CutreCon VII proyectará el peor cine espacial del 24 al 28 de enero

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CutreCon, el Festival Internacional de Cine Cutre de Madrid, regresa del 24 al 28 de enero de 2018 con la que será su séptima edición. A lo largo de las cinco jornadas con las que contará el festival se proyectarán más de veinte filmes —aún por confirmar— en sesiones tanto gratuitas como de pago, todas con el sello CutreCon: interacción con el público, comentarios jocosos durante la proyección, sorpresas y, como siempre, muchas carcajadas.

El festival, como ya viene siendo habitual, contará con invitados internacionales relacionados con el “cine cutre” que serán desvelados a lo largo de las próximas semanas, así como con actividades paralelas y exposiciones que completan la experiencia de los espectadores en CutreCon.

En su séptima edición CutreCon estará dedicado a las peores películas del espacio y a seres extraterrestres de pacotilla. Y es que si hay un género en el que proliferan como setas las películas cutres, ese es sin duda el de la ciencia-ficción y, más concretamente, el que transcurre en el espacio exterior: naves intergalácticas, seres de otros mundos, elaborados efectos especiales y puro entretenimiento. Precisamente, por eso esta será la temática de la CutreCon en 2018, en concreto, el de las películas ambientadas en el espacio.

“Es curioso ver cómo algunas de las peores cintas de la historia del cine son de ciencia-ficción y, en particular, aquellas cuyo escenario es el espacio profundo” dice Carlos Palencia, director de CutreCon. “Y es que este tipo de películas requieren una puesta en escena muchísimo más elaborada para que funcionen en una pantalla. Sin embargo, nos complace ver cómo multutud de cineastas a lo largo de la historia han intentado rodar sus propias versiones de Star Wars o Alien sin apenas medios, consiguiendo exactamente lo contrario de lo que se proponían y brindándonos algunas de las mayores joyas del cine cutre”.

Se da la circunstancia de que esta “CutreCon VII: From Outer Space”, como la han bautizado sus responsables, llegará apenas un mes después del estreno de Star Wars: Los últimos jedis, una feliz coincidencia que, según Palencia, siempre viene bien para hacer comparaciones: “la saga de La guerra de las galaxias es quizá la más vilmente copiada, imitada y homenajeada de la historia del cine. Hay una cantidad ingente de películas malas que se dedican a aprovechar el filón de estos filmes, y los espectadores de CutreCon van a poder descubrir las más increíbles versiones que sus ojos hayan visto”.

También habrá una buena ración de extraterrestres desfilando por las pantallas de CutreCon: criaturas que en algunos casos fueron diseñadas con el propósito de aterrar a los espectadores y acabaron produciendo ataques de risa, y seres concebidos para ocupar las estanterías de millones de niños que bien podrían estar en el museo de los horrores. Tampoco faltarán las cartulinas con estrellas dibujadas simulando el espacio, las naves de cartón-piedra e incluso, bolas de árbol de navidad que pretenden pasar por inmensos planetas.

Por otra parte, CutreCon anuncia la incorporación de dos nuevas sedes oficiales para esta séptima entrega del festival, que se suman así al Palacio de la Prensa (Plaza del Callao, 4) y a la Casa del Reloj de Matadero Madrid (Paseo de la Chopera, 10): el Cine Doré – Filmoteca Española (C/ Santa Isabel, 3), que acogerá la maratón gratuita del viernes 26 de enero,  y los Cines CondeDuque Verdi Alberto Aguilera (C/ Alberto Aguilera, 4), una de las salas con más solera y tradición de la capital, serán el nuevo hogar de la maratón de la última jornada de CutreCon VII, que este año estará dedicada a las peores versiones filmadas de E.T. El extraterrestre, y que consecuentemente ha sido bautizada con el nombre de Etetón.

“Cuando pensamos en la Filmoteca Española, inevitablemente la asociamos a cine de calidad” afirma el director de CutreCon, Carlos Palencia, sobre la nueva cede del Cine Doré. “Va a ser toda una experiencia ver en la pantalla del Cine Doré algunas de las peores películas de la historia. No podríamos contar con mejor escenario para nuestro festival, es todo un honor, y desde aquí quiero darles las gracias a los responsables de la Filmoteca Española por cedernos sus instalaciones”.

En cuanto a los Cines Conde Duque Verdi Alberto Aguilera, Palencia explica: “Necesitábamos una sala más grande ante la creciente expectación que genera la maratón de la última jornada”. “Los Cines Conde Duque Verdi Alberto Aguilera son perfectos por su aforo, su situación y la comodidad de sus salas”.

No es esta la única novedad que presenta CutreCon VII. Por primera vez en sus ya siete entregas, la organización del festival ha decidido poner a la venta un número muy reducido de abonos VIP que incluyen todas las sesiones de CutreCon (con asientos preferentes en las sesiones gratuitas), merchandising oficial del festival, cena con los invitados y la concesión de estatus de mecenas de CutreCon por 50 euros, y que ya están disponibles a través de Entradium.

Asimismo, las entradas para la maratón de la última jornada, “la Etetón”, que incluye cuatro películas aún por confirmar, están a la venta por 14 euros también a través de Entradium.

Más información en: http://cutrecon.com/

Published in: on noviembre 16, 2017 at 6:32 am  Dejar un comentario  
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Blood on Méliès’ Moon

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Título original: Blood on Méliès’ Moon (La porta sui mondi)

Año: 2016 (Italia)

Director: Luigi Cozzi

Productora: Maria Letizia Sercia

Guionista: Luigi Cozzi con la colaboración de Giulio Leoni, sobre un argumento de Luigi Cozzi, Alexandre Jousse, Giulio Leoni

Fotografía: Francesca Paolucci, Andrea Pieroni, Frank Guerin

Música: Simone Martino, con música adicional de Egisto Macchi, Trigemino, Morbo, Corpsesfucking Art, Mauro Viscardi, Maria Letizia Sercia, Davide Marchetti

Intérpretes: Luigi Cozzi, Philippe Beun-Garbe, Alessia Patregnani, Sharon Alessandri, Brahim Amadouche’, Federico Cerini, Riccarda Leoni, Barbara Magnolfi, Alessandra Maravia, Maria Cristina Mastrangeli, Chiara Pavoni, Luigi Schettini, David “Zed” Traylor, Dario Argento, Lamberto Bava, Giuseppe Cordivani, Sebastiano Fusco, Fabio Giovannini, Manlio Gomarasca, Luigi Pastore, Mina Presicci, Angela Sercia, Maria Letizia Sercia, Jacques Sirgent, Antonio Tentori, Paolo Zelati…

Sinopsis: Francia, 1890. El inventor Louis Le Prince, después de patentar una máquina para fotografiar imágenes en movimiento y proyectarlas, desaparece en extrañas circunstancias, sin que se vuelva a saber nada ni de él ni de su invento. Cinco años más tarde, los hermanos Lumière patentan una máquina muy similar a la de Le Prince llamada “Cinematógrafo”. Desde ese momento, 1895 es universalmente considerada la fecha oficial del nacimiento del cine. Sin embargo, sigue siendo un misterio qué pasó con Louis Le Prince y su invención. Este misterio seguía sin resolverse hasta que, de repente, en la Roma de 2016 se abre “La puerta a los mundos” y, con él, un universo paralelo donde se encuentra la respuesta a este enigma.

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“El cine es la fábrica de los sueños, ¿o son los sueños la fábrica del cine?” Con esta significativa pregunta se inicia Blood on Méliès’ Moon, el retorno al largometraje de ficción de uno de los directores más emblemáticos del cine fantástico y de terror producido en Italia durante las décadas de los setenta y ochenta: Luigi Cozzi. Más de veinticinco años después de la que fuera su anterior película, Il gatto nero, el cineasta natural de Busto Arsizio regresa al formato con un (auto)irónico y complejo artefacto de metaficción, rico en lecturas y matices, con el que brinda el que se antoja uno de sus más estimulantes trabajos y, sin duda, el más personal de todos ellos, como ejemplifica el que sea él mismo en primera persona quien detente el protagonismo de la historia o que firme su autoría con su nombre real y no con su habitual seudónimo anglosajón de Lewis Coates.

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Un planteamiento que, ni qué decir tiene, a buen seguro descolocará a todos aquellos que esperen encontrar en la cinta una de esas exploitations a las que parece estar asociada la figura de su responsable entre ciertos círculos de aficionados. Por el contrario, su tono experimental y aires autorales la emparentan con la que fuera su ópera prima, Il tunnel sotto il mondo, adaptación de un relato del escritor estadounidense especializado en ciencia ficción Frederick Pohl. Y, sin embargo, su contenido no deja de ser una prolongación consecuente de los rasgos que han definido el cine del italiano a lo largo de su filmografía.

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La absoluta libertad disfrutada por Cozzi a la hora de dar forma al film, rodado entre amigos a lo largo de un periodo de tres años y contando con un presupuesto aproximado de cinco mil euros pagados de su propio bolsillo, se percibe a lo largo de un metraje concebido como un auténtico compendio y resumen de su persona y su obra, por el que pasean referentes, filias y obsesiones. Su pasión por la literatura fantástica, su faceta de historiador cinematográfico, su querencia por los efectos especiales de estética kitsch, el giallo, la ciencia ficción y toneladas de cinefilia conviven con rara armonía a través de una trama que combina la historia real de Louis Le Prince[1], con la invocación de mundos paralelos que amenazan con destruir nuestro planeta.

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La elección de la figura de Le Prince, junto al título escogido, recuperado de un viejo proyecto de su director para la Cannon, ponen de relieve la carga cinéfila que anida en un film que aglutina un sinfín de referencias y menciones, tanto propias como ajenas. Sin ir más lejos, ahí está el cameo de Antonio Tentori, en el que la cabeza del escritor y guionista es atravesada por un cuchillo tras recoger del suelo un muñeco del pato Donald, en lo que puede interpretarse como un homenaje al cine de Lucio Fulci, para el que Tentori escribió los que a las postres serían los dos últimos films dirigidos por el denominado padrino del gore, Demonia y Un gatto nel cervello; o aquel otro en el que Cozzi acude a casa de Lamberto Bava con la intención de buscar en la biblioteca del padre de este, el mítico Mario, una respuesta que le permita resolver el misterio al que se enfrenta.

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Las dos señaladas muestras exponen de forma clara y diáfana el modo en el que el cineasta italiano no se conforma con la inclusión de la cita al uso, sino que interactúa con ella para dotarla de un mayor significado, convirtiendo su presencia en parte integrante e indisoluble del discurso de la película. Quizás la muestra más significativa a este respecto se encuentre en la escena en la que el rol interpretado por Barbara Magnolfi, quien diera vida al personaje de Olga en Suspiria, es asesinada en el “Museo degli Orrori di Dario Argento” por el maniquí revivido del matarife de Seis mujeres para el asesino. Momentos antes, Barbara ha escrito con pintalabios en uno de los espejos colgados en el museo situado en los sótanos de Profondo Rosso, la especializada tienda que Cozzi y Argento poseen en Roma, la frase “Las imágenes te miran”. El detalle no es baladí, ya que con ellas Cozzi expresa su pensamiento de que el cine, las películas y, por tanto, las imágenes que en ellas se albergan, son algo muy vivo, que habitan en una “realidad onírica, fantasmagórica, fantasmática”, como asevera en un momento determinado uno de los personajes principales, el profesor Pierpoljakos, capaces de ejercer influencia sobre nosotros, como deja entrever el referido Pierpoljakos al inquirir a Cozzi el motivo por el que utilizó, precisamente, planos de lava fluyendo extraídos de Cuando los mundos chocan de George Pal para dar forma a su versión de Hércules, planteándole la duda de si fue él quien escogió las imágenes o fueron ellas las que le escogieron a él.

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La idea del cine como un ente vivo que puebla en otra dimensión paralela es visualizada durante el fantástico viaje que Cozzi realiza de Roma a París, en el que atraviesa el fantasioso “universo creado por George Méliès”, en palabras de su protagonista, donde se cruza con el cohete de De la Tierra a la Luna, las naves extraterrestres de La guerra de los mundos -ambas según las versiones cinematográficas dirigidas por Byron Haskin- o la estación circulatoria de 2001: Odisea en el espacio, entre otros ingenios espaciales surgidos del celuloide. Un periplo que se cierra tras que el cineasta descubra con evidente asombro a Stella Star, la protagonista a la que prestara su exuberante físico Caroline Munro en la que quizás sea la película más popular de Cozzi, Star Crash, choque de galaxias, en un instante que emana una magia y ternura de lo más especial.

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Y es que, como puede verse, Blood on Méliès’ Moon es, ante todo y sobre todo, un homenaje al cine[2], pero también un canto al poder de fascinación de lo fantástico y la fantasía. “Se pueden hacer cosas extraordinarias con un libro, hasta salvar el mundo”, dice el profesor Pierpoljakos momentos antes de recitar un hechizo que convierte a la vieja novela de ciencia ficción escrita en francés que sirve de mcguffin a la historia en el cohete del Viaje a la Luna de Méliès, en lo que puede verse como una crítica al cine fantástico actual, en el que lo único que parece primar es la aparatosidad de sus imágenes por encima de la imaginación.

Por otra parte, tampoco puede pasarse por alto el hecho de que el tal profesor Pierpoljakos, cuya ayuda resultará primordial para la resolución de la investigación llevada a cabo por Cozzi, se revele en los minutos finales como un centenario alquimista, tanto por su significado como por los jugosos paralelismos que arroja con su compañero de correrías. Al fin y al cabo, ambos practican oficios de naturaleza artesanal, en los que, partiendo de principios científicos, son capaces de lograr prodigios propios de magos, ya sea la consecución de la piedra filosofal y, con ella, el secreto de la vida eterna, o capturar imágenes en movimiento y conservarlas en el tiempo, brindando la posibilidad de que por unos instantes personas que han fallecido décadas atrás vuelvan a cobrar vida en la pantalla. Claro que también el imposible propósito de la alquimia de conseguir fabricar oro empleando materiales pesados puede verse como una equiparación con la que Cozzi reconoce la no menos probable empresa de equipararse con grandes superproducciones estadounidenses partiendo de presupuestos paupérrimos en las que se viera inmerso en no pocas ocasiones a lo largo de su trayectoria.

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Ahora bien, a pesar del innegable grado de reivindicación que en mayor o menor medida subyace en la película, Cozzi se cuida mucho de caer en la autosuficiencia o de mostrarse como un genio incomprendido. Por el contrario, toda la narración se desarrolla bajo un simpático tono ligero mediante el que el italiano no duda en caricaturizarse a sí mismo, haciendo gala de una apreciable vis cómica. Para ello viste complementos ridículos en forma de sombreros y pajaritas, se enfunda en pijamas con motivos infantiles o aparece ataviado con grotescos disfraces de monstruos. Incluso, en un momento totalmente auto-paródico, se atreve a interpretar en la última secuencia una canción que acompaña a los créditos finales luciendo una peluca de rasta. Mención aparte merece, no obstante, la que se erige en una de las secuencias más conseguidas del conjunto, en parte por su corrosiva carga irónica, en la que, tras soñar con el supuesto tráiler de la secuela de Bride of the Monster en la que se le acredita como director, al que sigue un video de un crítico youtuber diciendo lo mal director que es, nuestro hombre despierta sobresaltado ante la idea de ser considerado el “Ed Wood italiano”, para terminar ilusionándose con la posibilidad de que, de ser así, Tim Burton ruede una película sobre su vida, al igual que hizo con la del Ed Wood auténtico, y le convierta de este modo en famoso.

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A tenor de lo expuesto, queda claro que Blood on Méliès’ Moon no es un film para todo los gustos, sino que se trata de una propuesta dirigida a un público muy concreto. Aquellos no familiarizados con el cine fantástico italiano en general y la obra de Luigi Cozzi en particular solo verán en ella una película con una factura que roza lo casero y una duración a todas luces exagerada, con sus casi dos horas de metraje, a lo que tampoco ayuda un desarrollo que en no pocas ocasiones da la sensación de estar improvisado sobre la marcha.

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Defectos innegables, en cualquiera de los casos, pero que a ojos cómplices son compensados por la valentía y la sinceridad de una obra realizada desde la más absoluta modestia y sin más ambición que las de lograr una película ajena a convencionalismos, que en última instancia sirve para refrendar lo que algunos ya sabíamos: el que, tras su fachada de realizador artesanal, Luigi Cozzi esconde un autor en la acepción cahierista del término, con una personalidad y una forma de entender el cine muy marcada, tal y como ha venido demostrando en todos y cada uno de los títulos que componen su filmografía. Tan solo es cuestión de molestarse en comprobarlo.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nacido en la ciudad francesa de Metz en 1842, Louis Le Prince desapareció misteriosamente sin dejar ni rastro en 1890 durante un viaje en tren, cuando se disponía a patentar el primer sistema para capturar y reproducir imágenes en movimiento, cinco años antes de que los hermanos Lumière inventaran oficialmente el cinematógrafo.

[2] En los créditos finales se indica que la película está dedicada a Georges Méliès y Louis Le Prince.

La primera temporada de “Westworld” disponible en Blu-ray y DVD el 7 de noviembre

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El próximo 7 de noviembre de 2017 Warner Bros. Home Entertainment lanzará al mercado la primera temporada de la exitosa serie de HBO Westworld en formato Blu-ray y DVD, a un precio recomendado de 34.95€ y 44.95€, respectivamente. Además de los diez episodios que componen la primera temporada de la serie, las respectivas ediciones incluirán extras inmersivos nunca antes vistos, como tres nuevas piezas especiales y tomas falsas.

¿Qué sucede en un mundo sin reglas, límites y consecuencias? Basada en la homónima película escrita por el autor superventas Michael Crichton y conocida en nuestro país con el título Almas de metal, Westworld propone un oscuro viaje a los orígenes de la conciencia artificial y la evolución del pecado. Situada en una intersección entre un futuro cercano y un pasado reimaginado, la serie explora un mundo en el que cualquier deseo humano, sin importar lo noble o depravado que sea, puede satisfacerse.

Creada por por Jonathan Nolan (Interstellar, El Caballero Oscuro) y Lisa Joy (Burn Notice, Pushing Daisies), y producida por Bad Robot Productions de J.J. Abrams (y Kilter Films, la primera temporada de Westworld cuenta con un reparto plagado de estrellas encabezado por el ganador del Oscar Sir Anthony Hopkins, el ganador del Globo de Oro Ed Harris, la nominada al Globo de Oro y Emmy Evan Rachel Wood y la también nominada al Globo de Oro Thandie Newton.

Cabe destacar, por último, que la edición en Blu-ray incluirá las pistas de audio en Dolby Atmos especialmente remezcladas para entornos de cine en casa, situando así el audio en cualquier parte de la habitación, incluyendo la parte superior. Para experimentar el Dolby Atmos, se necesita un receptor AV Dolby Atmos y altavoces adicionales, o una barra de sonido Dolby.

Published in: on octubre 17, 2017 at 5:43 am  Dejar un comentario  

Empire of the Sharks

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Título original: Empire of the Sharks

Año: 2017 (Estados Unidos)

Director: Mark Atkins

Productor: David Michael Latt

Guionista: Mark Atkins

Fotografía: Mark Atkins

Música: Heather Schmidt

Intérpretes: John Savage (Ian Fien), Jack Amstrong (Timor), Thandi Sebe (Sion), Ashley de Lange (Willow), Leandie du Randt (Nimue), Tauriq Jenkins (Edgar), Tapiwa Musvosvi (Toby), Camilla Waldman (Ann Aldrin), Jonathan Pienaar (Mason Scrim), Joe Vaz (Jasper), Sandi Schultz (Sarah), Mélodie Abad (Mara), Royston Stoffels (Zareia), Philip Tan (Thelonious), Neels van Jaarsveld (Theos McFadden), Tshamano Sebe (Tustin Worth), Daniel Barnett (Moffatt), Anwhar Adams (Mack Tyson), Dan Nel (Arno), Quentin Chong (Lu Bu), Dorian Holdren (Drake), Sarah Mocke (joven Willow), Ryan-Wayde Hannival (Creeger), Brandon Auret (capitán Barrick), Anele Rusi (capitán Darsi), Craig Holtzkampf (capitán Bold), Andrew Denison, Anja Van Der Spuy, Aphinda Afaika, Armand Mostert, Caitlin Amendse, Christophe Burg, Clayton Crawford, De Wet Du Toit, Garth Colitz, Hanno Jacobs, Hilnor Hannibal, L.J. Corken, Ises Jeptha, Jan Van Der Netscht, Jason Muller, Joshua Woolward, Kurt Van Rheede, Laila Chilwan, Leonard C. Smit, Lisa Narramore, Moline Zuisinei Kufaza, Monoyane Puding, Paige Hogg, Peter Bennet Kachuma, Rashid Muneel, Roliwilfred Molembou, Rorie Burg, Rudi Washington, Sasha Demas, Sasha Prema Melnichenko, Shamiela Johnstone, Stephen Pankhurst, Tuuleh Ahmed…

Sinopsis: En un futuro lejano donde la práctica de la superficie de la Tierra está bajo el agua, un señor de la guerra siembra el terror ayudado por un ejército de tiburones. Cuando el señor de la guerra secuestra a una joven, sus amigos se asocian con un grupo de proscritos para liberarla.

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Desde sus propios orígenes, una de las máximas perseguidas por cierta Serie B ha sido la de conseguir la máxima rentabilidad con la menor inversión posible. Reaprovechamiento de decorados y vestuario, reciclajes argumentales, rodajes back-to-back, o remontajes con nuevas de escenas para conseguir hacer dos películas con el precio de una, fueron algunos de los usos acostumbrados para conseguirlo. Nombres tan emblemáticos de este tipo de cine como Roger Corman o Jesús Franco harían de estas prácticas parte de su modus vivendi. También los italianos se destacarían en tales lides, dándose ejemplos tan extremos como el representado por Alfonso Brescia, capaz de rodar cinco space operas en un corto espacio de tiempo, valiéndose de prácticamente el mismo atrezzo y acompañado de similar elenco técnico-artístico.

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En su condición de actual heredera del espíritu tradicional de la Serie B, en especial en lo referente a su pragmatismo económico, la norteamericana The Asylum no ha sido ajena a estos usos ventajistas. Algo que, bien mirado, entronca con su conocida especialización en rodar exploitations de populares blockbusters, alguno de los cuales ha llegado incluso a dar origen a una inesperada secuela, a pesar de que su recepción crítica y comercial hubiera sido más bien nula, cuando no directamente negativa. ¿Cómo justificar la existencia de una secuela directa de su adaptación de La guerra de los mundos de H. G. Wells, si no es debido a la calculada reutilización de los elementos productivos de la película originaria, permitiendo así abaratar los costes monetarios, ya de por si paupérrimos?

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Acorde a esta política empresarial, la popular productora ha convertido en uno de sus rasgos más distintivos el reciclaje de los diseños infográficos de las monstruosas criaturas que pueblan sus ficciones de uno a otro título, con el consiguiente ahorro que ello supone. No contentos, también han alentado la realización de nuevos films con los que no solo reutilizar el diseño de producción de alguna de sus producciones anteriores, sino también su propio concepto argumental, en lo que se erige en una muestra notoria de la vagancia intelectual que conforma la principal mácula de la obra de la compañía. Es el caso de Empire of the Sharks (Empire of the Sharks, 2017), telefilm escrito y dirigido por Mark Atkins, que supone una especie de secuela o, más bien, variación de lo ofrecido por idéntico responsable en su anterior trabajo, El planeta de los tiburones (Planet of the Sharks, 2016).

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Rodado en las mismas localizaciones sudafricanas, con él comparte su ambientación en un futuro post-apocalíptico a lo Waterworld, en el que la superficie de la Tierra se ha convertido en un gran océano. La diferencia entre una y otra estriba en que si, haciendo honor a su nombre, El planeta de los tiburones narraba las peripecias de un grupo de supervivientes mientras escapaban de los escualos que habían pasado a dominar el planeta, aquí la trama nos sitúa tras los esfuerzos de su grupo protagonista por rescatar a un grupo de paisanos de las garras de un señor de la guerra que siembra el terror en el lugar por medio de un ejército de tiburones a los que controla por medio de una especie de guanteletes, mediante los que envía impulsos electromagnéticos a los receptores situados en la cabeza de los selacimorfos.

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Con semejante planteamiento, en el que también hay cabida para muchachas con poderes telepáticos y tiburones-bomba, entre otros desvaríos, sería aventurado esperar una película que tenga un humor digno de Lubitsch y una complejidad propia de Dreyer,  claro; pero sí que fuera moderadamente entretenida. No hay caso. Y eso que, a decir verdad, en primera instancia sus resultados ofrecen una mejora cuantitativa con respecto a los arrojados por su predecesora, quizás por estar planteada desde unas mayores aspiraciones. O eso se deduce, al menos, de la presencia en su reparto de un actor de cierto renombre, un John Savage en horas bajas encargado de encarnar al villano de la historia.

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Este supuesto mayor mimo puesto en su confección se traslada a la puesta en escena de Atkins, con una planificación mucho menos abonada al uso y abuso del primer plano como principal herramienta narrativa, atreviéndose incluso con la inserción de imágenes en las que comparecen varios personajes dentro del mismo plano, lo que, conociendo los antecedentes, debe considerarse como todo un logro. Del mismo modo, el diseño de producción, en especial en lo concerniente a la ambientación post-apocalíptica, se antoja bastante más conseguido que la vista en El planeta de los tiburones. Lo mismo ocurre con su esquema argumental, centrado en el reclutamiento del grupo de resistentes y su posterior ataque a la base donde se encuentra el señor de la guerra y sus secuaces, acreedor de un mayor dinamismo del que ofrecía el de la previa.

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Sin embargo, todo lo apuntado no deja de ser un espejismo. A pesar de las mejores perspectivas, según avanzan los minutos acaba por imponerse la cruda realidad de los hechos. Y de un modo aplastante, además. Transcurrido el ecuador del metraje, el ritmo hasta entonces fluido comienza a verse torpedeado por la inclusión de diferentes incidencias cuyo concurso solo parece obedecer a un intento por alargar la anécdota argumental hasta alcanzar la duración fijada. Una circunstancia que no hace más que acentuar los muchos defectos detectados hasta ese momento. Más allá de la pobreza del acabado formal de los efectos especiales infográficos marca de la casa, asoma la torpeza de la puesta en escena de Atkins, con planos que, literalmente, cortan la cabeza de algunos de los secuaces del villano en cuadro, no se sabe si por ineptitud o para poder así repetir la comparecencia de los figurantes implicados dando vida a otro nuevo esbirro sin que chirríe demasiado.

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Con todo, la palma se la llevan las muchas incongruencias argumentales en los que incurre el relato. Citemos unos cuantos ejemplos espaciados a lo largo del metraje a modo de muestrario. El primero, la importante avería provocada por el ataque de los tiburones al sumergible que transporta a los protagonistas durante su primera visita a la base del señor de la guerra, hasta el punto de poner en peligro su huida, lo que no quita que, para el siguiente viaje, emprendido apenas unos instantes más tarde, el vehículo se encuentre en perfecto estado. O, más adelante, cuando los rebeldes abordan un barco en el que el cabecilla del grupo se apropia de un prodigioso walkie-talkie, capaz de permitirle escuchar lo que sucede en el entorno de su interlocutor, presione o no este el botón necesario. La mejor de estas incoherencias, no obstante, llega en el desenlace del film, y tiene que ver con el excepcional don de la secuestrada novia del protagonista para modificar el comportamiento de los escualos a través de la telepatía. Y es que si, como se dice, semejante habilidad solo se le había conocido a su difunto padre, no se explica que, llegada la conclusión de la película, el consejo de sabios de su poblado pueda instruir a la ya rescatada joven en el arte de “llamar a los tiburones”.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on octubre 11, 2017 at 6:27 am  Dejar un comentario  

Asalto a la corona de Inglaterra

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Título original: Come rubare la corona d’Inghilterra

Año: 1967 (Italia)

Director: Sergio Grieco [acreditado como Terence Hathaway]

Productor: Edmondo Amati

Guionistas: Vincenzo Flamini, Dino Verde

Fotografía: Tino Santoni

Música: Piero Umiliani

Intérpretes: Roger Browne (Sir Reginald Hoover / Argoman), Dominique Boschero (Regina Sullivan / Jenabell), Eduardo Fajardo (Shandra), Nadia Marlowa (Samantha), Nino Dal Fabbro [acreditado como Richard Peters] (inspector Lawrence), Edoardo Toniolo [acreditado como Edward Douglas] (inspector Martini), Andrea Bosic (almirante Durand), Tom Felleghy (general Headwood), Frank Richardson (ministro), Lawrence Mills, Dario De Grassi (ayudante del inspector Lawrence), Mirella Pamphili, Mimmo Palmara [acreditado como Dick Palmer] (Kurt, esbirro de Jenabel), Fulvio Mingozzi, Alberto Plebani, Ferruccio Viotti (General)…

Sinopsis: El robo de la corona de San Eduardo, joya conservada en la Torre de Londres, es el inicio de una demostración de poder de la autonombrada “La reina del mundo”, quien exige que se le entregue el Muradoff, un gigantesco diamante de asombrosas propiedades. Para la investigación del caso, Scotland Yard buscará la ayuda de Sir Reginald Hoover, un prestigioso criminólogo tras el que se esconde, en realidad, el superladrón conocido como Argoman.

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Asalto a la corona de Inglaterra supone la primera y única aventura de Argoman, uno de los superhéroes surgidos durante la moda por este tipo de personajes vivida en el cine popular europeo a mediados de los sesenta. Al igual que el resto de sus congéneres creados ex profeso para su desembarco en la gran pantalla, Argoman y la cinta que lo alberga funciona antes por la acumulación de ingredientes tomados de distintos referentes que por cualquier otro rasgo de originalidad. De ellos, el más evidente, al menos a primera vista, son las reminiscencias que su concepto arroja para con las constantes del ciclo de adaptaciones de populares fumetti que acometiera por aquella misma época la industria italiana, en títulos como Satanik, La máscara de Kriminal o Mister X. Con estos comparte el perfil amoral de su enmascarado protagonista, un supercriminal que se vale de sus poderes telequinéticos para llevar a cabo fabulosos robos, si bien en esta oportunidad ponga sus habilidades al servicio de la ley y el orden con el fin de abortar los planes de Jenabell, la autoproclamada “reina del mundo”, una colega (y amante) que amenaza con acabar con la estabilidad económica de Occidente si no son satisfechas sus demandas.

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La presencia de una megalómana villana con planes de dominación mundial pone de relieve la influencia ejercida en el conjunto por el cine de euroespías, algo, por otra parte, bastante común en este tipo de productos y que aquí es determinada desde un primer momento por la elección para el personaje principal de un actor tan recurrente dentro del spionistico como Roger Browne. Quizás por ello Argoman herede de los sosias de James Bond que su intérprete diera vida en Operación Mogador, Supersiete llama al Cairo o El gran dragón, espía invisible, entre otras, su carácter mujeriego, hasta el punto de que su único punto débil resida en sus encuentros íntimos con elementos del sexo contrario, momento tras el que pierde sus poderes por un periodo de seis horas. Así se lo recuerda constantemente su sirviente hindú Shandra, al que presta sus facciones nuestro Eduardo Fajardo, suerte de sosias del fiel Alfred de Bruce Wayne, en uno de los varios puntos en común existentes entre nuestro protagonista y Batman. De este modo, también Argoman en su vida pública es un multimillonario, en su caso un eminente criminólogo llamado Sir Reginald Hoover, que presta su ayuda a Scotland Yard, mientras que la coreografía de las escenas de lucha, en las que los rivales del protagonista salen despedidos al más mínimo contacto con este, remite de forma inequívoca al peculiar estilo acuñado por la coetánea serie televisiva sobre Batman protagonizada por Adam West.

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Además de beber de las fuentes típicas del estilo, la película tampoco pierde la ocasión de emular a algunos de sus más ilustres congéneres, de forma tanto explícita como implícita. Sin ir más lejos, las apariciones de la protagonista femenina, encarnada por la francesa Dominique Boschero, se erige en un auténtico desfile de modas, siguiendo lo visto en Barbarella, similitud que es acentuada por el parecido que el modelito que viste Jenabel durante su primer encuentro sexual con Sir Reginald tiene con uno de los lucidos por Jane Fonda en el film dirigido por su entonces marido, Roger Vadim. Precisamente, en esta misma escena se localiza un plano sospechosamente parecido a una de las imágenes más icónicas del Diabolik de Mario Bava; aquella en la que la pareja formada por Diabolik y Eva Kant (o lo que es lo mismo, John Phillip Law y Marisa Mell) son mostrados en vista cenital abrazados sobre una cama redonda, sustituyendo los billetes de dólares que cubren el cuerpo de los amantes en el plano original emulado por una manta atigrada. Por otra parte, siguiendo el canon impuesto por la interpretación que Louis de Funes hiciera del inspector Juve en la coetánea trilogía sobre Fantomas dirigida por André Hunebelle, no falta el paródico jefe de policía estúpido e inepto que funciona como contrapunto del supercriminal, y que es servido además por partida doble, siendo uno de ellos, para más inri, miembro de la policía francesa.

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Dentro pues del perfil formulario y derivativo que preside la propuesta, su aspecto más novedoso se encuentra en su intento por subirse al carro del cine sobre atracos perfectos que pusiera de moda un par de temporadas antes dentro de la industria italiana el film del antiguo actor Marco Vicario 7 hombres de oro. Una pretensión que tiene su muestra más significativa en el título escogido por sus responsables para bautizar la película, tanto por su alusión a la ejecución de un robo (en la práctica secundario dentro del desarrollo de la trama)[1], por cuanto la omisión en la denominación escogida del nombre de su superhéroe protagonista se aleja de lo que era norma entre el resto de integrantes del estilo. Debido a ello hubo incluso en algunos países, como en la propia Italia o España, en los que se optó por eliminar del cartel publicitario de la película cualquier referencia a la naturaleza superheroica del protagonista, con el evidente objetivo de hacerla pasar por una película de atracos perfectos al uso. Por cierto que, a tenor de lo expuesto, no se puede descartar que el constante cambio de vestuario que el personaje de la Boschero lleva a cabo a cada nueva aparición no se mire tanto en el pase de modelos ejecutado por Jane Fonda en Barbarella como apuntábamos antes, y lo haga, en realidad, en el protagonizado dos años antes por Rossana Podestà en la citada 7 hombres de oro.

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Si en sus aspectos, llamémosles, ornamentales, Asalto a la corona de Inglaterra no resulta demasiado original, lo mismo ocurre con sus modos narrativos. A grandes rasgos, su planteamiento pasa por repetir la receta recurrente en esta clase de productos. Es decir, una fotografía colorista, una estética kitsch, un ingenuo erotismo y un apreciable sentido del delirio, en su caso si cabe más acentuado. Nada nuevo, como cualquier conocedor del estilo podrá apreciar, pero que aquí destaca por la rara eficacia con la que es plasmada en imágenes. A conseguirlo contribuye una apreciable holgura de medios bastante por encima de la media, y que, junto al ya comentado desfile de modas de la Boschero, tiene su mejor reflejo en los trabajados decorados de la guarida de Argoman y su rival y amante. Pero, sobre todo, por la realización del firmante como Terence Hathaway, esto es, Sergio Grieco, uno de los mejores y más dúctiles artesanos con los que contó el cine italiano en el periodo, como atestigua su responsabilidad en cintas tan reivindicables como La regina dei tartari.

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Cierto es que su trabajo no se encuentra libre de defectos. Por ejemplo, es evidente que para ilustrar la supervelocidad de Argoman se recurre a acelerar la imagen, y su desarrollo argumental cae en no pocas incongruencias, de las que sobresalen las contradictorias propiedades que se dan al fantacientífico ingenio de turno que persigue la villana como medio para conquistar el mundo, el Muradoff, un gigantesco diamante que en un primer momento se dice que al proyectar cualquier luz sobre un objeto convierte a este maleable, ya esté compuesto de acero o de cualquier otra aleación, pero que, sin embargo, es empleado por Jenabel para dotar de vida a una legión de autómatas y hacerse con la voluntad de importantes personalidades. Eso por no hablar de la fuerte carga sexista de la que hace gala el conjunto y que, medio siglo más tarde, hará palidecer a los sufridos defensores de lo políticamente correcto –cf. sir Reginald eligiendo en un monitor televisivo entre un catálogo de bellezas con cuál de ellas va a darse un revolcón; la sorpresa que manifiesta al descubrir que es una mujer la que conduce el aerodeslizador que se encuentra frente a su casa; o, en fin, el método que utiliza para despistar al guardia que protege el camión al que pretende subirse, haciendo que su elegida “novia” se pasee semidesnuda frente al hombre–, por más que el concurso de los dos últimos elementos enumerados sean más achacables a la labor de los guionistas que a la realización de Grieco.

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Sea como fuere, tales imperfecciones son compensadas por las virtudes que atesora su realización, singularizadas por la homogeneidad de la que dota al conjunto pese a partir de ingredientes tan variopintos, la plasticidad y gusto que exhibe su composición de encuadres, y el sentido del ritmo que se deriva de la influencia ejercida a diferentes niveles por los viejos seriales, detectable tanto a niveles dramáticos, mediante la articulación de una trama episódica, como escénicos, con la invocación de varios momentos arquetípicos del formato, caso de la secuencia en la que Argoman corre por la parte superior de un tren en marcha, o aquella otra en la que libera a su maniatada novia de las garras de un robot gigante. Tampoco puede olvidarse un agradecido tono ligero y desenfadado que bascula entre lo (auto)irónico y lo sarcástico, patente en muchos de los ejemplos ya comentados, y que, junto a lo apuntado, hacen que el visionado de Asalto a la corona de Inglaterra se siga con simpatía, agrado y divertimento, en parte por el encanto naif que emana de sus imágenes, potenciado por el pegadizo tema principal a base de dabadas típicamente sixties de la banda sonora compuesta por Piero Umiliani.

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A modo de despedida, no podemos ppr menos que terminar llamando la atención sobre un par de singularidades. La primera alude al parecido que el traje de Argoman mantiene con el del marveliano Cíclope, en especial por el análogo visor que cubre sus ojos, circunstancia esta, no obstante, que con los datos en la mano se antoja fruto de la más pura casualidad. Creado por Jack Kirby y Stan Lee, el personaje de cómic haría su primera aparición en el número 1 de (The Uncanny) X-Men, publicado en septiembre de 1963, por lo que, dada la cercanía temporal y la lejanía geográfica, parece bastante improbable que los responsables de la película pudieran tenerlo en cuenta a la hora de diseñar el traje de su superhéroe, sobre todo si tenemos en cuenta que las aventuras de los X-Men no comenzarían a publicarse en Italia hasta comienzos de los años setenta. La otra curiosidad tiene que ver con la existencia de un prólogo en el que se narra un hecho mencionado posteriormente un par de veces durante el relato: el fusilamiento de Argoman a manos del ejército chino. Un fragmento incluido en algunas copias anglosajonas pero, sorprendentemente, ausente del montaje italiano, que es asimismo el que tradicionalmemte se a distribuido comercialmente hablando en nuestro país.

José Luis Salvador Estébenez

[1] A este respecto no se puede pasar por alto el parecido nada casual que su título original tiene con el que recibió en Italia la comedia de robos de William Wyler de un año antes Cómo robar un millón y…, Come rubare un milione di dollari e vivere felici. Una circunstancia que , dicho sea de paso, se dio en al menos otras dos películas italianas de ese mismo 1967, caso de la coproducción con España Cómo robar un quintal de diamantes en Rusia, derivada en Come rubare un quintale di diamanti in Russia, y de Come rubammo la bomba atómica, parodia de Franco Franchi y Ciccio Ingrassia dirigida por Lucio Fulci.

Sitges 2017 acogerá el estreno mundial de “La Zona”, una serie original de Movistar+

Un año más, Movistar+ va a convertir el Festival de Sitges en su mejor escaparate de cine y series de género, con una programación que se desvelará próximamente. De este modo, el cincuenta aniversario del certamen acogerá el estreno mundial de La Zona, un proyecto original de Movistar+ firmada por Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo –creadores de la aclamada serie Crematorio– y protagonizado por Eduard Fernández, Álvaro Cervantes, Alba Galocha, Alexandra Jiménez, Manolo Solo y Emma Suárez, entre otros.

El argumento de La Zona se sitúa tres años después del accidente del reactor nuclear que devastó una región del norte de España, cuando el inspector Héctor Uría vuelve al servicio tras ser el único superviviente del primer grupo que acudió en socorro de la central. La aparición de un hombre brutalmente asesinado en la Zona de Exclusión le arrastrará a una investigación que pondrá en cuestión el nuevo orden establecido en el mundo surgido tras la catástrofe.

“Podríamos decir que La Zona plantea un presente distópico en el que la acción es contemporánea y transcurre en un entorno hiperrealista, cercano a nuestra realidad”, comenta Jorge Sánchez-Cabezudo. “Nos planteamos traer el mundo de Chernóbil o Fukushima a un escenario local. Un entorno cotidiano en el que, después de un accidente, las reglas y los roles sociales se dan la vuelta. Sobre ese universo que se genera, planteamos un thriller policiaco”.

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La serie, rodada en su totalidad en localizaciones exteriores de Asturias y Madrid, se estrenará en Movistar+ el próximo 27 de octubre, con una primera temporada formada por ocho capítulos de cincuenta minutos de duración cada uno.En Sitges se estrenará el piloto.

Más información: www.sitgesfilmfestival.com

Published in: on agosto 24, 2017 at 5:38 am  Dejar un comentario  
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Sharknado 5: Aletamiento global

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Título original: Sharknado 5: Global Swarming

Año: 2017 (Estados Unidos)

Director: Anthony C. Ferrante

Productor: David Michael Latt

Guionista: Scotty Mullen basado en los personajes creados por Thunder Levin

Fotografía: Ryan Broomberg

Música: Christopher Cano, Chris Ridenhour

Intérpretes: Ian Ziering (Fin), Tara Reid (April), Cassandra Scerbo (Nova), Billy Barratt (Gil), Yanet Garcia (Chara), Porsha Williams (Andromeda), Chris Kattan (primer ministro), Doug Censor Martin (Jack, piloto de hélicoptero), Clay Aiken (Llewelyn), Samantha Fox (Sra. Moore), Jeff Rossen, Kate Garraway, Charlotte Hawkins, Laura Tobin, Louie Spence (Calvin), Katie Price (Connery), Bret Michaels, Tom Daley, Charo (la reina de Inglaterra), Shel Rasten (Prince), David Naughton (embajador Kessler), Lucy Pinder (embajadora de Suecia), Jena Sims (celegada de la OTAN Lee), Ross Mullan (Dr. Wobbegon), Nichelle Nichols (secretario general Starr), Casey Batchelor (Lady Anne), Luisa Zissman (duquesa), India Thain (Dottie), Noush Skaugen (Helga), Abby Lee Miller (Dr. Bramble), Geraldo Rivera (Dr. Angel), Sasha Cohen (patinadora de hielo), Liliana Nova (Svetlanda), Gus Kenworthy (Skier), Cody Linley (Matt), Russell Hodgkinson (Steven), Anthony C. Ferrante (Dundee), Karl Stefanovic, Lisa Wilkinson, Claudia Jordan (Ursa), Olivia Newton-John (Orion), Chloe Lattanzi (Electra), Masiela Lusha (Géminis), Spencer Matthews (marinero Dan), Caprice Bourret (Polaris), Tony Hawk, John Hennigan (Rodolfo), LaChelle Hunt (Piscis), Greg Louganis (Zico), Victor Lamoglia (Bernard), Tiffany Pollard (Vega), Nathalie Odzierejko (Nicola), Marc Jarousseau (Claude), Downtown Julie Brown (Consejero), Fabio (Papa), Margaret Cho (Simone), Jai Rodríguez (Peter), Audrey Latt, Brady Latt, Moise Latt, Shin Kinoshita, Cat Greenleaf, Dan Fogler, Kathie Lee Gifford, Al Roker, Hoda Kotb, Benjy Bronk (Howard Beale), Yoshie Morino (Jasmine), Bai Ling (Mira), Gilbert Gottfried (Ron Mcdonald), Edward Grimes (Cameron), John Grimes (Mick), Oliver Kalkofe, Peter Rütten, Olli Schulz, Jan Delay, Stefan Sandrock, Linda Zervakis, Dietmar Wischmeyer, Sarah Knappik, Bela B., Joko Winterscheidt, Klaas Heufer-Umlauf, Oliver Welke, Tim Mälzer, Rob Vegas, Markus Lanz, Ingrid Van Bergen, Dieter Nuhr, Thomas Koschwitz, Julia Gámez Martin, Simone Panteleit, Sascha Vollmer, Dolph Lundgren (Gil adulto), Ana Florit, Andi Royer, Caroline Dillon, Courtney Quod, Diana Latt, Jennifer Quod, Jess Park, Kendall Anlian, Lisa Pirro, Madyson Hayes, Maeve Harris, Maria Cardoza, Michael Hardman, Sandy Latt, Sara Ann Fox, Sheila Goldfinger, Susee Villasenor, Tammy Klein, Veronica Palominos (hermanas del Sharknado), Kevin Matadeen, Raj Awasti, Des Barron, Benny Bereal, Kishore Bhatt, Barbara Cunningham, Daniel Eghan, James Heron, Paul O’Kelly, Jag Patel, Anthony Rogers, Elena Valdameri…         

Sinopsis: Con gran parte de Estados Unidos en ruinas, el resto del mundo espera un sharknado global. Durante su visita a Londres, Fin Shephard y su familia se ven envueltos en uno de estos sharknados, en el que el más joven de sus hijos queda atrapado en un “viajenado”. Junto con su mujer biónica April, Fin recorrerá todo el mundo para rescatar a su pequeño.

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A cinco años vista desde su sorpresiva irrupción, resulta incuestionable el alcance mediático que a estas alturas disfruta la saga Sharknado. Lo que en un principio se antojaba una moda pasajera fruto de la más simple casualidad, ha conseguido mantenerse en el tiempo hasta lograr la categoría de fenómeno, en gran parte gracias a las calculadas campañas de marketing con las que sus responsables han sabido capitalizar su tirón popular y rodear el lanzamiento de cada nueva secuela. De este modo, el estreno de cada nueva entrega, siempre coincidiendo con la época veraniega, se ha convertido en poco menos que una cita obligatoria que es esperada con curiosidad, cuando no expectación, por un nutrido grupo de espectadores para comprobar qué nuevas barrabasadas van a deparar las aventuras vividas por los Shepard en su lucha contra los sharknados. Y eso que, a decir verdad, cada secuela de la franquicia viene a ser más de lo mismo, como en principio demuestra su quinta parte, Sharkanado 5: Aletamiento global, estrenada el pasado 6 de agosto en los Estados Unidos.

SHARKNADO 5 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Yana Blajeva/Syfy)

Dirigida una vez más por Anthony C. Ferrante, realizador de las cuatro anteriores entregas, sobre el papel su contenido se ajusta a lo ya esperado. A grandes rasgos se trata de repetir la fórmula acuñada por la saga a lo largo de este tiempo, consistente en una itinerante trama que sigue los esfuerzos del matrimonio formado en la ficción por Ian Ziering y Tara Reid por reencontrarse con alguno de sus familiares, mientras hacen frente a los efectos del huracán de tiburones asesinos, y que les lleva de localización emblemática a localización emblemática, dentro de una concepción espacial poco menos que de reportaje turístico. Si en anteriores ocasiones el sharknado azotó Los Ángeles, Nueva York, Washington, la Costa Oeste o, incluso, el espacio, esta vez su argumento recorre medio mundo, desde Londres a Tokio, pasando por Río, Suiza o Roma.

Sharknado 5: Global Swarming - Season 2017

Esta evidente potenciación a la que es sometida el número de ambientaciones empleadas, según esa máxima imperante dentro de la industria que dice que cada nueva secuela de una franquicia debe multiplicar los rasgos característicos de las anteriores entregas, es continuada por la cantidad de cameos que se dan cita en su metraje, tan numerosos que acaban por erigirse en el principal leitmotiv del desarrollo del film. Es decir, antes que responder a una mínima evolución lógica de los acontecimientos, la evolución narrativa es supeditada en todo momento a facilitar la aparición del mayor número de famosetes como sea posible, aunque en su mayoría resulten desconocidos más allá de los Estados Unidos[1] (o de Alemania, ya que en sintonía con la globalización de la propuesta, en esta ocasión hay también varias apariciones especiales de presentadores de la televisión germana). Lo mismo ocurre con la participación de viejas glorias cinematográficas en horas bajas que inaugurara en la anterior entrega David Hasselhoff dando vida en la ficción al padre de Ian Ziering, y que aquí comprende el concurso de Olivia Newton-John y un Dolph Lundgren en una aparición no publicitada por motivos que no desvelaremos.

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Sin embargo, dentro del perfil eminentemente continuista que maneja la propuesta, encontramos también varias novedades. A ello no es ajeno el que por primera vez en la historia de la franquicia el guion no haya corrido por cuenta de Thunder Levin, cuyo puesto ha sido ocupado por Scotty Mullen. Un cambio que ha servido para aportar savia nueva a esta secuela con respecto a sus predecesoras. Si bien los guiños y referencias a famosos films no era algo inédito en las anteriores entregas, Mullen ha sabido fomentar este componente hasta adquirir entidad propia dentro de la ecuación comentada, lo que por otra parte resulta de lo más consecuente viniendo de una producción de la Asylum, famosa por sus descarados plagios de los principales blockbusters hollywoodienses de cada temporada. En busca del arca perdida o Regreso al futuro son algunos de los títulos emblemáticos visitados y/o parodiados a lo largo de un film que participa así en la nostalgia por el cine ochentero que parece dominar gran parte de la producción fantástica actual.

SHARKNADO 5 -- Pictured: (l-r) -- (Photo by: Simon Mein/Syfy)

No obstante, quizás consciente de los evidentes síntomas de agotamiento y repetición que viene manifestando la fórmula en la que se apoya el invento, la principal aportación de Mullen se encuentra en su intento de crear una mitología propia para la franquicia, con la inclusión de hermandades, piedras mágicas, agujeros de gusano y otros ingredientes por el estilo que, aunque apenas desarrollados, además de potenciar el tono delirante del conjunto abren la puerta a nuevas vías temáticas que permitan la renovación de la saga de cara a futuras secuelas. Modestas mejoras, en cualquier de los casos, incapaces de elevar por sí solas el nivel medio del film -misión casi imposible a la vista de la nulidad de la puesta en escena de Ferrante y el pobre acabado de sus efectos infográficos-, pero que al menos hace que el visionado de este Sharknado 5 sea algo más llevadero que el de sus predecesoras.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Buena muestra de ello es la presencia dando vida a la reina de Inglaterra de nuestra compatriota Charo Baeza, ex-mujer de Xavier Cugat y toda una celebrity en los Estados Unidos, a pesar de que en su país de origen sea prácticamente una desconocida.

Published in: on agosto 18, 2017 at 5:52 am  Dejar un comentario  

King Kong 2

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Título original: King Kong Lives

Año: 1986 (Estados Unidos)

Director: John Guillermin

Productor: Martha De Laurentiis

Guionistas: Steven Pressfield, Ronald Shusett, según los personajes creados por Merian C. Cooper, Edgar Wallace

Fotografía: Alec Mills, Peter MacDonald [no acreditado]

Música: John Scott

Intérpretes: Peter Elliott (King Kong), George Antoni [acreditado como George Yiasomi] (Lady Kong), Brian Kerwin (Hank Mitchell), Linda Hamilton (Amy Franklin), John Ashton (coronel Nevitt), Peter Michael Goetz (Dr. Andrew Ingersoll), Frank Maraden (Dr. Benson Hughes), Alan Sader, Lou Criscuolo (doctores de la facultad), Richard Rhodes, Larry Souder, Ted Prichard, Jayne Gray, Debbie McLeod, Elizabeth Hayes (reporteros), Marc Clement, Nat Christian, Mac Pirkle, Larry Sprinkle (periodista), Rod Davis (reportero de televisión), David de Vries, Bonnie Johnson [acreditado como Bonnie Cook], J. Michael Hunter (técnicos), Robin Cahall (Mazlansky), Don Law, Jack Maloney, Jimmie Ray Weeks (mayor Peete), Jeff Benninghofen, Jim Grimshaw (sargento), Bernard Addison, Michael McClendon, Jimmy Wiggins, Mary Swafford (novios), Michael Forest (Vance), Leon Rippy, Wallace Merck, Dean Whitworth, Herschel Sparber (cazadores), Dandy Stevenson, Lydia Smith, Hope Nunnery, Margaret Freeman, Winston Hemingway, Tom Parkhill, Jeffrey Buckner Ford, Derek Pearson, Gary Kaikaka, Duke Ernsberger, Mike Starr, Shannon Rowell, Michael Bard Bayer, Jeff Bridges (Jack Prescott), Benjamin Kechley (hijo de Kong), Scott King, Jessica Lange (Dwan), Eddy Schumacher, Matt Totty…

Sinopsis: Tras caer abatido en el World Trade Center, King Kong ha permanecido en coma durante los últimos diez años, gracias a las modernas técnicas de un equipo de científicos de Atlanta, dirigidos por la doctora Amy Franklin. Para salvarle la vida necesitan efectuarle una transfusión, sin que exista un animal que tenga un plasma compatible con el suyo. En Borneo, un aventurero llamado Hank Mitchell caza a un ejemplar de hembra de gorila gigante, trasladándolo a Atlanta. Una vez despierta de la operación, Kong siente la presencia de la gorila, por lo que va a buscarla, huyendo juntos a un bosque cercano. La doctora Franklin y Hank Mitchell salen tras ellos para evitar que las autoridades, alarmadas, puedan destruirlos.

King Kong 2, titulada en su versión original como King Kong Lives, supone la tardía continuación del remake que en 1976 orquestara Dino de Laurentiis del clásico dirigido por Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. A pesar de que la realización de esta segunda parte estuvo siempre en la mente del productor italiano, dado el óptimo rendimiento monetario conseguido por su mastodóntica visión de la octava maravilla del mundo, la cual, a decir de algunas fuentes, triplicó en taquilla su presupuesto, tuvieron que pasar diez años hasta que finalmente llegó a cristalizar el proyecto. Quizás por ello, la cinta que nos ocupa arranca con un resumen del desenlace de su predecesora, a modo de recordatorio de cara al público de su condición de secuela de aquella exitosa película. No obstante, en contra de lo mostrado por este prólogo, la siguiente escena nos informa que Kong no murió ametrallado en el World Trade Center, sino que ha pasado la última década en estado de coma, a la espera de un donante compatible que permita hacerle una transfusión sanguínea con el fin de transplantarle un nuevo corazón artificial. Tan delirante premisa es solo el primero de los disparates en los que incurre una película mala de solemnidad.

En su descargo habrá que decir que su producción resultó de lo más accidentada. Por un lado, su director, John Guillermin, que ya se había encargado de la primera entrega, no se encontraba en las mejores condiciones tras haber sufrido la pérdida de su hijo durante el rodaje de su anterior película, Sheena, adaptación al medio del homónimo personaje nacido para la viñeta, hasta el punto de que, según parece, en ocasiones abandonaba el set para ir a comer y no regresaba hasta el día siguiente. Para colmo de males, su relación con el resto del equipo, sobre todo el técnico, fue muy tirante, lo que tampoco facilitó el ambiente de trabajo, a lo que se le sumó el cambio del director de fotografía original, Peter MacDonald, por su colega Alec Mills, tras sufrir un ataque de apendicitis. Por otra parte, la película se vio afectada desde un principio por problemas presupuestarios que obligaron a que el planteamiento original tuviera que ser simplificado. El rodaje en localizaciones brasileñas y jamaicanas inicialmente previsto fue cancelado, eliminándose también varias escenas de efectos que requerían de un fuerte desembolso económico.

Qué duda cabe que todos estos condicionantes acabaron por afectar de un modo u otro al producto resultante. Es posible que las aludidas restricciones presupuestarias influyeran en la pobreza que arroja el acabado de los efectos especiales, merecedores de una nominación en los mediáticos Razzies, en especial en lo concerniente a los trajes empleados para dar vida a los simios, a años luz de los que Rick Baker se enfundara diez años antes, incapaces de disimular en pantalla la sensación de que los gigantescos gorilas se tratan, en realidad, de actores disfrazados. Lo mismo puede aplicarse al exagerado uso que se hace del brazo articulado a tamaño natural de Kong construido por Carlo Rambaldi para el film anterior. E, incluso, estos mismos motivos llegarían a explicar el porqué del esquematismo de una trama articulada a partir de las idas y venidas del gran simio y su descubierta congénere femenina mientras huyen del ejército estadounidense, poblada por personajes unidimensionales y cuya evolución obedece en todo momento al capricho de los guionistas y nunca a la lógica marcada por la sucesión de los acontecimientos. Sin embargo, aún siendo benévolos, todos los problemas padecidos durante el rodaje no sirven para justificar por sí mismos los muchos defectos que se agolpan a lo largo de un film cuyo visionado transita entre el estupor y la carcajada.

Más allá de lo apuntado, el principal problema de King Kong 2 reside en la total disonancia que se establece entre el tono de la realización con el buscado por el guion. Escrito al alimón por el entonces debutante Steven Pressfield y Ronald Shusett, en cuyo haber figuran Alien, el octavo pasajero o Desafío total, el libreto parece remitir a un registro ligero, cuando no humorístico, acorde con la concepción familiar que evidencia el producto. Así lo atestigua la desopilante descripción que el villano de la historia, el coronel Nevitt, da a sus hombres sobre el par de primates a los que tienen que capturar: “miden unos quince metros de alto y van como vinieron al mundo.” En cambio, la teórica comicidad que desprenden diálogos como este es pasada por alto por la, ya de por sí, poco inspirada puesta en escena de un Guillermin que apuesta en todo momento por adoptar una óptica seria, lo que no le libra de brindar no pocos instantes que solo pueden ser tachados de ridículos. Entre los muchos ejemplos que podríamos poner en este sentido, destacan por derecho propio las secuencias en la que se muestran los flirteos amorosos entre Kong y su amada, en la que los dos gorilas se comportan como si de dos quinceañeros humanos se tratara, sin olvidar la sonrojante escena del parto del hijo de ambos, que en su intención de ser emotiva acaba por resultar hilarante.

Pero por más que su trabajo en última instancia evidencie las dificultades del veterano realizador inglés para adaptarse al tratamiento intergenérico, con su peculiar mezcla de romance, acción y comedia, que se había impuesto en las superproducciones hollywoodienses a comienzos de los ochenta a raíz de los éxitos cosechados por Steven Spielberg y George Lucas, sería injusto culpabilizar al director de El coloso en llamas en solitario de los desastrosos resultados que arroja la película. Máxime, cuando ninguno de los principales apartados implicados consiguen salvarse de la quema. Antes al contrario, ni siquiera lo hace la sección interpretativa, comenzando por la falta de química y carisma demostrada por su pareja protagonista, compuesta por una Linda Hamilton recién salida de Terminator, y el habitualmente secundario Brian Kerwin, quien da vida al aventurero que captura en Borneo a la compañera de Kong, personaje este en el que no es difícil percibir la influencia ejercida por Indiana Jones, en uno de esos rasgos exploits tan característicos de las producciones de De Laurentiis. En este sentido se antoja bien indicativo que en los títulos de crédito finales los nombres de las dos supuestas estrellas queden relegados em segundo término por detrás del de los desconocidos especialistas que dan vida a la pareja de simios.

Como no podía ser de otra forma a la vista de este panorama, King Kong 2 cosecharía un estrepitoso fracaso en taquilla en su momento de estreno. Con un presupuesto estimado que oscila entre los diez y los veinte millones de dólares dependiendo de la fuente consultada, recaudaría menos de cinco durante su estreno en los Estados Unidos, acaecido en las navidades de 1986, permaneciendo inédita en salas comerciales de mercados tan potentes como el Reino Unido. Ni qué decir tiene que semejante rendimiento económico esfumó la idea de rodar esa nueva entrega protagonizada por el hijo de Kong que dejaba entrever el desenlace de la cinta, afectando también a algunos de sus principales implicados. Es el caso de John Guillermin que, casualidad o no, a sus sesenta años no volvería a rodar nunca más para la gran pantalla, dirigiendo únicamente a continuación el telefilm Perseguido en Arizona (The Tracker, 1988), un par de años más tarde.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on agosto 11, 2017 at 6:16 am  Comments (1)  
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“Guardianes de la galaxia vol. 2” será lanzada en formato doméstico en España a finales de agosto

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Guardianes de la galaxia vol. 2  llegará a los hogares españoles en formato doméstico el próximo 30 de Agosto en varias versiones disponibles: DVD, Blu-ray, Blu-ray 3D y Steelbook. En compra digital, por su parte, estará disponible a partir del próximo 18 de agosto. Asimismo, el mismo 30 de agosto se lanzará un pack Blu-ray compuesto por las dos películas que componen la saga por el momento.

La edición en formato doméstico de Guardianes de la galaxia vol. 2  se anuncia con más de ochenta minutos de material exclusivo nunca antes visto, con behind-the-scenes, un original video protagonizado por David Hasselhoff y el reparto de la película, tomas falsas, escenas eliminadas, y comentarios del director, James Gunn, entre otros numerosos extras.

Como es sabido, en esta nueva aventura Los Guardianes (Chris Pratt como Peter Quill/Star-Lor, Zoe Saldana como Gamora, Dave Bautista como Drax, Vin Diesel como la voz de Groot, y Bradley Cooper como Rocket) deben luchar para mantener a su nueva familia unida, a la vez que resuelven el  misterio de quién es el verdadero padre de Peter Quill. Los viejos enemigos se convierten en nuevos aliados y los personajes favoritos de los cómics clásicos se convierten en una ayuda fundamental para nuestros héroes, a la par que el universo cinemático de MARVEL sigue creciendo.

Contenido extra de las ediciones en alta definición:

  • Cómo se hizo Guardianes de la Galaxia vol. 2: Una mirada al behind-the-scenessiguiendo el estilo de un álbum de rock clásico. (37min 32seg) (Audio: Inglés) (Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés codificado para sordos)
  • Videoclip de la canción “Guardians inferno”: Únete a David Hasselhoff y a otros invitados especiales para disfrutar de una fiesta retro dance galáctica. (3min 34seg) (Audio: Inglés)
  • Tomas falsas: Ríete con todas las tomas falsas que tuvieron lugar en el set de “Guardianes de la Galaxia Vol.2” con todos Guardianes favoritos. (3min 40seg) (Audio: Inglés) (Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés codificado para sordos)
  • 4 Escenas eliminadas: Disfruta del material que tuvo que ser eliminado de la película, incluyendo dos escenas extendidas y dos escenas eliminadas. (5min 2seg) (Audio: Inglés) (Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés codificado para sordos)
  • Comentarios en audio: Echa un vistazo a la narración especial de la película, realizada por el director, James Gunn, que guía a los fans a través del making ofde la película. (2h 15min 35seg) (Audio: Inglés) (Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés codificado para sordos)
  • Introducción visionaria de James Gunn: El director de la película, James Gunn, explica cómo cree que continuará la historia y las vidas de los personajes de “Guardianes de la Galaxia Vol.2”. (1min 38seg) (Audio: Inglés) (Subtítulos: Castellano, Portugués, Inglés codificado para sordos)
Published in: on agosto 9, 2017 at 6:05 am  Dejar un comentario  

El planeta de los tiburones

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Título original: Planet of the Sharks

Año: 2016 (Estados Unidos)

Director: Mark Atkins

Productor: David Michael Latt

Guionistas: Marc Gottlieb, Mark Atkins

Fotografía: Mark Atkins

Música: Kays Al-Atrakchi, Brian Ralston

Intérpretes: Brandon Auret (Dillon Barrick), Stephanie Beran (Dra. Shayne Nichols), Lindsay Sullivan (Dra. Roy Shaw), Lauren Joseph (Beatrice), Daniel Barnett (Moffat), Christia Visser  (Dra. Caroline Munro), John B Swart (Hideo Ishiro), Alex Anlos (Nathan Terry), Angie Teodora Dick (Joanne D’amato), Ryan-Wayde Hannival (Lookout), Zane Westermeyer (Butcher)…

Sinopsis: En un futuro próximo, el derretimiento de los glaciares ha cubierto el noventa y ocho por ciento de la superficie del planeta Tierra. Los tiburones han florecido y ahora dominan el planeta, operando como un sólido banco dirigido por un tiburón alfa mutado.

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No deja de tener su gracia que un telefilm de bajo presupuesto como el que nos ocupa tome como principal referente la ya lejana Waterworld (Waterworld, 1995), película que en su momento fuera la más cara de la historia y cuyo sonoro batacazo se llevara por delante la carrera de un Kevin Costner en el punto más álgido de su trayectoria. No obstante, pese a venir de una firma como la popular Asylum, que ha hecho de sus desvergonzados mockbusters –nombre utilizado para denominar a sus descaradas copias de los blockbusters del momento– una de sus principales divisas, El planeta de los tiburones (Planet of the Sharks, 2016) no representa una explotaition al uso del film dirigido por Kevin Reynolds. Por el contrario, la invocación de un futuro post-apocalíptico en el que la superficie del planeta es básicamente agua, obligando a los escasos supervivientes a habitar en plataformas flotantes, es empleado, únicamente, como una ambientación igual que pudiera serlo cualquier otra, con la que dar un toque de distinción a una propuesta que, en realidad, se enmarca en el filón de los films de/con tiburones, todo un subgénero en sí mismo y que, sobre todo a raíz del revuelo mediático despertado por Sharknado y sus secuelas, se ha convertido en el otro foco principal de la línea productiva de la firma norteamericana.

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De este modo, toda posible relectura que pudiera ofrecer la referida inspiración por parte de un telefilm de bajo presupuesto en uno de los más sonoros fracasos económicos cosechados por la todopoderosa industria hollywoodiense en las últimas tres décadas no va más allá de su mero enunciado; como tampoco lo hace la ocurrencia de bautizar a sus personajes con el nombre o los apellidos de ilustres personalidades de la Serie B clásica, caso de Caroline Munro, Joe D’Amato o Ishirô Honda. Una circunstancia que ilustra de forma prístina el que quizás sea el principal defecto de las producciones de la Asylum, a grandes rasgos.

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Convertida por antonomasia en la fábrica de cine malo actual, sus productos suelen partir de conceptos atractivos y/o sugerentes dentro de sus coordenadas, malgastados indistintamente por la incapacidad de sus responsables para aprovechar sus posibilidades, manufacturando cintas rutinarias e impersonales que, a pesar de su autoconsciencia, quedan lejos de ofertar las dosis de desenfadada diversión que cabría esperar a tenor de sus antecedentes. Frente a la capacidad de delirio, imaginación y falta de complejos de, pongamos por caso, el cine italiano de los años ochenta, con el que no por casualidad mantiene innegables puntos comunes, las películas de la marca norteamericana se limitan a completar el trámite con corrección técnica dentro de sus limitaciones y capacidades, pero sin abandonar la óptica seria, salvo en contadas ocasiones (y las pocas veces que lo ha intentado, verbigracia las secuelas de Sharknado, no ha destacado, precisamente, por la brillantez de su humor, digamos, voluntario), lo que termina por cortocircuitar esa jocosa carga paródica que, al menos en teoría, se erige en su principal aliciente.

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Como decimos, El planeta de los tiburones es una buena muestra de lo comentado. Véase al respecto cómo desaprovecha la pregunta obvia que se desprende de su planteamiento de base, y que no es otra de la de a dónde escapar en un mundo convertido en un inmenso océano ante los ataques de un grupo de tiburones. En lugar de eso, la película se limita a repetir el estilo narrativo acuñado por la Asylum y extensible al resto de la producción actual de telefilms de temática fantástica salvo honrosas excepciones, caracterizado por tramas intercambiables pobladas por personajes estereotipados y desarrolladas por medio de un esquema común que podría resumirse en los esfuerzos de los protagonistas por escapar de la amenaza que se cierne sobre ellos y su entorno, al tiempo que idean un plan con el que acabar con ella. Poco más. Puede que en el caso que nos ocupa la adopción de este tratamiento esté íntimamente ligado con el hecho de que el principal responsable de la propuesta sea Mark Atkins, uno de los más contumaces directores del formato, en especial debido a su activa labor dentro de la Aslyum, para la que ha realizado alrededor de una quincena de títulos en diez años, además de intervenir en otros tantos como director de fotografía, funciones ambas a las que aquí añade la coautoría del guion y el montaje.

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Pese a acumular esta experiencia o, precisamente, debido a ello, la puesta en escena de Atkins destaca por su falta de rigor, comenzando por la poco conseguida ambientación post-apocalíptica que luce la cinta, bien sea por las imágenes aéreas propios de un spot publicitario del moderno yate en el que viajan los protagonistas, sorprendentemente nuevo y reluciente para encontrarse en un ambiente post-apocalíptico, o por las indumentarias de los personajes, en los que los atuendos más o menos peculiares propios del estilo se entremezclan con ropa de calle actual totalmente impoluta.

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Todo el afán del cineasta, así las cosas, parece concentrarse en enfocar tanto tiempo como sea posible la generosa delantera de una de las protagonistas femeninas, dentro de una planificación formularia que, dejando a un lado ciertos instantes propios de un video sobre deportes acuáticos de riesgo, se encuentra supeditada en todo momento a la utilización del primer plano como principal recurso. En un primer momento, el porqué de tal práctica podría justificarse mediante el hecho de disimular las carencias de una escenografía recreada, básicamente, por medio de unos efectos realizados por ordenador bastante poco conseguidos. Sin embargo, tal suposición es pronto desmentida en vista del modo en que Atkins se regodea a la hora de mostrar elementos generados por CGI, algo especialmente patente en el concurso de la horda de tiburones, a los que no duda en mostrar detalladamente en toda su pobreza infográfica, lo que hace que en ningún momento puedan resultar creíbles, además de eliminar con ello cualquier vestigio de verosimilitud que pudiera aún tener la propuesta.

José Luis Salvador Estébenez

Published in: on agosto 4, 2017 at 5:40 am  Dejar un comentario