Entrevista a Luigi Cozzi sobre “Little Wizards of Oz/I piccoli maghi di Oz”

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Dos años después de presentar en este mismo marco la que había supuesto su reentré como director de largometrajes de ficción tras veinticinco años alejado del formato con la magnífica Blood on Méliès Moon (2016), Luigi Cozzi regresó a Brigadoon, la sección alternativa y gratuita del Festival de Sitges, para hacer lo propio con su nuevo trabajo, Little Wizards of Oz/I piccoli maghi di Oz (2018), película de la que ya nos adelantaba algunos detalles en la entrevista que mantuvimos con él hace unos meses con motivo del honorífico premio Jess Franco con el que fue galardonado en la séptima edición de CutreCon. En ella, Cozzi narra la historia de un grupo de colegiales que, a raíz de la lectura de su profesora de varios capítulos del clásico de Lyman Frank Baum El maravilloso mago de Oz, se convierten en personajes del cuento. Prolongando la línea iniciada en la previa, con este punto de partida el cineasta italiano articula un nuevo artefacto de metaficción en el que realidad y fantasía se entremezclan por medio de un proyecto que tiene mucho de experimento pedagógico para niños, tal y como él mismo nos explica a continuación.

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¿Cómo nace Little Wizards of Oz?

Es un proyecto que me llegó por casualidad y por encargo. El padre de un niño que estaba estudiando cuarto de elemental[1] y que había visto Blood on Méliès Moon se puso en contacto conmigo y me dijo: “Tengo una idea para hacer un film, pero me parece imposible de hacer. He visto Blood on Méliès Moon y creo que la única persona que lo podría hacer eres tú”. Me explicó la idea que tenía, y que le había surgido a partir de que en la clase de su hijo habían leído El mago de Oz. La maestra era una entusiasta del cine, e incluso él mismo había trabajado en Cinecittà, y querían explicar el cine a los niños implicándoles en la realización de un film basado en El mago de Oz. Me preguntó si me sentía capaz de hacerlo y qué idea tenía y, tras pensarlo un poco, y dado que nunca había hecho nada con niños, y como me gusta  cambiar, le contesté que sí. Después inventé toda la historia…

En la nota de prensa defines la película como “un experimento creativo de un grupo de escolares, acompañado y ayudado por adultos que tienen una amplia experiencia cinematográfica”. ¿Me podrías explicar a qué te refieres?

El experimento duró un año. De ese tiempo, durante seis meses estuvimos llevando una vez al mes a un técnico de cine a clase de los niños: un montador, una script, una escenógrafa, yo mismo… para explicarles a estos niños, que adoran el cine pero que no saben cómo se hace, los secretos del cine; es decir, que sepan cómo aquello que ven en la pantalla está hecho de un cierto modo. Paralelamente, les dijimos que, dado que habían leído El mago de Oz, nos escribieran un resumen del libro. Los niños escribieron un total de treinta ejercicios en clase, en los que mezclaban El mago de Oz que habían leído con lo que habían visto en la televisión. Por ejemplo, en vez de que Dorothy esté en Kansas, vivía en Dubái o Los Ángeles. Cada uno hizo volar su imaginación y en lugar de un tornado como en la novela original, en sus resúmenes había un terremoto, ya que coincidió con los terremotos que hubo en Italia por aquellos momentos y de los que se hablaba constantemente en televisión. Es decir, cambiaron la historia.

Entonces tuvimos la idea de presentar estas versiones de los niños de El mago de Oz dentro de la película. Construí el guion de forma que encajaran estas versiones, haciendo un salto al libro añadiendo escenas sacadas de él. También los niños se encargaron de diseñar a los personajes. Por ejemplo, el vestuario fue creado a partir de sus diseños. Es decir, hemos hecho que los niños participaran activamente en la elaboración del film.

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El punto de partida de la película me recuerda al inicio que rodaste para Simbad, el rey de los mares (Sinbad of the Seven Seas, 1989), con la madre contando un cuento a su hija. Del mismo modo, la idea de los alumnos viviendo el cuento de Frank L. Baum es similar al concepto que utilizaste en Il gatto nero (1989). ¿Se trata de una simple coincidencia?

No. Es una temática mía bastante habitual. También en Blood on Méliès’ Moon estaba la lectura de un libro que no es un libro.

No obstante, al igual que tu anterior película, Blood on Méliès’ Moon, posee una evidente carga metalingüística…

Me encuentro a gusto en este tipo de historias. Me gustan. Pero no es algo premeditado; me vienen espontáneamente.

En la película tienen un gran peso los efectos especiales, en los que has vuelto a colaborar nuevamente con Jean Manuel Costa, al igual que en Blood on Méliès’ Moon. ¿Cómo ha sido el proceso?

El presupuesto era superpequeño. Pero sobre la pantalla no se percibe. Es una película digamos mucho más rica respecto a Blood on Méliès’ Moon por cómo está visualizada. Si hubiese tenido estos medios para hacer Blood on Méliès’ Moon habría sido una película mucho más redonda. Pero, en cambio, en esta ocasión tuve que rodar en muy poco tiempo. El rodaje se llevó a cabo en el horario escolar y, aunque los profesores nos habían prometido inicialmente que dispondríamos de varios días, y después nos dijeron que media jornada, finalmente nos dieron para grabar dos horas al día durante diez días. Así que hemos tenido que hacer milagros para llevar la película a cabo. Además, los niños no son actores. Son niños que estaban en la escuela y que lo único que esperaban es que llegara el momento de rodar para escapar de clase y no hacer nada.

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Es conocida la frase de Alfred Hitchcock de que “un director de cine nunca debe trabajar ni con gatos, ni con niños”. En tu caso, ¿cómo ha sido la experiencia?

En la que película verás que se comportan bien. Pero ha sido… (risas). Ha sido una experiencia que hace que entienda perfectamente las palabras de Hitchcock. Veintiún niños que no hacen caso al profesor, que no nos hacen caso a nosotros, que hacen lo que les da la gana porque están acostumbrados a hacer lo que quieren en clase, cuando uno les grita fuerte solo consigue que se callen durante veinte o veinticinco segundos. Y después empiezan de nuevo a hacer lo que quieren sin hacer caso a nadie.

En este punto, ¿cómo te las has apañado para trabajar con estos pequeños actores sin experiencia las muchas escenas de efectos rodadas en pantalla verde que hay a lo largo de la película?

Con los niños solo hacía falta decirles lo que tenían que hacer y lo hacían. El problema era que lo hacían los dos niños que tenían que rodar la escena. Mientras tanto, todos los otros estaban montando bulla. A esto añádele que la clase donde rodábamos era bastante pequeña, y ahí estábamos nosotros con las luces, la cámara… Era fatigoso. El estar allí todo el tiempo y con tan pocas horas para rodar fue un infierno.

Dados sus peculiares planteamientos, ¿qué tipo de distribución va a tener el film? ¿Se va a dirigir a centros educativos o similares o, por el contrario, va a tener una distribución comercial normalizada?

La distribución va a ser como la que hicimos con Blood on Méliès’ Moon, ya que es un film de fantasía simpático. Es un proyecto que otras escuelas tendrían que hacer, porque tras esta experiencia los niños, y no lo digo yo, lo dice su profesora, han cambiado: se han convertido en un grupo. Antes eran anárquicos; estaba la típica niña retraída que no hablaba nunca o el niño que hacía bullying. Pero ahora trabajando, o más siguiendo nuestras instrucciones, que es lo que hicieron más que trabajar, han cambiado. Han hecho piña unos con otros y se han convertido en un equipo. Esto es lo que me ha dicho su profesora a modo de piropo.

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Y tras Little Wizards of Oz, ¿tienes algún nuevo proyecto a corto o medio plazo?

Estoy haciendo una nueva película, pero en esta ocasión se trata de una docuficción histórica. Yo escribí la película de Dario Argento Los cinco días (Le cinque giornate, 1973), que transcurre en 1848, en Milán, durante la revolución popular contra los austriacos. Este hecho sería el inicio del nacimiento italiano y la posterior constitución de la República Italiana. En 1848 esta revuelta popular que se extendió por toda Italia acabó mal. Tiempo después hubo otro alzamiento popular que sí salió triunfante, pero esta primera sublevación terminó con el bombardeo de Roma. En 1849 la última chispa de esta revolución fue la expulsión del Papa de Roma. El Papa pidió entonces ayuda a Francia, que bombardeó también Roma y reintegró al Papa en el altar de Pedro.

La docuficción que estoy haciendo trata de este periodo, de la expulsión del Papa y del bombardeo de Roma que hoy nadie recuerda, a pesar de que fue una gran batalla. No hay ningún componente fantástico en ello. Es una autoproducción que luego probablemente distribuiremos a través de la televisión en canales de historia, o algo de este tipo. Hay muchos grupos de coleccionistas, no solo de fantástico, sino también de uniformes militares: de partisanos, ochocentistas, nazis… Grupos que se prestan de forma gratuita con sus uniformes para hacer reconstrucciones de batalla y en este trabajo incluiremos estas reconstrucciones para ilustrar las diferentes etapas de este periodo histórico. Es algo que me divierte.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Nota del traductor: Cuarto de elemental es un grado escolar del sistema de enseñanza italiano para niños de unos ocho o nueve años.

Traducción: Joaquín Torán

Fotografías: Enorm

Published in: on diciembre 12, 2018 at 6:58 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Diane Taylor-Karrer, productora y supervisora de guion de “F.U.B.A.R”

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Uno de estos casos fue el de la comedia de humor negro típicamente británica F.U.B.A.R (2018), que vivió en “La Mano” su tercera proyección oficial, tras un primer pase en una copia sin terminar en Cannes y su estreno mundial en la pasada edición del “FrightFest” londinense. Ópera prima de su director y guionista, Ben Kent, la propuesta de F.U.B.A.R, acrónimo del término de jerga militar “Fucked up beyond all recognition or repair” ­—lo que se podría traducir como “jodido más allá del límite”—, se encuadra dentro de un esquema de probada solvencia en el cine británico de los últimos años, como demuestran títulos como Zombies Party (Shaun of the Dead, 2004), Doghouse (2009) o Bienvenidos al fin del mundo (The World’s End, 2013), con la reunión de un grupo de viejos amigos que acabará desembocando en funestas consecuencias.

En su participación en “La Mano”, F.U.B.A.R estuvo acompañado de Diane Taylor-Karrer, productora y supervisora de guion del film, a la que tuvimos la oportunidad de realizar la siguiente entrevista:

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¿Cómo nace F.U.B.A.R y cómo entras tú en el proyecto?

Conocía a Ben Kent, el director, desde hace mucho tiempo, ya que habíamos trabajado juntos. Ben había escuchado una historia real de un grupo de gente que fue a hacer paintball en el bosque, se entusiasmó y se lo tomó demasiado en serio. Él empezó a escribir un guion de comedia alrededor de esta historia llevándolo más allá, y me comenzó a enviar los borradores que iba teniendo para que le diera un poco de feedback y saber mi opinión. Yo le iba diciendo qué me parecía, hasta que llegó un momento en el que me propuso que me uniera al equipo de la película como productora. Ya tenía el guion finalizado, pero me dijo que le apetecía mucho continuar trabajando conmigo. Y así empezó todo.

F.U.B.A.R es una producción independiente. ¿Cómo ha sido su financiación? Según creo, para reunir parte del presupuesto recurristeis a crowdfunding

Realmente la parte de financiación procedente del crowdfunding fue una parte muy pequeña de la producción. Se empleó sobre todo para pagar las dietas del equipo de rodaje. La mayoría de la financiación procedió de inversores privados, pequeños productores a los que convencimos para que pusieran dinero para poder sacar la película adelante. No contamos con ningún tipo de subvención para ello. Ni siquiera del UK Film Council, que es un organismo público dependiente del Ministerio de Cultura que suele financiar la mayoría de películas británicas, sino que todo el dinero procedió de inversores privados.

No sé exactamente en cuánto podríamos cifrar el presupuesto con el que contamos, ya que yo no llevaba el tema financiero. Además, es muy difícil de distinguir lo que supuso la producción de la película propiamente dicha de los gastos de distribución. Digamos que entre la producción y la distribución ha costado algo menos de cien mil libras.

Al tratarse de una producción modesta, ¿el guion fue escrito desde un principio teniendo en cuenta los condicionantes financieros con los que iba a llevarse a cabo o se fue adaptando a los medios de los que disponíais una vez se planteó el rodaje?

Desde el primer momento teníamos claro que iba a ser una película de bajo presupuesto. De hecho, el proceso de escritura del guion a nivel de personajes, escenarios y escenas se pensó para que pudiera rodarse con muy bajo presupuesto. Lo teníamos claro. Por supuesto, después en el rodaje, con un calendario tan apretado como el que tuvimos, de diecisiete días, hubo cosas que tuvimos que reducir, porque de lo contrario no llegábamos a completar la filmación en el tiempo previsto.

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Diane presentando la proyección de “F.U.B.A.R” en “La Mano”

Personalmente, F.U.B.A.R me ha recordado mucho a las colaboraciones entre Simon Pegg y Edgar Wright. ¿Cuáles eran los referentes que manejabais?

Había muchas referencias. Por supuesto, una de las referencias principales era Zombies Party, sobre todo en la idea de mezclar humor británico con terror. Pero también la serie The Inbetweeners (2008-2010), que es una comedia negra que tiene exactamente el tono que buscábamos para la parte cómica.

En la película, los personajes principales son amigos desde la infancia. ¿Cómo fue el trabajo con los actores para que en la pantalla se reflejara esa camaradería?

Realmente tuvimos mucha suerte, porque, una vez hicimos el casting, aunque entonces nosotros no lo sabíamos, casi todos los actores principales se conocían, habían trabajado juntos y tenían cierta relación. Con lo que, casi por accidente, ya existía una complicidad entre ellos que surgía de forma natural y que transmitía esa sensación de que sus personajes eran amigos de toda la vida.

La película está basada principalmente en los diálogos. ¿Cómo trabajasteis a nivel de puesta en escena para que con este planteamiento las secuencias fueran dinámicas y no resultaran pesadas?

Para que no fueran solo bustos parlantes, lo que intentamos es que los personajes tuvieran unos caracteres muy diferenciados, tanto en la individualización como en tics y demás, de manera que no te aburrieras al verlos y no fueran personajes planos que únicamente estaban hablando. Al hacerlos de manera realista, y al darles características típicamente británicas a cada uno, con el propósito de que los espectadores locales pudieran reconocer en ellos a gente que conocían, conseguimos ese efecto de dinamismo en los diálogos. También ayudó la utilización de localizaciones un poco especiales, como puede ser la del búnker, que servían para que el espectador se evadiera y no se fijara solo en los diálogos.

Por otra parte, varios de los actores, sobre todo Mark Heap, que además de ser muy famoso en el Reino Unido por su trabajo en series de televisión muy populares, es muy excéntrico y divertido, desarrollaron de una manera muy especial sus personajes para que tuvieran más interés y no solo te fijaras en los diálogos. Casualmente, a través de Mark se produce una conexión muy curiosa con alguno de los referentes que señalaba antes, ya que conoce y ha trabajado con Simon Pegg.

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Un instante de la rueda de prensa de “F.U.B.A.R” en “La Mano”

En tu caso en particular, ¿en qué ha consistido tu labor en la película?

He trabajado en todos los aspectos y en todas las fases de la película. Como he comentado antes, desde la pre-producción misma estuve trabajando como supervisora de guion. Como amiga, le iba sugiriendo a Ben los cambios de las pequeñas cosas que fallaban. Luego, cuando comencé a trabajar realmente como productora, colaboré en la elección del casting y en la búsqueda de localizaciones. Por cierto que, cuando fuimos a buscar las localizaciones que fueran adecuadas para grabar, en los sitios que elegimos el tiempo era bueno, soleado, todo normal. Pero cuando fuimos a filmar hacía muchísimo frío, no era para nada como cuando habíamos ido a localizar, lo que supuso otro hándicap a añadir a las dificultades que presentaba el rodaje debido a las estrecheces económicas con las que lo afrontamos.

Ya en la producción me tocó la dura labor de coordinar a todo el equipo. Grabábamos en Londres, después nos desplazábamos a la periferia, donde se rodaban los exteriores, y después volvíamos de nuevo a la City, por lo que tenía que coordinar todos los coches que nos trasportaban de un lado a otro a diario. Además, me encargaba de que todo el plan de rodaje se llevara al día, aunque esto sea una tarea más propia de ayudante de dirección. Una vez acabada la película, me he encargado de toda la cuestión de post-producción, distribución y ventas.

Antes solo había producido cortos, así que ha sido un salto muy grande producir un largo. Ha sido difícil, divertido, emocionante… pero lo más importante es que he tenido un apoyo muy importante de todo el equipo. Todo el mundo ha trabajado muy duro y eso ha hecho que todo fuera más fácil. Ha sido realmente un proceso de aprendizaje muy duro, porque diecisiete días de rodaje se pasan volando.

Al ser una producción independiente, ¿qué dificultades habéis encontrado a la hora de mover la película, tanto a nivel de festivales como en la búsqueda de distribución comercial?

Un montón. La principal es que, una vez que acabas la película, necesitas un agente de venta. Normalmente deberías tenerlo antes. Y nosotros no lo teníamos. Lo segundo es que tienes que encontrar gente que hable de la película y te dé publicidad. Es muy complicado si se trata de una comedia que, además, se mete en subgéneros como puede ser el terror o el cine negro. Es dificilísimo que encuentres apoyos en forma de entrevistas o críticas que hagan que la película pueda tener visibilidad o relevancia. El género de la comedia es muy amplio y, claro, no sabe muy bien donde encajarnos al no ser exactamente una comedia pura y dura. Por otra parte, al ser una comedia inglesa no sabemos cómo puede responder el público en otros países. En resumidas cuentas, nosotros podemos poner el tráiler, pero si no tenemos nadie que hable de la película desde los medios nos es más difícil entrar.

Ya que has dicho que te encargas del tema, ¿qué tipo de distribución buscáis para F.U.B.A.R? ¿Tenéis pensado estrenarla en cines u os encamináis más por una distribución en DVD y Video On Demand?

En el Reino Unido la distribución que estamos buscando es a través de V.O.D. y de plataformas de venta tipo Netflix, Amazon o Sky. No nos planteamos inicialmente una distribución en cines, más allá de su exhibición en festivales. Por lo menos en el Reino Unido. Ahora lo que estamos estudiando es, a partir de la participación de la película en festivales fuera del Reino Unido, ver qué posibilidad tenemos de moverla en cada país. No nos cerramos a cines, aunque creo que probablemente acabaremos en el mismo modelo de distribución que vamos a tener en el Reino Unido. Pero estamos a la espera. No tenemos nada planificado.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Manuel Arija

Published in: on diciembre 7, 2018 at 6:56 am  Dejar un comentario  
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Entrevista a Enzo G. Castellari, “Premio de Honor Isla Calavera 2018”

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La segunda edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias-Isla Calavera, celebrada entre los pasados 19 y 25 de noviembre, entregó uno de sus premios Isla Calavera de Honor al mítico director italiano Enzo G. Castellari. Con la concesión de este galardón, el certamen tinerfeño quiso reivindicar la trayectoria dentro del género fantástico de quien por derecho propio se erige en uno de los nombres cardinales del cine de género europeo realizado entre las décadas de los sesenta y setenta. Una contribución que permanece eclipsada en un segundo plano por los que son los dos registros más característicos de su filmografía, como son el cine de acción y, sobre todo, el western, pero que presenta un indudable interés, centrada en sus tres incursiones al cine de temática post-apocalíptica realizado en Italia a comienzos de los ochenta, compuestas por 1990: Los guerreros del Bronx (1990: I guerrieri del Bronx, 1982), película que fue proyectada dentro de la sección “Clásicos del Fantástico” de Isla Calavera, su secuela Fuga del Bronx (Fuga dal Bronx, 1983) y  Los nuevos bárbaros (I nuovi barbari, 1983).

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El Festival Isla Calavera le premia por su contribución al fantástico, un género que, sin embargo, no es de los más característicos de su filmografía. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

El fantástico es un género que me gusta. El fantástico permite soñar a los espectadores, y a mí como director me da la oportunidad de crear algunos de esos sueños. Es maravilloso que solo con el cine y la fantasía se puedan regalar esas sensaciones.

Cuando me llamaron para decirme que me daban este premio no me lo esperaba. Fue una sorpresa, porque, además, nunca había estado en Canarias. Así que venir a Canarias después de habérmelo planteado tantas veces era una posibilidad que me encantaba y un premio añadido. Y aquí estoy, maravillado con Canarias y lo que me he encontrado en esta maravillosa tierra.

Aunque en su familia abundan los antecedentes en la profesión, lo cierto es que antes de dedicarse al cine fue boxeador y estudió arquitectura. ¿Qué es lo que le empujó para que finalmente entrara en el mundo del cine?

Es muy fácil. Mi padre era director y productor, por lo que yo prácticamente he nacido dentro del cine. Cuando era pequeño iba a visitar los sets donde se rodaban las películas mi padre. Puede decirse que el cine entró en mi vida justo después que el biberón de leche.

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Castellari posando ante los medios junto a los otros dos homenajeados con el “Premio de Honor” de esta edición de Isla Calavera: Mick Garris y Caroline Munro.

Una vez comienza a dirigir a mediados de los sesenta, se especializa sobre todo en películas western, convirtiéndose en uno de los realizadores del género más importantes de Europa. ¿Esta dedicación obedeció a un interés personal o también estaba influenciado por la demanda que existía en aquellos momentos de este tipo de productos por parte de la industria tras la eclosión que vivió el género en el Viejo Continente a raíz del éxito cosechado por los films de Sergio Leone?

El género era muy importante en aquellos momentos en la industria italiana porque se hacían muchos westerns, por supuesto. Esto hizo que todos los buenos ayudantes de dirección pasaran a dirigir sus propios westerns por la demanda que había. Y yo, como tantos otros, comencé a dirigir haciendo westerns. Pero en mi caso se le une, además, que es el género que más quiero. He crecido y he vivido con el western norteamericano, así que para mí ha sido un regalo el que este auge que vivió el género en Italia y en toda Europa me permitiera dirigir westerns.

Esta especialización hizo que usted viviera en primera persona el ascenso, auge y caída del denominado spaghetti-western. ¿A qué se debió en su opinión el que este estilo pasara en pocos años de gozar de una nutrida producción a desaparecer sin dejar ni rastro?

Yo estoy orgulloso de haber hecho uno de los últimos westerns europeos, Keoma (Keoma, 1976). Cuando lo hice, todo el mundo pensó que había vuelto el género. Pero no era verdad. El mío fue el único que tuvo un gran éxito, lo que hizo que después se hicieran unos cuantos pensando que volvía la temporada de westerns. Pero no. El mío fue el último, el único y el mejor (risas).

En este sentido, suele considerarse que Keoma echó el cierre, de algún modo, al spaghetti-western. ¿Era esa su intención cuando la rodó?

Sí. Yo tenía exactamente en mente que estaba rodando el último western, aunque años después hiciera otro, Jonathan degli orsi (1995). Pero sí que pensaba que Keoma debía de hacerla superbien porque era el último western que se hacía en Italia. Y así fue. Soy muy afortunado por ello, y estoy muy orgulloso y contento por el éxito y el reconocimiento que tiene la película.

El protagonista de Keoma fue Franco Nero, un intérprete con el que ha trabajado en múltiples ocasiones a lo largo de su carrera. ¿Es quizás el actor con el que mejor se ha entendido?

Sí, exactamente. Somos dos hermanos desde entonces. Es más, la próxima película que voy a rodar será un western filmado en Almería con Franco Nero de protagonista.

¿Se trata tal vez del acariciado proyecto de Keoma Rises?

Bueno, el personaje es Keoma, pero la historia es fantástica. Hablando de fantástico, esta futura película sería fenomenal para proyectarla en este festival. Será un western de fantasía y acción. Va a ser una película que va a regalar muchas emociones a toda la gente que ama el cine.

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Aunque sea Keoma la más conocida a nivel popular, la mayoría de sus colaboraciones con Nero se produjeron dentro de los márgenes del poliziesco, una corriente que de algún modo venía a ser una prolongación del western italiano ambientado en espacios urbanos y contemporáneos, pero con un mensaje que hacía referencia al convulso contexto sociopolítico que se vivía en su país durante  aquellos años. ¿Este discurso era algo buscado, al menos en su caso?

En aquellos momentos con solo abrir el periódico podías escribir un guion para una de estas películas. Y  cada día, porque cada día había hechos impresionantes, con las brigadas rojas, las brigadas negras, las brigadas amarillas… Todas estas brigadas provocaron una temporada de terror y de miedo en Italia. Entonces, nada más leer las noticias en el periódico o al verlas en el telediario podías escribir un guion. Y en este contexto tenías que mostrar tu posición, ya fuera de centro, de izquierdas o de derechas. Pero siempre era importante decir algo en estas películas. Políticamente era muy importante, porque eran un reflejo de la situación que se estaba viviendo en mi país en aquellos momentos.

Una vez van muriendo sucesivamente los filones del western y del poliziesco, el cine de género italiano comienzo a focalizar su producción en películas cada vez más basadas en la emulación descarada de los éxitos hollywoodienses del momento. ¿A qué se debió este cambio de mentalidad en los productores italianos?

Como tú sabes y habrás escuchado muchas veces, los productores siempre se fijan en cuáles son las películas de éxito, que habitualmente han sido las películas norteamericanas. Entonces, después de un gran éxito de una película norteamericana te decían: “Vamos a hacer una película italiana pero siguiendo el modelo de esta película norteamericana que ha tenido tanto éxito”.

Dentro de este contexto surgen tus tres aproximaciones al cine de ciencia ficción con el díptico del Bronx y Los nuevos bárbaros, en la que, pese a seguir la estela de la saga Mad Max, incluías un explícito homenaje a Por un puñado de dólares/ Per un pugno di dollari (1964). ¿Cómo surgieron estos proyectos? ¿Eran encargos o nacían de propuestas suyas?

No, no, no. El productor me llamó para hacer 1990: Los guerreros del Bronx y su propuesta me encantó inmediatamente. Le contesté que sí, por supuesto.  Obviamente, Carpenter fue el principal modelo a imitar. Después de los films de Carpenter, también me vi todas las películas que los directores norteamericanos estaban realizando en aquel momento de violencia urbana.

Fue difícil de rodar en el Bronx, aunque sigo manteniendo un excelente recuerdo de aquella experiencia. Figúrate. Fui de Italia a Nueva York, al Bronx, al barrio más peligroso del mundo en aquel momento, y me lo pasé muy bien rodando.

Coetáneo a estos trabajos es la estrenada en España como Tiburón 3 (L’ultimo squalo, 1981), película que fue demandada por Universal acusándola de ser un plagio del film original de Steven Spielberg. ¿Cómo vivió este suceso?

Había muchas cosas, pero cuando fui de testigo al juicio que se celebró en Australia, las acusaciones eran muy blandas e inconsistentes, del tipo “había una mujer rubia como en la película de Spielberg”; “tenía el mismo coche que aparecía en la otra película”, “la máquina de café era igual”… Todo pequeñísimos detalles. Aunque lo más gordo fue que también me acusaban de haber usado el mismo tiburón blanco. Pues claro, el animal más peligroso que hay en el mar es el tiburón blanco. ¿Quién tienen el copyright del tiburón blanco? (Risas). También me decían que el tiburón atacaba a barcos y bañistas como en su película. ¿Qué querían? No iba a atacar a un niño en bicicleta mientras estaba esperando el semáforo. ¡Pues claro que atacaba a los barcos que estaban en el mar y a la gente que se tiraba al agua! Es algo muy simple, y si eso significa un plagio, yo he hecho un plagio. Pero ni la Universal ni Spielberg tienen la invención del mar ni de los grandes peces asesinos.

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Enzo durante el coloquio que tuvo lugar tras la proyección en Isla Calavera de “1990: Los guerreros del Bronx”.

¿Es cierto que le ofrecieron dirigir Nueva York bajo el terror de los zombies (Zombi 2, 1979)? ¿Por qué rechazó el proyecto?

Fíjate, me lo ofreció el mismo productor con el que después hice 1990: Los guerreros del Bronx. Dije que no, porque yo no tengo el sentido del horror. A mí, prácticamente, el horror no me gusta. No soy un aficionado y, por lo tanto, no sé rodar escenas splatter como las que había en aquella película. No sé, puede ser que me pusiera a rodarlas y fuera capaz, pero al pensarlas no. Así que le dije al productor que no era mi género, no me gusta. Él me intentaba convencer diciéndome que pensara cómo podía quedar una película de zombis rodada con mi mano, con mi estilo… “Sí, lo sé, pero es un género que no me pertenece”.

En aquel momento recuerdo que Lucio estaba enfermo y tenía muchos problemas de dinero. Por eso, estoy muy orgulloso y contento de, en cierto modo, haber dado la posibilidad de que Lucio volviera a hacer cine con el género que luego le encumbró como un grande. Estoy orgulloso de esto, porque yo no lo habría hecho tan bien como él.

No obstante, en aquel mismo año realizó su única incursión en el cine de terror con Diabla/Sensitività, una película de la que creo que reniega, y de la que, incluso, en alguna ocasión ha llegado a decir que realmente no la dirigió…

Sí que la dirigí, pero no la reconozco. Yo dirigí mi versión, que es la original. Pero después no sé qué hicieron, porque después, por hacer la película más splatter, añadieron varios insertos realizados por Alfonso Brescia con unas manos que salían del lago y cosas por el estilo; algo horroroso y rodado muy mal. Nunca he conseguido ver la película porque a los primeros diez minutos me he ido a la proyección. Es una película fatal.

No obstante, la copia española, que es la versión original que dirigió usted, es una buena película de terror, con un destacado sentido de la atmósfera…

Sí, esa versión claro que me gustó. Estaban Leonora Fani y Patricia Adriani, una actriz española fantástica, que me regalaron mucho como director para crear las escenas de ellas como hermanas. Me gustó mucho hacer esa película, ya digo, pero luego no lo que hicieron con ella los productores añadiéndole cosas que yo no había rodado.

Otro proyecto controvertido suyo es Simbad, el rey de los mares (Sinbad of the Seven Seas, 1989), que escribió originalmente Luigi Cozzi, rodó usted como miniserie, y finalmente remontó en formato largometraje el propio Cozzi. ¿Qué ocurrió realmente?

Cozzi no hizo una película exactamente, pero sí algo que se distribuyó en video y DVD. Tampoco he visto esta película, porque al cabo de los diez u once minutos he tirado el disco contra la pared y lo he roto. Estaba fatal.

La elaboración del rodaje que dirigí yo se interrumpió porque a la Cannon, que era la productora, le faltó financiación. En ese punto, solo quedaban por hacerse los efectos especiales. Había que rodar tres o cuatro semanas de grandes efectos: el barco que vuela por el cielo y cosas así. Había muchísimos efectos.

Tiempo después estoy en Los Ángeles y entro en un “Blockbuster” y veo una carátula de Sinbad of the Seven Seas, en la que pone: “Producida y dirigida por Enzo G. Castellari”. Y, joder, cuando lo veo estaba fatal (risas). Todos los efectos eran una señora que aparece al principio hablando y contando la historia. Es decir, era todo contado en lugar de mostrarse los efectos especiales. Fatal, fatal…

Ya por último, ¿qué siente cuando ve que su cine es reivindicado por cineastas de la talla de Quentin Tarantino?

Pienso que si un genio como Quentin elige entre las millones de películas que se han hecho después de los hermanos Lumière una mía para hacer un remake[1] yo tengo que estar de lo más orgulloso. Eso quiere decir que mi cine ha cumplido.

José Luis Salvador Estébenez

[1] Se refiere a Malditos bastardos (Inglourious Basterds, 2009), película que toma su título original del que se utilizó para distribuir en el mercado anglosajón el film bélico de Castellari Aquel maldito tren blindado (Quel maledetto treno blindato, 1978).

Published in: on diciembre 5, 2018 at 7:19 am  Dejar un comentario  

El Festival de Cine Fantástico de Bilbao-FANT abre el plazo de presentación para su vigésimo quinta edición

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La organización del Festival de Cine Fantástico de Bilbao – FANT ha abierto el plazo de presentación de trabajos de cara a su vigésimo quinta edición, que tendrá lugar del 2 al 11 de mayo del próximo año. Organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, en la sección “FANT en corto” destacan los Premios del Público y del Jurado al Mejor Cortometraje, dotados con 3.000 euros, y el Premio del Jurado al Mejor Corto Vasco, dotado con 2.000 euros. Se mantienen, además, los premios al Mejor Largometraje de la Sección Oficial y de Panorama Fantástico, que recibirán 3.500 y 2.250 euros, respectivamente, y el Premio al Mejor Cortometraje de Panorama Fantástico en Corto, dotado con 1.500 euros. La fecha límite para la recepción de copias de visionado es el día 1 de marzo de 2019.

Más información y bases: fantbilbao.eus/web/fant-2019

Published in: on diciembre 2, 2018 at 1:50 pm  Dejar un comentario  
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Crónica de la XXIX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián

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De sobra es conocida la debilidad que la platea de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián ha demostrado tradicionalmente por las comedias. Una atracción que ha hecho que, a lo largo de la historia del certamen, parodias del tipo de Lesbian Vampire Killers, Lobos de Arga, Cockneys Vs. Zombies, Bienvenidos al fin del mundo o Lo que hacemos en las sombras se hayan llevado el premio al mejor largometraje otorgado por los votos del público. Después de tres ediciones consecutivas en las que el máximo galardón de la Semana había recaído en exponentes de fantástico más puro, dicha tendencia ha vuelto a ponerse de manifiesto en su pasada vigésimo novena edición, celebrada entre los pasados 27 de octubre y 2 de noviembre, con la concesión del premio a la mejor película a One Cut of the Dead, la cual se imponía sobre la bocina en la última sesión a concurso a la que desde la inauguración venía siendo la mejor valorada por el respetable, la hollywoodiense producción de J. J. Abrams Overload. Con todo, sería injusto reducir todo el alcance del film nipón a su primigenia condición de comedia zombi. Convertida en un auténtico fenómeno en su país de origen, donde ha permanecido más de seis meses en cartelera registrando llenos diarios, esta modesta producción, que ha supuesto el debut en solitario en el formato largo de su director y guionista, Shin’ichirô Ueda, es ante todo un inteligente juego de metaficción de ida y vuelta, que no duda en desnudar todo lo que se esconde en la trastienda de la creación cinematográfica, poniendo al descubierto mediante una trabajada puesta en escena el artificio que hay detrás de la ficción, lo cual hace por partida doble, además.

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Cuadro con la tabla final de puntuaciones de las diferentes secciones competitivas

Sin menoscabo de sus valores, aunque One Cut of the Dead se proclamara vencedora de esta edición de la Semana, no fue la única película de interés que pudo visionarse a lo largo del festival donostiarra. Por el contrario, hubo otros films de una calidad análoga e, incluso, superior al de la cinta japonesa, lo que demuestra el excelente nivel demostrado por la que se antoja una de las mejores programaciones que se han visto en el Teatro Principal en los últimos años. Buena muestra de ello se encuentra en la que, a la postre, ocuparía el tercer cajón del imaginario podio de esta edición, la estadounidense Nación salvaje (Assesination Nation), llamada a convertirse con el devenir de los años en uno de los títulos de referencia dentro del género. Poliédrica y rica en matices, el que su marco de acción se circunscriba a una pequeña localidad llamada Salem da una idea muy aproximada de las intenciones perseguidas por su director y guionista, Sam Levinson. Así, lo que comienza como una llamada de atención sobre los peligros de la constante exposición a la que nos sometemos en el mundo virtual de las redes sociales acaba mutando según avanza el metraje en una de las más agudas y mordaces críticas en clave adolescente y feminista sobre el hipócrita puritanismo de la sociedad estadounidense en la era Trump, aunque extrapolable a cualquier país occidental, el nuestro sin ir más lejos. Un discurso de plena actualidad que Levinson envuelve bajo una estética multirreferencial y pretendidamente moderna de ascendencia videoclipera, dentro de una dirección que apabulla por su nivel y variedad de registros, en especial durante su soberbia primera parte. Tal es el nivel de lo ofrecido que solo un innecesario epílogo en el que la película cae paradójicamente en la misma generalización que critica evita que no hablemos de una obra maestra. Y es que no todos los hombres heterosexuales somos machistas y/o agresores en potencia, obviedad que parece que hubiera que matizarse siempre.

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Un año más la actriz Miriam Cabeza y Josemi Beltrán, director de la Semana, ejercieron de maestros de ceremonias

¿Por qué los hombres somos siempre culpables y las mujeres inocentes?” se pregunta, precisamente, el delirante protagonista que encarna de forma excelente Matt Dillon en un momento de La casa de Jack (The House That Jack Built), otros de los títulos destacados que nos dejó esta edición de la Semana. Estructurada por medio de diferentes episodios correspondientes a los “incidentes” vividos por su protagonista, la nueva película de Lars Von Trier narra el descenso a los infiernos literalmente de un maniático y más bien torpe asesino en serie que considera sus crímenes auténticas obras de arte, como si de un discípulo de Thomas de Quincey se tratara. A ratos hilarante, a ratos reflexiva, se trata de una comedia negrísima tan provocativa y políticamente incorrecta como cabría esperar viniendo del polémico cineasta danés, quien no desaprovecha la oportunidad para frivolizar con temas tan tabúes en el cine actual como la inclusión de escenas de violencia contra infantes, si bien un tanto irregular en su cómputo final debido a la adopción de una narrativa libre que se traduce en una duración superior a las dos horas y media. Pero lo que sobre el papel pudiera parecer por su ligereza un film menor dentro de la trayectoria del director de Melancolía, casi un divertimento, esconde, en realidad, una interesante digresión sobre la creación artística y el propio cine de su responsable, como ejemplifica aquel momento en el que el protagonista teoriza que los directores de cine suplen sus ansias de matar rodando películas, lo cual es significativamente acompañado por imágenes de anteriores películas del propio Von Trier.

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Varios espectadores disfrutando de la “Muestra de realidad virtual y terror” que se desarrolló durante el fin de semana dentro del marco de la Semana en una de las salas del Teatro Victorio Eugenia

Semejante introspección se repetiría en un título a priori tan distinto como Ghostland, el esperado nuevo trabajo de Pascal Laugier, viejo conocido de la Semana del que en ediciones anteriores pudieron verse sus previas Martyrs y El hombre de las sombras. Seis años después de esta última, el cineasta francés vuelve a ponerse tras de las cámaras con una película que funciona a muy distintos niveles. En su faceta de film de terror sus resultados no pueden ser más contundentes, en gran parte por un extraordinario sentido de la tensión que cristaliza en escenas tan antológicas como aquella en la que la protagonista presencia inmóvil como su captor tortura a una muñeca de trapo con un soplete, en la que sin mostrar ni un ápice de sangre o grafismo el director consigue transmitir una sensación de violencia y sordidez equiparable a la conseguida por Tobe Hooper en La matanza de Texas. Pero tras su aparente fachada de película efectista construida a base de calculados giros de guion convive un trabajo en el que, si bien suavizando la radicalidad de su discurso con respecto a sus films previos, Laugier construye la que quizás sea su obra más personal hasta el momento; un auténtico compendio y resumen de lo que ha sido su cine hasta la fecha, en el que homenajea referentes y reflexiona sobre la creación artística y los tropos que dominan el cine de terror actual. Uno de los títulos de la temporada, sin duda, que reafirma a su director como una de las voces más interesantes con las que cuenta el género en estos momentos.

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Escenificación de la concesión del premio “Blogos de oro” al mejor largometraje para “Border/Gräns”

Abalado por el máximo galardón de la sección “Un Certain Regard” cosechado en la pasada edición del Festival de Cannes, otro de los films que dejó un excelente sabor de boca fue la coproducción entre Suecia y Dinamarca Border/Gräns, adaptación de un relato de John Ajvide Lindqvist, el mismo autor de la novela que sirviera de basa a la que fuera la vencedora de este mismo certamen hace ahora justo diez años, la vampírica Déjame entrar. Quizás por ello, Border guarde tantos puntos en común con aquélla desde el punto de vista argumental. También aquí su historia se centra en la relación que se establece entre dos seres desubicados y/o aislados de la sociedad por culpa de ser diferentes a eso que se considera normal. Y, al igual que ella, su tratamiento entremezcla diferentes registros que en este caso van desde el thriller nórdico al surrealismo mágico, pasando por el drama romántico, la ironía o el terror puro y duro. Diferentes tonos y géneros que el director iraní Ali Abbassi combina con un gran sentido del equilibrio a través de un hipnótico pulso narrativo con el que, sin levantar la voz y casi sin que nos demos cuenta, nos sumerge en una historia que transita desde la jocosidad que despiertan sus primeros compases para ir poco a poco oscureciéndose hasta un desenlace que, en última instancia, viene a reflejar que la auténtica humanidad es la que demostramos con nuestros actos, no la que se presupone por nuestro aspecto. A las habilidades de Abbasi como narrador cabe añadir su valentía a la hora de desarrollar la premisa fantástica en que se basa hasta sus últimas consecuencias, sin por ello desechar su interpretación metafórica, o la ternura que consigue despertar hacia su personaje protagonista encarnado por Eva Melander, cuya abundante caracterización engrandece lo entregado de su interpretación.

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Monstruo de Frankesntein perteneciente a la exposición que acogió el hall del Teatro Victoria Eugenia en memoria de Alberto Saavedra, el histórico encargado de la decoración de la fachada del Teatro Victoria Eugenia durante la Semana

Si el balance dejado por Border no fuera apreciable por sí solo, su saldo sería aún más positivo al compararla con otra película participante en la Sección Oficial de esta edición planteada sobre idénticos planteamientos. Nos referíamos a The Dark, ópera prima de Justin P. Large, quien para su debut se basa en un corto propio homónimo que ya fuera proyectado en este mismo certamen en el pasado 2013. En este caso, la trama se articula a partir de la relación que se establece entre dos jóvenes golpeados por la violencia ejercida contra ellos por los adultos; la una, convertida en un auténtico monstruo tras ser violada y enterrada viva por el novio de su madre; el otro, un joven con síndrome de Estocolmo hacia el secuestrador que le quemó los ojos. Hasta aquí nada que objetar. El problema es que, una vez presentada la situación de partida, la historia transita por los cauces más predecibles que uno pueda imaginarse, sin que los sucesivos flashbacks destinados a informar sobre el pasado de la protagonista consigan levantar la función. Aunque sin duda la principal culpa lo tiene una alarmante falta de ritmo que hace que su visionado resulte francamente aburrido. Algo parecido le ocurre también a The Wind, western de terror psicológico en el que los hechos sobrenaturales se derivan del efecto que producen en la psique de la protagonista el aislamiento, la soledad y la frustración a la que le conduce el hecho de no poder concebir hijos sanos. Un planteamiento atractivo, pero desarrollado con una evidente falta de ideas que la deconstrucción argumental a la que es sometido es incapaz de ocultar. Por si no fuera bastante, su novel directora, Emma Tammi, no duda en caer en el más pueril subrayado mediante la inclusión de un epílogo en el que se explica lo que es evidente, no vaya a ser que el atontolinado espectador no se entere, además de confundir la creación de atmósferas con una desesperante morosidad narrativa.

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Josemi Beltrán junto a Ángel Sala, director del Festival de Sitges, quien presentó el pase de “What Keeps You Alive”

Y no de problemas de ritmo sino de falta de concreción narrativa pecaron otros tres integrantes de la selección de este año, entre los que se encontraban algunos de los teóricos platos fuertes de la edición. Es el caso de Mandy, uno de los estrenos más controvertidos de la temporada debido a las pasiones despertadas entre sus espectadores, divididos entre aquellos que la aman y los que la odian, sin que exista término medio. El motivo de tanta pasión encontrada estriba en la radicalidad de una propuesta concebida como una experiencia sensorial, algo que lleva a su director, Panos Cosmatos, a priorizar los motivos estéticos y formales por encima de la cohesión de los aspectos narrativos, lo que se traduce en una primera parte que tarda un mundo en arrancar. No es hasta mediado el metraje, y una vez se inicia la arquetípica venganza de su protagonista contra los asesinos de su esposa, que la película levanta el vuelo, desatando un auténtico delirio de sangre, drogas, motoristas cenobitas y peleas con motosierras a mayor gloria de las dotes histriónicas de un Nicolas Cage desatado en el papel de vengador alucinado. Casualmente, los otros dos referidos exponentes, Piercing y What Keeps You Alive coincidirían en tratarse de films sustentados sobre planteamientos minimalistas, habitados por personajes enfermizos, trufados de un sentido del humor negro y acreedores de cierto estilismo visual, malogrados, sin embargo, por el estiramiento al que son sometidas sus respectivas tramas. En Piercing el problema deriva de la utilización de un planteamiento argumental más propio de un corto, con dos únicos personajes en otras tantas localizaciones, pero insuficiente para un largometraje de ochenta y un minutos, como es el caso; mientras que en What Keeps You Alive se encuentra en la intención de sus responsables de dar una innecesaria vuelta de tuerca más a su historia por medio de caprichosos giros de guion que desdibujan los, con todo, estimables resultados de este thriller de ecos hitchcockianos de poderosas interpretaciones.

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Los representantes de los cortos “Donosti monogatari (express)” y y “Mi nombre es Koji” posando junto al director de la Semana ante los medios antes de la rueda de prensa de “‘Japón y España 150 años”, certamen que conmemoraba el aniversario de la firma del tratado de amistad entre los dos países y de la que formaron parte ambos títulos junto a “Carmen”

Por otra parte, el que el máximo galardón fuera a parar a One Cut of the Dead serviría para ratificar la especial atención puesta por esta Semana al cine procedente de aquellas latitudes geográficas. No solo al ya tradicional protagonismo en el certamen donostiarra de la cinematografía japonesa, cuya presencia dentro de la sección de largometrajes a concurso se completó con dos adaptaciones de mangas, Inuyashaki y Liverleaf/Misumisô, entre cuyos aciertos cabe destacar el modo en el que en su primer acto refleja con unas pocas pinceladas un tema tan complejo como el acoso escolar sobre el que pivota su historia y los motivos que se esconden tras los agresores; sino a la asiática en general. Así, a los tres films procedentes del país del sol naciente se le unirían sendos exponentes del cine comercial actual surcoreano que contaron con el respaldo del público, a decir de las puntuaciones recibidas. Acorde a su condición, ambos títulos destacaron por la espectacularidad y dominio de la técnica de sus escenas de acción, hermanándose por el hecho de que sus bandas sonoras compartan idéntico autor, Mowg, el más destacado compositor cinematográfico con el que cuenta hoy por hoy el país asiático, como demuestra el que incluso haya sido reclamado por la industria estadounidense en alguna ocasión. En cuanto al contenido de los dos films propiamente dicho, The Witch: Part 1. The Subversion/Manyeo es un thriller de acción y ciencia ficción que presenta una historia a medio camino entre Ojos de fuego de Stephen King y los X-Men, adaptada a la melodramática dramaturgia característica del cine surcoreano. En cuanto a Monstrum, supone un exótico cruce de caminos entre cine histórico y monster movie de raigambre pulp, que narra la caza de un supuesto monstruo durante la dinastía Joseon, allá por el siglo XVI. Pese a aciertos parciales, como el interesante  retrato que hace de los tejemanejes e intereses del mundo de la política, lo cierto es que sus resultados quedan muy por debajo del atractivo que ofrece su punto de partida, a causa de un desarrollo sujeto a los más nefastos convencionalismos del blockbuster hollywoodiense, personajes cómicos incluidos.

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Panorámica de la exposición dedicada a “Mazinger Z” en el Centro Cultural Aiete celebrada con motivo de la Semana

Otra cinematografía que contó con una atención especial dentro de la programación de esta vigésimo novena edición fue la latinoamericana, haciéndose eco así el certamen del auge que el cine fantástico del cono sur viene atravesando en los últimos años. En total, tres serían las propuestas llegadas desde Hispanoamérica. Procedentes de Argentina lo harían Abrakadabra, esteticista recreación de los motivos del giallo con la que sus responsables, los hermanos Onetti, cierran su trilogía dedicada al estilo iniciada por Sonno profundo y Francesca, y que vendría a ser una especie de buena imitación de un mal giallo, con un pésimo uso del sonido; y Muere, monstruo, muere, cuya singular propuesta y elevadas pretensiones mal disimuladas no le libraron de lograr la puntuación más baja de la selección a concurso. El tercer título en discordia vendría desde la vecina Chile con Trauma, cuarto largometraje de Lucio A. Rojas, quien simultaneó su presencia en la Semana para presentar su trabajo con sus labores como miembro del jurado de la sección de cortometrajes. El viaje de cuatro jóvenes mujeres a una casa situado en un aislado pueblo del interior del país suramericano es la premisa empleada por Rojas para explorar la herencia de la dictadura de Pinochet en el Chile actual en un film seco y contundente, cuya tendencia a la escabrosidad y a la calculada provocación hace que no sea un plato apto para estómagos sensibles.

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Momento del tradicional concurso de disfraces celebrado durante la noche de Halloween

Precisamente, la única representante española dentro de la Sección Oficial de este año vendría a prolongar lo ya expuesto, al tratarse de la coproducción con México El año de la plaga. En sus primeros compases, Casu, el bibliotecario conspiranoico que interpreta Canco Rodríguez, comenta que al nuevo film de George Romero le están lloviendo críticas por todos los lados. “No se puede uno tomar tan en serio una plaga zombi o una invasión alienígena”, concluye. Toda una declaración de principios de lo que supone esta fallida traslación a la gran pantalla de la popular novela de Marc Pastor. Y es que, por más que no se le pueda negar honestidad, lo cierto es que su enfoque no puede estar más equivocado, a causa de un tratamiento que amalgama sin orden ni concierto comedia, melodrama, thriller y ciencia ficción. Sin embargo, la coctelera genérica no funciona en ningún momento, como tampoco lo hace su potenciada carga cómica. Por el contrario, durante la segunda mitad del metraje todo el interés del relato es confiado a la manoseada historia de amor entre el protagonista encarnado por Ivan Massagué, y su ex-novia, desarrollada a través de un continuo bombardeo de diálogos verborreicos que contrastan con unos pasajes en los que, en teoría, la película transita por los cauces de la aventura urbana.

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Imagen de la exposición “Fantasmías & Antepasadolls” de Sandra Arteaga en la la Sala de Actividades de la Biblioteca Municipal de San Sebastián

Mucho mejor resultó la participación española en el formato corto, donde de los siete galardones en liza, tres se quedaron en nuestro país. El simpático costumbrismo cañí a medio camino entre José Luis Cuerda y Luis García Berlanga de El escarabajo al final de la calle se alzó con los dos premios reservados a los trabajos nacionales, es decir, el del público al mejor cortometraje español y el concedido por Syfy en idéntico apartado; mientras que La noria, trabajo por el que su director, Carlos Baena, abandonó Pixar, según comentó un miembro del equipo durante su presentación, cosechó la mejor puntuación en el concurso de cortometrajes de animación. Un botín al que cabe añadir lo conseguido por la gran triunfadora de esta edición dentro del formato, Baghead, de nacionalidad británica pero dirigida por el español Alberto Corredor, acreedora de los premios del público, del jurado y del jurado joven.

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Entrada de la exposición “Eloy de la Iglesia. Ese oscuro objeto de deseo” en la sala Kutxa Kultur Artegunea

La presencia española en la pantalla del Teatro Principal se completó con Una gota de sangre para morir amando, la considerada explotación de La naranja mecánica que Eloy de la Iglesia realizara a mediados de los setenta y que fue proyectada como homenaje al fallecido cineasta guipuzcoano coincidiendo con la recomendable exposición “Eloy de la Iglesia. Ese oscuro objeto de deseo”, comisariada por Pedro Usabiaga y acogida por la sala Kutxa Kultur Artegunea de Tabakalera, en la que, a través de fotografías, recortes de prensa y objetos personales del cineasta, se ofrece un completo recorrido por su filmografía. Claro que Una gota de sangre para morir amando no fue el único film añejo que formó parte de la programación de esta vigésimo novena edición. En sintonía con el cartel oficial de este año, en el que la actriz Itziar Castro aparece ataviada cual novia de Frankenstein, con motivo del doscientos aniversario de la publicación de la novela original de Mary Shelley el ciclo retrospectivo de este año de la Semana estuvo dedicado a una selección de títulos basados en la más famosa creación de la escritora inglesa. Nueve fueron en total los films que compusieron una retrospectiva que, un año más, tuvo como sede el Teatro Victoria Eugenia, entre los que habría una especial predilección por adaptaciones del mito menos evidentes y ortodoxas, que permitieron a los aficionados disfrutar en pantalla grande (subtitulados únicamente al euskera, eso sí) de clásicos del calibre de La novia de Frankenstein o la hammeriana La maldición de Frankenstein, junto a rarezas del tipo de Gothic, Carne para Frankenstein, el último film dirigido por Roger Corman, La resurrección de Frankenstein, o Frankenstein’s Army, entre otras.

José Luis Salvador Estébenez

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Fotografías: Juan Mari Ripalda

Steven E. De Souza, director de “Street Fighter: La última batalla”, estará en la 8ª edición de CutreCon

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Steven E. De Souza, guionista imprescindible del cine de acción de los 80 y director de Street Fighter: La última batalla (1994), la adaptación del videojuego de mismo nombre, acudirá a la octava edición del Festival internacional de Cine Cutre de Madrid, CutreCon, para presentar una proyección de la citada película el 24 de enero de 2019 a las 21:00 horas en el Palacio de la Prensa de la Gran Vía.

Street Fighter

En 2019 se cumplen veinticinco años del estreno de Street Fighter: La última batalla y los organizadores de CutreCon han querido celebrar este aniversario con una multitudinaria sesión doble bautizada como “Impact Game: Gamexploitation” en la que, además del film de De Souza, se programará otra película aún por anunciar, también relacionada con el mundo de los videojuegos. Asimismo, en el marco de CutreCon, De Souza recibirá el premio “Sha-Di-Ah”, galardón que recibirá por su imprescindible aportación al “cine cutre”.

Steven E. De Souza

Steven E. De Souza es uno de los grandes guionistas del cine de acción hollywoodiense de los años 80. Entre sus trabajos, destaca sin lugar a dudas su guión para La jungla de cristal (1988), considerada por muchos eruditos como la mejor película de acción de todos los tiempos. Asimismo, también contribuyó a la fama de Arnold Schwarzenegger, ya que firmó los guiones de películas tan celebradas como Commando (1985) o Perseguido (1987). Tras hacerse un nombre como guionista en Hollywood, en 1994 le llegó la oportunidad de dirigir su primera super producción, adaptando uno de los videojuegos más exitosos de la historia, Street Fighter. Pero el resultado no fue el esperado y, la película, a pesar del éxito en taquilla, fue masacrada por la crítica y muchos aficionados consideraron que se trataba de un insulto al videojuego original.

Sin embargo, el tiempo le acabó dando la razón a De Souza, y ahora Street Fighter: La última batalla cuenta con miles de fans a lo largo y ancho del globo y sigue generando pingues beneficios veinticinco años después de su estreno, gracias, en gran parte, a sus constantes reposiciones en televisión. Consciente del estatus que ha alcanzado la película, De Souza no ha dudado en acudir a la llamada de CutreCon para reírse de su exitoso traspiés y compartir todo tipo de anécdotas con el público.

Entre sus próximos proyecto, para 2019 De Souza está preparando la película Bombay Bullet a dirigir por Rob Cohen –A todo gas– y también una miniserie de diez horas titulada Gulliver ́s Curse, que da una vuelta de tuerca a la inmortal novela de Jonathan Swift. En prensa escrita, sus primeros textos fueron publicados en la legendaria revista de rock and roll “Crawdaddy”, a la que siguieron otras prestigiosas publicaciones como “The New York Times”, “The Los Angeles Times”, “Empire, Premiere” y “Fade-In”. Actualmente escribe los guiones de la exitosa reinvención de Sheena, Reina de la Selva -la primera superheroína de la historia- de la editorial Dynamite Comics, de la cual se prepara una versión televisiva para 2020.

De Souza ha sido nominado dos veces para el Premio Edgar Allan Poe al Mejor Guión de Misterio y al Premio Saturn a la Mejor Película de Ciencia Ficción o Fantasía. Recibió el Premio Norman Lear por toda su carrera y ejerce frecuentemente como profesor invitado en la Escuela de Cine de la USC y en el American Film Institute. Igualmente ha impartido clases magistrales de guión en UCLA, The American Cinematheque y FICCI Frames en Mumbai, India.

Pero De Sousa no será la única personalidad que visitará esa próxima edición de CutreCon, ya que la sesión “Impact Game: Gamexploitation” también contará con la presencia de la guionista Jeri Barchilon, quien ejerció como productora asociada en Street Fighter: La última batalla. Junto a De Souza, Barchilon responderá a las preguntas de los asistentes a CutreCon y narrará anécdotas del rodaje del filme.

Jeri BarchilonBarchilon se inició como escritora de comedia para adolescentes con la teleserie The New Gidget (1986), para después pasarse a la acción y el suspense para adultos en ficciones como Supercarrier (1988) o Historias de la cripta (1990). También participó en Juego de supervivencia (1987), una versión moderna del clásico El malvado Zaroff (1932), con un elenco de actores que incluye a Seymour Cassel -habitual del cine de John Cassavetes- y Mike Norris, hijo de Chuck Norris.

Como productora, Barchilon permaneció en el cine de acción y aventuras con Street Fighter: La última batalla y después regresó al género de terror con una historia extraída de la realidad y no de los videojuegos, con el filme Poseído (2000), basado en el best seller sobre el caso real que inspiró la novela El exorcista de William Peter Blatty.

Born to be Bad Libro Español

Por otra parte, por segundo año consecutivo CutreCon contará con un libro oficial. En esta edición la publicación será “Born to be bad (Nacidos para ser malos)”, una exhaustiva compilación de entrevistas a algunos de los mejores villanos del cine de acción. Escrito por el autor británico Timon Singh, la obra llega a España de la mano de Applehead Team Creaciones, editorial especializada en libros de género.

Timon Singh

Timon Singh también acudirá a CutreCon como invitado del certamen, para presentar su libro, el cual incluye un prólogo del guionista Steven E. De Souza. Experto en cine de acción, Singh es cofundador del Bristol Bad Film Club, una organización no lucrativa afincada en Bristol (Inglaterra), como su nombre indica, que cada mes proyecta películas “tan malas que son geniales”, con el propósito de recaudar fondos que se destinan a iniciativas de caridad y causas sociales. Nacido y criado en Bristol, Singh regresó a su ciudad natal, desde la que trabaja dentro de la industria editorial.

Las entradas para la sesión doble “Impact Game: Gamexploitation” el 24 de enero en el Palacio de la Prensa de Madrid, saldrán próximamente a la venta por 10 euros en taquilla y en la web www.super8.es. Asimismo, ya están a la venta un número muy reducido de abonos VIP -apodados como “bonobos” VIP- que incluyen todas las sesiones de CutreCon -con asiento preferente en las sesiones gratuitas-, merchandising oficial del festival y cena con los invitados, que se pueden adquirir en la taquilla del Palacio de la Prensa y en www.super8.es. Igualmente están disponibles el “Bonobo” General -que da acceso a todas las sesiones de pago- y las entradas de la maratón “Kongatón” -que cerrará el festival el 27 de enero-.

Published in: on noviembre 29, 2018 at 7:00 am  Dejar un comentario  
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Palmarés de la segunda edición del Festival Isla Calavera

Palmarés Isla Calavera 2018

El pasado domingo finalizaba la segunda edición del Festival de Cine Fantástico de Canarias – Isla Calavera. Un día antes, el certamen celebraba su gala de clausura en la que se escenificó la entrega de los galardonados a los diferentes premiados. Así, el Jurado de la Sección Oficial de Largometrajes a Competición, integrado por el crítico, director y guionista de cine Santiago Tabernero (como presidente), Víctor Matellano (escritor, director y guionista) y el profesor de Teoría e historia del Cine de la Universidad de La Laguna Fernando de Iturrate Cárdenes, decidió considerar la producción francesa La nuit a dévoré le monde, dirigida por Dominique Rocher, como la merecedora de la consideración de Mejor Largometraje de la Sección Oficial entre quince participantes.

Apocalipsis Voodoo

El equipo de “Apocalipsis Voodoo” posando con el Premio del Público al Mejor Largometraje

Por su parte, La casa de Jack (The House that Jack Built), la nueva película de Lars von Trier, se hizo con los premios al Mejor Guion, escrito por el propio cineasta danés, y el Premio “Jack Taylor” al Mejor Actor, para Matt Dillon. El Premio Isla Calavera a la Mejor Actriz fue concedido, ex aequo, a la pareja protagonista de What Keeps You Alive, Hannah Emily Anderson y Brittany Allen. El galardón a la Mejor Dirección recayó en Pascal Laugier por Ghostland, mientras que el Premio “Colin Arthur” a los Mejores Efectos Especiales fue para la antología de terror Nightmare Cinema, film de capítulos dirigido por más destacados autores del cine de género, entre los que se encuentra Mick Garris, quien el pasado miércoles recogía en Tenerife el Premio Isla Calavera de Honor como reconocimiento a su trayectoria. Asimismo, el Jurado otorgó una Mención Especial a la película canaria Apocalipsis Voodoo, de Vasni Ramos, “por su apasionado homenaje a la televisión y el cine de los 70 y la contagiosa alegría del proyecto”.

Por otro lado, el Jurado de la Sección Oficial de Cortometrajes a Competición del Festival, formado por Sabino Álvarez, gerente de Multicines Tenerife (presidente), la cineasta Isabel Coll y el periodista especializado Benjamín Reyes, determinó el Premio Isla Calavera al Mejor Cortometraje para La proeza, escrito y dirigido por Isaac Berrokal. Elegido por unanimidad, el jurado fundamentó su fallo “por ser un cortometraje epatante que refleja el espíritu de un festival de género fantástico. Híbrido de terror y drama, aborda de forma genuina el tema del aborto que entrelaza con un estremecedor aquelarre”.

Paola Bontempi

Daniel Fumero, codirector del Festival, junto a Paola Bontempi, actriz protagonista de “Máscara de cordura”, Premio del Público al Mejor Cortometraje

En la misma gala también se dieron a conocer a los ganadores de los Premios del Público al Mejor Cortometraje y al Mejor Largometraje, determinados por la votación de los asistentes a las distintas sesiones del programa. De este modo, el Premio del Público al Mejor Cortometraje fue para Máscara de cordura, de Fran Casanova, el cual fue recogido por su actriz protagonista, Paola Bontempi. En cuanto al Premio del Público al Mejor Largometraje vino a reconocer de nuevo a Apocalipsis Voodoo.

Diego López

Diego López dirigiéndose al público tras recoger el nuevo Premio Isla Calavera a la Difusión del Fantástico 

Durante la ceremonia también se entregó el Premio Isla Calavera a la Difusión del Fantástico a Diego López, galardón nacido este año con el objetivo de reconocer la labor de estudiosos del género, periodistas especializados, críticos o entidades dedicadas a la investigación o promoción del fantástico. Diego López inauguró así este reconocimiento a su trayectoria en calidad de miembro del comité de programación del Festival de Sitges, responsable de la sala Brigadoon del certamen catalán, editor del fanzine El Buque maldito, autor y colaborador de numerosas publicaciones y libros, además de su faceta documentalista.

Más información: www.festivalislacalavera.com

Fotografías: Sergio Méndez

Published in: on noviembre 28, 2018 at 6:59 am  Dejar un comentario  

Entrevista a Eisuke Naitô, director de “Liverleaf/Misumisô”

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Un año más la programación de la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián otorgó un gran protagonismo a la cinematografía japonesa. Buena muestra de ello son los tres exponentes del país del sol naciente que formaron parte de la Sección Oficial de esta vigésimo novena edición. De ellos, dos conformarían la ya tradicional “Japan Gaua”: la posteriormente ganadora del certamen One Cut of the Dead/Kamera o tomeru na! (2017) e Inuyashiki (2018). El título restante sería Liverleaf/Misumisô (2018), adaptación de un manga que trata un tema de tan candente actualidad como el del acoso escolar, entre cuyos aciertos destaca el nivel interpretativo de su joven reparto y el modo en que acierta a reflejar a base de unas pocas pinceladas el contexto que propicia el bullying y a los acosadores.

En su participación en el certamen donostiarra, Liverleaf estaría acompañada por su director, Eisuke Naitô, de quien hace unos pocos años pudo verse en este mismo marco uno de sus anteriores trabajos, Puzzle/Pazuru (2014). Nacido el 27 de diciembre de 1982, la juventud del cineasta nipón no ha impedido que cuando ni siquiera ha cumplido los treinta y seis años de edad cuente ya a sus espaldas con una nutrida filmografía compuesta hasta el momento por siete películas, todas ellas con un mismo denominador común: el estar protagonizadas por personajes adolescentes, circunstancia esta que convierten a Naitô en todo un especialista en la temática.

Liverleaf poster

Todas sus películas hasta el momento guardan la particularidad de estar protagonizadas por adolescentes. ¿De dónde viene su interés por este tipo de personajes?

Cuando yo era estudiante de secundaria o bachillerato hubo un asesinato cometido por alguien que tenía más o menos mi misma edad. Aquello me impresionó mucho y me hizo pensar: “Ah, vaya, hay gente de mi edad que llega hasta el punto de matar a alguien…”. En aquellos tiempos yo era bastante introvertido, con muy pocos amigos y, de alguna manera, sentía que aquel asesino de mi generación compartía la misma frustración. No voy a decir que sintiera empatía por sus actos, pero sí que, de alguna manera, comprendía cómo se sentía.

Antes de convertirse en director de cine fue profesor. ¿Esta experiencia de trabajar con los jóvenes y, por tanto, conocer su mundo, se ha reflejado de algún modo en sus películas?

Sí, es cierto que fui profesor. Lo dejé y me convertí en director de cine. En cuanto a mi experiencia de entonces, bueno, desde mi posición de profesor, es la mirada que tiene un adulto hacia los niños. En mis películas hasta ahora lo que he intentado reflejar es el punto de vista de los niños pero, cada vez más, añado también el punto de vista adulto que me dio aquella experiencia profesional. Creo que en las próximas películas tendrá más relevancia el punto de vista del profesor.

En el caso de Liverleaf, aborda el tema del acoso escolar. ¿Por qué se decantó por él?

Bueno, en realidad esto también tiene que ver con una experiencia de mis años escolares. Hubo un caso de un niño que murió como consecuencia del acoso escolar al que le sometieron sus compañeros. En aquella ocasión, al principio, los culpables reconocieron su falta. Es el llamado “caso del asesinato de la colchoneta de Yamagata”. Sin embargo, a mitad del proceso cambiaron su declaración y comenzaron a decir que ellos no habían hecho nada. Precisamente, todavía hoy el caso está en recurso de apelación defendiendo la postura de que les han cargado con un crimen del que son inocentes. Es decir, perdieron el juicio y fueron declarados culpables, pero a mí lo que me interesaba es de qué manera la conciencia de haber cometido un delito va cambiando dentro de uno mismo.

No obstante, según ha comentado en la rueda de prensa, el proyecto le viene un poco de forma imprevista…

Cierto. El comienzo de esta película fue un poco raro. Originalmente la iba a hacer otro director, que abandonó el proyecto en el último momento. Entonces, los productores estuvieron buscando a un nuevo director y así fue como la película llegó hasta mí. El problema fue que cuando asumí la dirección apenas quedaba un mes para comenzar a filmar, por lo que fue un proceso un poco agobiante. No se podía retrasar el rodaje, ya que como el escenario en el que transcurre la película es nevado, había que empezar a filmar inmediatamente para aprovechar la temporada de nieve, lo que repercutió en que no dispusiera de mucho tiempo para preparar el filme.

Además, no había mucho presupuesto, ya que como los actores debían de ser jóvenes por el tipo de personajes que tenían que interpretar, la mayoría son desconocidos, lo que hacía que los inversores no estuvieran interesados en entrar en la película. Hubo alguno interesado en intervenir con la condición de que se contratara a algún actor famoso       joven, que tuviera unos veinte años, pero no podía ser, ya que no iba a resultar creíble dando vida a un personaje adolescente.

Con todos estos condicionantes quizás lo más lógico hubiera sido no aceptar la proposición. Sin embargo, había visto los videos del casting de los actores, y me parecieron tan buenos que decidí hacer la película a pesar de todas estas circunstancias. Es curioso porque, finalmente, el que solo tuviera un mes para poder prepararla me ha permitido trabajar con mayor libertad de la que habría tenido de disponer de más tiempo.

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Rueda de prensa de “Liverleaf” en la Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti. De izda. a drcha.: Eisuke Naitô, el productor de la película y Josemi Beltrá, director de la Semana.

Liverleaf tiene su origen en un manga. ¿Cuánta fidelidad ha tenido con respecto a la obra en que se basa?

En líneas generales he seguido la trama del manga de partida. El mayor cambio viene al final, porque en el manga original Taeko muere y en la película sobrevive. Antes he hablado sobre la conciencia de culpabilidad. Taeko es la única que mira de frente su propia culpabilidad y por eso pensé en hacer que sobreviviera y reflexionara qué debe hacer al llegar a esos momentos.

Además del acoso escolar, otro tema muy presente en la película es el del egoísmo. Está el personaje de la compañera de la protagonista que empieza a acosar a esta para evitar que el resto de los compañeros de clase le hagan lo mismo, o el de la profesora que prefiere hacer la vista gorda y no inmiscuirse en los abusos de sus alumnos porque ella misma sufrió también el acoso en su juventud y de algún modo el recordarlo le supone algo doloroso…

Pues… Verá, cuando yo era profesor me di cuenta de que el hecho de que alguien fuera profesor no implicaba que en todos los casos fuera una persona como es debido. Por ejemplo, los hay que han llegado a una edad adulta arrastrando los mismos problemas psicológicos que tenían en la adolescencia e incluso diría que precisamente por eso han escogido el colegio como lugar de trabajo.

Mucha gente considera Liverleaf una película de venganza, aunque en mi opinión es todo lo contrario: es una película de defensa. Los momentos en los que Haruka, la protagonista, actúa contra sus acosadores es siempre como respuesta a un ataque previo, no porque se tome la justicia por su mano. ¿Está de acuerdo?

En parte, también es así. Por lo que respecta al formato de la historia, la primera mitad tiene el formato de una historia de venganza, pero creo que en la segunda parte se va desviando de esta línea.

La estética de la película, con la protagonista enfrentándose a sus enemigos en parajes nevados, me ha recordado al clásico setentero Lady Snowblood/Shurayukihime (1973). ¿Se encontraba este film entre sus influencias?

Es la primera vez que me lo dicen, pero Lady Snowblood parte de un manga que me gusta y puede que inconscientemente me influyera. El que sí tuve muy presente fue el film de Sergio Corbucci Il grande silenzio [dvd/bdr: El gran silencio, 1968] a la hora de dar ese aire poético a las escenas de los enfrentamientos de los personajes en medio de la nieve.

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La mayoría del reparto de Liverleaf se compone por jóvenes actores con escasa experiencia, muchos de los cuales eran la primera vez que se ponían delante de las cámaras. ¿Cómo fue el trabajo con ellos?

Bueno, antes que nada, muchos ensayos, antes de rodar y durante el rodaje también. Durante el rodaje, en cuanto anochecía había que parar la filmación, así que, justo antes de cenar, hacíamos otro ensayo.

Luego, por ejemplo, en el caso de la actriz que interpreta a Taeko era la primera vez que actuaba, o en el de Rumi, que aunque había hecho algo de teatro, era su primera película, así que yo les hacía preguntas sobre sus personajes para que reflexionaran sobre los problemas que tenían y comprendieran mejor la situación. No es que yo les diera la respuesta, pero les guiaba de manera que llegaran a la conclusión que yo buscaba.

Me ha llamado la atención de que, frente al realismo con el que está plasmada toda la historia del acoso escolar, en las escenas de violencia sin embargo adopta un grafismo exagerado propio del gore…

En Japón, cuando uno realiza una adaptación cinematógrafica de un manga se le da mucha importancia a los detalles concretos, lo cual entraña muchas dificultades. Pero si uno descuida ese aspecto, enseguida le llueven las críticas, y ese es uno de los motivos para dicha representación de la violencia.

Aunque a veces puedan parecer unas imágenes muy exageradas, creo que es necesario llegar hasta ese punto. Desde un primer momento, el planteamiento fue algo como “vamos a ofrecérselo a Naitô, porque él sí llegará hasta el punto al que hay que llegar”.

Una de las escenas más impactantes de la película es aquella del beso sangriento entre los personajes de Haruka y Mitsusru. ¿Tiene algún significado este momento más allá del puramente estético?

Ah, eso no estaba en el manga original. Es una escena que da a entender la compenetración de sentimientos entre ambos chicos, simbolizada por el color rojo de la sangre, que se extiende como un pintalabios.

Creo que actualmente se encuentra trabajando en la posproducción de su nueva película. ¿Qué puede adelantar de ella?

El rodaje ha terminado y se encuentra en la fase de montaje. Es también una historia sobre delitos de acoso. El título previsto es Yurusareta kodomo-tachi (“Los niños a los que se perdonó”). Liverleaf tiene un alto contenido de ficción, con unas imágenes muy exageradas sí se quiere; sin embargo, esta nueva película tiene un punto de vista realista, sobre las leyes penales relativas a los menores y la manera en que sus delitos son juzgados en los tribunales.

En el caso del que hablé al principio, el del “asesinato de la colchoneta de Yamagata”, al principio los culpables reconocieron su autoría y luego, cuando cambiaron la declaración y negaron los hechos, se llegó incluso a dictar una sentencia de inocencia. En mi próxima película utilizo este hecho real para explorar la manera en que se llegó a esta sentencia inicial de inocencia. Y luego ver de qué manera estos niños que han sido declarados inocentes se convierten en adultos.

José Luis Salvador Estébenez

Traducción: Daniel Aguilar

Fotografías: Juan Mari Ripalda

  • El autor de la entrevista quiere expresar públicamente su agradecimiento Daniel Aguilar por su desinteresada labor para que esta entrevista viera la luz.

Las peores películas sobre videojuegos protagonizan el “Cinecutre en vivo” del 2 de diciembre en Madrid

Cartel CC en Vivo Videojuegos

El espectáculo de humor Cinecutre en vivo regresará el 2 de diciembre al local “El Chico Feo” (C/ Covarrubias, 21) de Madrid con un exhaustivo repaso por las peores películas sobre videojuegos, donde títulos como Double Dragon (1994), Super Mario Bros (1993), Mortal Kombat: Aniquilación (1997) o la desconocida versión coreana de Street Fighter, entre otros muchos, serán los protagonistas.

Como es habitual, Carlos “Oso” Palencia, director del festival “Cutrecon” y colaborador del programa Hoy empieza todo de Radio 3, y Vera Montessori, cómica profesional y guionista del programa de televisión “LocoMundo” del canal #0 de Movistar+, serán los conductores de este show multiformato único en España, que combina monólogos de humor, sketches en directo y extractos de películas, para recorrer en clave de comedia lo peor del cine de serie B y Z. Sus responsables, veteranos de la web de cine y humor Cinecutre.com, lo definen como “un viaje a las profundidades abisales del celuloide”, donde se dan a conocer algunas de las películas “más delirantes, ignotas y chapuceras de todos los tiempos”. Además, una de las principales características que definen a este show es la cercanía con el espectador, ya que durante la función se permite al público interaccionar con los presentadores y hacer preguntas, como si de una clase se tratara.

Las entradas para el próximo espectáculo Cinecutre en vivo sobre las peores adaptaciones cinematográficas de videojuegos, con consumición incluida, se pueden ya reservar a un precio de 8 euros en la taquilla de “El Chico Feo”, así como en las webs Atrapalo y Woutick.

Published in: on noviembre 25, 2018 at 9:07 am  Dejar un comentario  

Crónica de la VI edición del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna Madrid

Tras el cambio en la dirección vivido hace un año, la sexta edición de Nocturna debía de servir para terminar de perfilar la propuesta del nuevo equipo organizativo del certamen, como así ha sucedido. Sin abandonar las que han venido siendo las principales señas características del certamen, en las cinco jornadas que ha comprendido Nocturna 2018 se han corroborado los cambios, mejoras y/o potenciación de aspectos que se habían esbozado hace ahora doce meses. En este sentido resulta harto significativo el que esta edición estuviera dedicada al público del festival. Y es que, por más que la cercanía con los espectadores y su carácter abierto haya sido uno de los rasgos distintivos de su personalidad desde su propio nacimiento, lo cierto es que en esta ocasión se ha reforzado aún más con iniciativas como la celebración de una fiesta de Halloween la noche del viernes 26 destinada a facilitar la reunión, el encuentro y la interacción entre los incondicionales del certamen más allá de la sala de cine, al tiempo que fomentar el ambiente festivalero.

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Con todo, mucho más revelador de los planes que sus nuevos rectores tienen para Nocturna es la ampliación en una nueva sede para las proyecciones, con la que se ha alcanzado la cifra de tres. Si el pasado año fue la Sala Plató de Cineteca, en esta oportunidad ha sido, además, la Sala Berlanga de la Fundación SGAE la que se ha unido al proyecto, acogiendo un total de cinco sesiones repartidas a lo largo de tres días dedicadas a ofrecer una retrospectiva sobre el denominado fantaterror español con motivo de su medio siglo de existencia. La semana del asesino, Pánico en el Transiberiano o No profanar el sueño de los muertos fueron algunos de los títulos que pudieron disfrutarse en pantalla grande dentro de un ciclo iniciado, no por casualidad, con el pase de La marca del hombre lobo con motivo del cincuenta aniversario de su estreno, en un arranque que sirvió también de aperitivo a la inauguración oficial del festival un día más tarde, y que se completó con una mesa redonda sobre el fantaterror y el estreno mundial del mediometraje The Legend of El Hombre Lobo, un fan film estadounidense que rinde un sincero y cariñoso homenaje al ciclo de Waldemar Daninsky en general, y a El retorno del hombre lobo en particular.

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El hecho de que la incorporación de las salas Plató y Berlanga implique la alianza y colaboración de Nocturna con dos entidades de la importancia en la vida cultural madrileña de Cineteca y Fundación SGAE pone de relieve el intento de sus responsables por hacer del certamen un evento más global, expandiendo y dando versatilidad a su oferta para llegar así a un público más variado que, quizás, de otra manera no se acercaría al festival, procurándose con ello un hueco en la agenda cultural de la capital. Y si de repercusión hablamos, no podemos pasar por alto la obtenida por el invitado estrella de este año. La presencia de Don Mancini para recoger el honorífico galardón Maestro del Fantástico “por su destacada contribución al cine de terror” consiguió despertar un auténtico revuelo, no solo entre los fans del género, sino también en los medios de comunicación, acaparando páginas en medios generalistas y visitando incluso platós televisivos, ofreciendo así el plus de la siempre necesaria proyección mediática y publicitaria para Nocturna que ello significa. Un Mancini que, dicho sea de paso, se mostró de lo más activo durante su estancia madrileña que tuvo su punto álgido en la proyección de su título más emblemático, Muñeco diabólico, participando en numerosas actividades como la interesante clase magistral que impartió en la Sala Berlanga, y demostrando en todo momento una cercanía y amabilidad digna de consideración.

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Carlos, hijo de Jorge Grau, dirigiéndose al público de Nocturna tras recibir el galardón Nocturna de Honor con el que el certamen homenajeó a su padre.

El mérito de lo conseguido con Mancini es aún mayor si tenemos en cuenta que la práctica totalidad del eco mediático cosechado por esta edición de Nocturna se concentró únicamente en su persona. Si bien hay que reconocer el hándicap que supuso en este sentido el que el otro homenajeado de esta edición, Jorge Grau, galardonado con el premio Nocturna de Honor, tuvo que delegar su asistencia en la persona de su hijo debido a su estado de salud, no menos cierto es que el certamen careció de la visita de otras personalidades de auténtica relevancia. Por el contrario, frente a la abundancia vivida en ediciones anteriores, apenas hubo presencia de equipos de los films participantes, pudiéndose contar con los dedos de una mano los que sí concurrieron. De ellos, solo los dos llegados de fuera de nuestras fronteras, correspondientes a las producciones británicas Why Hyde? y Heretiks, más el de Conducta animal, participaron en encuentros abiertos con el público dentro del calendario de actividades paralelas que, una vez más, se celebró durante las mañanas en el Forum de FNAC Callao, aglutinando mesas redondas, presentaciones y master class. Una circunstancia que, lejos de ser una crítica, señala bien a las claras la optimización de recursos llevada a cabo por una organización que ha priorizado la calidad por encima de la cantidad.

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Antonio Busquets (moderador), junto a y Marcia do Vales (productora) y Paul Hyett (director), durante la rueda de prensa de “Heretiks”.

Entrando a comentar la programación propiamente dicha, el cambio de fechas efectuado el año pasado volvió a repercutir en que gran parte de los films seleccionados llegaran a Madrid tras su paso por la última edición del Festival de Sitges. En este sentido, no faltaron algunos de los títulos más destacados del certamen catalán, lo que se dejó sentir en el nivel y atractivo del programa dispuesto. Resulta bastante significativo a este respecto que, salvo honrosas excepciones, las películas no procedentes de Sitges destacaran por su baja calidad. Un ejemplo muy ilustrativo es el de la ya mencionada y fallida Heretiks, promocionado por la organización como uno de los platos fuertes del certamen, entre otras cosas por tratarse del nuevo trabajo del otrora técnico de efectos especiales Paul Hyett, responsable en su faceta de director de la notable The Seasoning House y la simpática Howl, pero que a la hora de la verdad se saldó como una de las mayores decepciones de esta edición, a causa de un desenlace torpe y atropellado que rompe con el buen tono de su primera mitad, quién sabe si debido a posibles problemas de producción. Sea como fuere, esto no quita para que en la sección realizada abundaran las mediocridades más allá de los referidos títulos mediáticos, además de echarse a faltar una mayor variedad de temáticas y enfoques que no se limitaran únicamente a los márgenes del terror, desde postulados la mayoría de las veces trillados y formularios además, algo por otra parte consustancial a la identidad de Nocturna desde sus orígenes.

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No obstante, algo parece estar cambiando con la inclusión de un film de las singulares características de Mirai no Mirai, la nueva película de Mamoru Hosoda, la cual tuvo la particularidad de ser el primer film de animación en competir dentro de la sección oficial de Nocturna en sus seis años de existencia. Una apuesta que contó con el respaldo de los espectadores, a juzgar por la concesión mediante sus votos del premio del público al mejor largometraje a la producción japonesa, la cual también se llevó el destinado al mejor guion. Y eso que, a decir verdad, lo ofrecido se encuentra por debajo de lo que cabría esperar de quien es uno de los nombres propios del cine anime actual, como demuestran La chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars o, sobre todo, la magistral Wolf Children. Con ellas Mirai no Mirai comparte su virtuosismo técnico, belleza formal y el desarrollo de una historia protagonizada por personajes infantiles y adolescentes centrada en la cotidianidad de la institución familiar en la que la irrupción del ingrediente fantástico funciona como detonante mediante el que explorar las relaciones y vínculos afectivos de sus integrantes. Pero, a igualdad de ingredientes, comparada con sus “hermanas” esta nueva película de Hosoda se ve penalizada por un exceso de edulcoración que confunde la sensibilidad y emotividad que fueran uno de los principales valores de sus anteriores trabajos con la sensiblería más cursi.

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Junto con Mirai no Mirai, la otra gran triunfadora de Nocturna 2018 fue Ghostland, acreedora del premio “Paul Naschy” a la mejor película y el de la mejor dirección otorgado por el jurado. Justo merecimiento para el que es, sin duda, uno de los títulos claves de esta temporada, y que ha supuesto el regreso detrás de las cámaras de Pascal Laugier. Seis años después de su anterior El hombre de las sombras, el cineasta francés retorna con una película que funciona a distintos niveles. En su faceta de film de terror sus resultados no pueden ser más contundentes, en gran parte por un extraordinario sentido de la tensión que cristaliza en escenas tan antológicas como aquella en la que la protagonista presencia inmóvil cómo su captor tortura a una muñeca de trapo con un soplete, en la que sin mostrar ni un ápice de sangre o grafismo el director consigue transmitir una sensación de violencia y sordidez equiparable a la conseguida por Tobe Hooper en La matanza de Texas. Pero no se quedan aquí su alcance, y tras su aparente fachada de película efectista construida a base de calculados giros de guion se esconde un personalísimo trabajo en el que el director de Martyrs construye quizás su obra más personal, en la que, si bien suavizando la radicalidad de su discurso, homenajea referentes y reflexiona sobre la creación artística y los códigos del cine de terror actual, al tiempo que articula un auténtico compendio y resumen de lo que ha sido su cine hasta la fecha. Todo un peliculón, en definitiva, que reafirma a Laugier como uno de los nombres más interesantes del panorama fantástico de nuestros tiempos.

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Aspecto en el descanso entre sesión y sesión del cine Proyecciones Cinesa, sede principal de Nocturna 2018.

En cuanto a los galardones destinados al apartado interpretativo, vendrían a reconocer a dos films de planteamiento minimalista, protagonizados por personajes enfermizos, trufados de un sentido del humor negro y acreedores de cierto esteticismo visual, cuyos aciertos son en última instancia malogrados por el estiramiento al que son sometidos sus respectivos argumentos. Así, Christopher Abbot lograría el premio al mejor actor por su actuación en Piercing, la nueva película de Nicolas Pesce, quien hace dos años cosechara muy buenas críticas en el circuito de festivales con The Eyes of My Mother, su ópera prima. Tomando como base una novela homónima del escritor japonés Ryü Murakami, en Piercing el joven director neoyorquino ofrece, en cierto sentido, una prolongación de lo expuesto en aquel debut. De nuevo el protagonismo vuelve a recaer en un personaje que desea asesinar, cambiando el fado portugués que dominara la banda sonora de The Eyes of My Mother y su rodaje en blanco y negro, por una fotografía colorista y el reciclaje de temas musicales de películas italianas de los años setenta, en especial del giallo La dama roja mata siete veces, influencia extensible a no pocos elementos de su apartado estético. El problema en este caso es que su planteamiento argumental basado a grandes rasgos en dos únicos personajes en otras tantas localizaciones sería ideal para un corto, pero no para un largometraje, aunque tenga una duración de ochenta y un minutos, como es el caso, lo que a la larga se traduce en la exasperante morosidad narrativa que se deriva de alargar un argumento que no da más de sí.

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Escaparate de FNAC Callao con una muestra del trabajo del técnico de efectos especiales Óscar del Monte, quien daría una concurrida master class dentro de las actividades paralelas.

Y si Christopher Abbot logró el galardón a la mejor interpretación masculina, el de la mejor interpretación femenina fue para Brittany Allen, actriz protagonista de la cinta canadiense What Keeps You Alive, ganadora también del premio “Blogos de oro de la crítica” a la mejor película. Dirigida por Colin Minihan, de quien hace unos años pudimos ver en este mismo marco uno de sus anteriores trabajos, Extraterrestrial, se trata de un thriller de supervivencia con ecos hitchcockianos que explota el miedo a no conocer realmente quiénes son quienes nos rodean. Cimentada sobre el juego del gato y el ratón que se establece entre sus dos protagonistas femeninas, una pareja de lesbianas que celebra su primer aniversario de boda en la casa en mitad del bosque que posee una de ellas, durante la primera parte el invento se sustenta gracias al duelo interpretativo que se establece entre Allen y una carismática Hannah Emily Anderson que, en mi opinión, se merecía más el reconocimiento a la mejor interpretación femenina que su compañera, así como por la movilidad de una cámara que otorga un gran dinamismo a la puesta en escena. Sin embargo, al igual que ocurriera en la anterior película de Minihan, Rastro de sangre, en su último tramo el film acaba por desinflarse, y a medida que avanza el metraje la trama acaba por volverse reiterativa, a causa de caprichosos giros de guion sacados de la manga y comportamientos absurdos de sus personajes que tienen la evidente intención de dar una vuelta de tuerca más a la historia, pero que a la hora de la verdad lo único que consiguen es arruinar cualquier rasgo de verosimilitud que pudiera tener lo narrado.

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El equipo de “El jovencito Frankenstein” durante la presentación del músical llevada a cabo en Nocturna.

Siguiendo con el repaso a los ganadores de Nocturna 2018, el premio a los mejores efectos especiales serviría para reconocer la que, a juicio de quien esto escribe, se erigió en una de las más agradables sorpresas dejadas por esta edición del certamen madrileño. Me refiero a The Nightshifter, título anglosajón bajo el que se esconde la película brasileña Morto não fala. Opera prima en el formato largo del hasta ahora guionista Dennison Ramalho, antiguo ayudante del mítico José Mójica Marins, la película nos pone tras los pasos de un trabajador de la morgue de Sao Paolo que tiene la capacidad de hablar con los muertos. Con este punto de partida, el debutante cineasta construye una originalísima película de fantasmas espirituales y personales de calculada ambigüedad, tras la que se esconde una soterrada mirada costumbrista a algunos males de la sociedad brasileña actual, como la violencia en las calles o la corrupción de las instituciones. Este componente social se hace patente de un modo aún más claro en la que fuera la vencedora de la sección “Dark Visions”, la mexicana Vuelven, una de las grandes dominadoras en la temporada del circuito de festivales especializados en nuestro país, como atestiguan los premios del público a la mejor película y el del mejor guion que consiguiera en su paso por el FANT bilbaíno allá por el mes de mayo. Entre sus muchos aciertos destaca una trabajada puesta en escena plagada de detalles y simbolismos que, junto a su sensibilidad poética, le acercan al cine de Guillermo del Toro; la capacidad que exhibe para mostrar y sintetizar los problemas del México actual en sintonía con un discurso que explora el modo en el que la violencia en la que vive instalado el país azteca afecta a los niños; o las interpretaciones de su elenco de actores infantiles, en su mayoría carentes de experiencia previa delante de las cámaras.

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María Kosty durante el encuentro con los fans que protagonizó dentro del programa de actividades paralelas de esta edición.

El palmarés de esta edición en lo que a largometrajes se refiere se completaría con dos menciones especiales: la que el jurado de “Dark Visions”, compuesto por Eva Baltés, Eduardo Zaramella y Quim Crusellas, dedicó a St Agatha “por la construcción de personajes, su dirección y la interpretación de las actrices”, según recogió el fallo, y la que el jurado de la Sección Oficial, en este caso formado por Paco Fox, María Kosty y Jesús Palacios, destinó a The Invocation of Enver Simaku, ópera prima del alicantino Marco Lledó Escartín y una singular rareza desde su propio planteamiento: el de realizar una mirada antropológica a la descomposición del régimen comunista albano tomando como base el imaginario fantástico popular del país. Echando mano de diferentes formatos y texturas, en la que se entremezclan imágenes de archivo con found footage y docudrama, Lledó Escartín construye una cinta sugerente y estimulante, plagada de atractivos y aciertos parciales, entre los que sobresale la fuerza que poseen los planos que simulan ser grabaciones antiguas. Es una lástima, así las cosas, que su resultado no llegue a más por culpa del exceso de verborrea que se va apoderando de su desarrollo, por más que su concurso obedezca posiblemente a las limitaciones propias de una cinta de bajo presupuesto. Ello no quita para que, sin muchos problemas, The Invocation of Enver Simaku se convirtiera en lo más destacable de la participación española, que se completaría con la bienintencionada pero panfletaria Conducta animal y El tutor, debut en el largometraje del cómico, escritor y guionista Diego Arjona, cuya ilusión y esfuerzo no evitan que su película bordee peligrosamente la línea de lo amateur, y no solo por su acabado.

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Del resto de títulos que formaron parte de la programación de Nocturna 2018 no podemos terminar sin mencionar dos de los que más expectación despertaron entre los aficionados. No por casualidad, ambos fueron los escogidos para la siempre mediática labor de protagonizar las respectivas sesiones de inauguración y clausura. Así, la encargada de levantar el telón de forma oficial a esta sexta edición fue La noche de Halloween, enésima entrega de la popular franquicia que se presenta como una secuela directa del film inicial coincidiendo con el cuarenta aniversario de su estreno. Acogida con entusiasmo por gran parte del público asistente, en realidad es una cinta correcta en líneas generales, aunque totalmente innecesaria dado lo poco que aporta a lo ya visto en las diferentes andanzas de Michael Myers. Tanto es así que toda su propuesta argumental no va más allá de repetir la trama de la primera película mientras desperdiga aquí y allá guiños destinados a los fans de la saga, mientras que la puesta en escena de su director, el todoterreno David Gordon Green, se limita a tratar de emular como buenamente puede el inimitable estilo que John Carpenter imprimiera a la original.

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Sergio Molina y José Luis Alemán, director y productor de Nocturna respectivamente, durante el discurso de clausura previo a la proyección de “Mandy”.

Cuatro días más tarde, Nocturna echaba el cierre con Mandy, película que llegaba con la etiqueta de despertar reacciones extremas entre sus espectadores, tal y como dijo Sergio Molina, director del certamen, durante su presentación: o se la ama o se la odia. Y lo cierto es que hizo honor a su fama. Dividida en diferentes capítulos, quizás sus principales rémoras se encuentren en lo inconexa que resulta narrativamente hablando y lo mucho que tarda en arrancar, defectos que se traducen en que su primera parte se desarrolle a base de escenas visualmente muy atractivas, pero dramáticamente huecas de contenido. O eso es lo que parece. No es hasta mediado el metraje, y una vez que se inicia la arquetípica venganza que lleva a cabo su protagonista contra los responsables de la muerte de su esposa, cuando su director, Panos Cosmatos, demuestra sus verdaderas cartas, ofreciendo un auténtico delirio de sangre, drogas, motoristas cenobitas y peleas con motosierras a mayor gloria de un inmenso Nicolas Cage desatado en el papel de alucinado vengador, que dan como resultado un film irregular, sin duda, pero con esa rara capacidad de quedarse grabado en la memoria del espectador.

José Luis Salvador Estébenez

Fotografías: Juan Mari Ripalda

Published in: on noviembre 23, 2018 at 6:59 am  Dejar un comentario  
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