Hoy arranca la cuarta edición de CutreCon

Poster Final CutreCon IV

Desde hoy 29 de enero y hasta el próximo domingo 1 de febrero las películas más “cutres” del mundo tomarán la capital de España con la celebración de la cuarta edición de CutreCon, el Festival de Cine Cutre de Madrid. En total serán quince las películas proyectadas y divididas en diferentes ejes temáticos como la bruceploitation, la comedia gore con zombis o el cine de luchadores mexicanos, apartado este en el que se enmarca el estreno mundial de Aztec Revenge, la nueva película del legendario luchador azteca Mil Máscaras que cierra la triología escrita y producida por Jeff Uhlman que se iniciara con Mil Máscaras Vs. The Aztec Mummy (la cual también podrá verse a lo largo del certamen) y que continuara Academy of Doom.

En lo que supone un claro síntoma del asentamiento que comienza a disfrutar el festival madrileño, a sus habituales sedes del Auditorio del Centro Cultural Casa del Reloj y la sala Artistic Metropol, este año se le sumará el Cine de la Prensa, sito en el emblemático edificio del Palacio de la Prensa, en plena Gran Vía madrileña, y que acogerá la proyección de dos de los títulos más recientes y destacados de toda la programación: el encargado de inaugurar esta edición, Castores Zombis (Zombeavers) y Zombis Nazis 2. De entre el resto de los films seleccionados, el director del festival, Carlos Palencia, destacó en la rueda de prensa de presentación del pasado miércoles 21 títulos como Bruce Linito, una parodia filipina protagonizada por el “Bruce Lee” más pequeño del mundo, o Una noche para descuartizar, cinta montada íntegramente por sus responsables con tomas falsas y planos descartados ante la perdida del material original.

KUNG FU TON cartel

Como es habitual, un año más la CutreCon volverá a hacer entrega de su honorífico Premio Jess Franco, que en esta cuarta edición recaerá en Ramón Saldías, en reconocimiento a su imprescindible aportación al cine de artes marciales rodado en España, un subgénero que, por raro que parezca, cuenta con diversos exponentes dentro de la filmografía patria. Precisamente, a Saldías le cabe la particularidad de haberlo inaugurado con Kárate contra mafia, película que pondrá la guinda a la entrega del galardón en una versión digitalizada a partir de una copia en 35 milímetros, cortesía de la Filmoteca Canaria. El acto tendrá lugar en la jornada de clausura del domingo dentro de la denominada “Kung-Fu-Tón” que albergara Artistic Metropol, y que se completará con el pase de la ya mencionada Aztec Revenge, la aportación a la bruceploitation de Jesús Franco con La sombra del judoka contra el Doctor Wong y El dragón ataca, posiblemente la película más excéntrica de todo el festival a tenor de un argumento que enfrenta en el infierno a nada menos que Bruce Lee con toda una cohorte de personajes de la cultura popular entre los que se encuentran Popeye, Drácula, Emmanuelle, James Bond o el mismísimo Clint Eastwood.

Por último, con la intención de hacer aún más atractiva su propuesta, junto con la proyección de películas esta cuarta CutreCon llevará a cabo un apartado de actividades paralelas, protagonizada por la exposición organizada por los responsables de la casa Freakland, compañía especializada en la creación de merchandising de títulos de culto de la era del videoclub en los años 80. Dicha exposición se repartirá entre las diferentes sedes del festival. Así, mientras que el Cine de la Prensa y Metropol acogerán una colección de posters originales de filmes afines al espíritu de la CutreCon -algunos de ellos autografiados por sus directores-, el vestíbulo del Auditorio de la Casa del Reloj incorporará la muestra de originales de toda la línea de merchandising y coleccionables de Freakland, algunos de ellos ya fuera de catálogo.

Más información y programación completa en la web oficial del festival: http://cutrecon.com/
Published in: on enero 29, 2015 at 6:09 am  Dejar un comentario  

Superargo, el hombre enmascarado

Título original: Superargo, el hombre enmascarado / Superargo contro Diabolicus

Año: 1966 (Italia, España)

Director: Nick Nostro

Productores: Ottavio Poggi, Jaime Jesús Balcázar

Guionista: Jaime Jesús Balcázar según una historia de Mino Giarda

Fotografía: Francisco Marín

Música: Franco Pisano

Intérpretes: Ken Wood [Giovanni Cianfriglia] (Superargo), Gérard Tichy (Diabolicus), Loredana Nusciak (Compañera de Diabolicus), Mónica Randall (Lidia), Francisco Castillo Escalona (Coronel Alex Kinski), Emilio Messina, Valentino Macchi, Geoffrey Copleston, Giulio Battiferri, Artemio Antonini, Fortunato Arena, Bruno Arié, Enrico Chiappafreddo, Gilberto Galimberti, Veriano Ginesi, Amerigo Santarelli, Sergio Testori, Pietro Torrisi, Bruno Ukmar, Franco Ukmar…

Sinopsis: Tras matar de forma accidental a uno de sus rivales durante un combate, el campeón de lucha libre Superargo entra en una profunda depresión aquejado por la culpa. Preocupada por su situación, su esposa se pone en contacto con el coronel Kinski, antiguo compañero de armas de su marido y actual responsable de los servicios secretos. Reunidos los dos camaradas, Kinski propone a Superargo integrarse dentro de su organización para poner así su excepcional condición atlética y fortaleza física al servicio de la humanidad, a lo que éste accede entusiasmado. De inmediato, le es encomendada su primera misión: descubrir quién o quiénes se encuentran tras los robos de importantes cantidades de uranio producidos durante los últimos meses.

De entre la caterva de superhéroes nacidos a finales de la década de los setenta en el seno de la industria cinematográfica mediterránea, el nombre de Superargo destaca con luz propia por dos motivos. El primero de ellos es por ser, con permiso de Los tres Supermen, el único de estos aguerridos personajes que gozaría de cierta continuidad, protagonizando un total de dos películas producidas con tan solo doce meses de diferencia y realizadas por directores distintos. Y el segundo, por encarnar los que serían los cuatro principales referentes de este tipo de productos, según la acertada enumeración que Jesús Parrado estableciera en su artículo “Europa en mallas”, aparecido en el número 4-5 de la revista Quatermass (Astiberri Ediciones, Bilbao, 2002). A saber: los seudo-bonds, las adaptaciones de fumettis, el cine de luchadores mexicanos, y el cómic clásico norteamericano.

En efecto, todas y cada una de estas heterogéneas influencias son de lo más reconocibles en la que sería la primera aventura del personaje, Superargo, el hombre enmascarado / Superargo contro Diabolicus (1966) de Nick Nostro, en especial en lo concerniente a sus rasgos definitorios. De este modo, de las coetáneas traslaciones a celuloide de fummetos neros la película toma su estética psicodélica y colorista, reflejada en la competente fotografía de Francisco Marín, a la vez que mediante su título original italiano trata de emparentarse de forma poco disimulada con uno de los supercriminales del género, Diabolik, el cual, precisamente, sería llevado poco tiempo después a la gran pantalla por el gran Mario Bava. En cuanto a la herencia del cómic clásico norteamericano, ésta se deja notar en el diseño del traje del protagonista, muy similar al de The Phantom (conocido en España también como El Hombre Enmascarado) aunque en tonos escarlatas, así como por la remembranza que varios de sus detalles arrojan para con el Batman televisivo que por aquellas mismas fechas lanzara a la popularidad a Adam West.

Empero, por encima mismo de lo ya apuntado, son el spionístico y Santo, el enmascarado de plata, las principales fuentes de inspiración del título que nos ocupa. Al igual que el más famoso luchador del cine azteca, Superargo es un enmascarado campeón de lucha libre que en sus ratos libres se dedica a salvaguardar de forma desinteresada la paz y la libertad del mundo. Tan escueta premisa es desarrollada por medio de una prototípica trama que recorre sin sorpresas la práctica totalidad de los lugares comunes del cine de euroespías y que, a su modo, no es sino el enésimo remedo del esqueleto argumental de la fundacional Agente 007 contra el Doctor No (Doctor No, 1962). Tal es su fidelidad para con el esquema en que se basa que incluso llega a reproducir una escena tan típica de la saga sobre el personaje creado por Ian Fleming como es aquella en la que Q presenta a James Bond los diferentes gadgets con los que contará para llevar a cabo la misión encomendada; gadgets que en este caso comprenden artilugios tan delirantes como una aceituna de pega en cuyo interior se aloja un contador Geiger.

Sin embargo, tras estos parámetros puramente imitativos, Superargo, el hombre enmascarado esconde varios rasgos que difieren totalmente de lo visto en los modelos empleados. Por ejemplo, si la labor justiciera de Santo respondía a un carácter casi mesiánico, el que Superargo emprenda tal camino es consecuencia directa de los remordimientos producidos por haber matado en el ring de forma accidental a uno de sus rivales, lo que, aunque sea de un modo primario, dota al personaje de cierto perfil psicológico comparable al habituado en los superhéroes de la Marvel, o tal vez también al referido Batman. Siguiendo esta senda, el que en ningún momento se despoje de su atuendo reglamentario, ni siquiera en la intimidad del hogar, bien pudiera ser interpretado como fruto de un complejo de inferioridad de su auténtico yo, si no fuera por la soterrada ironía con la que está servida dicha circunstancia, tal y como constata la singular reacción del villano de la función y su turgente acompañante una vez hayan desenmascarado a éste fuera de plano.

Loredana Nusciak y Gerard Tichy dan vida a los dos villanos de connotaciones nacional-socialistas del film.

Loredana Nusciak y Gerard Tichy dan vida a los villanos de connotaciones nacionalsocialistas del film. Precisamente, el actor alemán afincado en España sirvió a las órdenes de III Reich durante la Segunda Guerra Mundial, llegando incluso a ser condecorado con la cruz de hierro.

No obstante, siendo sinceros hay que constatar que el que esta aludida carga irónica fuera del todo deliberada no queda bien clarificada. Por el contrario, más parece ser consecuencia de la misma ingenuidad que recorre buena parte del metraje de la cinta y que hace que el megalómano científico de turno no tenga el más mínimo inconveniente en relatar a su antagonista, a petición expresa de éste, sus planes para dominar el mundo. Pero lejos de resultar una rémora para el nivel general del conjunto, esta ingenuidad se antoja en sintonía con la sencillez y ligereza de una propuesta que, tanto por intenciones como por tono, se asemeja sobremanera a los seriales que protagonizaran personajes pulp como Flash Gordon, Buck Rogers y tantos otros.

Dicho planteamiento, junto a la buena mano de un sorprendentemente inspirado Nick Nostro para manejar este material, se traduce en un producto agradable y digno de simpatía, más allá de sus innegables defectos y limitaciones. Quizás por ello daría lugar a la existencia de una mentada secuela que todos los autores consultados coinciden en señalar como bastante superior a la presente: Superago, el gigante / L’invincibile Superman (1968) de Paolo Bianchini, en la que de nuevo el enmascarado superhéroe sería interpretado por Ken Wood, seudónimo tras el que se ocultaba el antiguo doble de acción de Steve Reeves, Giovanni Cianfriglia, en uno de los contados papeles relevantes de los que ha disfrutado una carrera que se alarga hasta nuestros días.

José Luis Salvador Estébenez

Misterio en las Bermudas

Título original: Misterio en las Bermudas

Año: 1979 (México)

Director: Gilberto Martínez Solares

Productor: Rogelio Agrasánchez

Guionistas: Adolfo Martínez Solares, Gilberto Martínez Solares sobre una idea de Rogelio Agrasánchez

Fotografía: Adolfo Martínez Solares

Música: Ernesto Cortázar (hijo)

Intérpretes: Santo, Blue Demon, Mil Máscaras, Silvia Manríquez (Rina), Carlos Suárez (Godard), Gaynor Kote (Princesa Yamile), Ernesto Solís (Ramiro), Sandra Duarte, Humberto Cabañas, Rebeca Sexton (Espías), Julio César Agrasánchez (Niño), Leticia Montemayor, José Luis Elizondo, Marco Antonio Marín…

Sinopsis: Mientras Santo, Blue Demon y Mil Máscaras se encuentran en las Bermudas para realizar una serie de combates de lucha libre, sus servicios son solicitados por el gobierno de Irania para velar por la seguridad de la princesa de aquel país de posibles atentados terroristas.

Rodada en 1979, Misterio en las Bermudas es señalada de forma unánime como el canto de cisne del cine de luchadores enmascarados, género netamente mexicano, y posiblemente la manifestación cinematográfica más popular de aquel país a nivel mundial, la cual desde mediados de la década de los cincuenta había venido reinando en las carteleras aztecas. Sin embargo, a finales de los setenta esta corriente se encontraba en un claro retroceso. En primer lugar,  la retirada de las ayudas gubernamentales que trajo consigo la presidencia de López Portillo a finales de 1976 había dejado a estos productos en una difícil situación. Pero no menos cierto es que para aquel entonces el género había dado signos inequívocos de su agotamiento, lo cual se reflejaba en la saturación en las pantallas de títulos miméticos unos a otros. Y es que desde su nacimiento, toda posible innovación del género había pasado, o bien por la parodia, o bien por la progresiva acumulación de más luchadores o enemigos en las nuevas cintas que iban surgiendo, a imagen y semejanza del desarrollo que tuviera tres décadas antes el ciclo terrorífico de la Universal.

El porque de la consideración de precisamente este título como el final oficial de la edad de oro de esta corriente podemos achacarlo a muchas razones. Por un lado, fue la última película conjunta de sus tres ilustres protagonistas, Santo, Mil Máscaras y Blue Demon, significando asimismo la despedida definitiva de éste último de la gran pantalla; pero, sobre todo, ello es consecuencia del deliberado tono crepuscular por el que discurre un relato que se abre con un muchacho recogiendo del mar la mítica máscara plateada de Santo, momento a partir del cual se narra la película a modo de flashback, cerrándose con la desaparición de los tres luchadores enmascarados en alta mar, tras lo que el personaje que relata la historia sentencia: “Desde entonces no hemos vuelto a saber nada de los luchadores. (…)Las predicciones del Apocalipsis se están cumpliendo. El fin del mundo está próximo” (sic), lo que es seguido con una imagen de una explosión nuclear.

Por otro lado, es también un ejemplo muy indicativo de la decadencia que había alcanzado el género, bien sea por su escueto presupuesto que se traduce en un abuso constante de tomas de archivo, una planificación de lo más ramplona y descuidada, y una total falta de localizaciones, hasta el punto de que no sea nada aventurado el sostener que toda la película está rodada íntegramente dentro de las instalaciones de un complejo turístico, o por su esquemático guión, plagado de diálogos lisérgicos (1) y formado por dos historias sin demasiada relación entre si, las cuales a su vez se adscriben dentro de los dos estilos mayoritarios en este tipo de cintas: el cine de agentes secretos y el fantástico, con un arco argumental protagonizado por una trama de espionaje con nuestros héroes como guardaespaldas de una princesa de un país imaginario, y otro sobre una civilización submarina localizada en algún lugar del Triángulo de las Bermudas (2), habitada por eminentes científicos que han conseguido alcanzar la inmortalidad.

Pero pese a lo dicho, también se adivina a lo largo del film cierto intento de modernización o renovación de las constantes del género por parte de sus responsables, aprovechando para ello elementos provenientes del cine de serie B de moda en la época, como bien puede ser la incorporación a la historia de una experta karateka – algo que no era del todo novedoso, pues ya se había dado en títulos anteriores como Neutrón contra los asesinos del kárate (1964) de Federico Curiel -, o un acompañamiento musical funky tan propio de las series televisivas de acción norteamericanas de la época, esfuerzos estos que se revelaron estériles a la hora de alcanzar su objetivo, que no era otro que el alargar en el tiempo la vida de un paciente cuya muerte estaba ya anunciada.

José Luis Salvador Estébenez


(1) Como muestra, citemos el consejo que un policía da por teléfono a uno de los personajes tras que este haya sufrido un intento de homicidio: “No se mueva de ahí hasta que no pase el peligro” (!).

(2) Curiosidades de la vida, si esta última aventura conjunta de Santo y Blue Demon transcurrió en el Triángulo de las Bermudas, su primer encontronazo fílmico se había desarrollado en la no menos mítica Atlántida, en Santo contra Blue Demon en la Atlántida (1969) de Julián Soler.

El cine de luchadores (y XII)

Durante la época de máximo esplendor del subgénero, la cinematografía mundial no fue ajena al fenómeno del cine de luchadores, y aprovecharon el tirón para producir algunos títulos. Los más representativos fueron los comentados a continuación.

Por parte de España e Italia, países hermanados durante las décadas de los 60 y 70 para producir todo tipo de films en régimen de coproducción, se rodaron Superargo, el hombre enmasacarado, y su secuela Superargo, el gigante, la primera dirigida por Nick Nostro y la segunda por Paolo Bianchini, ambas de 1967. Protagonizadas por Ken Wood (Giovanni Cianfriglia), el héroe en cuestión es un luchador que mata accidentalmente a un oponente en el ring. El sentimiento de culpa hace que se vuelque totalmente en su faceta de agente secreto. Además, está dotado de ciertos superpoderes, y su uniforme recuerda rabiosamente al personaje de cómic El Hombre Enmascarado (The Phantom), de Lee Falk. Ambas películas están por encima de la media de las rodadas en México. A continuación os dejo una reseña de la secuela Superargo, el gigante publicada en Psychotronick:

http://www.psychotronickultvideo.blogspot.com/search?q=superargo

Otro personaje enmascarado, defensor de la justicia y luchador en sus ratos libres, fue Goldface, el fantástico Superman, también conocida como Cara de oro (1968) de Britto Albertini, película coproducida a tres bandas junto con Venezuela e interpretada por el sin par Espartaco Santoni. Otra pequeña crítica de la peliculita en cuestión:

http://psychotronickultvideo.blogspot.com/2006/05/goldface-el-fantstico-superman-cara-de.html

Los turcos, siempre haciendo alarde de su sana “sinvergonzonería”, juntaron al Enmascarado de Plata (por supuesto no el verdadero Santo), con los personajes de cómic Spiderman y el Capitán América en la alucinógena 3 Dev Adam, o sea, Capitán América y Santo vs Spiderman (1973), dirigida por T. Fikret Ucat:

http://psychotronickultvideo.blogspot.com/2007/10/capitn-america-y-el-santo-contra.html

Por su parte, Colombia también tendría sus iconos enmascarados, los llamados Jaguares, de los cuales se rodarían dos películas, en coproducción con México y dirigidas ambas por el mejicano Juan Manuel Herrera, aunque parece ser que la mayoría de la producción contó con capital colombiano, además de ser rodadas en este país. La primera, la titulada Los jaguares contra el invasor misterioso, se puede repasar aquí:

http://psychotronickultvideo.blogspot.com/2006/09/los-jaguares-contra-el-invasor.html

La segunda seria la titulada Karla contra los Jaguares, dirigida también por Juan Manuel Herrera. A diferencia de la primera parte, esta no fue distribuida en video en nuestro país.

Argentina tendría a sus Titanes del Ring, los cuales rodarían tres films: Titanes en el ring (1973), de Leo Fleider, Super agentes y Titanes (1983) de Adrián Quiroga, y Titanes en el ring contraataca (1984) de Máximo Berrondo. Algunos de ellos también enmascarados, como sus compañeros mejicanos, parece ser que no obtuvieron el éxito que sin duda se merecían, a pesar de contar con las figuras más representativas de la lucha en Argentina, como el Indio Comanche, el Caballero Rojo, la Momia, Taras Bulba, el Superpibe etc., ya que, como sus homólogos mexicanos los Campeones Justicieros, iban cambiando los personajes de una película a otra. Películas buscadísimas en la actualidad para los amantes del cine de luchadores, esperemos que algún día sean reeditadas en dvd (cosas más difíciles se han visto).

David Domingo

Published in: on abril 3, 2008 at 2:36 pm  Comments (6)  
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El cine de luchadores (XI)

Desde entonces hasta la fecha sólo se conoce una película de luchadores enmascarados producida en su totalidad por capital mexicano: Santo, Infraterrestre, del año 2000, dirigida por Héctor Molinar , y que quedó como un intento fallido de recuperar el personaje de la máscara de plata en particular y del cine de luchadores en general, protagonizada por el hijo del Santo, y por Luis Felipe Tovar, actor de qualité muy conocido en el país azteca y ganador de varios premios Ariel (los más prestigiosos en ese país). Entretenida película dotada de ciertos efectos especiales medianamente logrados y ampliamente distribuida en dvd, en la que el hijo del Santo hace frente a una amenaza extraterrestre. Lo mejor es la frase que anuncia el film: ”Existen muchos súper-héroes creados por la imaginación, pero solo uno es leyenda viviente, Santo el enmascarado de plata”. Seguimos esperando alguna aventura del Santo desde entonces.

Aparte de todo ello, destacaremos dos documentales realizados para honrar la memoria de los dos luchadores más conocidos: Blue Demon y Santo. El culto al héroe (2006) de Arturo Daen es un emotivo documental que repasa la vida del Santo entrevistando para ello, entre otros, a dos de sus hijos, dando a conocer numerosos detalles de la persona tras la máscara de plata. Muy recomendado para sus seguidores. Y Verdad y fama (2006) de Jorge Orta, donde se repasa la trayectoria de Blue Demon, parecido al anterior, y en el que entrevistan a algunas de las personas más importantes de la vida de este luchador.

Mención aparte para el enorme respeto que estos dos directores muestran por la vida de estos luchadores, y por todo lo que significó para el pueblo azteca, lo que en otro tiempo fue objeto de menosprecio y burla por gran parte del mundo cinematográfico mexicano, hoy en día se convierte en objeto de estudio y de reconocimiento. En fin, nunca es tarde…

David Domingo

Published in: on marzo 27, 2008 at 12:27 pm  Comments (1)  
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El cine de luchadores (X)

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En la década de los 90 se filmaron dos títulos a modo de homenaje a lo que fue la mítica figura del enmascarado de plata. El primero fue La leyenda de una mascara (1991) de José Buil, correcto film dramático en el que soterradamente y sin usar explícitamente el nombre del Santo (el  personaje es llamado aquí el Ángel Blanco) se adivinan ciertos guiños a su figura, como, por ejemplo, la ceremonia en  la que es enterrado, que es prácticamente calcada en algunas imágenes a lo que fue su entierro en la realidad. Tuvo distribución en dvd.

La siguiente fue Santo la leyenda del enmascarado de plata (1993) de Gilberto de Anda, bonita película en la que es su propio hijo el que coge el relevo de la mascara plateada. Aquí el hijo del Santo es conocido como el luchador “El hombre rojo”, personaje que su propio padre adoptó antes de decidirse por  la identidad del enmascarado de plata y en la que es  presionado por parte de su entrenador, del fantasma de su padre y de un niño que necesita desesperadamente la ayuda del Santo para que deje el disfraz del hombre rojo y asuma la identidad que le corresponde por derecho. Al enfundarse la mascara de plata también vienen como añadidos ciertos poderes que le convierten prácticamente en un superhombre. Se trata de un film con clara estética de videhome.

  

En 1992 a modo de reflotar el genero de luchadores enmascarados se estrenó Octagón y Atlantis: la revancha de Juan Fernando Pérez, en la que juntando a estos dos famosos luchadores de por entonces se esperó reverdecer sin fortuna lo que antaño seguramente hubiese sido un éxito en taquilla. Lo que es seguro es que estos Octagón y Atlantis son muy inferiores en cuanto a carisma a Blue Demon y Santo, y nunca más volvieron a formar dupla cinematográfica.

Ese mismo año los Luchadores de las estrellas hicieron su aparición dirigidos por Fabián Arnaud [y Rodolfo Lopezreal], sin  ningún éxito a pesar de contar entre sus filas con el mismísimo hijo de Blue Demon. Y es que los films de sci fi nunca contaron con la bendición del publico mejicano, lo que unido a su escasísima calidad técnica lo convirtieron en un producto fracasado.

Octagón volvió a probar suerte en el mundo del cine junto con otro luchador, “Máscara sagrada”, en el film Lucha a muerte (1992) también de Juan Fernando Pérez, conocida como Robo en el museo, en la que aparecían algunos de los luchadores más famosos de entonces como Blue Panther, La parka, Ángel azteca, o Universo 2000, entre otros, resolviéndose como un videhome que apenas tuvo resonancia fuera de las fronteras mejicanas.

José Nieto dirigió al famoso luchador “El vampiro canadiense” en el film : Vampiro, el guerrero de la noche (1993), también mezclando el género de luchadores con la ciencia ficción más casposa. La curiosidad es que este vampiro es estéticamente más parecido a los westlers estadounidenses que a los luchadores mexicanos, ya que lleva la cara pintada en vez de llevarla cubierta con la característica mascara.

David Domingo

Published in: on marzo 13, 2008 at 12:35 pm  Comments (7)  
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El cine de luchadores (IX)

Durante los años 80 cae en picado el número de producciones que cuentan con luchadores enmascarados como protagonistas, siendo el protagonismo a finales de esta década para los denominados “videohomes” (films rodados para ser distribuidos directamente en video con poco presupuesto).

El ya sexagenario Santo cedería el testigo de su personaje a su propio hijo en Chanoc y el hijo del Santo vs. los vampiros asesinos (1981), de Rafael Pérez Grovas, en la que en una memorable escena el propio Santo hace una pequeña aparición. Ese mismo año participaría en el que sería para mi gusto su último buen film, Santo vs. el asesino del televisor, también de Pérez Grovas, en la que un científico loco pretende dominar el mundo mediante sus amenazas lanzadas por la pequeña pantalla.

Después de un infarto de miocardio en 1981 en pleno combate de lucha libre y de que médicos y amigos recomendaran su retirada, rodaría en 1982 sus dos últimos films: El puño de la muerte y La furia de los karatekas, de Alfredo B. Crevenna. En algunos círculos se decía que eran la misma película, porque ambas contaban con el mismo plantel de actores y de argumento semejante, participando en ella el gigante luchador “Tinieblas” y la siliconada Grace Renat, que aparece en los dos films súper-escotada y protagonizando interminables escenas de baile. Todo esto creó esta confusión cuando eran en realidad dos films diferentes.

Se retiraría de los escenarios y de los rings con 65 años y después de que falleciera la que fue su esposa por más de cuarenta años, y diez días antes de morir, “el Profe”, como así lo llamaban sus amigos, se quitó la máscara en el programa de televisión Contrapunto, dejando asombrada a toda la audiencia. Moriría el 5 de febrero de 1984 con 66 años de un infarto de miocardio, siendo enterrado con su máscara de plata.

Su hijo intentaría continuar con la leyenda de la máscara de plata, pero el tiempo del cine de luchadores había quedado atrás. A pesar de ello rodaría El hijo del Santo en la frontera sin ley junto con Mil Máscaras y bajo la dirección de Rafael Pérez Grovas, en el año 1983. Blue Demon, ya retirado de las pantallas, fue objeto de un documental que le rinde homenaje en Blue Demon el campeón, de 1989.

David Domingo

El cine de luchadores (VIII)

Por su parte Mil mascaras se dedicaría a ayudar a otros compañeros, como en la dos primeras partes de Los campeones justicieros, junto a Blue Demon y otros luchadores como El fantasma blanco, El rayo de Jalisco, El avispón escarlata… En el film Una rosa sobre el ring (1973) de Arturo Martínez compartiría protagonismo con el actor Crox Alvarado (al que durante algún tiempo se creyó que era Santo el enmascarado de Plata), en una historia de fuerte contenido dramático.

En la secuela no oficial de las momias de Guanajuato, El robo de las momias de Guanajuato (1972), del limitado Tito Novaro, compartiría protagonismo con dos luchadores emergentes por entonces; sus nombres: Blue Ángel (con el uniforme copiado del personaje del comic de la Marvel “El capitán América”), y el recuperado “El Rayo de Jalisco” protagonista de algunos films de décadas anteriores comentados en los primeros capítulos, en la cual combatirían a las mencionadas momias y a un terrible “Mad doctor”.

En El poder negro (1975) de Alfredo B. Crevenna, su compañero seria el impresionante culturista cubano Sergio Oliva “El mito”, ganador de tres Mr. Olimpia. En esta película nuestros dos protagonistas debían hacer frente a un entramado de mafiosos contrabandistas. En Las momias de San Ángel (1975) de Arturo Martínez, se las volvería a ver con las ya muy “sobadas” momias junto al Fantasma blanco y El enmascarado negro. En Los vampiros de Coyoacán, uno de sus más conocidos films en el que aparecía el magnifico actor Germán Robles (El vampiro, La saga de Nostradamus, etc..), su compañero seria Superzán, un personaje del cual hablaremos más tarde. En Las leyendas macabras de la colonia (1974) de Arturo Martínez, film editado recientemente en Dvd junto a la anterior comentada, sus compañeros serian El fantasma blanco y El gigante Tinieblas, protagonistas de una extraña historia de brujería con un cuadro de por medio. Acabaría la década ayudando a Santo y Blue Demon en la ya mencionada El misterio de las Bermudas.

Sin ser propiamente un luchador, ya que el personaje fue creado por la productora Agrasanchez, Superán protagonizó o co-protagonizó algunos films durante los setenta. En un principio lo haría en forma de superhéroe en sus dos primeras apariciones en las cuales tenia el poder de volar y súper fuerza, Superzan el invencible (1971) de Federico Curiel, y Superzan y el niño del espacio (1973) de Rafael Lanuza, de argumentos similares ya que en ambos títulos se las vería con sendas invasiones alienígenas. En El castillo de las momias de Guanajuato (1973) de Tito Novaro, ya ejercería de luchador junto a Blue Ángel y Tinieblas, combatiendo a estos iconos terroríficos del cine mex.

Actuó en la última parte de la trilogía de Los campeones justicieros, El triunfo de los campeones justicieros (1974) de Rafael Lanuza, la comentada Los vampiros de Coyoacán, en la comedia El investigador Capulina (1975) de Gilberto Martínez, con el famoso cómico, haciendo su última aparición en La mansión de las siete momias donde formaba dúo junto a Blue Demon.

David Domingo

El cine de luchadores (VII)

Los setenta serian conocidos como la década del declive, ya que cada vez se producían menos películas de género. Esto habría que atribuirlo al cambio en el gusto del público en general, ya que como todos sabemos, estos “subgéneros” tienen su época dorada y su etapa en que van desapareciendo poco a poco y en algunos casos no lo hacen totalmente, ya que de vez en cuando sale algún titulo relacionado con ellos, eso si cada vez más espaciado en el tiempo. Si sumamos todo esto a que a partir de mediados de esta década el gobierno financiaba la industria cinematográfica mexicana, dejando de dar apoyo a lo que es cine de genero en general, y afectando directamente al cine de horror y de luchadores en particular.

A pesar de ello, si Santo rodó todos los films mencionados anteriormente, por el contrario su amigo Blue Demond apareció en los siguientes films: Los campeones justicieros (1971) de Federico Curiel – título comentado en capítulos anteriores -, haciendo equipo con Santo y Mil Mascaras en la exitosa Las momias de Guanajuato (1972) de Federico Curiel, y en La invasión de los muertos (1970) junto al Profesor Zovek, cinta dirigida por Gilberto Martínez con un argumento parecido al de La noche de los muertos vivientes de George Romero. Según parece, el luchador de la mascara azul fue contratado para “rellenar” parte del metraje debido a que el Profesor Zovek murió durante una de sus arriesgadas actuaciones, ya que en la vida real se dedicaba al mundo del escapismo.

Sus dos películas más difíciles de encontrar hasta la fecha, La noche de la muerte y La Mafia amarilla, se rodarían en 1975 y estarían dirigidas por René Cardona (Senior). Del primer titulo poco podemos decir, ya que a penas se tienen datos y ni siquiera aparece en la base de datos de IMDB. En la segunda se enfrentaría a un grupo de mafiosos orientales con conocimientos de artes marciales. Solamente actuaría en dos films más compartiendo papel protagonista: El hijo de alma grande (1976) de Tito Novaro, y la que seria su ultima película: La mansión de las siete momias de (1977) Rafael Lanuza, ambos títulos de ínfima calidad. Prácticamente durante esta década sus trabajos se centraban en hacer equipo junto a Santo en los títulos comentados en otros capítulos. Triste despedida para el único luchador que robó cierto protagonismo al enmascarado de plata.

David Domingo

Published in: on febrero 21, 2008 at 12:38 pm  Comments (1)  
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El cine de luchadores (VI)

La fama del luchador de la máscara de plata fue creciendo durante esa década, y así fue invitado a protagonizar algunos films en régimen de coproducción. De esta forma rodaría, Santo en el misterio de la perla negra (1976) de Fernando Orozco, coproducción a tres bandas entre México, España y Colombia, con nuestro Frank Braña en su reparto; Santo en Misión suicida de Federico Curiel, a medias con Puerto Rico; Las bestias del terror de Alfredo B. Crevenna, esta vez con EEUU; y Santo vs. los secuestradores, también de Federico Curiel con capital de Ecuador, todas de 1973 y con un argumento parecido: el de derrotar a un entramado de mafias internacionales. Con Haití se rodaría la curiosa Santo contra la magia negra (1973) de Alfredo Crevenna, en la cual nuestro héroe se enfrenta a la sacerdotisa  “Bellamira” (la imponente Sasha Montenegro), en la que a falta de presupuesto y de un guión “medio digno”, rellenarían la cinta con larguísimas y cansinas escenas de ritos vudú.

Rafael Romero Marchent, director español conocido sobre todo por su trabajo en los spaghetti westerns, vease, Un dólar de recompensa (1973), Garringo (1969), Manos torpes (1970), Ocaso de un pistolero (1965), etc., etc., dirigió al enmascarado de plata en la que seria su película preferida: Santo contra el Doctor muerte (1973), opinión que compartimos la mayoría de sus fans, coproducida con España y en la que intervendrían algunos de nuestros  actores imprescindibles  de la época como Helga Liné, Mirta Miller, y el anteriormente mencionado Frank Braña. En ella, Santo desbarataría los siniestros planes de unos falsificadores de obras de arte. En total protagonizaría durante esta década veintidós películas en las que alternaría las coproducciones con las filmaciones hechas enteramente en México, algunas ya de escasísima calidad técnica, como Santo vs. asesinos de otros mundos (1973) de Rubén Galindo, en la que el malvado alienígena no es más que una especie de toldo aceitoso movido por algunas personas que están dentro de él; Santo contra las lobas (1976) de Rubén Galindo y Jaime Jiménez Pons, en la que se enfrenta a unos licántropos con un maquillaje deplorable, y es que con el uso del color se agudizan los defectos de todos estos “trucajes”, Santo en oro negro (1977) de Federico Curiel, Santo y Blue Demon contra Drácula y el hombre lobo (1973) de Miguel M. Delgado, con Aldo Monti otra vez en el papel del vampiro, en la que solo tenemos que mirar al ejercito de hombres lobo y vampiros para darnos cuenta de las dificultades económicas con las que contaban dichos films.

Cabe mencionar algunos films que aguantaron el tipo, y que para mi opinión estaban por encima de los títulos antes mencionados como Santo y el águila real (1973) de Alfredo Crevenna, con la estrella mexicana Irma Serrano; Santo en anónimo mortal (1975) de Aldo Monti, en la que se enfrenta a unos peligrosos neo-nazis; Santo en la venganza de la llorona (1974) de Miguel Delgado, en la que comparte protagonismo con el boxeador apodado “Mantequilla” para enfrentarse al mito autóctono de “La llorona”; Santo en el misterio de las bermudas (1977) de Gilberto Martínez Solares, coprotagonizada por “Mil mascaras” y “Blue Demon”, en la que nuestros héroes se ven envueltos en una aventura con los míticos habitantes de la Atlántida; y, por último, una especie de western en la que los personajes que se enfrentan al Santo son un grupo de leprosos que atemorizan a los lugareños en Santo en la frontera del terror (1969) de Rafael Pérez Grovas.

David Domingo

Published in: on febrero 14, 2008 at 12:29 pm  Comments (1)  
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