran, “este acuerdo refuerza la condición del Festival como punto de encuentro de representantes de la industria cinematográfica en búsqueda de nuevas oportunidades y, paralelamente, nos permite ampliar nuestra presencia en otros territorios de la creación”. El director del Festival, Ángel Sala –que este año cumple su decimosexta edición al frente del certamen– ha subrayado el papel que “Sitges ejerce como cita imprescindible y punto de encuentro de los fans del cine, pero también de los amantes de otros consumos culturales en los que el fantástico tiene un papel relevante”.

Esta iniciativa se une a la acordada por la FGEE y la Asociación Madrileña Audiovisual que dará lugar en la próxima edición de LIBER, la Feria Internacional del Libro, el proyecto denominado Rodando páginas, cuyo objetivo es convertirse en punto de encuentro entre editores, agentes literarios y responsables de la industria audiovisual para explorar vías de colaboración en ámbitos como el cine, la televisión, el teatro, la novela gráfica o los videojuegos y cuya primera edición se desarrollará entre el 4 y el 6 de octubre en Madrid.

Más información: www.sitgesfilmfestival.com

Published in: on abril 4, 2017 at 5:58 am  Dejar un comentario  
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Necrológica de Tomas Milian

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El jueves pasado conocíamos la noticia de la muerte en su casa de Miami, a causa de un ictus y a la edad de 84 años, del actor cubano Tomas Milian, figura de sobra conocida por cualquier aficionado a la edad de oro del cine de género europeo merced a su protagonismo en algunos de los más populares spaghetti westerns donde trabajaría  a las órdenes Sergio Sollima o Sergio Corbucci, así como a su reiterada presencia en la variedad que derivaría de la anterior, el cine criminal italiano, también llamado poliziesco.

La noticia es si cabe más dramática si tenemos además presente que unos pocos días antes de producirse su fallecimiento había manifestado a una amiga su deseo de regresar a Italia, y en concreto a Roma, con la intención de pasar allí sus últimos días. Como el propio actor manifestaba en el documental dedicado a su figura The Cuban Hamlet (2014): “Italia es mi verdadera patria, la que me ha dado amor, éxito y una familia. Es el país que me ha honrado y que me ha acogido. Además, soy consciente de que he tenido suerte, ya que los italianos no suelen tratar tan bien a los extranjeros como me han tratado a mí.”

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Nacido en una familia de la alta sociedad de La Habana el 3 de marzo de 1933, Tomás Quintín Rodríguez Varona y Milian tuvo una infancia cómoda en el aspecto económico pero sumamente inestable en lo emocional. Justamente el 33 fue el año en que Fulgencio Batista toma el poder en Cuba a través de un golpe de estado en el que derroca al dictador Gerardo Machado. El padre de Milian, general asociado al ejército del depuesto Machado, es encarcelado, hecho que agravó a su salida de prisión la naturaleza ya de por sí tiránica y violenta que éste desplegaba para con su familia, a la vez que alimentó la inclinación del pequeño Tomás por crearse sus propios mundos de fantasía, ya fuera a través de la música – de pequeño era aficionado a cantar zarzuelas -, montando obras teatrales en el garaje de la casa familiar o yendo al cine, donde se sentía atraído y fascinado en particular por los films de Humprey Bogart.

La infancia de Milian sin embargo se quiebra de manera total y definitiva a los doce años, cuando tiene la mala suerte de entrar en la habitación de su padre momentos antes de que éste se suicide, vestido con su uniforme de gala, de un disparo en el pecho. A pesar del posterior y lógico trauma, el joven Tomas se siente al fin libre para vivir su propia vida y, desoyendo los deseos paternos de hacer carrera en el ejército, decide emigrar a los Estados Unidos con la intención de formarse en el Actor’s Studio y emular de esta manera a James Dean, su ídolo de aquellos años, con el cual se sentía identificado en especial merced a su interpretación en Al este del Edén (East of Eden, Elia Kazan, 1955), ya que, no por casualidad, también representaba un personaje en conflicto continuo con su padre.

Tras terminar sus estudios en los Salesianos y desempeñar en su Cuba natal algún trabajo menor como pudiera ser el de gorila de night-club, Milian llega a Nueva York en 1956, donde, y siempre según palabras del futuro actor, “menos que me la metieran por detrás, hice de todo para ganarme la vida: ascensorista, friegasuelos, chico de los recados… incluso me vi obligado a robar.”

Tras estudiar interpretación en el Miami Acting Studio, el cubano es acogido  un año después de su llegada a los Estados Unidos por el Actor’s Studio de Nueva York, representando uno del único par de alumnos aceptados en el curso de 1957. En la influyente escuela fundada por Lee Strasberg, Milian cultivaría cierta amistad con Marilyn Monroe así como entablaría contacto con Dennis Hopper, que en 1971 lo dirigiría en la espídica The Last Movie.

A pesar de que se encontraba a gusto en el país, al menos lo suficiente como para que le fuera concedida en 1957 la ciudadanía, al adivinar poco futuro en lo profesional en el Hollywood de entonces para un actor con aspecto latino y con un marcado acento como él, Milian decide en 1959 hacer de nuevo las maletas y emigrar a Italia con la esperanza de que un hipotético éxito allí pudiera suponer su trampolín de regreso a los Estados Unidos. Poco podía imaginarse entonces un Milian de 26 años que su trayectoria profesional en el país transalpino abarcaría cuatro décadas y casi cien películas.

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Todo comienza cuando, representando una pieza de Jean Cocteau, el cubano llama la atención de Mauro Bolognini, con el cual debutará en el cine en un rol secundario con La notte brava (1959) y con el que repetirá al año siguiente en El bello Antonio (Il bell’Antonio, 1960). En la primera mitad de la década de los sesenta Milian actuaría merced a un contrato en exclusiva de seis años contraído con el productor Franco Cristaldi en películas de autores como Lattuada, Zurlini, Visconti o Pasolini, nada menos. Sin embargo, y para sorpresa de todos, el actor se negó en redondo a prorrogar su contrato con Cristaldi. En palabras del propio Milian, “durante mi primer año en Italia hice mayormente películas intelectuales donde me aburría soberanamente. Necesitaba hacer algo comercial, no un film intelectual conmigo en la cama mirando al techo, mientras oigo como en la cocina un grifo gotea. En mi opinión todo ese rollo intelectual es una auténtica mierda.”

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Asqueado de la pedantería dominante de esta primera etapa, fue la necesidad de conectar con el público lo que le llevó a aceptar el rol antagonista en el eurowestern dirigido por Eugenio Martín El precio de un hombre (1966), su primer film del Oeste así como primera de las muchas películas que Milian rodaría en nuestro país y, en concreto, en Almería. El actor queda lo suficientemente satisfecho del cambio de rumbo que ha decidido imprimir a su carrera como para permanecer en España para rodar de inmediato su siguiente spaghetti, Oro maldito / Si sei vivo spara (1967), film de absoluto culto en la actualidad que, aunque no hizo demasiado en su momento por impulsar la carrera del cubano, al menos pasará a la historia por ser el que le proporcionó su primer protagonista en el género.

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Fue, sin embargo, El halcón y la presa / La resa dei conti (1966) la película que le dio a Milian la oportunidad de inaugurar, gracias al personaje de Cuchillo Sánchez, una tipología propia dentro del subgénero, alejada tanto del modelo impuesto por Leone como del más clásico puesto de moda sólo un año antes por Duccio Tessari y Giuliano Gemma con su exitosa Una pistola para Ringo, y presagiando si se quiere por sí misma toda una variedad dentro del eurowestern como sería su vertiente política, también llamada “Zapata western”, la cual tendría como máximos valedores a Franco Solinas como guionista y a Milian como principal cabeza de cartel. Inspirado en la actuación de Toshiro Mifune en Los siete samuráis, el actor crea así con la ayuda del director Sergio Sollima al primer “héroe de la clase obrera” del género, a la vez que consigue con su tercer western convertirse al fin en una estrella.

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Sin embargo su manera de enfocar la interpretación chocaba con la filosofía de los directores de género de aquella época, sin demasiado tiempo ni dinero como para atender a las exigencias de un Milian que ya entonces se comportaba como un auténtico divo. Como el propio actor reconocía, “todos los directores me odiaban porque yo era un auténtico tocapelotas.” No tuvo tanta paciencia, no obstante, su coprotagonista en la siguiente película en la que se puso a las órdenes de Sollima. Durante el rodaje de la ya desembozadamente política Cara a cara (Faccia a faccia, 1967), los intensitos Milian y Gian Maria Volontè acabaron a puñetazo limpio, seguramente porque el primero veía que el personaje más interesante de la película era el interpretado por el milanés. A pesar de que en esta ocasión la actuación de Milian queda significativamente ensombrecida por su partenaire, Cara a cara consigue asentarlo definitivamente como una cara reconocible del eurowestern, llegando a representar en nuestro país su segunda película más taquillera tras El halcón y la presa.

La popularidad de Milian fue tan fulgurante en su país de acogida que incluso Federico Fellini lo citó en Toby Dammit, su segmento para el film colectivo Historias extraordinarias (1968, Vadim, Malle, Fellini): de viaje en Italia con vistas a interpretar un spaghetti western, el actor inglés Toby (Terence Stamp) es presentado a su doble de escenas de acción, el cual no duda en decirle al conocerlo, “estoy muy contento de ser tu doble, también lo he sido de Tomas Milian.”

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Tras un paréntesis de dos films criminales, la española Crónica de un atraco y Banditi a Milano, cinta precursora del poliziesco en la que volvía a compartir cartel con su “amigo” Volontè, Milian interpreta una gran variedad de personajes en las trece películas en las que participa en los siguientes años dentro del spaghetti a pesar de que, como hombre de izquierdas que era, sentía una especial predilección por el arquetipo revolucionario que él mismo había ayudado a popularizar. Citemos dentro de esta heterogénea galería de personajes desde el pistolero albino de Sentencia de muerte, el bandido brasileño protagonista de O’Cangaceiro, el Vasco de Los compañeros o el caza recompensas del díptico Providenzia que, como el propio actor, poseía una irrefrenable inclinación por el disfraz, y que tomando como obvio modelo las películas de Trinidad, contaba incluso como compañero con un sosias de Bud Spencer interpretado por el americano Gregg Palmer.

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Ciudadano italiano desde 1969, Milian encontró a comienzos de la década de los 70 un provechoso nicho en el emergente poliziesco, género que trasvasó directores, guionistas y actores del ya por entonces decadente western mediterráneo. A pesar de representar uno de los profesionales que mejor y con más éxito supo llevar este cambio, Milian tuvo que sobrellevar por esa época una seria adicción al alcohol y a las drogas. Umberto Lenzi (junto a Bruno Corbucci, el director que más veces dirigió al cubano), recordaba como Milian solía beberse una botella de vodka al día durante la filmación de Milano odia: la polizia non può disparare (1974). Por lo demás, el actor demostró en el poliziesco la misma versatilidad de la que había hecho gala en el western interpretando indistintamente a policías, comisarios o al más brutal de los delincuentes, como pudiera ser el caso de Vincenzo Marazzi, el sádico jorobado que encarnó por primera vez en Roma a mano armada.

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Tras, como decimos, interpretar a un amplio abanico de personalidades en esta nueva década, Milian consigue tras casi veinte años su mayor éxito en Italia merced a Brigada todo terreno (Squadra antiscippo, 1976) y a la creación del personaje de “Monnezza”, personaje basado en la apariencia del Al Pacino de Sérpico a la vez que nombre genérico que sirve para designar a dos personajes distintos: por un lado tenemos a Nico Giraldi, que nació con el film anteriormente citado y cuyas aventuras se prolongarán a lo largo de ocho años y once películas, todas dirigidas por Bruno Corbucci y con guion de Mario Armendola; por el otro tenemos a Sergio Marazzi que vio la luz el mismo año en Il trucido e lo sbirro, dirigida por Lenzi. Mientras que en nuestro país la primera película de Monnezza gozó de una discreta carrera comercial, en su país de origen Brigada todo terreno supuso el tercer mejor estreno del año, incluyendo tanto nacionales como extranjeros.

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Curiosamente, y mientras llegaba a rodar hasta dos películas al año protagonizadas por el personaje por el que sería mayormente recordado, directores epítomes del cine de autor como Bertolucci o Antonioni seguían reclamando su presencia, en roles en los que dejaba de lado momentáneamente esa propensión por el disfraz y la pantomima que se había disparado definitivamente con el nacimiento de Monnezza. Milian llegó en esta fase incluso a interpretar en ocasiones hasta a dos personajes en un mismo film, como pudiera ser el caso de La banda del gobbo (Umberto Lenzi, 1978) en la que incorporaba a Marazzi y al jorobado, o Delitto al ristorante cinese (1981, Bruno Corbucci), en la cual encarnaba a la vez a Nico Giraldi y al dueño oriental del establecimiento del título.

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Aunque algunas voces culparan a esta saga de películas orientadas cada vez más hacia la comedia como la responsable de la debacle del género criminal, como ya habían acusado algunos años antes al díptico de Trinidad con respecto al ocaso del spaghetti, lo cierto es que los films de Monnezza protagonizados por Milian supusieron las únicas películas mínimamente relacionadas con el poliziesco que aún recaudaban algo de dinero (o bastante, dada la prolijidad de la saga) en la Italia de los 80. Tras interpretar la última aventura del personaje en Delitto al Blue Gay (Bruno Corbucci, 1984), un Milian cercano a los sesenta decide regresar a los Estados Unidos, conformándose en el último tramo de su carrera con personajes episódicos en series como Corrupción en Miami, Se ha escrito un crimen o La ley de Los Angeles, así como con breves roles en películas de Sidney Pollack, (Habana), Tony Scott, (Revenge), Oliver Stone, (JFK: caso abierto), Steven Spielberg, (Amistad), o Steven Soderbergh, que con Traffic con toda seguridad le brindó su último papel de cierta relevancia en el cine. Tristemente el proyecto de rodar Roma nuda de Giuseppe Ferrara, en la cual el actor iba a interpretar a un inspector de policía retirado en la que hubiera supuesto su vuelta al cine italiano, no llegó a realizarse por falta de fondos.

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Justamente hace unas semanas el Almeria Western Film Festival anunciaba la visita del cubano para la edición del próximo año con motivo del correspondiente homenaje que se le pensaba ofrecer en una tierra en la que, precisamente, Milian consideró también pasar los últimos años de su vida. Con la noticia de su fallecimiento también hemos conocido que el ya octogenario intérprete aún tuvo tiempo de rodar su parte como Cuchillo en Keoma Rises, reunión de viejas glorias del spaghetti orquestada por Enzo Castellari de la que, por desgracia, quedó fuera Bud Spencer, otras de las indiscutibles glorias del género también tristemente desaparecida hace escaso tiempo.

José Manuel Romero Moreno

Published in: on marzo 27, 2017 at 6:00 am  Dejar un comentario  
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“Revenge of the Alligator Ladies”: Esto no es una película, tampoco un Dvd; es una caja de herramientas”

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Si no recuerdo mal, en mi artículo sobre la publicación en DVD de Al Pereira vs. The Alligator Ladies acababa diciendo algo así como que, en aquella ocasión, no estábamos ante una película sino ante un material que pasaba por ser -o por poder ser- aquello que el tito Jess habría deseado ver justo en el momento anterior de su paso al otro lado. Y sí, ha pasado un tiempo pero lo mantengo.

En esta ocasión, con ese paso ya consumado y presente en la mente de todos los actores de este artilugio que en ningún caso es una película, que en ningún caso cuenta una historia y que es, por encima de todo, un compromiso que había que cumplir, más que definir el metraje acumulado como una no película preferiría definir este artilugio como un contenedor, una caja de herramientas no exento de interés. Ya conoceréis la historia -y si no, os la cuenta encantado Antonio Mayans hasta que os quede bien claro cuantas veces os haga falta- de que la productora había firmado dos películas con Franco y Mayans y que al bueno de Jesús no se le ocurrió otra cosa que morirse cuando apenas había finalizado la primera.

¿Y ante esto qué se hace? ¿Se tira del metraje que tenía medio preparado Jesús Franco, que ya se estiró para cerrar la primera, y se le trata de dotar a la segunda entrega de una cierta “coherencia argumental” aunque te quede una entrega corta de “culitos in the night” de menos de cincuenta minutos a ver si cuela?, ¿Se hace una “ensalada” con esto y con aquello que se tenga a mano y que más o menos pueda tener alguna relación con el universo del eterno cineasta hasta que dé el metraje para poder llamarlo segunda entrega, aprovechando el buqué que dejó el A ritmo de Jess de Naxo Fiol que parece que gustó?, ¿Se añade también y a capón una historieta que sirva de “hilo conductor”, sin principio y sin final, respetando las tetas, los “culitos” y los “coñetes” de Jesús para que al espectador le quede ese sabor a Jess en la boca? ¿O se tira por la calle del medio, se envasa el DVD con todo lo anterior más el material extra, más los cortos -otra vez importantes los cortos-, más presentaciones y una suerte de descartes que no son tales para que en total se supere, una vez más, el metraje de la propia película y a partir de ahí hacemos un relato?

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Pues ante las evidentes diferencias de criterio de todos los responsables, me quedo con la idea de que triunfo lo último, de ahí lo de definir este imprescindible DVD como una caja de herramientas. Sí, has leído bien, imprescindible. El que ame la obra de Jess Franco debe, necesariamente, hacerse con una copia y, si por su mente ha pasado alguna vez dedicarse al cine, no sólo es obligatorio hacerse con una copia sino que debería estar penado que no la tenga ya.

Instrucciones de uso.

Como punto de partida y dado que, como hemos dicho, esto se trata de la segunda entrega de una historia, antes de aventurarnos en el interior de este espacioso contenedor, debemos recordar que el relato de lo que en su capa más accesible se nos quiso contar en Al Pereira vs. The Alligator Ladies fue que Al Pereira, el anteriormente conocido como seductor y pendenciero detective, reconvertido ya en su senectud en un carca ultracatólico, pacato y moralista, recibió el ataque de las libidinosas, pecadoras y descaradas Alligator Ladies, enviadas por el doctor Fu-Manchú, con la intención de que Pereira volviese a su vida de libertinaje, muriendo así con las botas puestas y la bragueta abierta.

Con estos antecedentes y ante la complejidad de las herramientas contenidas en este baúl necesitamos unas instrucciones para darle un buen uso a este DVD, estas son las mías.

  1. Sombras nada más.

 Mi primera recomendación tras desprecintar el DVD es que veas Revenge of Alligator Ladies: The Jess Franco Cut presente en los extras. Es la pieza que cierra el círculo de las Alligator Ladies de una manera más coherente y es también lo más puramente Jess Franco que hay en todo el DVD.

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En los cuarenta y ocho minutos de metraje, que empiezan con el abuelo cantando un bolero “rancheril” para el recuerdo, podrás ver precisamente las “sombras, nada más” de lo que ya nos queda, por desgracia, de inédito de nuestro cineasta más universal y en ellos están lo eterno de su legado. Están sus fetiches, sus fijaciones, sus tabúes rotos, el salvajismo animal del eterno femenino, la viciosa violencia de su deseo sexual, su vouyerismo culposo por herencia juedeocristiana, la burla a la misma como desesperada respuesta… todo con lo que en último término se deleitaba y castigaba feliz el director, no sólo como cineasta sino como ser humano, si es que había ya alguna diferencia entre ambos a esas alturas. Está la jam session de jazz, el expresionismo, la deconstrucción narrativa y el acto creador libérrimo y hedonista cuando no directamente onanista de desvestir los cuerpos de hasta tres mujeres, de deleitarse en su contemplación, de arrebatarse y regocijarse en ello, y de quedarse allí, a vivir, a morirse de gusto y de remordimiento gozoso.

Tres cuerpos, tres, que se contonean ante la cámara y la seducen cuando no la fuerzan a tener sexo con ellas, a la que muestran su anatomía en planos tan explícitos que son capaces ora de encender el deseo de las propias protagonistas -hay enrojecimientos cutáneos, extremidades tensionadas, respiraciones involuntarias, gestos reprimidos y erecciones aureolares que no dejan lugar a la duda-, ora de vaciar de toda connotación sexual, morbosa o erótica los primerísimos planos bulbares de los hermosos y, como siempre, hiperrealistas cuerpos de estas tres actrices cuyos extractos anatómicos quedarán grabados en tu córtex con mucho más detalle y mucha mayor familiaridad que cualquier otro extracto perteneciente; ya sea a tu actriz porno favorita; ya al cuerpo que más hayas frecuentado no años, sino toda una vida; ya a tu propio cuerpo, siempre presente y en primerísimo plano, en tu cuarto de baño, tal es el detalle y el tiempo de exposición hipnótica.

Está también el Al Pereira transfigurado en ese carcamal moralista que, aunque insulta a las comprometedoras jovencitas, reconoce -o se fuerza a reconocer- que sigue siendo un viejo verde al que le gusta “lo que nos gusta a todos” los que nos gustan las mujeres, por más que las maliciosas ladies le tachen de poco hombre y de preferir a los homosexuales que tanto frecuenta.

Y están por último las sombras, nada más, de lo que debió quedar en la retina del cineasta al morir y que se va desvaneciendo, descomponiendo, desapareciendo…

  1. Una negación del intelectualismo.

Un segundo paso que bien puedes tomar como una segunda forma de acometer el DVD es ver directamente la película. Bueno, la no-película de Jess Franco, no completada por Antonio Mayans, no interpretada por…, etc, etc, como se recoge en los títulos finales de la cinta, que no es tampoco una cinta. Ya volveremos a eso, si acaso.

Si viste la primera, te compras ahora el DVD y lo primero que haces es ponerte la peli, a engaños no te llames tampoco, compañero, que de sobra sabes que no iba a ser la última de Marvel. Aun así el ejercicio es duro. No es el “¡vamos a morir todos!” que grita el exaltado graciosete de la presentación en Cotxeres de Sants -que es al único que se le medio entiende lo que dice, por cierto- pero el impacto es duro. Y es más duro aún si nada sabes de cómo se gestó la cosa, del compromiso adquirido y si no conoces ni de oídas al tal Antonio Mayans.

Ignoro cómo sería el de hace veinte, treinta o cuarenta años -tienes una ocasión maravillosa para hacerte una idea ficticia en el corto AKA Robert Foster presente en el DVD-, si disimulaba más o aguantaba más la pose, pero al Antonio de ahora le pasa un poco lo que al detective Al Pereira: se ha hecho mayor y le da ya igual todo. Es el pragmatismo grosero personificado.

Precisamente por eso, si en algo valoras mi opinión, antes o después de ver la película, ponte la versión comentada por Antonio Mayans. Es oro puro. Y lo es no tanto por lo que cuenta ni por cómo lo cuenta -que ni siquiera está preparado y vaya si se le nota-, sino por lo que subyace detrás de todo ello: la desmitificación del cine como forma de arte -es memorable la normalidad con la que nos explica Casablanca– y la constatación de su idea del antiintelectualismo de todo el cine de Jess. De todo su cine, ojo. Y si me apuras de todo el cine en general.

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Amigo gafapasta, erudito en la materia, si estás ahí, manifiéstate que me preocupa que te haya dado un síncope. Esto no lo digo yo, lo dice Antonio. Si me preguntas mi opinión, creo que Antonio se leyó hasta ser capaz de recitarlo el libro de estilo de Jesús Franco, sí, pero por el lado que no era. Algo que explica cuanto afirmo es que Antonio Mayans en esto del cine se tiene, ante todo, por un jefe de producción, “el de los bocadillos” según su propia definición, por muchas películas que haya firmado como actor e incluso, ya de últimas, como director. Su figura resulta tan necesaria para entender a Jess como lo era Sancho para el Quijote. Y liberado de la presencia viva del mito, lo que sale por esa boquita, insisto, es oro puro. Su verdad. Se le olvida muy a menudo que Sancho no era el único que conocía bien al hidalgo de la triste figura, pero en esto del arte, desde el postmodernismo, tan válida es su interpretación como la de cualquiera y él estuvo allí mucho tiempo, y tú y yo, amigo mío, no.

Cierto es que, volviendo a la película y aún teniendo lo que cuenta Mayans muy presente, estoy convencido de que si este mismo proyecto trampa le pilla a Don Antonio con veinte años menos, las cuatro ideas apenas esbozadas y nunca desarrolladas que aporta a la entrega habrían llegado a funcionar. Tan cierto como que se ve en ella una desgana y una incapacidad de entendimiento con los que le colaboran que duele ver porque, aun con todo, podría haber quedado un trabajo más digno aunque poco o nada tuviese que ver ya con una película de Jess. Como si de uno de aquellos VHS que nos colaban en los videoclubs por películas de Bruce Lee se tratase -en las que, con suerte, aparecía en dos o tres segundos del metraje, robados de otras películas o recuperados de algún descarte- y que, a pesar de todo, nos acabábamos tragando.

Sí es cierto, por ejemplo, que el sonido de la parte documental del homenaje a Jess Franco en Berlín, incrustada con calzador en la cinta, no es que duela, es que ofende. El resto, sin embargo, no duele y mucho menos ofende, se lamenta que no se haya querido desarrollar. La trama en la que Mayans juega con el supuesto conflicto familiar que le genera seguir haciendo películas “marranas” con el abuelo Franco -con el que llega a “enfadarse”-, el gañán aunque simpático cambio de acera de Al Pereira con Víctor Olid primero y en los locales nocturnos coruñeses después que tampoco se desarrolla, ese momento fantástico en el que pierde la cabeza, con los turcos disfrazados y la búsqueda fallida del último capricho del mito de fondo, en el que consciente de su paranoia no acierta a saber quién es el objeto de la misma, si lo es su personaje, su alter ego como actor, Robert Foster, o él mismo en su rol de director, ese reírse del metacine, de la trascendencia artística del cine sobre la vida y de la vida sobre el arte, son elementos de un cine de guerrilla que ambos, tanto Jess como Antonio, habrían sido capaces de reivindicar de haberse atrevido a apostar por ello. El resultado final que queda es el de que se pudo haber cerrado mejor con apenas un poco más de voluntad.

  1. Make yourself.

 Y así llegamos al tercer recorrido propuesto. Recopilemos: En esta suerte de baúl mágico tenemos el recuerdo del antecedente de la primera entrega, tenemos el material de puro Jess en el “Jess Franco cut”, tenemos lo aportado tanto en obra como en palabra por Antonio Mayans, y tenemos incluso un material  denominado “Escenas con montaje alternativo” dentro de los extras de lo rodado por Mayans. Tomemos esto como materia prima.

A mayores, tenemos una reivindicación del cine como oficio de artesanos, del cine como elemento de guerrillla, del cine como oficio desprovisto de toda trascendencia artística o intelectual, como acto lúdico y de libertad vital. Conceptos todos puestos en valor tanto en la figura de Mayans, como en la de Mona Proust -o Monserrat Prous Segura, como prefiráis- presente en el corto de Javier Pueyo Diario íntimo de una actriz, como de manera más especial aún y significativa en la de los creadores y participantes de los otros tres cortos recogidos en este maravilloso contenedor lleno de compartimentos secretos.

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La alegría y la necesidad de hacer cine, de expresar algo, lo que sea, de comunicarlo y transmitirlo sin esperar nada a cambio, están presentes de la manera más notable en el terrorífico e interesante Reptilarium de Joan Vall, en esa infamia bizarra de Víctor Olid que él llama Jarjacha contra Pistachu y en la Susi del colectivo Troncho-Cinéma, segunda entrega de su trilogía de cortos de mujeres sin mujeres. Tomemos esto como coartada.

Si te haces con el DVD y has leído hasta aquí es que tienes el gusanillo del cine dentro y no sólo como espectador sino como parte activa del proceso. Mi propuesta final es la siguiente: a estas alturas ya sabes qué aspecto habría tenido Revenge of the Alligator ladies en tu cabeza. Tienes la materia prima, tienes la coartada y, como dice el bueno de Mayans “con esto del vídeo todo son ventajas”, tienes las herramientas: Háztela tú mismo.

Ángel Chatarra

PD: Nada le habría honrado más al tito Jess.

Published in: on febrero 3, 2017 at 6:53 am  Dejar un comentario  
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Crónica de la XXVII Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

La casualidad, o una maniobra bien calculada, hizo que la vigésimo séptima edición de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián viniera marcada por la recuperación de las que, hasta hace no tanto tiempo, habían sido dos señas características del paisaje del certamen donostiarra. Lo haría, por un lado, con la organización de un concurso de fanzines que, si bien este año contó con una participación más baja de lo que sería deseable, sirvió para dar colorido y añadir un plus de atractivo a las sesiones en las que se presentaban al público cada una de las cabeceras en liza dentro de una competición que acabaría llevándose por votación popular “Ke mal rato, Honorato”. Por otra parte, y sin movernos del terreno editorial, se encontraría la publicación, al fin, de un nuevo volumen de su prestigiosa colección de ensayos monográficos, tras el simulacro que en este sentido significó la aparición el pasado año de un libro coeditado junto al Festival Internacional de Cine de Gijón sobre el found footage y demás formatos de falso documental. Coordinado por Daniel Aguilar y Antonio José Navarro, el encargado de reanudar la colección de publicaciones ha sido Japón fantástico, siglo XXI; una obra reducida en dimensiones pero sustanciosa en contenidos que, como su nombre indica, ofrece una aclaradora panorámica a lo que ha dado de sí la producción genérica en el País del Sol Naciente en lo que llevamos de milenio.

Mesa redonda con directores japoneses en el Museo San Telmo.

Mesa redonda con directores japoneses en el Museo San Telmo.

Aparte de para cerrar de algún modo el círculo iniciado hace quince años, cuando el festival repasara la historia del fantástico japonés desde sus orígenes hasta entonces, la elección de dicha temática para protagonizar el volumen, así como el correspondiente ciclo retrospectivo al que serviría de apoyo, se enmarcaría dentro del convenio de colaboración suscrito por la Semana con la Fundación Eu-Japan Fest coincidiendo con la Capitalidad Cultural Europea que la ciudad guipuzcoana ha detentado a lo largo de este 2016 y que hizo que este año el certamen donostiarra tuviera un claro acento nipón. El protagonismo japonés no solo se limitaría a la considerable programación de films provenientes de aquella cinematografía, sino que también se ampliaría al programa de actividades paralelas. Fruto de ello sería el que, con todo merecimiento, puede considerarse uno de los momentos para recordar, no sólo de esta Semana, sino de las últimas ediciones, y casi me atrevería a señalar que de toda su historia. Me refiero a la mesa redonda realizada en el Museo de San Telmo bajo la moderación de Jesús Palacios, en la que cinco cineastas japoneses afines al género comentaron la situación actual que vive el cine fantástico en su país. Shinji Higuchi, Noboru Iguchi, Yoshikazu Ishii, Minoru Kawasaki y Tomoo Haraguchi compartieron y debatieron sus experiencias en una charla distendida y aclaratoria en la que predominó la visión del fantástico nipón de bajo presupuesto, algo por otra parte lógica, habida cuenta de que la mayoría entre los contertulios estaban habituados a trabajar en este contexto.

Un momento de la delirante presentación en el Teatro Principal de "Kaiju Mono".

Un momento de la delirante presentación en el Teatro Principal de “Kaiju Mono”.

Varios de los mencionados directores aprovecharían además su presencia en San Sebastián para presentar la proyección de alguno de sus trabajos. El más mediático de todos, sin duda, Shinji Higuchi, co-director junto a Hideaki Anno de Shin Godzilla, el reboot por parte de la Toho de su más emblemática creación y título elegido por la organización para protagonizar la sesión inaugural de esta vigésimo séptima edición. Doce años más tarde de la anterior entrega de la franquicia original, el indiscutible rey del kaiju eiga revive en un film sorprendentemente político en el que afloran las heridas abiertas en la sociedad japonesa a raíz del accidente nuclear ocurrido en Fukushima de marzo de 2011. Un potente pistoletazo de salida cuyo tono discursivo, no obstante, sacó de situación a buena parte de la audiencia del Principal, que esperaba quizás un producto de corte escapista. Justo en estas coordenadas se movería Kaiju mono de Minoru Kawasaki. Definida por su responsable como una versión exploit de Shin Godzilla, se trata de una parodia del kaiju bajo el estilo habitual del fantástico japonés más psicotrónico, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Aunque no lo hiciera de forma física, tampoco faltó a la cita un habitual de la Semana como Takashi Miike con Terra Formars, adaptación de un manga homónimo que, tras un inicio prometedor, acaba perdiendo fuelle a medida que transcurren los minutos y los excesos característicos de su director van haciendo presencia. Tampoco podemos olvidarnos del que ha sido uno de los estrenos más mediáticos de la temporada en aquellas latitudes: Sadako Vs Kayako. A pesar de las ansias de renovar el J-horror que su director y guionista, Koji Shiraishi, manifestaría durante su estancia en Donosti, lo cierto es que su trabajo se limita a repetir las señas distintivas de ambas sagas, entregando un producto del todo intrascendente, pero que al menos logra alcanzar el aprobado.

Cuadro con las votaciones finales obtenidas por los films y cortometrajes a concurso.

Cuadro con las votaciones finales obtenidas por los films y cortometrajes a concurso.

Ante esta avalancha de films orientales, no es de extrañar que el premio del público al mejor largometraje fuera a parar al continente asiático. No obstante, la merecedora del favor del respetable no llegaría de Japón como podría pensarse en un principio, sino que vendría procedente de la cercana Corea del Sur con Train to Busan. Fiel exponente de la concepción de blockbuster de aquella cinematografía, el debut en el cine de imagen real de Yeon Sang-ho ofrece un apocalipsis zombi enclaustrado en el interior de un tren que destaca por su rara capacidad para aunar tensión narrativa, reflexión humanista y un envidiable manejo de diferentes tonos y registros narrativos de tal modo que consigue que se pasen por alto su tendencia al sentimentalismo melodramático más pretendidamente lacrimógeno y un discurso un tanto reaccionario a favor de la familia. Por cierto que, dentro de las proyecciones complementarias de la Semana, también pudo verse Seoul Station, la precuela animada de Train to Busan, también dirigida por Yeon Sang-ho y de una calidad equiparable a la de su sucesora. Por un estrecho margen de treinta décimas de punto, tras la cinta surcoreana se clasificaría en el cómputo total de votos La autopsia de Jane Doe, el esperado nuevo trabajo del noruego André Ovredal, seis años después de darse a conocer con la muy estimable Troll Hunter, vista también en este marco. Apenas un escenario, tres personajes y el desarrollo de una única situación son los escuetos ingredientes en los que se apoya una historia de sabor clásico cuya fibrosa narración y sentido de la atmósfera logran suplir con creces la sensación de previsibilidad que presenta su argumento. El tercer peldaño del imaginario podio lo ocuparía Crudo de Julia Ducournau, film belga en la línea del cine de su paisano Fabrice Du Welz, pero ni de lejos tan dura ni tan profunda como se ha querido vender y pretende su novel directora, respectivamente.

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Estos tres títulos serían, a nivel popular, la punta de lanza de una Sección Oficial que, como todos los años, sirvió para tomar el pulso a la más reciente hornada de producción genérica. De este modo, fueron varios de los títulos aglutinados por la programación que llegaron a Donosti precedidos por la fama que habían acuñado en su paso por el circuito de festivales. Es el caso de Melanie. The Girl With All the Gifts, ganadora en Sitges del galardón a la mejor interpretación femenina por el trabajo de la actriz infantil Sennia Nanua y, para quien esto escribe, una de las mejores y más inteligentes muestras albergadas por el superpoblado cine sobre zombis y/o infectados por mor de su potenciación de los aspectos dramáticos de una historia que en cierto sentido recupera el espíritu del Soy leyenda de Richard Matheson. También haría justicia a las expectativas creadas la persa Under the Shadow, en la que su, en principio, exótica ambientación en el Teherán de los primeros ochenta, sumido en plena guerra entre Irán e Iraq, contribuye decisivamente a trascender su primigenio estadio de relato de fantasmas para ofrecer una interesante mirada revestida de costumbrismo a la constreñida situación a la que fue marginado el papel de la mujer, política y socialmente, en la sociedad iraní durante el régimen de los ayatolaes. Menos interés levantaron en cambio dos de las consideradas “sorpresas de la temporada”. The Eyes of My Mother se reveló como un indigesto y poco compacto producto que malgasta algunas buenas ideas y la creación de un clima enfermizo a causa de unas mal digeridas ínfulas autorales, representadas por su uso de una, por otra parte, magnífica fotografía en blanco y negro. Peor sería, en todo caso, lo que depararía la mexicana Tenemos la carne, cuya adscripción a los postulados del surrealismo es solo una excusa que no logra enmascarar la nadería de una propuesta cimentada, única y exclusivamente, en su supuesto poder provocativo y transgresor, incluyendo entre su metraje imágenes de sexo explícito.

El director de la Semana, Josemi Beltrán, junto a Monica Strambini, directora de "Queen Kong", cortometraje de temática pornográfica-fantástica que pudo verse en la sesión de Halloween.

El director de la Semana, Josemi Beltrán, junto a Monica Strambini, directora de “Queen Kong”, cortometraje de temática pornográfica-fantástica que pudo verse en la sesión de Halloween.

Proyectada a altas horas de la madrugada, Tenemos la carne sería la encargada de echar el cierre a la tradicional velada de Halloween. Una maratoniana sesión que a lo que a largos se refiere fue inaugurada por 31, lo último de Rob Zombie. Con 31 el polifacético artista compone un nuevo compendio y resumen de las obsesiones que han acompañado a su filmografía, con la década de los setenta en primer término, que si bien es acreedor de algún hallazgo aislado, principalmente las caracterizaciones de sus payasos asesinos, en conjunto resulta solo recomendable para la sorprendentemente amplia legión de seguidores que el otrora líder de “White Zombie” ha acumulado en su paso al séptimo arte. Como no podía ser de otro modo, 31 no fue el único trabajo reciente de un nombre propio del cine actual que pudo verse dentro de la Sección Oficial de la Semana. The Neon Demon evidenciaría la preocupante deriva en la que se encuentra inmerso Nicolas Wanding Refn. Ambientada en el mundo de la moda, todo el potencial de su propuesta es confiado a una estética en verdad preciosista que, no obstante, le asemeja a un anuncio de colonias, descuidando mientras tanto sus aspectos puramente narrativos. Y no solo por lo inconexo de su argumento, quién sabe si en un intento de añadir una impostada densidad a una trama de lo más simple; es que lo que expone ya ha sido contado antes muchas veces y, además, de forma más convincente. Para los interesados en el tema recomendamos el visionado de la reciente Starry Eyes, algo así como la otra cara de la moneda del film de director de Drive, cambiando el mundo de la moda por el del cine. En cuanto a Yoga Hosers, la seudo secuela realizada por Kevin Smith de su previa Tusk, con la que comparte tono, se nutre de un reparto compuesto en su mayoría por amigos y familiares del cineasta, estando sus resultados más cercanos a los de un chiste privado que a los de un producto cinematográfico propiamente dicho.

La Semana también celebró el cincuenta aniversario de "Star Trek" con una exposición conmemorativa.

La Semana también celebró el cincuenta aniversario de “Star Trek” con una exposición conmemorativa.

Así llegamos hasta la participación española en la Selección Oficial de este año, la cual constaría de tres exponentes. De entre ellos, el que mayor nivel de producción exhibiría sería Pet, el que ha supuesto el segundo largometraje del que fuera el gran triunfador en el apartado cortos del certamen hace ahora tres años, Carles Torrens. Al igual que ocurriera en Emergo, su debut en el formato, el catalán regresa cinco años después con un proyecto de miras internacionales y reparto anglosajón, aunque esta vez coproducido con los Estados Unidos, que malgasta sus buenas ideas a causa de un guion disperso, más preocupado en los golpes de efecto de sus giros narrativos que en su cohesión interna. Los restantes representantes patrios serían, curiosamente, dos films independientes realizados prácticamente al margen de la industria y que han servido para brindar la alternativa a sus primerizos directores, quienes se personarían en Donosti para presentar a sus pequeños retoños. Roberto San Sebastián lo haría con La noche del virgen, una comedia esperpéntica que, salvando las distancias, recuerda al primer Álex de la Iglesia, lastrada por una tendencia a la escatología mal entendida y una duración a todas luces desmedida: nada menos que dos horas. Todo lo contrario puede aplicarse a El ataúd de cristal, en la que, haciendo de la necesidad virtud, el también bilbaíno Haritz Zubillaga saca partido a los modestos recursos puestos en sus manos con una propuesta minimalista de contenido metacinematográfico mediante la que plantea un arriesgado ejercicio de estilo, en el que da muestras de una interesante inventiva visual.

La actriz Miriam Cabeza, presentadora de la Semana, y Josemi Beltrán durante la gala de clausura.

La actriz Miriam Cabeza, presentadora de la Semana, y Josemi Beltrán durante la gala de clausura.

En comunión con los largometrajes, un año más la Semana volvió a reservar un importante espacio en su programa para el formato corto, organizando a tal fin diferentes concursos. Sin ánimo de exhaustividad, cabe llamar la atención sobre la calidad de varios de los trabajos a concurso seleccionados como, por ejemplo, Behind y Quenottes. Ambos consiguieron en la capital guipuzcoana sendos galardones a la ya de por sí exitosa trayectoria que vienen desarrollando por el circuito de festivales, hermanándose por su uso de sendas figuras más o menos reconocibles del folclore popular occidental, aunque desde planteamientos radicalmente distintos. En el caso del segundo, gran parte de su atractivo reside, precisamente, en la siniestra visión que ofrece de un personaje infantil en principio tan blanco como “El ratoncito Pérez”. Otros títulos que también destacaron fueron Popsy, perversa recreación de la típica historia del cazador cazado, o Save, una pieza de escasa duración que tiene una de sus principales bazas en su simpleza conceptual a todos los niveles. Mención aparte de los ya comentados merece el nuevo trabajo de Alberto Vázquez, en el que el también dibujante prosigue con el personalísimo estilo que ya guiara su anterior Sangre de unicornio. Aparte de por sus intrínsecos valores artísticos, el motivo está en ser el responsable de una de las coletillas más repetidas a lo largo de la Semana por el público del Principal a la hora de gritar a la pantalla y que, curiosamente, coincidiría con su título: ¡Decorado…!

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

“Star Trek”: Las novelas

  1. a) A modo de explicación

El fenómeno fandom en nuestro país descuida mucho el merchandising de productos de relativo éxito, sobre todo televisivos. Tampoco es que existan muchos de esos productos. Últimamente aquí estamos más acostumbrados. Los del fandom ya lo estábamos antes por el escaso material que se traducía o editaba desde las américas. En nuestro país era impensable, al menos masivamente. Sí que cuando nuestros padres eran pequeños, o nuestros abuelos, también se recurría al producto nacional (tipo Diego Valor), para comercializar todo tipo de ofertas. Ahora tenemos juegos interactivos, de mesa (Águila Roja) o novelas que exploran las distintas alternativas de la exitosa El Ministerio del Tiempo. Hace unos años era impensable. ¿Os imagináis un Club de Fans de Curro Jiménez con sus chapas identificativas?

Hucha de "Diego Valor".

Hucha de “Diego Valor”.

Sin embargo en otros países, y, sobre todo, en los Estados Unidos, es algo habitual, y hasta casi obligatorio (galletas, fiambreras para el colegio, carpetas, libretas, gadgets de todo tipo, discos, tebeos y, sobre todo, novelas). Gran parte de ese material, sobre todo cómics y libros, tarde o temprano, en parte, o en su totalidad, llega a nuestro país.

  1. b) ¡Cómo está el patio!

Lo anterior nos lleva a sorprendernos cómo el fenómeno provoca tal mercantilización en otras partes, prácticamente desde el principio e, incluso, aunque la serie no tenga el éxito esperado.

Con lo completistas que son los norteamericanos, la saga novelizada de Star Trek, el universo en el que se mueven los personajes creados por Roddenberry, y todas sus derivaciones, ampliaciones y demás, abarca multitud de títulos. Estos títulos continúan con eventos ya tratados en series y películas, rellenan huecos temporales, añaden más información biográfica a los personajes, se adelantan al futuro, viajan al pasado o nos narran cosas que no hemos visto, pero sí oído…[1]

En la siguiente dirección web se puede encontrar un pormenorizado y amplio catálogo, con sus explicaciones, y su cronología, de todo el material literario relacionado: http://www.maplenet.net/~trowbridge/timeline.htm

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Ya desde las primeras novelizaciones de algunos episodios de la serie original, llevados a cabo por Bantam a finales de los sesenta, hasta el giro actual, son centenares las publicaciones tanto de las distintas series, incluida la animada, y novelizaciones de los films, editadas por diferentes firmas y escritas por veteranos y prestigiosos autores del género (James Blish, Harlan Ellison, Joe Haldeman, Larry Niven o David Gerrold —muchos de ellos también guionistas de algún episodio de las diversas etapas de las series, como Robert Bloch—). Gran parte de ese material es desconocido en nuestro país, así que nos circunscribiremos únicamente a lo que aquí nos ha llegado.

  1. c) This is Spain

Es evidente que material bibliográfico sobre el universo Star Trek, analizando las diversas series y catalogando sus episodios, así como material biográfico de los diferentes actores de relevancia que pasaron por las mismas, sí que se ha editado en nuestro país. En este sentido es encomiable el trabajo llevado a cabo por Alberto Santos. Algunos de estos títulos son: Star Trek: guía de naves estelares, de Llorenç Carbonell; Star Trek: el Imperio Klingon, de Raúl García Tejedor; Soy Spock, de Leonard Nimoy; Star Trek: la nueva generación. Guía de episodios, Star Trek: Espacio Profundo 9. Guía de episodios, Star Trek: las películas, de William Shatner y Chris Kreski; Star Trek. Treinta años de aventura, Star Trek, la aventura continúa o Exobiología. Manual de la Flota Estelar de Manuel A. González. También es interesante la inaugural La Biblia trekkie, de Glenat.

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Coincidiendo con el estreno de la primera cinta, Pocket Books publicó la novela de la película escrita por el propio creador de Star Trek, Gene Roddenberry. Este libro, publicado en ediciones de tapa blanda y dura, ha sido la primera y única novela responsabilidad de Roddenberry, con asesoramiento de Alan Dean Foster[2], y lanzó literariamente los Pockets Books de la franquicia, cuyo material traería, en parte, años después, a nuestro país, Grijalbo.

Sin embargo, lo que sí recuerdo de aquella época, al tener un ahijado cuyo padre, tío mío, era un gran fan de la serie, es haber visto por la casa uno de aquellos primeros libros troquelados de la cinta, con desplegables de la Enterprise en todo su esplendor.

Pero habría que esperar algunos años a que la fiebre, aunque efímera, se desatara. Comics, novelas, packs de todas las series en DVD con sus correspondientes extras…

  1. d) ¿Pocket books o libros de bolsillo?

Tradicionalmente, tras las primeras novelizaciones de los episodios de la serie original, se considera a Spock Must Die! de James Blish, editada en febrero de 1970 por Bantam[3], como la primera novela oficial del universo trekkie, independientemente de las adaptaciones.

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La historia profundiza en los organianos (vistos en el episodio 26, o 27, según se liste cronológicamente —emisión o producción—, titulado alternativamente “Tentativa de salvamento” o como “Acto de piedad”). Lo cierto es que tienen poco peso en la serie. Son como una especie de “dioses” (como otras razas alienígenas casi omnipotentes que irán apareciendo en el universo trek) que obliga a la Federación y a los klingon a terminar con su guerra. En esta historia los klingon vuelven a hacer acto de presencia con la misma actitud belicosa que los caracteriza. Spock debe ir al planeta de los organianos para conseguir de nuevo la paz, aunque para ello tenga que morir.

El norteamericano James Blish, crítico literario y autor de fantasía y ciencia ficción, falleció de cáncer de pulmón en el Reino Unido en 1975. Había nacido en 1921 y fue editor científico de las publicaciones de la famosa compañía farmacéutica Pfizer, tras servir como técnico médico en el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Fue miembro del insigne grupo “los futurianos”, que agrupaba en sus filas, al principio como simples aficionados, al fandom de la era dorada de la ciencia ficción estadounidense. Muchos de ellos terminaron siendo grandes escritores, críticos y editores del género (Asimov, Frederick Pohl, Donald Wollheim o Damon Knight). Entre 1967 y su fallecimiento, Blish escribió colecciones autorizadas de relatos cortos basados en la serie televisiva. En total fueron once volúmenes de la adaptación de sus episodios (de 5 a 8 capítulos por libro). Murió dejando inconclusa Star Trek 12, y su segunda esposa, J. A. (Judith Ann) Lawrence, completó el libro y más tarde dos adaptaciones episódicas más, y algún extra original (un relato más largo), en Mudd’s Angels (o Mudd’s Enterprise).

James Blish.

James Blish.

En 1970, Blish escribió este Spock Must Die!, que es la primera novela original basada en la serie. Curiosamente, el editor de estos libros, para Bantam, fue Frederick Pohl. La editorial volvió a publicarlos en 1991 en tres volúmenes recopilatorios, excluyendo el trabajo de la esposa. Tras las novelas originales, después del pistoletazo de la supuesta muerte de Spock, Allan Dean Foster haría lo mismo que Blish con la serie original para la serie animada. Editó Ballantine, desde mediados de los setenta hasta los ochenta, compaginando con las novelas de Bantam. La saga de Dean Foster se llamó Star Trek Logs, más conocidas como Log One a Log Ten. Este fue sólo el inicio. Tras Bantam y Ballantine, otras editoriales menores publicaron material independiente de la serie original. Todo ello confluye, y es coetáneo por poco tiempo, a finales de los setenta y principios de los ochenta con el boom de las novelas Pocket book que abarcan hasta la actualidad, y de las que saldrán las versiones españolas de Grijalbo.

A finales de los noventa la cosa se va haciendo más compleja, con universos alternativos, arcos argumentales complejos, líneas paralelas, la saga iniciada por Peter David, los ebooks del “cuerpo de ingenieros”, el shatnerverse[4], las novelizaciones de todos los films, la Academia, etc… Material que aquí no ha llegado, y posiblemente no llegará nunca. Por eso nos centraremos en las pocas novelas que editó Grijalbo, que, con cierto desorden, puesto que había saltos en los títulos, continuaban desde el inicio de la primera adaptación cinematográfica de Roddenberry. A partir de…[5]

  1. e) La colección Grijalbo

Estas novelas comenzaron a editarse desde principios de los noventa, hasta un poco más allá de la mitad de la década, prácticamente coincidiendo con el fin de la serie de televisión de ST-TNG y el advenimiento de ST-DS9, así como el auge de las adaptaciones cinematográficas y los primeros intentos de edición de los comics. El público parecía estar receptivo y el mercado se abrió. Pero no fue para tanto la algarada trekkie. Tras catorce novelas de la serie original y seis de la siguiente, la colección se canceló. Alguien ha tratado de editar en e-book, por iniciativa particular, los catorce volúmenes iniciáticos con el único título de Star Trek: Frontera final. De cualquier modo, Grijalbo no volvería sobre el tema hasta la edición, en 2013, de momento, de Star Trek. La Nueva Generación: A bordo del Enterprise, que incluía un CD interactivo con imágenes de la serie y un viaje en 3D por el interior de la nave. El libro viene acompañado, además, con una gran cantidad de material gráfico y abundantes fotografías. El trabajo está firmado por Michael y Denise Okuda, responsables de muchos de los efectos visuales de algunos de los episodios y películas de las distintas series.

Pero volvamos a las novelas, casi todas ellas escritas por autores que ya habían probado fortuna en textos anteriores de la saga, y otros que repetirían.

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El efecto entropía (The Entropy Effect), en la cronología literaria, viene después de la adaptación del primer film, por parte de Roddenberry. La autora es Vonda N. McIntyre. Se editó originalmente en abril de 1981. Fue traducida por Diana Falcón y publicada en nuestro país en 1993.

Como su mismo título deja adivinar, el tema va de viajes en el tiempo, y un villano, el Dr. Mordreaux (¿Dr. Moreau?), pone todo el universo patas arriba con sus distorsiones.

La bióloga y genetista Vonda N. McIntyre comenzó a escribir ciencia ficción a comienzos de los años setenta. Ha ganado los más prestigiosos premios literarios del género (el Hugo  —ha sido la tercera mujer en recibirlo— y el Nebula). También ha escrito novelas del universo Star Wars. Dos elementos que McIntyre usa con frecuencia en varias de sus historias son los “buzos” y el “biocontrol”. Los primeros son humanos modificados genéticamente para vivir bajo el agua, y el segundo término hace mención a la capacidad de controlar aspectos de la propia psicología que son normalmente automáticos. Ambos elementos salen referenciados en algunas de sus historias trekkies. Algunos de sus títulos más importantes, también publicados en nuestro país, son Estrella de cristal (de Star Wars), Superluminal (sus protagonistas son “los buzos”), Serpiente del sueño (ganadora del Hugo y Nebula) o La luna y el sol (ambientada en la corte de Luis XIV)[6].

Vonda N. McIntyre.

Vonda N. McIntyre.

McIntyre repetiría unos cuantos títulos más adelante con Enterprise: The First Adventure, y tras las novelizaciones del segundo y tercer título de la saga cinematográfica. Después también novelizaría el cuarto film. A ella se le debe el bautismo oficial del personaje de Sulu, que no tenía nombre. Muy pronto fue adoptado como oficial y hasta se le menciona así, Hikaru, en la sexta entrega de la saga cinematográfica, por primera vez, gracias al apoyo de Peter David, que casi obligó a Nicholas Meyer a incluirlo en el guion.

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El segundo título, El gambito de los klingon (The Klingon Gambit), tiene lugar entre los episodios 49 y 51 de la segunda temporada de la serie original. Probablemente la mejor de esta serie. También se publicó en Estados Unidos en octubre de 1981. Los datos de traducción y edición española se repiten como en el anterior caso. Los klingon de una nave de guerra y la tripulación de la Enterprise (la cual parece haber perdido temporalmente la cordura) se enfrentan en el espacio en un ambiente cargado de tensión.

Robert E. Vardeman.

Robert E. Vardeman.

Robert E. Vardeman es el autor. Comenzó su carrera como editor de fanzines y se granjeó un cierto renombre como fan que escribía relatos de género de fantasía y ciencia ficción, hasta que pudo empezar a dedicarse profesionalmente a ello. No es muy conocido en nuestro país, y posiblemente tenga un listado de títulos menos abultado que el de otros veteranos. Su especialidad ha sido la novelización de juegos interactivos. Del universo Star Trek tan sólo escribió una novela más, Motín en la Enterprise. También ha escrito gran cantidad de historias con seudónimo, en especial westerns, que, sumadas al casi medio centenar de fantasía y ciencia ficción, hace la nada desdeñable cifra de más de cien títulos en realidad.

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El tercer título ambientado en la serie original, con las mismas características anteriores, o sea, editado en diciembre de 1981 en Estados Unidos, y continuación de la novela anterior. Cuarto tras la novelización del primer film, con la misma traducción[7] y fecha de edición española (1993). El autor es Howard Weinstein, guionista de algún episodio de la serie animada, y que repetiría con una entrega literaria, el quinto volumen editado en nuestro país, de la Nueva Generación. También ha guionizado algunos de los comics de la saga, y fue el autor más joven en escribir un guión para Star Trek (tenía diecinueve años). El pacto de la corona tiene otra vez como antagonistas a los klingon en su lucha de expansión en un planeta cuyo gobernante, amigo de Kirk, acaba de fallecer, desatándose una guerra civil. Weinstein también escribió algunas novelas ambientadas en el universo V.

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Los sucesos que se narran en esta historia acontecerían entre los dos primeros films de la saga, al igual que el siguiente título, El proyecto Prometeo (The Prometheus Design), de Sondra Marshak y Myrna Culbreath. Se editó en Estados Unidos en marzo de 1982, es la quinta entrega de la cronología[8] que estamos estudiando (en España, el cuarto título de la serie). La Enterprise tiene que investigar la oleada de salvajismo que se ha apoderado de forma misteriosa de una raza alienígena, pero Kirk y Spock no estarán a salvo, siendo presas de alucinaciones y comportamientos crueles.

Las dos autoras han trabajado juntas en diversos proyectos relacionados, editando varias antologías de relatos trekkies de la etapa Bantam y publicando tres títulos más (el ocho de la presente colección, o nueve según se mire). Sondra, además, escribió la biografía oficial de William Shatner.

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El siguiente título, cuarto y quinto según las ediciones, es el inmediatamente anterior a los sucesos descritos en Star Trek II: la ira de Kahn: La morada de la vida (The Abode of Life). El texto original se editó en los Estados Unidos en 1982 y en España en 1994. El argumento de la contraportada nos decía esto: “Mercan es un planeta cerrado en sí mismo. Sus habitantes no saben de la existencia de un mundo exterior y han aprendido a convivir con las periódicas explosiones radioactivas de su sol. Una de éstas va a producirse justamente cuando la Enterprise, averiada, aterriza en Mercan. Kirk y su tripulación se deberán enfrentar, no sólo a la incredulidad hostil de los mercanianos, sino también a una disyuntiva moral: ¿deben destruir el sol para salvar la nave, o permitir que los mercanianos sigan viviendo en el único mundo que conocen?”.

Hay que decir que todos estos libros son pura literatura de evasión, algunos más aburridos o flojos que otros, pero no necesitas ser trekkie para disfrutarlos, aunque es conveniente la nostalgia de sus personajes si estás familiarizado. Hay que leerlos sin plantearse que estás ante un Asimov u otro de los grandes, aunque muchos de sus autores tengan cierto peso. También es cierto que muchos no están a la altura de los primeros relatos publicados. De cualquier modo es tarea tuya, lector, descubrir si te gustan o no, o, es más, si quieres leerlos, como fan de la serie o del género.

George Harry Stine.

George Harry Stine.

En el caso que nos ocupa, la personalidad del autor es bastante curiosa. George Harry Stine, fallecido en 1997, escribía libros científicos y técnicos con su propio nombre, pero para la ciencia ficción utilizaba el seudónimo de Lee Correy. Fue asesor técnico de ST-TNG, pero por lo que es más conocido es por su hobby: lanzar modelos de cohetes al espacio. Escribió diversos manuales sobre la materia, ya que él mismo confeccionaba sus propias maquetas.

Fuego negro (Black Fire), de Sonni Cooper fue editada en Estados Unidos en 1983, como octavo número de la saga, y en nuestro país en 1994. Es la única aventura literaria de su autora, una prestigiosa artista plástica que una vez trabajó como publicista para William Shatner. Mezcla un argumento típico de la serie original con la narrativa de aventuras en su vertiente “piratas”, y con Spock como traidor y aliado de los romulanos (villanos, que más que los klingon, protagonizarán más de una de estas historias).

Aunque originariamente, la segunda colaboración de Sondra Marshak y Myrna Culbreath, Triángulo (Triangle, 1983), es anterior en la edición estadounidense, en nuestro país se publicó después de La telaraña de los romulanos (Web of the Romulans, 1983), de M. S. Murdock.

Todos los títulos que estamos desgranando son posteriores a ST-II, la ira de Kahn, y confluirán con el tercer largometraje oficial.

El hijo del ayer (Yesterday’s Son, 1983), nos cuenta algo sobre Spock que no conocíamos. En una misión al pasado, extrañamente, tuvo un hijo. Ann Carol Crispin, la autora, ha estado metida en diversas novelizaciones trekkies, y otras sagas y series del género como V, Aliens o Star Wars (es muy apreciada su trilogía sobre Han Solo).

Ann Carol Crispin.

Ann Carol Crispin.

El hijo del ayer, por lo demás, es el primer volumen de la llamada “Saga del ayer”, de la que A. C. Crispin escribiría un segundo título, el 39 de la saga original, antes de los acontecimientos de la quinta y sexta cinta, publicada en 1988, inédita en nuestro país, y con el llamativo título de Time For Yesterday. La fascinación de la autora por Spock y el mundo vulcaniano también le llevó a redactar otro título más centrado en el embajador Sarek  —Sarek (1994)—, padre de aquél.

A este título seguirían con desigual fortuna, con aventuras que continuarían de la serie original y confluirían en el tercer título cinematográfico de la saga, Por prescripción facultativa (Doctor’s Orders, 1990), de Diane Duane, es el título 50 de la lista norteamericana. Su autora es muy conocida por su conocida “Trilogía del Heraldo”. También ha novelizado episodios de la serie televisiva Seaquest. El protagonismo de esta historia recae, como el título sugiere, en el doctor McCoy.

Como vemos, los títulos comienzan a editarse sin orden; ni los propios norteamericanos tenían muy clara la cronología, y títulos posteriores a los films se editan antes mezclados con narraciones más cercanas. Un acontecimiento situado tras la cuarta entrega cinematográfica de la saga se publica después de una novela que contiene una historia anterior a la segunda, y así. Los editores españoles también descuidaron algunos títulos posteriores de autores de mucho peso que hubiesen sido más atractivos para el lector y hubiese propiciado algún tipo de enganche a la serie y evitar su cancelación. Autores como Peter David, Greg Bear, Theodor Sturgeon o James E. Gunn[9].

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos con el siguiente título. Una bandera tachonada de estrellas (A Flag Full of Stars, 1991), de Brad Ferguson, segundo volumen de la saga original iniciada con The Lost Years (1989), este de J M Dillard, con acontecimientos que se desarrollan teóricamente entre la serie original y la primera película. Es el título 54 de la lista norteamericana, y el once de la nuestra. Se editó en nuestro país en 1996 (toda esta última tanda corresponde a ese año). Después vendrá el nº 55 de la cronología original, El renegado (Renegade, 1991), de Gene DeWeese. Y a continuación, Motín en la Enterprise (Mutiny on the Enterprise, 1983), de Robert E. Vardeman, continuación de El gambito de los klingon, el segundo título del que hablamos, y que también estaba escrito por él. Y finalmente, El cielo herido (The Wounded Sky, 1983), de Diane Duane. Ambos forman los títulos doce y trece del listado original norteamericano. En España se publicaron más de una década después que en Estados Unidos; de 1986 a 1997. Las fechas, por lo demás, también se fueron espaciando, así como el número de publicaciones.

Sin embargo, la falta de interés o del público más fiel, y no el nostálgico, provocó que el bloque dedicado a la Nueva Generación no alcanzara más que seis volúmenes. De ST-DS9 o ST-VOY, también ya en antena, no se publicó libro alguno. Las historias, al menos las publicadas en nuestro país, se ubican entre distintos arcos argumentales de los episodios de la serie televisiva. En Estados Unidos comenzaron a editarse a finales de los ochenta y en España compaginaban fecha con las ediciones de la serie original. A nivel de calidad argumental e interés de las historias, personalmente prefiero algunas de las novelas de este bloque.

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El primer título —tanto de la colección española como de la cronología original en Estados Unidos— fue La nave fantasma (Ghost Ship, 1988). La autora, Diane Carey, ha trabajado con distintos seudónimos. Como Diane L. Carey ha escrito historias ambientadas en la guerra civil norteamericana, e historias románticas bajo el nombre de Lydia Gregory. Como Diane Carey ha redactado multitud de títulos para casi todas las series trekkies.

El siguiente título, Los guardianes de la paz (The Peacekeepers, 1988), fue escrito por Gene DeWeese. Thomas Eugene DeWeese, un ex-empleado de la General Motors y consultor del programa Apolo, se recicló en escritor, básicamente de ciencia ficción, hasta su fallecimiento en 2012. Completó más de cuarenta libros con distintos seudónimos como Jean DeWeese, Thomas Stratton o Victoria Thomas. Escribió novela erótica y de terror, pero es más conocido por sus novelas de Star Trek. Debutó a finales de los años sesenta con una historia de El agente de C.I.P.O.L. También escribió adaptaciones de Perdidos en el espacio y Dinotopía, la creación de James Gurney ampliamente difundida en series de televisión de animación y personajes reales.

Supervivientes (Survivors, 1989) de Jean Lorrah[10], otra habitual, y Los niños de Hamlin (The Children of Hamlin, 1988), de Carmen Carter, son los siguientes títulos interesantes del bloque Nueva Generación, y que fueron editados en orden inverso a su original en Estados Unidos. También con el orden cambiado, en nuestro país, son los siguientes títulos: Hambre de poder (Power Hungry, 1989), de Howard Weinstein y Zona de conflicto (Strike Zone, 1989). Esta última representa un excelente broche de la mano de Peter David. David, prestigioso guionista de comics, que alcanzó el estrellato con Hulk, ha colaborado en la novelización de diversos films inspirados en los personajes de las editoriales de comics para las que ha trabajado, y también es un habitual de las sagas trekkies.

Peter David.

Peter David.

¿Habrá más novelas trekkies? ¿Verán la luz las nuevas versiones? En nuestro país, de momento, parece más efectivo, a nivel editorial y comercial, el material distribuido en formato cómic.

Miguel Ángel Plana

[1]    Lo mismo sucede con los comics. Todo está meticulosamente tratado para que no haya incongruencias. Respecto a los comics, de aquellas primeras ediciones norteamericanas nos llegó algún número suelto traducido a través de la entrañable y mítica Editorial Novaro, desde México. A raíz del relativo éxito de los films, igual que sucedió con algunos de los pocket books aquí analizados, a finales del siglo pasado y comienzos de este, diversas editoriales, menores y de prestigio, volvieron a editar algunos números. La mallorquina Recerca se atrevió a traernos aquellos viejos tebeos de Gold Key. Primero fue Vértice recopilando algunos de los números que editó Marvel. Ya en los ochenta nos vamos a Zinco, que quiso publicar el material de DC, aunque terminó únicamente sacando la adaptación de la cuarta entrega cinematográfica de la franquicia. A mediados de los noventa, Planeta volvió a la carga. Todos ellos, intentos fallidos. Y es que el fandom trekkie (o trekker, no se ofenda nadie) no es tan fuerte en nuestro país como los amigos de Skywalker.

[2]    Aunque durante un tiempo se aseguró que la autoría de la obra correspondía, en realidad, a Foster, lo que tampoco sería descabellado, puesto que gran parte de su trabajo literario se nutre de novelizar conocidos éxitos cinematográficos del género (Alien, Terminator…), aparte de haber confeccionado multitud de relatos y novelas de Star Trek.

[3]    Bantam Books, fundada en los años cuarenta, es muy conocida, además de por su trabajo con Star Trek, por ser los creadores del tipo de libros “elige tu propia aventura”, también muy populares en nuestro país en los años ochenta.

[4]    Serie de historias gestadas por Shatner a partir de la premisa de qué hubiera pasado si Kirk es devuelto a la vida tras los incidentes de Star Trek. La próxima generación.

[5]    Por otro lado, hay que decir que gran parte del material bibliográfico que estamos mencionando está por completo descatalogado.

[6]    Los derechos cinematográficos se compraron en 2013 y el film verá la luz, finalmente, en 2017, bajo el título de The King’s Daughter, protagonizado por Pierce Brosnan. William Hurt también está en el reparto. Es posible que al final mantenga su título originario.

[7]   Falcón será la traductora oficial de la serie…

[8]    La cronología de historias es tan precisa que abarca desde la prehistoria (en algunos sucesos temporales presenciales) hasta el futuro más remoto e ignoto.

[9]    Autor de la fascinante serie “The Inmortals”, que dio origen a una popular serie televisiva de los setenta.

[10] También tiene una serie de pintorescas novelas protagonizadas por Nessie, el monstruo del Lago Ness.

¡Oh, Capitán, mi Capitán!

 “Nuestras misiones son pacíficas, no de conquista.

 Cuando entramos en combate

es solo porque no tenemos otra opción”.

(James Tiberius Kirk)

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Antes de adentrarnos en el fascinante universo trekkie, vaya por delante mi orgullo por ser, desde prácticamente mi infancia, fan declarado de la serie original y la mayoría de las franquicias y películas. Aunque no sea un freakie trekkie[1] versado en la lengua klingon, ni conozca al detalle cada momento del universo creado por Roddenberry. No me he perdido entre comics y libros o juegos interactivos buscando conexiones, o errores. Pero he leído muchas de esas novelas y comics. Algunas hasta las conservo entre mis tesoros literarios, al igual que el material filmográfico. Pensaba titular este capítulo, en un juego cinéfilo, o broma personal, “capitanes intrépidos”. Pero, en realidad, el intrépido voy a ser yo.

Toda nave necesita un buen piloto, pero también un buen capitán. En el mundo trekkie, dentro de algunos siglos, varias serán las naves y varios los capitanes. Pero el protagonismo recae en la Enterprise, y sus diversas variantes o modelos a lo largo de los años. El brillo de las estrellas empalidece ante el valor del brillo de los galones de sus diferentes capitanes.

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El año es el 2151. El nombre: JONATHAN ARCHER. La nave: ENTERPRISE NX-01

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Archer es el primer capitán de una Enterprise[2]. Debutó en la serie Enterprise, que a partir de la tercera temporada pasó a llamarse Star Trek: Enterprise. Cronológicamente es la primera historia televisiva del universo trekkie, pues sus historias se desarrollan entre los acontecimientos desarrollados parcialmente en la octava película de la saga y la primera serie original. Técnicamente es la quinta serie producida, tras ST: TOS, ST: TNG, ST: DS9 y ST: VOY, y casi quince años después del estreno de la segunda serie oficial. Durante dieciocho años consecutivos hubo ración de Star Trek televisiva. Ahora son los fans los que se han dedicado a completar las misiones iniciales en Phase II o alargar el universo en plan crowdfunding por parte de viejas glorias de las primeras series (Renegados).

La serie Enterprise se canceló en la cuarta temporada. Fue la única que sufrió tal descalabro. Estuvo en antena desde el 2001 hasta el 2005 y constó de noventa y ocho episodios. En España, en diferentes cadenas temáticas, como Calle 13, que la estrenó casi tres años después de su puesta de largo norteamericana, o Sci Fi, pudimos disfrutar toda la saga desde 2004 hasta 2007.

Nombre real: Jonathan Archer Jackson

Estado civil: Soltero[3]

Parientes conocidos: Henry Archer[4] (padre, fallecido), Sally Archer (madre, fallecida), Karyn Archer[5] (bisnieta en una línea temporal alternativa)

Grupo de afiliación: Flota Estelar

Base de operaciones: La USS Enterprise NX-01

Altura: 1’80 cm.

Peso: 77 kg.

Ojos: Marrones

Cabello: Castaño

Año de nacimiento: 2112

Lugar de nacimiento: New York

Historial: Alto, ligeramente musculado, muy capacitado para entrar en combate cuerpo a cuerpo. Una buena formación académica que no evita que de vez en cuando su curiosidad le haga meter, literalmente, las narices donde no le llaman (lo que le hace creerse responsable y habilitado para resolver los problemas de todos los mundos habitados). Posee un gran talante democrático para la diplomacia y una capacidad de liderazgo innata. Su facilidad empática le hace ser justo, equilibrado, humilde y generoso, y conecta fácilmente con la gente de su alrededor. Por influjo familiar lleva en la sangre dotes de explorador y siempre deseó ser capitán de una nave espacial.

El mar y los deportes acuáticos (el waterpolo es su favorito) son su otra gran afición. Los viajes por mar con su padre le han hecho amar la vela y contar con una colección de modelos de barcos de vela en su oficina. Aunque tiene un fuerte sentido del deber y se preocupa por el bienestar de todos, a veces su forma directa de enfocar los riesgos, de una forma muy aventurera, puede ser imprudente. A pesar de su talante militar no duda en cuestionar una orden si cree que tiene razón (algo también bastante común entre los capitanes de las Enterprise). Resulta difícil airarlo. Tiene un animal de compañía al que adora, un perro beagle al que llama Porthos (lo que da idea de su concepción aventurera de la vida).

Creció con una gran desconfianza hacia los vulcanos, ya que los consideraba en gran parte responsables del entorpecimiento de los trabajos de su padre tras su conocimiento de los humanos después del primer vuelo de Zefram Cochrane y la invención del primer motor warp en 2063. De ahí que su relación con su oficial científico T’Pol resulte tensa al principio, aunque con el tiempo evolucione a terrenos casi sentimentales.

Carrera: Comenzó trabajando en la Flota Estelar como piloto de pruebas en el programa warp NX. Fue capitán de su nave interestelar desde 2151 a 2161. Diversos conflictos bélicos le llevaron a aliarse con distintas razas para construir lo que sería el germen de la futura Federación Unida de Planetas, de la que llegó a ser Presidente.

Fallecimiento: Pasó gran parte de sus últimos años en San Francisco, falleciendo en el 2245, un día antes de la botadura del nuevo Enterprise.

El actor: Scott Bakula. Nació en San Luis, Missouri, en 1954. Su carrera actoral es básicamente televisiva, con alguna incursión en el cine. En la pantalla grande es recordado por El Señor de las ilusiones de Clive Barker, y en la pantalla catódica ha estado vinculado a tres hitos de la ciencia-ficción: Quatum Leap/A través del tiempo, un intento de relanzar Los invasores[6], y, por supuesto, Enterprise.

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El siguiente capitán de una nave Entreprise, la NCC-1701, sería Robert Timothy April. Nacido en 2194, en Coventry, Inglaterra, fue el responsable de la supervisión de los componentes para una nave de la clase Constitution, en los astilleros navales de San Francisco. Esta nave interestelar sería más conocida como la USS Enterprise que todos conocemos. Fue su primer mando desde 2245 hasta el 2250. Su esposa, Sarah Poole, sería su jefe médico. Tras estos cinco años se convirtió en embajador de la Federación de Planetas Unidos durante veinte años. Después fue forzado a retirarse, pero tras unos eventos en los que tuvo que intervenir se reconsideró la orden y se le permitió continuar en su carrera. Sus aventuras han sido descritas en distintas novelas y cómics de la saga, pero sobre todo conocemos gran parte de su historia debido a la serie de animación de los años setenta.

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A éste le seguiría Christopher Pike. En la serie original es interpretado por el actor Jeffrey Hunter y aparece en el primer episodio piloto que fue rechazado. Pike sería así el segundo capitán del USS Enterprise (NCC-1701), y predecesor del capitán James T. Kirk. Llevó a cabo dos misiones de exploración de cinco años cada una. Durante nueve de esos diez años el señor Spock estuvo a sus órdenes.

En el argumento de dicho episodio, respondiendo a una llamada de auxilio, la Enterprise llega al planeta Talos IV, donde una raza de telépatas pretende mantener cautivo a Pike distrayéndolo con ilusiones mentales que toman la forma de una atractiva y hermosa joven de nombre Vina. Finalmente, Pike logra escapar, pero Vina decide quedarse en Talos IV, ya que su juventud y belleza eran también una ilusión creada por los talosianos. La Flota Estelar declara el planeta en cuarentena permanente. El episodio, titulado “La jaula” (“The Cage”), fue producido en 1964 pero sólo se exhibió completo en 1988[7].

Más tarde, en otro episodio llamado “La colección de fieras” (“The Menagerie”), ya formando parte de la serie regular, y dividido en dos entregas, se nos narra la siguiente historia: Pike sufre un grave accidente que lo deja totalmente desfigurado y paralizado, y Spock, ahora bajo el mando de Kirk, decide arriesgar su carrera secuestrando la Enterprise para llevar a Pike de vuelta a Talos IV, donde puede vivir dignamente el resto de su vida en compañía de Vina, gracias, por supuesto, a la ilusión mental creada por los talosianos, de la cual también se aprovechará el vulcano para perpetrar la farsa. Fue el pretexto adecuado para usar el metraje del episodio piloto, en forma de flash-backs que justificaban los actos de Spock.

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Años después, con el relanzamiento de la franquicia, el personaje fue vuelto a utilizar en Star Trek (Star Trek, 2009), siendo interpretado por Bruce Greenwood. En dicha historia Pike es el primer capitán de la Enterprise y es quien inspira y convence al joven James T. Kirk para alistarse en la Flota[8]. En la primera misión de la Enterprise, Pike es capturado por el villano Nero, un romulano renegado que busca destruir la Federación. Kirk ocupa su lugar y con la ayuda de Spock salva a la Tierra, detiene a Nero y rescata a Pike, quien al final de la película será ascendido a almirante. Reaparecerá en Star Trek: en la oscuridad (Star Trek Into the Darkness, 2013).

El actor: Jeffrey Hunter (de auténtico nombre Henry Herman “Hank” McKinnies) nació en Nueva Orleans en 1926. Debe gran parte de su popularidad a dos films, Centauros del desierto (The Searchers, 1956) y Rey de reyes (King of Kings, 1961), donde daba vida a Jesús de Nazareth. Hunter se convirtió en estrella juvenil durante los años cincuenta, al igual que Robert Wagner o James Dean. Tuvo la suerte de formar parte del grupo de actores habituales de John Ford, y gracias a esto intervino en grandes películas en los comienzos de su carrera. La crisis generalizada del cine que comenzó en esta década, con la caída del emporio de los grandes estudios y el auge de la televisión, le hizo participar en películas cada vez de menor calidad, hasta acabar trabajando en eurowesterns y otras cintas de similares características. De esta última etapa de su vida destaca su interpretación en el ya analizado episodio piloto de Star Trek.

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Mientras rodaba en España el film gansteril ¡Viva América! (dirigido en 1969 por Javier Setó), Hunter fue herido en una explosión en el set de rodaje, sufriendo daños en la cara. Poco después, un viejo amigo especialista le propinó sin querer un golpe en una de las escenas de acción. Jeffrey no pudo defenderse a tiempo y cayó golpeándose la cabeza. Durante el regreso a su país tras la finalización del accidentado rodaje, su brazo derecho quedó repentinamente semiparalizado y perdió el habla. Al aterrizar, fue llevado urgentemente a un hospital y se dictaminó que había sufrido una hemorragia cerebral. Consiguió recuperarse y fue dado de alta al cabo de un par de semanas. Ya en su casa, en California, continuó quejándose de fuertes dolores de cabeza y mareos. Poco después sufría otra hemorragia cayendo al suelo y fracturándose el cráneo. Murió en la mesa de operaciones.

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James Tiberius Kirk sería, pues, el tercer capitán de la nave estelar USS Enterprise NCC-1701, así como el principal protagonista de la serie original y los siete primeros films, siempre interpretado por el canadiense William Shatner, si bien tras el reboot del universo paralelo trekkie de la mano de Abrams, Kirk sería encarnado por Chis Pine. Debutó en el segundo piloto de la serie original y el primero en ser aceptado. Se transmitió como el tercero de la primera temporada en 1966, con lo que, teóricamente, la primera aparición pública del personaje fue en “The Man Trap” (“La trampa humana”).

Nombre real: James Tiberius Kirk (James T. Kirk)[9]

Estado civil: Viudo

Parientes conocidos: George Samuel Kirk (padre, fallecido), Winona Kirk (madre, fallecida), George Samuel “Sam” Kirk Jr. (hermano mayor, fallecido), Aurelan Kirk (cuñada, fallecida), Peter Kirk[10] (sobrino)[11],Carol Marcus (compañera sentimental), David Marcus (hijo, fallecido), Miramanee (esposa, fallecida), hijo no nato.

Grupo de afiliación: Flota Estelar

Base de operaciones: La USS Enterprise (NCC-1701), principalmente (más adelante veremos las otras astronaves).

Altura: 1’78 cm.

Peso: 77 kg.

Ojos: Verde avellana

Cabello: Castaño

Año de nacimiento: 2233[12]

Lugar de nacimiento: Riverside, Iowa

Historial: Curiosamente, sobre compartir, en un inicio, la característica clásica de cualquier capitán de navío de estar casado con su nave, Kirk ha tenido más carrera romántica que los otros. En muchos episodios se deja adivinar la existencia de un romance del pasado. Así, tenemos “Las maniobras de la corbomita”, episodio décimo en ser transmitido y el segundo en ser producido de la primera temporada de Star Trek: La serie original, fue transmitido por primera vez el 10 de noviembre de 1966; es el primer episodio regular en ser producido después de los dos pilotos, aunque fue transmitido mucho más tarde. Hacia el final del episodio Kirk se queja en un irónico diálogo[13]: “¿Cuándo tendré en mis manos al genio del Cuartel General que me asignó un suboficial femenino?”. Ello, ante la solicitud casi maternal en servirle y cuidarle de su asistente Janice Rand[14] (recordemos que le lleva una comida de estricta dieta mandada por McCoy). “¿Qué pasa Jim, no confía en sí mismo?”, responde el sarcástico Bones. “Ya tengo una mujer por quién preocuparme. Se llama Enterprise”, sentencia Kirk. Eso será hasta que conozca a Miramanee.

“El síndrome del paraíso” o “Síndrome del paraíso” es el tercer episodio de la tercera temporada de Star Trek: La serie original. Los tripulantes de nuestra nave favorita terminan en el planeta Amerindia. Miramanee es la sacerdotisa de la tribu de nativos del planeta (evidentemente, como los americanos originales). Un dispositivo borra la memoria del capitán Kirk, y él comienza una nueva vida junto con los habitantes indígenas de ese planeta. Kirk, ahora Kirok, resucita a un niño del pueblo, aparentemente ahogado, y Miramanee cree que es un dios y lo nombra el hombre medicina oficial de la tribu. Se enamoran y se casan, y Miramanee queda embarazada. Sin embargo, más tarde ella y Kirk son apedreados por la tribu por no haber sido capaces de evitar que un asteroide golpee al planeta, algo que posteriormente se consigue con la ayuda de la tecnología futurista. Kirk sobrevive a la lapidación gracias a la ayuda del Dr. McCoy, pero Miramanee sufre graves lesiones internas, falleciendo.

Carol Marcus, por su parte, era una brillante científica que en su juventud mantuvo relaciones con Kirk. De las mismas nació un niño, David, cuya existencia desconocía su padre. Marcus se embarcó en la Enterprise durante el conflicto con Kahn para dirigir el ambicioso Proyecto Génesis[15]. David resultó asesinado por los klingon durante la misión. En el reboot, con la aparición del Kahn de ese universo paralelo, vuelve a salir una nueva Carol Marcus y un nuevo Proyecto Génesis (Star Trek: en la oscuridad). Pero, inexplicablemente, el personaje ha desaparecido en la reciente Star Trek: Más allá (Star Trek Beyond, 2016).

En muy buena forma física, a Kirk le gusta mantenerse en el gimnasio de la nave. Sobre todo en la lucha cuerpo a cuerpo, su especialidad. Sus antepasados fueron de los pioneros colonizadores del nuevo continente, y ese carácter genético le lleva a adentrarse en lo desconocido llegando a lugares hasta donde nadie lo había hecho antes. Un fuerte carisma y una gran capacidad de liderazgo son sus señas de identidad. Fiel a sus amigos, en especial Spock y McCoy, y posee una habilidad innata para resolver problemas, por muy complejos que sean. De ahí que rivalice con Spock en el ajedrez 3D. Es legendaria la manera sorprendente en la que, cuando era cadete, superó la mítica prueba del Kobayashi Maru, siendo el único hasta aquella fecha[16].

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Desde 2004 comenzó a emitirse Star Trek: Phase II (anteriormente Star Trek: New Voyages), que fue una producción distribuida por internet y desarrollada por fans de la saga. La historia continúa la inconclusa serie original, ya que el viaje de cinco años se quedó en tres, y esta serie pretende continuar con los dos años de exploración pendientes. Aunque no participan actores profesionales, en la misma colaboran miembros del equipo técnico y artístico de la serie original.

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La producción de nuevos episodios se detuvo en el año 2016, cuando el creador y productor James Cawley, primer Kirk de este nuevo enfoque, dijo en julio de este año que ya no tenía intención de rodar más. A partir del episodio noveno le sustituyó Brian Gross. La serie, en principio, ha constado de diez episodios, un piloto y tres cortos.

Kirk comenzó en la Flota como cadete, hacia la fecha estelar 2250. Cuando todavía era estudiante de la Academia, fue ascendido a alférez y un puesto para continuar sus estudios a bordo de la USS Republic en el año 2251. Fue ascendido nuevamente a subteniente dos años después y regresó a la Academia como instructor. En esa época comienza a ganarse su reputación de hombre de amplios conocimientos y capacidad de mando. Es ascendido a teniente y sirve en la USS Farragut NCC-1647, donde adquiere una gran experiencia en el mando. Se gradúa en 2254, y en algún momento entre 2260 y 2263 es nombrado comandante y asignado como oficial para el reacondicionamiento de la Enterprise, después de que la nave pasara diez años a cargo del capitán Pike. Estas tareas forjan en Kirk la idea de ser el próximo comandante de la Enterprise, reforzadas por su ascenso a capitán en 2263, a la vez que Pike se retira de la Flota.

Will Decker, el sustituto de Kirk al mando de la Enterprise.

Will Decker, el sustituto de Kirk al mando de la Enterprise.

Kirk comandó la Enterprise en su histórica misión de cinco años, desde 2264 a 2269. Al completarla le ascendieron a almirante y fue asignado como Jefe de Operaciones de la Flota, mientras la Enterprise estuvo durante un período de dos años y medio en reacondicionamiento. Kirk recomendó al joven Willard Decker (hijo de Matt Decker, personaje de la serie original) para el mando. Pero en 2273 surge la crisis con V’Ger (Star Trek, la película), y el almirante Kirk tomó el mando temporal de la Enterprise, relevando al capitán Willard Decker. Tras la desaparición de Decker, aparentemente Kirk, en un gesto de añoranza, se sometió a una degradación voluntaria para volver a estar al mando de la nave. Alrededor de 2282 Kirk abandonó la Flota Estelar (visto en Star Trek VII: La próxima generación) y regresó a ella de nuevo, como vice-almirante, en 2284. Para esa fecha, Kirk se encontraba al mando del departamento de entrenamiento de la Academia de la Flota Estelar y volvió de nuevo a tomar el mando de la Enterprise (para entonces comandada por Spock) con intención de vencer a su viejo enemigo Khan (Star Trek II: la ira de Kahn). Mantuvo el mando de la nave tras el fallecimiento de Spock. Secuestrar la Enterprise y sabotear la USS Excelsior NX-2000 en el 2285 para resucitar a Spock (Star Trek III: en busca de Spock), hizo que fuese degradado de nuevo a capitán. Posteriormente, y a raíz de haber salvado a la Tierra de la destrucción total (Star Trek IV: Misión: salvar la tierra) a Kirk se le entregó el mando de una nueva USS Enterprise, la NCC-1701-A, que capitaneó hasta cerca de 2293. Tras el asesinato de su hijo David por parte de los klingon es sospechoso de haber eliminado a un canciller de esa especie, siendo capturado y enjuiciado por una corte klingon que le condena a cadena perpetua. Sus compañeros lo rescatan y demuestran su inocencia.

En 2294, en proceso de jubilación, desapareció (dándosele por muerto) cuando la USS Enterprise NCC-1701-B, en un viaje inaugural de prueba, resultó dañada al entrar dentro del Nexus, en una misión de rescate. En el plano de existencia dentro del Nexus conoció al capitán Picard, quien le rogó que regresara con él al planeta Veridian III en el año 2371 del universo real para parar a Tolian Soran en su intento de vuelta al Nexus y evitar así la muerte de los habitantes de Veridian IV. En esta última batalla contra Soran, Kirk se sacrificó para detener el plan, y sus restos fueron enterrados en este planeta por Picard (Star Trek VII: la próxima generación).

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El actor: Nacido en Montreal, William Shatner comenzó su carrera en el cine durante los años cincuenta interpretando roles secundarios para realizadores de cierto prestigio. Pero fue su posterior carrera, desde los años sesenta hasta prácticamente la actualidad, la que le dio merecida fama y popularidad. Tras el personaje de Kirk, su creación de Denny Crane (en la serie El abogado de David E. Kelley), fue el que generó, gracias a su interpretación, Boston Legal, centrada en su personaje, el otro rol que mayores éxitos le ha reportado, varios Emmy incluidos. Durante mucho tiempo, y aún en la actualidad, Star Trek le ha reportado muchos beneficios en actividades paralelas como libros y discos (aunque, francamente, no está especialmente dotado para la canción). Durante la filmación de las películas de la saga trekkie fue tomando anotaciones e ideas que terminarían generando diversas novelas, evidentemente no escritas por él, comics y una serie televisiva de corte cyberpunk, TekWar.

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Ya llevaba muchísimos años con el universo trekkie olvidado cuando las cadenas autonómicas de mi ciudad comenzaron a emitir La nueva generación, de la que había leído algo vagamente en revistas especializadas extranjeras. Me volví a enganchar. Patrick Stewart me había gustado como el Lenin de La caída de las águilas (Fall of Eagles, 1974), una muy interesante serie televisiva británica sobre la primera guerra mundial y su origen.

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Nombre real: Jean-Luc Picard

Estado civil: Soltero

Parientes conocidos: Maurice e Yvette Gessard Picard (padres, fallecidos), Robert Picard (hermano, fallecido), Marie Picard (cuñada), René Picard (sobrino, fallecido), Jason Vigo (supuesto hijo)[17]

Grupo de afiliación: Flota Estelar

Base de operaciones: La USS Enterprise NCC-1701-D y la USS Enterprise NCC-1701-E

Altura: 1’73 cm.

Peso: 73 kg.

Ojos: azules

Cabello: calvo, blanco

Fecha de nacimiento: 2305

Lugar de nacimiento: París

Historial: Delgado, de penetrante mirada y perfil aguileño, irradia una fuerte presencia que comunica confianza a la vez que determinación. Cuando no está de servicio viste de manera informal, sin dejar de lado su profesión en el carácter. Pero cuando está en una misión puede ser autoritario a la vez que ecuánime. Como sus anteriores compañeros de fatigas, no vacilará, si lo cree justificado, en violar las órdenes establecidas, y también pondrá énfasis en la diplomacia. Valora por encima de todo la lealtad y el honor.

Picard considera a su tripulación como su familia (llegando a crear casi vínculos románticos similares a un matrimonio con hijos con la doctora Crusher y el alférez Wesley Crusher, viuda y huérfano de uno de sus grandes amigos[18]). Él nunca encontró tiempo para formar una familia propia, y se sintió aliviado al ver a su hermano continuar la línea de una familia tan importante como la suya. Por ese motivo, al morir su hermano y su sobrino, Picard quedó roto y poco a poco consiguió reestablecerse con la ayuda de su otra familia, aunque desde aquel instante decidió no formar familia definitivamente ni tener hijos.

Sus intereses culturales son muy amplios, es como un hombre del Renacimiento: le gusta el arte y la historia, y es un arqueólogo más que competente, siendo muy conocido en el ámbito por sus descubrimientos xenoarqueológicos. También toca el piano fluidamente desde muy joven.

A pesar de tener una edad más avanzada que las de sus predecesores, posee diversas aficiones deportivas y es un excelente corredor, piloto, jinete y tirador. Aficionado al cine negro del pasado, por su naturaleza curiosa es un detective experto y funciona muy bien en trabajos de infiltración y encubierto[19]. Dixon Hill es su alter ego, y el programa holográfico recrea estupendamente, en el episodio doce de la primera temporada, el ambiente de las historias de Chandler y Hammett (“El gran adiós”).

Picard pertenece a un linaje en el que se encuentran científicos célebres, soldados y exploradores. Uno de sus antepasados luchó en la batalla de Trafalgar, otro Picard ganó un Nobel de Química, y otros se hallaron entre los primeros colonizadores de Marte. Todo ello le hace ser bastante famoso. Su padre fue un humilde viticultor muy tradicional y las aspiraciones de su hijo, que se pasaba todo el día haciendo maquetas de naves espaciales para introducirlas en las botellas de vino, le causaba bastante malestar, aunque, al final, tuvo que ceder.

Jean-Luc Picard quiso pertenecer a la Flota Estelar desde niño. Fracasó en su primer intento de ingreso, lo que no consiguió hasta tener dieciocho años. Poco después de graduarse, en un incidente con un miembro de otra raza galáctica[20], fue apuñalado en el corazón, dejándole el órgano irreparable, debiendo de ser reemplazado con un implante artificial cada cierto tiempo.

Su primer destino importante fue servir como primer oficial a bordo del USS Stargazer. Durante ese período de tiempo desarrolló una táctica de ataque nueva a alta velocidad (más rápido que la luz y creando la ilusión óptica de que la nave está en dos sitios a la vez). Esa maniobra se conocería como la Maniobra Picard[21]. Tras servir con distinción durante varios años, el ya teniente Picard tomó el mando de emergencia de la USS Stargazer después de que su capitán muriese. Sus actos durante ese incidente le valieron el ascenso al mando en un programa de veintidós años de exploración. Su primer oficial, y amigo, Jack Crusher, pereció durante una de esas misiones. El programa de exploración terminó cuando el Stargazer casi fue destruido por los ferengis. Picard consiguió salvar a la tripulación mediante el desarrollo de su famosa táctica (puesta en práctica aquí por primera vez). Destruyó a sus atacantes, pero la nave quedó tan dañada que hubo que abandonarla. La tripulación flotó a la deriva en un transbordador durante varias semanas hasta que fueron rescatados. Picard fue sometido a un consejo de guerra en el que fue exonerado. En el 2363 toma el mando de la nueva nave insignia de la Federación: el USS Enterprise-D.

Locutus de Borg

Locutus de Borg

En el 2366, Picard fue capturado por los Borg (un grupo de humanoides cibernéticamente mejorados), siendo asimilado en su colectivo, transformando su genética y pasando a ser Locutus de Borg. Como tal, dirigió un ataque de trágicas consecuencias[22] para ayudar en la asimilación de la totalidad de la Federación. Su tripulación consiguió rescatarlo, y durante el proceso de liberación y reversión descubrieron el modo de derrotarlos. El capitán tardó mucho en recuperarse del trauma[23] y hasta consideró la renuncia de la Flota.

Cuando intenta evitar la destrucción del sistema estelar en el que se halla el planeta Veridian III, por parte del Dr. Soran[24], la USS Enterprise-D es destruida. Allí es donde conocerá a Kirk y será testigo de su muerte.

Asume el mando de la nueva USS Enterprise-E en el 2373, cuando se les encomienda vigilar la Zona Neutral romulana, pero ante el ataque de los Borg en el sector 001, Picard desobedece esas órdenes y entabla batalla con sus enemigos, destruyendo la nave Borg pero sin detener a la reina Borg, que escapa al pasado de la Tierra[25]. También por aquellos años se vio envuelto en el conflicto contra el Dominio (poder político que aúna a diferentes razas)[26].

La tripulación original de la Enterprise, comandada por Picard, fue poco a poco abandonando el nido, pero Jean-Luc siguió al mando y sigue siendo un valioso miembro de la Flota Estelar.

xavier

El actor: De una sólida formación teatral, Patrick Stewart es un actor británico de setenta y seis años, nombrado Sir en 2001. Desde muy joven tuvo muy claro cuál era la profesión a la que se quería dedicar. Ha interpretado multitud de personajes en las tablas, la televisión y el cine, y es de exquisita formación shakespeariana. Pero posiblemente su gran popularidad se la deba a esta creación y, en los últimos años, por haber encarnado al mítico Profesor Charles Xavier en los films sobre La Patrulla X (X-Men) de Marvel.

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sisko

Nombre real: Benjamin Lafayette Sisko

Estado civil: Casado

Parientes conocidos: Joseph Sisko (padre), Sarah Sisko (madre), seis hermanastros y una hermanastra (posiblemente el otro miembro de su familia más conocido, y de nombre Judith), Jennifer Sisko (primera esposa, fallecida), Jake Sisko (hijo de Ben y Jennifer), Kasidy Yates (segunda esposa), Rebecca Jae (hija de Ben y Kasidy).

Grupo de afiliación: Flota Estelar

Base de operaciones: Estación espacial Deep Space 9

Altura: 1’85 cm.

Peso: 86 kg.

Ojos: castaños

Cabello: cabeza rapada y cabello negro

Año de nacimiento: 2332

Lugar de nacimiento: Nueva Orleans

Historial: Alto, de presencia imponente, que conjuga con un carácter un poco esquivo. Sonríe cuando debe, pero también se irrita, y entonces no es fácil estar cerca de él. Sus hombros anchos, su perilla recortada y su cabeza afeitada le dotan aún más de esa aura de poder. Cuando era más joven solía ser más impulsivo. Es un buen estratega.

Es hijo de un prestigioso chef de cocina criolla[27]. Su madre fue una mujer llamada Sarah, que fue poseída por uno de los Profetas bajoranos[28] que manipuló al matrimonio para conseguir que tuvieran a su hijo. Sarah y Joseph estuvieron felizmente casados hasta que Sarah desapareció dos días después del primer aniversario de Ben, cuando otro Profeta poseyó su cuerpo. Murió en un accidente varios años más tarde.

Benjamin tiene una debilidad bastante acusada: cuando pierde a alguien muy querido y allegado, familiar o amigo, la desesperación que siente le hace muy vulnerable. Tras la muerte de su primera esposa se hundió tanto que le costó aceptar su nuevo destino como comandante de la estación espacial DS9. Antes había ocupado numerosos cargos diplomáticos y ejercido diversos servicios en distintas naves espaciales, como la USS Okinawa y la USS Saratoga (donde pereció su esposa Jennifer). También estuvo en Utopia Planitia[29], los astilleros que la Flota Estelar construyó sobre el sector 1 del planeta Marte[30].

Al mismo tiempo se muestra ambicioso con su carrera y su máximo deseo es llegar a ser almirante. Practica con frecuencia varias actividades deportivas como la lucha o el béisbol para mantener su excelente forma física. Es respetado por los bajoranos al haberse convertido, por intervención materna, en un defensor de su fe y emisario de los Profetas, lo que ayudó enormemente con el mando de la estación espacial y las relaciones diplomáticas un tanto conflictivas con los mismos y en sucesivos eventos que podrían afectar a humanos y alienígenas.

Entró en la Academia de la Flota a los dieciocho años y poco después de su graduación conoció a su esposa Jennifer. Durante los episodios bélicos con el Dominio fue seleccionado como Jefe de Seguridad de la Tierra por la Federación de Planetas Unidos, volviendo después a DS9 como capitán, aunque hasta el término del conflicto todavía ejerció el mando de alguna nave. Hacia 2371 o 2372, su hijo Jake le sirve de nexo para conocer a Kasidy Yates, con la que se casará en 2375. Poco después, hacia 2376, será llevado por los Profetas bajoranos a su Templo Celestial. Son las mismas fechas en las que la USS Voyager comienza sus primeras misiones.

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Imagen promocional de la serie “Spenser, detective privado”.

El actor: Avery Brooks Franklin (nacido en 1948, en Evansville, Indiana) es un actor, director y cantante ocasional. Posee una profunda voz de barítono y toda su familia está, de una manera o de otra, vinculada a la música. Es muy conocido, a nivel televisivo, por su papel de Benjamin Sisko en Star Trek: Espacio Profundo 9, pero antes, en los ochenta, fue el ayudante de Robert Urich, alias Spenser, en la serie Spenser, detective privado, según las novelas y el personaje creado por Robert B. Parker. Su personaje, Hawk, se hizo tan popular que pronto reclamó serie propia (Un hombre llamado Halcón). También se ha dedicado a la enseñanza y al doblaje en cintas de animación.

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Si el tema del racismo quedaba, más o menos, resuelto con nuestro capitán anterior, el machismo se quedaba obsoleto con la siguiente al mando.

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Nombre real: Katryn Janeway[31]

Estado civil: Soltera.

Parientes conocidos: Edward Janeway, Gretchen Janeway (padres), una hermana, y un antiguo novio, ¿hijos?

Grupo de afiliación: Flota Estelar

Base de operaciones: USS Voyager NCC-74656

Altura: 1’65 cm.

Peso: 56 kg.

Ojos: azules

Cabello: marrón claro

Año de nacimiento: Las fechas son engañosas, pues si en algunas fuentes se cita 2344, lo más probable es que lo hiciera hacia 2336, aproximadamente. De aceptar la primera fecha, hubiese comenzado sus misiones en la Voyager con tan solo veintisiete años, algo poco probable.

Lugar de nacimiento: Bloomington, Indiana.

Historial: De casta le viene al galgo. El padre de Katryn era vicealmirante en la Flota Estelar, y su madre una prestigiosa matemática. Muy inquieta desde pequeña, al criarse en una granja las maravillas de la naturaleza siempre le atrajeron. Desde muy pequeña tomó clases de ballet (en alguna ocasión ha manifestado sus dotes frente a su tripulación), y también practicó con excelentes resultados el tenis y la natación. Está especialmente dotada para la comunicación, y domina la cromolingüística, el lenguaje de signos y alguna lengua alienígena que siga los mismos principios. Como sus anteriores compañeros, comenzó muy joven en la Flota Estelar, y ya de cadete tuvo su primer romance serio.

Su primera asignación fue a bordo de la USS Al-Batani sirviendo como oficial científico. Como teniente participó en las guerras cardasianas. Más tarde fue designada como comandante a la USS Billings. Es en 2371 cuando la ya capitana Janeway toma el mando de la nave de clase Intrepid USS Voyager. Su primera misión consiste en localizar una nave Maquis perdida que había sido vista por última vez en las Tierras Baldías.

Los Maquis trekkies son un movimiento rebelde paramilitar. Han aparecido en DS9, ST-TNG y ST-VOY. Al terminar las hostilidades entre la Federación y la Unión Cardasiana se firma un tratado en el año 2370. Con ese tratado se crea una zona desmilitarizada y se le ceden planetas a Cardasia. Algunos de los habitantes de los mismos se niegan a entregar sus hogares a los cardasianos y forman un grupo de resistencia. Así nacen estos maquis intergalácticos.

Por otro lado, las “Tierras Baldías” son la región del espacio que se encuentra en la frontera entre la Federación y la dicha Unión Cardasiana, y es una zona evitada por sus anomalías. Aquí desaparece en el año 2371 la nave Maquis Val Jean, comandada por Chakotay, y entre los cuales se encuentra infiltrado el Jefe de Seguridad de la USS Voyager, el comandante Tuvok. Debido a las dificultades, la capitana Janeway propone al almirante Patterson[32] la rehabilitación de un ex-maquis a cambio de su ayuda para encontrar la nave. Allí son arrastrados por una fuerza desconocida a setenta mil años luz de distancia en el Cuadrante Delta[33], encontrando la nave buscada. Pronto descubren que han sido atraídos allí por el Guardián, un ser que busca una forma de reproducirse, ya que está muriéndose y debe seguir cumpliendo una misión autoimpuesta, que es la de proteger a los Ocampas, pues destruyó, por accidente, su mundo natal. Después de la muerte del Guardián, Janeway toma la decisión de destruir las instalaciones del alienígena para evitar que una raza rival, los Kazon, las puedan usar contra los Ocampas. Luego emprende la tarea de llevar a la tripulación de vuelta a casa, un viaje que puede llevarles toda la vida.

voyager

En el año 2378, Janeway consigue por fin volver a la Tierra con la ayuda de una Kathryn Janeway de un futuro alternativo[34]. Tras el regreso al Cuadrante Alfa, Janeway fue ascendida al rango de vicealmirante y se le dio un puesto en el mando de la Flota Estelar. En 2379 da instrucciones al USS Enterprise-E para ir a Rómulo, a petición del nuevo prétor romulano, Shinzon (Star Trek X: Nemesis).

En el aspecto romántico o sentimental ha tenido numerosos romances. Cuando a Katryn le dieron el mando de la Voyager estaba comprometida. Su novio creyó que Kathryn había muerto junto con el resto de la tripulación en la primera misión y se casó con otra mujer. Janeway también tuvo un pequeño romance con Chakotay cuando estaban perdidos en un planeta con una enfermedad incurable. Sin embargo, después de encontrar la cura decidió enterrar sus sentimientos debido al rango. Al igual que a Picard, también le gustan los programas holográficos de ocio. En dos de ellos ha tenido relaciones sentimentales con los personajes. En otros nos mostró sus talentos artísticos.

Kathryn Janeway es adicta al café, y se niega a empezar la jornada sin una taza; lo prefiere solo, sin leche ni azúcar. Durante un tiempo, también dedicó sus esfuerzos a la enseñanza en la Academia de la Flota. Tiene una forma de ser un poco compleja al compaginar su actitud militar con su educación científica. Es, al mismo tiempo, disciplinada y metódica. Al ser mujer, tiene una faceta maternal y protectora hacia su tripulación. Durante su estancia en el Cuadrante Delta también prolongó su contacto con el Continuum Q (los Q, vistos por primera vez en ST-TNG[35]).

Thomas Eugene Paris, convicto que ayudó en la misión Maquis de Janeway, y fue posteriormente nombrado teniente piloto de la Voyager, gracias a la tecnología borg que después les ayudará en el retorno realiza un primer viaje por su cuenta que le hace evolucionar hasta una especie parecida a un reptil. En su locura, secuestrará a la capitana y la hará evolucionar con él en un segundo viaje. Se unieron y procrearon tres crías de una especie de salamandras hiper evolucionadas mutantes. El Doctor (el holograma médico, y gran amigo de Janeway, de la Voyager) logró encontrarlos, rescatarlos y volverlos a su forma humana. De algún modo, son los hijos de Janeway.

kate

La actriz: De verdadero nombre Katherine Kiernan Maria Mulgrew, Kate Mulgrew nació en Iowa, y actualmente colabora distintos proyectos de lucha contra el Alzheimer, enfermedad de la que falleció su madre. Estudió interpretación con la gran Stella Adler, y casi toda su carrera se ha enfocado a la televisión, donde encarnó a la esposa del teniente Colombo en una breve serie.

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excelsior

Otros insignes capitanes de naves han sido el mismísimo Hikaru Sulu. El actor George Takei, que le dio vida en la serie original, es un reconocido activista de los derechos de los homosexuales, y ha elaborado diversos programas en youtube del día a día con su esposo. Sulu obtuvo el mando de la USS Excelsior NCC-2000, con la que llevó a cabo varias exploraciones en el cuadrante Beta. En una de esas misiones, la Excelsior fue afectada por un evento que llevaría a la firma de la alianza entre el Imperio Klingon y la Federación (Star Trek VI: Aquel país desconocido).

Como un guiño a Takei, en Star Trek: Más allá, se muestra con naturalidad cómo mantiene una relación de pareja con otro hombre, y tienen una hija pequeña.

harriman

También tenemos a John Harriman. Fue éste el primer capitán de la nave estelar USS Enterprise-NCC-1701-B. Cuentan que de pequeño se destetó con las hazañas de Kirk y su tripulación. Leyendo todo lo que caía en sus manos sobre ellos, pronto supo cuál iba a ser su futuro. Su primera nave, de la clase Excelsior, fue lanzada en 2293 después de la retirada de la USS Enterprise-NCC-1701-A. En su viaje inaugural tuvo que ser dirigido para salvar a la SS Lakul que transportaba a pasajeros El-Aurianos que buscaban asilo en la Tierra después que su mundo fuera asimilado por los Borg. Como ya hemos visto, fue la última misión de James T. Kirk, ya que “murió” salvando a la nueva Enterprise después de que éste quedase atrapado en la corriente de energía que destruyó la nave de pasajeros.

Tuvok.

Tuvok.

Los personajes de Harriman y Tuvok[36] son importantes en los nuevos, aunque fallidos caminos, que pretendió tomar la saga, tras el boom fandom de Phase II[37]. Oficialmente estos trabajos no son reconocidos por los titulares de los derechos de la franquicia. Primero fue el intento de miniserie en tres partes iniciada con Star Trek: of Gods and Men (2008), que terminó distribuyéndose directamente en el mercado doméstico como una tv movie más. Después, también con el mismo espíritu independiente, surgió la inconclusa serie, hasta la fecha, Star Trek: Renegades (2015).

Diez años después del retorno de la nave Voyager, la Federación se encuentra en una crisis. Los grandes proveedores de cristales de dilitio[38] de la Federación están desapareciendo y el espacio-tiempo parece estar causando malas jugadas en algunos entornos. El almirante Pavel Chekov, ahora jefe de Inteligencia de la Flota, designa al comandante Tuvok para la tarea. Tuvok es el actual jefe de la recién reorganizada Sección 31, un grupo de inteligencia y defensa autónoma de la Flota Estelar, que debe armar una nueva tripulación encubierta, compuesta básicamente por renegados y criminales, y parar todo eso.

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discovery

Aparentemente, todo volverá al buen cauce en 2017 con Star Trek: Discovery. El responsable de tal evento es Bryan Fuller[39], quien había intervenido como guionista en algunos episodios de ST-VOY y ST-DS9, además series tan dispares como Criando malvas, Tan muertos como yo, Héroes, Hannibal, el intento de resucitar a la familia Monster en Mockingbird Lane o la traslación a imágenes de la maravillosa American Gods del genial Neil Gaiman (que también debutará el próximo año). Las pistas: la serie estará liderada por un personaje femenino, que, por primera vez, no será un capitán de ninguna nave[40], se especula con que pueda ser afroamericana, y también habrá un personaje gay en la tripulación. La nave principal se llamará Shenzhou y estará muy en la línea de diseño de la mítica primera Enterprise (la clásica). La primera temporada constará de trece episodios que narrará una única historia.

Según palabras de su creador: “Hay un incidente, un evento en la historia de Star Trek y en la Flota Estelar del que se ha hablado, pero que nunca se ha llegado a explorar bien. Vamos a contar esa historia a través de un personaje que está en un viaje que le va a enseñar cómo relacionarse con otros en la galaxia”. Y Fuller continúa asegurando que tiene algo que ver con la serie original de los años sesenta, y en cuanto a cronología se situará entre la serie Enterprise y ST-TOS, unos diez años antes, aproximadamente, de la misión de los viajes de Kirk.

Miguel Ángel Plana

Capitanes intrépidos

Capitanes intrépidos

[1] En las últimas décadas ha habido que distinguir, para no ofender a nadie, entre trekkies y trekkers. La diferencia entre unos y otros se puso de manifiesto en los documentales que produjo y realizó Denise Crosby (la actriz que dio vida a Tasha Yar en ST-TNG) alrededor del mundo, recogiendo testimonios del fandom generado por el universo de ficción creado por Roddenberry, en 1997 y 2004. La palabra trekkie fue inventado por el propio Roddenberry. A lo largo de los años, el concepto trekkie se asoció a un grupo de fans muy característicos, más festivo, más infantil tal vez. Otros se consideraban más maduros, más preocupados por las raíces científicas e intelectuales de la saga, diferentes a los otros, a los que consideraban un tanto más alocados. Para no verse confundidos con ellos decidieron llamarse a sí mismos trekkers.

[2]    En su honor, en la no oficial Star Trek: Renegades aparece una nueva nave interestelar con su apellido como modelo.

[3]    Característica bastante común a todos ellos. Después, con Kirk, veremos cuál es su filosofía sobre las relaciones con las mujeres en un diálogo del episodio “Las maniobras de la corbomita”.

[4]    Inventor del motor warp 2, el primero en llegar a warp 5.

[5]    Hibrida de humano y varias especies alienígenas. En esa línea temporal es primera oficial de la USS Enterprise NX-01.

[6]    The New Invaders (Los invasores o El regreso de los invasores) fue una miniserie de dos episodios (en video en nuestro país fue lanzada como una t.v. movie), del año 1995, que retomaba la mítica creación sesentera de Quinn Martin y Larry Cohen. El personaje que interpretaba Bakula hubiera sido el sustituto de Roy Thinnes.

[7] Se puede ver como extra en el pack de los DVD y Blu-Ray de la serie clásica, en concreto en el de la tercera temporada.

[8] Recordemos que la película se ambienta en una realidad alternativa, no la canónica.

[9]    Su nombre completo se menciona en la serie animada. Lo de Tiberius parece que proviene del interés de un abuelo de Kirk, Samuel, en el emperador Tiberio. Aunque en el segundo piloto aparece una lápida para Kirk con la inicial R. después de James.

[10] Supuestamente tiene dos hermanos, pero no se conoce nada más de ellos.

[11] Visto en TOS: ”Operation: Annihilate”, en la fan-serie Star Trek: Phase II/New Voyages, el personaje reaparece en el episodio doble “Blood and Fire”, ya de adulto, y manteniendo una relación gay.

[12] Como anécdota mencionar que la fecha de nacimiento de Kirk se construye a partir de la del propio Shatner.

[13] La ironía forma parte del capitán, y me atrevería a decir que de gran parte de la tripulación, que tiene que lidiar con la lógica impenetrable del vulcano.

[14] Siempre hubo un tira y afloja soterrado entre ambos en aquellos primeros episodios. Después, durante la primera temporada, la actriz Grace Lee Whitney fue despedida con el fin de ahorrar costes, aunque la explicación oficial fue que “su personaje limitaba las posibilidades románticas del capitán”. En su autobiografía Whitney vinculó su despido con sus problemas con el alcohol, así como a una posible violación por parte de un alto ejecutivo durante el rodaje del episodio “Miri”.

[15] Esta es la primera aparición del personaje, en la película Star Trek II: La ira de Khan. Lo que antecede se comenta en el film, pero no se vio a lo largo de la serie.

[16] Ello se menciona por vez primera en ST-II, y es repetido varias veces más. En la película inicial del reboot de Abrams forma parte de la trama.

[17] En 2346 mantuvo una breve relación con una mujer llamada Miranda Vigo.

[18] De hecho, en una línea temporal alternativa llegaron a casarse (y a divorciarse). Picard fue, en realidad, el primer amor de Beverly, pero éste la rechazó por lealtad a su amigo Jack Crusher, que también estaba enamorado de ella.

[19] En la sala de ocio de la nave le hemos vista alguna vez actuando al estilo Humphrey Bogart.

[20] Los nausicaan.

[21] Hay otra “maniobra Picard”, descrita irónicamente: cuando se pone en pie y estira la chaquetilla de su uniforme con un gesto rotundo.

[22] En Wolf 359, donde perecieron alrededor de once mil almas. Fue la mayor derrota de la Federación. La primera esposa de Benjamin Sisko, Jennifer, pereció en el combate. De ahí la animadversión que el capitán de la base estelar Espacio Profundo 9 sintió durante un tiempo hacia Picard.

[23] Véase el soberbio episodio “Familia” [4.2] de TNG, donde intenta recuperarse, y de paso conocemos a su hermano Robert, su cuñada Marie y su sobrino René.

[24] Star Trek: La próxima generación.

[25] Star Trek: Primer contacto.

[26] Y que también implicó a la estación espacial Espacio Profundo 9.

[27] Lo que hizo que la cocina fuese uno de los pocos hobbies de Ben.

[28] La forma de vida que existe en el interior del agujero de gusano próximo a la base estelar.

[29] Destino que ocupó tras la muerte de Jennifer.

[30] Donde se terminó de montar la Enterprise-D.

[31] Al principio el personaje debiera haberse llamado Elizabeth, siendo cambiado más tarde a Nicole. La actriz canadiense Geneviéve Bujold, quien iba a interpretar al personaje en un primer momento, bautizó a la capitana como Katryn, nombre que eligió definitivamente la actriz Kate Mulgrew, ya que Bujold abandonó el proyecto al poco de iniciarse el rodaje del episodio piloto. En los extras del pack de la primera temporada de la serie pueden verse unos pocos planos con ella ejerciendo la labor.

[32]  Su profesor favorito en la Academia y el que le mostró por primera vez su posterior nave, cuyo mando también fue recomendado por éste.

[33] Hay muchas especies inteligentes en el Cuadrante Delta, pero el imperio más importante es el de los Borg. Gracias a su tecnología es por lo que la Voyager consigue regresar a casa.

[34] La Voyager es la nave que más veces ha viajado en el tiempo.

[35] Los Q están dotados de una poderosa mente y un poder inconmensurable, capaz de materializar cualquier cosa. Están muy interesados por la historia de la evolución humana al ser ellos mismos incapaces de cualquier tipo de evolución al ser tan omnipotentes.

[36] Tim Russ, el actor que da vida al primer oficial de la Voyager, fue el responsable directo de la realización de los últimos intentos serios de volver a llevar Star Trek a la televisión.

[37] De hecho, parte del material se rodó en los mismos escenarios y se compartieron actores, además de la colaboración de muchos miembros de los elencos de las series oficiales. El mismísimo James Cawley, que ejerce tareas de producción y dirección de Phase II, además de interpretar a Kirk, aparece como su sobrino Peter en una aparición especial.

[38] Como todo buen trekkie, o trekker, debe saber, el dilitio es el catalizador principal para el combustible utilizado para viajar a velocidad warp.

[39] Aunque tras un inicio, se ha desvinculado de la serie a un primer nivel por sus compromisos con otras franquicias.

[40] El capitán Georgiou, de todas maneras, también será mujer, interpretada por la actriz oriental Michelle Yeoh.

49 Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES

Del 7 al 16 de octubre tuvo lugar la 49 edición del Festival Internacional de Cinema Fantástic de Catalunya – SITGES. Durante diez días la población costera barcelonesa vistió sus mejores galas para convertirse, un año más, en el epicentro mundial del cine fantástico, ofreciendo un perfecto escaparate en el que tomar el pulso a la última hornada de producción genérica gracias al centenar largo de títulos proyectados en sus cinco sedes y repartidos entre sus diferentes secciones. Ante la imposibilidad material de comentar todos los films proyectados, a continuación presentamos una selección representativa a través de la cual pretendemos ofrecer nuestra personal visión de lo que fue el certamen y de las realidades que en él se vivieron.

LAS GALARDONADAS

GRAVE –CRUDO- (Julia Ducournau, 2016)

Si a número de galardones se refiere, la gran triunfadora de esta 49 edición del festival de Sitges fue Grave, ópera prima en el formato largo de la cineasta Julia Ducournau. Para ella sería el Citizen Kane a la mejor dirección novel, además del premio del Jurat Carnet Jove y el Méliès d’Argent a la mejor película europea. Excesivos reconocimientos para un film que llegaba precedido por los supuestos desmayos registrados durante sus pases en Toronto y Cannes ante la dureza de sus imágenes, si bien lejos de lo que cabría esperar a tenor de estos antecedentes su nivel de grafismo resulta bastante limitado, pudiendo contarse con los dedos de una mano aquellas escenas con contenido gore.

En lo que a sus resultados se refiere, esta fábula sobre el tránsito de la adolescencia a la madurez y los radicales cambios sociales, biológicos y de todo tipo que acompañan a esta etapa de profundas transformaciones se ven lastrados por las mal asimiladas ínfulas autorales que se gasta la realización de Ducuornau, representada por la inclusión de esas teóricamente alegóricas imágenes de un caballo trotando que poco aportan a lo narrado. Lo mismo ocurre con su labor al frente de la escritura de un libreto en el que toda coherencia interna es sacrificada en pos de la articulación de su discurso. Entre los muchos ejemplos que se podrían citar a este respecto, nos pararemos en la revelación que le hace su padre a la protagonista en la escena final. ¿Es que esa familia nunca había ido a la playa, por poner un caso, como para que la aspirante a veterinaria no hubiera visto nunca desnudo el torso de su progenitor? Eso, por no hablar del reaccionario mensaje en contra del vegetarianismo que puede extraerse de su argumento, y en el que pocos parecen haber reparado, al presentar a sus practicantes como una panda de fundamentalistas que coartan sus verdaderos impulsos naturales.

TRAIN TO BUSAN (Yeon Sang-ho, 2016)

Ya es casi una tradición en los últimos años que la cinematografía surcoreana se lleve alguna recompensa en forma de premio en su paso por Sitges. Nada raro en vista del extraordinario nivel que atesora y que en esta edición quedó expuesto en tres exponentes tan diferentes entre sí a todos los niveles como El extraño (The Wailing), del ya galardonado en Sitges por su anterior The Chaser, Na Hong-jin, lo nuevo del responsable de Oldboy, Park Chan-wook, con la muy singular The Handmaiden y Train to Busan, con la que el hasta ahora cineasta especializado en cine de animación Yeon Sang-ho ha hecho su debut en el cine de imagen real. Las tres formarían parte del palmarés de Sitges 2016. The Handmaiden se llevó el siempre democrático premio del público, el galardón a la mejor fotografía recompensaría la labor de Hong Kyung-pyo en El extraño (The Wailing), ganadora también de la sección “Focus Asia”, mientras que Train to Busan se alzaría con los premios a los mejores efectos especiales y a la mejor dirección.

Fiel representante de la concepción de blockbuster de aquella industria, Train to Busan ofrece un apocalipsis zombi enclaustrado en el interior de un tren, brindando un trabajo que destaca por su rara capacidad para aunar tensión narrativa, reflexión humanista y un envidiable manejo de diferentes tonos y registros narrativos de tal modo que consigue que se pasen por alto su tendencia al sentimentalismo melodramático más pretendidamente lacrimógeno y un discurso un tanto reaccionario en favor de la familia, por otra parte típico del cine comercial surcoreano. En todo caso, el plato fuerte de la película son, por supuseto, las escenas de zombis. En este sentido, cabe referir que se trata de la modalidad de “infectados”, que muerden masivamente, pero no existe gore en las escenas, y lo que más se ve son los maquillajes aparatosos, con venas azuladas en el rostro y ojos de pescado muerto. Una vez se desata la primera actividad zombi en el tren, es un no parar hasta el final. La película dura casi dos horas, pero el viaje se hace rápido, la acción es trepidante y la cinta resulta sumamente divertida.

I AM NOT A SERIAL KILLER (Billy O’Brien, 2015)

Una de las más agradables sorpresas que nos dejó esta edición fue, sin duda, I Am Not A Serial Killer, premio a la mejor película dentro de la sección “Panorama Fantástic”. Buena parte de su mérito se halla sustanciado en la original aproximación a la figura del asesino en serie que realiza por medio del retrato de su protagonista, John, un joven sociópata diagnosticado que, aunque obsesionado por las andanzas de los serial killers, intenta no convertirse en uno de ellos. En su primera parte, la película se sumerge con rara habilidad en la psicología y lucha interna que libra el personaje, adoptando las formas de un drama adolescente presidido por un negrísimo sentido del humor, que evoluciona a algo completamente distinto una vez John se sitúe ante su propio espejo con la aparición de un asesino en serie en la pequeña comunidad en la que reside. A partir de este momento se inicia un particular juego del gato y el ratón ente sociópata y asesino, en el que no es difícil ver un reflejo de la atracción/repulsión que la figura de los asesinos en serie ejerce en la sociedad estadounidense, dentro de un discurso rico en contenidos.

Tomando como base la novela homónima de Dan Wells, el irlandés Billy O’Brien firma así el que es su mejor y más ambicioso trabajo, abandonando los esquemas del cine de género más convencional que había venido abonando hasta la fecha para abrazar el tono y la estética de cierto cine indie actual, apostando por un desarrollo sobrio y contenido que solo es roto durante el desenlace, por medio de un innecesario giro hacia lo fantástico, en el que se explicita aquello que quedaba mejor en el plano metafórico. A destacar el trabajo de sus dos protagonistas, Max Records como el sociópata protagonista y un inmenso Christopher Lloyd en su papel de inhumano asesino en serie octogenario.

PET (Carlos Torrens, 2016)

Cinco años después de dar el salto con Emergo, lapso de tiempo en el que ha dirigido varios cortos, entre los que se encuentra el extraordinario Sequence, Carles Torrens regresa al formato largo con Pet, una pieza de cámara desarrollada básicamente con unos pocos actores y dos localizaciones. Y aunque sus resultados no estén exentos de virtudes, singularizadas por la interpretación de su pareja protagonista, formada por Ksenia Solo y Dominic Monagham, recordado mayormente por su papel de Merry en la saga de El señor de los anillos, este thriller sobre relaciones enfermizas queda muy por debajo de lo que cabría esperar. Potencial, al menos, había para ello.

No se puede negar que Torrens se afana en proveer al conjunto de una factura formal a la altura de cualquier producción homónima hollywoodiense realizada con mayores medios. Pero, precisamente, ahí radica uno de los problemas: la pulcritud de una puesta en escena que contrasta con un argumento que, por sus propias características, pedía a gritos un tratamiento mucho más turbio en el plano visual. Por otra parte, tampoco se libra de caer en molestos subrayados que ponen en duda su confianza sobre sus capacidades narrativas (o en la inteligencia del espectador). Aunque quizás el aspecto más reprobable resida en el galardonado guion de Jeremy Slatter, responsable de los libretos de The Lazarus Effect o la última versión de Los 4 Fantásticos, en el que todo es confiado al impacto de sus efectivos giros, sin que parezca importar los muchos cabos sueltos e interrogantes que se acumulan por el camino. Una circunstancia que, dicho sea de paso, hace especialmente sorprendente la elección del jurado de nombrarle el mejor libreto de todas las participantes dentro de la Sección Oficial.

THE NEON DEMON (Nicolas Wanding Refn, 2016)

Por mucho que se alzara con el premio José Luis Guarner otorgado por el jurado de la crítica, The Neon Demon evidenció la preocupante deriva en la que se encuentra inmerso su director, Nicolas Wanding Refn, quien, por cierto, finalmente no pudo estar en Sitges como en un principio se había anunciado. Ambientada en el mundo de la moda, el cineasta danés confía todo el potencial de The Neon Demon en una estética en verdad preciosista que, no obstante, le asemeja a un anuncio de colonias antes que a una obra cinematográfica, como ejemplifica el modo en el que descuida sus aspectos puramente narrativos. Y no solo por lo inconexo de su argumento, quién sabe si en un intento de añadir una impostada densidad a una trama de lo más simple; es que lo que expone ya ha sido contado antes muchas veces y, además, de forma mucho más convincente. Para los interesados en el tema recomendamos el visionado de una película vista en el certamen hace un par de años y que, injustamente, pasó bastante desapercibida. Me refiero a la mucho más conseguida Starry Eyes, algo así como la otra cara de la moneda del film de director de Drive, cambiando el mundo de la moda por el de la industria cinematográfica.

IT STAINS THE SAND RED (Colin Miniham, 2016)

El premio de “Midnight X-Treme”, la sección dedicada a las propuestas más salvajes y gamberras y, ¿por qué no decirlo?, con un mayor espíritu de Serie B, fue a parar a It Stains the Sand Red, un título del que podemos decir que va de más a menos. Y es que la película del anteriormente integrante de los denominados The Vicious Brother, Colin Miniham, padece lo que podríamos denominar “el síndrome del corto alargado”. Partiendo de un planteamiento minimalista, Miniham consigue el difícil reto de despertar el interés del espectador gracias a su humor gamberro por las andanzas de una stripper perseguida por la inmensidad del desierto de Nevada por un zombi. Sin embargo, todo se viene abajo una vez toca desarrollar la narración más allá de esta premisa, y lo que hasta entonces era una propuesta valiente y arriesgada se acaba convirtiendo en un lacrimógeno melodrama con su protagonista transformada en una madre coraje que desemboca en un acto final que se antoja, literalmente, un pegote añadido procedente de otra película distinta.

YOUR NAME (Makoto Shinkai, 2016)

El premio a la mejor película de la especializada sección “Anima’t” fue para el nuevo trabajo de uno de los nombres propios del cine animado japonés actual, Makoto Shinkai, por el anime Your Name, declarada por muchos una obra maestra. Y si bien no será un servidor quien le niegue sus atributos, está lejos de tratarse de esa maravilla que los exagerados de siempre han corrido en declarar. Sus valores saltan a la vista, cierto. Su apartado visual es sencillamente apabullante, con mención especial para el magnífico uso de la luz y los colores que compone una fotografía que realza aún más la excelencia de su animación, reflejado en el detallismo del que hace gala su puesta en escena. Por otra parte, Shinaki da muestra de sus habilidades como narrador para, casi sin que nos demos cuenta, evolucionar de una forma orgánica su historia sobre intercambio de cuerpos desde la comedia amable en la que se enmarcan sus primeros compases hasta el drama y la tragedia, sin que en ningún momento los cambios de tono chirríen.

Pero aun siendo un título notable, frente a estas virtudes también se alzan un puñado de puntos negros. Evidenciando su lugar de procedencia, algunos de sus pasajes, significativamente los más relevantes, son desarrollados de una forma por momentos un tanto confusa, mientras que su tramo final está a todas luces dilatado en exceso, incluyendo varios finales que dan la sensación de ser un pegote añadido a lo anterior. Del mismo modo, sus responsables no logran disimular la comercialidad con la que está encarado el proyecto, patente en las numerosas canciones pop que trufan su metraje, sin olvidar lo que, en la opinión de quien esto escribe, se erige en su principal defecto: el tono sensiblero y azucarado bajo el que discurre la narración, y que provoca que algunos seamos incapaces de entrar en su propuesta.

Por cierto que en su metraje puede rastrearse las cicatrices dejadas en la sociedad nipona por el accidente de Fukushima, en especial la desconfianza ante la administración y las clases dirigentes, dentro de un conjunto que confronta la tradición propia del Japón rural con la modernidad del Japón urbanita, representados a través de cada uno de sus personajes principales. Una tendencia detectables en otros exponentes proyectados durante el certamen procedentes del país del Sol naciente, como ahora veremos.

THE GIRL WITH ALL THE GIFTS (Colm McCarthy, 2016)

Pese a ser una co-producción entre el Reino Unido y los Estados Unidos, la película tiene un sabor genuinamente británico, recordando mucho a otras cintas de ciencia ficción procedentes de esas latitudes. Además, destila un sabor que también remite a la obra literaria de un escritor –británico– tan estimulante como es John Wyndham. Y el arranque es muy similar al de la estupenda película Hammer Estos son los condenados (The Damned, 1963), de Joseph Losey.

Hasta cierto momento Melanie podría parecer una más del montón, pero el film aporta dos elementos muy interesantes: por un lado, su peculiar perfil de personajes, muy británico, donde destaca esa niña zombi tan espabilada, algo resabidilla también, muy educada sobre todo, salvo cuando decide dejar a un lado los modales culinarios. Y por otro, la muy atractiva mitología zombi que crea, aportando a los infectados una gradación mutante, donde existen etapas distintas donde la conocida es solo la primera de ellas, transformándose de un modo paulatino en otra cosa…

Colm McCarthy, el realizador, demuestra ser un artista con personalidad, con un punto de vista para los detalles peculiares, que sabe dotar a la narración de un tempo sereno pero intenso. Y también muestra ser un director de actores capacitado, donde el plantel protagonista alcanza un excelente nivel, destacando el trabajo de la actriz infantil Sennia Nanua, en un cometido nada fácil, y que justamente fue recompensada en el festival con el premio a la mejor interpretación femenina. Aunque suene a tópico y algo exclusivista, The Girl with All the Gifts es algo más que “una de zombis”, y de hecho puede ser uno de los títulos más estimulantes del fantástico de este año. Carlos Díaz Maroto

OTROS TÍTULOS

SEOUL STATION (Yeon Sang-ho, 2016)

Dentro también de la sección “Oficial Fantàstic Competición” pudo verse la anterior cinta del flamante ganador al premio al mejor director por Train Busan, Yeon Sang-ho; la animada Seoul Station, considerada por muchos como la precuela de la aquella. ¿Los motivos? Aparte de su idéntico director, tal creencia se sustenta en su exacta estructura e hilo argumental, con los esfuerzos de una familia para reunirse en medio de un apocalipsis zombi, pero, sobre todo, por narrar lo que en la película de imagen real queda en off visual: el origen de la infección.

Las diferencias entre una y otra, así las cosas, se encuentran en el cambio del marco de acción de un espacio cerrado como es un tren en marcha por el mucho más abierto de las calles de la capital de Corea del Sur, y la sustitución del tono melodramático que subyace en Train to Busan por un patente componente de crítica social, no obstante también presente aunque en menor medida en aquélla, mediante el cual se recuperan las connotaciones metafóricas del personaje del zombi/infectado para hablar, entre otros temas, del egoísmo y la individualidad propias de la sociedad moderna, en la que todos, en mayor o menor medida, solo nos guiamos por nuestro interés, sin preocuparnos en las consecuencias que puedan tener en los demás, dentro de un planteamiento que es plasmado por el nihilismo que desprende su desenlace.

En cualquier caso, la ausencia de una conexión argumental clara hace que, antes que una precuela, Seoul Station deba verse como una suerte de borrador en bruto con el que Sang-Ho ensaya una serie de elementos narrativos y argumentales que acaban cristalizando en la realización de su muy superior hermana mayor.

COLOSSAL (Nacho Vigalondo, 2016)

No cabe duda de que Colossal es una película un tanto diferente. Lo cual no significa que, necesariamente por ello, sea buena. Podría decirse que en ella coexisten dos filmes simultáneos: una tragicomedia indie y una cinta de monstruos, que se alimentan una de la otra y viceversa. En el aspecto de comedia indie que paulatinamente va adquiriendo matices más trágicos existen muchos referentes en un tono similar, con el personaje regresando a su población de origen, y viendo cómo todo ha cambiado y ese personaje intenta integrarse en un mundo al cual ya es ajeno. Este tipo de películas suele mostrar una trama en apariencia inexistente, con diálogos diríase casuales, pero muy bien pensados, que paulatinamente van forjando a los personajes y sus relaciones.

Colossal intenta tirar un tanto por ahí… pero no lo consigue. Los diálogos supuestamente pueriles son, en realidad, totalmente pueriles. Hay momentos, por supuesto, destinados a desarrollar los personajes e imbricarlos entre sí… Pero en muchas, demasiadas ocasiones, todo se basa en diálogos baladíes, un intento de hacer interactuar a los personajes sin ningún otro objetivo, sin crear un todo homogéneo en el cual a cada circunstancia haya una consecución narrativa global. Además, la variedad de tonos que van apareciendo carecen de una ilación homogénea, y esos saltos sin red en el guion arrostran que el film se la pegue, y el espectador quede desconectado por la sucesión de desvaríos incoherentes que se suceden.

Otro tema sería el de los agujeros de guion, o el “todo pasa porque sí”, tan habitual, por otro lado, en la filmografía de Vigalondo. Pese al tono ligero y sin pretensiones del conjunto, cuesta trabajo hallar cohesión a la globalidad del film. Y si en el aspecto del guion el resultado es tan deslavazado, la puesta en escena tampoco resulta demasiado brillante, adquiriendo más modales de sitcom que de otra cosa. La primera aparición del kaiju, por lo demás, se ofrece en un plano frontal, que lo hace semejar lo que es: un señor disfrazado paseando entre maquetas; un leve encuadre en contrapicado hubiera resaltado la magnificencia de la criatura y habría otorgado mayor veracidad. En realidad, toda la película está planificada así, a base de planos frontales y fríos, que exponen a los personajes al desnudo, sin que el lenguaje cinematográfico procure otra cosa que ilustrar, antes que describir. Así, los actores son los únicos que pueden otorgar algo de sinceridad a los resultados, y ahí Vigalondo ha mostrado un gran tino en la elección, pues todo ellos ceden una credibilidad de la que el resto del film carece. Carlos Díaz Maroto

31 (Rob Zombie, 2016)

Dentro de una edición plagada de visitas de personalidades ilustres del género fantástico, una de las que más expectación creó entre los aficionados fue la de Rob Zombie y su inseparable musa y esposa en la vida real Sheri Moon para presentar el que ha supuesto el retorno a la dirección de Zombie cuatro años después de la polémica The Lords of Salem. Quizás de estar parcialmente financiada mediante crowfounding, el polifacético artista ofrece en 31 un producto que diríase ideado, única y exclusivamente, para satisfacer a la sorprendentemente amplia legión de seguidores que el otrora líder de White Zombie ha acumulado en su paso al séptimo arte.

Carente de cualquier atisbo de evolución o innovación, Zombie ofrece un nuevo catálogo de las obsesiones y referencias visuales y estéticas que se han convertido en sello distintivo de su cine a lo largo de su filmografía. Nada que objetar si no fuera porque tras ello poco más hay que llevarse a la boca, con la excepción del carismático personaje de Doom-Head y sus diálogos. Resulta muy sintomático en este sentido que 31 tome su título del macabro juego de caza del hombre que articula su metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que tan escueta premisa es todo el argumento que acumula un conjunto cuyo desarrollo queda así limitado a un continuo “corre que te pillo”, sin que tampoco existan personajes que puedan aportar algo de colorido, más allá del referido Doom-Head. Para colmo de males, no acaba aquí la cosa, ya que ni siquiera reduciendo la propuesta a la mera condición de splatter sanguinolento logra salir mejor parado, en gran medida por culpa de una cámara temblorosa que no permite apreciar lo que acontece en pantalla durante las escenas violentas.

BEYOND THE GATES (Jackson Stewart, 2016)

Zombie a un lado, entre las distintas personalidades que visitaron Sitges durante esta edición fueron varios los nombres asociados al cine fantástico realizado en la década de los ochenta. Así, Don Coscarelli presentaría la nueva versión remasterizada en 4K de su emblemática Phantasma, junto a la nueva entrega de la saga, Phantasma; Ravager, Brian Yuzna formaría parte del jurado, mientras que una actriz vinculada a este, Barbara Crampton, recibiría la honorífica Máquina del tiempo. Además de recoger el galardón como reconocimiento a su trayectoria, la norteamericana aprovecharía su estancia en el certamen para presentar uno de sus nuevos trabajos, Beyond the Gates, film que ha producido y en el que interpreta uno de los personajes principales.

Encuadrada dentro de la corriente actual de cine de terror que mira a la producción de los años ochenta, supone la ópera prima de Jackson Stewart, antiguo ayudante, para más inri, de Stuart Gordon, compartiendo parte de su elenco con el de otro director tan característico del presente revival como Joe Begos, comenzando por el protagonismo del actor fetiche de este, Graham Skipper. Pese a estas conexiones, el tratamiento de Stewart difiere mucho del de su colega y amigo, apostando por un acercamiento menos referencial, por más que, simplificando, pueda definirse su contenido como la versión adulta de Jumanji, y más basado en la atmósfera y el tono. Acreedor de no pocos momentos de splatter-gore, el debutante cineasta no confia todo el potencial en su poderío sanguinoliento, mostrando una preocupación por desarrollar el conflicto personal que arrastran sus personajes, sin por ello descuidar sus componentes más genuinamente genéricos, lo que se traduce en una agradecida muestra de Serie B, tan simpática como eficiente.

SWEET, SWEET LONELY GIRL (A D Calvo, 2016)

En un registro totalmente distinto a la actual corriente del revival por el cine fantástico de otras décadas que pudieron representar films como la mencionada Beyond the Gates, o The Void, atmosférico y vigoroso pastiche que entremezcla motivos del primer John Carpenter con el Hellraiser de Clive Barker, el nihilismo gore de Lucio Fulci y la literatura de H. P. Lovecraft, el cineasta de origen argentino A. D. Calvo ofrece con Sweet, Sweet Lonely Girl una historia de fantasmas cíclica de estética retro que mira al universo lésbico propio de la etapa inglesa de José Ramón Larraz. Con ella comparte la creación de un entorno cerrado y poblado por escasos personajes llenos de secretos, el tono intimista y hasta cierto punto melancólico, y una ambientación (neo)gótica, por más que el erotismo mórbido inherente al estilo del catalán sea aquí eludido a favor de una mayor atención al conflicto dramático de los personajes.

Las similitudes alcanzan incluso a la tipología física de sus dos actrices principales, y muy especialmente en el caso de Erin Wilhelmi, cuyo parecido con Angela Pleasence, la protagonista de Síntomas, es notorio, y son continuadas por la presencia de varios planos que diríanse sacados del que quizás sea el título más emblemático de Larraz, Las hijas de Drácula, brindando en cualquier caso un film de lo más estimable.

WORRY DOLLS (Padraig Reynolds, 2016)

Encuadrada dentro de la sección “Midnight X-Treme”, sobre el papel no le faltaban elementos de interés a esta Worry Dolls, al proponer un original acercamiento al manoseado subgénero de las posesiones malignas, utilizando para ello un ingrediente tan poco tratado como son las muñecas quitapenas del folclore guatemalteco, a lo que hay que añadir la idea, finalmente desaprovechada, de que todos los que son poseídos por el espíritu que mora en las muñecas a lo largo del metraje atraviesen problemas personales.

Sin embargo, todos estos ingredientes son malogrados por un tratamiento típico y tópico plagado de situaciones risibles, al que tampoco ayuda una cuestionable dirección de actores. En el descargo del film habrá que decir que, al menos, está llevado con buen ritmo y el contenido gráfico de las diferentes muertes que se suceden en su historia resulta bastante explícito dentro de lo que cabe. Algo es algo.

LAKE BODOM (Taneli Mustonen, 2016)

Según informa un oportuno letrero durante sus primeros compases, el argumento de la finlandesa Lake Bodom se basa en un episodio de crónica negra ocurrida en su país natal durante la década de los sesenta. En concreto, unos misteriosos crímenes nunca resueltos y que acaecieron en las proximidades del lugar que le da título. Sin embargo, el partir de estos supuestos hechos reales no evita que la configuración del producto, claramente dirigido al público veinteañero, responda a los arquetipos del más prototípico slasher que uno pueda imaginarse, con un grupo de jovencitos de acampada en medio del bosque durante un fin de semana. Por si aún hubiera dudas al respecto, la sucesión de los acontecimientos lo deja bien claro. Una vez dos de los adolescentes se aparten del resto del grupo para mantener un encuentro amoroso hará acto de presencia un misterioso matarife que pagará el sexo con muerte.

En vista de lo expuesto, parece fácil adivinar por dónde van a ir los tiros en adelante. Quizás por ello, llegado el momento sus responsables optan por intentar dar una novedosa vuelta de tuerca al modelo. El problema es que para ello no se les ocurre mejor cosa que promover una trama que acusa las consecuencias propias de un delirante desarrollo basado en los cíclicos y tramposos giros dispuestos por un guion que, en su intento por sorprender al espectador, lo único que consigue es saltar por los aires cualquier atisbo de verosimilitud que pudiera existir en lo narrado, circunstancia esta que no deja de ser paradójica viniendo de una cinta que publicita el basarse en hechos reales.

SHIN GODZILLA (Hideaki Anno & Shinji Higuchi, 2016)

Para quien esto escribe no dejó de ser sorprendente lo desapercibido que pasó en Sitges la programación de Shin Godzilla, el esperado regreso del indiscutible rey del kaiju eiga de la mano de su productora original, la Toho, doce años después de la anterior entrega de la franquicia, Godzilla Wars. Puede que en ello no fuera ajeno el perfil de un un film sorprendentemente político en el que afloran, y de qué forma, las heridas abiertas en la sociedad nipona a raíz del accidente nuclear de Fukushima que tuvo al mundo en vilo durante marzo de 2011. Para tal objeto, sus responsables recuperan el carácter alegórico con el que su monstruosa criatura nació en la seminal Japón bajo el terror del monstruo. Si en aquella ocasión Godzilla representaba la amenaza del poder nuclear, con Hiroshima y Nagasaki en la memoria, en esta ocasión simboliza el desastre natural que azotara Fukushima con los efectos colaterales por todos conocidos, lo cual es empleado para articular una contundente crítica con el exceso de burocracia y falta de reacción de los estamentos gubernamentales a la hora de plantar cara a la amenaza que supone Godzilla, reflejando de algún modo el sentir del pueblo japonés ante la forma en la que su gobierno gestionó en la vida real el aludido incidente, al tiempo que apela a la identidad nacional japonesa.

La potenciación del elemento discursivo por encima de la acción propiamente dicha, propicia que las apariciones de Godzilla queden relegadas a un segundo plano dentro del desarrollo de la trama, lo que no quita para que su concurso sea solventado por medio de unos espectaculares efectos especiales en los que, por primera vez en la historia de la franquicia, no se ha utilizado la tradicional técnica tokusatsu, es decir, el que el monstruo fuera interpretado por un actor disfrazado. El responsable de esta decisión que, a buen seguro, está llamada a marcar un punto de inflexión en los cánones estéticos de la saga, ha sido Shinji Higuchi, autor del reciente díptico en imagen real de Ataque a los titanes, que, tras haber intervenido como técnico de efectos en anteriores entregas, aquí se ha encargado de su supervisión, además de ser el codirector de la película junto a Hideaki Anno, muy popular entre los aficionados al anime por su trabajo al frente de la serie Evangelion, y que a su vez se ha encargado del  guion.

SADAKO VS KAYAKO (Kôji Shiraishi, 2016)

Junto con la ya referida Shin Godzilla, esta edición de Sitges también brindó la oportunidad de visionar el otro estreno de la temporada más mediático del fantástico nipón con el pase Sadako Vs Kayako, y su intento por seguir exprimiendo lo que aún pueda dar de sí el cada vez más moribundo filón del J-Horror mediante la unión de las que quizás sean dos de las sagas más importantes y prolíficas de la corriente: The Ring y La maldición. Nacido a raíz de un video viral lanzado como una broma, el encargado de dar forma a este proyecto ha sido Kôji Shiraishi, cineasta afín al género entre cuya filmografía destaca Grotesque / Gurotesuku (2009), film que en su momento levantaría cierta polémica debido a la explicitud y sadismo de sus imágenes, siendo prohibido en varios países europeos, entre ellos el Reino Unido.

Pero a pesar de las ansias renovadoras con las que su director y guionista ha manifestado en varias oportunidades con las que afrontó la película, lo cierto es que su trabajo no pasa de formulario. A grandes rasgos, el grueso de la película se sustenta sobre dos tramas paralelas cada una de las cuales remite a cada una de las franquicias en las que se basa y que no confluyen hasta los últimos compases, en el que se produce el anunciado enfrentamiento entre Sadako y Kayako, por el que, no obstante, pese a su teórico protagonismo, en realidad se pasa bastante de puntillas. Shiraishi entrega así un producto del todo intrascendente que no aporta nada a las dos sagas en las que se basa más allá de su mera condición de crossover. No obstante, gracias a su dignidad formal consigue, al menos, lograr el consuelo de alcanzar el aprobado. Algo es algo.

ARRIVAL (Denis Villeneuve, 2016)

La sesión sorpresa del festival fue lo último del sugerente Denis Villeneuve, Arrival, adaptación de la novela corta “La historia de tu vida” de Ted Chiang. Como novela corta que aquélla era, mucho de lo que quedaba implícito ha de desarrollarse de modo explícito, para alcanzar un metraje estándar, y ello va en beneficio de la narración. De esa manera, la arribada de los extraterrestres se plantea desde su inicio, y vemos a Louise en su trabajo tradicional. De ese modo, vamos entrando poco a poco, de mano de la protagonista, en el portento que acontece; mientras que en el libro Chiang, como narrador, iba por delante del lector, gracias a su modo distante y frío, aquí guionista y director nos permiten ir entrando en la historia y su personaje protagonista, ambos igualmente cautivantes.

Es curioso cómo las alternancias entre el proceso de desentrañamiento del lenguaje de los heptápodos y la rememoración de esa conversación entre madre e hija –o monólogo de la madre hacia la hija– se ven plasmadas de un modo tan cinematográfico. Sin embargo, lo mejor es esa unidad que ofrece el film en su totalidad, con un tono intimista perenne en ambas partes, focalizando la narración por medio de dos elementos como, por un lado, es la abundancia de primeros planos de Amy Adams –soberbia, sensacional– y, por otro, el uso del desenfoque como elemento expresivo: muchas de las imágenes se hallan fuera de foco; ello, en lugar de resultar negativo, como en tantas otras películas, aquí su empleo procede de una elección consciente, destinada a aislar al personaje protagonista, para indagar en ella y sus recuerdos o reflexiones. Carlos Díaz Maroto

DESIERTO (Jonás Cuarón, 2015)

Casi diez años después de debutar en el formato largo, el hijo de Alfonso Cuarón, Jonás, vuelve a sentarse en la silla de director con este film en el que trata el tema de la inmigración ilegal proveniente de México en los Estados Unidos, por medio de los pasos de un grupo de espaldas mojadas que son descubiertos mientras atraviesan la frontera por un enloquecido vecino del norte que comienza a darles caza de forma inmisericorde.

Viniendo de un cineasta mexicano que ha desarrollado parte de su trayectoria en los States, lo más lógico sería pensar que tras este premisa su responsable no dejaría pasar la oportunidad para incidir en este drama. Y si bien algo hay, el producto resultante se encuadra dentro de los márgenes de los films centrados en la caza del hombre por el hombre. De este modo, presentada su situación de partida, el grueso del metraje se centra en el juego del gato y el ratón que se establece entre el cazador y su(s) presa(s), a través de un desarrollo esquemático y minimalista en lo moral y psicológico, y previsible en su progresión dramática.

Todo el potencial de la propuesta queda así confiado a la pericia de la realización de su principal responsable, siendo en este apartado donde el film brilla con luz propia. Haciendo gala de un sorprendente oficio teniendo en cuenta su escasa filmografía, el pequeño de los Cuarón se desmarca con un ejercicio de estilo, articulando un thriller extremadamente físico que destaca por el vigor y la intensidad de una puesta en escena en el que el cansancio se palpa, los tiros ensordecen y cada golpe se siente casi como si impactara en la piel propia.

Visto desde esta perspectiva, pocos peros pueden ponerse a Desierto, erigiéndose en un competente y apreciable exponente genérico. Sin embargo, ello no quita para que la valoración de sus resultados deje un sabor agridulce. Y es que, teniendo en cuenta todo el potencial que sobre el papel poseía el componente político que le brinda su premisa, uno no deja de echar de menos una mayor profundización en este aspecto, en lugar de desdeñar su aparato discursivo en favor de un tratamiento más acomodaticio y formulario, teniendo la sensación de encontrarnos ante un producto un tanto desperdiciado.

IKARIE XB-1 (Jindrich Polák, 1963)

Bajo el nombre “Red Planet Marx”, la retrospectiva de este año estuvo dedicada al cine de ciencia ficción rodado en Europa del Este durante el régimen comunista. Acompañado por la publicación del perceptivo libro complementario, el ciclo brindó la oportunidad de visionar auténticas gemas del estilo, por lo general de muy difícil acceso. De entre los títulos programados, uno de los más interesantes fue Ikarie XB-1, film checoslovaco de 1963 que fue proyectado en una nueva copia restaurada en 4K y estrenada durante el pasado Festival de Cannes, que puede considerarse poco menos que el eslabón perdido en la evolución de la ciencia ficción moderna. No en vano, durante su visionado no es muy difícil percibir la influencia que sus imágenes en títulos de la popularidad y trascendencia de Star Trek, 2001: una odisea del espacio, Solaris o Alien, el octavo pasajero.

Caracterizado por un impresionante diseño de producción magnificado por su fotografía en blanco y negro en formato superscope, su historia narra la expedición de la nave que le da título hasta la constelación de Alfa Centauri, donde esperan contactar con formas de vida extraterrestre. Pese a lo que se pudiera deducir de esta premisa, en lugar de los aspectos más espectaculares de la aventura espacial propiamente dicha, como ocurriría en una película norteamericana, la narración fija su mirada en la cotidianidad de la vida de sus tripulantes en la nave y la evolución psicológica que experimentan progresivamente a causa del prolongado tiempo de reclusión alejados de su hogar y los suyos. Este planteamiento eminentemente humanista no quita para que durante la segunda mitad del metraje se de cabida a dos episodios de corte aventurero que destacan por su manejo de la tensión y el suspense. Un film, en definitiva, a recuperar y reivindicar, que anima a proseguir indagando en la producción genérica producida en la época comunista al otro lado del telón de acero.

José Luis Salvador Estébenez

 

Published in: on noviembre 18, 2016 at 7:42 pm  Dejar un comentario  
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